lunes, 3 de abril de 2017

Entre una ventaja confortable y una decisión inexplicable

Llegó el partido de Ponferrada y como algunos temíamos el resultado terminó por adaptarse como un guante a la mediocre temporada que el equipo está realizando fuera de casa.

Por novena vez en dieciséis partidos no fuimos capaces de perforar la portería contraria y la tremenda brecha entre puntos y goles conseguidos en Pasarón y los logrados como visitante sigue ensanchándose sin remedio alguno.
Son 54 los puntos obtenidos por el equipo granate a falta de seis partidos para el final de la Liga (tres en casa y tres fuera) y de ellos la friolera de 40 se han conseguido al abrigo de las gradas del ex vetusto y solo 14 lejos de nuestro legendario estadio. Además, de los 41 goles a favor tan solo 9 se han marcado a domicilio por 32 conseguidos en casa.
Los números resultan apabullantes e incluso encuentran un precedente claro en la segunda vuelta de la temporada pasada en la que nuestro rendimiento lejos de Pasarón comenzó a menguar de manera harto llamativa. 

Claro que si a las evidentes (y al parecer irresolubles) dificultades con las que nos encontramos actuando de visitantes unimos errores propios en forma de decisiones absurdas, inexplicables e incluso algo irresponsables entonces la situación pasará de ser decepcionante y poco esperanzadora a resultar realmente desesperante e incluso algo indignante.
Pasadas las suficientes horas del final del choque todavía no encuentro ni la razón ni el sentido a que fuese Mateu Ferrer el lanzador de una pena máxima señalada a nuestro favor a menos de un cuarto de hora del final y cuya transformación podría haber significado la eliminación definitiva de la Ponferradina de las quinielas para jugar la fase de ascenso.

Fue el de ayer el quinto penalti indicado a nuestro favor en la Liga, el primero lejos de Pontevedra. Los cuatro anteriores tuvieron al mismo protagonista como "pateador", el lateral izquierdo Bonilla. Fueron penaltis que aparecieron todos ellos en minutos delicados de los partidos y con los encuentros empatados y pendientes de resolución. En los últimos minutos del choque disputado contra el Racing de Ferrol con 0-0; en los primeros minutos de las segundas partes de los encuentros frente a Ponferradina y Boiro igualmente con empate sin goles en esos momentos y en la última jugada del primer tiempo del partido frente al Guijuelo con un Pontevedra que acababa de perder a Barco y no encontraba el camino de la portería chacinera de ninguna de las maneras.

En las cuatro ocasiones los porteros se encontraron con cuatro "zambombazos" inapelables y contundentes que no dejaban lugar a dudas sobre la precisión en ese lance del juego del bravo lateral zurdo granate.
Ayer, una vez encajado el gol berciano y mostrada la conocida impotencia para "mojar" a domicilio, el partido nos sorprendía con una jugada de peligro de Alex González que daba lugar a un penalti salvador que podría proporcionarnos un botín extraordinario en el campo de El Toralín.
Claro que el que esto escribe ya recibió con sorpresa la noticia desde las ondas de que era Mateu el que pedía la pelota para ejecutar el lanzamiento. Y la sorpresa solo podía crecer y crecer cuando desde las mismas ondas no se indicaba que alguien perteneciente a la expedición granate (ya sea desde dentro o desde fuera del césped) intentaba parar tal desaguisado y ordenaba al "3" pontevedrés que se hiciera con el esférico y tratara de convertir el empate.
Pues nada, Mateu hacia el balón y ocasión pintiparada para sentenciar al rival arrojada por el retrete de la manera más absurda e inocente posible.

Es posible que escuchemos y leamos esta semana que solo la actitud egoísta del delantero balear fue la causante del esperpento vivido en ese punto del partido.
Pero desde mi punto de vista Mateu quizá sea el que menos culpa tenga. Que en un momento dado Ferrer coja la pelota y trate de convertirse en protagonista del lanzamiento ya sea porque se encontraba con confianza o precísamente para recuperar la que le falta, no era óbice para que desde el banquillo se le hubiera reconvenido con la contundencia que se utiliza habitualmente para otros menesteres  y se le hubiera obligado a ceder el cuero al que ostenta un porcentaje de acierto de un 100% en los lanzamientos anteriores. Incluso desde dentro del campo ya que desde fuera parecía que no se estaba a lo que había que estar, algún compañero debió atesorar en esos momentos la lucidez suficiente como para dotar de sentido común a ese lance crucial del partido.

Nadie hizo nada. Nadie dijo nada. Y el penalti se lanzó y se falló agotando la última opción de colocarnos ya fuera del alcance real del equipo blanquiazul en lo que resta de temporada.

Ojo, que también Bonilla podía haberlo fallado esta vez. Pero en ese caso, si se hubiera usado la cabeza y el especialista hubiera errado el penalti, la derrota habría llegado de igual manera pero no se hubiera pegado una patada descomunal a un sentido común que ayer brilló por su ausencia en Ponferrada.
Sobre la excusa ofrecida por el técnico en rueda de prensa (esencialmente estar pendiente de un cambio y no enterarse del tema hasta última hora) es mejor no hacer sangre por inconsistente y divorciada por completo de la lógica.

El caso es que se perdió como se viene perdiendo casi todo fuera esta temporada pero tal circunstancia no puede conducir ni mucho menos a un estado de inquietud o nerviosismo a la entidad pues la distancia de siete puntos más el average de la que se disfruta es todavía muy confortable.

Si se diera el caso de que Ponferradina o Valladolid B lo ganaran todo (ambos no pueden hacerlo pues se enfrentarán entre sí antes del final de Liga en Ponferrada) el equipo granate necesitaría once puntos para clasificarse.
Pero en el momento que uno de nuestros rivales se deje un mísero empate en alguno de los seis partidos que les restan, ya serían nueve los puntos suficientes que nos darían la cuarta plaza.

De los seis encuentros que nos quedan a nosotros disputaremos tres aquí (Cultural, Coruxo y Arandina) y tres fuera (Somozas, Boiro y Caudal).
Si todo transcurre con normalidad con tres victorias nos bastaría. Jugaremos en Somozas con el equipo coruñés desgraciadamente descendido y recibiremos al Arandina muy probablemente en la misma situación. Además, si el Coruxo es capaz de ganar alguno de los dos partidos que le quedan antes de visitarnos tendría la salvación extremadamente cercana. Son partidos que ni se pueden ni se deben perdonar.

¿Quiere eso decir que no se puede puntuar e incluso vencer a la Cultural o en los otros dos desplazamientos? Claro que no. El Sábado el equipo debe salir a competir a tope frente a un conjunto leonés desplazado del primer puesto tras ocupar lo casi toda la competición y que vendrá algo nervioso y desconcertado por la situación.
En cuanto a Boiro y Mieres, he de reconocer que no soy tan optimista. A buen seguro se estarán jugando la salvación contra nosotros y nuestra trayectoria fuera es la que es y no parece posible enderezarla. Por supuesto que son partidos a nuestro alcance pero esa poca fiabilidad como visitante los convierten en encuentros muy difíciles.   

Estamos, por tanto, en una situación envidiable para certificar la cuarta plaza y sólo un hundimiento que no parece posible nos impediría culminar la clasificación.
Eso sí, si en lo que resta volvemos a necesitar echar mano del sentido común espero que lo hagamos y no volvamos a tomar decisiones tan disparatadas como la sucedida en el día de ayer.

lunes, 27 de marzo de 2017

Experimentos con gaseosa, entrega sin límite y una piña apoteósica

Que en el fútbol lo más importante es ganar para el que esto escribe supone una verdad indiscutible. 
Cuando mi equipo salta a un campo y existen puntos en disputa o una clasificación copera está en juego lo primero que  deseo es la victoria y si luego jugamos de cine o encandilamos al personal, miel sobre hojuelas.
El partido contra el Tudelano se presentaba, por lo menos en opinión de este bloguero, vital para el futuro del Pontevedra y la victoria se antojaba imprescindible para no complicarse una clasificación para el play off por la que tanto se ha peleado desde finales de Agosto.
Alguno podrá pensar (quizá lleve razón) que con la derrota berciana en Barreiro acontecida horas antes de nuestro choque y con el complicado partido que a la misma hora disputaba el Valladolid B en Burgos estos tres puntos no parecían tan necesarios pero lo cierto es que sí lo eran y mucho.

