lunes, 19 de enero de 2026

Una larga siesta, un empuje algo tardío y una liebre asustadiza

Cuando se acumula un numero notable de victorias consecutivas (y cinco es un guarismo rayano en el sobresaliente si de partidos de fútbol ganados se habla), cada vez que se afronta un nuevo choque la racha en buena lógica está más cerca de romperse.

Esa trayectoria puede quebrarse en un encuentro en el que mereciste sin duda aumentar la serie de triunfos pero el desacierto ante el gol lo evitó; en un duelo en el que fuiste realmente inferior y el rival plasmó sobre el campo su superioridad o puede romperse tras jugar un partido en el que no te hiciste acreedor a la victoria pero en el que igualmente dio la impresión de que, a pesar de no haberte encontrado a gusto casi en ningún momento, de haber entendido mejor la coyuntura del enfrentamiento bien hubieras podido alcanzar la sexta victoria seguida en la Liga.

Realmente resulta difícil de explicar los primeros treinta y cinco minutos del primer tiempo disputados por el Pontevedra el sábado.

A lo largo de los mismos, pudimos ver a un equipo en exceso contemplativo cuando el rival tenía la pelota y exasperantemente lento en aquellas ocasiones en las que el balón estaba en su poder.

Fue tan tímida la puesta en escena del conjunto granate que la modorra que los futbolistas parecían acumular sobre la indecente hierba de Pasarón acabó por contagiarse a unas gradas que acabaron por desconectarse del juego tal y como aparentemente estaban haciendo sus jugadores.

Del calamitoso estado del césped, aunque sea un tema ya conocido y que se agudiza hasta el extremo con la llegada del invierno, hay que seguir hablando.

No, el Pontevedra no dejó de ganar al Arenteiro por el indefendible barro- achocolatado en el que gran parte del estadio se convierte por estas fechas y que hace casi imposible que ruede la pelota.

Además, como es lógico, el campo está igual de mal para los dos equipos y como muchas veces repite Rubén Domínguez es mejor evitar excusas a la hora de enjuiciar la labor de su equipo.

Ahora, una cosa es no escudarse en el patatal infecto que es ahora mismo el césped de Pasarón y tratar de justificar por ahí el empate del otro día, y otra muy diferente es no dejar de denunciar que esta situación daña terriblemente la imagen del Pontevedra CF como institución y también (y eso lo digo yo) perjudica la labor de futbolistas que basan su talento o imaginación en la pelota y en su adecuada circulación. De esos, el Pontevedra tiene a algunos cuya labor es bastante más fácil de controlar con este pasto para vacas en el que se ha convertido la otrora frondosa hierba de nuestro estadio.

Es este tema, el del césped, solo uno de los principales problemas que desde su misma inauguración arrastra este estadio en el que ni las cubiertas están construidas con la debida orientación para que gran parte de los aficionados no se empapen cada vez que cae agua del cielo (circunstancia, como es sabido, bastante habitual por estos andurriales).

Eso sí, cada vez que el equipo consigue éxitos deportivos y las gradas rebosan de gente, léase sin ir más lejos el ascenso del verano pasado o la excelsa Copa del Rey disputada, todas las autoridades habidas y por haber se reúnen en el “macropalco” para la “foto” y se abrazan y regocijan con eso que he dado en llamar la “cúpula” y que está formada por la Presidenta de la entidad y algún otro que aprovecha alguna rendija para colarse dentro.

Ni unos ni otros, por desgracia, toman decisiones en conjunto para que esta situación no perdure en el tiempo y al menos la pelota pueda rodar como algo parecido a un esférico y no a una liebre asustada por el ruido de una batida de cazadores cercana.

El caso es que durante esos treinta y cinco minutos de partido, el Arenteiro sin hacer nada del otro mundo fue mejor que el Pontevedra, movió la pelota con más criterio y dio la impresión de haber digerido bien la comida y estar jugando un partido de fútbol de competición.

