martes, 23 de octubre de 2018

Puro, coñac y dolor de cuello

Hubo un tiempo en el que la retransmisión televisiva de los partidos de fútbol no era el pan de todos los días para los futboleros de nuestro país.
El "pagar por ver" todavía era una quimera y los aficionados se contentaban con degustar desde sus hogares un partido de primera cada jornada (Sábados o Domingos al caer la tarde)  y algunos partidos de competiciones europeas que los equipos españoles disputaban entre semana y a la Selección de vez en cuando.

En aquella época en la que el fútbol modesto no era todavía tan vilipendiado, ninguneado y hasta olvidado como lo es ahora, acudir a presenciar "in situ" el partido del equipo de tu pueblo o ciudad era para mucha gente una de las pocas posibilidades de vivir el fútbol cada semana.

Eran tiempos de transistores sin auriculares y de rifas al descanso con marcador "instantáneo" incluido patrocinado por firmas publicitarias de la comarca.
Partidos en los que al mismo tiempo en que los espectadores veían como Tapia sacaba con elegancia un balón desde atrás o José Emilio centraba con su "guante" desde la izquierda, acababan también desde las gradas laterales con dolor de cuello por consultar en aquellas tablas rústicas del marcador instaladas en el fondo Norte si había marcado el Madrid, el Barca o cualquier otro equipo de Primera División.
Como olvidar la cara de funeral que se le ponía a mi padre cada vez que encajaba el Athletic Club de Bilbao o la sonrisa que me invadía si el que lo hacía era el otro equipo atlético rojiblanco.

Eran partidos con sabor a pipa en el que existía el riesgo de quedar ahumado por el humo de un kilométrico puro si el espectador de mi derecha compartía la costumbre de mi "viejo" ( a la izquierda) de fumarse uno de esos habanos interminables.
O de apretar la nariz cada vez que los efluvios de un viejo coñac servido en vaso de plástico llegaba a mis (por aquellos tiempos) tiernos conductos olfativos; de acudir en el descanso a vaciar la vejiga a los urinarios del estadio para poner todavía más a prueba a esos conductos recién mencionados o de volver a casa ya caída la noche pensando en el examen de matemáticas del día siguiente con la ilusión de una victoria granate o con la desazón de una derrota que se unía a mi incapacidad para entender  de ecuaciones, polinomios y demás jeroglíficos inescrutables.

Años más tarde llegó primero el canal plus con el partido de pago a principios de los noventa y luego el "pay per view que daba la posibilidad de ver cualquier partido de primera en tu propia casa o en cualquier bar o cafetería aunque los horarios se mantenían más o menos estables sin abarcar absolutamente todas las franjas horarias de Sábado y Domingo.

Hoy en día esa "contención horaria" hace tiempo que ha desaparecido y a la LFP y al 99% del entorno del fútbol le importa menos que nada el daño que se le hace a los equipos no pertenecientes al fútbol "profesional" tamaño disparate televisivo.

La jornada del próximo fin de semana es otro ejemplo del completo desprecio que por el fútbol de élite se tiene por las categorías más modestas con la fijación del clásico (otrora derby, denominación apartada de los Barca- Madrid o viceversa por los puristas del lenguaje, esos mismos que censuran decir "rechace" por que debe decirse "rechazo") para el Domingo a las 16,15 h.

A pesar de que este atribulado bloguero (y con él bastantes aficionados granates) habría acudido puntual a su cita con Pasarón si el Consejo de Administración no hubiera decidido cambiar la hora habitual de los partidos en casa, he de reconocer que resulta lógico variar esa hora de comienzo pues desde hace tiempo la asistencia al campo no es demasiado alentadora y podría resultar todavía más desangelado Pasarón si a alguno "de los de siempre" se le da por claudicar esta vez ante el apasionante clásico y dejar vacía su butaca a la ribera del Lérez.

Por ello, me parece razonable en esta ocasión no jugar el Domingo a las cinco no por plegarse a las exigencias de este fútbol de primera cada vez más corrosivo con las necesidades de los modestos sino por intentar no contribuir a que el ambiente para el Pontevedra CF en su propia casa no sea una mera anécdota.

A partir de ahí se podría entrar a discutir si en vez de las seis y media de la tarde del Domingo (hora fijada para el choque contra el Salamanca Cf. UDS) se podría haber elegido la tarde noche del Sábado pero lo cierto es que competir a día de hoy con un Barca- Madrid es prácticamente imposible salvo para algunos enfermos que iríamos a Pasarón hasta el mismo día y hora en que se jugase la final de un Mundial sean quienes fueran los participantes en ella.

A este choque frente al Salamanca acudirá el Pontevedra CF tras lograr la segunda victoria consecutiva fuera de casa al vencer y hacerlo con justicia al Real Burgos gracias a un gol de Pedro Vázquez.
Toda victoria es importante pero esta contiene ese matiz ya citado de constituir la segunda victoria seguida a domicilio por lo que parece que como visitante el equipo va arreglando los tremendos problemas que hace tiempo sostenía y está en camino de desterrar esa idea odiosa de que ganar fuera para nosotros suponía un acontecimiento extraordinario.
Además, por cuarta jornada consecutiva se ha conseguido mantener la portería a cero lo que trasluce la seguridad que el equipo en su conjunto está adquiriendo a la hora de defender constituyendo tal circunstancia una muy buena noticia.

Desafortunadamente ( y a pesar de que el trabajo defensivo es de todos y no solo de la retaguardia) las expulsiones de León y David Castro (esta pendiente de recurso pero con pocas posibilidades de prosperar) provocarán la necesidad de nuevo de cambiar piezas en la defensa y es de suponer que ya a estas alturas Luismi Areda estará dándole vueltas a como recomponer aquella.

El Salamanca CF UDS llegará, por contra, abajo en la tabla y con el fuerte golpe de la derrota en casa ante el Rápido de Bouzas gracias al primer gol logrado por el equipo vigués en toda la temporada.

 Es de suponer que la confianza del rival no estará precisamente por las nubes y no estaría demás que el Pontevedra aplicara la misma receta que los rivales elaboraban contra nosotros en los tiempos en los que puntuar fuera nos era muy difícil y además la clasificación nos apretaba. 
Salida fuerte, tratar de marcar pronto y jugar con la desesperación del contrario, deberían ser los ingredientes de dicha receta.    
 
Llevamos demasiado tiempo sin ganar en casa y ya toca lograrlo siempre que no creamos que el rival vendrá aquí a extendernos la alfombra.

