lunes, 27 de abril de 2026

Otro disparo en el pie

Existe una estadística sobre la que ya he hablado en otras ocasiones y que entiendo como una de las claves de la buena clasificación del Pontevedra CF.

Ese dato significativo al que me refiero indica que el Pontevedra CF jamás pierde un partido cuando consigue ponerse por delante en el marcador.

No es una circunstancia baladí sino realmente mollar a la hora de conseguir cualquier objetivo que se tenga, el garantizarse al menos un punto cada vez que se hace el primer gol de un encuentro.

La estadística permanece intacta después del partido jugado hace un par de días por el conjunto granate contra el filial del Celta de Vigo. El Pontevedra marcó primero y el Pontevedra volvió a no perder.

Eso sí, lo que se ha modificado es el número de partidos que el equipo ha dejado de ganar tras marcar antes. Hasta ahora eran tres. La igualada ante los olívicos eleva ese número a cuatro.


Me fui del partido decepcionado e incluso algo cabreado, he de admitirlo.

Esas sensaciones negativas no provenían tanto del empate final (en parte sí, pero cuando te enfrentas contra el segundo clasificado es un resultado que puede llegar a ser entendible) sino por como llegó ese empate.

No se alcanza esa estadística tan importante sobre la que se está hablando en esta entrada por casualidad.

Si un gol te asegura al menos un empate a lo largo de casi toda una Liga (solo restan 4 choques para el final) es porque se ha conseguido ensamblar un sistema defensivo colectivo tan eficiente, hermético y organizado que al rival le resulta muy complicado hincarte el diente cuando se ve por debajo en el marcador.

Esa estadística requiere que las “alegrías” o fallos en el aspecto defensivo sean escasos pues de lo contrario no podrían entenderse estos guarismos.

No obstante, en los últimos partidos del torneo, el Pontevedra CF está haciendo algo que no había hecho casi nunca antes y que le ha costado puntos que quizá podamos echar de menos al final del camino.

En Zamora, día en el que el equipo manejaba el partido a su antojo aún sin profundidad, llegó un error absurdo al final del primer tiempo que lastró nuestras opciones aquella tarde, opciones que se dilapidaron por completo al regalar un segundo tanto nada más comenzar el segundo tiempo.

En Guadalajara, ya metidos en la prolongación de la primera mitad, se pierde la concentración de manera absurda no muy lejos de nuestro área y un balón que era nuestro pasa a poder de un rival que aprovecha el obsequio para comenzar la acción que terminaría en el provisional 1-1.

En el Pedro Escartín esa acción no pasó factura en la puntuación pues el Pontevedra mostró contundencia en ataque tras el descanso y batió al Guadalajara con amplitud. Eso sí, lo que conllevó “medio regalar” ese gol fue complicar un partido que estuvo en el alambre hasta nuestro 1-2.


Una semana después de Guadalajara, el Pontevedra volvió a cometer un error incomprensible en la prolongación del primer tiempo del encuentro del pasado sábado y facilitó en grado sumo el tanto del empate de un Celta que no había disfrutado hasta ese momento de ninguna oportunidad seria de gol.

Sí, sé que el balón hace un bote raro y que algo influye. También sé que el lanzamiento de Oscar Marcos es de una gran categoría, propia de un futbolista muy joven pero con unas posibilidades de futuro enormes.

Todo eso lo sé.

Ahora, lo que también sé es que en ese minuto de partido no debe existir ni la menor duda o recato en mandar la pelota fuera del perímetro del estadio antes de contemporizar o querer “rizar un rizo” que lo único que provocó es un robo de balón imperdonable y la llegada de un disparo (cómodo al coger al equipo desorganizado y sorprendido) que jamás debió producirse.

Esta vez, como en Zamora pero de forma más dolorosa, el error costó puntos pues ese empate a un tanto ya no se pudo mover del marcador.

De ahí, insisto, mi sensación de enfado al terminar el encuentro. Es esa clase de enfado que no cuestiona la gran temporada del equipo; ese enfado que tampoco duda del tremendo esfuerzo realizado bajo un calor considerable que dejó a los futbolistas exhaustos sobre el césped una vez señalado el final del partido.