Como colofón a este largo tramo de encuentro en el que el Pontevedra apenas compareció, se produjo una falta que ya resultó “extraña” en su origen. Una acción en la que la pelota era controlada por Yelko a unos quince metros del área granate acaba con una infracción de este a un rival que pugnaba, sin conseguirlo, por arrebatarle el balón.

El colegiado del partido, uno de esos que siempre gusta que te piten fuera de casa (el mismo que dirigió aquel infausto Pontevedra- Ourense), no dudó en señalar la falta y amonestar de propina a un disconforme Pino.

El estrambote siguió con la decisión de Marqueta de colocar solo dos jugadores en la barrera y de colocarse bajo palos en una ubicación por lo menos llamativa.

El caso es que Jordan, jugador carballinés, aceptó el reto e incrustó la pelota al fondo de las mallas junto al palo contrario en el que estaba nuestro portero al que no le dio tiempo a llegar.

Esa jugada supuso algo así como la irrupción del sonido del despertador en la cabeza de los jugadores granates.

De pronto, el equipo recobró la movilidad, el ritmo y la intención y no solo logró el empate un par de minutos después del 0-1 en una acción de Resende finalizada de cabeza tras rechace por Eimil sino que generó un par de ocasiones más que bien pudieron haberle puesto por delante antes del descanso.

Se había pasado en un abrir y cerrar de ojos de un escenario en el que el Pontevedra parecía despistado y fuera de onda a otro en el que recuperó la energía e hizo temblar a un sistema defensivo visitante que pecó de fragilidad en ese arranque de furia granate.

Lo normal era pensar que el Pontevedra pudiera aprovechar la inercia del fin del primer tiempo para salir activo y seguir metiendo ritmo al partido hasta desnivelar la balanza a su favor.

Lo cierto es que no fue así.

Es evidente que el rival también juega y que no solo depende de lo que tú hagas o decidas en el campo pero la impresión que se tuvo desde fuera es que el Pontevedra concedía otra vez con demasiada facilidad la iniciativa del juego y la posesión a su rival y que este recuperaba, a base de acumular pelota, gran parte del oxígeno que había perdido en los minutos previos al descanso.

Eso sí, dio tiempo en los primeros minutos tras la reanudación a que Yelko entregara un pase maravilloso a Expósito (titular por la sanción de Cuesta) para que este penetrara en el área y enviara un disparo por encima del larguero.

Salvo esta acción, el Arenteiro retomó el mando del partido y gozó de alguna ocasión (no demasiadas) más por errores del Pontevedra que por acciones verdaderamente trenzadas. Aún así, a este atribulado bloguero le gustó mucho Adilson que fue sustituido alrededor del minuto 70 provocando cierto alivio a este ya bastante baqueteado corazón.

Rubén intentó variar cosas pero la verdad es que no era el día del Pontevedra.

Resende se movió de la izquierda al centro, más cerca de Compa, para ocupar Tiago la banda pero el muy buen futbolista, ex precisamente del Arenteiro, siguió sin encontrarse.

También retrasó a Montoro (sin acierto el sábado en el pivote) para adelantar a un Alain al que por primera vez se le notó con dudas atrás y que subió algo el rendimiento más adelantado.

En ese sentido, se echó de menos el ya clásico adelantamiento al medio campo de Vidorreta que permaneció en el lateral y no pudo aportar esa presencia y ese físico que en los minutos finales siempre resultan importantes en la parcela central.

Luego llegó el cambio de Luizao, esta vez por Eimil pero esas carreras del ecuatoriano no lograron resultados verdaderamente efectivos aunque sí contagiar un poco a una grada a la que le costó salir de la modorra que transmitía el equipo.

En los últimos minutos, ya con Gil que debutaba y Brais que reaparecía en el campo, el Pontevedra sí intensificó su dominio; sí que disfrutó de dos o tres remates con cierto peligro y sí volvió a demostrar que el Arenteiro (que movió bien la pelota y controló al Pontevedra durante mucho tiempo) ofrecía grietas en su seguridad cada vez que el equipo granate empujaba de verdad sobre la portería contraria.