Ellos están mal, sí. 

Más deberá ser el Pontevedra quien se lo recuerde a base de entrega, concentración, empuje y esa determinación a la hora de ir a por el contrario que en ocasiones ha faltado en los partidos que llevamos en casa.



      

lunes, 15 de octubre de 2018

Empate a nada con extravagancia incluida.

He intentado no comenzar esta entrada del blog con la extravagancia, rareza u ocurrencia (que diría el otro) del partido jugado ayer.
Pensando en como diseñar este escrito puedo asegurar que he intentado por todos los medios refugiar en un cajoncito al fondo de mi mente el "fenómeno extraño" vivido ayer en Pasarón.
Inmerso en el ya legendario e insoportable insomnio del Domingo noche, razonaba que podría resultar mejor empezar la entrada resaltando la tercera jornada seguida sin encajar un tanto y el buen hacer defensivo del equipo que acabó por minimizar casi por completo el desempeño ofensivo de la Ponferradina.

Sin embargo, entre puñetazo y puñetazo a una almohada rebelde y el subir y bajar continuo de un edredón que a veces faltaba y otras sobraba, decidí que me sería imposible no citar desde el principio la anomalía incluida en la alineación granate a la que todavía no encuentro explicación a pesar de las horas transcurridas desde el término del choque.

Berrocal de medio centro posicional y primer receptor del balón en corto en aquellas ocasiones en las que Edu no optaba por enviar la pelota larga en pos de la velocidad de Alex Glez o bien la envergadura de Arruabarrena.
Esa fue la sorpresa del "once" inicial de ayer y en mi opinión la gran noticia del encuentro a pesar de que el "suceso" pasó desapercibido en la rueda de prensa posterior al partido en la que no se formuló pregunta alguna al respecto.
Vaya por delante que no se cuestiona en este blog la entrega y dedicación del jugador que como en él es habitual entregó las fuerzas que llevaba dentro y trató de cumplir con la misión encomendada durante el partido por mucho que dicha tarea resultase absolutamente desconocida o incluso absurda.

La acción más repetida ayer por Berrocal fue la siguiente: Pase de Edu a escasos metros de nuestro área y devolución hacia atrás de un delantero ( o ex delantero, ya no se sabe) cuya falta de confianza en esa labor resultaba bastante evidente. Un pase horizontal  y ninguna incorporación al ataque al margen del balón parado fue el bagaje ayer de el experimento en la alineación del Pontevedra CF.
Vuelvo a insistir en que Jesús Berrocal se dejó todo sobre el césped y que en ningún caso se duda de su implicación para con el grupo pero debo confesar que hacía muchos años que este atribulado bloguero no se quedaba tan anonadado con un movimiento así en una alineación granate y por muchas vueltas que le doy a la cabeza todavía no soy capaz de deducir que se buscaba (si es que se buscaba algo) y la ventajas que para el equipo tuvo ayer la presencia de Berrocal en esa posición.

Como quiera que nos enterábamos en el mismo campo de la lesión muscular de Alex Fdez, se me ocurren hasta cuatro combinaciones (sin contar ya con Alex) que habrían resultado menos chocantes que la elegida por Luismi y todas ellas sin cambiar ese sistema de 4-2-3-1 desplegado ayer por el Pontevedra.

De esas cuatro posibilidades, dos serían más defensivas. En una de ellas aparecería Jesús Barbeito junto a Kevin Presa y en otra de ellas sería A.León el acompañante de Kevin con la entrada de Campillo atrás.
Las otras dos serían más ofensivas (aunque parece que esas opciones, las más alegres, las reserva el técnico para jugar fuera de casa). A saber, o bien Mouriño podría haber oficiado de mediocentro o bien Romay podría haberse ubicado en esa posición.

Ninguna de esas cuatro opciones fue contemplada y lo que pudimos ver fue a un Berrocal totalmente desubicado y me imagino el estupor incluso de los aficionados bercianos al ver a su exjugador reconvertido a volante de contención con más de treinta palos a sus espaldas.

Como no lo entendí ayer y no consigo entenderlo con el paso de las horas (algo parecido creo que se intentó en Salamanca el primer día con los resultados ya sabidos) es por ello por lo que lo consigno haciendo pública mi incredulidad al respecto.

Por lo demás, visitaba Pasarón una Ponferradina diseñada con bastante más cabeza que en temporadas anteriores pero a la que nos habían vendido desde dentro mismo de Pontevedra como una mezcla de los huracanes Leslie y Michael ante la cual el Pontevedra debía transformarse en una especie de disfraz de David con una honda para tratar siquiera de rascar un punto. 

Y lo cierto es que después no fue para tanto y el empuje ofensivo de la SD duró aproximadamente seis o siete minutos en los que inquietaron algo la portería de Edu con un lanzamiento de Yuri desde lejos y un cabezazo flojo sin verdadero marchamo de gol.
El Pontevedra se asentó pronto sobre el césped y enseguida su banda izquierda empezó a generar algo de peligro con Alex y David Castro en la buena línea habitual de esta temporada y en el que León y Vázquez se agigantaban con el paso de los minutos ahogando por completo las tímidas intentonas de Yuri de Souza que no contaba en esta ocasión con la compañía del escurridizo y siempre punzante Dani Pichín.

El partido no era precisamente una oda al virtuosismo pero sí es verdad que en esa primera parte el Pontevedra debió cobrar ventaja en el marcador si Arruabarrena hubiera estado mínimamente diligente en dos acciones muy peligrosas.
En la primera de ellas Alex Glez tras precioso culebreo en los alrededores del área le entregó un balón de gol que el vasco desaprovechó al rematar la pelota con aires más de juvenil que de otra cosa y en la segunda Mikel no fue capaz de ver al rubio extremo cántabro completamente sólo en banda izquierda en una contra venenosa que se chafó por la lentitud del ariete a la hora de decidir la mejor opción.
Un Kevin bastante más dinámico que Berrocal en el mediocentro pudo también dar una alegría en un disparo desde lejos que no se fue demasiado por encima del larguero de la portería visitante.

Tras el descanso, el poco fútbol que se vivió en la primera parte desapareció por completo. La entrada del "fino" Espina no ayudó a que la "Ponfe" inquietara más el área granate y el balón estuvo bastantes más veces por el aire tras rechaces de un lado y otro que a ras de suelo y en condiciones de dañar seriamente al adversario.
Tampoco surtió demasiado efecto el relevo de Javi López por Pedro Vázquez y ni siquiera la salida de Pichín al césped (que podría haber conllevado quebraderos de cabeza para el Pontevedra dada su velocidad) acarreó novedad alguna al juego.
    
