martes, 2 de mayo de 2023

Entre tanta tristeza, sonó la flauta.

Leía hace unos días en la red social twiter un dato escalofriante a la par que esclarecedor que ofrecía la cuenta Datos PCF, especializada en ofrecer estadísticas acerca del Pontevedra CF, sus resultados, goleadores, etc.

Informaba dicha cuenta en los días posteriores a la derrota en San Fernando, que había que remontarse a 2003 para encontrar la última vez que el Pontevedra había recibido 9 goles en dos partidos consecutivos.

Esos partidos de 2003 fueron los dos últimos del play off de ascenso a segunda división de aquella campaña 2002/2003 en la que los dos equipos en liza, Pontevedra y Baracaldo nada se jugaban ya, al haber perdido todas las opciones de subir en los primeros cuatro encuentros de la promoción.

El equipo venció 3-4 en Euskadi y luego, en un partido más cercano a una pachanga veraniega que otra cosa, perdió nada menos que 5-6 ante el conjunto vasco en el Estadio Municipal de Pasarón al más puro estilo J. Aurelio Gay, sobre todo, en aquellas fechas en las que nada había en juego.

Encajar 9 goles en dos encuentros seguidos nunca es bueno y tampoco serio pero si te juegas poco o nada existe la circunstancia atenuante de la intrascendencia clasificatoria, atenuante que se convierte en agravante si esos 9 tantos los recibes jugándote literalmente la vida en la tabla.

Así, afrontaba el Pontevedra CF el partido del pasado Domingo ante el Sanse. Después de sufrir una humillación en toda regla en su propia casa ante el Mérida y volver a ser un desastre como equipo en defensa en la villa gaditana de S. Fernando.

La incógnita (por lo menos para el que esto escribe) era comprobar cómo iba a afrontar el Pontevedra este nuevo partido en casa con la clasificación tan cuesta arriba que cualquier tropiezo ante los madrileños, siquiera en forma de empate, podría convertir el descenso en virtual.

La primera circunstancia que llamó la atención tanto de este atribulado bloguero como la de ese par de amigos que todavía comparten conmigo el vicio de acudir regularmente a Pasarón, fue el evidente aislamiento de Yelko no ya de los titulares que se afanaban en el calentamiento previo al choque sino del resto de suplentes que hacían rondos o charlaban entre sí con aparente normalidad.

Por contra, el jugador vigués (único convocado que portaba impermeable por encima de la sudadera) caminaba solitario contemplando las gradas sin compartir palabra alguna con otro ser viviente.

"Me parece que hoy tampoco lo veremos jugar", concluimos en ese instante e incluso ratificamos ese pensamiento tras volver a verle en el descanso ajeno por completo a los ejercicios con balón del resto de los suplentes.

 Como es sabido, nos equivocamos pero presenciar eso, sobre todo antes del partido, no hizo sino volver a recordarnos lo opaco que resulta este club y lo extremadamente extraña y "random" que está resultando esta temporada.

El caso es que con el comienzo del partido lo que más me llamó la atención y volvió a colmarme (lo reconozco) de bastante indignación y hartazgo, fue la sensación de apatía, de lentitud exasperante y nulo ritmo de juego que empezó a ofrecer el equipo.

Por encima de que Señor volvió a optar por los tres centrales (con Araujo de central izquierdo); por encima de que las bandas aparecían abiertas para Bastos (que volvió) y Alex; por encima de que Brais volviera a jugar por dentro junto a Borja y Román por detrás e incluso por encima de jugar con dos puntas, con Casais acompañanado a Charles.

Por encima, insisto, de todos esos detalles tácticos lo que aparecía sobre el césped era un equipo que aparentaba por completo carecer de espíritu o de garra, que jugaba andando y del que se desprendía una sensación de tristeza y resignación con la situación que vive absolutamente desesperante.

Y a consecuencia de lo anterior pasó lo único que podía pasar, que el rival se fue imponiendo, fue ganando la gran mayoría de duelos existentes en el partido y empezó a acumular llegadas hasta que logró adelantarse en el marcador.

Pudo hacerlo pronto pero lo evitó Cacharrón en un uno contra uno contra el punta madrileño. Pudo hacerlo después en otro desajuste defensivo en el que no supieron aprovechar la clara ventaja que habían sacado dando tiempo a la defensa a achicar agua. Y acabaron haciéndolo en un saque de banda, que pareció un córner,  y que provocó un mal despeje de Alex González que como es habitual estaba siendo la única excepción al juego plano de sus compañeros. 

El balón acabó por llegar a un jugador visitante que con tres granates encima (incluido un Román que lleva algunos partidos que no parece él mismo) se las arregló para hacerse hueco y fusilar a Cacharrón.

