lunes, 19 de marzo de 2018

El agua por la barbilla


Recuerdo una escena de una película de Paul Newman que me impresionó bastante cuando era niño.
En ella un familiar del personaje de Newman (maderero como él) sufría un accidente a consecuencia del cual quedaba medio sumergido en el agua aprisionado por el peso de varios troncos que le impedían efectuar movimiento alguno.
A medida que la marea subía y subía el agua acababa por vencerle ante la impotencia del inolvidable actor de ojos azules que asistía impotente y desesperado a la muerte lenta por ahogamiento del otro sin que nadie pudiera acudir en su socorro.

El Pontevedra CF, por su parte, hace mucho tiempo que permanece metido en el agua atenazado por su propia impotencia e incapacidad mientras el agua lenta pero inexorablemente cubre todo su “organismo” amenazando con una muerte en forma de descenso tras esta agonía continua que padece semana tras semana.

Ayer tenía la posibilidad el club granate de mover un poco su cuerpo hacia arriba atenuando la presión de esos troncos que lo arrastran sin remedio en su partido en casa frente a la Ponferradina.
Los bercianos acudían a Pontevedra con el “honor” de ser el segundo peor equipo fuera de casa además de ostentar el último puesto de la tabla en lo que se refiere a goles a favor como visitante.

A pesar de esos datos que invitaban a pensar que se podría conseguir un triunfo crucial, el equipo no pudo pasar de un empate obtenido en los minutos finales y después de que el rival perdonara en un par de ocasiones la sentencia definitiva del choque.

Como debe estar la situación en el seno de nuestro Pontevedra para que Luismi optara a falta de nueve jornadas para el final por una alineación “mini revolucionaria” en la que tenían la oportunidad de debutar como titulares en Liga tanto Jesús Barbeito como Lezcano.
Novedoso resultó igualmente el sistema con el que el técnico decidió comenzar el partido con Jorge Hernández más atrasado de lo habitual y dos puntas claras.

El equipo en esa primera mitad estuvo excesivamente separado en sus líneas y generó todo su peligro en las internadas kilométricas de un Alex González que a la media hora de juego ya daba muestras evidentes de desfondamiento.
A pesar de todo ello y de que la Ponferradina encontró el gol en una de sus múltiples aproximaciones por la derecha de su ataque, el Pontevedra logró empatar muy poco después en una acción a balón parado y tras algún rechace que volvía a dar esperanzas de poder voltear definitivamente el resultado en la segunda parte.

Y esa sensación de mejoría encontró más argumentos en los primeros minutos del segundo tiempo. Con un cambio en el dibujo (se pasó a jugar 4-1-4-1 con David Castro de lateral clásico en la izquierda, Marcos en la derecha y Jesús Barbeito por detrás de Kevin y Jorge) el Pontevedra se hizo con el mando en los primeros diez o quince minutos de la segunda parte y si bien no creó ocasiones claras para marcar sí consiguió arrinconar un tanto a la Ponferradina que no podía salir de su campo ante un Pontevedra más junto y más ordenado.

Sin embargo, en la primera jugada en la que el rival pudo hacerse con la posesión y forzar un par de jugadas seguidas a balón parado, el Pontevedra volvió a defender de manera lamentable un corner y facilitó el segundo de los bercianos que sumió al equipo en un pozo del que sólo pudo escapar a medias muchos minutos después.

Fue esa fase del partido (la que siguió al 1-2 y hasta el empate del 85) realmente descorazonadora en la que el equipo navegó en la más absoluta de las derivas y sobrevivió al hundimiento total únicamente por el desacierto del contrario que desaprovechó dos ocasiones enormes para dar la puntilla.
En esos minutos saltaron al campo (no se si ese verbo “saltar” es el apropiado o quizá se debería utilizar algún otro mucho más descriptivo) los dos jugadores protagonistas de los dos primeros cambios del Pontevedra.
Primero lo hizo Añón en lugar de un Lezcano que no cuajó un buen partido y después Prosi para dar minutos de descanso a un Kevin que regresaba a la titularidad tras varias semanas de baja por lesión.
Ni uno ni otro hicieron notar su presencia sobre esa “cosa verde y marrón” que no sé si llamar césped de Pasarón.
Si Luismi Areda imaginó que con esos cambios el Pontevedra CF iba a mejorar dada la presunta importancia de los dos jugadores que se incorporaban desde el banquillo, lo cierto es que el signo del encuentro no cambió ni un ápice y ni el atacante ni el centrocampista aportaron absolutamente nada al juego de su equipo.

Por suerte la Ponferradina todavía tuvo tiempo de demostrar porque acumula esos números tan malos fuera del El Toralín y Darío Flores consiguió rematar a gol un saque de esquina en una acción en la que debería haber mandado sin discusión el portero berciano.
Los últimos minutos fueron de locura y la “Ponfe” todavía pudo ganar en un lanzamiento muy peligroso despejado por Edu mientras que el Pontevedra intentaba acercarse con más corazón que cabeza por el área visitante sin encontrar esa ocasión que podría haber proporcionado el milagro.

Este punto que en los minutos siguientes a la finalización del choque supuso una pequeña bocanada de aire ante una derrota que parecía irremediable, no es ni mucho menos un buen resultado dada la caótica situación que mantenemos en la tabla.
Ayer jugamos, insisto, con el segundo peor equipo de la Liga como visitante y era una ocasión pintiparada para sumar de a tres y aprovechar los resultados de dos enfrentamientos directos entre cuatro de nuestros rivales.
Con este triste empate el Pontevedra continúa en puestos de descenso directo y tiene como panorama más cercano un desplazamiento a A Coruña para disputar un derby dificilísimo contra un Fabril en play off y con una muy buena racha de resultados.
El agua ha subido tras el partido de ayer varios centímetros sobre el “cuerpo” de la entidad y alcanza ya la barbilla de este Pontevedra incapaz de salir de este maldito agujero en el que se ha metido.