Fueron, no obstante, demasiados pocos los minutos en los que se apretó de verdad y no dio tiempo a conseguir una victoria que dio la impresión de que sí podría haberse logrado de apretar algo antes y no tan tarde y cerca del final.

Sin embargo, a pesar de la decepción lógica que conllevó el empate, mi opinión es que no debemos perder en ningún momento el foco.

A mí no me gustó el equipo el sábado pasado. Creo que en el aspecto colectivo salimos muy dormidos y el sueño duró hasta el gol del Arenteiro y que en la segunda parte debimos salir del vestuario con una actitud más “belicosa” y dispuestos a hacer el 2-1.

En el aspecto individual, varios de nuestros futbolistas tampoco tuvieron su mejor día aunque recalco lo complicado que resulta mover la pelota en muchas zonas del estadio.

Aún con todo eso, no se perdió y eso no es ninguna tontería.

Si en un partido tan flojo (me recordó la segunda parte contra Osasuna Promesas excluyendo, lógicamente, aquella prolongación) se consigue puntuar es que no resulta nada fácil ganarnos.

Llegamos hasta los 34 puntos, a once de esos 45 que podrían conceder la permanencia. Mantenemos la tercera posición y por esas cosas del fútbol incluso aumentamos un punto la ventaja con el sexto (4) aunque el quinto por abajo nos recorta uno (pasamos de estar a 13 del descenso, a 12).

Lo importante es que el equipo digiera de manera correcta el empate. Que analice el partido y extraiga las conclusiones necesarias para mejorar.

Ahora bien, lo que a mi juicio no puede hacer el Pontevedra es presionarse por estar arriba.

El objetivo primordial es estabilizar al equipo en la categoría.

Qué todos queremos soñar una vez se logre la salvación? Claro. Por supuesto.

Peor estar arriba debe ser una ilusión y una alegría. Nunca una carga o una losa en las piernas de ningún jugador.

Ahora toca ir a Mérida, partido harto significativo en la primera vuelta y que supuso muchas cosas.

Lo que a mí me gustaría es volver a ver a ese equipo con ritmo y con pasión a lo largo de muchos minutos de encuentro. Eché en falta eso ante el Arenteiro.

También me encantaría que llegaran dos fichajes más pero eso ya…

domingo, 4 de enero de 2026

Gran victoria y más que una petición, una exigencia.

El Pontevedra CF ganó al Racing Club Ferrol por dos goles al uno ayer sábado en Pasarón. 

Lo hizo en un partido disputado a cara de perro sobre un césped indigno para la historia de la entidad y contra un equipo diseñado para luchar por el primer puesto del grupo.

Resulta obligatorio hacer en este instante de la columna una recopilación de antecedentes para entender con precisión en que condiciones llegó el conjunto granate para afrontar el choque ante uno de los grandes favoritos de la competición.

En esta categoría se permite hasta un máximo de 25 fichas entre jugadores senior, 18 licencias y futbolistas sub- 23 que pueden ascender a 7.

El Pontevedra decidió comenzar la Liga con 22 futbolistas en su plantilla, las 18 senior y cuatro sub-23.

Muy pronto fuimos conscientes de que ese número no era real pues uno de los jugadores llamados a marcar la diferencia sobre la hierba, Pablo Hervías, no aparecía nunca en las alineaciones de Rubén Domínguez.

Con el clásico oscurantismo, no exclusivo del Pontevedra CF pues en otras plazas futbolísticas también se estila esta forma de hacer las cosas, comprobamos como no éramos 22 sino 21 y que la única razón aducida para ello se remitía a "problemas personales" del jugador.

Hace solo unos días, el Pontevedra CF anunciaba oficialmente un acuerdo de rescisión amistosa con un futbolista que vino a ser importante y que pasó por la entidad granate sin disputar un solo minuto de competición oficial.

El 15 de Noviembre, insisto, el 15 de Noviembre, el Pontevedra CF perdía a dos jugadores más para la causa en un partido jugado en Pasarón contra el Mérida.