Pero sí era un enfado que me invadía por ser consciente de la gravedad del error cometido en el gol en contra y lo bien que habría estado situado el choque en la segunda parte si se hubiera afrontado con el marcador en franquía.

Un enfado que me indicaba la oportunidad de oro que se había perdido para ganar el partido por esa costumbre, contradictoria con la línea que lleva el equipo durante casi toda la Liga, de tirarse tiros en el pie.


La primera parte no había sido pródiga en ocasiones de gol pero sí en ritmo e intenciones claras por parte de ambos conjuntos en buscar las cosquillas a su rival.

El Celta atacaba los caminos existentes entre carrileros y centrales (el equipo volvió a salir con tres atrás, más dos laterales largos) y aunque no creaba ocasiones si incomodaba a un Pontevedra que veía como alguno de sus defensas debía salir de su zona más veces de las deseadas para achicar algo de agua.

Por su parte, sobre un césped de Pasarón excesivamente seco que dificultaba las conducciones del balón, el Pontevedra llegaba de vez en cuando al área celeste y provocaba córners que generaban mucha inquietud en el equipo visitante.

A raíz del tercer saque de esquina llegó el gol granate. Centro al segundo palo, dejada hacia el interior de área y remate de Ballardo (que jugó de titular en vez de Rubén López) para enviar el balón a la red.

Como ya es habitual esta temporada, el gol se revisó de arriba abajo en el monitor durante un tiempo muy largo. Esta vez para valorar si Comparada, que andaba por ahí, influía de alguna manera en la defensa, en el portero, en la solución de la paz mundial o en el descubrimiento del sexo de los ángeles.

Al final, en este sucedáneo de lo que hasta hace años se llamaba fútbol, el colegiado decidió (oh, sorpresa) que el gol subiera al marcador.

De ahí hasta el descanso, el Pontevedra se protegió atrás para tratar de “cazar” alguna contra ante un Celta que no generaba y que tuvo que esperar a que su rival le entregara directamente la pelota para conseguir la igualada.


Con el segundo tiempo llegó el primer cambio del Pontevedra. Eimil entraba al campo por Gil, provocando que Diego Gómez dejase de actuar de carrilero derecho (posición en la que sufrió bastante) y pasase a ocupar una posición más adelantada.

El calor apretaba, el Celta movía la pelota con mucha velocidad y el Pontevedra, con el paso de los minutos, trató sin éxito de apretar en busca de la victoria tomando algunos riesgos atrás que no fueron aprovechados por un filial que mostró bastante imprecisión e incluso ingenuidad en área contraria para aprovechar algunas transiciones que pudieron ser letales.

Fueron minutos a lo largo de los cuales se confirmó que Yelko (posiblemente cansado por el esfuerzo que exigía el Celta en la circulación hasta el relevo de Dela) no tenía su mejor día. Minutos en los que emergió un Montoro bestial, imperial y tremendo para abortar dos contras y sacar del barco todo el agua que no podían sacar ni un extrañamente impreciso Bosch ni un dubitativo Marqueta.

Al hilo de esto, no sé si al final jugaremos o no el play off pero ciertas renovaciones podrían sonar casi tan importantes como una clasificación por lo que supondrían para el futuro. La de Montoro resultaría un espaldarazo para un proyecto que quiera seguir creciendo, al ritmo que sea, pero creciendo.

Fueron también minutos en los que no entendía porque el Pontevedra no recurrió en ocasiones al balón largo siquiera para provocar faltas o corners en los que había sido inmensamente superior en la primera parte. No se sacó ni un saque de esquina en el segundo tiempo y creo que no fuimos conscientes de la importancia que habrían podido tener esas acciones para lograr el segundo tanto.

Alrededor del minuto 70, un Alain muy cansado tras haber intentado por todos los medios amargar la tarde a los centrales vigueses, dejaba su lugar a Joao Resende que logró dinamizar el ataque granate y aportar ese peligro en la zona ofensiva que se estaba echando de menos en la segunda parte.

