martes, 19 de mayo de 2026

En realidad, ya lo habéis conseguido.

Teníais dos oportunidades para certificar una clasificación que no entraba en los planes de casi nadie allá por el mes de Agosto de 2025.

La primera de esas opciones llegaba en el estadio del CD. Tenerife, líder destacado de la categoría y ascendido directamente desde hacía semanas.

No tenía ninguna duda que podíais ganar allí.

Lo que también sabía es que para hacerlo, para ganar en el Heliodoro Rodríguez López, sería necesario enseñar sobre la hierba tinerfeña la mejor versión a domicilio del Pontevedra CF.

A pesar del optimismo desmesurado de algunos (de muchos), a pesar de pantallas gigantes pensadas para celebrar fiestas que estaban más lejos de lo que parecían, ganar en Tenerife era una misión complicada y así se demostró desde el minuto 1.

Para este atribulado bloguero, escribir más sobre ese partido no lleva a ninguna parte.

El resumen es sencillo. El Pontevedra fue superado desde el principio y con el 2-0 la posibilidad de meterse ese día en play off era ya una quimera.

Sí, es verdad que en el triple cambio del descanso habría sido conveniente incluir a un Cuesta amonestado para evitar cualquier clase de problema ya ocurrido con este jugador anteriormente. Lo da todo el asturiano, todo. Su temporada en el lateral izquierdo es tan extraordinaria como acertada la decisión del entrenador de ubicarle en esa zona. Ahora, con 3-0 abajo no se debe nunca hacer esa falta si ya tienes una amarilla y, como ya se ha dicho, no es la primera vez que sucede.

Y sí, la protesta de Rubén también con 3-0, constituye otro error importante que provoca que ni él ni su segundo puedan estar a ras de campo el próximo sábado en Pasarón.

Fueron estas dos circunstancias, ejemplos de esa clase de partidos en los que todo sale al revés desde el comienzo hasta el final. Que tu mejor defensa tuviera un día tan negro también fue otra prueba de que no era el día del Pontevedra CF.

Ya está. Utilicemos el partido de Tenerife para aprender e incluso para mejorar. Nunca para mortificarse y pensar que algo así puede repetirse.


El que esto escribe habla por él mismo pero creo que lo que se va a escribir a continuación puede aplicarse a miles de seguidores granates.

No tenéis ni idea de la ilusión que habéis generado con esta temporada que de forma inesperada nos habéis regalado.

La temporada pasada acabó con una comunión enorme entre afición, cuerpo técnico y plantilla.

Se subió y se protagonizó una Copa de ensueño.

Todo se rompió poco después y aquel equipo desapareció casi por completo al mismo tiempo que su entrenador dejaba también la nave.

Fueron semanas tensas, inquietantes y difíciles hasta que un nuevo cuerpo técnico llegó y una nueva plantilla fue construyéndose con lentitud, llegando muchos de vosotros una vez comenzada la competición.

Luego habló el fútbol, el trabajo y la dedicación.

Poco a poco el equipo cogió confianza y por muchos problemas que fueron apareciendo (lesiones, alguna indisciplina, césped indecente, algunas decisiones arbitrales insoportables), empezasteis a coger velocidad de crucero y volviendo a hacer crecer una ilusión enorme entre una afición que pasó del desencanto a la alegría gracias vuestro esfuerzo.

Sí, claro que influyó en esa ilusión que tras una gran racha de resultados os encaramarais a los puestos de play off y continuarais en esa lucha hasta el final de la Liga.

Puedo aseguraros, no obstante, que junto a las victorias, lo que al creador de este blog (y estoy seguro que a mucha más gente) le llevó a creer todavía más en vosotros fue la lucha y el compromiso que se destilaba día tras día sobre la hierba. Ese trabajo grupal que provocaba semana tras semana el sentimiento más potente que un seguidor de un equipo de fútbol puede experimentar viendo a sus jugadores: El tremendo orgullo de verse representados sobre un campo de juego y emocionarse ante la honra de un escudo y una camiseta que son los suyos.

Por eso, en realidad, ya habéis logrado el éxito.

Por eso, no albergo duda alguna que tras esa lección de realidad que vivisteis en Tenerife, ante (no lo olvidemos nunca) un equipo hecho inexcusablemente para volver a segunda división, el sábado que viene saldréis frente al R. Avilés con la responsabilidad, el empuje y la personalidad de siempre.

Estoy leyendo mucho desde la derrota en Tenerife que el Avilés se juega la vida. Que si pierden bajarán a 2RFEF (no es exacto). Que son mejores visitantes que locales. Que tienen un montón de goles a favor (miremos, por favor, los que tienen en contra).

Todo eso está muy bien.

Yo en cambio prefiero quedarme con todo aquello que vosotros habéis creado. Un sistema defensivo colectivo que convierte en casi inexpugnable al equipo cuando se adelanta en el marcador, la capacidad en cuanto la hierba se parece a eso, a hierba, de generar fútbol para crear ocasiones e ir superando a los rivales. El trabajo sin descanso, las ayudas, la polivalencia de muchos, la presión inteligente, transiciones de vértigo…

En definitiva todo aquello que os ha caracterizado a lo largo de toda la temporada y que os ha convertido en un EQUIPO con mayúsculas.

Por eso, por que sois un EQUIPO, sé que el sábado existen muchas posibilidades de llegar a a victoria y lograr la clasificación que tanto os merecéis vosotros y, si me lo permitís, esta gran afición con la que cuenta el Pontevedra CF. Porque el Avilés se jugará mucho pero todos nosotros también.

No olvidéis, sin embargo, que en realidad, ese éxito ya lo habéis logrado antes de jugar el sábado.

Hemos estado orgullosos de vosotros toda la liga porque habéis trabajado para ello.

Toca ahora comerse el césped una última vez en esta Liga regular para que ese indiscutible éxito se vea acompañado con la clasificación para la fase de ascenso.

Sed vosotros. Sed un EQUIPO, como siempre, y todo saldrá bien.

HALA PONTEVEDRA SIEMPRE!!










martes, 12 de mayo de 2026

A un solo paso

Hace ya bastantes meses que la vida del atribulado bloguero que lleva dotando de vida a este humilde blog desde hace más de una década, no hace más que propinarle coces de considerable tamaño provocando que ese coqueteo con la melancolía (habitual ya en el que esto escribe en tiempos de "felicidad") alcance desgraciadamente niveles que rozan lo preocupante.

No obstante, entre tanto desaliento y querencia a la autocompasión (algo en lo que recomiendo encarecidamente a todos los lectores del blog que se resistan a caer por graves que sean los problemas que azoten), floreció poco a poco una idea que llevaba en la cabeza desde hace tiempo y que ha podido surgir debido a la abundancia de tiempo y necesidad de desviar pensamientos funestos.

Sobre la historia del Pontevedra CF se han contado multitud de anécdotas y pasajes de su época indiscutiblemente gloriosa del "hai que roelo" y la insólita presencia de nuestro club en la primera división del fútbol español.

Son episodios preciosos que forman parte del inconsciente colectivo de todo seguidor granate y que ponen de manifiesto además la solera y grandeza de esta entidad por mucho que aquellas sean puestas en duda por algunos aislados aficionados de equipos rivales.

Esas historias fueron vividas "in situ" por los incondicionales pontevedreses más veteranos y son transmitidas por ellos mismos a las generaciones más jóvenes que no pudieron vivirlas.

Pero la historia del Pontevedra CF es más larga y existen aficionados granates (entre los que me encuentro) que empezaron a sentir y vivir el Pontevedra CF en los años 80 y otros en décadas posteriores.

A raíz de eso surgió la idea de escribir relatos cortos de ese periodo de la historia de nuestro club  desconocido para el público futbolístico de fuera de nuestra comarca pero también menos notorio para la propia afición pontevedresa.

Partiendo de un recuerdo real vivido por el que esto escribe, nacieron pequeñas historias alrededor de un jugador, de un entrenador, de un detalle del viejo estadio o de un partido inolvidable.

