lunes, 9 de marzo de 2026

Poco fútbol, poco ataque, poco todo.

Jugar al fútbol en el estadio municipal de Pasarón es muy difícil. De hecho, hacerlo a ras de suelo resulta completamente imposible en parcelas muy grandes del campo.

Ver la hierba así no solo hace daño a los futbolistas que saben lo que es un balón sino también a los ojos y a los corazones de unos aficionados que no entienden (no entendemos) como es posible que en un escenario tan histórico como este a lo único que realmente pueda jugarse es al rugby o al fútbol australiano.

Intentar que un equipo, el Pontevedra o el rival al que le corresponda visitar nuestra ciudad, pueda hilvanar juego a base combinaciones rápidas, técnicas y talentosas es una quimera y el único recurso que queda es el balón largo, segunda jugada, mucho choque y pierna fuerte ante los continuos duelos que esta forma de jugar termina por provocar en el campo.

Y precisamente por eso, por la imperiosa necesidad de jugar en largo ante el impresentable estado del césped, solo entendí a medias la alineación inicial decidida por Rubén Domínguez y la forma en la que el Pontevedra trató de causar daño en la tupida defensa de Unionistas de Salamanca.

Entendí, pues, la presencia como hombre más adelantado (Compa era baja por sanción) de Alain Ribeiro.

No entendí, en cambio, como no se colocó cerca del “panzer” vasco (que se cansó de pelear, saltar, ser empujado, zarandeado y a pesar de ello ganar varios balones “golosos” por arriba) a algún otro jugador granate que pudiera sacar rédito de un trabajo enorme de Alain que se quedó en nada al no tener gente cerca que se aprovechara de la segunda jugada tras los duelos ganados por el “6” granate.

Ni Resende acostado a banda izquierda y casi inédito en la primera parte, ni D.Gómez ubicado en banda derecha muy lejos también de Alain, tuvieron opciones reales de recoger las dejadas proporcionadas por su compañero en cuya cabeza estuvo el único acercamiento granate en toda la primera parte que fue recogido sin problemas por el portero charro.

Es cierto, no obstante, que el Pontevedra empezó algo atolondrado el partido y ello provocó que Unionistas gozara en los primeros instantes de un par de acercamientos provocados más por los errores locales que por otra cosa pero a partir de ahí, el partido se convirtió en un “truño” de proporciones cuasi bíblicas en el que los dos equipos parecían cómodos y contentos con un empate que ya se concedía de entrada por la Federación con el 0-0 inicial.      

Al igual que su rival, el Pontevedra salió a jugar con tres centrales y con Cuesta y Vido una vez más de carrileros largos aunque en contadísimas ocasiones (bueno, más bien ninguna) pudieron llegar en ataque para enviar algún centro decente.

Por el medio, Yelko se peleaba como podía con la marca pegajosa que el rival había decidido imponerle como “regalo” y con el lamentable estado de una hierba que resulta incompatible con cualquier futbolista que tuviera la más mínima intención de tocar de primeras. A su lado, Rubén López (jugador con características diferentes a las de Tiago) aportaba fuerza, choque, empuje pero poca claridad al juego.

Los minutos pasaban con lentitud mientras los dos conjuntos decidían que darle algo de ritmo al juego no entraba ni de lejos en sus planes inmediatos y la paciencia de la afición granate fue puesta a prueba pues la impotencia para generar algo de peligro del Pontevedra era gigantesca.

Esa prueba, la de la paciencia, fue aprobada con nota por los seguidores pues a pesar de la lentitud exasperante de lo que estaban viendo y de la imposibilidad de su equipo para cambiar de marcha, apenas existió disconformidad con la actuación de una escuadra que supera con creces las expectativas generadas en verano.

No debió parecerle mal a Rubén lo sucedido en el primer tiempo pues ningún cambio ni de jugadores ni de sistema se produjo tras el descanso.

Por tercera vez consecutiva en casa (Yelko, por favor, gana algún sorteo) el Pontevedra “atacó” en la portería de sur y ello contribuyó todavía más a teñir de cloroformo una soleada tarde en lo climatológico pero absolutamente oscura en lo futbolístico.

Al cuarto de hora sí se produjo el primer relevo. Solo afectó a jugadores pues el Pontevedra siguió jugando exactamente a lo mismo, es decir, a empatar y a que no pasara casi nada, justo lo que también estaba haciendo su rival de ayer.

Salió Garay al lateral derecho y se marchó Rubén López para que Vidorreta ocupara el mediocampo.

No se notó apenas la variante aunque sí es verdad que en el 68 llegó el segundo (único con el pie) remate a puerta del Pontevedra en todo el partido por medio de Garay. Fue un disparo algo flojo pero que por lo menos obligó al portero visitante a estirarse un poco y lanzarse al suelo para recoger el cuero.