A falta de Luizao (que bien nos habría venido el sábado en el tramo final) , Resende logró superar en ocasiones a los defensas rivales e incluso proporcionar un balón de gol en el 85 a Diego López que lo envío fuera cuando estaba en una posición ideal para marcar.

El partido acabó con ese empate a un tanto final y con la sensación, al menos para este atribulado bloguero, que se había dejado escapar vivo a un Celta que llegaba con alguna baja importante y que realmente no fue capaz de crear ocasión de gol de verdad más allá de aquella que nosotros mismos les pusimos en sus botas.

No quiero terminar esta columna sin mencionar que fueron sobre 6.700 los aficionados presentes en Pasarón.

Por primera vez desde el que esto escribe tiene memoria, el filial del Celta vino con viaje organizado y ocuparon su lugar en ella zona habitual de las aficiones contrarias.

También se veían camisetas del Celta en zonas, curiosamente, bastante céntricas de alguna de las gradas laterales.

Cada uno vive el Pontevedra como quiere, por supuesto. Cada uno vive el fútbol como le da la gana, faltaría más.

El que esto escribe es “abonado viejo” del Pontevedra y ni pretende ni busca que otros seguidores vivan al equipo de la misma forma.

De hecho, prefiero que en Pasarón haya 7.000 y no 3.000 personas.

Lo que se va a comentar a continuación, por tanto, no es una crítica negativa o una queja sino una sensación que no es, además, la primera vez que experimento.

Esa sensación no es otra que tener la impresión de que los días de Barakaldo y Ponferradina el partido se sintió o se vivió de forma más activa por los que allí estábamos aún siendo la mitad de los reunidos el sábado.

Ya sé que eso de “jugar el partido” por parte de la gente, está pasando a formar parte de la mente trasnochada y algo “demode” de los que ya nos olvidamos hace tiempo de los 50 años de vida pero el caso es que sí sentí que a la grada le faltó un poco de agitación, de presión, de acompañamiento.

Quizá sea solo cosa mía y esté equivocado.


Quedan cuatro jornadas y seguimos en zona playoff, quintos clasificados.

Llega ahora A Malata y todo lo que ello conlleva por este enconamiento que existen por ambas partes desde hace alguna década.

Ello provoca que cuando el Racing viene aquí se encuentra un ambiente hostil (todo lo contrario a otros equipos que han querido hundirnos y enterrarnos desde hace mucho más tiempo, por cierto) y cuando el Pontevedra va allí, se encuentra con lo mismo.

Los tiempos cambian, está claro.

Lo único que le pido al equipo, lo único, es que no siga cometiendo estos errores que no son justos con su propia trayectoria en el campeonato.

De qué van a competir, de que van a dejarse todo y de que van a representar bien la camiseta, no tengo duda alguna.

Solo pido, insisto, que no apunten “las armas” a sus pies.


lunes, 13 de abril de 2026

Gran Pontevedra y gran victoria

No era fácil ni mucho menos la papeleta que tenía el Pontevedra CF para dar carpetazo a una semana intensa de tres partidos. Había comenzado dicha semana de cine con una convincente victoria en casa frente al Barakaldo y continuado de manera amarga con una derrota justa en el campo del Arenas de Getxo.

Visitaba Pasarón para poner el colofón a estos siete días el líder de la segunda vuelta del grupo I de 1RFEF. Una SD. Ponferradina que solo había encajado tres goles tras el paso del ecuador de la competición y que se había encaramado a puestos de play off después de superar un inicio de Liga deficiente que le llevó a coquetear hasta cerca de Navidad con los puestos de descenso.

El Pontevedra CF decidió volver a rotar para afrontar el encuentro en las mejores condiciones físicas dado que su rival no había tenido que disputar partido alguno entre semana.

Hasta siete jugadores que no habían sido titulares en Fadura saltaron al campo en el “once” inicial” . Volvió Marqueta a la portería; lo hizo Bosch en el centro de la defensa; Rubén López al mediocentro; Eimil y Gil a las presuntas bandas ofensivas (digo presuntas pues este último actuó mucho por dentro para provocar superioridades en esa zona del campo); Diego Gómez de segundo punta y también Alain regresó a la titularidad para actuar de delantero centro.