Resulta inevitable que de forma indirecta aparezcan detalles de aquel tiempo en el que estuvimos codeándonos contra los mejores pero el grueso de los relatos versan sobre lo que pasó después. Sobre aquellas etapas en las que casi se nos muere nuestro Pontevedra y otras más benignas que forman parte también de nuestros más de ochenta años de singladura.

Así, brotaron hasta 25 relatos sobre el Pontevedra CF que aguardan en silencio hasta que algún día reúna fuerzas para sondear si pueden resultar de interés para alguien.

Por qué este preámbulo? Se preguntarán todos ( o casi todos) los lectores de este blog, sin duda ávidos de hallar actualidad acerca del gran momento futbolístico que atraviesa nuestro equipo.

Pues porque el Pontevedra CF rendirá visita al CD Tenerife el próximo Domingo en la penúltima jornada del campeonato de Liga y ello me recuerda (esa dichosa querencia a la nostalgia) a otro partido disputado por el conjunto granate ante el equipo chicharrero hace bastantes años.

El Pontevedra llegará a Tenerife cuarto en la tabla tras golear 4-0 al Athletic Club en un partido en el que lo que más me llamó la atención (al margen del buen juego granate) es la personalidad y determinación que exhibió el equipo en un momento del torneo en el que no se puede dudar.

Había bajas atrás (especialmente la de un vital Montoro) pero ello no evitó que Rubén Domínguez volviera a colocar su defensa de tres centrales con Alain, Miki Bosch y Vidorreta.

Esta circunstancia motivaba que en la posición de carrilero derecho se probara una alternativa inédita hasta ahora pero que permitió al Pontevedra, al menos en opinión del que esto escribe, estar más cómodo en defensa que en el partido de hace 15 días frente al Celta.

Esa nueva alternativa consistió en colocar en esa posición a un Alberto Gil que asumió el reto con naturalidad y acierto y que incluso tuvo tiempo para participar en el primer gol enviando un pase preciso para que Rubén López continuara la jugada.

Además de las bajas en defensa y de la importancia capital de la victoria, otra dificultad añadida en el partido vino por el estado maltrecho del césped de Pasarón.

Sí, cayó un aguacero tremendo a lo largo de casi un cuarto de hora poco antes del comienzo del choque pero ello no es excusa para el sufrimiento experimentado por la hierba que volvió a estar preñada de agua que no se secaba nunca y llena también en varias zonas de ese barro achocolatado que hace imposible la circulación.

Del tremendo problema que tiene el Pontevedra con su campo ya se ha hablado y escrito mucho. La solución del problema dependerá de si aquellos que tienen poder para ello conocen el significado de la palabra verguenza. En ese sentido, las recientes declaraciones del máximo dirigente actual de nuestro fútbol y Presidente de la Diputación Provincial cuando se licitó la obra, lo único que llevan a desear es que esa palabra, verguenza, sea más conocida por los que a día de hoy puedan arreglar el desaguisado.

El caso es que el 1-0 asentó todavía más a un Pontevedra que había sufrido un poquito en los primeros minutos con alguna acción del delantero vasco Gift y que con el 2-0, conseguido justo antes del descanso, terminó por cimentar una victoria trascendental.

Y más con esa acción maravillosa de D.Gómez culminada por Yelko para hacer el 3-0 poco después del descanso que acabó por romper definitivamente las opciones del filial bilbaíno.

Hubo tiempo aún para que A. Expósito (que había salido minutos antes para relevar  a Gil en el flanco derecho defensivo) marcara un gol de bandera y recibiese un justo premio por su trabajo callado e ingrato todas las semanas a pesar de los pocos minutos que disfruta sobre el terreno de juego. Salió en un puesto que no era el suyo, realizó un par de acciones de mérito en defensa y mandó un zurdazo inapelable a la red para demostrar que aquí todo el mundo está conectado y listo para cumplir cuando se le requiera.

Con una victoria más en los dos partidos que restan el Pontevedra será equipo de play off.

En este momento vuelvo al Tenerife y a ese partido jugado entre los dos equipos hace muchos años al que me refería más arriba.

La circunstancia que más me hizo acordarme de aquel otro enfrentamiento jugado en la temporada 86/87 es que también se correspondía con la penúltima jornada de Liga y además el CD Tenerife ya era equipo de segunda división.

El partido no se jugó en Canarias sino en Pontevedra y el equipo local se llevó la victoria por 3 goles a uno .

Fue aquella temporada en la que la segunda división B estuvo compuesta por un solo grupo de 22 equipos. No había descensos a 3ª pues la campaña siguiente empezaría la 2B de 80 equipos y subían los cuatro primeros del único grupo.

El Tenerife vino aquí ya ascendido (fue campeón de categoría con jugadores como Aguirreoa, Chalo, Toño, Quique Medina, Julio Suárez o el luego entrenador David Amaral) y el Pontevedra ya no tenía opciones de subir y acabaría aquella Liga en sexto lugar.

El Domingo que viene a las 17.00 h también nos enfrentaremos a un CD Tenerife ya ascendido pero con grandes futbolistas en sus filas. El partido, además, se jugará en el Heliodoro con el aumento de dificultad que ello conlleva.

A diferencia de lo que ocurría en el 87, el Pontevedra si se juega mucho en el envite. Si se gana (algo muy difícil) será equipo de play off. Si no se vence y los resultados de algunos rivales son lógicos, se tendrá una nueva oportunidad en casa el último día.

Sí. La mente se me va a lo largo de esta semana a aquel mes de Junio de 1987 y lo hará más veces hasta el Domingo.

Ojalá repitamos victoria y se culmine una clasificación con la que muy pocos contaban.

En nuestro equipo no estarán grandes jugadores de los ochenta como Nuñez, Fontán o Miguel Soro pero sí los Montoro, Yelko, Vidorreta y compañía.

Estamos a un paso. Sintamos nervios e inquietud pero sobre todo disfrutemos del momento.

Hala Pontevedra siempre¡¡


lunes, 4 de mayo de 2026

JUNTOS

El Pontevedra CF debería contar en la clasificación desde la tarde del pasado sábado con 56 puntos.

La diferencia que el conjunto granate tendría que estar sacando al sexto clasificado en el momento de escribir esta columna (lunes siguiente por la mañana) es de 5 puntos a falta de 9 para terminar la competición.

El equipo debería figurar en la tabla con los mismos puntos que el Castilla (4º) y solo con dos menos que el tercer clasificado, el Zamora.

No obstante, el Pontevedra aparece en todos los periódicos con 54 puntos, a solo 3 del sexto clasificado y con 2 y 4 de desventaja con los equipos que le anteceden en aquella.

La razón de todo ello no es otra que la invalidación caprichosa, inexplicable y vergonzosa de un gol conseguido por Comparada en el minuto 90 y que fue inicialmente concedido por el encargado, en teoría, de repartir justicia sobre el terreno de juego.

Todo análisis del partido decae ante una decisión arbitral tan estrambótica que acabó por decidir el resultado de un choque que el Pontevedra ganó sobre el césped y que un par de individuos utilizando un monitor como dos monos con dos pistolas, decidieron que solo debía empatarlo.

Argumentos tales como que el equipo salió a empatar, que apenas apareció en ataque o que gozó tan solo de una ocasión para marcar antes de que le metieran deportivamente la mano en el bolsillo, decaen y pierden toda importancia por el escándalo futbolístico que supone la anulación de un gol por una presunta falta a raíz de una acción que el colegiado vio en directo en posición privilegiada.

Vaya si la vio.

La vio tan bien que incluso hizo ademán con sus brazos indicando que la jugada podía continuar pues en la lucha por el balón entre Luizao y Saúl no había apreciado infracción alguna.

Luego llegó el 4º árbitro para visionar la jugada y llamarle a la banda. Como ese estudiante aburrido que no soporta que sus compañeros de pupitre se diviertan y decide avisar al profesor de que se están riendo en vez de atender a la clase, una de las figuras más inútiles del fútbol consideró necesario ponerle la jugada en televisión a su colega de campo y " comerle la oreja" sobre el lance entre nuestro atacante y el defensa local para buscar una falta como lo haría una fiera famélica en un paraje desértico.