Todo esto pasaba mientras los espectadores que allí estábamos presenciábamos el partido entre un silencio atronador y diversos cánticos contra el Consejo que llegaban del fondo Norte.

Un ambiente de descenso de manual que hacía juego con la imagen penosa y desprovista por completo de rebeldía que el equipo estaba dando en la hierba.

Para completar el desastre, Brais debía abandonar el campo tras un golpe en la cabeza con un rival y Rubio ocupaba su puesto.

Todo iba cuesta arriba hasta que sobre el minuto 45 una arrancada del de siempre acaba con un balón que pierde por querer encarar a un rival en el uno contra uno (algo que no abunda demasiado ahora mismo en nuestra plantilla), el balón tras rechace y pase de un compañero le vuelve a llegar a Alex que conecta un disparo rápido con su zurda que sorprende a un guardameta que pudo hacer algo más en ese lance.      

El caso es que el empate llegaba al marcador casi de manera inexplicable y esa vela (las de dar luz, no las de los barcos que ya están rasgadas hace muchos meses) volvía a coger un poquito de llama cuando estaba a punto de apagarse del todo.

Nada más comenzar el segundo tiempo (y como es ya tradición de la casa) el rival casi hizo el segundo en un balón que debió despejarse antes pero que acabó con un disparo en buena posición de un jugador madrileño que se marchó fuera.

Pero lo cierto es que después de esa jugada el equipo mejoró e hixo sus mejores diez o doce minutos de la tarde. 

Se ganó algo (un poquito, no exageremos) de dinamismo, Borja se acordó que cuenta con calidad para mover la pelota y sobre todo Alex apareció por esa banda izquierda, asociándose bien con Casais que caía por esa zona, y crear peligro aunque sin premio en el marcador.

Cuando mejor estaba el equipo y por fin se daba la sensación de poder marcar de nuevo, llegó un doble cambio que no mejoró al Pontevedra pero que por esas cosas que tiene el fútbol acabó por resultar decisivo.

Rufo sustituía a un gris y bastante desaparecido Charles y Yelko relevaba a un Casais que en ese momento del partido estaba siendo importante y cuyo cambio (por lo menos a mí) extrañó un poco.

Con esos cambios el Pontevedra no fue a más y las llegadas sobre el área rival fueron espaciándose de nuevo.

No obstante, al rival empezó a notársele algo cansado y sobre todo con las dudas que provoca su situación clasificatoria. Con el paso de los minutos se fueron arrinconando más en su parcela y el Pontevedra, aunque sin peligro, rondaba el área contraria en busca de un golpe de suerte.

Y esa fortuna llegó en forma de claro penalti de un defensor sobre Yelko cuando este trataba de controlar un balón dentro de la zona de castigo. El jugador del Sanse lanzó su pierna y en vez de pelota encontró al cuerpo del menudo jugador granate que en el día de su reaparición protagonizaba esta jugada tan importante.

No estaba Charles y el turno debía ser obligatoriamente para Rufo  y lo fue.

El "pelado" cogió la pelota, aguantó las triquiñuelas de los contrarios para retrasar el lanzamiento y transformó la pena máxima con aparente tranquilidad engañando por completo al meta rival.

Quedaba un cuarto de hora y había que aguantar como fuera.

El público que había recibido por lo menos algo de su equipo en el segundo tiempo. Que había visto que por lo menos se quería morir en área contraria y no disolverse sobre el césped como un azucarillo, ayudó también lo suyo para presionar y alentar a sus jugadores y ese tramo final terminó sin que el Sanse fuera capaz de generar ocasiones claras.

Fueron minutos en los que Rufo (quizá venido arriba por el gol) supo aguantar y forzar alguna falta en campo contrario que daban vida; en los que Alex siguió corriendo, luchando e incluso sacando balones en defensa; en los que los defensas no se quebraron y se mostraron firmes con la ayuda en los últimos instantes de un Derik que por fin se hizo fuerte por arriba; minutos, en definitiva, en los que pareció otra vez que el equipo creía, siquiera un poquito, en que el milagro todavía es posible.

Por cierto, mira si fue un error descomunal de Señor dar entrada a Gueye con 1-5 el día del Mérida provocando con ello al personal que ayer, con un partido en los últimos minutos más acorde a las características del africano, no lo metió en el campo.

El error no lo cometió el Domingo Señor, el error lo cometió hace 15 días. 

Muy elocuentes fueron, por otra parte, los gestos y actitudes de los futbolistas una vez el árbitro señaló el final del partido.

Se les notaba más hundidos y desesperados por la derrota a los visitantes que contentos y confiados a los nuestros por la victoria, todo ello insisto, externamente.