Curiosamente, a finales de la semana pasada conocíamos que el próximo partido en casa frente al Talavera se jugará en Jueves Santo supongo que para preparar mejor la final de ese engendro denominado “Copa garrafón”.
Por tanto, el Pontevedra jugará el Sábado en Coruña y cinco días después otra final a vida o muerte en Liga en el Estadio de Pasarón en la que nos estaremos jugando sin tapujos y ambages de cualquier clase nuestra vida en la categoría.
Entiende este atribulado columnista que resulta más importante para el club preparar con “mimo” la final de este torneo que no le interesa a casi nadie que el partido trascendental frente al Talavera que tendremos que ganar sí o sí para no fenecer por ahogamiento en las aguas turbulentas de la tercera división.

¿De verdad que existe algún aficionado granate que está dispuesto a celebrar este título aún descendiendo el equipo de manera humillante e inexplicable al primer sótano del pozo del fútbol español?
Por lo menos espero que se publicite sin descanso que el partido frente al Talavera se disputará el Jueves Santo pues no sería la primera vez esta misma campaña que aficionados granates no se enteran de la fecha en la que juega su equipo.


lunes, 12 de marzo de 2018

Errores que nos siguen matando


El equipo estaba jugando la segunda parte que debía y que más convenía. Con 0-1 arriba lo suyo era soportar el arreón inicial del Coruxo y así lo hizo sin excesivos agobios, incluso Mouriño tuvo en una jugada aislada la opción de hacer el segundo pero su remate resultó demasiado centrado.

Luego, tras el ímpetu del rival, tocaba cortarle el ritmo y parar el choque las veces que fuera posible. Así también se hizo y no siempre por atenciones buscadas sino también por la dureza indudable de un Coruxo que se cansó de repartir estopa en varias fases de partido. En ese sentido, la no expulsión de Mateo resulta incomprensible. Si la entrada que este jugador realizó a León en la primera mitad era más naranja oscura que amarilla, el codazo propinado a David Goldar en los albores del segundo tiempo era merecedor sin discusión alguna de una segunda amarilla que nunca llegó.

Se adormeció, decía, el partido con ese oficio que tantas veces hemos echado en falta fuera de casa y se defendió con orden el balón parado del conjunto local que apenas hacía daño en esa faceta del juego. Quizá (o sin quizá) faltó más tranquilidad y tomar mejores decisiones en las opciones que se tuvo de salir a la contra en la que abusamos de conducciones absurdas sobre un césped henchido de agua y carecimos de concreción y practicidad a la hora de aprovechar esos contragolpes para sentenciar. Se llegó así al  tramo final de partido con un Coruxo sin ideas y en el que sólo un error individual podía tirarnos a la lona.

Y ese error que tanto temíamos llegó como tantas otras veces esta temporada. Un saque de esquina botado por el Coruxo hacia el segundo palo y un rechace deficiente de cabeza de Goldar permite a un jugador vigués controlar la pelota en el corazón del área, fusilar a Edu y apuñalar con una daga helada y cruel las ilusiones granates de conseguir una victoria crucial.

Antes se había jugado una primera parte en la que sufrimos mucho al principio y en la que volvió a aparecer “en grande” nuestro capitán para sacar un par de balones de mucho peligro y mantener a flote a sus compañeros.
Y en la que también cerca del descanso apareció Eder en una acción en la que estuvo más listo que nadie para conseguir meter el pie con inteligencia y rapidez tras un rebote y enviar la pelota lejos del alcance del guardameta vigués.
Era el primer gol importante (que en caso de victoria hubiera resultado trascendental) de Eder con el Pontevedra y ojalá no sea el último pues necesitamos la ayuda de todos y cada uno de los jugadores granates para librarnos de una posible condena que no merece ni esta institución ni esta afición, acostumbrada por desgracia a sufrir con su equipo y a recibir contadas alegrías en las últimas décadas.

Ese gol del delantero llegado en el mercado de invierno no fue suficiente por esa falta de contundencia puntual en esa maldita jugada que echó por tierra gran parte del trabajo de todo el equipo (incluido el propio Goldar que hasta ese momento había cumplido con eficacia su labor y del que me duele especialmente ese error pues su compromiso con la causa no ofrece duda alguna) y que nos sitúa en posición de descenso directo a falta de nueve estresantes jornadas para el final.

Como se esperaba tanto Valladolid como Racing de Ferrol ganaron sus encuentros en casa y como también era fácilmente deducible la Segoviana perdió el suyo fuera contra el R.Majadahonda.
Lo que nadie podría haber pronosticado ocurrió, sin embargo, en Toledo y el equipo local dilapidó un 2-0 frente al desahuciado Cerceda para acabar perdiendo por dos goles a tres en la última jugada del partido.

Así las cosas, nos encontramos un grupo de seis equipos en un auténtico pañuelo de tres puntos que induce a pensar que la fase final de la temporada resultará especialmente dramática para los conjuntos en liza.
Tres de ellos darán con sus huesos en tercera, un cuarto se verá abocado a disputar una promoción de altísimo riesgo y los dos restantes se salvarán de la quema y permanecerán en la categoría.