Primero porque su obtención significaba darle otro golpe demoledor en el mismo día a la Ponferradina (tras su varapalo en Vigo) en vísperas de nuestra visita a El Toralín y segundo porque el Pontevedra (aunque desde dentro se empeñen en negarlo) no es nada fiable lejos de casa y los puntos en nuestro Estadio, teniendo en cuenta además que el próximo que vendrá es la Cultural, resultan básicos para mantener la diferencia en la tabla.

Y los datos previos al partido dejaban bien a las claras la dificultad de la tarea que el equipo iba a tener por delante. El Tudelano llegaba a Pasarón con unos números como visitante brillantes e intimidatorios y además había conseguido mantener su portería a cero fuera de casa en todo la segunda vuelta.
Por su parte, el Pontevedra veía como a la baja de Barco se unían la de los dos laterales (en especial Bonilla, segundo máximo goleador del equipo) cuyo concurso en un partido que se presumía cerrado y con  pocas concesiones del rival se antojaba realmente necesario.

Luisito no eligió de entrada ninguna solución extravagante para suplir las bajas de estos últimos y colocó a Adrían por la derecha y a Bruno de lateral izquierdo.
Pero he aquí que el técnico de Teo sí dio rienda suelta a los experimentos gaseosos (en otras entradas del blog se ha calificado a estos arranques como brotes bacterianos en honor del gran Profesor Bacterio) en otras partes del campo y algo sorprendidos (por no decir atónitos) veíamos a los once hombres que iban a saltar al césped haciendo ejercicios de calentamiento.
De esta forma pudimos comprobar como Capi actuaría de central junto a Portela; Trigo seguiría en medio campo junto a Abel y Kevin y en la vanguardia ofensiva actuarían tres "pequeños" Alex González, Mouriño y Añón. 

A diferencia de lo que sucedió en Ferrol, (aquel día Añón ejerció de delantero y Mouriño, Jacobo Millán y Eneko jugaron por detrás tratando de manejar el choque) el Pontevedra salía sin "9" colocándose Mouriño en esa posición denominada como "falso nueve" que permitía por poner un ejemplo a la España de Del Bosque jugar al fútbol casi sin porterías.

Es posible que Luisito intentara con ello explotar la velocidad de estos hombres y contrarrestar la imponente presencia física de casi todos los jugadores navarros pero el caso es que la prueba no tuvo éxito alguno y el Pontevedra no pudo en ningún momento siquiera arañar el sistema defensivo del Tudelano.
Por contra, sabiendo de la importancia de defender bien el balón parado en la tarde de ayer, no pudimos evitar primero que un corner fuera rematado en el primer palo por un adversario creando mucho peligro y después que en una falta algo lejana el conjunto blanquinegro consiguiese el 0-1 que torcía el partido de manera irremediable.

Reconoció errores en rueda de prensa el técnico granate y argumentó que la presencia de Capi en el campo se debía a la preocupación por la potencia en el juego aéreo de nuestro rival, circunstancia que parecía lógica. Eso sí, dicha preocupación justificada por uno de los puntos fuertes del juego del rival no casaba demasiado bien con la suplencia de un Mateu Ferrer que bien podía haber contribuido a defender los balones altos botados sobre nuestra área.

Sea como fuere, el caso es que ni se evitó encajar a balón parado ni los efectos que se buscaban en ataque surtieron efecto alguno con lo que en la primera media hora de juego la impotencia granate llegó a ser un poquito desesperante.
Luisito se dio cuenta que había que cambiar cosas y poco después de esa media hora decidió retirar a Capi y dar entrada a Mateu Ferrer. De esa especie de 4-3-3 sin referencia clara arriba el Pontevedra pasaba a disponerse con un dibujo más parecido al 4-2-3-1 con Trigo de central y Mouriño por detrás del punta.
Fue un cuarto de hora igualmente huérfano de ocasiones (el primer tiro a puerta se produjo en el minuto 45) pero por lo menos pudo comprobarse como algún balón largo pudo ser peleado con acierto por Mateu y que el Tudelano ya no vivía con tanta placidez en zona defensiva.

Llegó el descanso y tras él otra vuelta de tuerca en la disposición de los jugadores granates que pasaban a jugar con tres centrales (Trigo, Portela y Bruno); con los laterales incorporados a medio campo (Adrían por la derecha y Alex González por la izquierda acompañando a Abel y Kevin) Mouriño de media punta y Añón y Mateu en la delantera.

Es en este punto de justicia volver a alabar esta versatilidad táctica del PontevedraCF que a la fuerza tiene que haber sido adquirida a base de trabajo en los entrenamientos de todo el año y que le permite cambiar como un camaleón varias veces a lo largo de un partido para buscar soluciones (a veces llegan ,otras no) a los problemas que le pone por delante cada partido.
El caso es que con ese dibujo en el primer cuarto de hora el equipo consiguió algo de esa continuidad en el juego de la que careció en el primer tiempo. El ritmo se hizo más elevado y en una buena jugada de Abel por la izquierda Añón y Mateu gozaron de una buena oportunidad para el empate.

Pero con el transcurso de los minutos el Tudelano volvió a aplomarse y a contener los esfuerzos ofensivos pontevedreses e incluso se desplegó en contraataque con mucho peligro hasta en tres ocasiones desperdiciando la posibilidad de "matar" el partido. Dos de esas ocasiones las dilapidó el conjunto navarro con remates desviados pero en la otra se encontró con la muralla de Edu Sousa que rechazó en prodigiosa intervención con sus piernas un lanzamiento desde cerca que pudo significar la puntilla para el Pontevedra.

No "mató" el Tudelano a su rival y en ese instante apareció otras de las virtudes que atesora el equipo dirigido por Luisito, su entrega sin condiciones y su fe en poder darle la vuelta a la situación. Ni el cambio (supongo que por cansancio) de Mouriño por Eneko que apenas se notó, ni la lesión de Portela que mandó atrás a Kevin para dar entrada a Alex Fernández, supusieron obstáculos para que el Pontevedra siguiera intentándolo aunque sin acierto y con más corazón que cabeza.

En estas llega el minuto 87 y un saque de esquina afortunado. Añón lo bota y Abel Suárez (que ayer estuvo en su sitio y fue junto a Trigo dos pilares fundamentales para el equipo) pone la cabeza para enviar en media parábola el balón al fondo de las mallas para colocar el empate a uno y romper la longeva racha sin encajar fuera del Tudelano.

Pero he aquí que un Pontevedra que hasta ese instante se había mostrado impreciso e incapaz de generar demasiado peligro en área rival, entiende que lejos de conformarse había que acelerar en busca de una victoria vital que otorgaría más de medio billete para el play off.

Y la gente hasta ese momento algo callada y mustia por el partido coincidió en el diagnóstico de los jugadores y empezó a apretar de lo lindo para conseguir lo que minutos antes parecía un milagro.

Fueron dos minutos de tiempo reglamentario mas los cinco de descuento auténticamente preciosos. Se forzaron un par de corners entre la algarabía general sin premio. Se "mordió" como no se había "mordido" hasta ese instante e incluso se realizó por Abel una falta táctica y necesaria para parar un contragolpe peligroso con la que parecía acabarse todo. 

Pero no se acabó. Se recuperó el balón, se envió a la izquierda de nuestro ataque y Mateu sufrió un agarrón que convierte en inexplicable la queja del técnico rival al alegar la inexistencia de la falta. 

Los segundos previos al saque de dicha infracción fueron maravillosos. 
El fondo Norte hacía retumbar la grada como en las mejores ocasiones y el resto del estadio contagiado por el empuje y la fe de sus jugadores contribuyó a dotar de la magia necesaria a ese momento crucial.
Alex Fernández acarició la pelota con esmero antes de colocarla sobre el césped. Luego la golpeó con maestría hacia el corazón del área y ahí apareció majestuoso Bruno para en remate picado alojarla en la portería navarra y provocar el alborozo de jugadores, técnicos y aficionados que veían como se lograba un triunfo completamente inesperado menos de diez minutos antes.