El primero de ellos, Juanra, por causa de una desgraciada y grave lesión, la cuarta de larga duración que sufre el equipo en solo temporada y media.

La otra ficha que ese día "se quedó por el camino" no fue otra que la de Dani Selma. 

Su "boudeville" incalificable con los penaltis provocó la indignación pública y notoria de su entrenador que no se ablandó con las disculpas ofrecidas en rueda de prensa por el delantero y empezó a acuñar la frase que permaneció vigente hasta hace días: "Somos 19".

Durante estos casi dos meses, el equipo ha competido solo con ese exiguo número de jugadores (más reducido si cabe al incluir a un par de jugadores que salían a disputar muy pocos minutos de vez en cuando) y cada vez que aparecía una sanción o alguna lesión de más corta duración (que han aparecido), la capacidad de maniobra para mover piezas a lo largo de un partido se reducía de manera dramática.

Decía más arriba que esa frase " somos 19" se ha mantenido vigente hasta hace poco pues desde hace varios días ha sido sustituida por la de "somos 18" o, para ser más concreto "somos casi 17".

Esto es así, dado que un día antes del derbi ante el Racing, Marcos Denia rompía su cesión con el Pontevedra para marcharse también cedido por el Cádiz al At. Sanluqueño y en los minutos previos al encuentro de ayer nos encontrábamos con la ausencia en la convocatoria de Nico Conesa. El centrocampista ex del Getafe B no sufría problema físico alguno y la razón por la que no fue incluido en la citación no era otra que su inminente marcha a otro equipo.

Como quiera que Brais Abelenda, hombre de mucha importancia para la plantilla, no estaba apto por una lesión en la fascia de uno de sus pies y que Eimil no podía actuar por sanción, el Pontevedra CF se presentó a jugar contra el Racing con 15 futbolistas de su primera plantilla, incluyendo los dos porteros.

No es la primera vez que el equipo afronta partidos en una situación parecida. Sin ir más lejos, en Barakaldo ya no estaba Brais y aunque Eimil sí estaba apto, no lo estaba un jugador capital como Vidorreta y aún así también se ganó. Por lo menos, todavía estaban en el banco tanto Denia como Conesa para poder recurrir a ellos en caso de extrema urgencia.

Todo esto lo recuerdo ahora porque me parece extraordinariamente significativo que sabiendo que Hervías no iba a volver casi desde el principio de Liga y que el fatídico partido frente al Mérida fue el 15 de Noviembre, el Pontevedra lejos de contar ya con alguna incorporación del mercado invernal fraguada y negociada en ese mes y medio que todavía faltaba para el 1 de Enero, lo que ha hecho es permitirse el lujo de dejar marchar (lo de Conesa parece cantado) a dos jugadores más para convertir a una plantilla ya delgada, en otra tan exigua de carnes que a veces resulta transparente si se la mira de perfil.

Luego volveré al tema de los fichajes pero hablemos un poco del partido de ayer.

Teniendo en cuenta el "encaje de bolillos" que Rubén Domínguez tiene que efectuar cada vez que diseña el plan de un partido, las dudas en la alineación granate no estaba tanto en los hombres que la compondrían (ya que somos pocos aunque valientes) sino en la posición que cada uno ocuparía.

Sí había una duda y era en la portería siendo Marqueta quien salió de titular a pesar de los partidazos protagonizados en las últimas semanas por Edu Sousa.

Vidorreta volvía a ocupar el lateral derecho, Alian era de nuevo central junto a Bosch y Montoro repetía como ante el Arenas de mediocentro defensivo, permitiendo que Tiago se acercara más al punta, que era Compa. Por las bandas, los elegidos fueron Alex y Luizao, esperando en esta ocasión Resende su oportunidad.

Y el partido empezó en esta especie de lastimosa playa de Lourido que tenemos por hierba en los primeros meses de cada año, (el hartazgo que produce esta situación todos los años es insoportable), con un Racing que quería la pelota y un Pontevedra dispuesto a lastimar en cuanto se le presentara una ocasión.

