lunes, 23 de marzo de 2026

Hay que seguir insistiendo.

 Ya está aquí el tramo decisivo de la competición.

Desde finales del mes de Agosto, los equipos han ido acumulando en su cesto el grano en forma de puntos que fueron capaces de recolectar y se adentran ahora en los últimos nueve partidos de Liga (diez para el Pontevedra CF) en los que algunos de esos cestos acabarán con la cantidad de alimento prevista antes del comienzo del torneo y otros acabarán con menos de lo que se habían ambicionado en los despachos.

No llega el Pontevedra en buen momento a esta fase en la que todo va a decidirse. Opinar lo contrario sería mentirnos o engañarnos nosotros mismos al solitario y lo importante, lo verdaderamente trascendente, es que el el equipo logre desbloquearse y alcance esa victoria balsámica cuya consecución podría volver a cambiarlo todo.

Es cierto que al capazo granate apenas le faltan un par de unidades (tres a lo mejor) para conseguir el objetivo marcado cuando la temporada empezaba y las dudas (lógicas y legítimas sin lugar a dudas) de gran parte de la afición se cernían sobre el desempeño que el Pontevedra pudiera tener en el campeonato.

Sin embargo, con el paso de las jornadas, el equipo fue aumentando sus prestaciones poco a poco hasta colarse en la zona de play off de ascenso en la que lleva ya mucho tiempo y un cesto en el que se contengan 45 o 46 puntos, que hace meses nos habría parecido el maná de los dioses, nos parece ahora escaso de carnes y pedimos que engorde hasta reunir el grano necesario que permita jugar la fase de ascenso.

La ilusión en el mundo del fútbol resulta intrínseca al mismo y sobre todo forma parte de los sentimientos de todo aficionado. Es normal que viendo al equipo en el tercer lugar durante tanto tiempo, la parte baja de la clasificación ya nos parezca un sitio inadecuado para nosotros y ambicionemos luchar por estar la campaña siguiente en segunda división.

Y todo eso es normal. El que esto escribe también lo siente y desea que el equipo se recupere y no pierda la posibilidad sorprendente de disputar ese play off.

Este atribulado bloguero lo piensa, no obstante, más con el corazón que con la cabeza. Más con esa pasión con la que el hincha siente a flor de piel a su equipo que con la racionalidad de un seguidor más frío.

Lo piensa aún sabiendo que en el mercado de invierno (con aciertos indudables en varias de las piezas que se han traído a pesar de no que no se hayan ganado partidos) se dejó desguarnecida una de las posiciones más importantes en un campo de fútbol que es la de delantero centro.

Lo piensa aún comprobando semana a semana el desastre en el que algunos irresponsables han convertido Pasarón, estadio en el que desde hace meses resulta literalmente imposible jugar un fútbol mínimamente combinativo.

Lo piensa aún siendo consciente de las plantillas con las que cuentan algunos de los rivales de arriba por mucho que su capazo de puntos se muestre todavía con el mismo grosor que el nuestro.

Con todo lo anterior, ahora que el Pontevedra ocuparía puesto de descenso si solo se tuviera en cuenta la clasificación de la segunda vuelta en la que solo hemos ganado un partido (aunque hubo algún otro que debió ganarse y no se nos dejó por terceros); ahora que todo parece que se viene abajo y observamos en el equipo claras muestras de atasco y pocas ideas en ataque; ahora, insisto es cuando el cuerpo más me pide estar al lado de este grupo de futbolistas y técnicos que llevan meses haciéndonos soñar con un rendimiento que nadie esperaba en el momento que se dio el pistoletazo de salida a todo esto.

Es ahora, en este trance en el que el equipo tanto lo necesita, cuando más hay que arroparlo y no dudo que una de las mejores aficiones de Galicia lo hará en el próximo desplazamiento a Zamora.

En definitiva, siendo conscientes de las dificultades y de que la alegría y entusiasmo del equipo parece decaer, es ahora cuando más hay que creer en este bloque y juntos hacer ese último y titánico esfuerzo para ganar ese partido que nos salve matemáticamente, primero, y pelear para meterse en la promoción a continuación.