El forcejeo leve existe, sí, pero cualquier persona racional que visiona la jugada, debería haber visto a un jugador granate que pelea el esférico con más denuedo que su rival, que no le empuja, no le codea, ni le propina patada alguna y que se lleva la pelota por convicción y poner más ganas que su colega.

Pues no. El árbitro principal del encuentro que ya había visto la jugada cuando se producía en vivo (insisto en esto porque me parece un detalle crucial) decide de manera incomprensible cambiar su decisión inicial y anular el tanto ante la perplejidad de todos los allí presentes, incluidos los aficionados departamentales.

A este colegiado y a su "avezado" cuarto árbitro no les ocurrirá nada a nivel disciplinario. Continuarán pitando y posiblemente veamos en breve al primero ejerciendo de cuarto árbitro en un partido de primera división como suelen hacer los "trencillas" de 1RFEF.

Como aquel personaje de la película de Forqué "Atraco a las 3" encarnado magistralmente por J.Luis López Vázquez de nombre Fernando Galindo, este y los demás árbitros de nuestro fútbol continuarán recitando la frase :" un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo" cada vez que se dirijan a sus superiores de la organización (en cuya cúspide se encuentra nada menos que Rafael Louzán), tal y como Galindo recitaba al ver entrar en el banco para el que trabajaba a una cliente extraordinariamente atractiva y sensual.

Toda este escándalo se apagará tan rápido como empezó y al único que le importará será al Pontevedra y a su afición cuya situación clasificatoria cambia sensiblemente.

El sábado que viene comenzaremos nuestro partido contra el filial del Athletic con dos puntos menos en la clasificación e insisto a nadie le importará más que a nosotros y si el encuentro no termina bien tampoco nadie recordará (salvo nosotros) que en A Malata nos sacaron dos puntos utilizando de manera vomitiva el reglamento.

Al margen de este gol no concedido que lo marca todo, del resto del partido solo voy a comentar que pudo tener otra dirección si el rival hubiera transformado el "penaltito" que el mismo colegiado tuvo a bien señalar a favor del Racing.

El lanzamiento se fue fuera y a partir de ahí el Pontevedra controló por completo los intentos locales por generar peligro En ese sentido, me cuesta recordar alguna ocasión de gol "verde" al margen del citado penalti.

No se generó peligro en área departamental, eso es también cierto, aunque en la prolongación del primer tiempo una falta botada magistralmente por Yelko obligó al portero del Racing a efectuar una parada brutal.

La segunda parte siguió más o menos por los mismos derroteros hasta que en el tramo final entró al campo un Luizao que lleva unas jornadas con una marcha más y generando peligro casi en cualquier acción en la que interviene a partir de tres cuartas partes de campo.

En un partido de desgaste, cerrado y tenso, el Pontevedra encontró el gol en una de las últimas jugadas y por causas que no puede controlar le fue arrebatada esa ventaja de manera cruel y nada justa.

Por suerte, los jugadores mantuvieron la calma y las expulsiones por las protestas afectaron nada más que a miembros del cuerpo técnico y por fortuna también, el equipo mantuvo la compostura a lo largo de toda la prolongación para no encajar un tanto que habría vuelto aún más dura y asquerosa la situación vivida.

Ahora quedan 3 jornadas para el final y lo que es seguro y matemático es que el equipo jugará el play off si gana 2 de esos 3 partidos y llega a los 60 puntos.

La posibilidad de pelear por algo más del 5º lugar (circunstancia que no es baladí por la mecánica de juego desde hace años de las eliminatorias pero que tampoco importará a nadie más que a nosotros) se ha alejado mucho al no poder sumar esos dos puntos adicionales en Ferrol que el equipo se ganó sobre la hierba.

Mentiría si no dijera y escribiera que siento algo de preocupación.

Esa inquietud deriva, por ejemplo, del recuerdo de aquel partido ante el Castilla y ese gol en la última jugada que fue anulado por un fuera de juego posicional de interpretación muy discutible.

El equipo venía fuerte tras golear en Talavera y después del jarro de agua fría tras celebrar el gol ante el Castilla se pasó siete partidos sin conocer la victoria.

No tiene que volver a pasar, está claro, pero hay veces que situaciones externas al propio equipo pueden influir y mucho en el estado de ánimo de un grupo y habrá que ver el daño que ha hecho la anulación del gol en A Malata.

Tampoco me gusta que falte Montoro (5ª amarilla en Ferrol) pues el único partido que ha faltado en Liga fue también el único que el Pontevedra ha perdido en casa aunque, eso sí, contra el Tenerife.

Después de confesar mi preocupación, llega el turno de poner sobre el papel mi confianza y seguridad en estos técnicos y futbolistas que se merecen con creces obtener el premio de disputar la promoción.

Este equipo está generando ilusión por hacer bien las cosas, por competir al máximo en cualquier coyuntura y por mantener una estabilidad emocional que resulta vital a la hora de afrontar los últimos partidos que nos quedan.

Va a conseguir clasificarse porque ha demostrado estar entre los 5 mejores conjuntos del grupo y porque ha superado a lo largo de la competición varios golpes que harían tambalear a cualquier nave en medio de una fuerte tempestad.

Lo que también me encantaría es que todos los que vayamos el sábado a Pasarón (seamos el número que seamos) vivamos el partido al máximo. 

Que seamos capaces de sentir las jugadas de forma parecida a los futbolistas. Que jaleemos los ataques de los nuestros, silbemos los del equipo rival y presionemos siempre dentro de la legalidad todo lo que podamos presionar.

Enfrente tendremos un filial joven pero lleno de calidad y energía para correr a lo largo de los 90 minutos como almas que lleva el diablo.

Necesitamos estar mas juntos y unidos que nunca.

El mejor antídoto contra tanta decisión arbitral desquiciante y contra cualquier duda que pueda tener el equipo, es empujar y alentar al Pontevedra como Pasarón sabe hacer.

Lo vamos a conseguir entre todos. 

Juntos.


lunes, 27 de abril de 2026

Otro disparo en el pie

Existe una estadística sobre la que ya he hablado en otras ocasiones y que entiendo como una de las claves de la buena clasificación del Pontevedra CF.

Ese dato significativo al que me refiero indica que el Pontevedra CF jamás pierde un partido cuando consigue ponerse por delante en el marcador.

No es una circunstancia baladí sino realmente mollar a la hora de conseguir cualquier objetivo que se tenga, el garantizarse al menos un punto cada vez que se hace el primer gol de un encuentro.

La estadística permanece intacta después del partido jugado hace un par de días por el conjunto granate contra el filial del Celta de Vigo. El Pontevedra marcó primero y el Pontevedra volvió a no perder.

Eso sí, lo que se ha modificado es el número de partidos que el equipo ha dejado de ganar tras marcar antes. Hasta ahora eran tres. La igualada ante los olívicos eleva ese número a cuatro.


Me fui del partido decepcionado e incluso algo cabreado, he de admitirlo.

Esas sensaciones negativas no provenían tanto del empate final (en parte sí, pero cuando te enfrentas contra el segundo clasificado es un resultado que puede llegar a ser entendible) sino por como llegó ese empate.

No se alcanza esa estadística tan importante sobre la que se está hablando en esta entrada por casualidad.

Si un gol te asegura al menos un empate a lo largo de casi toda una Liga (solo restan 4 choques para el final) es porque se ha conseguido ensamblar un sistema defensivo colectivo tan eficiente, hermético y organizado que al rival le resulta muy complicado hincarte el diente cuando se ve por debajo en el marcador.

Esa estadística requiere que las “alegrías” o fallos en el aspecto defensivo sean escasos pues de lo contrario no podrían entenderse estos guarismos.

No obstante, en los últimos partidos del torneo, el Pontevedra CF está haciendo algo que no había hecho casi nunca antes y que le ha costado puntos que quizá podamos echar de menos al final del camino.

En Zamora, día en el que el equipo manejaba el partido a su antojo aún sin profundidad, llegó un error absurdo al final del primer tiempo que lastró nuestras opciones aquella tarde, opciones que se dilapidaron por completo al regalar un segundo tanto nada más comenzar el segundo tiempo.