Y lo cierto es que el equipo salió desde el primer minuto intensamente conectado al partido y dispuesto a borrar la mala imagen ofrecida cuatro días atrás en Euskadi.

No importó que de entrada la Ponferradina nos entregara el balón para ver que podíamos hacer con él porque el Pontevedra supo muy bien como manejarlo, hacer daño al rival y poner pronto en franquía la contienda.

No solo tocó con velocidad y acierto la pelota el conjunto granate sino que a diferencia de otras ocasiones (léase, por ejemplo, Zamora), el Pontevedra fue capaz de ser peligroso y letal con el balón parado a favor. Fue por ahí donde encontró primero una gran ocasión que terminó en el larguero tras remate de Eimil y rechace del portero y luego el 1-0 en un córner mal defendido por el contrario que permitió a Alain fusilar con el pié en área pequeña y empezar a construir su hat- trick.

La incertidumbre volvió a reinar en Pasarón pues el cuarto árbitro tras visionar el tanto en la pantalla, decidió avisar al colegiado principal.

Otra vez otro fuera de juego posicional. Otra vez la presencia de un jugador granate cerca de la línea de gol sin que aparentemente estorbara a nadie ni influyera en el destino final de la jugada.

Esta vez no hubo “interpretación lechuguina”. Después de pasarse varios minutos viendo el lance, el árbitro concedía el gol y espantaba esos fantasmas que flotan desde hace semanas alrededor de la pantalla de FVS de Pasarón.

Ese gol no hizo sino acentuar la clara superioridad del Pontevedra que conseguía la difícil misión de minimizar a una SD Ponferradina que llegaba en gran dinámica a la ribera del Lérez pero que no encontraba las soluciones para frenar al equipo local.

Alain terminó de manera brillante otra jugada que podría haber significado el 2-0 pero su posición estaba adelantada en el momento en que Vidorreta le mandaba un pase en profundidad.

Y luego llegó algo que el que esto escribe se atrevería a calificar de histórico.

Otro balón aéreo sobrevolaba el área berciana y un defensor despejaba sin que ningún futbolista granate protestara ostensiblemente la acción.

Poco tiempo después, desde el banquillo granate se pedía la intervención del FVS y todos nos miramos en la grada preguntándonos a que podría deberse.

El caso es que algún aficionado con muy buena conexión a internet empezó a llamar la atención sobre lo que se veía a través de su móvil en las imágenes de tv. Ese despeje del defensa visitante había sido hecha con el brazo, con una especie de “zamorana” y existían serias opciones de que fuera considerada como penalti.

Efectivamente, el árbitro consideró ese rechace como ilegal (realmente lo era) y señaló la pena máxima que fue certeramente convertida por Alain para doblar la ventaja.

En este punto, conviene felicitar al miembro del banquillo pontevedrés que tuvo la agilidad para llamar la atención sobre esta jugada que había pasado medio desapercibida y que resultó tan importante para el equipo.

El FVS señalando a favor del Pontevedra un penalti que no se había señalado previamente, lo dicho, cuasi histórico.

Siguió el Pontevedra mejor que su rival y solo en los últimos minutos del primer tiempo se emparejó algo el trámite al conceder el equipo algún córner absurdo y alguna falta innecesaria.

Ahí apareció Andoni López para demostrar que tiene un balón parado majestuoso y enviar algún centro venenoso que pudo causar peligro en el marco de un Marqueta que no acaba de dominar esas acciones del juego.

Llegó el descanso y con él, el cierre a una primera mitad extraordinaria del Pontevedra CF en lo colectivo y también en lo individual de muchos jugadores de los que luego se hablara un poco.

No empezó igual el Pontevedra la segunda parte y el partido alcanzó un tramo, aproximadamente del minuto 50 al 67, en el que la Deportiva sí se mostró más acertada con la pelota e hizo sentirse incómodo e incluso sufrir a su rival.