No puedo dejar de confesar que una vez terminado el partido de O Vao con ese gol a última hora que me dejó helado y con más cara de idiota de lo habitual, no encontraba muchas salidas para ser optimista y seguir creyendo en que se puede evitar este drama deportivo.
Sin embargo, un día después de que nos cayera un nuevo jarro de agua fría sobre la cabeza, prefiero observar la botella medio llena y no dejarme llevar por el pesimismo más descarnado de los que ahora sí se ven cerca del abismo pero se reían de aquellos que llevamos meses diciendo que esto podía acabar muy mal.

Es precisamente por eso (porque ya intuíamos que nuestro sino este año sería padecer hasta el final) por lo que me niego a arrojar la toalla y pensar que no hay solución para evitar el descalabro.
No es hora ya de recordar si los resultados fuera son calamitosos y los de casa más esperanzadores.

Lo que toca ahora es afrontar cada partido como una entidad independiente del resto y que el equipo dirija todos sus sentidos y esfuerzos al partido que toque cada fin de semana.
El que vendrá el Domingo en casa será el de la Ponferradina. Y de nuevo la copa Federación se inmiscuye en medio de la semana para provocar un desplazamiento a la otra punta de España y distraer al equipo del único objetivo real que deberíamos tener que no es otro que evitar el descenso y preparar con mimo esa nueva final con el equipo berciano.

El partido de Coruxo no solo deja la herida del empate a última hora sino también la sanción por amarillas de León, la lesión de Nacho López y el maltrecho estado físico de un capitán cuya presencia se me antoja imprescindible en estos nueve partidos que faltan.
A pesar de todo, el Domingo deberán salir al campo once hombres dispuestos a ponerse a los remos de esta galera para dejarse hasta el último gramo de su fuerza en el empeño de lograr los tres puntos.

No es tiempo de tibios, miedosos o “pasotas”.

Ahora hay que poner fútbol, entrega y vergüenza tal y como se hizo ante el Coruxo a pesar de ese dichoso error que tan caro nos costó.
Estamos a tiempo y la próxima jornada (como diría Diego de Alatriste) “no quedará sino batirnos”.
Yo estaré allí y volveré a sufrir como un perro arrinconado. No lo haré por los del césped ni por los de los despachos.
Lo haré por este escudo que tanto me ha dado y que tanto me sigue proporcionando y por ese sentimiento irracional y absurdo para muchos  pero maravilloso y especial para otros tantos entre los que me encuentro que se llama Pontevedra CF.

lunes, 5 de marzo de 2018

La pasarela saltó en mil pedazos


Aquellos que pensábamos que las opciones reales del Pontevedra para evitar el ridículo del descenso pasaban por no perder más puntos en casa nos quedamos ayer absolutamente desarmados.

El Majadahonda pasó como un rayo por Pontevedra y sin hacer nada del otro mundo goleó a un equipo granate que está más cerca que nunca de la tercera división del fútbol español.

Era el de Pasarón (junto al de Bouzas) el único encuentro de la jornada del grupo primero de la segunda B que coincidía al menos en parte con el horario del Barcelona- Atlético de Madrid que acaparaba toda la atención futbolística de nuestro país.
Y es que ya se sabe que nosotros somos “más chulos que un ocho”. Además, cada vez que la tvg retransmite nuestros partidos nos “pone de moda” (debe ser que nuestro equipo es poco conocido en Galicia e incluso en el resto de España) y que se “medio decida” la Liga de primera casi a la misma hora constituía un dato irrelevante a la hora de no variar ni un ápice las costumbres pontevedresas aún a riesgo de que el ambiente en el ex vetusto pudiera terminar siendo realmente desangelado en un partido tan importante para el equipo. 

No contentos con lo anterior, el Viernes nos enterábamos que por necesidades de programación de la propia televisión gallega el derby absolutamente trascendental que se disputará en O Vao entre Coruxo y Pontevedra se disputará el Sábado a las cinco de la tarde.
Ese dato no resultaría especialmente llamativo sino fuera por que los granates disputarán el miércoles a las ocho de la tarde el partido de ida de semifinales de la Copa Federación (ahora más garrafón que nunca) contra el AT. Saguntino y  en consecuencia ese adelanto complicará todavía más la preparación de un partido vital para no hundirnos ya irremediablemente en los puestos de abajo de la tabla.
No se trata, evidentemente, de incumplir los compromisos ya firmados con el ente público ni renegar de que la televisión gallega emita los partidos del Pontevedra pero sí se trata, en cambio, de decir alguna vez “esta boca es mía” y proclamar públicamente que el adelanto del partido al Sábado (si es cierto que este hecho se debe a la tvg) perjudica claramente los intereses granates y que no se puede jugar con el destino de un club histórico de Galicia de esta manera tan caprichosa y absurda.

¿De verdad justifican 47.000 € anuales situaciones tan aberrantes como las del próximo fin de semana? ¿No se puede compatibilizar ese dinero con el sentido común en ocasiones puntuales como las que se acaban de describir?

Sea como fuere, el encuentro de ayer se rompió a partir del enésimo error defensivo del Pontevedra esta temporada. Hasta tres veces dejamos rematar al rival en nuestro área tras un saque de esquina y a la tercera fue la vencida.
Antes, Jorge pudo abrir el marcador en buena jugada y después del 0-1 Alex Glez tuvo otra pintiparada para empatar. En ninguna de las dos ocasiones se encontraron las redes del Majadahonda que  bien es verdad que al margen de su tanto contó también con otras dos o tres ocasiones enormes para marcar antes del descanso.

