Hay veces en las que una columna en la que se pretenda reflexionar sobre un partido de fútbol debe empezar por el final.
Esta es una de ellas.
Corría el minuto 89 de juego cuando el Pontevedra logra forzar un saque de esquina a su favor. El córner es lanzado por Yelko al primer palo y Vidorreta, apareciendo en esa ubicación, logra peinar la pelota hacia atrás en dirección a la portería visitante.
Cerca de la línea de gol, se encuentran un defensor del R.Madrid- Castilla y el jugador granate Luizao. El mencionado defensa blanco se encuentra mal perfilado, de espaldas a la jugada y por ello despeja el balón hacia atrás casi con el talón de una de sus piernas. Aparece entonces Resende que en área pequeña recoge ese rechace e incrusta el esférico dentro de las mallas del Castilla con un tiro por alto.
El árbitro que sigue atentamente la jugada señala con militar aspaviento el centro del campo y la euforia se apodera de todos los que estábamos presentes en Pasarón.
Resende se quita la camiseta y corre como alma que lleva el diablo con varios compañeros detrás hacia un lugar de la grada de Preferencia no muy alejada de la línea que delimita ambos terrenos de juego. Los espectadores, entre los que se incluye el más atribulado que nunca bloguero que esto escribe, se abrazan y celebran un tanto de capital importancia.
Todo esto ocurre en segundos, los pocos que pasaron hasta descubrir que el asistente que seguía el ataque pontevedrés había levantado su bandera y que los futbolistas granates que corrían hacia tribuna no saltaban de alegría con la intención de celebrar el gol sino con la de pedir explicaciones al del banderín.
A partir de ahí, pasan más de 5 minutos en los que el árbitro principal, el cuarto colegiado y el asistente visionan la dichosa pantalla del FVS dando la impresión desde fuera de que los dos primeros buscaban sin encontrarla una explicación a la decisión de su colega.
Tras ese tiempo interminable mirando y "remirando" el lance, el árbitro acabó por ratificar el dictamen de su asistente y dar por anulado el gol de Joao Resende.
Tras la narración del "boudeville" de los juzgadores a la hora de consultar en la precaria herramienta tecnológica la acción controvertida, llega ahora el análisis (lo más comedido posible una vez pasadas 24 horas) de esa jugada que terminó por marcar el partido de ayer.
Vaya por delante que en cualquier análisis que se pueda realizar de cualquier lance futbolístico desde hace ya bastantes años, es importante considerar primero que los que hacen las reglas del fútbol, tanto las relacionadas con el arbitraje como con cualquier aspecto organizativo de esta industria suelen ser personajes (y permitaseme citar a un periodista retirado ya hace mucho tiempo) catedráticos en el noble arte del buen comer y especialistas en convertirse en expertos en abrazar todas las farolas que hagan falta para seguir en el candelero y no perder maravillosos privilegios inherentes a muchos cargos.
Nos "comimos", por tanto, desde hace tiempo normas como que no se señalaría fuera de juego hasta que el infractor tocara la pelota en algún momento. Así, se daban circunstancias tan curiosas ( a la par que absurdas) en las que, tras un pase largo en el que solo puede recibir un delantero que estaba claramente adelantado, se obligaba al citado punta y al defensa más cercano a hacerse una carrera al sprint de 40 metros para luego levantar la bandera cuando ningún otro jugador atacante tenía opciones serias de tocar el cuero.
Teniendo en cuenta siempre lo anterior, es decir, los buenos manteles y lo peculiar y rocambolesco de algunas normas (decididas a buen seguro en las sobremesas de tales opíparas reuniones), podemos reconocer que Luizao estaba ligeramente adelantado en el momento en el que Vido peina la pelota en el primer palo.
Ahora bien que el hispano-ecuatoriano estuviera algo por delante del defensor, no empece a que se entre de verdad en el núcleo verdadero y decisivo de la acción: ¿Influye Luizao en el despeje no muy contundente del defensa del Castilla?
Hay opiniones para todos los gustos. Unos dicen que sí, que influye y que incluso desplaza al defensor (desplazamiento que este que escribe no ve por ningún lado). Otros que no. Que el defensa blanco se encuentra mál perfilado y la presencia de Luizao en ningún caso impide que ese despeje fuera más largo y contundente.
Mi opinión? Ahí va.
No estamos ante una jugada de echarse literalmente las manos a la cabeza como podría haber ocurrido en el caso de que Luizao ni siquiera estuviera adelantado, pues lo estaba.
Aún así, después de verla muchas veces, no logró establecer con claridad que el delantero del Pontevedra influya en el mal despeje. Creo que si Luizao hubiera estado en línea o incluso no hubiera estado allí, el defensa habría despejado la pelota de esa forma.
Con todo, el encargado de enjuiciar si hay influencia o no de Luizao no es el asistente que levanta la bandera, es el árbitro principal.
Él es el que manda y él fue el que a pesar de haberse paseado a lo largo de 90 minutos por el maltrecho césped de Pasarón como un "alter ego"del mismísimo Napoleón Bonaparte, (con ademanes que bien podría haber efectuado el famoso emperador corso) y administrando broncas por doquier, (que también encajarían con los ataques de ira que dice la historia sufría el enamorado de Josefina), él , insisto, fue el que justo antes de tomar la decisión se dirigió a su asistente; le preguntó ¿estás seguro? y ante la afirmación de su discípulo decidió no cambiar la decisión y dar el gol por definitivamente anulado.
Y es que esta jugada (que repito no es de las que podamos tildar de escandalosas dada la situación de Luizao), si "cabreó" mucho más a los casi 4.000 espectadores fue porque suponía el colofón a un arbitraje destestable en el que no se trató por igual los contactos de uno y otro equipo.