El caso es que sonó la flauta.

Esa flauta que suena muy pocas veces cuando un equipo no hace demasiados méritos para ganar pero acaba haciéndolo. 

Si el equipo sale al campo como lo hizo frente al Sanse será muy complicado, complicadísimo, que esa flauta vuelva a sonar en Talavera el próximo Domingo.

Da igual que los talaveranos estén virtualmente ya en 2RFEF. Da igual que acaben de recibir la friolera de 7 goles en casa en su último partido. 

Da igual todo eso.

Si el Pontevedra vuelve a salir a un campo a deambular, a andar, esa flauta muy posiblemente permanecerá muda.

Lo hicimos (caminar por el campo) frente al Mérida y nos "cayó la del pulpo".

Lo hicimos anteayer a lo largo de la primera parte pero el flautista de Hamelín hizo sonar su instrumento.

Vuelvo a las interesantísimas estadísticas de Datos PCF.

Hemos perdido las ocho salidas en 2023. Y así no podemos seguir. Es imposible hacer nada sin revertir este dato en Talavera y Badajoz

Repito. 

O salimos de otra manera en el Municipal de El Prado o no habrá absolutamente nada que hacer y el descenso será ya virtual. 



 

 

lunes, 17 de abril de 2023

Provocación injustificable

Cada abonado, cada simpatizante, cada seguidor del Pontevedra CF tendrá sus razones para identificarse en mayor o menor medida con este equipo.

Todas serán válidas, todas dignas de respeto y todas perfectamente legítimas.

Y precisamente por lo anterior, porque cualquier motivo que lleve a una persona a acercarse los Domingos al estadio o incluso simplemente a seguir el resultado del Pontevedra con interés desde su casa, desde una playa o desde cualquier otro sitio, es un motivo suficientemente importante para que esa persona concluya que su equipo es el Pontevedra CF, en esta columna de"En clave granate" este atribulado y a pesar de las horas transcurridas todavía indignado bloguero , necesita contar el porqué el partido del Sábado pasado supuso una de las mayores humillaciones que ha expermentado desde que se siente seguidor del Pontevedra CF.

Alguien podría pensar que esa humillación y ese cabreo gigante se debe al injustificable encuentro jugado por los granates que en otro día clave para su futuro fueron vapuleados y zarandeados cruelmente por un rival superior en todas las facetas que existen en este juego.

Es evidente que sí, que este 1-5 demoledor y justísimo pesa en el corazón como un lastre de mil kilos que te arrastra al fondo de un océano futbolístico y que a fuer de ser sinceros la entidad se ha merecido desde antes incluso de que terminase la campaña anterior.

Me resulta inexplicable la imagen que ofreció un equipo que en los tres partidos anteriores en casa había competido y ganado las tres veces estirando un poco este chicle (quizá ficticio) de la ilusión por salvarnos cuando parecía que el descenso sería un hecho a mediados de Marzo.

Todo eso duele, como no va a doler. 

Ver a nuestros jugadores completamente rebasados, corriendo sin orden y concierto, con unas líneas sin la más mínima cohesión y recibiendo goles cuales puñetazos inmisericordes que un peso pesado estuviera propinando a un peso mosca que no sabía ni por donde le venían los golpes.

Triste y cabreante, por supuesto que sí.

Ni siquiera con ese gol de Brais antes del descanso pudo el Pontevedra marcharse al vestuario con algo (siquiera un hálito) de vida y armarse entre cuatro paredes para, por lo menos, morir metiendo al rival en su campo y apretar aunque fuera con las balas de fogueo con las que por culpa de una dirigente que va camino de convertirse en una de las peores de la historia de la entidad, cuenta el equipo desde el mes de Agosto pasado.

Todo ello, la goleada terrible y la rendición sin condiciones casi desde el principio de un equipo cuyo timón al banquillo fue incapaz de cambiar absolutamente nada en busca de un giro en el partido, claro que ya de por sí fue humillante y muy duro por las evidentes consecuencias de la derrota.

Sin embargo (y en este instante vuelvo a a hablar de las razones que a un seguidor le llevan a identificarse con un equipo de fútbol y, en este caso, las mías), lo que no me esperaba en ningún caso, lo que no entraba dentro de mi imaginación por muy calenturienta que estuviera siendo viendo el desastre de partido que estábamos haciendo, es que se me provocara directamente a falta de poco más de un cuarto de hora para el final del choque.

Por que sí. 

El cambio, con el 1-5 ya campando en el marcador, de Libasse Gueye en el minuto 72 lo considero una auténtica provocación gratuita, barriobajera y que no se merece en ningún caso aquella parte (muy mayoritaria a la luz de la reacción de la gente) de la afición que no quería ver más a este futbolista vestido con la camiseta de su equipo.