La segunda parte fue un ejercicio de impotencia tremendo. En los primeros minutos el rival ya marró una oportunidad de las “infallables” dando vida al Pontevedra pero casi en ningún momento los granates dieron sensación de poder levantar el choque.
Tampoco estuvo demasiado certero Luismi en uno de sus cambios pues si hay algún jugador que por muy mal que lo esté haciendo no debe irse esta temporada antes a la ducha ese es Alex Glez y menos si el elegido para el relevo es un Marcos Alvarez absolutamente desesperante cuya presencia en el campo no volvió a aportar nada positivo.

Hubo tiempo también para ver las evoluciones durante un cuarto de hora de Eder.
Su presencia resultó completamente irrelevante y su presunto potencial no apareció por ninguna parte aunque las circunstancias en las que salió no eran las más favorables.

Con el paso de los minutos el Pontevedra se “moría” poco a poco en las proximidades del área madrileña hasta que en dos “contras” letales el Rayo Majadahonda asestó las definitivas puñaladas a un conjunto granate que ya no cuenta con la coartada de Pasarón para salvar el pescuezo y necesita irremediablemente ganar algún partido como visitante para no pasar por la humillación de un descenso del que se viene avisando desde hace meses.
Ayer fue un día triste, muy triste, para aquellos a los que esto nos importa y vivimos el Pontevedra CF con intensidad. Atendiendo al rendimiento del equipo fuera de casa la posibilidad de salvarse se asemeja cada vez más a un auténtico milagro.

La única esperanza que nos queda es apelar al compromiso de algunos jugadores cuya  entrega parece indudable y ayer aunque sin ningún acierto se dejaron la piel a tiras para tratar de darle la vuelta a la situación.
A modo de ejemplo, ver a un chaval que no vino para esto como David Castro con todas sus limitaciones y errores (que los tuvo) intentarlo hasta el final ya sea de central o como ayer de lateral debería provocar sonrojo en algunos otros que con más nombre y caché se están pasando toda la temporada “sin pegar un palo al agua”.
Llegados a este punto es la hora de Edu y aquellos que quieran salvar el barco. Si hay algún otro u otros que no lo tienen claro o incluso dudan en arremeter con un hacha contra el casco de la embarcación deberían optar por quedarse en casa viendo la tvg pues de esa forma resultarían bastante más útiles para la causa.

Antes de terminar esta columna me gustaría enviar un par de recomendaciones a la  comisión antiviolencia de nuestro fútbol que en días pasados ha vuelto a propinar un buen crochet al derecho fundamental a la libertad de expresión diseñado en esa nuestra Constitución Española con la que muchos se llenan la boca por las mañanas para luego soslayar por las tardes sus preceptos de una manera ciertamente intolerable.

Como quiera que para esta Comisión enseñar en un campo de fútbol la bandera “estreleria” es un hecho digno como mínimo para que se abra un procedimiento sancionador por la agitación sufrida en la afición rival, propongo mediante este escrito abrir otro expediente de esa naturaleza a los tres jugadores visitantes que ayer cometieron la osadía de perforar la meta de Edu hasta en tres ocasiones provocando en la escasa pero entregada afición granate un desasosiego y “enfervorizamiento” de espíritu notable. ¿Cómo se les ocurre a estos mozalbetes del Majadahonda agitar de esa manera el orden público en el tranquilo estadio de Pasarón haciendo tres goles como tres soles?

Para el caso de que la citada comisión antiviolencia del nuestro fútbol (que tampoco debe tener muchas nociones de lo que significa el pluralismo político consagrado igualmente en nuestra Constitución) no entienda como sancionable las acciones de los jugadores rivales en el día de ayer, propongo alternativamente que se “meta un puro” de los de verdad al colegiado del choque que hasta en dos ocasiones agitó a los aficionados presentes en el campo al ignorar dos caídas en el área de David Añón.
Tampoco es de recibo que esa paz social con la que la afición granate asistía al encuentro se vea perturbada por un “trencilla” que soliviantó de esa manera a los tranquilos seguidores pontevedreses poniendo en riesgo la seguridad de todos.   


lunes, 26 de febrero de 2018

Otro resbalón foráneo


Solventado el “trámite” foráneo con otra derrota que a nadie que siga más o menos de cerca la actualidad del Pontevedra CF debe sorprender, se inicia una nueva semana que culminará con otra nueva final para los nuestros en Pasarón ante el Rayo Majadahonda.

Ayer en el campo del segundo equipo del Real Madrid el primer error grave que nos dejó casi noqueados para el resto del partido no fue nuestro sino de un colegiado que convirtió en pena máxima un resbalón de un jugador blanco en área granate dejando a  casi todo el mundo tanto en Valdebebas como delante de los televisores con la boca abierta. 
Hasta ese momento el equipo no sufría casi nada atrás y de la mano de Añón y Jorge trataba de salir con peligro consiguiéndolo en un par de ocasiones en las que llegó con intención a los dominios del portero castillista.
Con ese penalti, sin embargo, cambió todo. Y lo hizo porque el Pontevedra cuando actúa de visitante no aguanta el primer golpe recibido en contra. A la más mínima contrariedad la resistencia granate se diluye como un azucarillo en café cargado y es incapaz de variar el resultado del choque hasta acabar ahogado en su propia impotencia y desesperación.