El partido contra el Ourense no fue, otra vez, un partido agradable de digerir por parte de los dos equipos.

Lo que nos espera con este césped indigno de nuestra historia (lo repetiré las veces que haga falta para ver si en algún momento a aquellos que tienen responsabilidad para arreglarlo se les cae la cara de vergüenza y tomas cartas en el asunto), son partidos como este o el de Unionistas. Partidos de centrocampismo anodino, balones al cielo, lucha sin cuartel y acierto máximo en las pocas opciones de gol que se puedan presentar.

En este último aspecto, el acierto, sí se pude diferenciar el partido contra el Ourense del de Unionistas.

El 0-0 de hace 15 días frente al equipo salmantino reflejó bastante bien lo sucedido sobre el campo de cultivo de patatas de Pasarón pero el sábado pasado si hubo alguien que tuvo que ganar fue el Pontevedra CF que desaprovechó un par de ocasiones que hay que transformar sí o sí.

Afrontó el equipo el choque esta vez con defensa de cuatro y con Gil por banda izquierda, Alain cerca de Compa y Eimil en el exterior derecho.

Se salió bien y en los primeros minutos el árbitro “interpretó” falta de Rubén López a un defensor en una jugada protagonizada en exclusiva por el medio cedido por el Deportivo que en gran cabalgada cometió presuntamente falta en ataque en una acción que terminó en otro gol anulado que se une a la curiosa serie que lleva le Pontevedra a cuestas últimamente.

Poco después llegó otro tanto invalidado. Esta vez, ya era hora, por un fuera de juego que pareció claro de Comparada.

Y en el minuto 20 llegó, en opinión del que esto escribe, la acción clave del partido.

Eimil recibe una pelota por la derecha y libre de marca avanza hasta entrar en solitario dentro del área y encarar al portero rival. La ocasión era muy clara, diáfana, pero entre que el jugador granate estaba más pendiente de la posición de algún compañero y que decidió conducir en exceso antes de disparar, el guardameta tuvo tiempo para repeler su tiro y desbaratar una ocasión de las que nunca deben fallarse en el contexto en el que se encuentra el Pontevedra CF.

A partir de ahí el partido se espesó, las llegadas fueron menguando y las llegadas en el primer tiempo (otra vez atacando hacia fondo norte por cuarta ocasión consecutiva) desaparecieron casi por completo.

En la segunda parte, el Pontevedra volvió a gozar de otra ocasión clara en las botas de Comparada que se creó su opción pero que llegó algo desequilibrado ante el portero y no pudo concretar la última oportunidad seria de gol del partido.

A falta de media hora salió Luizao y es verdad que el ecuatoriano no logró concretar casi ningún lance. Es verdad que ese juego más efectivo que se le vio hace algunas semana no apareció pero también es cierto que el único futbolista granate que intentó desbordar; que intentó el uno contra uno y que obligaba al rival a efectuar ayudas en banda derecha era Luizao.

En mi opinión, con el estado calamitoso de la hierba y la defensa cerrada planteada por el contrario, existen dos vías por las que intentar desatascar el partido.

La primera es el balón parado en el que el equipo estuvo realmente desacertado y lejos de rematar los corners o faltas de las que dispuso.

La otra es el desborde por banda, el regate, ganar línea de fondo con ventaja y poner centros a dos buenos rematadores como Comparada y Alain.

En esa segunda faceta, Gil estuvo desaparecido, Alex que salió en el segundo tiempo no entró nunca en el partido (no olvidemos que llevaba mucho tiempo sin jugar) y solo Luizao, insisto, con poco acierto, trató de encarar y poner problemas a la zaga contraria.

El cambio de Cuesta tampoco lo entendí demasiado. Con la salida del asturiano del campo, Alex retrasó su posición y en su estado actual perdió todavía más protagonismo y Resende ocupó la banda izquierda ofensiva cuando quizá hubiera resultado más útil en una zona más cercana al área en la que el portugués ya ha demostrado su oportunismo y acierto.

El Ourense se quedó con 10, Yelko vio su 10 amarilla que le impedirá estar en Zamora, y Brais acabó el partido en medio campo tratando de buscar ese pase venenoso que nunca llegó y de dotar de algo de criterio al jugo de ataque lo que sí consiguió en ocasiones.