Y esa ocasión llegó en un córner penosamente defendido por los "verdes" que permitieron a Alain cabecear en completa "solitud" en área pequeña para poner al Pontevedra en ventaja.

A partir de ahí, el monopolio del balón por los visitantes se acentuó y el Pontevedra se olvidó quizá en exceso de tratar de amenazar a la espalda rival.

Aún así, a pesar de jugar casi todo el tiempo en campo granate, el Pontevedra más o menos controló la situación y el Racing solo tuvo opciones reales de empatar en la última jugada del primer tiempo a través de una contra que no pudimos parar y un remate de cabeza a bocajarro de Álvaro Giménez que Marqueta rechazó en gran intervención.

En el descanso se produjo una escena que dejaba bien claro la situación actual de los dos equipos en cuanto a configuración de plantilla se refiere.

Sobre el césped, hasta nueve jugadores del Racing se ejercitaban con denuedo pensando en la oportunidad de salir en el segundo tiempo mientras en el otro lado solo Resende se movía tímidamente por si fuera necesario su entrada al campo.

Y vaya si fue necesario. A estas alturas, ya conocemos de sobra a nuestro gran capitán y cuando vemos a Alex sin chispa, como apagado ya nos imaginamos que algo le pasa. Y lo que le pasaba es que unas molestias musculares (que parecen síntomas de una clara lesión muscular y que además propiciaron que en la segunda parte viera la quinta amarilla desde el banquillo)  le apartaban del partido, (y a saber de cuantos más) para que apareciera en escena Joao sobre el césped.

La segunda parte fue diferente.

El Racing siguió teniendo el balón pero con más ritmo, con más intención y con más capacidad para arrinconar en el área a un Pontevedra que empezó a sufrir de verdad en el partido.

La situación se tornó más complicada cuando a los ocho minutos no se defendió nada bien un córner y el conjunto departamental encontró el empate.

Ese gol dio más alas a los visitantes que daban la impresión de poder remontar ante un Pontevedra que empezaba a notar el cansancio y acusaba el tanto de la igualada.

No acumuló ocasiones muy claras el Racing pero sí llegadas constantes  al área granate, sobre todo por una banda derecha bastante vulnerable, que creaban gran desasosiego entre la afición local.

Mediado el segundo tiempo, Rubén decide sustituir a un agotado Luizao ( el ecuatoriano debe mejorar mucho en la parcela física para explotar mejor esas cualidades de desborde que atesora) por Benjamín Garay. 

El relevo implicó un cambio de sistema en el Pontevedra que se colocó en 5-3-2 con Montoro de nuevo atrás junto a Alain y Bosch, Garay y Cuesta de carrileros y Vidorreta en el centro junto a Yelko y Tiago.

Incluso poco después dio la impresión de parecerse el dibujo más a un 5-4 -1, recuperando otra vez Resende su lugar en banda.

Lo cierto es que con el cambio de sistema el Pontevedra no recuperó el balón pero sí dio la impresión que aguantaba algo mejor las embestidas del Racing con Vido en el medio y sobre todo con los carriles algo más activos en ataque parta obligar al rival a estar más pendiente en defensa y no solo en volcarse sin preocupación alguna hacia la parcela pontevedresa.

Así las cosas, con Marqueta haciendo una gran parada en una imprecisión de Alain que dejó pasar un baló creyendo que el rival no llegaría y con Compa obligando por lo menos al portero "verde"  a despejar una pelota, llegó el minuto 83 y con él, un córner a favor.

Y el Racing, en mi opinión, volvió a equivocarse mucho. Tanto que un rechace o dejada tras el saque de esquina botado por Yelko permite que Resende pueda atacar completamente solo y en corazón del área una pelota que envió al fondo de las mallas para tirar abajo de la alegría al estadio municipal de Pasarón.

El fútbol es a veces caprichoso pues los minutos de Joao Resende no habían sido nada buenos pero esa acción tan bien resulta compensaba con creces alguna indecisión anterior del portugués.

De ahí hasta el final (15 minutos con la prolongación) el partido sí cambio.