Sí es verdad que a medida que transcurría la segunda parte la Ponferradina parecía ver con mejores ojos el empate a cero ( resultado con el que ya desde el minuto 1 ambos equipos coqueteaban en exceso) y el Pontevedra de la mano sobre todo de un Romay que jugaba sus mejores minutos en casa desde el comienzo de la temporada y de las arrancadas de los laterales que ayer volvieron a estar extraordinarios parecía acercarse un poco más a los alrededores del área berciana.

Fue un espejismo no obstante y más cuando en el minuto 82 el jugador elegido para ser sustituido por Pazos fue precisamente Manuel Romay que en ese momento trataba de tejer algo de juego ofensivo en las proximidades de la zona de peligro visitante.

Alrededor del 86 el protagonista de la primera parte de esta entrada, Berrocal, sufría calambres y debía abandonar el campo para la entrada de un Mouriño que al igual que Javi Pazos poco pudo hacer en el escaso tiempo concedido para lucirse.

Terminaba así un partido en el que ambos contendientes no le hicieron ascos al empate desde el principio y en el que por tercer partido consecutivo en casa no se vio a un Pontevedra demasiado convencido a la hora de lanzarse decididamente a por el triunfo.
Cono también viene siendo habitual, hasta cuatro futbolistas fueron novedad con respecto al once titular de Fuenlabrada y ello aunque en los días posteriores a ese partido se escucharon voces desde dentro que afirmaban que ese choque ante los madrileños había enseñado de manera definitiva el camino a seguir al equipo.  
Es evidente que el camino seguido ayer fue otro tanto en hombres como en sistema y que esa senda que parecía segura en Fuenlabrada ha vuelto a bifurcarse en otra dirección. 

Llega ahora un nuevo desplazamiento, esta vez a Burgos, en el que es posible que el Pontevedra vuelva a jugar con dos puntas o con jugadores más creativos en el centro del campo pues como ya se ha dicho antes esas "alegrías" en el aspecto ofensivo parecen escogidas para jugar fuera y no en un estadio Municipal de Pasarón en el que el equipo no acaba de desperezarse y parece siempre con una mano sobre las riendas que solo suelta un poquito cuando falta muy poco tiempo y el resultado es mucho más complicado de modificar.

En la capital castellana esperará bajo los palos de la portería blanquinegra otro Mikel, Saizar, que tan buen recuerdo dejó en la casa granate y al que espero seamos capaces de batir las veces que resulten necesarias para traernos tres puntos del histórico estadio del El Plantío.



    
              


martes, 9 de octubre de 2018

Meritoria victoria en el camino hacia la estabilidad

Los tres puntos conseguidos en Fuenlabrada son importantes por muchos motivos.

El primero y más evidente es que se ha logrado vencer por vez primera esta temporada a domicilio y además en un Estadio en el que los fuenlabreños habían contado por victorias los tres partidos anteriores jugados en ese campo.
El segundo porque se ganó manteniendo la portería a cero también por primera vez esta campaña fuera de casa y el tercero (entre otros muchos motivos) porque dio la impresión tras el 0-2 (por lo menos a través de la radio) de que el Pontevedra dominaba la situación y no corría peligro el resultado.

El equipo volvió a jugar con tres atrás aunque en esta ocasión Campillo ocupó el central derecho dejando el carril largo de esa banda para Nacho López en un diseño en ese costado aparentemente más razonable del expuesto el día del Valladolid B ( aquel día Nacho ocupó el central y Javi López la banda) .
Una fórmula que casi nunca sale bien, la de colocar a Alex González de lateral largo, está vez no fue obstáculo no solo para ganar sino también para no encajar gol alguno y adecuado parece consignarlo pues cuando se critica esta ubicación del cántabro en las ocasiones en las que no funciona de justicia resulta igualmente dejar expuesto que está vez salió bien el invento de esta posición más responsable en defensa del rubio extremo del Pontevedra.

Y se jugó de inicio también por vez primera con dos puntas acompañando Pazos a Arruabarrena en el frente de ataque granate.

Los dos goles marcados por el delantero vasco que se unen al que ya logró marcar en Navalcarnero alimentan la esperanza de que el potente delantero fichado este verano pueda alcanzar un rendimiento alto esta temporada pues ya se ha comentado en alguna entrada anterior de este blog que un Arruabarrena a buen nivel no debería pasar desapercibido en la categoría y como quiera que los goles son la energía de la que viven los puntas ojalá este doblete conseguido en el Fernando Torres aumenten el depósito de confianza de este futbolista al que necesita mucho el equipo a la hora de engrosar tantos a favor en la clasificación.

Después de esta meritoria victoria en Fuenlabrada que ojalá y de una vez por todas sea el punto de partida para una serie de partidos en las que puntuar e incluso ganar a domicilio deje de ser un acontecimiento extraordinario para el Pontevedra CF, hay que reconocer que las sensaciones que está dejando el equipo en este arranque liguero, al menos para este atribulado bloguero, son contradictorias. 

La imagen que me transmitió el equipo en casa a excepción de la primera parte contra la Cultural Leonesa no fue nada buena. 
Ni frente al Valladolid B ni Celta B ni en esa segunda parte ante los leoneses resuelta in extremis a favor con aquel gol de Alex González el equipo fue capaz de transmitir sensación de seguridad, fortaleza y capacidad de hacer gol ante la portería contraria.

Fuera (siempre según las crónicas) se jugó muy mal en Salamanca, se mejoró en Navalcarnero, caímos goleados en Boadilla aunque según muchos no se mereció tan duro castigo ese día y ahora se gana en Fuenlabrada dando la sensación de cierta autoridad ante un conjunto lleno de veteranos y que en su feudo suele sentirse como pez en el agua.

Es por ello que por lo menos en mi caso reina el desconcierto acerca de la versión del Pontevedra CF que podremos observar en los siguientes encuentros empezando por el de este Domingo en Pasarón ante nada menos que el líder de la categoría,  la SD Ponferradina.

Continuos cambios en las alineaciones iniciales y también en el sistema de juego transmiten la idea de que el equipo todavía está haciéndose y que no hay todavía un "once" que con pocas variaciones pueda asentarse ya como titular sobre el terreno de juego.
Esto último es una sensación que quizá no sea real y no responda a que el técnico siga buscando todavía el mejor diseño de su alineación pues el propio Luismi en muchas de sus comparecencias insiste en que no es lo mismo un partido que otro ni un campo que otro y que esos cambios pueden seguir existiendo como fruto de una estrategia planificada. 

