No es la primera vez que sucede en la "era Rubén Domínguez" pero resulta tan raro que quizá aumenta más el desconcierto los días que ocurre.
El Pontevedra CF perdió su primer partido de Liga 26/27 en su debut en Pasarón y lo hizo protagonizando una primera parte flojísima, en la que apenas compitió, ofreciendo toda clase de facilidades a un animoso filial del Athletic Club que recibió de mil amores la desorganización y pasividad granate.
En una categoría tan igualada como la 1RFEF que lleguen derrotas no debe extrañar pues en más ocasiones de las que se piensan son detalles que aparecen en determinados momentos de los encuentros los que acaban por desequilibrar balanzas.
Lo que no debe producirse, en cambio, son actuaciones como las del primer tiempo del sábado en las que el Pontevedra fue radicalmente inferior a su rival, que marcó dos goles que pudieron ser cuatro; que ganó casi todos los duelos o balones divididos a lo largo de esos primeros 45 minutos y desarboló como y cuando quiso la desordenada y caótica presión local.
Eso es lo que no puede ser. Verse tan por debajo de un rival, que es un buen equipo nadie lo niega, pero no lo suficiente para darte el "meneo" que te propinó en esa primera mitad.
Eso es lo que extraña por lo poco común que resulta desde que este cuerpo técnico se hizo cargo del equipo y puso como máxima de su ideario que lo que no puede faltar nunca es el espíritu competitivo.
Salió el Pontevedra sobre un paupérrimo césped de Pasarón, con una especie de 4-1-4-1, ejerciendo Jerín de único medio de "contención" y con Ilias algo más retrasado que en los dos últimos partidos componiendo una línea de cuatro con Yelko, Elejalde y Gil por detrás de Domingo Mba.
Desde casi el primer instante de juego pudo verse un conjunto granate amodorrado y poco metido en la faena del choque.
El calor era intenso, casi inmisericorde, pero el sol pegaba también sobre las cabezas vascas. El campo, como ya preveíamos, era un desastre, un auténtica playa especialmente en la zona más cercana a la grada de Tribuna pero precisamente esa circunstancia exigía más concentración y más ímpetu para pelear por la cantidad de balones " aconejados" que existirían en el partido.
Sin embargo, el Pontevedra no fue capaz de ganar prácticamente ningún balón dividido. Jugadores que dominan ese arte a la perfección y que habitualmente aportan mucho al grupo en esa faceta como el caso de Vidorreta se mostraban flojos y como desprovistos de energía.
El filial vizcaíno rebasaba líneas constantemente al llegar siempre desajustada y tarde la tímida presión granate y especialmente la banda derecha local era un auténtico autopista para el Athletic.
A poco del comienzo, Marqueta tuvo que intervenir ante un jovencísimo Imga que gustó mucho el pasado sábado.
Los minutos fueron pasando con un Pontevedra que solo encontraba algo de aire en algún balón largo disputado por Mba que fue capaz en alguna ocasión de conseguir algún balón pero su lejanía respecto a sus compañeros hacía infructuoso su trabajo, posiblemente, el único digno de ser excepcionado del desastre granate del primer tiempo.
Jugaba cómodo el rival y por ello la única consecuencia lógica era la llegada de sus goles. El primero tras una anticipación en la que Gil duda y no va con la fuera requerida provocando que Imga pueda encarar en ventaja a Vidorreta en dirección al área. Ander, que no tuvo su día, reculó mucho y ni siquiera trató de llevar al atacante hacia fuera para mitigar un poco el peligro de la acción y ya cerca del marco, el extremo vasco pudo concretar a placer un gran disparo que daba sentido a la superioridad bilbaína.
Es cierto que poco después del 0-1, el Pontevedra encontró su única ocasión del primer tiempo en las botas de Elejalde pero el portero visitante fue capaz de sacar a la esquina el buen remate del jugador local.
El último tramo del primer tiempo resultó especialmente preocupante.
Vimos jugadas en las que los futbolistas rivales invadían la zona media y de 3/4 pontevedresa en superioridad sin ninguna oposición de nuestros jugadores. Jerín, cuyas dos primeras acciones no fueron malas, se diluyó poco a poco hasta desdibujarse por completo y perder su posición de manera llamativa.
Llegó el 0-2 en otra acción en la que la pasividad granate resulto exasperante. El balón llega a banda derecha de nuestra defensa y el centrador tuvo tiempo de recibirlo, controlarlo, mirar al área y centrar sin que nadie le encimara mínimamente. El colofón a la jugada lo puso un Álvaro extremadamente blando que trata de despejar con la pierna mientras el delantero entra al balón con energía para hacer el segundo de cabeza.
Llegó otro disparo al poste y lo único que pedía a gritos el equipo (y los aficionados, que en menor número del que esto escribe esperaba, nos reunimos en el estadio) era que acabara el primer tiempo de una puñetera vez.
Tras el descanso Rubén optó por moverlo casi todo.
Se produjeron cuatro cambios y también una modificación del sistema.
Entraron Reda por un amonestado Alba; Ivorra por Jerín; Argos por Gil y Comparada por Ilias.
Se pasó a jugar con 5-3-2 oficiando Mba y Compa de delanteros y Elejalde y Yelko de interiores en una línea de tres medos con Ivorra.