En Guadalajara, ya metidos en la prolongación de la primera mitad, se pierde la concentración de manera absurda no muy lejos de nuestro área y un balón que era nuestro pasa a poder de un rival que aprovecha el obsequio para comenzar la acción que terminaría en el provisional 1-1.

En el Pedro Escartín esa acción no pasó factura en la puntuación pues el Pontevedra mostró contundencia en ataque tras el descanso y batió al Guadalajara con amplitud. Eso sí, lo que conllevó “medio regalar” ese gol fue complicar un partido que estuvo en el alambre hasta nuestro 1-2.


Una semana después de Guadalajara, el Pontevedra volvió a cometer un error incomprensible en la prolongación del primer tiempo del encuentro del pasado sábado y facilitó en grado sumo el tanto del empate de un Celta que no había disfrutado hasta ese momento de ninguna oportunidad seria de gol.

Sí, sé que el balón hace un bote raro y que algo influye. También sé que el lanzamiento de Oscar Marcos es de una gran categoría, propia de un futbolista muy joven pero con unas posibilidades de futuro enormes.

Todo eso lo sé.

Ahora, lo que también sé es que en ese minuto de partido no debe existir ni la menor duda o recato en mandar la pelota fuera del perímetro del estadio antes de contemporizar o querer “rizar un rizo” que lo único que provocó es un robo de balón imperdonable y la llegada de un disparo (cómodo al coger al equipo desorganizado y sorprendido) que jamás debió producirse.

Esta vez, como en Zamora pero de forma más dolorosa, el error costó puntos pues ese empate a un tanto ya no se pudo mover del marcador.

De ahí, insisto, mi sensación de enfado al terminar el encuentro. Es esa clase de enfado que no cuestiona la gran temporada del equipo; ese enfado que tampoco duda del tremendo esfuerzo realizado bajo un calor considerable que dejó a los futbolistas exhaustos sobre el césped una vez señalado el final del partido.

Pero sí era un enfado que me invadía por ser consciente de la gravedad del error cometido en el gol en contra y lo bien que habría estado situado el choque en la segunda parte si se hubiera afrontado con el marcador en franquía.

Un enfado que me indicaba la oportunidad de oro que se había perdido para ganar el partido por esa costumbre, contradictoria con la línea que lleva el equipo durante casi toda la Liga, de tirarse tiros en el pie.


La primera parte no había sido pródiga en ocasiones de gol pero sí en ritmo e intenciones claras por parte de ambos conjuntos en buscar las cosquillas a su rival.

El Celta atacaba los caminos existentes entre carrileros y centrales (el equipo volvió a salir con tres atrás, más dos laterales largos) y aunque no creaba ocasiones si incomodaba a un Pontevedra que veía como alguno de sus defensas debía salir de su zona más veces de las deseadas para achicar algo de agua.

Por su parte, sobre un césped de Pasarón excesivamente seco que dificultaba las conducciones del balón, el Pontevedra llegaba de vez en cuando al área celeste y provocaba córners que generaban mucha inquietud en el equipo visitante.

A raíz del tercer saque de esquina llegó el gol granate. Centro al segundo palo, dejada hacia el interior de área y remate de Ballardo (que jugó de titular en vez de Rubén López) para enviar el balón a la red.

Como ya es habitual esta temporada, el gol se revisó de arriba abajo en el monitor durante un tiempo muy largo. Esta vez para valorar si Comparada, que andaba por ahí, influía de alguna manera en la defensa, en el portero, en la solución de la paz mundial o en el descubrimiento del sexo de los ángeles.

Al final, en este sucedáneo de lo que hasta hace años se llamaba fútbol, el colegiado decidió (oh, sorpresa) que el gol subiera al marcador.

De ahí hasta el descanso, el Pontevedra se protegió atrás para tratar de “cazar” alguna contra ante un Celta que no generaba y que tuvo que esperar a que su rival le entregara directamente la pelota para conseguir la igualada.


Con el segundo tiempo llegó el primer cambio del Pontevedra. Eimil entraba al campo por Gil, provocando que Diego Gómez dejase de actuar de carrilero derecho (posición en la que sufrió bastante) y pasase a ocupar una posición más adelantada.

El calor apretaba, el Celta movía la pelota con mucha velocidad y el Pontevedra, con el paso de los minutos, trató sin éxito de apretar en busca de la victoria tomando algunos riesgos atrás que no fueron aprovechados por un filial que mostró bastante imprecisión e incluso ingenuidad en área contraria para aprovechar algunas transiciones que pudieron ser letales.

Fueron minutos a lo largo de los cuales se confirmó que Yelko (posiblemente cansado por el esfuerzo que exigía el Celta en la circulación hasta el relevo de Dela) no tenía su mejor día. Minutos en los que emergió un Montoro bestial, imperial y tremendo para abortar dos contras y sacar del barco todo el agua que no podían sacar ni un extrañamente impreciso Bosch ni un dubitativo Marqueta.

Al hilo de esto, no sé si al final jugaremos o no el play off pero ciertas renovaciones podrían sonar casi tan importantes como una clasificación por lo que supondrían para el futuro. La de Montoro resultaría un espaldarazo para un proyecto que quiera seguir creciendo, al ritmo que sea, pero creciendo.

Fueron también minutos en los que no entendía porque el Pontevedra no recurrió en ocasiones al balón largo siquiera para provocar faltas o corners en los que había sido inmensamente superior en la primera parte. No se sacó ni un saque de esquina en el segundo tiempo y creo que no fuimos conscientes de la importancia que habrían podido tener esas acciones para lograr el segundo tanto.

Alrededor del minuto 70, un Alain muy cansado tras haber intentado por todos los medios amargar la tarde a los centrales vigueses, dejaba su lugar a Joao Resende que logró dinamizar el ataque granate y aportar ese peligro en la zona ofensiva que se estaba echando de menos en la segunda parte.

A falta de Luizao (que bien nos habría venido el sábado en el tramo final) , Resende logró superar en ocasiones a los defensas rivales e incluso proporcionar un balón de gol en el 85 a Diego López que lo envío fuera cuando estaba en una posición ideal para marcar.

El partido acabó con ese empate a un tanto final y con la sensación, al menos para este atribulado bloguero, que se había dejado escapar vivo a un Celta que llegaba con alguna baja importante y que realmente no fue capaz de crear ocasión de gol de verdad más allá de aquella que nosotros mismos les pusimos en sus botas.

No quiero terminar esta columna sin mencionar que fueron sobre 6.700 los aficionados presentes en Pasarón.

Por primera vez desde el que esto escribe tiene memoria, el filial del Celta vino con viaje organizado y ocuparon su lugar en ella zona habitual de las aficiones contrarias.

También se veían camisetas del Celta en zonas, curiosamente, bastante céntricas de alguna de las gradas laterales.

Cada uno vive el Pontevedra como quiere, por supuesto. Cada uno vive el fútbol como le da la gana, faltaría más.

El que esto escribe es “abonado viejo” del Pontevedra y ni pretende ni busca que otros seguidores vivan al equipo de la misma forma.

De hecho, prefiero que en Pasarón haya 7.000 y no 3.000 personas.

Lo que se va a comentar a continuación, por tanto, no es una crítica negativa o una queja sino una sensación que no es, además, la primera vez que experimento.

Esa sensación no es otra que tener la impresión de que los días de Barakaldo y Ponferradina el partido se sintió o se vivió de forma más activa por los que allí estábamos aún siendo la mitad de los reunidos el sábado.

Ya sé que eso de “jugar el partido” por parte de la gente, está pasando a formar parte de la mente trasnochada y algo “demode” de los que ya nos olvidamos hace tiempo de los 50 años de vida pero el caso es que sí sentí que a la grada le faltó un poco de agitación, de presión, de acompañamiento.

Quizá sea solo cosa mía y esté equivocado.


Quedan cuatro jornadas y seguimos en zona playoff, quintos clasificados.

Llega ahora A Malata y todo lo que ello conlleva por este enconamiento que existen por ambas partes desde hace alguna década.

Ello provoca que cuando el Racing viene aquí se encuentra un ambiente hostil (todo lo contrario a otros equipos que han querido hundirnos y enterrarnos desde hace mucho más tiempo, por cierto) y cuando el Pontevedra va allí, se encuentra con lo mismo.