No hay motivos que justifiquen la actitud de Señor al efectuar este cambio.

El partido estaba completamente decidido. No existía siquiera (al no ser rival directo el Mérida) el argumento de tratar de reducir distancias para igualar algún average desfavorable.

El equipo estaba desangrándose en el césped y la afición que mantenía la ilusión (en gran parte por las propias actuaciones del equipo en Pasaron) se desangraba con él sumida en la tristeza, en la desesperación y el enfado.

A que demonios vino, por tanto, esa sustitución indigna, infame y constitutiva de una provocación en toda regla de un entrenador que decidió meterle todavía más el dedo en el ojo a la gente ya suficientemente insultada en los últimos tiempos desde dentro de la entidad?.

Es que no lo puedo entender. Es que no me cabe en la cabeza.

Por un lado, pienso es que es posible que Señor no fuera consciente de la postura de buena parte de la afición con respecto al tema Gueye. 

No me parece excusa esto pues un técnico que se precie esto tiene que saberlo, tiene que palparlo y tiene que respetarlo. Si desde arriba dicen que este es un jugador más, se acata, se le acoge en los entrenamientos pero no se le saca a falta de un cuarto de hora de un partido importantísimo ya decidido para enardecer el ánimo de una afición que, insisto, no se merece tamaña aberración.

Por otro lado, prefiero ni pensar demasiado en la otra opción. Y esa alternativa es que Señor era perfectamente consciente de la situación y que por hacer un absurdo guiño a los de arriba (entiéndase, a la Presidenta y al Consejero que no vino a vender vallas sino a ponerlas en el camino) sacó al jugador sin importarle lo más mínimo faltar al respeto a la gente.

Muchas veces he dicho y escrito que el Pontevedra CF, que la afición del Pontevedra CF está sola y hechos como este me reafirman de una manera contundente en esta opinión.

Cómo es posible que se efectúe este relevo sobre el campo en las condiciones que se estaban viviendo en ese momento? ¿Cómo se puede dilapidar en un instante todo el crédito (que no era poco) que había acumulado Señor en los partidos por lo menos jugados en casa?

Por supuesto, en la rueda de prensa sin un ápice de disculpa o de reconocer que había cometido un gran error. 

No, no. Todo lo contrario. Justificaciones futbolísticas al cambio (en vez de ofrecer las que importaban que no eran otras que las razones por las que el Mérida pasó por aquí como un vendaval jugando con nosotros como si fuéramos un muñeco de trapo) y apelaciones a que quien pitaba era "esa parte de la afición".

Quien hablaba en rueda de prensa ? Hablaba Señor? Lo hacía el consejero experto en marketing y en dimisiones ficticias? ¿Lo hacía la Presidenta del Consejo?

Lamentable. Absolutamente lamentable.

Solos ante faltas de respeto o directamente provocaciones como esta, una vez más.

Solos cuando un medio como la rtvg se atreve a lanzar un tweet diciendo: "Sandoval súmase a festa marcando o quinto do Mérida".

Y yo me pregunto, queridos amigos da rtvg. Qué fiesta? Qué puñetera fiesta disfrutaba el equipo gallego que jugaba el partido que estabais comentando? 

Está muy bien que llevéis como comentarista a un "granate de toda la vida" como Roberto Lago (curiosamente con el Racing, Celta B o Deportivo no hacéis lo mismo).

Está muy bien que cada vez que íbamos a jugar (muy pronto lo haremos de nuevo, por cierto) con el Bergantiños, el Compostela o el Coruxo, nos quedábamos con la impresión de que Pontevedra era una provincia de Castilla la Mancha.

Ahora, por favor, cortaros un poco a la hora de publicar tweets tan vomitivos como el anterior.

¿Respuesta de la entidad ante cosas como esta? Ninguna, cero, boca cerrada.

Total, qué importa si ellos mismos provocan y menosprecian a su gente desde dentro?. Si lo hacen desde fuera solo queda, aún por encima, aplaudir con el silencio.

Solos, insisto, solos a pesar de que algunos versos sueltos tratan de combatir tanta iniquidad, tanto conformismo y tanta desverguenza vertida desde el Consejo, gastando su tiempo en espacios ofrecidos en internet en los que, desde un indiscutible amor al club, se dice lo que no se escucha en ningún otro sitio y que acabarán (yo creo que ya está pasando) en convertirse en referencia de la información y el debate granate a pesar de las limitaciones que se les ponen desde la propia entidad.

Soy consciente deque hay aficionados que defienden la idea de que no se debe pitar a Gueye y que no jugó mal los minutos de los que dispuso frente al Mérida.