El caso es que en un partido en el que el Pontevedra no sufrió en ningún momento en defensa a pesar de tener enfrente a uno de los delanteros con peores artes de la categoría (Amín), la falta de acierto en esas dos ocasiones tan claras (especialmente la primera), los indudables problemas que arrastra desde la baja de Tiago en creación de juego (aumentados todavía más por el campo de berzas en el que algunos imbéciles han convertido nuestra casa) y el poco desborde individual por bandas, el 0-0 volvió a reinar en el marcador para que el Pontevedra acumule una jornada más sin conseguir una victoria.

Por cierto, un detalle que es importante resaltar.

El Ourense CF, equipo de abajo que está un punto por encima del descenso, cuenta con tres “9” en su plantilla: Amín, Martín Ochoa y Sergio Benito (que el sábado no salió aunque estaba dispuesto a ello por coincidir su relevo con la expulsión de Jerín y que empezó esta Liga en la SD Ponferradina).

El Pontevedra no está perdiendo fuelle solo por eso, es cierto, pero no entiendo como a la que se ha dado en llamar “comisión deportiva” le ha podido parecer razonable e incluso responsable afrontar la segunda vuelta solo con Alex Comparada.

El caso es que en los últimos 6 partidos el Pontevedra ha hecho solo un gol y a balón parado.

A pesar de todo, el Pontevedra continúa ubicado en la quinta posición de la tabla (aunque empatado con 3 equipos más) y cuenta con ese partido menos que de jugarse mañana (será el 8 de Abril) y ganarlo lo colocaría otra vez tercero.

Seguimos estando ahí y como escribía al principio de esta columna, podemos elegir creer y confiar o coger el camino del desaliento.

Ahora espera el Zamora, equipo que salió con claras aspiraciones de play off, y además perdemos a Yelko que es el jugador que aporta sentido al juego de ataque del equipo.

Da igual. Yo elijo creer porque el grupo se merece que crea.

Está muy complicado, sí, pero el sistema defensivo colectivo del equipo sigue intacto y “solo” falta conseguir esa frescura y chispa en ataque que es indudable ha desaparecido.

A lo mejor es el próximo fin de semana, cuando todo parece más en contra, ese en el que el juego vuelva a fluir y el equipo salga victorioso y reforzado de una plaza difícil.

Este equipo ha demostrado que sabe sufrir y competir.

Ojalá en el Ruta de la Plata consiga encontrar ese oro que lleva persiguiendo semanas sin éxito y alcance su objetivo primordial.

Luego, seguiremos soñando.

lunes, 9 de marzo de 2026

Poco fútbol, poco ataque, poco todo.

Jugar al fútbol en el estadio municipal de Pasarón es muy difícil. De hecho, hacerlo a ras de suelo resulta completamente imposible en parcelas muy grandes del campo.

Ver la hierba así no solo hace daño a los futbolistas que saben lo que es un balón sino también a los ojos y a los corazones de unos aficionados que no entienden (no entendemos) como es posible que en un escenario tan histórico como este a lo único que realmente pueda jugarse es al rugby o al fútbol australiano.

Intentar que un equipo, el Pontevedra o el rival al que le corresponda visitar nuestra ciudad, pueda hilvanar juego a base combinaciones rápidas, técnicas y talentosas es una quimera y el único recurso que queda es el balón largo, segunda jugada, mucho choque y pierna fuerte ante los continuos duelos que esta forma de jugar termina por provocar en el campo.

Y precisamente por eso, por la imperiosa necesidad de jugar en largo ante el impresentable estado del césped, solo entendí a medias la alineación inicial decidida por Rubén Domínguez y la forma en la que el Pontevedra trató de causar daño en la tupida defensa de Unionistas de Salamanca.

Entendí, pues, la presencia como hombre más adelantado (Compa era baja por sanción) de Alain Ribeiro.