Especialmente emocionante resultó ver la piña formada por todos los jugadores (incluidos suplentes y no convocados) y técnicos celebrando ese gol que otorgaba una victoria tan importante más allá de que dicho triunfo refleje o no lo acontecido durante los noventa minutos de juego.

Ganar siempre es lo más importante y en un partido tan trascendente como el de ayer todavía más.

Estamos muy cerca. No está hecho, pero estamos muy cerca.

Llega el partido de la Ponferradina. 
No estará Kevin pero volverán Bonilla, Miguel y quien sabe si Mario Barco. 
No perder significaría eliminar definitivamente a este rival de la pelea. Perder supondría un golpe pero con margen suficiente para digerirlo.

Ahora, el "alegrón" de ayer ya no hay quien nos lo quite.

 


   

lunes, 13 de marzo de 2017

Un centrocampista total, una bonita ventaja y un pinchazo inoportuno

Siete puntos de ventaja, siete, son los que soñábamos con sacar al quinto clasificado al término de la jornada de Liga del fin de semana pasado. Y siete puntos de ventaja, siete, son los que refleja la clasificación a nuestro favor con respecto al quinto una vez disputados los partidos jugados en Pasarón y El Sardinero.

La situación clasificatoria del Pontevedra CF resulta indudablemente envidiable. El equipo está muy cerca de conseguir alzarse con una cuarta posición en la que muy pocos creían al comienzo de la temporada y sus números en casa resultan absolutamente maravillosos. Doce victorias, un empate y solo dos derrotas dejan bien claro que como dirían en Cádiz "aquí hay que mamar" o utilizando nuestro inolvidable eslogan "hai que roelo" y mucho para doblegar los esfuerzos de nuestros jugadores cada vez que se "ponen de largo" delante de sus espectadores.

Sin embargo, dos puntos ensombrecen un tanto esta situación idílica del Pontevedra en la tabla y hacen que la alegría no sea total en el seno de la familia granate.
Por un lado, esa dichosa nueva lesión de Barco producida muy pocos minutos después de su salida al césped en la segunda parte al sufrir un pinchazo en la cara posterior de su muslo izquierdo bastante cerca, por cierto, del lugar que ocupa en las gradas este atribulado y otra vez preocupado bloguero.
El ¡ayy! pronunciado por el "9" acompañado de su frenazo en seco al intentar una de sus arrancadas dejaron claro desde un principio que la "cosa" no iba a tener remedio y que habría que pasarse otras cuarenta y ocho horas "rezando" hasta conocer mañana Martes si hay rotura o sólo contractura y de haber la primera si resulta lo más pequeña posible.

El otro aspecto menos positivo de la tarde es casi más doloroso y viene protagonizado por la escasa afluencia de público al Estadio Municipal de Pasarón. En un partido tan importante como el de ayer en el que tanto se jugaba el equipo la única razón que se puede argumentar para justificar el poco aforo cubierto en el ex vetusto es desgraciadamente que la afición granate (quizá por las continuas humillaciones sufridas en el "lustro negro" del descenso y la trayectoria tan larga en Tercera o por cualquier otra razón que habría que empezar a desentrañar) se ha convertido en minoritaria a lo largo de la Liga regular vaya como vaya el equipo y sólo numerosa cuando más interesa "subirse al carro" en aquellas fechas en las que puede "olerse" algún éxito. Esta aseveración que tristemente parece ir confirmándose desde la pasada temporada la escribe este bloguero con grandes dosis de tristeza y gigantescos deseos de que no se ajuste a la realidad y se recupere el ambiente durante la Liga que el Pontevedra CF está mereciendo sobradamente.

Sea como fuere, lo cierto es que el conjunto granate salió a disputar un partido crucial con alguna pequeña novedad no de hombres pero sí de posicionamiento. Así, la ubicación de los tres hombres del medio (Abel, Kevin y Trigo) no era la más habitual a lo largo de la temporada pues fue el jugador canario el que se colocó en el vértice superior del triángulo formado por estos tres futbolistas actuando más retrasado y muy pendiente por cierto de uno de los mejores hombres del rival, Higinio, al que vigiló muy de cerca durante toda la primera parte. Kevin y Trigo actuaron, por tanto, con algo más de libertad para desplegarse en ataque y Eneko y Añón ejercían de interiores ofensivos escoltando a Mateu Ferrer que volvía a acaparar la punta de ataque.

Y el partido se puso de cara muy pronto cuando en el minuto 8 Kevin Presa golpeaba desde la frontal una pelota que tras rebotar en un contrario adquiría una dirección venenosa para el portero vallisoletano que nada pudo hacer para impedir el gol granate.

Lo cierto es que ese tempranero tanto lejos de aplomar el juego pontevedrés y dotar de seguridad a las acciones del los jugadores, provocó el efecto contrario y dio paso a unos treinta y cinco minutos siguientes en los que el Pontevedra lo único que transmitió sobre el césped fue incomodidad, imprecisión y un abuso del "pelotazo" sin sentido que llegó a desesperar al público asistente que se contagió un poco de ese estado de nervios en la que cayeron sus jugadores.

Tras el gol, el Pontevedra decidió otorgarle la posesión al Valladolid B (circunstancia que no tendría que ser negativa ni mucho menos) pero se "olvidó" de jugar el balón con criterio una vez recuperado y se limitó a sacudirse el esférico desde atrás hasta convertir esa parte del encuentro en una de las más feas disputadas en toda la temporada en casa.
Es verdad que el Valladolid tocaba y tocaba pero apenas llegaba con peligro al área de Edu pero la sensación transmitida por el Pontevedra durante esa fase del partido no era ni mucho menos la más deseable y recordó un poquito a esos minutos malos disputados ante el Guijuelo hace unas semanas.

Pero todo cambió al filo del descanso. Justo cuando la tensión parecía mayor, Kevin Presa logró hacerse con un balón en "tres cuartos" y tras una conducción magnífica envió un zapatazo no menos extraordinario que se alojó en las mallas pucelanas para poner más tierra de por medio en el marcador y poder marcharse al vestuario entre aplausos por el golazo conseguido y no con esa sensación extraña que minutos antes reinaba en el campo.

Y llegó la segunda parte y con ella un primer cuarto de hora en el que pasó de todo.

Lo primero es que el Pontevedra salió mejor y lejos de protagonizar esas "empanadas" a las que a veces nos acostumbra tras los descansos, consiguió dominar mucho más la situación en los primeros minutos.
Fruto de ello fue la gran ocasión para logar el tercero disfrutada  en primera instancia por Bruno que le dio al aire casi en boca de gol y luego por Eneko en el segundo palo cuyo remate fue despejado en última instancia por un defensa cuando ya se colaba.

Pero he aquí que en la siguiente acción del partido Bruno, que se reintegraba a su zona tras la ocasión citada, comete una entrada más peligrosa que voluntaria colocando su bota muy cerca de la cara de un contrario. El árbitro no lo duda y decide expulsar al central pontevedrés cuando todavía quedaban más de treinta y cinco minutos por delante.  
Sin solución de continuidad, en la jugada siguiente Barco que había suplido a Mateu muy poco antes se lesiona en la acción ya descrita al comienzo de este escrito y hace variar por completo los planes de Luisito que ya preparaba el segundo cambio en la banda.

Justo antes de la lesión, Alex González se preparaba ya para salir y todo hacía indicar que Eneko o Añon serían los jugadores elegidos para el cambio pero ese maldito pinchazo muscular provocó que la salida de Alex tuviera que ser por fuerza en lugar del "9" riojano.

A partir de ahí, el Pontevedra decide reorganizarse con Trigo oficiando de central junto a Portela y Añón moviendo su posición de la derecha a la punta y en ese instante apareció ese Pontevedra ordenado, solidario y estajanovista que tanto nos gusta y en el que tanto confiamos.

El Valladolid, como no podía ser de otra forma, volvió a hacerse con el balón ante un Pontevedra replegado pero sólo creó peligro de verdad en un lanzamiento que encontró la gran intervención de un Edu Sousa que volvió a ser ese portero seguro y de garantías que el equipo granate necesita.