Sea como fuere, lo cierto es que al menos para mi las posibilidades clasificatorias del equipo siguen siendo una incógnita y espero con expectación el partido del Domingo para ver como el Pontevedra se bate contra una Ponferradina todavía invicta y configurada con mucho más criterio que temporadas anteriores al haber incorporado jugadores destacados de la propia 2ªB (Sielva, Trigueros, Michel, Son, Espina, Grande, Pichín...) y que con menos ruido pero con mucha más capacidad comanda la tabla del grupo I con autoridad.

Da la impresión del que el equipo todavía busca su sitio en la clasificación y persigue una estabilidad tanto en su juego como en la línea de resultados que no llega pero cuya consecución o ausencia va a determinar el tramo de tabla en el que podamos movernos a lo largo de la Liga.

El encuentro frente al líder nos dará otra oportunidad para calibrar las verdaderas posibilidades de esta plantilla. 
No será en un partido fácil como es lógico pero tampoco inalcanzable pues al calor de Pasarón ningún partido de esta Liga debería resultar inalcanzable.

No ganamos aquí desde el día de la Cultural y que mejor jornada para volver a ganar en casa que el Domingo contra el primero e invicto de la tabla. 
De hacerlo lograríamos algo que no hemos hecho aún esta temporada: ganar dos partidos seguidos y dar un paso importante de cara a esa estabilidad que todavía no hemos encontrado.     



       
    

viernes, 5 de octubre de 2018

"Nuestra Liga"



Esta última semana hemos escuchado a nuestro entrenador referirse siquiera indirectamente a la “liga” en la que debe encuadrarse el Pontevedra CF.

No es malo leer ni escuchar al técnico del Pontevedra.

Primero porque habla con educación y al margen de poder estar o no de acuerdo con sus argumentos, lejos de “agredir” con sus palabras lo que hace es transmitir de forma mesurada sus pensamientos con los que se podrá o no convenir.
Y segundo ( y todavía más importante) porque sus inmediatos superiores no se dignan a comparecer por propia iniciativa a dar explicaciones cuando el Pontevedra no marcha sobre el césped y en aquellas pocas ocasiones en las que son preguntados sus respuestas no hacen sino provocar un levantamiento pronunciado de cejas en aquellos aficionados granates medianamente informados.

Decía pues (y repito) que leer en los periódicos o escuchar en alguna emisora a Luismi Areda volcar sus reflexiones sobre su equipo y analizar el futuro más inmediato resulta muy positivo y no rompe por completo ese hilo que durante la semana debe unir a la masa social con su equipo y que algunos otros en el club están empeñados en romper.

En los días posteriores al partido disputado frente al Celta B el ex jugador y ahora técnico granate razonaba que el punto logrado ante el filial olívico no era malo debido a que se trata de un equipo de arriba y todo lo que sea puntuar aunque sea “de a uno” contra esas escuadras debe verse como algo meritorio. Eso sí, a continuación seguía Luismi diciendo que ganando a los equipos de “nuestra Liga” y empatando contra los “grandes” haríamos una muy buena campaña.

Es evidente que esa circunstancia no se está dando. Y no se da pues ni Unionistas,  Navalcarnero, Valladolid B ni Internacional están o estaban llamados a ocupar los primeros puestos de la tabla y a ninguno de ellos se ha ganado. Por el contrario, al punto del Celta sí se une la victoria conseguida a ultimísima hora frente a la Cultural que cuenta con el mayor presupuesto del grupo.

Pero al margen de esta incuestionable realidad (no se ha ganado ni a uno de esos equipos presuntamente integrantes de “nuestra competición”) en lo que me gustaría hacer hincapié es en el hecho de que no se sabe muy bien cuál es la Liga en la que debe encuadrarse el Pontevedra.

No han sido nunca desde que han llegado (salvo la temporada en 3ª) demasiado claros los máximos responsables de la entidad a la hora de establecer los objetivos deportivos de nuestro equipo.
Generalmente se despachaba la cuestión con la máxima de “mejorar lo hecho la temporada anterior” y “Santas Pascuas, Aleluya.”

Esta situación se ha acentuado claramente en la presente temporada y ya ni esa manida frase hemos escuchado en boca ni de la Presidenta ni del Director Deportivo.

Solo de los labios del técnico (que cumple con su obligación de atender a los medios y transmitir sus inquietudes, ideas e ilusiones, consciente de que los receptores de sus declaraciones son los aficionados del club al que entrena)  podemos extraer alguna conclusión acerca de las aspiraciones este año del Pontevedra CF.

De esas apelaciones a “nuestra Liga” realizadas por Luismi como si fuera otra diferente a la que se mueven Cultural o Celta B parece deducirse que las latitudes en las que el equipo prevé moverse en esta temporada no son precisamente las situadas más al norte de la clasificación y que mejor nos iría si nos mentalizáramos de ello y descartásemos la posibilidad de emular la campaña 16/17.

Siempre he dicho que los objetivos los deben marcar los gestores del club pues son ellos los que conocen el panorama económico de la institución y los que en teoría deben modular las aspiraciones del equipo teniendo en cuenta siempre  que esto es un deporte y no una ciencia exacta como las matemáticas.
Si el Consejo de Administración marcase en los prolegómenos de la competición por donde entiende que el equipo debe moverse, los abonados y restantes seguidores sabríamos a qué atenernos y cuáles serían las exigencias legítimas para con la plantilla y cuerpo técnico.
No se trata de salir sin ambición y con renuncias desde el principio pero de esta forma todo el mundo sabría mejor a qué atenerse.

Por ejemplo, el Atlético de Madrid sale con el objetivo principal de conseguir la tercera plaza. Eso no significa que los rojiblancos no aspiren a “mojarle la oreja” al Real Madrid y al Barcelona si les sale un temporadón y estos flojean un poco. Y tampoco obsta a que si la temporada sale algo “rana” no se pueda considerar soportable hacerse con la cuarta plaza que también proporciona acceso directo a la Champions, por debajo de eso se podría hablar de fracaso deportivo.
Otro ejemplo, para el Huesca quedar decimoséptimo es todo un éxito pues la salvación es el único objetivo para el equipo aunque si se alinean todos los astros del universo y pudieran echar mano de la séptima plaza no la iban a tirar por la borda.