Es cierto que ese hundimiento total  y ciertamente intolerable no se produjo en Madrid con ese primer gol de penalti pero sí tras el segundo tanto encajado en la primera jugada de la segunda parte al defender de forma penosa un corner botado por el Castilla.
Con todo el segundo tiempo por delante el Pontevedra se consumió a fuego lento sin mostrar una mínima capacidad de reacción y sólo en un lanzamiento lejano de Mouriño despejado a la esquina en gran intervención por Zidane apareció nuestro equipo más o menos cerca del área capitalina.
Esa sensación desagradable de incapacidad y de equipo derrotado por los acontecimientos no hizo sino aumentar con el doble cambio efectuado por Luismi.

Ojo! no es que Añón o Alex González hicieran ayer grandes cosas sobre el césped de Valdebebas y también es cierto que con tres goles abajo era casi una quimera darle la vuelta a la situación pero todos los seguidores granates sabemos que esta temporada el ataque pontevedrés depende en gran parte de ellos y su relevo faltando todavía media hora para el final sonó a entrega total de las armas para preparar quien sabe si el partido del Domingo o las semifinales de la Copa “Garrafón”.

Lo mejor en la última parte del encuentro es que el Castilla falló dos o tres ocasiones muy claras que podrían haber producido todavía mayor sonrojo entre la parroquia granate y que el partido terminó sin ninguna lesión más que añadir a las que ya padece el Pontevedra CF alguna de las cuales está haciendo bastante daño por la importancia del jugador que las sufre.

Así las cosas, aquellos que todavía opinen que el Pontevedra no gana fuera por los deplorables campos en los que jugamos (sin tener en cuenta el patatal en el que se convierte desde hace años en invierno Pasarón sobre el que hemos vencido a Fuenlabrada y Racing de Ferrol) habrán comprobado que sobre uno de los mejores céspedes de la categoría el equipo ha vuelto a ser el mismo conjunto timorato, frágil y desquiciante que ya fue en escenarios como Bouzas, S. Sebastián de los Reyes o cualquier otro estadio en el que en los dos últimos años hemos ofrecido una imagen lamentable.

Esto no es normal (hace tiempo que dejó de serlo) y no parece que el club sea capaz de detectar cual es el verdadero problema para que este estado de cosas se prolongue tanto en el tiempo y la temporada pasada haya provocado que casi nos quedemos fuera de un play off que parecía asegurado y esta campaña nos esté arrastrando hasta las miasmas de la tercera división.

Como se dijo al principio, el Domingo toca otra sesión de sufrimiento en Pontevedra con la visita del segundo clasificado de la Liga.
Por obra y gracia de ese personaje que tenemos al frente de la LFP con sueldo astronómico (antiguo trabajador de próceres futbolísticos como Dimitri Pitterman o Ruíz de Lopera), la Liga de primera se decidirá en gran parte a la hora en la que el fútbol modesto celebra sus partidos con cada vez más cemento en sus humildes graderíos y el Pontevedra CF no será una excepción pues sospecho que a nadie se le ocurrirá en la entidad obrar en consecuencia y tratar de paliar los efectos de tal circunstancia.

Poco después de que Messi o Suárez intenten “vacunar” la Liga derribando ese muro de hierro llamado Jan Oblack o que Griezmann y Costa traten de buscarles las cosquillas a Piqué y Umtiti para mantener la competición viva, el Pontevedra CF saldrá al césped de su casa para lograr otra victoria vital que le mantenga a flote y no agrave hasta límites insospechados su agonía en la tabla.      
No veremos en Pontevedra ni a Leonel ni Antoine y sí a Carlitos o a Dani Pichín pero habrá que estar allí sin importarnos que la primera división entre en ebullición porque si al Pontevedra le dejamos solo en Pasarón, si sucumbimos a la poderosa tentación de disfrutar con las carreras y regates del rosarino o a la etiqueta y elegancia del borgoñés, entonces habremos dado otro paso para que la desidia y la incompetencia granate mostrada fuera pueda extenderse también como local y el descenso dejar de mostrarse como una amenaza para pasar a formar parte de la cruda realidad. 

lunes, 19 de febrero de 2018

Gracias Dr.Jekyll


El Doctor Jekyll sabía que el partido era vital, casi decisivo y lo más importante, se disputaba en su propia casa.

En realidad nunca le había gustado beber el extraño brebaje en su hogar. Gustaba de utilizarlo en sus viajes, lejos de casa, a espaldas de la gran mayoría de los miles de sus seguidores que no acostumbran a desplazarse fuera de la ciudad.

Sin embargo, era muy consciente de la recaída sufrida a finales de año y que le llevó a la ingesta en su propio domicilio de importantes cantidades de la maldita poción con los consiguientes ridículos ante su gente frente a Valladolid B, Segoviana y Atlético de Madrid B.
Aquellos días no apareció el elegante, sobrio y seguro de sí mismo Dr Jekyill sino el zafio, desaliñado y desesperante Mister Hyde que se apoderó de la escena sin contemplaciones y envió al Pontevedra CF a la lucha descarnada por no descender.

Por fortuna, Jekyll soportó ayer la tentación y comenzó el encuentro con personalidad, presencia y cierta intención futbolística.

Las consecuencias no se hicieron esperar y ante un lamentable Racing de Ferrol, el Pontevedra bajo la batuta de Jekyll fue el único equipo existente en la primera parte sobre el impresentable césped de Pasarón.