Los tiempos cambian, está claro.

Lo único que le pido al equipo, lo único, es que no siga cometiendo estos errores que no son justos con su propia trayectoria en el campeonato.

De qué van a competir, de que van a dejarse todo y de que van a representar bien la camiseta, no tengo duda alguna.

Solo pido, insisto, que no apunten “las armas” a sus pies.


lunes, 13 de abril de 2026

Gran Pontevedra y gran victoria

No era fácil ni mucho menos la papeleta que tenía el Pontevedra CF para dar carpetazo a una semana intensa de tres partidos. Había comenzado dicha semana de cine con una convincente victoria en casa frente al Barakaldo y continuado de manera amarga con una derrota justa en el campo del Arenas de Getxo.

Visitaba Pasarón para poner el colofón a estos siete días el líder de la segunda vuelta del grupo I de 1RFEF. Una SD. Ponferradina que solo había encajado tres goles tras el paso del ecuador de la competición y que se había encaramado a puestos de play off después de superar un inicio de Liga deficiente que le llevó a coquetear hasta cerca de Navidad con los puestos de descenso.

El Pontevedra CF decidió volver a rotar para afrontar el encuentro en las mejores condiciones físicas dado que su rival no había tenido que disputar partido alguno entre semana.

Hasta siete jugadores que no habían sido titulares en Fadura saltaron al campo en el “once” inicial” . Volvió Marqueta a la portería; lo hizo Bosch en el centro de la defensa; Rubén López al mediocentro; Eimil y Gil a las presuntas bandas ofensivas (digo presuntas pues este último actuó mucho por dentro para provocar superioridades en esa zona del campo); Diego Gómez de segundo punta y también Alain regresó a la titularidad para actuar de delantero centro.

Y lo cierto es que el equipo salió desde el primer minuto intensamente conectado al partido y dispuesto a borrar la mala imagen ofrecida cuatro días atrás en Euskadi.

No importó que de entrada la Ponferradina nos entregara el balón para ver que podíamos hacer con él porque el Pontevedra supo muy bien como manejarlo, hacer daño al rival y poner pronto en franquía la contienda.

No solo tocó con velocidad y acierto la pelota el conjunto granate sino que a diferencia de otras ocasiones (léase, por ejemplo, Zamora), el Pontevedra fue capaz de ser peligroso y letal con el balón parado a favor. Fue por ahí donde encontró primero una gran ocasión que terminó en el larguero tras remate de Eimil y rechace del portero y luego el 1-0 en un córner mal defendido por el contrario que permitió a Alain fusilar con el pié en área pequeña y empezar a construir su hat- trick.

La incertidumbre volvió a reinar en Pasarón pues el cuarto árbitro tras visionar el tanto en la pantalla, decidió avisar al colegiado principal.

Otra vez otro fuera de juego posicional. Otra vez la presencia de un jugador granate cerca de la línea de gol sin que aparentemente estorbara a nadie ni influyera en el destino final de la jugada.

Esta vez no hubo “interpretación lechuguina”. Después de pasarse varios minutos viendo el lance, el árbitro concedía el gol y espantaba esos fantasmas que flotan desde hace semanas alrededor de la pantalla de FVS de Pasarón.

Ese gol no hizo sino acentuar la clara superioridad del Pontevedra que conseguía la difícil misión de minimizar a una SD Ponferradina que llegaba en gran dinámica a la ribera del Lérez pero que no encontraba las soluciones para frenar al equipo local.

Alain terminó de manera brillante otra jugada que podría haber significado el 2-0 pero su posición estaba adelantada en el momento en que Vidorreta le mandaba un pase en profundidad.

Y luego llegó algo que el que esto escribe se atrevería a calificar de histórico.

Otro balón aéreo sobrevolaba el área berciana y un defensor despejaba sin que ningún futbolista granate protestara ostensiblemente la acción.

Poco tiempo después, desde el banquillo granate se pedía la intervención del FVS y todos nos miramos en la grada preguntándonos a que podría deberse.

El caso es que algún aficionado con muy buena conexión a internet empezó a llamar la atención sobre lo que se veía a través de su móvil en las imágenes de tv. Ese despeje del defensa visitante había sido hecha con el brazo, con una especie de “zamorana” y existían serias opciones de que fuera considerada como penalti.

Efectivamente, el árbitro consideró ese rechace como ilegal (realmente lo era) y señaló la pena máxima que fue certeramente convertida por Alain para doblar la ventaja.

En este punto, conviene felicitar al miembro del banquillo pontevedrés que tuvo la agilidad para llamar la atención sobre esta jugada que había pasado medio desapercibida y que resultó tan importante para el equipo.

El FVS señalando a favor del Pontevedra un penalti que no se había señalado previamente, lo dicho, cuasi histórico.

Siguió el Pontevedra mejor que su rival y solo en los últimos minutos del primer tiempo se emparejó algo el trámite al conceder el equipo algún córner absurdo y alguna falta innecesaria.

Ahí apareció Andoni López para demostrar que tiene un balón parado majestuoso y enviar algún centro venenoso que pudo causar peligro en el marco de un Marqueta que no acaba de dominar esas acciones del juego.

Llegó el descanso y con él, el cierre a una primera mitad extraordinaria del Pontevedra CF en lo colectivo y también en lo individual de muchos jugadores de los que luego se hablara un poco.

No empezó igual el Pontevedra la segunda parte y el partido alcanzó un tramo, aproximadamente del minuto 50 al 67, en el que la Deportiva sí se mostró más acertada con la pelota e hizo sentirse incómodo e incluso sufrir a su rival.

El Pontevedra no conseguía robar y presionar como en el primer tiempo y aunque no fue desarbolado (ni mucho menos) sí vio como el conjunto visitante disfrutaba de una ocasión clara en un lanzamiento que se fue cerca de un palo de Marqueta.

Luego llegó una falta a unos metros de nuestra frontal del área y apareció de nuevo el talento de Andoni para enviar un zurdazo pleno de calidad a una de las escuadras de un Marqueta cuya estirada fue inútil.

Ese fue el peor momento del choque para el Pontevedra.

Un gran rival que había empezado mejor el segundo tiempo y que había encontrado su gol para recuperar confianza, ánimos y seguir percutiendo contra nuestro área.

Pero de ese peor momento surgió otro de los mejores del Pontevedra que ya se extendería hasta el final del encuentro.

Poco después del 2-1 (ya con Luizao en el campo en sustitución de Gil), llegó una brillante acción individual por banda derecha de Eimil que tras desembrazarse de varios rivales disparaba para estrellar el balón en uno de los postes de la portería visitante.

En esa jugada tanto el propio Eimil pareció obstaculizado en su remate como luego Cuesta desplazado en el rechace pero en esta ocasión, tras consulta del FVS, el árbitro no accedió a la petición granate.

Sea como fuere, esa acción de Eimil despertó al Pontevedra que volvió a presionar con denuedo, a meter fuerza y calidad al partido y encontrar en una gran acción colectiva el 3-1 que cerraba de una vez por todas la contienda.

El remate de Alain para hacer el triplete fue maravilloso. No demasiado bien perfilado para golpear, aunque muy cerca del marco, colocó su exterior del pie izquierdo para enviar el balón a las mallas y culminar una actuación individual descollante. Por los goles, sí, pero también por un trabajo incansable que acabó por desquiciar a los centrales bercianos.

Luego llegaron los cambios. Se fue primero el propio Alain por Compa y a renglón seguido Diego Gómez y un tocado Yelko dejaron sus puestos a Ballardo y Brais.

Casi llegó el 4-1. Fue en una jugada protagonizada por un futbolista que por fin pudo cuajar su primera gran actuación con la camiseta granate.

Hablo de Rubén López que como siempre trabajo a destajo en medio campo, que apretó y robó multitud de pelotas pero que ayer unió a esa faceta una mayor delicadeza con el balón. Su pase al espacio para Compa fue maravilloso pero esta vez el delantero pontevedrés no fue capaz de superar al portero rival que rechazó la pelota en gran parada.