Como ya he dicho al principio de este escrito, lo respeto. Su opinión es legítima. 

Ahora, para el que esto escribe que Gueye haya jugado mejor o peor esos minutos carece de cualquier trascendencia. Y opino también que cuando llegue el día en que la opinión mayoritaria sea que conductas como las de senegalés deben ser naturalizadas por la afición, ese día estaremos todavía más cerca de lo que ya estamos ahora de la defunción de una entidad que debería conservar intacta su dignidad independientemente de la categoría en la que milite.

Se puede perder, claro. Se puede ser goleado, claro. Se puede descender, claro.

Pero lo que no se puede es perder la dignidad y el orgullo como institución, como foco en el que deseen mirarse las nuevas generaciones a la hora de elegir el Pontevedra como forma de vida. 

Con la propiedad actual mirar al futuro con optimismo es una utopía.

El Pontevedra seguirá encarcelado en una sala oscura, desprovista de cualquier ventilación y de espaldas al exterior.

¿Será alguien capaz siquiera de intentar un rescate? 

  

       

martes, 11 de abril de 2023

Fuego amigo... otra vez.

 Tiene el Pontevedra CF de los últimos tiempos una cualidad que resulta verdaderamente asombrosa.

Cuando todo debería estar girando en torno a la explotación de las últimas opciones que restan para salvarse (que son pocas pero reales y dignas de ser jugadas), del seno de la propia entidad surgen debates, cuestiones o directamente problemas que desvían la atención de lo importante y crean incertidumbre y malestar de puertas para fuera y, me temo, de puertas para adentro.

Al margen del tema Gueye, (al que la "cúpula" de dos pilares permitió reintegrarse al grupo tras la apertura y cierre de un expediente sancionador tan rápido como desconocido en sus términos finales y que volvió a jugar unos minutos el pasado Domingo, culminando un borrón de tinta indeleble en la dignidad que debería acarrear vestir esta camiseta), aparece desde hace ya varias semanas el "tema Yelko", que huele tan mal ya a estas alturas que puebla casi todos los debates de la afición granate cuando de lo que de verdad se debería estar hablando es como "meterle mano" al Mérida el próximo Sábado.

Y como pasó con la polémica creada alrededor del regreso del jugador senegalés, este problema, o hablando en plan coloquial, este "marrón" ha vuelto a ser creado, diseñado y disparado desde el interior de la institución y no desde fuera.

Recapitulemos.

Yelko Pino arrastraba unas molestias musculares que provocaron su suplencia en aquel partido jugado en casa frente a la Cultural Leonesa.

A pesar de dichos problemas físicos, el vigués salió en la segunda parte y resultó decisivo en la jugada del único gol de partido al ofrecerle un pase de lujo a Casáis que no perdonó y marcó su primer tanto con la primera plantilla.

De dicho encuentro, reseñemos también dos circunstancias que resultan de interés para este nuevo expediente X del Pontevedra.

Por un lado, que el fino centrocampista granate acabó el partido renqueante y con claras muestras de dolor en una de sus piernas y, por otro, que en la celebración del gol recibió la clara reprimenda del capitán del equipo por dirigirse a los aficionados de la Cultural que se ubicaban en el sector del estadio en el que los jugadores del Pontevedra fueron a reunirse tras el tanto.

En la rueda de prensa posterior al choque el propio Toni Otero aclaró que Yelko no acababa de recuperarse y no había terminado bien el partido, algo que todos pudimos comprobar.

La siguiente parada para el Pontevedra era en A Malata y Toni decidió meter a Yelko en la convocatoria pero no ponerle de inicio en el campo.

Bien avanzado el segundo tiempo, con el encuentro ya sentenciado a favor de los "verdes", el entonces técnico granate decidió meter a Pino unos minutos forzando este una amarilla que a todos nos pareció intencionada y que constituía la quinta y un partido de sanción.

Tras el partido, Otero confirmaba que el objetivo de haber sacado al campo a Yelko era que forzase esa cartulina ya que debería descansar "dos semanas" para recuperarse del todo de sus problemas y así regresar limpio de tarjetas.

Una semana después Toni, gran valedor de Yelko en el club al que trajo a comienzos de la campaña pasada, fue cesado de su cargo y despedido del club tras perder con el Ceuta en casa.

Las semanas fueron pasando y con ellas la ausencia de Yelko se iba haciendo cada vez más llamativa y dura para el equipo pues la importancia de este futbolista en esta plantilla no hace falta recalcarla.

Hasta ahí, no obstante, todo parecía normal pues una lesión inicialmente corta puede extenderse por no recuperarse tan rápido como se esperaba u otras circunstancias.