Pero a diferencia de lo ocurrido en la primera mitad y sin que jugar con un jugador menos resultara obstáculo para ello, el Pontevedra logró recuperar más veces la pelota e hilvanar contras interesantes que no sólo creaban inquietud en la defensa castellana sino que desahogaban al equipo para obtener ese oxígeno imprescindible para anular los intentos ofensivos del Valladolid.
En esa faceta del juego, la velocidad al contragolpe, volvió a destacar Alex González que protagonizo de nuevo dos o tres jugadas extraordinarias de regate y velocidad que encandilaron al público granate. 
También Eizmendi que hasta ahora había pasado ciertamente desapercibido disputó una buena segunda parte hasta que fue sustituido por Mouriño y empezó a mostrar algunas cosas que quizá llevaron al club a propiciar su incorporación.
No se pude olvidar el trabajo de Añon que acabó exhausto el partido y que no estuvo nada bien por la derecha pero que creció exponencialmente desde la delantera y que incluso provocó una jugada en la que un central contrario debió ser expulsado. El colegiado decidió saldar la acción con una amarilla.      

Pero si en ataque estos jugadores redoblaron esfuerzos y ayudaron al equipo que decir de los encargados más directamente de parar el juego del equipo rival.  
Por encima de todos Kevin Presa. 
A  su habitual trabajo de desgaste, presión y equilibrio táctico de su equipo, adjuntó dos goles que decidieron el partido y recordó e incluso superó a ese jugador que conocemos y que esta temporada estaba quizá un puntito por debajo a la hora de ofrecer todo lo que lleva dentro.
Al lado de Kevin, Abel se desempeñó bien en una labor más fajadora que exigían las circunstancias del partido y robó igualmente un buen número de balones en la medular y atrás Portela respondió mucho mejor que en la primera parte, Trigo fue un valladar y los laterales un ejemplo de esfuerzo físico extremadamente útil para el colectivo.

Fue una segunda parte, en definitiva, disputada con mucha más seguridad y aplomo que la primera y en la que ni la expulsión ni la lesión de Barco consiguieron minar la determinación de un Pontevedra que acabó siendo superior al Valladolid B que ya se aleja nueve puntos más el golaverage en la clasificación. 

Volvemos a hora, por desgracia, a tener que jugar sin Mario Barco. No sabemos todavía si dos, tres, cuatro o más jornadas tendremos que afrontar de nuevo los encuentros sin ese aire fresco que el de Calahorra proporciona a nuestro juego de ataque además de la atención extrema que su presencia exige a las defensas contrarias.

Ya he opinado en más de una ocasión que su ausencia me preocupa mucho más fuera (lleva el 50% de los escasos ocho goles marcados a domicilio por el equipo) que en casa. Ayer logramos dos goles sin él, Contra el Guijuelo lo mismo y al Osasuna B le metimos en su día tres sin su concurso. Se notará en Pasarón pero algo menos. 
Fuera es otra cosa y no se descubre nada si se dice que el Pontevedra no puede permitirse de nuevo el lujo de acumular no ya seis sino dos o tres partidos sin marcar.

Una opción a estudiar en busca de soluciones a este problema podría estar en colocar a David Añón en la punta de ataque. Por un lado, Añón ha jugado bastantes veces a lo largo de su carrera como delantero y también es verdad que no sólo ayer sino más veces este año ha rendido bien en ese lugar. Por otro lado, esta posibilidad (y no la de alinear desde el principio a David y Mateu) nos proporcionaría la posibilidad de contar en el banquillo con un delantero de repuesto que podría dotar de alegría y fuerza si las cosas no marchan bien a la parte de arriba del equipo. Si juegan los dos de inicio no habría opciones verdaderamente ofensivas por utilizar de refresco en el transcurso de los choques. 

No tengo dudas de que Luisito estrujará su mente para evitar que la nefasta racha sin marcar no se repita pero bueno es que se utilice la polivalencia de algunos de los jugadores de la plantilla en aras de disimular lo máximo posible esta tremenda baja para el equipo.

En Pamplona saldremos de dudas y ojalá el Pontevedra logre lejos de casa demostrar a aquellos que lo pensamos que esa Barcodependencia fuera es sólo una invención absurda.
      

martes, 7 de marzo de 2017

Diez partidos, diez finales

He de reconocer que segundos antes del cabezazo letal de Mario Barco estaba ya firmando el punto que hasta ese instante tenía en el zurrón el Pontevedra CF.

Después de una primera parte insulsa y sin apenas mordiente ofensiva y de una segunda en la que se llegó algo más sobre la portería contraria pero sin la suficiente continuidad o intensidad para que se pudiera adivinar la llegada de un gol salvador, todo indicaba que el equipo acumularía su octava salida sin marcar un tanto y que el empate acabaría por reinar en el marcador de Villaviciosa.

Había sido un partido parecido al disputado en Ferrol hace unas semanas. En el primer tiempo el Pontevedra controlaba el encuentro atrás con solvencia y no daba apenas opciones a su rival para generar peligro ante Edu Sousa. Pero en ataque no se conseguía profundizar con verdadero peligro y solo en una acción de Añón justo antes del descanso pudo el Pontevedra crear algo de inquietud a la defensa asturiana.

Es verdad que en la segunda parte se mejoró algo y se dotó al juego de más intención en ataque. Barco, que había salido en el minuto 50 de encuentro llegó tarde por muy poco a un venenoso centro desde la izquierda, Abel pateó con cierto peligro una pelota desde fuera del área que no se fue demasiado por encima del larguero y Alex Fernández gozó de la mejor ocasión tras bonita jugada creada entre el propio Abel y Kevin Presa que no pudo embocar el ex del Ourense cuando estaba en una gran posición para transformar la acción en gol.

Por contra, el Lealtad también tuvo su ocasión en un mano a mano algo lateral de uno de sus hombres con Edu resolviendo el portero con acierto el lance rechazando la pelota que acabó fuera.

Con esa sensación de que se había neutralizado al rival sin demasiados problemas a base de un buen trabajo colectivo pero que otra vez se había desaprovechado la oportunidad de vencer fuera por no dotar a nuestra labor ofensiva de la suficiente calidad o agresividad , se llegaba a ese minuto 88 en el que el partido saltó por los aires.
Centro llovido de Eneko Eizmendi desde la izquierda y tremendo salto de Barco para no solo ganarle la partida a un defensa que no sabía de donde había salido esa cabeza sino también para imprimir una notable fuerza a la pelota que salió disparada para alojarse cerca del palo izquierdo de la portería local sin que el arquero pudiera hacer nada para evitarlo.

Golazo que aunaba la potencia de piernas para el salto y la fuerza en el cuello para golpear un esférico que no venía demasiado fuerte para convertirlo en remate inapelable.

Y golazo por la importancia. Significaba esa gran acción del "9" granate hacerse a última hora con tres puntos de oro como visitantes teniendo en cuenta la tremenda dificultad que está encontrando el equipo para conseguir victorias fuera.

Ya lo he dicho en más de una ocasión pero creo que la presencia de Mario Barco en el campo (resultando siempre importantísima) se hace todavía más trascendental lejos de Pasarón.
El riojano ha resultado clave en las únicas tres victorias obtenidas a domicilio y acumula la mitad de los goles logrados por toda la plantilla actuando como visitante.

Es fútbol ficción, sí, pero creo que si bien la presencia de Barco quizá no hubiera cambiado demasiado los partidos jugados aquí frente a Racing y Celta B (especialmente ante este último equipo en el que se trabajó muy mal en defensa) sí hubiera resultado determinante en esa serie de cuatro encuentros jugados fuera (Mutilva, Palencia, Izarra y Ferrol) en los que el Pontevedra CF no fue capaz de marcar ni un solo tanto.

Sea como fuere, tras la victoria en Lealtad y los resultados de Ponferradina y Valladolid de esta misma jornada, el Pontevedra se encuentra ante la posibilidad de meterle nueve puntos al filial pucelano si es capaz de doblegarle en el encuentro que disputará el próximo Domingo a la ribera del Lérez.
El filial vallisoletano que perdió su duelo frente al Celta B en la última jugada del choque, ha anunciado a principios de semana la cesión al UCAM Murcia de su jugador Mayoral, uno de los principales referentes hasta este momento del filial y parece por tanto que su apuesta por jugar el play off de ascenso pierde enteros.