No entendí, en cambio, como no se colocó cerca del “panzer” vasco (que se cansó de pelear, saltar, ser empujado, zarandeado y a pesar de ello ganar varios balones “golosos” por arriba) a algún otro jugador granate que pudiera sacar rédito de un trabajo enorme de Alain que se quedó en nada al no tener gente cerca que se aprovechara de la segunda jugada tras los duelos ganados por el “6” granate.

Ni Resende acostado a banda izquierda y casi inédito en la primera parte, ni D.Gómez ubicado en banda derecha muy lejos también de Alain, tuvieron opciones reales de recoger las dejadas proporcionadas por su compañero en cuya cabeza estuvo el único acercamiento granate en toda la primera parte que fue recogido sin problemas por el portero charro.

Es cierto, no obstante, que el Pontevedra empezó algo atolondrado el partido y ello provocó que Unionistas gozara en los primeros instantes de un par de acercamientos provocados más por los errores locales que por otra cosa pero a partir de ahí, el partido se convirtió en un “truño” de proporciones cuasi bíblicas en el que los dos equipos parecían cómodos y contentos con un empate que ya se concedía de entrada por la Federación con el 0-0 inicial.      

Al igual que su rival, el Pontevedra salió a jugar con tres centrales y con Cuesta y Vido una vez más de carrileros largos aunque en contadísimas ocasiones (bueno, más bien ninguna) pudieron llegar en ataque para enviar algún centro decente.

Por el medio, Yelko se peleaba como podía con la marca pegajosa que el rival había decidido imponerle como “regalo” y con el lamentable estado de una hierba que resulta incompatible con cualquier futbolista que tuviera la más mínima intención de tocar de primeras. A su lado, Rubén López (jugador con características diferentes a las de Tiago) aportaba fuerza, choque, empuje pero poca claridad al juego.

Los minutos pasaban con lentitud mientras los dos conjuntos decidían que darle algo de ritmo al juego no entraba ni de lejos en sus planes inmediatos y la paciencia de la afición granate fue puesta a prueba pues la impotencia para generar algo de peligro del Pontevedra era gigantesca.

Esa prueba, la de la paciencia, fue aprobada con nota por los seguidores pues a pesar de la lentitud exasperante de lo que estaban viendo y de la imposibilidad de su equipo para cambiar de marcha, apenas existió disconformidad con la actuación de una escuadra que supera con creces las expectativas generadas en verano.

No debió parecerle mal a Rubén lo sucedido en el primer tiempo pues ningún cambio ni de jugadores ni de sistema se produjo tras el descanso.

Por tercera vez consecutiva en casa (Yelko, por favor, gana algún sorteo) el Pontevedra “atacó” en la portería de sur y ello contribuyó todavía más a teñir de cloroformo una soleada tarde en lo climatológico pero absolutamente oscura en lo futbolístico.

Al cuarto de hora sí se produjo el primer relevo. Solo afectó a jugadores pues el Pontevedra siguió jugando exactamente a lo mismo, es decir, a empatar y a que no pasara casi nada, justo lo que también estaba haciendo su rival de ayer.

Salió Garay al lateral derecho y se marchó Rubén López para que Vidorreta ocupara el mediocampo.

No se notó apenas la variante aunque sí es verdad que en el 68 llegó el segundo (único con el pie) remate a puerta del Pontevedra en todo el partido por medio de Garay. Fue un disparo algo flojo pero que por lo menos obligó al portero visitante a estirarse un poco y lanzarse al suelo para recoger el cuero.

También por esos minutos, más o menos, Resende empezó a aparecer un poco por la izquierda con un par de acciones que por lo menos hicieron levantar las cejas a algunos de los seguidores pontevedreses ante la posibilidad de ver algo de desborde, algo de malicia, algo de velocidad, algo de ataque.

Lo cierto es que fue el propio Resende el elegido en el 73 para salir del campo para que esa banda izquierda fuera ocupada por Brais sin que el dibujo granate siguiera sin modificarse un ápice.

Y llegó el minuto 83 y en él la expulsión por doble amarilla de un defensa de Unionistas que en una nueva pelea con Alain quiso llevárselo puesto a Salamanca por enésima vez. En esta ocasión, el trencilla de turno que no mejoró en demasía a los anteriores colegas que han pasado por aquí, decidió sacar la tarjeta pues una cosa es agarrar, desplazar, arañar y otra muy diferente es tratar de colocarse de “paquete” a Alain para, insisto, llevárselo a Salamanca cual alfombra enrollada en el maletero.