Lo que hace que las alarmas se enciendan son las propias declaraciones de Juan Señor en diferentes ruedas de prensa.

La primera en la previa del partido ante el Córdoba (cuando ya eran 6 los partidos en los que Yelko estaba ausente).

Señor habló ese día (y, ojo ,sin que se le preguntara específicamente por el tema) de "aparentemente" (referido a las molestias del jugador) o "habrá que creer al jugador" ( con respecto al dolor que manifestaba).

Mosqueante, por lo menos. 

Ahora, lo que coloca el "asunto Yelko" fuera de lo mosqueante y directamente en lo preocupante e inverosímil, son las palabras otra vez de Señor después de la derrota en Alcorcón.

Y además, el entrenador vuelve a introducir " a saco" el tema sin que de nuevo se le pregunte por Yelko.

En concreto, la pregunta del periodista se refería a la ausencia sorprendente en la lista de Martín Diz y si tenía algún problema físico.

Señor fue contundente: "No. No está lesionado" y a continuación añadió: "Y Yelko tampoco".

Estos son los hechos y la realidad es que desde dentro del propio club se ha alimentado esta polémica con una intención que por ahora se desconoce pero que vuelve a constituir otro disparo en el pié en un momento de la Liga en el que no hay vuelta de hoja, en el que estás jugándotelo todo. En definitiva, en el que no parece ni mínimamente razonable que desde la propia entidad se lance este proyectil hacía sí mismo que más parece en esta ocasión de un bazooka considerable y no de una pistola de pequeño calibre. 

¿Por qué Señor desde hace semanas y sin venir a cuento señala a Yelko?

¿Está Yelko lesionado o no lo está?

¿Tiene que ver algo con todo esto la marcha del Pontevedra de Toni Otero?

¿Cuándo Señor "mete el dedo en el ojo" de Pino lo hace por propia iniciativa o alentado por alguien?

Y lo más importante.

¿Está la plantilla de acuerdo con estas alusiones a un compañero o le molestan estas veladas (bueno, ya no tan veladas) pullas a un integrante del equipo?

Son preguntas que sí se hace la afición en este momento crucial de la competición no se las hace por culpa del conocido entorno tantas veces citado como tóxico por la "cúpula" de dos pilares.

Si ahora mismo la gente se las hace o busca interpretaciones a este contencioso es porque desde dentro del club se ha querido que esas preguntas se formulen y la verdad es que este atribulado bloguero ya no sabe muy bien el porqué de esta actuación tan inoportuna como perjudicial para nuestro futuro a corto plazo.

Lo único claro, otra vez los hechos, es que Yelko Pino que venía siendo titular o uno de los primeros suplentes lleva 8 partidos sin actuar y no se vislumbra ni de lejos la posibilidad de que vuelva al césped y como ya he escrito en alguna otra ocasión esta es una baja de muy importante consideración.

En Alcorcón se volvió a perder como se lleva haciendo 7 veces seguidas fuera de casa.

Lo de siempre.

Momentos en los que incluso eres mejor que el rival (líder de la categoría) pero ausencia total de colmillo en los alrededores del área contraria y gol encajado de forma más que evitable por la pasividad excesiva mostrada a la hora de defender un saque de banda.

Por cierto (ojalá me equivoque), después de escuchar la rueda de prensa de Señor y la interpretación que hace de la jugada del gol, habrá que estar atentos a la presencia de Bastos el próximo Sábado.

Señor vino con palabras y cara de buen samaritano a meter buen rollo, motivación y fe en las posibilidades pero una vez machacado ese mensaje parece que ya ha pasado a la página de no pasar ni la mínima y mandar al banco a aquellos que a su juicio comenten errores graves.

Esto último no me parece mal del todo. Cada uno aplica la disciplina como mejor le venga en gana pero ojo, la justicia en este caso estriba en ser fuerte con los más débiles (en este caso los miembros de la plantilla que tienes a tu cargo) pero ser igualmente fuerte y no una "hermanita de la caridad" con los que están por encima de ti en el escalafón.

De nada vale repartir "recados" tras los partidos a L.Martínez, Diz, Yelko o compañía si luego entra gente en la convocatoria e incluso en el campo de manera inexplicable desde el punto de vista futbolístico y quizá sí institucional.

Una cosa es saber que posición ocupa un entrenador con respecto al Consejo y otra no saber o no querer mantener el espacio que nunca un técnico debe ceder ni con los de abajo pero tampoco (y sobre todo) con los de arriba.

Unas líneas para terminar sobre el partido del próximo Sábado.

Está muy complicado y más si fuera de casa seguimos mordiendo el polvo cada vez que jugamos pero todavía es posible aunque improbable.