En realidad, después del 3-1 y aunque quedaran muchos minutos contando la prolongación, el Pontevedra volvió a controlar la situación igual que en la primera parte y la sensación era ya de partido cerrado y no de otro en el que podría llegar el 3-2 y volver a abrirse.

Ni siquiera el cambio de Yelko, faro del Pontevedra y más sin Tiago a la hora de tener el balón, hizo dudar al equipo. En ese sentido, la salida al campo de Brais buscó la finalidad de no perder esa pelota del todo y seguir teniendo capacidad de circulación. Sí se consiguió en cierto sentido eso aunque el de Val do Dubra sigue en ese estado dubitativo y gris de las últimas semanas. Que importante sería que llegara una versión mejor de este talentoso jugador.

Se ha destacado en el plano individual a Alain y a Rubén López pero en general todos los futbolistas rayaron a gran nivel.

Diego Gómez, por ejemplo, volvió a ser ese futbolista alegre y chispeante de sus primeros partidos. Sigue, en opinión de este atribulado bloguero, abusando en ocasiones de la conducción pero ayer volvió a dotar a su juego de concreción y trascendencia para el equipo.

Alberto Gil hasta que le duró la gasolina fue ese jugador que a todos nos sorprendió por su excelsa calidad en la combinación y Eimil fue vital con su peligrosidad por banda derecha.

De los centrales, especialmente de Montoro, está todo dicho y del trabajo a destajo de Cuesta, también.

Sin embargo, a veces no se habla demasiado de un Vidorreta que vino a jugar de mediocentro y acabó jugando de lateral derecho.

En Getxo fue uno de los cuatro jugadores que se fueron de una tacada con 0-0 y luego la banda derecha se convirtió en pista de ataque para el Arenas y ayer sacó un par de balones con la cabeza en el mejor momento de la Ponferradina que resultaron vitales además, como siempre, de aportar fuerza y presencia para el equipo.

En definitiva, el partido de ayer no era nada sencillo. Al contrario, nuestro rival venía lanzado, cuenta con grandes futbolistas y el mérito del Pontevedra por haberle vencido (y haberlo hecho bien) es muy grande.

Creo que a veces, con razón, damos caña cuando el equipo nos decepciona y ofrece un rendimiento como el de Getxo pero también es cierto que en ocasiones normalizamos actuaciones como las del día de ayer, teniendo en cuenta cuáles eran nuestras aspiraciones a principios de Liga.

Quedan 6 partidos y hemos vuelto a puestos de play off.

Seguimos ilusionados y soñando con cosas bonitas que es la mejor parte del fútbol y la identificación grande con un equipo.

No será nada fácil y, sin ir más lejos, nos espera el próximo fin de semana un enfrentamiento complicadísimo contra un Guadalajara que se jugará literalmente el cuello contra nosotros.

Es por ello (ojo, solo es una opinión aunque apoyada en ya muchas décadas de apoyo al Pontevedra y con la experiencia de errores cometidos incluso por el que esto escribe en otras épocas), que lo más necesario y recomendable es que tratemos de remar todos juntos en la misma dirección.

Que no se aumentasen polémicas absurdas y se alimentasen egos desmedidos pues la posibilidad de jugar una fase de ascenso a segunda está ahí y no es algo baladí.

Quien sigue este blog sabe de sobra que cuando hay que ser duros se imprime toda esa intensidad en las críticas. Se seguirá haciendo en el futuro, sin duda, cuando se vuelvan a cometer errores.

Sin embargo, en este momento en el que no hay vuelta atrás y se está decidiendo la temporada, me atrevería a recomendar con humildad que todos (TODOS) nos tragásemos un poco el orgullo y cojamos esos remos de los que antes hablaba para que la nave no tenga más problemas en su singladura que los que provocan nuestro rivales.

No sé . Es solo una idea.


lunes, 6 de abril de 2026

Muchas certezas y mucha ilusión.

 Volvió la victoria.

Cuando más falta hacía; cuando la necesidad de regresar a la senda del triunfo se hacía casi inaplazable, el Pontevedra CF protagonizó un partido casi redondo mostrando esa serie de certezas que a estas alturas de la competición, tan cerca ya del final, sabemos que son las que han conducido al equipo a realizar esta campaña tan notable.

Algunas de esas certezas son intrínsecas a esta plantilla, a su forma de jugar, al hecho de saber potenciar sus puntos fuertes y tratar de disimular los menos buenos.

Otras son extrínsecas. Son aquellas que se relacionan de manera indirecta con el juego del equipo pero que no se pueden controlar por cuerpo técnico y futbolistas.

Entre estas últimas, quiero destacar la importancia del estado del terreno de juego de Pasarón.

No, el campo todavía no está bien, es evidente, pero el sábado pasado sí mostró, por lo menos, un aspecto decente y apto para jugar un poco a un fútbol que no sea mandar “melones” hacia el cielo y convertir el partido en un cuerpo a cuerpo.

Frente al Barakaldo ya se podía combinar, jugar por abajo. El balón rodó en muchas ocasiones como un objeto esférico y no encontró baches o incluso socavones por doquier que convertían en un martirio hacer un control decente y en una quimera tocar de primeras.

No es casualidad, ni mucho menos es casualidad, que el día en que el césped dejó de mostrarse como un patatal insoportable (aunque, insisto, todavía le falta para estar bien de verdad), el Pontevedra CF haya logrado volver a ganar.

El perjuicio que esta situación genera al equipo que cada 15 días debe jugar sobre una hierba así, (es decir, el nuestro) es enorme y superior a aquel que sufre el que solo acude al barrizal una vez por campaña.

Con este estado de cosas, con la pelota convertida ya no en una enemiga sino en una potencial aliada si se la trataba con el adecuado cariño, surgió la primera de esas certezas intrínsecas, la de que Yelko es un mediocentro como muy pocos en la categoría y que si puede manejar la situación a ras de suelo, el juego del Pontevedra gana una cantidad de enteros terrible.

Como muestra de lo anterior, la jugada del primer gol de partido. El pase de Pino en profundidad a Luizao hacia la banda derecha para que éste penetrase y buscase el centro mortal, se puede calificar de maravilloso y muy difícil de conseguir si en vez de sobre hierba se juega sobre terreno de corral.

En esa deliciosa jugada del 1-0 aparecieron dos certezas más.

La primera de ellas es más reciente. En opinión de este siempre atribulado bloguero, se ha puesto de manifiesto en el momento en que el juego del equipo se mostró espeso, plomizo e ineficaz para desatascar sistemas defensivos bien arropados.

Me refiero a la agitación de Luizao.

Es este un futbolista peculiar. Encara casi siempre y muchas veces fracasa. Arranca con velocidad de parado y bastantes veces complica al rival hasta que se le frena. Le cuesta alcanzar efectividad, es decir, cifras que legitimen sus actuaciones en forma de goles o asistencias pero cuando por lo que sea (por el césped, sí), pero también por el atoramiento del equipo en ataque que ha mostrado en varios partidos últimamente, sobre todo fuera de casa, la presencia de este futbolista durante un buen tramo de los choques se hace casi obligatoria.

Ayer marcó un gol que se anuló por una presunta falta en ataque que se suma al conjunto de “interpretaciones lechuguinas” que el equipo está sufriendo desde hace meses. Participó en el primer gol legal enviando ese centro medido para el remate y completó una hora de juego realmente positiva.

Eso sí, lo que debería solucionar Luizao para el devenir de una carrera que todavía da sus primeros pasos, es el tema físico. Un jugador con esa juventud no puede venirse a bajo cuando el reloj del partido ronda el minuto 60. Ese sí que es un punto clave a mejorar por el hispano- ecuatoriano.

Escribía más arriba que en esa jugada del 1-0 se evidenciaba otra certeza más (al margen de la categoría de Yelko y la chispa de Luizao).

Me refiero, por supuesto, al único delantero centro que tiene el Pontevedra CF y con el que está afrontando toda la segunda vuelta de la Liga, Alex Comparada.

Para el que esto escribe, estamos ante la sorpresa más agradable en el aspecto individual de la temporada.