En el Pontevedra hacer reflexiones como las anteriores resulta imposible desde hace tiempo.

No sabemos cuáles son nuestras aspiraciones reales. No sabemos con qué clasificación el Consejo estaría satisfecho con la campaña. No sabemos con qué intención deportiva se ha configurado la plantilla.
Lo que sí sabemos, por ejemplo, es que Berrocal no vino la Liga pasada con un contrato de dos temporadas a cambio de un bocadillo de mortadela y también conocemos que este mismo verano un jugador con el currículum de Arruabarrena no se ha instalado en Pontevedra por un queso de tetilla y una mermelada casera.

Por eso que el entrenador comparezca ante los medios y reflexione sobre el equipo es muy de agradecer porque además de mantener ese hilo al que antes aludía nos permite leer entre líneas y hacernos una idea sobre lo que nos puede deparar el futuro.

La imagen ofrecida en casa ante Valladolid y Celta no ha sido buena sino todo lo contrario y quizá algunos piensen de forma legítima que obedece a una cuestión de falta de acoplamiento y que con el paso del tiempo aparecerá el equipo colectivamente y algunos de los nuevos jugadores comiencen a brillar más en el aspecto individual.
Ahora bien, es posible que muchos otros también de forma legítima puedan empezar a pensar que esa imagen responde a las posibilidades reales de la plantilla con la que se cuenta y que el margen de mejora es pequeño.

Como los máximos responsables de los fichajes no hablan tendremos que seguir conformándonos con extraer nuestras conclusiones de las palabras del técnico y de las actuaciones sobre el césped de unos jugadores cuyas posibilidades reales siguen siendo una incógnita.   

lunes, 1 de octubre de 2018

Sin fútbol, sin gol y con mucha impotencia

La temporada pasada pudimos escuchar hasta la saciedad frases del estilo: "esto acaba de empezar.."; "todavía estamos en la jornada cinco"; "queda casi toda la Liga"; "sólo llevamos diez partidos...".
Desde dentro de la entidad y también desde muchos medios de comunicación locales se pedía paciencia a los aficionados y se "vendía" que teníamos mejor plantilla que el año anterior en el que se había disputado el play off de ascenso. 
La mayor parte de la gente, por contra, veía a un Pontevedra CF sobre el césped con pocos recursos (o casi ninguno) para elaborar un mínimo de fútbol y para más "inri" con una desesperante falta de gol.

Pasó sin pena ni gloria esa Liga pasada en la que nos salvamos por los pelos y llegó esta de la que ya se llevan disputadas seis jornadas y pocas o muy pocas cosas han cambiado en el equipo granate.

Muchísimos problemas para elaborar el juego en el medio campo y una alarmante por segunda campaña consecutiva sequedad de gol caracterizan el juego de un equipo que ayer volvió a dejarse dos puntos en casa ante el Celta B más mediocre de los últimos años en 2ªB.

Como ya viene siendo habitual esta temporada, el Pontevedra volvió a experimentar cambios en su equipo inicial y esta vez la "rifa" del banquillo le tocó a un Romay que hasta el partido de ayer parecía un fijo entre los titulares de Luismi.
Con Alex Fernández y Kevin en mediocampo, Javi López se "acostaba a la derecha", Alex González a la izquierda y Pedro Vázquez trataba de evolucionar por detrás de Arruabarrena.

Y el partido comenzó con un ritmo lentísimo por parte de los dos equipos y sin asomo de lo que debería ser un choque de competición liguera jugado entre dos conjuntos de dos localidades cercanas.
El Celta (que no jugaba con sus delanteros titulares) trataba de presionar arriba para impedir que el Pontevedra CF jugara desde atrás, o mejor dicho, para tratar de robar muy cera del área contraria cada vez que los granates intentaban sin éxito jugar la pelota y el Pontevedra se mostraba una vez más incapaz de hilvanar dos o tres pases seguidos para poner en problemas a su rival.

Empezó a cambiar algo el choque aproximadamente a la media hora. En parte por las actuaciones individuales de los dos jugadores que se movían por la izquierda (Castro y Alex G.) y en parte por el inicio del espectáculo de un jugador, Iban Salvador, que destacó ayer por sus artes provocativas y bufonescas y no por lo que en teoría debería primar en sus actuaciones, sus dotes futbolísticas.

Consiguió el tal Salvador acalorar a los de nuevo demasiado pocos seguidores granates que empezaron a meterse más en el partido y el equipo pareció despertar de ese letargo que ya se va convirtiendo en tradicional en casa para tomar el mando del encuentro, dar un pase adelante y tratar de superar a los celestes.
Sin crear claras ocasiones de gol, Alex González empezó su recital por la izquierda desbordando una vez sí y otra también a su par y David Castro ayudaba por esa zona tirando de corazón y orgullo e incluso colaborando con un lanzamiento desde muy lejos que se fue muy cerca del larguero vigués.

Al descanso y aunque no se hubiera hecho nada del otro mundo, la sensación era que en los últimos quince o veinte minutos el Pontevedra había estado mucho más cómodo que un Celta que sólo dio señales de vida con algún lanzamiento lejano.

Y nada más empezar la segunda parte se produce el empujón de Pastrana a Alex González y la consiguiente "melée" de jugadores de ambos equipos que acabó con la expulsión del jugador del Celta y con una tarjeta amarilla a David Castro de difícil justificación por parte del colegiado del choque.
Quedaba toda la segunda parte por delante y al Pontevedra se le abría un poco más el camino con esa superioridad numérica.

Sin embargo, en esos minutos en los que se jugó con uno más ( aproximadamente 22 minutos) se pusieron de manifiesto dos cosas. La primera es que el Pontevedra (que empujó en ese tramo más con el corazón que con la cabeza) vuelve a estar muy huérfano de centrocampistas que ordenen el juego combinativo con categoría y precisión además de padecer los mismos problemas del año pasado de cara al gol que por lo menos a día de hoy parece no ser capaz de arreglar Mikel Arruabarrena.

La segunda cuestión a la que hacía referencia (al igual que ya pasó el Domingo pasado en Boadilla) es la exasperante parálisis del banquillo granate a la hora de mover piezas con cambios que pudieran adaptar el equipo a la nueva situación del encuentro en la que nos movíamos con un jugador más.