El caso es que la expulsión no se ratificó hasta el 88 y fue en ese momento cuando Rubén Domínguez entendió que podía darse un paso para tratar de ganar el partido.

Un cada vez menos protagonista Luizao saltaba al césped por Bosch y el Pontevedra pasaba a jugar con Brais un poco más cerca de Alain con el hispano –ecuatoriano y Diego Gómez (que será baja en Getxo por amarillas) en las bandas.

Era tan escaso el ritmo de juego que ambos equipos habían metido al partido que ni esa expulsión ni los 8 o 9 minutos de prolongación consiguieron sacar al Pontevedra de un sopor que se le había metido hasta el fondo de sus huesos.

Es más, la única ocasión clara del partido se produjo en esos momentos a favor de Unionistas con un cabezazo a bocajarro de Artola (el mismo que falló el penalti en Mérida con 1-0 a para los emeritenses) que fue repelido en buena intervención por Marqueta.

A Luizao apenas le dio tiempo a darse un par de carreras en conducción y a colocar un centro al que no puedo llegar Alain que terminó el partido completamente exhausto de pelear con toda una defensa contraria.

El partido terminó con más pena que gloria con ese empate inicial con el que insisto parecían conformes desde el principio los dos equipos.

El Pontevedra se va a los 42 puntos y por primera vez tendrá la posibilidad matemática de llegar a los 45 en la próxima jornada en Getxo.

Para eso debería ganar al Arenas a domicilio lo que no parece fácil pues el conjunto granate ya acumula 5 partidos sin vencer y solo ha conseguido hacerlo una vez desde que hace nueve choques empezó la segunda vuelta.

Por misterios de la naturaleza, el Pontevedra sigue tercero en solitario con dos puntos de ventaja sobre el sexto y lo que es más importante, 13 sobre el descenso.

Ayer el Pontevedra jugó para empatar en casa.

Habrá gente que no estará de acuerdo pero esa es mi opinión. No dimos hasta el 88 ningún paso adelante decidido para tratar de ganar.

No obstante, y esta postura es la que lleva sosteniendo este atormentado bloguero desde hace mucho tiempo, hasta que no se logren los 45 o 46 puntos, por lo menos el que esto escribe no va a empezar a soñar con otra cosa.

En verano no me imaginaba esto sino otro escenario mucho más apocalíptico por lo que ni quiero ni me parecería demasiado justo cargar demasiado las tintas por el partido realmente feo, soso y, sobre todo, poco ambicioso, que jugamos ayer.

Sigo sosteniendo que no es lógico afrontar toda una segunda vuelta con un delantero nato en la plantilla y partidos como el de ayer (aunque es posible que no se haya dejado de ganar solo por eso) son claros ejemplos.

No estaba Compa y el Pontevedra no tenía “9” nato.

También soy consciente de que la baja de Tiago tal y como estaba jugando el ex del Arenteiro influye en la menor claridad que el equipo está demostrando en su juego (aunque también Tiago notaría jugar en este patatal vergonzoso en el que han convertido algunos Pasarón).

A pesar de todo ello, el Pontevedra está realizando una temporada notable y a falta de 11 jornadas tiene ya una opción de alcanzar los 45 puntos.

Cuando la permanencia sea un hecho, cuando el principal objetivo marcado se haya consumado, es posible que sí existan partidos en los que haya que decidir dar ese paso adelante que ayer o no se quiso o no se pudo dar.

Lo que no va hacer este bloguero es auto engañarse creyendo que hay equipo para lanzarse a por el Celta y sacar 9 puntos al sexto.

Lo que hay es una plantilla trabajadora, honrada, muy bien armada en defensa pero con evidentes problemas cara al gol y, desde la baja de Tiago, con más dificultades para crear fútbol.      

Vamos a certificar la salvación, disfrutemos de esa circunstancia cuando se dé y luego soñemos pero siempre sabiendo que los sueños son eso..sueños.