La jornada está llena de enfrentamientos directos y si ganamos al Mérida nos meteremos de nuevo de lleno en la pelea por hacer viable un auténtico milagro deportivo.

No será, otra vez, un partido agradable.

Estará lleno de nervios, de preocupación y de trascendencia infinita de los puntos en juego.

Para superar esta situación como ya se hizo ante el Linares o Córdoba necesitamos lo mejor de los nuestros que espero y deseo se mantengan lo más al margen posible de todo este ruido que el club ha generado.

Y también necesitaremos que nosotros, los seguidores, estemos igual de conectados que el día del Córdoba. 

Metidos, ilusionados, dispuestos a sufrir y a ayudar al equipo a seguir vivo una semana más.

Insisto, aún estamos a tiempo y todos debemos jugar nuestro papel.        






martes, 4 de abril de 2023

Si hay que morir que sea matando.

Hace muchos años la tercera división en importancia del fútbol patrio llegó a ser durante una temporada todavía más exclusiva que la 1RFEF actual.

Transcurría el año 1986 y la ya extinta segunda división B afrontaría esa temporada, la 86/87, con un solo grupo formado por 22 equipos.

El Pontevedra CF logró disputar esta categoría tras beneficiarse de los problemas financieros que provocaron el descenso administrativo tanto de Deportivo Alavés como de Palencia CF.

Así, cuando en principio resultaba obligatorio el año anterior quedar entre los 7 primeros para acceder a la 2ºB de un grupo, el equipo granate logró no bajar un escalón alcanzando la novena posición y ver como las dos escuadras citadas eran excluidas en los despachos por motivos económicos. Si bien los problemas del Alavés eran bien conocidos desde más atrás y su posible eliminación un secreto a voces, el descenso administrativo del Palencia se decidió a última hora (creo incluso que después de terminada la Liga) y la sorpresa y alegría para el Pontevedra fue mayúscula.

En aquellos tiempos el Pontevedra CF (es cierto que a través de unos dispendios monetarios que se acusaron en los años siguientes) competía en la categoría con el objetivo de estar arriba y pelear siempre por subir a segunda división.

De hecho, aquel año en el que ascendían cuatro equipos, los granates acabaron sextos y durante algún tramo de la campaña acariciaron la posibilidad de meterse entre los mejores.

Otro de los equipos que disputaron aquella Liga de 22 era el Córdoba CF que terminaría noveno.

El partido jugado en Pontevedra entre ambos conjuntos fue poco después de comenzar la segunda vuelta allá por el mes de Febrero de 1987.

En nuestra plantilla todavía figuraban futbolistas con los que habíamos ascendido en el 84 y que pueblan mis primeros recuerdos como socio granate. Milucho, Churruca, el gran central Tapia, el fino Dominguitos, Cal , Collazo...

Estos hombres (que junto a otros que aquel año ya no estaban forman mis primeros pilares fuertes de memoria granate vivida "in situ" y no a través de libros o tradición oral) se mezclaban con otros que llegaron después y que dejaron buen recuerdo sobre el césped de Pasarón como Fontán, un jovencísimo Aranguren que sería traspasado pronto tras una gran campaña bajo palos, otro "casi niño" Javi Prieto que no pararía de crecer en el futuro, Guisande (cuyo hijo jugó hasta hace poco en el filial) y por supuesto dos de mis referentes "ochenteros", Miguel Soro y el inolvidable y talentoso Fernando Nuñez.

En aquel partido jugado hace ya 34 años el Pontevedra venció a los cordobeses y lo hizo, curiosamente, por dos goles a cero.

Veinte años después de aquel encuentro llegó otro todavía más importante y que tenía como rival también a los blanquiverdes.

Era 2007 y se jugaba la vuelta de la primera eliminatoria de ascenso a 2ªB. 

Tras empatar sin goles en El Arcángel, el Pontevedra afrontaba la vuelta en casa con el sano objetivo de eliminar al equipo más poderoso económicamente de la categoría de bronce que había quedado sorprendentemente cuarto en su grupo.

Al cuarto de hora la euforia se disparó en un vetusto que ya empezaba a dejar de serlo por contar con algún fondo ya reformado. Con un gol en propia puerta y otro de Victor Ormazabal el Pontevedra se colocaba 2-0.

Los mazazos llegaron antes del descanso en forma de dos goles de Asen para los andaluces que gracias al valor doble de los goles fuera les otorgaban la ventaja en la eliminatoria.  

La segunda parte fue angustiosa. Se intentó, se peleó pero no se logró mover de nuevo el marcador y las ilusiones que ya habían recibido un golpe durísimo un año antes volvían a caer destrozadas por el suelo.