El Pontevedra se aplomó, retomó toda la confianza amenazada y como ese león enjaulado deseoso de correr en libertad tras alguna cebra despistada, no permitió ninguna alegría ofensiva más al Racing e incluso puedo alargar su ventaja en sendas contras culminada por Compa y Cuesta que llevaron al que esto escribe a sentir de nuevo esa emoción que te sale de lo más adentro cuando ves a tus jugadores "matarse" sobre el césped.

Con todo, el partido acabó con otra mala noticia en forma de sustitución de Alain (máximo goleador del equipo con seis tantos) en el minuto 92 tras sufrir molestias en uno de sus muslos y que de ira más dejarían al Pontevedra más en cuadro que nunca para visitar en siete días el estadio del Avilés.

La victoria vuelve a tener un mérito tremendo. 

Por permitirnos llegar a los 30 puntos, teóricamente a solo 5 triunfos del objetivo de la permanencia cuando aún quedan 20 duelos. Por lograrse ante un rival muy potente que cuenta con grandes futbolistas y que demostró en la segunda parte que es un conjunto muy fuerte. Por afrontar el partido con solo 15 futbolistas de la primera plantilla que volvieron a acabar extenuados y bastantes de ellos jugando en posiciones diferentes a las ideales. Y por supuesto, también por que ese gran rival era el Racing con el que desde hace bastantes años ya existe una rivalidad que hace que no sea un partido más el enfrentamiento entre ambos equipos para las dos aficiones.

Todo esto (cuando digo "todo esto" no me refiero solo a los tres puntos frente al Racing sino lo que viene haciendo este grupo desde que empezó la Liga) nos lleva a una clara conclusión: estos futbolistas y su cuerpo técnico están dando lo máximo que tienen para conseguir el objetivo primordial de la entidad y provocar que nosotros, sus seguidores, nos sintamos fuertemente representados por su trabajo.

Ahora queda que los que tienen responsabilidad más arriba del entrenador y futbolistas cumplan con su cometido.

Desde "En clave granate", tanto en esta versión de blog como en la de podcast, ya no se pide que vengan jugadores espectaculares que den un salto de calidad y que coloquen las aspiraciones del club más arriba esta misma temporada, no.

La petición que se hace, que más que solicitud debe ser una exigencia, es que si una "máquina" se estropea porque varias de sus piezas se averían, se sustituyan las defectuosas con la mayor prontitud posible (al menos las más importantes) antes de que todo el mecanismo se vaya al "carajo".

No tiene sentido alguno que si desde casi el principio de Liga ya sabíamos que éramos 21 y desde MEDIADOS DE NOVIEMBRE tan solo 19, en este último mes y medio no se haya hecho lo suficiente para que al menos uno (y estoy siendo generoso) de los cuatro o cinco que deberían venir, ya estuviera a estas alturas en el vestuario.

Hagan lo necesario para nutrir a esta plantilla de las "vitaminas" que claramente necesita en forma de incorporaciones y háganlo rápido.

Trabajen en conjunto, todos en el mismo sentido y sin tirar piedras sobre el propio tejado aunque solo sea por esta vez.

Consigan que ese orgullo que la afición siente por este grupo de futbolistas y técnicos se extienda en esta ocasión a ustedes por no permitir que este equipo se debilite por no encontrar los "repuestos" que pide a gritos.

Además de la renovación de Yelko, que se aplaude y celebra con fervor, renueven ya a cuatro  o cinco jugadores clave antes de que sea demasiado tarde.

Permitan, en definitiva, que aunque solo sea por una maldita vez nos sintamos representados no solo sobre el campo sino también en los despachos por hacer las cosas bien.

Creo que efectuar estas peticiones o exigencias supone remar otra vez en un desierto ahíto de arena y sin gota alguna de agua.

Creo que se repetirán los errores de siempre y no se estará a la altura.

Ojalá me equivoque y no se derribe todo para edificar sobre un solar otra vez desnudo. 

Ojalá esta vez, desde ya, se aproveche lo bueno que ya hay y se trabaje para mejorar lo construido.

Ojalá.