El Pontevedra no conseguía robar y presionar como en el primer tiempo y aunque no fue desarbolado (ni mucho menos) sí vio como el conjunto visitante disfrutaba de una ocasión clara en un lanzamiento que se fue cerca de un palo de Marqueta.

Luego llegó una falta a unos metros de nuestra frontal del área y apareció de nuevo el talento de Andoni para enviar un zurdazo pleno de calidad a una de las escuadras de un Marqueta cuya estirada fue inútil.

Ese fue el peor momento del choque para el Pontevedra.

Un gran rival que había empezado mejor el segundo tiempo y que había encontrado su gol para recuperar confianza, ánimos y seguir percutiendo contra nuestro área.

Pero de ese peor momento surgió otro de los mejores del Pontevedra que ya se extendería hasta el final del encuentro.

Poco después del 2-1 (ya con Luizao en el campo en sustitución de Gil), llegó una brillante acción individual por banda derecha de Eimil que tras desembrazarse de varios rivales disparaba para estrellar el balón en uno de los postes de la portería visitante.

En esa jugada tanto el propio Eimil pareció obstaculizado en su remate como luego Cuesta desplazado en el rechace pero en esta ocasión, tras consulta del FVS, el árbitro no accedió a la petición granate.

Sea como fuere, esa acción de Eimil despertó al Pontevedra que volvió a presionar con denuedo, a meter fuerza y calidad al partido y encontrar en una gran acción colectiva el 3-1 que cerraba de una vez por todas la contienda.

El remate de Alain para hacer el triplete fue maravilloso. No demasiado bien perfilado para golpear, aunque muy cerca del marco, colocó su exterior del pie izquierdo para enviar el balón a las mallas y culminar una actuación individual descollante. Por los goles, sí, pero también por un trabajo incansable que acabó por desquiciar a los centrales bercianos.

Luego llegaron los cambios. Se fue primero el propio Alain por Compa y a renglón seguido Diego Gómez y un tocado Yelko dejaron sus puestos a Ballardo y Brais.

Casi llegó el 4-1. Fue en una jugada protagonizada por un futbolista que por fin pudo cuajar su primera gran actuación con la camiseta granate.

Hablo de Rubén López que como siempre trabajo a destajo en medio campo, que apretó y robó multitud de pelotas pero que ayer unió a esa faceta una mayor delicadeza con el balón. Su pase al espacio para Compa fue maravilloso pero esta vez el delantero pontevedrés no fue capaz de superar al portero rival que rechazó la pelota en gran parada.

En realidad, después del 3-1 y aunque quedaran muchos minutos contando la prolongación, el Pontevedra volvió a controlar la situación igual que en la primera parte y la sensación era ya de partido cerrado y no de otro en el que podría llegar el 3-2 y volver a abrirse.

Ni siquiera el cambio de Yelko, faro del Pontevedra y más sin Tiago a la hora de tener el balón, hizo dudar al equipo. En ese sentido, la salida al campo de Brais buscó la finalidad de no perder esa pelota del todo y seguir teniendo capacidad de circulación. Sí se consiguió en cierto sentido eso aunque el de Val do Dubra sigue en ese estado dubitativo y gris de las últimas semanas. Que importante sería que llegara una versión mejor de este talentoso jugador.

Se ha destacado en el plano individual a Alain y a Rubén López pero en general todos los futbolistas rayaron a gran nivel.

Diego Gómez, por ejemplo, volvió a ser ese futbolista alegre y chispeante de sus primeros partidos. Sigue, en opinión de este atribulado bloguero, abusando en ocasiones de la conducción pero ayer volvió a dotar a su juego de concreción y trascendencia para el equipo.

Alberto Gil hasta que le duró la gasolina fue ese jugador que a todos nos sorprendió por su excelsa calidad en la combinación y Eimil fue vital con su peligrosidad por banda derecha.

De los centrales, especialmente de Montoro, está todo dicho y del trabajo a destajo de Cuesta, también.

Sin embargo, a veces no se habla demasiado de un Vidorreta que vino a jugar de mediocentro y acabó jugando de lateral derecho.