Aún así, el partido será harto complicado y bueno es recordar que la pasada temporada este equipo derrotó aquí al Pontevedra por 1-2.

Han llegado los diez últimos partidos de la Liga regular que como tantos y tantos técnicos del fútbol recuerdan constituyen el tramo decisivo de las campañas y en los que sacar adelante los puntos resulta todavía más complicado.
Si fuéramos capaces de ganar al Valladolid B casi descartaríamos a los blanquivioletas y nuestra mayor referencia y casi única pasaría a ser la Ponferradina que este mismo fin de semana tiene una batalla muy dura en El Sardinero.

Dentro de la indiscutible dificultad de todos los partidos y más a estas alturas, los bercianos no solo tendrán que rendir visita a los santanderinos sino que deberán viajar también, entre otras visitas, a Barreiro  y al estadio de un Racing de Ferrol que ha vuelto a complicarse algo su clasificación por abajo y que no estará dispuesto a regalar nada. 

Nosotros también enfrentaremos rivales de alta alcurnia como el propio filial del Domingo o la Cultural Leonesa que nos visitará dentro de unas semanas.
Pero en el horizonte ya se vislumbra esa "final entre las finales" que deberemos disputar en el campo de El Toralín dentro de cuatro jornadas.

Que importante resultaría llegar allí al menos con los cuatro puntos de margen con los que contamos actualmente y que nos posibilitarían en caso de ganar darles casi la puntilla en ese enfrenamiento directo.

Pero para eso queda más o menos un mes y como bien dice y recalca Diego Pablo Simeone debemos ir partido a partido.
Lo más inmediato, el Valladolid B. Lo más importante ganar ese encuentro. Si después el Racing de Santander ayuda algo, miel sobre hojuelas.

Sería también importante que las gradas del Estadio de Pasarón, demasiado vacáis durante toda la temporada en comparación con la labor del equipo, se poblaran en mayor número el próximo Domingo. 
El equipo ha hecho méritos más que suficientes para que su afición responda de manera más mayoritaria y el papel que debe jugar Pasarón en ayuda del equipo para estos últimos partidos es trascendente y muy necesario.

  

lunes, 27 de febrero de 2017

Un caimán en libertad, el fin de una sequía insufrible y un paracaídas abierto

La característica banda sonora de la serie Corrupción en Miami me vino inmediatamente a la memoria al ver salir del vestuario al entrenador del Pontevedra CF. 
Con chaqueta y pantalón negro entre "casual" y deportivo, Luisito remataba su atuendo con unas zapatillas blancas tan aparentemente cómodas como desenfadadas que enseguida evocaron en mi mente las palmeras encajonadas contra un cielo azul brillante con las que empezaba cada capítulo de la ochentera serie estadounidense.
Es cierto que bajo su chaqueta el técnico de Teo no lucía una camiseta en manga corta que culminaría de manera magistral el estilo desenfadado de Sonny Crockett sino una impoluta camisa blanca a juego con el calzado que pudimos ver los que tuvimos a bien reunirnos ayer en el Estadio de Pasarón en el instante en el que el Burgos se adelantaba en el marcador.
Pero aún sin esa camiseta, como luego veremos, el peculiar entrenador granate si guardaba algún otro as en la manga que volvería a recordarme al personaje más famoso que a lo largo de su carrera ha interpretado el actor Don Jhonson.


Minutos antes del comienzo del partido veía con más incertidumbre y nervios de lo habitual a los jugadores efectuar sus ejercicios de calentamiento. Seis partidos sin meter un gol y en consecuencia sin ganar, la diferencia en la clasificación próxima a evaporarse en caso de no obtener la victoria, un Burgos que venía en su mejor racha de la temporada y que se mostraba especialmente fuerte como visitante... 
Eran argumentos todos ellos que dotaban al encuentro de una evidente dificultad aunque en honor a la verdad la derrota mañanera del Valladolid B en Palencia volvía a poner de manifiesto que los de atrás no viajan precisamente en un bólido espacial y daba argumentos para pensar que todavía estábamos a tiempo de enderezar el rumbo y afianzar un poco más esa soñada cuarta posición.

Lo cierto es que actuando como local el Pontevedra CF solo decepcionó ante el Celta B y que los verdaderos problemas los tenemos cuando jugamos lejos de casa y la sensación de que la fortaleza en Pasarón no se había perdido no tardó casi nada en ponerse de manifiesto en la tarde de ayer.

El Pontevedra salió decidido a ganar y a olvidar su sequía goleadora y protagonizó desde el principio una primera mitad plena de intensidad y dominio minimizando a un Burgos CF que apenas pudo acercarse al área defendida por Edu Sousa.
Ahora bien, ese dominio indiscutible, ese ritmo constante y alto conseguido por los nuestros no podía plasmarse en el marcador por la inocencia, ingenuidad o tremendo desacierto que se seguía acumulando ante la portería contraria.
Como ejemplo la jugada producida en el minuto 3 de partido en la que Eizmendi se encontró con un balón a la altura del punto de penalti con el portero desplazado y con todas las papeletas para poner fin a esa serie de partidos sin profanar marcos ajenos. Era más difícil mandarla fuera que meterla y lo primero fue lo que hizo el ayer interior izquierda granate al enviar la pelota por encima del larguero.
No tardó el equipo ni tres minutos más en generar otra ocasión clara de gol culminada con un cabezazo de Jacobo Millán tras centro del propio Eizmendi que fue a estrellarse contra uno de los palos de la portería castellana. Antes Trigo también había cabeceado otra pelota obligando a estirarse al meta del Burgos y después Kevin controló muy mal un balón que de haber efectuado ese control de forma correcta le habría posibilitado plantarse solo delante del portero.

Eran oportunidades (como otra de Mateu que en buena posición no consiguió contactar con el balón) que se sucedían y se mandaban al limbo provocando la desesperación del incomprensiblemente poco público asistente a Pasaron que veía como esa superioridad evidente del equipo granate no se traducía en goles por la incapacidad mostrada en los últimos metros.
Fue una primera parte controlada de cabo a rabo por el Pontevedra pero en la que sus jugadores volvieron a disparar o bien con balas de fogueo o bien con la pólvora completamente mojada.  

Esta circunstancia, perdonar ocasiones pintiparadas para marcar, dio lugar tras el descanso a otro "clásico" en las actuaciones granates por lo menos en casa, "la empanada de los primeros minutos de las segundas partes".

Salió el Pontevedra dormido o desconcentrado permitiendo al Burgos estirarse en ataque y gozar primero de una clara oportunidad que milagrosamente se fue al córner y segundo de otra jugada gestada en banda derecha del ataque castellano que culminó en gol un atacante burgalés llegando libre de marca a la altura del punto de penalti.

La situación en ese instante volvía ser muy frustrante. La notable primera parte protagonizada por los nuestros no había sido suficiente para mover el marcador y a los cinco minutos del segundo tiempo el contrario aprovechaba su primer lanzamiento entre los tres palos para poner tierra de por medio.

Pero he aquí que en ese momento Luisito volvió a encarnarse en ese pintoresco policía de Miami que recorría en compañía de Ricardo Tubs la ciudad americana para desarticular redes de delincuentes.

Ya sin chaqueta, el de Teo arengó a sus jugadores desde la banda para que despertaran del ya tradicional letargo que el vestuario provoca en su interior y a renglón seguido indicó (cual Sonny Crockett en Miami Vice) a su mascota que se preparase para poder salir en libertad.

En el caso de Sonny esa mascota era un caimán de nombre Elvis que vivía con él en su embarcación y que sorprendía o asustaba a aquellas personas que acudían al yate sin saber quien se escondía en una de las dependencias de la curiosa residencia del "poli".

En el caso de Luisito no era un caimán y si un "rubiales" que bajo apariencia de querubín esconde un "asesino" de porterías contrarias y que para más "inri" llevaba muchas semanas sin poder salir a cazar redes por culpa de ese tobillo que tanto le ha dolido a´el primero y a toda la afición después.