Con una defensa con tres centrales en la que debutó Darío Flores que cumplió su cometido con discreción y sin estridencia alguna y en la que volvió a destacar un notable David Castro que parece haber encontrado una ubicación más acorde con sus características, el Pontevedra encontró vías de entrada en la defensa departamental tanto por las bandas como por el centro de su ataque. Jorge Hernández volvió a ser el jugador peligroso de casa y Alex González ese puñal que tanto se necesita para desbordar jugadores rivales.
De ellos fueron los dos primeros goles que limpiaron de fantasmas al Dr. Jekyill traspasándoselos en su totalidad a un Racing cuya imagen en la primera parte no pudo ser peor.

Todavía se le pusieron mejor las cosas al Pontevedra en los primeros minutos de la segunda parte en una jugada llevada de nuevo por Alex González y Jorge que finalizó con acierto Iván Martín haciendo el tercero.
Ese parecía el golpe definitivo para un Racing que había efectuado los tres cambios de una tacada tras el descanso en una clara muestra de lo poquísimo que debió gustarle a su técnico los primeros 45 minutos de su equipo.

No obstante, a partir del 3-0 el Pontevedra dejó de amenazar en ataque a los ferrolanos y cedió totalmente la iniciativa a su rival que empezó a tocar con más criterio la pelota sobre el “pasto de vacas” de Pasarón y a crear ocasiones ante la portería de Edu.
Era como si nuestro querido Dr. Jekyll se hubiera echado a dormir o lo que es peor hubiera decidido meterse al gaznate un buen trago de la poción de su propia creación para convertirse poco a poco en el desfigurado Mr Hyde que tan bien conocen en los diferentes estadios de esta categoría.

Por suerte, cualquier tentación de nuestro protagonista de embriagarse con el elixir fue desterrada de un plumazo por Edu Sousa que en extraordinaria intervención fue capaz de rechazar un penalti lanzado por Joselu cuando todavía restaban más de veinte minutos para el final y quien más quien menos pensaba que la cosa podría todavía torcerse dado el cariz que estaban tomando los acontecimientos.
No fue así por esa inmensa parada de nuestro portero, por un poste que rechazó un lanzamiento rival poco después del 3-0 y porque los jugadores ferrolanos se mostraron totalmente negados ante el gol en las varias ocasiones en las que un relajado en exceso Pontevedra les permitió acercarse a su portería.

Esa resistencia del Dr. Jekyll a los poderes sobrenaturales de su poción va a seguir siendo decisiva en el tramo final de la competición.

De todos es sabido que cuando el equipo se marcha de Pontevedra esa resistencia se resquebraja y el pobre Jekyll inunda su organismo con el denso y adictivo brebaje que le inutiliza para sacar siquiera una triste igualada en los partidos como visitante.
El Pontevedra pasa a ser otro. Se convierte en un equipo feo, romo y triste que regresa a la ciudad del Lérez con una derrota tras otra bajo el brazo.

Son cinco partidos los que nos quedan en casa y cinco las victorias que tenemos que conseguir. Quizá baste con 44 puntos y si no es así se tendrán que romper todas las botellitas de cristal en las que Jekyll guarda su arsenal para que en algún desplazamiento el rostro agradable y bondadoso de nuestro Doctor no se convierta en el desfigurado y macilento de Mr. Hyde.

Por lo menos esta semana no habrá ruido de sables, no se buscarán enemigos de la causa al amanecer y los teléfonos permanecerán callados.
Quien saldrá más beneficiado de todo ello no es otro que el Pontevedra CF cuya imagen no se deteriorará todavía más por aquellos que  precisamente deberían salvaguardarla y dotarla de mayor prestigio.


lunes, 12 de febrero de 2018

Una prima, muchos "primos" y algún cuñado que otro


Un par de días después de vencer con toda justicia al Fuenlabrada en Pasarón, un compañero de tertulia sacaba a la luz en Radio Pontevedra la noticia de una prima abonada por la Presidenta del club a nuestros futbolistas tras el encuentro, se supone que en compensación por el buen trabajo realizado.
En ningún caso los jugadores sabían de la noticia con anterioridad al partido. Aquellos que piensen que ese premio económico pudo servir de estímulo para los jugadores granates en su pelea con el líder se equivocan pues la existencia de esa prima fue comunicada por sorpresa a los jugadores después de la victoria.

Lo curioso de esta noticia (por lo menos para el que esto escribe) no es por tanto el argumento fácil de que los jugadores pudieran haber puesto mayor ahínco en el partido por causa de la dichosa prima pues no eran conocedores de la misma sino el hecho extraordinario de que la entidad se haya gastado un dinero (por poco que este sea) en estos menesteres.
Alguien con alguna malicia podría pensar que dicha cantidad con la que se decidió premiar a la plantilla por obtener la sexta victoria en veintitantos partidos pudiera corresponderse con algún remanente que podría haber quedado en caja de la partida destinada a “reforzar” al equipo en el mercado de invierno. 
Al hilo de ese mercado felizmente cerrado ya e incapaz, por tanto, de generar más frustración en la afición granate no puedo olvidar las palabras de la dirección deportiva del Pontevedra acerca de Darío Flores. Sobre el uruguayo (con un currículum esperanzador por haber militado en equipos importantes de Sudamérica, de eso no hay duda) se nos dijo que venía para competir ya y ayudar desde el primer momento.
Dos semanas después sólo se le ha visto frente al antipático Escobedo en la todavía más antipática Copa Garrafón y con algunos problemas de velocidad que no auguran nada demasiado bueno.
Sobre Eder Díaz se llegó a decir también desde dentro de la entidad que llegaba un delantero con potencial similar al de Mario Barco (toma del frasco, carrasco) aunque lo cierto es que en Liga solo ha jugado los descuentos de los dos últimos partidos. Sí fue alineado en el partido de la “garrafona”.