Que un jugador tan joven y sin experiencia en la categoría esté ofreciendo este rendimiento resulta tan sorprendente como esperanzador, no ya para lo que queda de esta campaña sino para el futuro si los que mandan en la entidad no vuelven a dilapidar un talento que es nuestro como han hecho con bastantes que se han ido sin dejar un mísero euro en las arcas.

El movimiento del sábado, acudiendo al primer palo para conectar el derechazo y hacer el gol fue muy bueno pero también lo fue el incansable trabajo que realiza en la punta fajándose con delanteros que generalmente no acostumbran a hacer prisioneros y, en definitiva, sosteniendo la punta de ataque granate en solitario sin que exista en plantilla otro jugador verdaderamente “9” que le ayude o dé descanso cuando se necesita.

Tremendo el mérito de Alex Comparada.

Hasta ahora he hablado de certezas individuales (Yelko, la necesidad en este momento de Luizao o Comparada). A ellas se pueden unir aquella que evidencia que la mejor demarcación en la que el Pontevedra se reforzó para esta temporada es el centro de la defensa.

Lo de Montoro es un espectáculo en todos los sentidos, Bosch (que no pudo estar ante el Barakaldo) es otro central de kilates para la categoría y también demostró serlo Juanra antes de esa lamentable lesión.

Ahora, que el central que traes en invierno y que estaba sin equipo, cumpla como lo está haciendo A. Pérez, pone de manifiesto que en los últimos tiempos la entidad granate elige muy bien los centrales a contratar ( no olvidemos, en ese sentido, a Pelayo) .

Pero las certezas colectivas aparecieron y mucho también frente al Barakaldo.

El equipo vasco quiso la pelota y al Pontevedra no le molestó tal circunstancia. Controló bien el juego de ataque del rival que no pudo generar nada en el primer tiempo y presionó con acierto para transicionar y ponerse en ventaja en el marcador.

Ese Pontevedra que no amasa tanto la pelota hasta en ocasiones diluirse sino que espera ordenado su oportunidad de clavarle sus zarpas al rival es el que a mi más me gusta.

Está claro que ese plan no solo depende de uno mismo sino también del planteamiento del contrario que a veces te obliga a llevar el peso pero ese Pontevedra contraatacador resulta muchas veces temible.

Y después de marcar apareció, o mejor dicho, continuó aunque más afianzado por tener ya el marcador que quería, ese equipo solidario en defensa que se ayuda y trabaja a destajo para anular el trabajo ofensivo de su rival.

El Pontevedra CF ha perdido 6 partidos en esta Liga y en todos ellos encajó primero y no fue capaz ni de empatar. No han sido muchas las remontadas (entendiendo por tal llegar la victoria tras ir perdiendo). De hecho, solo una, en Balaídos.

En cambio, una vez el Pontevedra se pone por delante, la puntuación ese día está asegurada.

Solo en tres ocasiones (Mérida y Lugo en casa y Unionistas fuera) llegaron al empate tras marcar nosotros primero y este es un dato muy importante.

El sábado, el Pontevedra fue otra vez un equipo extremadamente sólido en el aspecto defensivo y fue capaz de contrarrestar el empuje de un Barakaldo muy físico, bastante alto y que nunca dejó de intentarlo.

Solo en una ocasión, muy cerca ya del final, pudo el conjunto vizcaíno disfrutar de una ocasión de gol, muy clara eso sí, en el único error defensivo del Pontevedra atrás, al tragarse Cuesta un balón a la espalda en un centro corrido que dio opción, tras la dejada de cabeza, a Valiño de fusilar a Marqueta desde cerca. No le pegó bien al balón el delantero baracaldés y ahí se fueron las opciones vascas de empatar el partido.

Un aspecto en el que especialmente rayó a gran altura el equipo fue en la defensa del balón parado. Fueron varios los corners y faltas botadas por el Barakaldo y todas ellas defendidas con oficio y concentración por los futbolistas granates.

Por contra, pudo sentenciar antes el partido el Pontevedra al conectar una gran “contra” alrededor del minuto 70 en la que Resende (que siempre aporta cuando sale) no pudo cristalizar en gol casi delante del portero.

Hubo que esperar hasta el último minuto para sentenciar.

Ya con el portero rival en área pontevedresa para intentar rematar la última falta lateral, el rechace de Marqueta lo recoge Alex González (ya mucho mejor el sábado que en sus dos ultimas actuaciones) que ve solo a Resende. Este, arrancando en campo propio, condujo la pelota hasta meterla a puerta vacía en la portería de fondo norte (por fin se ganó un sorteo) asegurando así una victoria vital en muchos aspectos.

Vital porque llega después de 7 partidos sin ganar y aunque desde dentro se negara, la inquietud a buen seguro estaba a empezando a reinar entre todos (también entre la afición).

Vital porque nos hace llegar a 46 puntos y conseguir de manera virtual una salvación que no olvidemos era el objetivo primordial.

Vital porque llega haciendo un gran partido, siendo el Pontevedra que a muchos nos gusta, lograda ante un rival que venía lanzado y que nos coloca bastante bien en ese sueño de alcanzar esa promoción de ascenso.

Y vital porque llega en esta semana de tres partidos y aporta al equipo las vitaminas de confianza y moral que a buen seguro necesita para afrontar otro partido complicadísimo en Getxo ante otro conjunto que viene en racha y que obligará a mucho al equipo.

Certezas, muchas certezas que si se reúnen en una coctelera se convierten en una mayor.

Aquella que nos dice que el Pontevedra sigue compitiendo al máximo y que la ilusión que está generando entre su gente tiene un valor muy importante.

Ánimo al equipo y a competir de nuevo contra el Arenas.




lunes, 23 de marzo de 2026

Hay que seguir insistiendo.

 Ya está aquí el tramo decisivo de la competición.

Desde finales del mes de Agosto, los equipos han ido acumulando en su cesto el grano en forma de puntos que fueron capaces de recolectar y se adentran ahora en los últimos nueve partidos de Liga (diez para el Pontevedra CF) en los que algunos de esos cestos acabarán con la cantidad de alimento prevista antes del comienzo del torneo y otros acabarán con menos de lo que se habían ambicionado en los despachos.

No llega el Pontevedra en buen momento a esta fase en la que todo va a decidirse. Opinar lo contrario sería mentirnos o engañarnos nosotros mismos al solitario y lo importante, lo verdaderamente trascendente, es que el el equipo logre desbloquearse y alcance esa victoria balsámica cuya consecución podría volver a cambiarlo todo.

Es cierto que al capazo granate apenas le faltan un par de unidades (tres a lo mejor) para conseguir el objetivo marcado cuando la temporada empezaba y las dudas (lógicas y legítimas sin lugar a dudas) de gran parte de la afición se cernían sobre el desempeño que el Pontevedra pudiera tener en el campeonato.

Sin embargo, con el paso de las jornadas, el equipo fue aumentando sus prestaciones poco a poco hasta colarse en la zona de play off de ascenso en la que lleva ya mucho tiempo y un cesto en el que se contengan 45 o 46 puntos, que hace meses nos habría parecido el maná de los dioses, nos parece ahora escaso de carnes y pedimos que engorde hasta reunir el grano necesario que permita jugar la fase de ascenso.

La ilusión en el mundo del fútbol resulta intrínseca al mismo y sobre todo forma parte de los sentimientos de todo aficionado. Es normal que viendo al equipo en el tercer lugar durante tanto tiempo, la parte baja de la clasificación ya nos parezca un sitio inadecuado para nosotros y ambicionemos luchar por estar la campaña siguiente en segunda división.

Y todo eso es normal. El que esto escribe también lo siente y desea que el equipo se recupere y no pierda la posibilidad sorprendente de disputar ese play off.

Este atribulado bloguero lo piensa, no obstante, más con el corazón que con la cabeza. Más con esa pasión con la que el hincha siente a flor de piel a su equipo que con la racionalidad de un seguidor más frío.

Lo piensa aún sabiendo que en el mercado de invierno (con aciertos indudables en varias de las piezas que se han traído a pesar de no que no se hayan ganado partidos) se dejó desguarnecida una de las posiciones más importantes en un campo de fútbol que es la de delantero centro.