Salía pues al campo nuestro "Elvis " particular con los dientes más afilados que nunca y junto a el también entraba al terreno de juego otro jugador que ayer no estaba para muchas bromas, Alex González. Dejaban su sitio en el césped un otra vez casi intrascendente Eizmendi y un buen Jacobo Millán que volvió a dejar detalles de indudable calidad técnica.

Y el caimán , el "rubiales" o en definitiva para dejarnos de tonterías, Mario Barco no tardó nada en demostrar la importancia que atesora en el juego de ataque granate. Por calidad, por agresividad, por desmarque, por remate.. este hombre mejora al equipo y si bien será ese equipo en su conjunto quien nos podrá llevar a una insospechada cuarta plaza al empezar la temporada, resulta indiscutible que con la presencia de Barco el colectivo mejora y se dota de ese componente de plomo en las balas o picante en la comida que no existe cuando Barco no está en el campo.

Ya antes del empate a un gol Mario había protagonizado un par de acciones que ponían de manifiesto que las bromas se habían acabado y que la retaguardia blanquinegra ya contaba con un quebradero de cabeza de los grandes con su presencia y así llegó la bendición de la lluvia en forma de gol que terminaba con la sequía en una jugada que descargó la tensión de todos los que allí estábamos.

Elvis( perdón, Barco) se hace con una pelota en la frontal y observa el desmarque de Alex hacía el interior del área mandándole un precioso balón entre las piernas de un par de defensas burgaleses que el menudo jugador asturiano no desaprovecha para poner las tablas en el "luminoso".

Era un gol importantísimo. Que rompía esta nefasta racha y que por fin plasmaba el buen trabajo que estaba haciendo el equipo en el partido. 
Su autor, Alex González, desplegó ayer todo su potencial de desequilibrio, velocidad y regate por la banda izquierda hasta volver loca a la defensa rival completando unos minutos brillantes e importantísimos para el equipo.

Pero la segunda parte no era igual que la primera en la que sólo existió un equipo. No es que el Burgos fuera mejor en ese segundo tiempo pero lo cierto es que el Pontevedra (que había efectuado el tercer cambio sustituyendo a Portela por Mouriño) arriesgaba para ganar y posibilitaba más llegadas del equipo de Mandiola al área de Edu. Y fue poco después del empate cuando un lanzamiento con mucha intención de un contrario encontró la fenomenal intervención de Edu Sousa que envió la envenenada pelota al saque de esquina. 
Tras esa acción el Pontevedra redobló esfuerzos y por fin encontró el premio que sin duda merecía desde el principio.
Miguel Loureiro (que como saben los habituales de este blog ya me calló la boca con su trabajo hace mucho tiempo) arranca con su característico empuje y entusiasmo por banda derecha y conecta un centro maravilloso que no remata Mateu posiblemente por el medio derribo de un defensa que debió significar penalti. 
Pero no pasaba nada pues detrás del balear aparecía Barco para rematar de cabeza picando el cuero y hacer un segundo tanto vital por muchas circunstancias.

Vital por propiciar el triunfo más  necesario que nunca tras la serie de seis partidos sin ganar, vital por constituir la máxima expresión de la reaparición de este jugador que nos hace mejores, vital por culminar la remontada en un partido que tan complicado se había puesto tras el 0-1 y vital por traducir la superioridad del Pontevedra sobre el Burgos en casa y hacer del horroroso partido disputado ante el Celta B un hecho aislado dentro de la magnífica línea que el equipo mantiene en casa.   

Despejadas las dudas acerca de la fortaleza que el Pontevedra sigue manteniendo en Pasarón, este atribulado bloguero mantiene desde casi el comienzo de la temporada que los problemas y graves de los nuestros se acumulan a la hora de protagonizar el rol de equipo visitante.
En trece salidas hemos dejado de marcar nada menos que en ocho encuentros. En los cinco encuentros en los que sí hemos marcado Barco resultó crucial en tres de ellos. Haciendo el único gol del partido en Tudela, marcando el 0-1 en Aranda en la segunda y última victoria foránea que tenemos y "rescatando" al equipo de la derrota en O Vao haciendo un golazo espectacular amén de asistir a Añón en el primero. Por tanto, en los escasos cinco encuentros en los que el Pontevedra ha marcado fuera (Barco jugó cuatro de ellos pues en el debut en Guijuelo no lo hizo) en tres de ellos el de Calahorra resultó completamente decisivo.

La situación física de Mario Barco todavía no es óptima  y hace buena prueba de ello una acción sucedida en el último minuto del tiempo reglamentario de ayer en la que se lastimó la zona y le hizo renquear durante la prolongación. Es posible, que el cuerpo técnico tenga cuidado con el y no le otorgue la titularidad en Villaviciosa el próximo Domingo.
Pero  esa dosis de agresividad bien entendida, esa "mala uva" de la que a veces carece el equipo se hace más importante todavía lejos de casa que aquí.
No olvidemos que para que el gran mérito de conseguir la cuarta plaza se haga realidad vamos a tener que ganar al menos un par de partidos de los seis que nos faltan por jugar como visitantes y creo que la vuelta de Barco en ese sentido es crucial y me hace ser mucho más optimista.

La próxima estación no es nada fácil, Villaviciosa. Hierba artificial, campo más pequeño... 
Lo sabemos desde ya y en nuestra mano está dejar de repartir estampitas de la Virgen de la Caridad cada vez que viajamos por España y por contra parecerse algo más al equipo pleno de confianza y empuje que aparece cada quince días en el Estadio Municipal de Pasarón.

Vamos a ver que pasa en Asturias.       
    
   

lunes, 20 de febrero de 2017

En caída libre o el nuevo episodio de la película desplome 2.0

Que el Pontevedra CF lleva protagonizando una temporada lejos de Pasarón vulgar y con números de zona baja es algo que resulta difícil de discutir.
De manera oportunista desde dentro del club se nos decía en el transcurso de la primera vuelta que el equipo solo había perdido en Santander, Valladolid, León o Vigo y que estos eran los conjuntos que ocupaban los puestos de arriba en la clasificación.
Sin embargo, la realidad es tozuda y con el tiempo esa especie de coartada se ha quedado obsoleta y sin ningún tipo de solidez.
En esos cuatro encuentros citados lo peor no fueron las derrotas sino la imagen paupérrima ofrecida por los granates en tres de los cuatro partidos en los que estuvo fuera de los mismos casi desde el principio.
Pero concediendo que esos campos (Barreiro, Reino de León y El Sardinero) son escenarios harto complicados, lo cierto es que el Pontevedra en el resto de encuentros jugados como visitante no ya en esa primera vuelta sino en todos los jugados hasta el día de hoy no ha dado la medida prácticamente en ninguno.
Sólo dos victorias, Tudela y Aranda con protagonismo importante de Mario Barco en ambos choques y empates conseguidos a trompicones como los de Guijuelo,Burgos, Coruxo, Mutilva o Palencia no son cifras para estar especialmente contento con el rendimiento exhibido por los nuestros en los partidos jugados como visitantes.

Esta exasperante falta de competitividad foránea no es exclusiva de esta temporada sino que ya viene de atrás pues en la segunda vuelta de la liga pasada los resultados lejos de casa ya empezaron a ser realmente mediocres.

Claro que si a esta trayectoria errática fuera se le suma la pesada losa de acumular seis encuentros sin meter un gol la consecuencia no puede ser otra que el lento pero imparable derrumbe del Pontevedra CF que solo mantiene la cuarta plaza por dos circunstancias; la primera, su extraordinaria primera vuelta en casa en la que ofreció esa imagen de equipo fuerte que tanto nos ilusionó y la segunda la torpeza de los perseguidores que ni con esta lastimosa racha granate han conseguido desplazar al Pontevedra de la cuarta plaza en la tabla. 