Sea como fuere y venga la prima de donde venga, lo que desgraciadamente constituye una realidad palmaria es que junto a la primita también se alinean un regimiento de “primos” entre los que me incluyo como principal exponente de dicha cofradía.
Somos (los de la cofradía de los “primos”) aquellos que a pesar de los ridículos y espectáculos indignantes fuera de casa nos seguimos esperanzando cada vez que el Pontevedra empieza un partido como visitante y nos sentamos ante la televisión (si ello es posible) o nos ponemos los auriculares en los oídos confiando en que esa vez sí  nuestro equipo se va a comportar con la responsabilidad y aplomo que su historial exige.
Somos los de la cofradía de los “primos” inasequibles al desaliento y si no lo creen ahí van unas estadísticas que les dejarán helados.

Esta temporada el Pontevedra ha disputado fuera 36 puntos en doce partidos y ha logrado la “maravillosa” cifra de 5 puntos en dichos desplazamientos.
En esos doce partidos (ocho derrotas, tres empates y una victoria) no ha conseguido marcar en nada menos que ocho y solo en uno, Guijuelo, ha logrado más de un gol.

Para mear y no echar gota, dicho con el mayor respeto del mundo.

Pero es que no se queda ahí la cosa.

Si a esos datos de esta misma Liga unimos los de la Liga pasada entera podrán comprobar, queridos lectores, como los miembros de la cofradía de los “primos” somos susceptibles de ser galardonados con la próxima edición del premio “Santo Job” dedicado a la paciencia y al estoicismo humano.
Si sumamos, les digo, los datos del año pasado obtenemos lo siguiente: 93 puntos en juego y solo ¡19 obtenidos!, 31 partidos y apenas cuatro victorias!!.

De verdad que no se entiende como a nadie dentro del club se le cae la cara de vergüenza.

Con esta fragilidad exasperante fuera, el play off de ascenso del año pasado solo se consiguió a base de compensar ese dato con una temporada en casa extraordinaria pero esta campaña con unos datos como locales simplemente normales la situación no puede ser diferente a la que tenemos, es decir, ver el descenso demasiado cerca.

Sobre el partido de ayer no se puede decir mucho más que no sea que el Pontevedra se dedicó a practicar una vez más el “cuñadismo” dominguero.
La versión de dicho “cuñadismo” alcanzó su grado álgido esta Liga en el campo del Guijuelo en el que dilapidamos tres goles de ventaja en un cuarto de hora y dos en otros tantos minutos de descuento.
No se quedó atrás el “cuñadismo” en Ponferrada, ciudad en la cual con el tiempo ya casi consumido y con falta a favor fuimos capaces de perder el partido disputando un último minuto calamitoso.
Otra versión del “cuñadismo” más rancio y exasperante consiste encajar al principio de los partidos lo que hemos hecho, por ejemplo, en Bouzas, Toledo, Majadahonda o Vigo.

Lo de ayer también tuvo guasa.

Veamos, tenemos una falta a favor para ponerla sobre el área contraria. Ese jugador que algunos dicen que tiene un guante por pié pero que ayer utilizó una especie de “pata de palo” para sacar dicha falta no logra levantar el balón más allá del tobillo de un rival que no desaprovecha el obsequio y pone la primera piedra para organizar la contra mortal que nos vuelve a dejar con un palmo de narices.
Eso sí, todo convenientemente aderezado con noventa minutos en los que no se lanzó a puerta contraria ni una sola vez.
¿Somos o no somos auténticamente “gili..cua” los miembros cada vez más escasos de la cofradía de los “primos”?

En fin.

Con este panorama tan desolador como visitantes los seis partidos que nos quedan en casa se antojan como decisivos a la hora de “salvar el cuello” esta dichosa campaña.
El primero de ellos se jugará el Domingo nada menos que contra un Racing de Ferrol que navega tan a la deriva o más que nosotros y que como ya escribí la semana pasada pondrá a prueba los corazones de todos los aficionados granates que miembros o no de la cofradía asistiremos al choque.
Sería muy importante que la lesión sufrida por Alex Fernández ayer se quede en un susto. Necesitamos personalidad en el terreno de juego y sin Kevin la baja de Alex gana en trascendencia.
Apriétense los cinturones porque vienen cuervas cerradas y las primeras dentro de apenas seis días en el Estadio de Pasarón.

lunes, 5 de febrero de 2018

"Alegre ma non troppo"


Me he permitido la licencia de utilizar el título de una comedia de 1994 dirigida por Fernando Colomo que pasó sin pena ni gloria por las taquillas españolas para dar nombre al artículo de esta semana.
Podría haber elegido una versión más castiza que la frase utilizada por Colomo para bautizar su película. La usaba en muchas ocasiones el añorado Luis Aragonés.   “Contento pero sin presumir”, era uno de los “mantras” del sabio de Hortaleza que derramaba en las ruedas de prensa con esa cara de abuelo cascarrabias a medias entre el abuelo de Heidi y el inefable señor Scrooge.
            
Alegres, no faltaba más, hay que estar en primer lugar por la consecución de una victoria trascendental ante el líder de la categoría como igualmente trascendentes serán los seis partidos que nos restan por disputar como locales en el Estadio Municipal de Pasarón.
 Estos tres puntos insuflan al Pontevedra CF una nueva ración de oxígeno y de esperanza que a buen seguro le vendrá muy bien para afrontar los siguientes choques ligueros.