El cuerpo técnico pontevedrés decidió no cambiar nada a lo largo de esos minutos en los que Arruabarrena siguió tan solo como desacertado en punta de ataque y precísamente iba a llegar la primera sustitución (en mi opinión, tarde) cuando surgió esa extraña jugada en la que una hasta ese momento notable David Castro cayó en la enésima provocación del tal Salvador para recibir la segunda amarilla y poner la paridad en cuanto efectivos sobre el terreno de juego.

Durante esos minutos jugados 11 contra 10 (y realmente hasta el final), destacó sobremanera un Alex González que fue un auténtico puñal por banda izquierda creando peligro cada vez que encaraba la defensa viguesa y colocando más de un centro que debería haber sido aprovechado si en el área hubiera habido delanteros con un mínimo instinto de colocación de cara al gol.

A pesar de la expulsión de David, Luismi no paró la sustitución y colocó a Mouriño en lugar de un Javi López otra vez decepcionante.

Tuvieron que pasar 80 minutos de partido para que desde el banquillo se decidiera ofrecerle un poco de compañía a Arruabarrena con la entrada de Pazos por el más decepcionante todavía Pedro Vázquez.
Y lo cierto es que Javi Pazos se movió con inteligencia y acierto en esos pocos minutos que disputó "tirando" desmarques veloces y efectivos que lograron dotar de un poco más de dinamismo al ataque granate. De uno de esos desmarques surgió un centro del propio Pazos que  Arruabarrena muy cerca de la portería pero de espaldas fue incapaz de rentabilizar y dio la impresión de que durante ese tramo en el que se jugó con uno más faltó más decisión para ir a por un rival muy cerrado atrás y que firmaba el empate a cero goles a sangre y fuego( actitud, por cierto, que no cambió el Celta B tras la expulsión de D.Castro).

Se acababa así el partido sin que se moviera el marcador y con esa sensación ya conocida en los últimos tiempos de que al equipo le siguen faltando ingredientes básicos para inclinar los partidos de su parte en los momentos clave. No tenemos recursos (o por lo menos hasta ahora no se han puesto de manifiesto) para elaborar con un mínimo de criterio el fútbol desde la zona ancha para que el balón llegue con más regularidad a las medias puntas y, sobre todo, volvemos a tener unos problemas acuciantes para marcar que hacen muy complicado la instalación del optimismo a la ribera del Lérez.

Escucharemos y leeremos esta semana "que solo van seis jornadas"; "que queda mucho"; que vamos a a ir para arriba".
Es la misma cantinela que la Liga pasada. 

Lo único cierto es que las señales que damos sobre el campo no son buenas y que los problemas que la comisión deportiva decía que habían terminado siguen todavía presidiendo el juego granate.

       

   

lunes, 17 de septiembre de 2018

No todos los Domingos hay milagros

Hace quince días el Pontevedra CF ganó un partido que mereció empatar en la última jugada del choque. 
Ayer el equipo volvió a disponer de otra jugada en el último instante que de haberse transformado en gol habría significado la consecución de otra victoria que solo se persiguió como Dios manda a partir del minuto ochenta de encuentro.
Los milagros escasean, son muy poco frecuentes y el balón enviado por Alex González tras un regate maravilloso fue rechazado por el portero visitante abortando por completo con esa parada la posibilidad de una nueva "aparición mariana".

Lo cierto es que el Pontevedra CF disputó ayer un partido horroroso y desalentador. No existió hasta que un mal colegiado (que hace meses pasó por alto aquel penalti bastante claro cometido sobre Iván frente al Adarve) decidió señalar una pena máxima más que rigurosa que Javi Pazos se encargó de convertir en el empate.
Después, algunos minutos más de desconcierto y a falta de ocho o diez para el final por fin algo de empuje, garra y ganas de vencer con un par de ocasiones más a añadir a esa final ya relatada de Alex.

¿Qué pasó antes de esos postreros minutos de encuentro?  Pues que el Pontevedra fue incapaz siquiera de hacer un rasguño a su ordenado pero bisoño y asequible rival.
De entrada, Luismi decidió salir con tres centrales y dos carrileros que se incorporaban al medio campo una vez teníamos la pelota.
Victor Vázquez (otra vez según mi opinión de lo mejor del equipo), Castro y Nacho López se ubicaban en esa defensa central y Alex González por la izquierda más Javi López por la derecha se encargaban de las bandas.
Por delante Kevin y Jesús de mediocentros más posicionales;  Romay y Pedro Vázquez ejerciendo algo así como de media puntas y Arruabarrena como hombre más adelantado.

Quien conoce más a su plantilla es el entrenador y nadie más que él tiene los datos a la hora de sopesar en que lugares del campo pueden rendir más sus jugadores.

Ahora bien, el "asunto" de Alex González como lateral de largo recorrido no ha salido la temporada pasada casi nunca bien y ayer volvió a resultar fallido el experimento pues de esta forma se pierde el indudable desborde que tiene el jugador cántabro en ataque al estar demasiado sacrificado en labores defensivas.
Aún así, el rubio extremo lo intentó alguna vez sin poco éxito a diferencia de su colega en la otra banda,Javi, que a mi juicio en ningún momento se sintió cómodo en esa ubicación de falso lateral derecho.
No parece Javi López un futbolista con velocidad y potencia para penetrar por banda derecha y sí da la sensación de que es un jugador con buen pié y último pase que puede lograr mayor eficacia moviéndose mucho más cerca del área contraria.
Sorprende todavía más la elección de Javi López como carrilero derecho si tenemos en cuenta que su "tocayo de apellido", Nacho, sí es un hombre con fuerza y capacidad de penetración por banda y Campillo un jugador apropiado para jugar en esa línea de tres centrales en lugar de Nacho.

Sea como fuere, lo cierto es que el Pontevedra careció por completo de profundidad por la banda derecha y tuvo muy poca por la izquierda produciéndose un atasco por el centro que en ningún momento pudimos solucionar.

El juego era lento, desesperante y lleno de imprecisión y los dos hombres que quizá estaban señalados para canalizarlo (Romay y Pedro Vázquez) no encontraban su sitio en ningún momento.

Fue, insisto, una primera parte malísima, sin ritmo y que por lo menos al que esto escribe le causó una gran desilusión. 
Para más inri, un Valladolid B mediocre que no había aparecido tampoco por los dominios de Edu Sousa encontró de casualidad  y rebote un gol afortunado que empeoraba todavía más las cosas para el Pontevedra .