De esta inaudita serie de encuentros sin encontrar el camino del gol solo se puede sacar la conclusión de que la baja de Barco ha desconyuntado al conjunto en el aspecto ofensivo.
No hemos sabido jugar sin Mario y además el calagurritano aporta esa dosis de carácter de la que adolece tanto el equipo sobre todo fuera y que resulta muy necesaria para sacar muchas veces las castañas del fuego.
En las dos victorias logradas a domicilio el "9" resultó decisivo y en campos como el del Coruxo resultó básico para no volverse con derrota.
La lesión de Barco acaecida en un momento clave de la temporada fue calificada en este mismo blog como muy preocupante pero sus efectos han sido mucho más devastadores de lo que podría esperarse en un principio.
Y es que más allá de los diez goles acumulados por el riojano en la Liga, su rendimiento y su capacidad de contagio al resto del equipo (además de la evidente atención que requería de las defensas contrarias) era tan relevante que su ausencia ha dejado huérfano en ataque al Pontevedra secando por completo las fuentes de acceso a las porterías rivales

¿Contaba la plantilla con argumentos para sobreponerse a esta baja y mal que bien ir salvando la cara hasta el regreso de Barco? Este bloguero siempre entendió que sí. Reconociendo la importancia del jugador cedido por el Lugo esperaba que el equipo disimulase la baja del delantero tal y como hizo con la de Alegre y "fuera tirando" como pudiera hasta la reaparición de su nueve titular.

Está claro que me equivoqué. O eso o es que el cuerpo técnico ha sido incapaz de dar con la tecla para jugar sin Barco algo que parece no corresponderse con la realidad cuando escuchamos a Luisito en la rueda de prensa posterior al partido de ayer afirmar que no iba a cambiar nada y que seguiríamos jugando igual.

Lo cierto es que esa afirmación del técnico teense no deja de ser curiosa sobre todo por que minutos antes había analizado con gran acierto el partido al afirmar que el Pontevedra había hecho casi todo bien hasta llegar al área rival, zona del campo en la que se le vendaban los ojos de manera desesperante. Ese "fútbol de mentira" , frase con la que calificó Luisito con sinceridad el juego granate no podía tener más consecuencia que acabar empatando a cero o incluso perdiendo si el equipo contrario acertaba (como así pasó) en alguna jugada aislada.

Salió al campo el Pontevedra con cuatro jugadores "menudos"  en los puestos más ofensivos al comienzo del partido. Eizmendi a la derecha, Jacobo a la izquierda más Mouriño y Añon como hombres más adelantados. Kevin y Trigo ejercían de mediocentros y la defensa era la habitual en los últimos partidos.
Y el Pontevedra cogió la pelota con la aquiescencia del Racing y la "sobó" cuanto quiso y más salvo cuando pasaba por las botas de un Kevin que volvió a estar desafortunadísimo en la circulación entregando el balón en muchas más ocasiones a un rival que a un compañero.
Pero esa posesión resultaba estéril. Sólo un cabezazo de Mouriño que salió fuera y una volea muy complicada de Jacobo que se fue por encima del larguero lograron animar siquiera tímidamente el juego ofensivo del equipo y con ese bagaje meter un gol parecía misión casi imposible.

Enfrente un Racing que parecía dejar pasar los minutos como apático y con más ganas de marcharse a la ducha que a otra cosa en el que Joselu no aparecía ya sea por su abulia o por el partido notable de un Bruno que volvió a rayar a un gran nivel y en la que Benítez no encontraba pasillo alguno para desembarazarse de un Miguel que volvió a a demostrar su mejoría esta temporada.
Aún así, en una jugada sin peligro aparente, el ex granate Benitez (conocido anteriormente como González) decidió probar con un lanzamiento desde muchos metros más atrás del área grande granate sorprendiendo a un Edu Sousa que todavía al escribir esta columna no entiendo como no llegó a a despejar a corner esa pelota

De esta manera tan absurda un Racing que en más de media hora sólo había llegado una vez por medio de Mendi se ponía por delante y hacía presagiar lo peor para el Pontevedra CF.
Quizá el guión pudo cambiar si en la última jugada de la primera parte David Añon hubiese transformado la única ocasión clara de gol de la que dispusimos al rematar flojo de cabeza en el segundo palo una falta lateral mal defendida por los "verdes".

Pero lo cierto es que el remate fue directo a las manos del portero departamental y la primera parte terminaba con ese sabor de boca amargo de ver a un Pontevedra impotente en ataque ante un rival que no estaba haciendo nada para ganar el partido.
En esa primera parte Eizmendi no volvió a ofrecer un solo argumento que pueda defender la titularidad que se le ha otorgado casi desde que llegó y la duda de un segundo caso Hugo Rodríguez empieza a planear sobre la casa granate. 

Tras el descanso Abel y Mateu entraron al campo en lugar de Portela y Mouriño pero salvo en los primeros diez minutos en los que sí pareció que el equipo tocaba más rápido la pelota y con algo más de intención el decorado apenas cambió sobre el césped.
El Pontevedra monopolizaba la pelota y llegaba con cierta asiduidad a las proximidades del área contraria pero una vez allí faltaba ese picante o ese toque de calidad que permitiera generar ocasiones de gol que transmitieran un poco de inseguridad a la retaguardia ferrolana.

El Racing por su parte buscó no con demasiado ahínco las contras para sentenciar el choque y  alguna opción tuvo para hacer el segundo tanto pero sobre todo gracias a la actuación ya mencionada de Miguel y Bruno no logró encontrar ese gol que sentenciara definitivamente el partido.

La última media hora la jugó Alex González en lugar de Eizmendi pero a pesar de intentar profundizar por la banda izquierda en alguna ocasión lo cierto es que acabó por disolverse en ese azucarillo ingenuo y carente de toda mala uva que era el ataque pontevedrés.   

Con el pitido final del árbitro la sensación que por lo menos al que esto escribe se le quedó en el cuerpo es que el rival nos había ganado sin hacer apenas nada sobre el terreno de juego y que la impotencia infinita que se había demostrado por nuestra parte a la hora de generar peligro hace ya no necesario sino imprescindible el regreso de Mario Barco para que la faceta ofensiva granate vuelva a parecerse a la de un equipo serio y con aspiraciones y no a la de un conjunto que lucha desesperadamente para no meterse abajo.

Dicen que es posible que Barco esté entre los convocados para el partido del próximo Domingo. Yo no rezo ni profeso fe alguna pero aquellos que sí lo hacen estaría bien que elevaran alguna plegaria para que esa reaparición se produzca en una semana pues el equipo sea por las razones que sean no ha sabido sobreponerse en ataque a la lesión del bravo jugador de Calahorra.

Si no fueran pocas las preocupaciones que arrastra el equipo, la escuadra que nos visitará en la siguiente jornada llegará a Pontevedra en el mejor momento de su temporada y llegará tras vencer en El Plantío por 2-0 a ese equipo extraterrestre que muchos decían que era el Celta B que aquí se paseó sin recato hace no demasiados días.

O se reacciona ya o o el grueso de los equipos que vienen por detrás nos arrollarán cual pelotón a un escapado a falta de un par de kilómetros para la meta.

Una cosa es no poder repetir la gran primera vuelta realizada (por lo menos en casa) y otra muy distinta es conformarse o mirar con indiferencia como el Pontevedra realiza una segunda vuelta lamentable y muy por debajo de sus posibilidades.     
    
   

lunes, 6 de febrero de 2017

De humillaciones futbolísticas, dolorosas ovaciones y agoreros por doquier

No esperaba ni de lejos que el Pontevedra CF recibiera la indiscutible humillación deportiva propinada ayer por el Celta de Vigo B.
Lo anterior no quiere decir que no esperase un partido tremendamente complicado en el que solo una gran versión granate podría propiciar que el resultado cayera a nuestro favor.

Pero el desastre colectivo en defensa, la imagen de impotencia absoluta tras el primer gol celeste y el paseo triunfal del filial en el Estadio Municipal de Pasarón eran acontecimientos que jamás hubiera imaginado viendo el rendimiento que hasta ahora había ofrecido el equipo en casa.