Se encontró pronto el gol en una jugada iniciada con acierto y pelea por Mba, continuada con la penetración y centro de Argos y terminada por el remate de Compa tras toque del propio Mba en primera instancia.
El partido pasaba a ser otro. El Pontevedra no enamoraba pero se ajustaba mejor, recuperaba alguna pelota y competía por fin sobre el terreno de juego.
Es verdad que jugar con estos dos delanteros puede provocar que el equipo tienda a hacer un fútbol más directo pero también resulta procedente preguntarse si está no será la forma más apropiada de hacerlo hasta que el estado del césped de nuestra casa pase a poder denominarse como malo y no lamentable.
Ivorra mejoraba a Jerín, Argos se mostraba más activo atrás y adelante que Gil, Reda volvió a dar una buena imagen apretando desde atrás y Comparada... es Comparada.
El equipo gozó de las suficientes ocasiones para empatar el partido. Dos salieron de las botas de Compa y otra de Mba pero no llegó el acierto.
Y cuando el encuentro frisaba el minuto 75 y Luizao se preparaba en la banda para aportar agitación y alboroto en campo rival, llegó la expulsión de Rui Pedro.
La acción empieza con una entrada fuerte pero que toca balón de un jugador vasco. El portugués se "mosquea" por la acción y el defensor trata de cogerle el brazo. Rui, saca el puño para desembarazarse de él e impacta contra el pecho del entrenador visitante que se hallaba de pie al límite pero dentro de su zona técnica.
El que esto escribe quiere dejar claro que la tarjeta roja a Rui es justa. Por mucho que su intención no fuera golpear al técnico pues creo que ni sabía que estaba allí, sacar hacia atrás el puño de esa forma es temerario precisamente porque puede pasar lo que pasó. Es un error muy grave de nuestro lateral que bien podría haber mostrado ese carácter a lo largo de las acciones del partido y dilapidó las opciones que nos quedaban para puntuar ya que el cuerpo técnico granate anuló el cambio de Luizao para sacar a Alex.
Es cierto, por supuesto, que esa decisión técnica no fue responsabilidad de Rui pero sí el de dejar al equipo con 10 y exponerse a una sanción importante.
Dos últimas cosas sobre esta jugada.
La primera, la he visto muchas veces por la tv e, insisto, la expulsión es justa. Sin embargo, me reafirmo en que el técnico bilbaíno pudo ahorrarse tirarse al suelo en una teatralización, a mi juicio, un tanto excesiva.
El segundo detalle.
Si el equipo antes de la roja hubiera logrado el empate a dos goles, el cambio de Alex para cubrir el lateral derecho me habría parecido acertado. No tengo claro, no obstante, que renunciar a la electricidad de Luizao haya sido un acierto perdiendo el partido en casa.
Quizá habría sido el momento de arriesgar igual pues la derrota ya estaba en el "luminoso" y lo cierto es que tras la expulsión, el Pontevedra volvió a diluirse casi por completo.
Eso sí, todavía con 1-2 y cerca de la prolongación, se encontró una falta a unos metros de la frontal del área vasca.
No entendí en absoluto como no se disparó a portería y lo que se intentara fuera un pase interior cerca de la barrera, muy difícil de conseguir y que puso un digno broche a un partido en el que no nos encontramos casi en ningún momento.
Decía al principio de la columna que no era la primera vez que el Pontevedra de Rubén no es capaz de neutralizar las acometidas de su rival en casa.
La primera parte del sábado me recordó bastante a la segunda mitad del partido frente a Osasuna Promesas de la temporada pasada.
Tras unos iniciales 45 minutos sin goles e igualados, en aquel segundo tiempo el Pontevedra encajó dos goles, vio como se anulaba otro al rival y también como Alex salvó en línea de gol otra ocasión clara rojilla.
Aquel día se consiguió el 1-2 en el 90 y en una prolongación enorme, espoleado por el primer tanto y por la gente de Pasarón, el equipo logró el empate y no ganó de milagro.
Sin embargo, del 1 al 44 de aquel segundo tiempo fuimos superados en todo por otro filial que nos buscó y encontró de forma reiterada las cosquillas en la jornada que era la 8 de la campaña pasada.
Qué quiero decir con ese ejemplo?
Pues que el equipo tiene que aprender como parendió el año pasado. El camino es el partido de Avilés y la primera parte colectiva del Arenas. El segundo tiempo de Portonovo ya no fue en defensa demasiado bueno pero el equipo encontró un buen linimento en su efectividad.
Lo del primer tiempo ante el Athletic B no es tolerable. No por perder sino por cómo se hizo. La derrota se fraguó en esa primera mitad y aunque se intentó después no fue posible arreglar el desaguisado.
Utilizó el entrenador en la rueda de prensa posterior al choque, tras acertados apelativos a la humildad, una frase que me gustó mucho y que además dio título a una oscarizada película española:
"Volver a empezar".
Creo que eso es lo que tiene que hacer el Pontevedra en Logroño.
Volver a mostrar una imagen competitiva a lo largo de los 90 minutos. Volver a encontrarse, recuperar la identidad que debe tener este equipo.
Luego veremos el resultado que se obtiene pero lo primordial debería ser encontrarnos de nuevo con ese equipo ordenado, humilde y que concede bien poco a sus rivales.
Ojalá sea así.