Que el equipo no había funcionado en la primer parte era algo evidente. Que había que cambiar cosas resultaba palmario.
Sin embargo, la sorpresa volvió a ser morrocotuda cuando tras el descanso se decide no ya hacer cambios sino tampoco mudar la disposición táctica de los jugadores.

Y la consecuencia, por desgracia, no fue otra que unos primeros veinte o veinticinco minutos de la segunda mitad todavía peores que la primera parte. 
La imagen que se siguió dando fue lamentable y si no se perdió el partido definitivamente fue por la intervención prodigiosa de un Edu que sacó un brazo abajo inverosímil para rechazar a la esquina un remate pucelano con clarísimo marchamo de gol.  

Se fueron haciendo relevos. Mouriño salió por Jesús y a falta de unos veinte minutos Pazos lo hizo por Pedro Vázquez. Llegó el penalti y a partir de ahí cambió la decoración del choque.

Antes de ese penalti lo único que habíamos hecho en ataque fue un remate con el pecho de Arruabarrena que salió por encima del larguero.

Sin embargo, tras empatar y pasar otros cinco minutos de atolondramiento, Mouriño empezó a hacerse más con la pelota, Alex González y Javi López se olvidaron por fin de obligaciones defensivas y Pazos (por cierto, no sé si denominar osadía o gran personalidad su determinación a la hora de hacerse con el cuero con la clara intención de que nadie le impidiera lanzar el penalti) siguió ayudando a un Arruabarrena hasta ese momento exasperantemente solo en la punta de ataque.

También salió al campo el otro Alex por un Romay intrascendente y el cocktail aunque muy tarde empezó a surtir sus efectos en forma de más velocidad en el trato de la pelota, más amplitud del campo y un achicamiento progresivo del Valladolid.

Pudo marcar Mouriño desde fuera del área, pudo hacerlo otra vez Pazos tras un gran centro por la derecha que sacó en el último instante de cabeza un defensa y sobre la hora llegó esa jugada de Alex González que a punto estuvo otra vez de llevar a los otra vez demasiado pocos que asistimos al partido a un nuevo éxtasis teresiano.

Llegó el final del encuentro con ese arreón postrero y la sensación que a este atribulado bloguero le circulaba por el cuerpo es que habíamos dejado pasar una gran oportunidad de ganar en casa a un conjunto vallisoletano muy avezado en pérdidas de tiempo, alaridos estridentes y "cariños" de fisioterapeutas pero que en cuestiones estrictamente futbolísticas se había limitado a aprovechar la incapacidad granate para encontrar los caminos hacia el área castellana y que cuando de verdad fue apretado acabó pidiendo la hora cual boxeador en apuros que añora el sonido de la campana de término de asaltos.

A pesar de esos minutos finales (a todas luces insuficientes), la sensación que ayer dejó el Pontevedra resultó muy preocupante. 
Pasarse casi setenta y cinco minutos de juego en casa sin tirar a portería, sin generar peligro y sin transmitir nada de nada sobre la hierba resultó frustrante y doloroso pues enfrente no teníamos esta vez al presupuesto más alto del grupo.

El equipo estuvo mal colectiva e individualmente y jugadores que han venido (o desde el club dicen que han venido) a aportar la calidad de la que carecimos la temporada pasada no aparecieron ayer por ninguna parte.

Son solo cuatro partidos y mucho margen para evolucionar y mejorar pero las señales transmitidas frente al Valladolid B no fueron precisamente como para tirar cohetes.

Siguiente paso el Internacional, no el de Milán sino el de Moraleja de Enmedio, veremos cual es la versión del Pontevedra que aparece en tal paraje de la capital de España.    

    

         

lunes, 3 de septiembre de 2018

Giro de guión

La última vez que había estado en Pasarón fue la dramática tarde del partido que nos enfrentaba al Unión Adarve. Ganar otorgaba la salvación, no hacerlo significaba prolongar la tortura hasta la última jornada y en unas condiciones a priori menos ventajosas que en aquella penúltima fecha.
Había bastante gente aquel día en el estadio y la importancia del partido además de las circunstancias en las que se iba desarrollando dotaron al ambiente de un dramatismo y una atmósfera realmente especial. No se pitó aquel penalti postrero, se acabó por empatar el choque y todo se mantuvo en suspense hasta que siete días después la victoria en Majadahonda nos hacía exhalar a todos un suspiro de alivio de gigantescas dimensiones.

El tiempo pasa muy deprisa (cada vez más, por cierto) y casi cuatro meses después la competición oficial engalanaba de nuevo el campo municipal de Pasarón.

Desafortunadamente, el colorido de las gradas no era el mismo que en el último encuentro en casa de la Liga anterior.
Había poca gente en el Estadio y la animación hasta aproximadamente el minuto 80 fue más bien escasa por parte de los que allí nos congregamos para ver al Pontevedra CF.

Enfrente un rival de enjundia con gran presupuesto y del que nos había dicho que pasaría por la Liga cual ave fénix y por Pasarón arrancando la hierba a mordiscos llevándose si hacía falta las piernas de los propios jugadores granates.   
Negar que la Cultural es un gran equipo sería de necios; que tiene un presupuesto astronómico para la categoría de tontos y que debe jugar el play off salvo catástrofe resulta evidente.
Ahora bien, no puede negarse tampoco que jugadores como Alex Gallar, Toni Villa, Benja e incluso Colinas hacían de la Cultural un conjunto maravilloso la temporada que ascendió con un juego preciosista a la par que efectivo y que si bien este año cuenta igualmente con piezas de indiscutible calidad, a día de hoy, estos hombres deben todavía demostrar que pueden conjuntarse y arrasar como lo hicieron  los componentes del equipo leonés hace dos Ligas.

Con todo, el que esto escribe se preparó para lo peor y prometió tener paciencia el primer día que veía a su equipo por la altura de temporada en la que estamos y la categoría del rival de turno.
No puedo negar que la derrota de la primera jornada (no por ella en sí misma sino por la justicia del resultado) tampoco ayudaba a coger moral de cara a los noventa minutos que se avecinaban.

Más la cosa no empezó nada mal y a pesar de que se veía que la Cultural no sólo quería la pelota sino que la movía con acierto y que la papeleta iba a ser complicada, el equipo salió con personalidad y orden e incluso fue capaz de hacerse con el balón en determinados momentos y crear peligro en área visitante aprovechando también (porque no decirlo) la tarde "extraña" que parecía atravesar su portero.
En defensa sufríamos sobre todo por banda derecha en balones enviados a la espalda de un Nacho López despistado en la primera parte pero realmente notable en la segunda. No mostramos tampoco la debida seguridad en el balón aéreo defensivo y a pesar de no llevar demasiado peligro no se puede negar que los rivales nos remataban casi todos los centros botados sobre nuestra área.