En Getxo fue uno de los cuatro jugadores que se fueron de una tacada con 0-0 y luego la banda derecha se convirtió en pista de ataque para el Arenas y ayer sacó un par de balones con la cabeza en el mejor momento de la Ponferradina que resultaron vitales además, como siempre, de aportar fuerza y presencia para el equipo.

En definitiva, el partido de ayer no era nada sencillo. Al contrario, nuestro rival venía lanzado, cuenta con grandes futbolistas y el mérito del Pontevedra por haberle vencido (y haberlo hecho bien) es muy grande.

Creo que a veces, con razón, damos caña cuando el equipo nos decepciona y ofrece un rendimiento como el de Getxo pero también es cierto que en ocasiones normalizamos actuaciones como las del día de ayer, teniendo en cuenta cuáles eran nuestras aspiraciones a principios de Liga.

Quedan 6 partidos y hemos vuelto a puestos de play off.

Seguimos ilusionados y soñando con cosas bonitas que es la mejor parte del fútbol y la identificación grande con un equipo.

No será nada fácil y, sin ir más lejos, nos espera el próximo fin de semana un enfrentamiento complicadísimo contra un Guadalajara que se jugará literalmente el cuello contra nosotros.

Es por ello (ojo, solo es una opinión aunque apoyada en ya muchas décadas de apoyo al Pontevedra y con la experiencia de errores cometidos incluso por el que esto escribe en otras épocas), que lo más necesario y recomendable es que tratemos de remar todos juntos en la misma dirección.

Que no se aumentasen polémicas absurdas y se alimentasen egos desmedidos pues la posibilidad de jugar una fase de ascenso a segunda está ahí y no es algo baladí.

Quien sigue este blog sabe de sobra que cuando hay que ser duros se imprime toda esa intensidad en las críticas. Se seguirá haciendo en el futuro, sin duda, cuando se vuelvan a cometer errores.

Sin embargo, en este momento en el que no hay vuelta atrás y se está decidiendo la temporada, me atrevería a recomendar con humildad que todos (TODOS) nos tragásemos un poco el orgullo y cojamos esos remos de los que antes hablaba para que la nave no tenga más problemas en su singladura que los que provocan nuestro rivales.

No sé . Es solo una idea.


lunes, 6 de abril de 2026

Muchas certezas y mucha ilusión.

 Volvió la victoria.

Cuando más falta hacía; cuando la necesidad de regresar a la senda del triunfo se hacía casi inaplazable, el Pontevedra CF protagonizó un partido casi redondo mostrando esa serie de certezas que a estas alturas de la competición, tan cerca ya del final, sabemos que son las que han conducido al equipo a realizar esta campaña tan notable.

Algunas de esas certezas son intrínsecas a esta plantilla, a su forma de jugar, al hecho de saber potenciar sus puntos fuertes y tratar de disimular los menos buenos.

Otras son extrínsecas. Son aquellas que se relacionan de manera indirecta con el juego del equipo pero que no se pueden controlar por cuerpo técnico y futbolistas.

Entre estas últimas, quiero destacar la importancia del estado del terreno de juego de Pasarón.

No, el campo todavía no está bien, es evidente, pero el sábado pasado sí mostró, por lo menos, un aspecto decente y apto para jugar un poco a un fútbol que no sea mandar “melones” hacia el cielo y convertir el partido en un cuerpo a cuerpo.

Frente al Barakaldo ya se podía combinar, jugar por abajo. El balón rodó en muchas ocasiones como un objeto esférico y no encontró baches o incluso socavones por doquier que convertían en un martirio hacer un control decente y en una quimera tocar de primeras.

No es casualidad, ni mucho menos es casualidad, que el día en que el césped dejó de mostrarse como un patatal insoportable (aunque, insisto, todavía le falta para estar bien de verdad), el Pontevedra CF haya logrado volver a ganar.

El perjuicio que esta situación genera al equipo que cada 15 días debe jugar sobre una hierba así, (es decir, el nuestro) es enorme y superior a aquel que sufre el que solo acude al barrizal una vez por campaña.