Si hace quince días el Racing de Santander consiguió llevarse los tres puntos tras la disputa de un encuentro jugado a cara de perro y con un Pontevedra respondón a la par que cohesionado sobre el terreno de juego, lo de ayer fue un pim pam pum injustificable que pudo todavía ser más duro si los atacantes vigueses hubieran estado acertados en las tres o cuatro ocasiones claras de gol de las que disfrutaron en la segunda parte.
El partido entendido como una contienda en la que dos equipos compiten por un resultado duró hasta ese minuto veinte en el que el colegiado decidió señalar un penalti que casi nadie vio con claridad salvo el entrenador granate que sorprendentemente afirmó haberlo apreciado casi con seguridad desde el banquillo.
No es que antes de la pena máxima el Pontevedra hubiera estado mejor que su rival ya que sufrió en defensa desde el minuto 1 pero por lo menos tocaba con cierto sentido en campo vigués e incluso gozó de una oportunidad en botas del único jugador (quizá junto al portero) cuya actuación podría salvarse del suspenso general, Alex González.
Pero tras el 0-1 el vendaval céltico descargó con toda su intensidad sobre el área pontevedresa en especial con ráfagas inmisericordes de viento sobre el flanco derecho defensivo granate por el que Miguel Loureiro trataba de agarrarse al palo mayor de la nave con uñas y dientes pese a la nula capacidad de ayuda de sus compañeros para tapar semejante estropicio defensivo.

Por ahí llegó la jugada previa al corner en el que se produjo el penalty. Por ahí llegó la jugada del 0-2 y también por ahí se gestó el tercer tanto del Celta B.
Fueron veinticinco minutos injustificables en los que ni la potencia del contrario, ni las bajas, ni nada por el estilo pueden explicar el desplome integral del Pontevedra CF que dejó de ser ese equipo seguro al que es dificil hacerle goles para parecerse a una marioneta en manos de un equipo que en ocasiones "chuleó" de manera lamentable a los jugadores granates.    

La segunda parte sobró por completo. De entrada sorprendió y mucho a este bloguero la cerrada ovación con la que fue recibido el Pontevedra al  volver al campo desde los vestuarios.
Lo fácil, lo populista (ya que ahora se pronuncia tanto esta palabra) sería decir que la afición fiel como ninguna quería levantar el ánimo de unos jugadores dispuestos a lavar esa lamentable imagen en la segunda parte. 
Pero lo cierto es que no pude evitar pensar (dentro del inmenso respeto que tengo por todas las reacciones de la grada que es soberana) que había hecho el Pontevedra CF para merecer los aplausos de su gente tras ser humillado como nunca por el filial del equipo de Vigo y cosechar un resultado que iba camino de formar parte de la historia negra del club tan nutrida en los últimos tiempos de lamparones sonrojantes.

Ni pasar a jugar con defensa de tres dejando a Eneko Eizmendi en el vestuario pasando Trigo atrás y ocupando Alex Fernández su posición en el medio, ni la buena posibilidad de gol disfrutada de nuevo por Alex González a los cinco minutos de la reanudación lograron cambiar la desastrosa dinámica del encuentro.
Fue una segunda parte jugada al tran tran por el Celta B que cada vez que quería salía de la cueva para plantarse en superioridad en área granate llegando a generar tres o cuatro opciones pintiparadas para marcar evitadas ya por Edu Sousa ya por la falta de puntería de sus jugadores. 

El Pontevedra lo intentaba, sus jugadores le ponían empeño y esfuerzo pues ninguna muestra de indolencia se vio ayer sobre el terreno de juego pero la impotencia era supina y no hacía más que echar más leña al bochorno en el que por lo menos para el que esto escribe se había convertido el choque.

El partido se fue consumiendo entre el desacierto granate y los detalles nada edificantes en forma de absurdas pérdidas de tiempo dado el resultado protagonizadas por varios de los jugadores del filial del Celta. Al hilo de esta última cuestión, es triste observar como un jugador de la talla futbolística de Borja Iglesias que ayer minimizó a Portela hasta límites insospechados no es capaz de sustraerse a la moda de los jugadores que no saben celebrar los goles sin meter los dedos en los ojos a la afición contraria. Su reacción tras la transformación del penalti resultó en ese sentido decepcionante.

Y con el pitido final llegó la segunda dolorosa ovación de la tarde noche. 

El público granate (cuando digo público no me refiero en este caso solamente al fondo norte sino a los aficionados de las cuatro gradas) despidieron a su equipo con una cerrada ovación que a estas horas todavía no logro explicarme.

Como ya he dicho en otras ocasiones ya somos desafortunadamente solo "cuatro" los que vemos una especial rivalidad en los partidos jugados contra el filial de ayer y por supuesto contra el primer equipo en las pocas ocasiones en las que nos hemos podido enfrentar en los últimos tiempos.

Somos, como decía, muy pocos los que pedimos al equipo un plus el día que se juega contra el Celta pero es que además ayer no solo se perdió contra ese equipo sino que se salió goleado de forma rayana en la verguenza y sin dar ni por asomo la mejor versión que sabemos nuestro Pontevedra 16/17 puede ofrecer.   

Como ya he dicho más arriba, máximo respeto a los pronunciamientos de una afición de la que formo parte y que consideró necesario aplaudir al equipo al final del partido jugado ayer pero si no entendí los aplausos al descanso mucho menos comprendí los aplausos al final.
Si después de palmar 0-4 contra el Celta B pudiendo incluso ser más abultado el marcador el equipo merece esa recompensa es que el cambio generacional de la parroquia granate está punto de ser culminado no sé realmente si para bien.

Leeremos y escucharemos ahora múltiples voces que dirán que el Celta B es tan fuerte como el Milán de Sacchi o para los más jóvenes como el Barcelona de Guardiola pero lo cierto es que siendo un extraordinario conjunto el dirigido por Alejandro Menéndez lo es de 2ª División B y me cuesta mucho justificar el baño antológico de ayer en Pasarón  sólo basándome en la fortaleza del rival.

Leeremos y escucharemos también a mucha gente opinar que estaba cantado; que como demonios estaba el Pontevedra arriba con esa plantilla formada por jugadores cedidos hace nada a equipos de regional y demás; que el potencial económico de la mitad de los equipos del grupo supera al nuestro etc etc.

Todo eso está muy bien e incluso la mayoría de los argumentos se corresponden con la verdad. Pero esa mismas voces se olvidarán de que los puntos que hasta ahora ha cosechado el Pontevedra han sido fruto del trabajo, del saber estar y de plasmar una superioridad sobre los contrarios.

Que una primera vuelta tan importante en especial en casa no puede dilapidarse sin luchar con todas las fuerzas para amarrarse a un cuarto puesto que no es fruto de la casualidad y que se ha conseguido luchando contra esos equipos como la Ponferradina que ahora parecen el monstruo de la famosa película que viene a vernos acercándose poquito a poquito.

Yo creo en este equipo. Igual que opino que lo de ayer es un mazazo humillante y directo a nuestro orgullo, creo firmemente en este equipo.

Un equipo que se recuperó casi sin cicatriz de la baja de Alegre y un equipo que está notando (decir lo contrario sería mentir) la baja de Mario Barco pero que hasta ayer seguía compitiendo con diligencia a pesar de la baja de su goleador. 
Pero el Pontevedra no perdió ayer por la ausencia del gran delantero cedido por el Lugo. Ayer se perdió por las vías de agua  evidentes sufridas en el sistema defensivo que llevaron al encuentro a ese escenario pavoroso para nuestros intereses.

Ahora bien, humillados ayer, la plantilla y cuerpo técnico no pueden caer en ningún caso en el desaliento. 
El cuarto a día de hoy sigue siendo el Pontevedra CF y pesar de esa desventaja económica que no niego el equipo tiene argumentos y capacidad para recuperar el orgullo y no claudicar tan fácil de una posición ganada gracias a este mismo grupo que ayer no estuvo a la altura pero que no debe rendirse nunca.
No tendremos todavía a Barco pero para Izarra volverá Presa y supongo que Añon. Es un campo muy complicado y la trayectoria fuera desde el comienzo de Liga no es buena. 

Pero igual que me sorprendió y mucho la paupérrima imagen de ayer sería deseable que el equipo empezara a recomponerse soltando un gran partido en Navarra y comunicarle a los rivales que lo que tanto trabajo ha costado ganar no se entregará con tanta facilidad.

Del equipo depende que ese orgullo destrozado a machetadas ayer por el Celta B se reconstruya cuanto antes en forma de victorias que den la razón a los que todavía creemos en que es posible superar las expectativas generadas en verano.