A todo esto llegó la lesión de Adrián León y poco después el primer gol del partido logrado por Javi López en otra indecisión del guardameta Palatsí.
Parecía que el Pontevedra podría asentar todavía más su juego con ese tanto pero pasó todo lo contrario.
El equipo en vez de tranquilidad ganó en ansiedad y precipitación y en esos minutos que faltaban para el descanso que al final fueron muchos por el largo descuento, la sensación que desprendió el Pontevedra fue de nervios y precipitación cuando lo más lógico es que el gol nos hubiera dotado de más tranquilidad y pausa.

La segunda parte comenzó con una Cultural decidida a ir por el partido. Los blancos se adueñaron por completo de la pelota y el Pontevedra CF aceptó tal circunstancia con docilidad retrocediendo un montón de metros y dedicándose exclusivamente a defender.
Alguien puede pensar (y puede que no le falte razón) que fue el empuje culturalista el que embotelló al Pontevedra en su retaguardia y que en ningún caso el equipo renunció a salir. Simplemente, es que no podía. El aparente cansancio de muchos de nuestros jugadores en esa fase de encuentro podría contribuir a esa impresión 

Otros, en cambio, visto lo que sucedió en el último cuarto de hora de encuentro se inclinarán por pensar que los granates abandonaron por completo la intención de hacer daño en campo contrario mediante el contragolpe y se refugiaron exageradamente en su parcela facilitando con ello la labor de una Cultural que no sufría en defensa ni tenía que correr para atrás.

¿Cual es mi opinión? Sinceramente hasta el gol del empate, la primera alternativa.
La Cultural levaba casi media hora percutiendo y si bien es cierto que no lograba tirar entre los tres palos sí lograba llegar en innumerables ocasiones a nuestro área y la sensación del peligro era constante.
De hecho, el comentario casi unánime en la zona del campo en el que me encontraba cuando Aridane hizo el empate es que el partido se marchaba y debo confesar que no puede en ese instante oponer argumentos en contra.
Al cambio obligatorio de la primera parte por la lesión de Adrían se había sumado el de Jesús Barbeito por Mouriño y un tercero también obligado por la lesión de Lorenzo que provocó la salida en el lateral zurdo del otro gemelo, Juan.
No había, por tanto, posibilidad de reacción con un cambio y además jugadores como Alex González, Romay o Javi López parecían realmente exhaustos.

¿Qué pasó sin embargo a partir del empate? 

Pues algo que no estaba en el guión de esa segunda parte.
La verdad es que yo no aprecié que la Cultural se conformase con el punto y cejase en su intento de ir a por la victoria (quizá algo de eso pudo haber pero realmente yo no lo noté). Lo que si vi es a un Pontevedra que volvió a tratar de hacerse con la pelota como en la primera media hora de juego y revelarse contra el total dominio al que estaba siendo sometido por la Cultural Leonesa tras el descanso.
Así, Alex pareció renacer de sus cenizas, los Barbeito le metieron al partido lo que ya metían el pasado año fuerza, saber estar y contundencia (y la verdad es que no me dejo de sorprender por la personalidad de estos "tíos"), Nacho López (como ya se ha dicho, mucho mejor en la segunda parte) protagonizó varias acometidas por banda derecha, Romay volvió a tocar la pelota con acierto y Victor Vázquez siguió empujando desde atrás para completar un gran partido. 
No quiero decir con esto que el Pontevedra fuera superior al rival en ese último cuarto de hora pero sí que el resultado volvió a ser objeto de discusión y que los nuestros volvieron a acercarse con cierto peligro al área visitante.     
Se produjeron todavía llegadas peligrosas de la Cultural pero el Pontevedra respondía con algún disparo lejano de Jesús Barbeito.
Y en ese "tira y afloja" que dejó a más de uno con la duda de si el Pontevedra había sido empujado descaradamente hacia atrás por su rival o bien él mismo fue el que se refugió en exceso en su área olvidando la posibilidad del contraataque, llegó la jugada final.
 
Antes no lo he citado y ha sido a propósito. Me refiero a Kevin Presa. Es el pulmón del equipo, eso está claro. Hay veces que está más acertado con la pelota y completa partidos de altura y otros (como quizá el de ayer) en los que no cuenta con ese acierto y ensombrece un tanto el tremendo trabajo que hace para el conjunto.
Pero el hecho de que es el motor que alimenta con su energía al resto de sus compañeros creo que resulta indiscutible.
Ayer ese motor robó un balón en mediocampo progresó a base de fuerza para rebasar a dos rivales, se fue de otro en velocidad y cerca del área rival encontró ese acierto para enviar un centro precioso al segundo palo para que Alex González rematara el balón a la red ante una defensa blanca demasiado desguarnecida ( el propio Arruabarrena se encontraba cerca de Alex igualmente libre de marca).

Fue un gol bonito y preñado de emoción por el minuto en el que se produjo y por significar un triunfo que parecía una utopía tan solo un cuarto de hora antes.  

La derrota de la primera jornada en Salamanca pareció despertar fantasmas de la pasada Liga y el mal juego mostrado ante Unionistas hizo que que la parroquia granate se preocupase con razón pero con la mesura lógica que debe reinar al estar en la primera jornada.

Por la misma razón, esa euforia vivida por ganarle a un "coco" y además en la última jugada tampoco puede llevarnos a eñgaño por el otro lado, el del excesivo optimismo.
La victoria es importante, vaya si lo es, pues comenzar bien en casa es positivo para que los jugadores cojan confianza y se sientan fuertes en Pasarón.

Ahora bien estamos en la segunda jornada y cualquier conclusión a estas alturas tanto positiva como negativa resultaría precipitada. 
El equipo debe adquirir ese equilibrio necesario para puntuar con regularidad en casa pero también fuera y tratar de posicionarse el lugares en los que no se renuncia a nada pero tampoco se mira a abajo con preocupación.

En cuanto a los nuevos, algunos como Victor Vázquez dejaron muy buena impresión otros pasaron más desapercibidos pero será igualmente el paso de las jornadas quien nos irá diciendo si esta temporada se ha acertado más que la anterior en las incorporaciones.

La próxima estación será Navalcarnero que tan bien se nos dio la campaña pasada.

Ojalá se repita.