Con este estado de cosas, con la pelota convertida ya no en una enemiga sino en una potencial aliada si se la trataba con el adecuado cariño, surgió la primera de esas certezas intrínsecas, la de que Yelko es un mediocentro como muy pocos en la categoría y que si puede manejar la situación a ras de suelo, el juego del Pontevedra gana una cantidad de enteros terrible.

Como muestra de lo anterior, la jugada del primer gol de partido. El pase de Pino en profundidad a Luizao hacia la banda derecha para que éste penetrase y buscase el centro mortal, se puede calificar de maravilloso y muy difícil de conseguir si en vez de sobre hierba se juega sobre terreno de corral.

En esa deliciosa jugada del 1-0 aparecieron dos certezas más.

La primera de ellas es más reciente. En opinión de este siempre atribulado bloguero, se ha puesto de manifiesto en el momento en que el juego del equipo se mostró espeso, plomizo e ineficaz para desatascar sistemas defensivos bien arropados.

Me refiero a la agitación de Luizao.

Es este un futbolista peculiar. Encara casi siempre y muchas veces fracasa. Arranca con velocidad de parado y bastantes veces complica al rival hasta que se le frena. Le cuesta alcanzar efectividad, es decir, cifras que legitimen sus actuaciones en forma de goles o asistencias pero cuando por lo que sea (por el césped, sí), pero también por el atoramiento del equipo en ataque que ha mostrado en varios partidos últimamente, sobre todo fuera de casa, la presencia de este futbolista durante un buen tramo de los choques se hace casi obligatoria.

Ayer marcó un gol que se anuló por una presunta falta en ataque que se suma al conjunto de “interpretaciones lechuguinas” que el equipo está sufriendo desde hace meses. Participó en el primer gol legal enviando ese centro medido para el remate y completó una hora de juego realmente positiva.

Eso sí, lo que debería solucionar Luizao para el devenir de una carrera que todavía da sus primeros pasos, es el tema físico. Un jugador con esa juventud no puede venirse a bajo cuando el reloj del partido ronda el minuto 60. Ese sí que es un punto clave a mejorar por el hispano- ecuatoriano.

Escribía más arriba que en esa jugada del 1-0 se evidenciaba otra certeza más (al margen de la categoría de Yelko y la chispa de Luizao).

Me refiero, por supuesto, al único delantero centro que tiene el Pontevedra CF y con el que está afrontando toda la segunda vuelta de la Liga, Alex Comparada.

Para el que esto escribe, estamos ante la sorpresa más agradable en el aspecto individual de la temporada.

Que un jugador tan joven y sin experiencia en la categoría esté ofreciendo este rendimiento resulta tan sorprendente como esperanzador, no ya para lo que queda de esta campaña sino para el futuro si los que mandan en la entidad no vuelven a dilapidar un talento que es nuestro como han hecho con bastantes que se han ido sin dejar un mísero euro en las arcas.

El movimiento del sábado, acudiendo al primer palo para conectar el derechazo y hacer el gol fue muy bueno pero también lo fue el incansable trabajo que realiza en la punta fajándose con delanteros que generalmente no acostumbran a hacer prisioneros y, en definitiva, sosteniendo la punta de ataque granate en solitario sin que exista en plantilla otro jugador verdaderamente “9” que le ayude o dé descanso cuando se necesita.

Tremendo el mérito de Alex Comparada.

Hasta ahora he hablado de certezas individuales (Yelko, la necesidad en este momento de Luizao o Comparada). A ellas se pueden unir aquella que evidencia que la mejor demarcación en la que el Pontevedra se reforzó para esta temporada es el centro de la defensa.

Lo de Montoro es un espectáculo en todos los sentidos, Bosch (que no pudo estar ante el Barakaldo) es otro central de kilates para la categoría y también demostró serlo Juanra antes de esa lamentable lesión.

Ahora, que el central que traes en invierno y que estaba sin equipo, cumpla como lo está haciendo A. Pérez, pone de manifiesto que en los últimos tiempos la entidad granate elige muy bien los centrales a contratar ( no olvidemos, en ese sentido, a Pelayo) .

Pero las certezas colectivas aparecieron y mucho también frente al Barakaldo.