Fue la gota que colmó el vaso de un arbitraje en el que parecía aplicarse le reglamento "a dos velocidades"·
Esta circunstancia, es mucho más grave que juzgar de una u otra manera una acción concreta. Por sibilino, por desquiciar minuto a minuto a uno de los dos conjuntos en liza, es por la que la labor del tal Román Román puede calificarse de deficiente.
Y a raíz de las "faltitas" señaladas constantemente por este mal colegiado, es por donde quiero empezar a hablar un poco de fútbol.
Rubén Domínguez decidió alinear el Domingo una defensa de tres centrales (con Alvaro estrenando titularidad al lado de Montoro y Bosch) con Vido y Cuesta de laterales largos.
El encargado de suplir a Tiago no fue otro que Brais al que Rubén retrasó hasta colocarlo más cerca de Yelko, con Diego Gómez a la derecha y Gil a la izquierda.
Es cierto que esa especie de 5-4-1 que cambiaba su fisonomía con la pelota a un sistema más ofensivo cada vez que Vido y sobre todo Cuesta se desplegaban en ataque, se alternó con una especie de 5-3-2 en el que Diego se colocaba más arriba junto a Compa y Gil más al medio con Yelko y Brais.
Sea como fuere, los primeros 25 minutos del equipo fueron electrizantes, plenos de fútbol y energía, propios de un equipo que no contaba entre los elegidos al poder pero que quería continuar con su revolución.
Las combinaciones por la izquierda entre Gil y Cuesta eran constantes y las llegadas de este último al área rival muy peligrosas.Diego Gómez se movía con inteligencia, Yelko mandaba a pesar de la hierba maltrecha y Compa se fajaba y creaba problemas a la defensa visitante.
En ese tramo de partido, el Pontevedra debió ponerse por delante pero lo impidió el portero del Castilla, el larguero que repelió un gran disparo de Comparada, un poco de pausa de Cuesta la hora de colocar sus centros una vez dentro del área contraria y, por que no decirlo, las constantes "faltitas" señaladas por el de Bonaparte cada vez que un Pontevedra pletórico se adelantaba a sus oponente para robar pelotas y seguir atosigando al R.Madrid- Castilla.
No hay mejor muestra del desigual criterio arbitral que la jugada en la que se produjo la lesión de Alex Comparada. El de Pontecesures fue embestido con fuerza excesiva por un rival sin que el colegiado tuviera a bien señalar infracción alguna sembrando la indignación en un Pasarón que había presenciado como toques mucho más leves habían sido señalados como falta, cortando progresiones prometedoras de sus futbolistas.
Desafortunadamente, el único "9" del Pontevedra no se pudo recuperar del "tantarantan" y tuvo que retirarse del terreno de juego.
Es la única posición no doblada de la plantilla y ojalá se quede en el golpe pues el Pontevedra necesita mucho la agresividad, la pelea y el gol de Alex Comparada.
Fue Resende el que entró tras el descanso para ocupar la posición más adelantada del equipo. Los últimos minutos del primer tiempo habían sido algo más parejos pero la segunda parte fue otra vez solo para el Pontevedra CF.
No apareció la exuberancia del primer tiempo pero el único equipo que quiso atacar, que quiso ganar y que debió hacerlo fue el Pontevedra. Yelko en dos ocasiones, Cuesta y sobre todo Diego en un uno contra uno contra el portero, pudieron marcar pero si una cosa tiene este Castilla es un guardameta al que le sobra algo de insolencia pero también mucha calidad.
Hubo tiempo para ver sobre 20 minutos de Rubén López que entró pro Gil y que demostró fuerza y personalidad en duelos del mediocampo en los que tiene y debe ayudar mucho al equipo.
Si hubo un pero por mi parte (al margen del desacierto ante el gol) fue la quizá un poco tardía salida al campo de Luizao por Brais.
No estuvo bien el jugador de Val de Dubra aunque no podemos olvidar que sale de lesión y que no jugó en la posición en la que más rendimiento puede ofrecer. Aún con estos atenuantes, quizá hubiera sido bueno introducir antes a un Luizao que lleva varias jornadas siendo algo más concreto en su juego.
El disgusto de todos al final del partido era grande por esa acción del gol anulado ya descrita al principio de esta entrada.
Con el paso de las horas, no obstante, creo que debemos quedarnos con las cosas buenas que ofreció el equipo.
En mi opinión, el Pontevedra fue mucho mejor.
Los nuevos fichajes siguen demostrando que pueden aportar y mejorar mucho a los futbolistas que se han ido.
Me encantó Diego Gómez (que pena esa ocasión). Me gustó la sobriedad y experiencia de Alvaro, con solo una imprecisión en una acción con Bosch, Gil volvió a rezumar calidad por esa banda izquierda demostrando que es más que un jugador de banda y Rubén Lóez empezó a mostrar su entusiasmo sobre el campo.
Queda por aparecer la última incorporación anunciada el Viernes por la noche, Fede Vico, que vio el partido desde el palco de tribuna junto a otros compañeros no citados.
Su historial, conocido por muchos, es importante. Si viene con humildad y a competir puede aportar mucho también a este equipo.
Es importante, en fin, que la plantilla y cuerpo técnico digiera este empate y lo tome como otra piedra en el camino de las bastantes que ya nos hemos encontrado desde que comenzó el campeonato. Sería vital también que lo de Compa se quede en un susto.
Toca ahora rendir visita a un Cacereño que se está jugando literalmente la vida por abajo y que me mete mucha gente en su estadio.
Será Cáceres la siguiente ciudad en la que el Pontevedra CF vivirá la siguiente etapa de este sueño inesperado.
Ojalá podamos ver una versión muy parecida a la tan buena ofrecida en Talavera.