 Alegres, por supuesto, tenemos que estar en segundo lugar porque el partido de ayer enseñó en su segunda mitad a un Pontevedra sobrio y aguerrido que entendió a las mil maravillas como tenía que jugar esos segundos cuarenta y cinco minutos y que ejecutó su plan con una seguridad que apenas se recordaba por estos andurriales.
 Con el ¿césped? de Pasarón más parecido a un campo de lechugas que a otra cosa sobre todo por la parcela central y el marcador en franquía, el equipo se plantó con aplomo sobre el terreno de juego fabricando una tupida red tanto en medio campo como en defensa que solo concedió una ocasión de gol al equipo madrileño solventada con maestría por ese portero que casi siempre aparece cuando se le necesita y que ayer nos ahorró otra nueva sesión de sufrimiento con una intervención sencillamente antológica a cabezazo de Arruabarrena.
Además, fue capaz de aprovechar una indecisión del rival para hacer el tercero e incluso pudo aumentar el marcador en alguna otra contra que no encontró premio.

Alegres, faltaría más, debemos estar en tercer lugar por algunas actuaciones individuales de jugadores que con retraso, eso sí, empiezan a mostrar cosas que parecían escondidas en el fondo de sus camisetas.
Por ejemplo, por primera vez esta temporada dio la impresión de que el Pontevedra jugaba con un delantero centro.

 Iván Martín, infrautilizado hasta hace un par de semanas, marcó el 2-1 con un cabezazo espectacular tras centro medido de Nacho López (ayer estrenó titularidad el asturiano cuajando un buen partido) y convirtió el tercero tras aprovechar en primera instancia un pase equivocado de un contrario, desembarazarse después cuerpeando con acierto de un “perro viejo” como Cata Díaz y terminar la jugada ganando a otro veterano de la guerra del Vietnam como Codina el “uno contra uno” metiéndole el balón entre las piernas.
 Si a estos dos bonitos goles unimos otro remate en las postrimerías del primer tiempo que salió fuera por poco y un trabajo constante de desgaste frente a dos centrales curtidos como los del Fuenlabrada, la conclusión es que su partido resultó ciertamente extraordinario.

Otro jugador que ayer resultó mucho más constante en su rendimiento fue Jorge Hernández. De él ya se ha escrito en otras ocasiones que atesora una calidad en tres cuartos innegable pero que sus apariciones “guadianescas” no eran suficientes para el equipo. Frente al Fuenlabrada sí consiguió una mayor regularidad en su juego y enriqueció al colectivo en más ocasiones con sus regates con el cuerpo o sus venenosos pases cerca del área rival.
 O que decir de Alex Fdez. Otra pieza muy poco usada esta temporada y casi siempre de central. Ayer volvió al medio centro y aportó ese trabajo e intensidad en la presión que resulta muy conveniente además de sus ocasionales llegadas desde segunda línea y su nada despreciable capacidad para circular el balón.

Y alegres, como no puede ser de otra manera, hay que estar por último por haber recuperado esa conexión tan imprescindible entre grada y equipo que tanto se había echado en falta en las semanas anteriores. La gente volvió a vibrar con sus jugadores y durante el partido su aliento se dejó notar en muchas ocasiones. La merecidísima y larga ovación a su equipo tras el pitido final del árbitro es el mejor termómetro para medir la comunión que ayer si existió en Pasarón y que tanto se va a necesitar en el tramo final de temporada.

Ahora llega el momento del “non troppo” (no demasiado) o lo que es lo mismo, no presumir en exceso por el gran partido disputado frente al líder.

En primer lugar porque la primera parte volvió a enseñar los defectos que venimos arrastrando desde comienzo de Liga.
Encajar de nuevo un gol en el primer minuto resulta desalentador y más cuando la jugada llega por otro desbarajuste defensivo del Pontevedra CF. Primero en banda derecha en la que las ayudas defensivas al lateral brillaron una vez más por su ausencia permitiendo la llegada en soledad del lateral rival para poner el centro. Después por la incapacidad de los centrales para colocarse con el orden adecuado en la defensa de ese centro provocando que el balón les superara con facilidad y llegara a las botas de uno de los mejores “9” de la categoría que no tuvo problema alguno para fusilar a Edu.
La otra gran ocasión madrileña en la primera parte solventada con acierto por Edu en primera instancia y desbaratada de forma increíble por Arruabarrena en segunda, llega también (esta vez por la izquierda) a raíz de un centro a ras de suelo que atraviesa gran parte de nuestro área sin que nadie aparezca para evitar el remate del que nos salvamos de manera milagrosa.
Bueno es recordar, como ya se ha escrito más arriba, que esa actitud defensiva de todo el equipo se corrigió en la segunda parte en la que se defendió con ese orden y hermetismo que no se vio en la primera parte.

Y “ma non troppo”, en segundo lugar, porque ahora toca jugar fuera y como ya todo el mundo en Pontevedra que esté interesado un poco en el equipo sabe el Pontevedra lejos de casa es un desastre absoluto.

En el momento en que se consiga alcanzar fiabilidad como visitante para no tener que depender como el comer de los partidos de casa, alegrías como las de ayer resultarán incluso más grandes. Mientras eso no suceda soportaremos como podamos el partido del próximo Domingo en SS.de los Reyes y nos aprestaremos a vivir otra final dentro de quince días nada menos que contra un Racing de Ferrol en un partido que hará bueno ese tópico de no ser apto para cardíacos.