También por esos minutos, más o menos, Resende empezó a aparecer un poco por la izquierda con un par de acciones que por lo menos hicieron levantar las cejas a algunos de los seguidores pontevedreses ante la posibilidad de ver algo de desborde, algo de malicia, algo de velocidad, algo de ataque.

Lo cierto es que fue el propio Resende el elegido en el 73 para salir del campo para que esa banda izquierda fuera ocupada por Brais sin que el dibujo granate siguiera sin modificarse un ápice.

Y llegó el minuto 83 y en él la expulsión por doble amarilla de un defensa de Unionistas que en una nueva pelea con Alain quiso llevárselo puesto a Salamanca por enésima vez. En esta ocasión, el trencilla de turno que no mejoró en demasía a los anteriores colegas que han pasado por aquí, decidió sacar la tarjeta pues una cosa es agarrar, desplazar, arañar y otra muy diferente es tratar de colocarse de “paquete” a Alain para, insisto, llevárselo a Salamanca cual alfombra enrollada en el maletero.

El caso es que la expulsión no se ratificó hasta el 88 y fue en ese momento cuando Rubén Domínguez entendió que podía darse un paso para tratar de ganar el partido.

Un cada vez menos protagonista Luizao saltaba al césped por Bosch y el Pontevedra pasaba a jugar con Brais un poco más cerca de Alain con el hispano –ecuatoriano y Diego Gómez (que será baja en Getxo por amarillas) en las bandas.

Era tan escaso el ritmo de juego que ambos equipos habían metido al partido que ni esa expulsión ni los 8 o 9 minutos de prolongación consiguieron sacar al Pontevedra de un sopor que se le había metido hasta el fondo de sus huesos.

Es más, la única ocasión clara del partido se produjo en esos momentos a favor de Unionistas con un cabezazo a bocajarro de Artola (el mismo que falló el penalti en Mérida con 1-0 a para los emeritenses) que fue repelido en buena intervención por Marqueta.

A Luizao apenas le dio tiempo a darse un par de carreras en conducción y a colocar un centro al que no puedo llegar Alain que terminó el partido completamente exhausto de pelear con toda una defensa contraria.

El partido terminó con más pena que gloria con ese empate inicial con el que insisto parecían conformes desde el principio los dos equipos.

El Pontevedra se va a los 42 puntos y por primera vez tendrá la posibilidad matemática de llegar a los 45 en la próxima jornada en Getxo.

Para eso debería ganar al Arenas a domicilio lo que no parece fácil pues el conjunto granate ya acumula 5 partidos sin vencer y solo ha conseguido hacerlo una vez desde que hace nueve choques empezó la segunda vuelta.

Por misterios de la naturaleza, el Pontevedra sigue tercero en solitario con dos puntos de ventaja sobre el sexto y lo que es más importante, 13 sobre el descenso.

Ayer el Pontevedra jugó para empatar en casa.

Habrá gente que no estará de acuerdo pero esa es mi opinión. No dimos hasta el 88 ningún paso adelante decidido para tratar de ganar.

No obstante, y esta postura es la que lleva sosteniendo este atormentado bloguero desde hace mucho tiempo, hasta que no se logren los 45 o 46 puntos, por lo menos el que esto escribe no va a empezar a soñar con otra cosa.

En verano no me imaginaba esto sino otro escenario mucho más apocalíptico por lo que ni quiero ni me parecería demasiado justo cargar demasiado las tintas por el partido realmente feo, soso y, sobre todo, poco ambicioso, que jugamos ayer.

Sigo sosteniendo que no es lógico afrontar toda una segunda vuelta con un delantero nato en la plantilla y partidos como el de ayer (aunque es posible que no se haya dejado de ganar solo por eso) son claros ejemplos.

No estaba Compa y el Pontevedra no tenía “9” nato.

También soy consciente de que la baja de Tiago tal y como estaba jugando el ex del Arenteiro influye en la menor claridad que el equipo está demostrando en su juego (aunque también Tiago notaría jugar en este patatal vergonzoso en el que han convertido algunos Pasarón).

A pesar de todo ello, el Pontevedra está realizando una temporada notable y a falta de 11 jornadas tiene ya una opción de alcanzar los 45 puntos.

Cuando la permanencia sea un hecho, cuando el principal objetivo marcado se haya consumado, es posible que sí existan partidos en los que haya que decidir dar ese paso adelante que ayer o no se quiso o no se pudo dar.

Lo que no va hacer este bloguero es auto engañarse creyendo que hay equipo para lanzarse a por el Celta y sacar 9 puntos al sexto.

Lo que hay es una plantilla trabajadora, honrada, muy bien armada en defensa pero con evidentes problemas cara al gol y, desde la baja de Tiago, con más dificultades para crear fútbol.      

Vamos a certificar la salvación, disfrutemos de esa circunstancia cuando se dé y luego soñemos pero siempre sabiendo que los sueños son eso..sueños.