El equipo vasco quiso la pelota y al Pontevedra no le molestó tal circunstancia. Controló bien el juego de ataque del rival que no pudo generar nada en el primer tiempo y presionó con acierto para transicionar y ponerse en ventaja en el marcador.

Ese Pontevedra que no amasa tanto la pelota hasta en ocasiones diluirse sino que espera ordenado su oportunidad de clavarle sus zarpas al rival es el que a mi más me gusta.

Está claro que ese plan no solo depende de uno mismo sino también del planteamiento del contrario que a veces te obliga a llevar el peso pero ese Pontevedra contraatacador resulta muchas veces temible.

Y después de marcar apareció, o mejor dicho, continuó aunque más afianzado por tener ya el marcador que quería, ese equipo solidario en defensa que se ayuda y trabaja a destajo para anular el trabajo ofensivo de su rival.

El Pontevedra CF ha perdido 6 partidos en esta Liga y en todos ellos encajó primero y no fue capaz ni de empatar. No han sido muchas las remontadas (entendiendo por tal llegar la victoria tras ir perdiendo). De hecho, solo una, en Balaídos.

En cambio, una vez el Pontevedra se pone por delante, la puntuación ese día está asegurada.

Solo en tres ocasiones (Mérida y Lugo en casa y Unionistas fuera) llegaron al empate tras marcar nosotros primero y este es un dato muy importante.

El sábado, el Pontevedra fue otra vez un equipo extremadamente sólido en el aspecto defensivo y fue capaz de contrarrestar el empuje de un Barakaldo muy físico, bastante alto y que nunca dejó de intentarlo.

Solo en una ocasión, muy cerca ya del final, pudo el conjunto vizcaíno disfrutar de una ocasión de gol, muy clara eso sí, en el único error defensivo del Pontevedra atrás, al tragarse Cuesta un balón a la espalda en un centro corrido que dio opción, tras la dejada de cabeza, a Valiño de fusilar a Marqueta desde cerca. No le pegó bien al balón el delantero baracaldés y ahí se fueron las opciones vascas de empatar el partido.

Un aspecto en el que especialmente rayó a gran altura el equipo fue en la defensa del balón parado. Fueron varios los corners y faltas botadas por el Barakaldo y todas ellas defendidas con oficio y concentración por los futbolistas granates.

Por contra, pudo sentenciar antes el partido el Pontevedra al conectar una gran “contra” alrededor del minuto 70 en la que Resende (que siempre aporta cuando sale) no pudo cristalizar en gol casi delante del portero.

Hubo que esperar hasta el último minuto para sentenciar.

Ya con el portero rival en área pontevedresa para intentar rematar la última falta lateral, el rechace de Marqueta lo recoge Alex González (ya mucho mejor el sábado que en sus dos ultimas actuaciones) que ve solo a Resende. Este, arrancando en campo propio, condujo la pelota hasta meterla a puerta vacía en la portería de fondo norte (por fin se ganó un sorteo) asegurando así una victoria vital en muchos aspectos.

Vital porque llega después de 7 partidos sin ganar y aunque desde dentro se negara, la inquietud a buen seguro estaba a empezando a reinar entre todos (también entre la afición).

Vital porque nos hace llegar a 46 puntos y conseguir de manera virtual una salvación que no olvidemos era el objetivo primordial.

Vital porque llega haciendo un gran partido, siendo el Pontevedra que a muchos nos gusta, lograda ante un rival que venía lanzado y que nos coloca bastante bien en ese sueño de alcanzar esa promoción de ascenso.

Y vital porque llega en esta semana de tres partidos y aporta al equipo las vitaminas de confianza y moral que a buen seguro necesita para afrontar otro partido complicadísimo en Getxo ante otro conjunto que viene en racha y que obligará a mucho al equipo.

Certezas, muchas certezas que si se reúnen en una coctelera se convierten en una mayor.

Aquella que nos dice que el Pontevedra sigue compitiendo al máximo y que la ilusión que está generando entre su gente tiene un valor muy importante.

Ánimo al equipo y a competir de nuevo contra el Arenas.