Lo piensa aún comprobando semana a semana el desastre en el que algunos irresponsables han convertido Pasarón, estadio en el que desde hace meses resulta literalmente imposible jugar un fútbol mínimamente combinativo.

Lo piensa aún siendo consciente de las plantillas con las que cuentan algunos de los rivales de arriba por mucho que su capazo de puntos se muestre todavía con el mismo grosor que el nuestro.

Con todo lo anterior, ahora que el Pontevedra ocuparía puesto de descenso si solo se tuviera en cuenta la clasificación de la segunda vuelta en la que solo hemos ganado un partido (aunque hubo algún otro que debió ganarse y no se nos dejó por terceros); ahora que todo parece que se viene abajo y observamos en el equipo claras muestras de atasco y pocas ideas en ataque; ahora, insisto es cuando el cuerpo más me pide estar al lado de este grupo de futbolistas y técnicos que llevan meses haciéndonos soñar con un rendimiento que nadie esperaba en el momento que se dio el pistoletazo de salida a todo esto.

Es ahora, en este trance en el que el equipo tanto lo necesita, cuando más hay que arroparlo y no dudo que una de las mejores aficiones de Galicia lo hará en el próximo desplazamiento a Zamora.

En definitiva, siendo conscientes de las dificultades y de que la alegría y entusiasmo del equipo parece decaer, es ahora cuando más hay que creer en este bloque y juntos hacer ese último y titánico esfuerzo para ganar ese partido que nos salve matemáticamente, primero, y pelear para meterse en la promoción a continuación.



El partido contra el Ourense no fue, otra vez, un partido agradable de digerir por parte de los dos equipos.

Lo que nos espera con este césped indigno de nuestra historia (lo repetiré las veces que haga falta para ver si en algún momento a aquellos que tienen responsabilidad para arreglarlo se les cae la cara de vergüenza y tomas cartas en el asunto), son partidos como este o el de Unionistas. Partidos de centrocampismo anodino, balones al cielo, lucha sin cuartel y acierto máximo en las pocas opciones de gol que se puedan presentar.

En este último aspecto, el acierto, sí se pude diferenciar el partido contra el Ourense del de Unionistas.

El 0-0 de hace 15 días frente al equipo salmantino reflejó bastante bien lo sucedido sobre el campo de cultivo de patatas de Pasarón pero el sábado pasado si hubo alguien que tuvo que ganar fue el Pontevedra CF que desaprovechó un par de ocasiones que hay que transformar sí o sí.

Afrontó el equipo el choque esta vez con defensa de cuatro y con Gil por banda izquierda, Alain cerca de Compa y Eimil en el exterior derecho.

Se salió bien y en los primeros minutos el árbitro “interpretó” falta de Rubén López a un defensor en una jugada protagonizada en exclusiva por el medio cedido por el Deportivo que en gran cabalgada cometió presuntamente falta en ataque en una acción que terminó en otro gol anulado que se une a la curiosa serie que lleva le Pontevedra a cuestas últimamente.

Poco después llegó otro tanto invalidado. Esta vez, ya era hora, por un fuera de juego que pareció claro de Comparada.

Y en el minuto 20 llegó, en opinión del que esto escribe, la acción clave del partido.

Eimil recibe una pelota por la derecha y libre de marca avanza hasta entrar en solitario dentro del área y encarar al portero rival. La ocasión era muy clara, diáfana, pero entre que el jugador granate estaba más pendiente de la posición de algún compañero y que decidió conducir en exceso antes de disparar, el guardameta tuvo tiempo para repeler su tiro y desbaratar una ocasión de las que nunca deben fallarse en el contexto en el que se encuentra el Pontevedra CF.

A partir de ahí el partido se espesó, las llegadas fueron menguando y las llegadas en el primer tiempo (otra vez atacando hacia fondo norte por cuarta ocasión consecutiva) desaparecieron casi por completo.

En la segunda parte, el Pontevedra volvió a gozar de otra ocasión clara en las botas de Comparada que se creó su opción pero que llegó algo desequilibrado ante el portero y no pudo concretar la última oportunidad seria de gol del partido.

A falta de media hora salió Luizao y es verdad que el ecuatoriano no logró concretar casi ningún lance. Es verdad que ese juego más efectivo que se le vio hace algunas semana no apareció pero también es cierto que el único futbolista granate que intentó desbordar; que intentó el uno contra uno y que obligaba al rival a efectuar ayudas en banda derecha era Luizao.

En mi opinión, con el estado calamitoso de la hierba y la defensa cerrada planteada por el contrario, existen dos vías por las que intentar desatascar el partido.

La primera es el balón parado en el que el equipo estuvo realmente desacertado y lejos de rematar los corners o faltas de las que dispuso.

La otra es el desborde por banda, el regate, ganar línea de fondo con ventaja y poner centros a dos buenos rematadores como Comparada y Alain.

En esa segunda faceta, Gil estuvo desaparecido, Alex que salió en el segundo tiempo no entró nunca en el partido (no olvidemos que llevaba mucho tiempo sin jugar) y solo Luizao, insisto, con poco acierto, trató de encarar y poner problemas a la zaga contraria.

El cambio de Cuesta tampoco lo entendí demasiado. Con la salida del asturiano del campo, Alex retrasó su posición y en su estado actual perdió todavía más protagonismo y Resende ocupó la banda izquierda ofensiva cuando quizá hubiera resultado más útil en una zona más cercana al área en la que el portugués ya ha demostrado su oportunismo y acierto.

El Ourense se quedó con 10, Yelko vio su 10 amarilla que le impedirá estar en Zamora, y Brais acabó el partido en medio campo tratando de buscar ese pase venenoso que nunca llegó y de dotar de algo de criterio al jugo de ataque lo que sí consiguió en ocasiones.

El caso es que en un partido en el que el Pontevedra no sufrió en ningún momento en defensa a pesar de tener enfrente a uno de los delanteros con peores artes de la categoría (Amín), la falta de acierto en esas dos ocasiones tan claras (especialmente la primera), los indudables problemas que arrastra desde la baja de Tiago en creación de juego (aumentados todavía más por el campo de berzas en el que algunos imbéciles han convertido nuestra casa) y el poco desborde individual por bandas, el 0-0 volvió a reinar en el marcador para que el Pontevedra acumule una jornada más sin conseguir una victoria.

Por cierto, un detalle que es importante resaltar.

El Ourense CF, equipo de abajo que está un punto por encima del descenso, cuenta con tres “9” en su plantilla: Amín, Martín Ochoa y Sergio Benito (que el sábado no salió aunque estaba dispuesto a ello por coincidir su relevo con la expulsión de Jerín y que empezó esta Liga en la SD Ponferradina).

El Pontevedra no está perdiendo fuelle solo por eso, es cierto, pero no entiendo como a la que se ha dado en llamar “comisión deportiva” le ha podido parecer razonable e incluso responsable afrontar la segunda vuelta solo con Alex Comparada.

El caso es que en los últimos 6 partidos el Pontevedra ha hecho solo un gol y a balón parado.

A pesar de todo, el Pontevedra continúa ubicado en la quinta posición de la tabla (aunque empatado con 3 equipos más) y cuenta con ese partido menos que de jugarse mañana (será el 8 de Abril) y ganarlo lo colocaría otra vez tercero.

Seguimos estando ahí y como escribía al principio de esta columna, podemos elegir creer y confiar o coger el camino del desaliento.

Ahora espera el Zamora, equipo que salió con claras aspiraciones de play off, y además perdemos a Yelko que es el jugador que aporta sentido al juego de ataque del equipo.

Da igual. Yo elijo creer porque el grupo se merece que crea.

Está muy complicado, sí, pero el sistema defensivo colectivo del equipo sigue intacto y “solo” falta conseguir esa frescura y chispa en ataque que es indudable ha desaparecido.

A lo mejor es el próximo fin de semana, cuando todo parece más en contra, ese en el que el juego vuelva a fluir y el equipo salga victorioso y reforzado de una plaza difícil.

Este equipo ha demostrado que sabe sufrir y competir.

Ojalá en el Ruta de la Plata consiga encontrar ese oro que lleva persiguiendo semanas sin éxito y alcance su objetivo primordial.

Luego, seguiremos soñando.