Hace dos días, ya sentado con mi hijo en la grada de Tribuna de Pasarón, comentaba con él estas anécdotas mientras los jugadores hacían sus ejercicios de calentamiento.

Estaba a punto de empezar otro partido vital cuyo resultado determinaría si el enfermo seguiría grave en la UCI o si esa gravedad alcanzaría un grado más importante susceptible de un respirador externo.

Cuando el Pontevedra combinó bien en tres cuartos y el balón llegó a esa zurda de Alex González para ser estampado en gol de bella factura en las redes cordobesistas, el corazón dio ese vuelco de alegría, emoción y alivio que producen los goles de los días grandes, esos días en los que matas o te matan, esas jornadas en las que no hay ya más argumento que la victoria.

Claro que cuando minutos después Charles protagonizó un pase de fantasía hacia el propio capitán y este encaró al portero para batirle con la contundencia que tantas veces le hemos reclamado al equipo ante la meta contraria, ese alivio coronario se multiplicó por dos y la emoción de este atribulado bloguero subió casi hasta los mismísimos ojos en la que encontró el dique de contención de mi hijo Javier pues no estaba la cosa para que pensara que su padre está como las "maracas de Machín".

Con esa lógica aplastante de los menores (que quizá tuve yo en su día en aquel lejano día del 87) fue precisamente Javier quien me recordó tras las ocasiones claras de Márquez y Willy para el Córdoba que bueno sería no repetir los errores de 2007 y aguantar la ventaja confortable hasta el descanso.

El equipo así lo hizo tras jugar una muy buena primera parte en ataque en la que se exhibió un buen porcentaje de acierto ante el gol, criterio a la hora de mover con sentido el balón en medio campo y otra vez peligro en la pelota parada a favor.

También se volvieron a cometer algunas imprecisiones defensivas que dieron lugar a esas dos ocasiones muy claras del rival pero no sería justo no recordar que el Córdoba por muy grande que sea el bache por el que atraviesa, que lo es, cuenta con jugadores muy importantes para la categoría en ataque y que en algún momento se tenía que notar.

En el descanso recordé el cercano partido del Linares y esa sensación de nervios que noté en el equipo desde el principio del segundo tiempo aún contando con dos goles de ventaja.

A diferencia del partido disputado contra los jienenses, el Pontevedra dio una versión algo más segura y aplomada al comienzo del segundo tiempo.

Pudo incluso el equipo alternar el dominio lógico visitante con alguna posesión larga en campo rival que contribuyó a desgastar al Córdoba y en líneas generales el equipo transmitió bastante más clama que hace 15 días.

Es verdad que ante la necesidad de dar un paso adelante de los cordobeses y el cansancio granate cuyos jugadores corrieron mucho en la primera mitad, el partido se fue inclinando hacia nuestro campo pero salvo una jugada desafortunada que acabó con el balón pegando en un poste y el error más claro en defensa del Pontevedra entre Churre y Bastos que posibilitó la opción más clara para recortar del Córdoba, la única parada de mérito de Cortés llegó en el último minuto del descuento.

Al margen del partido extraordinario de un Alex González que sigue acelerando nuestras pulsaciones con cada cabalgada y que metió dos goles que pudieron ser hasta cuatro, destacó en medio campo Borja Domínguez.

Ya en los últimos partidos Borja había aportado calidad y criterio al juego pero el pasado Domingo completó su mejor actuación desde que volvió manejando al equipo a su antojo, acertando en la gran mayoría de sus envíos tanto en corto como en largo y ayudando en el balón parado tanto a favor (sacando bien faltas o corners) como en contra, despejando muchas de las pelota enviadas sobre nuestro área.

Estos dos jugadores fueron quizá los mejores dentro del buen tono general de equipo con un Bastos incansable que desahogó el equipo al final con carreras en ataque de mérito, un Brais trabajador y eficiente a pesar de jugar gran parte del partido en banda derecha por la decisión de Señor de colocar por el medio a Robles junto a Román y Borja o un sobrio Seoane que aguantó la exigencia del partido sin (por lo menos aparentemente) dar muestras de un cansancio excesivo.

Me encantó igualmente la conexión del público con el equipo. No sé si éramos 1900 (la impresión visual es que había más gente) pero fuésemos los que fuésemos, el ambiente fue maravilloso, el apoyo incuestionable y la presión al rival y al árbitro notable. 

Por contra, por lo menos al que esto escribe, le preocupan sobre todo dos cosas.

Que Gonzalo Bueno todavía no esté para ayudar cuando hemos entrado ya en el mes de Abril por lo que las preguntas acerca del porqué de su fichaje resultan inevitables y todavía más el "asunto Yelko".

El fino centrocampista salió unos minutos en Ferrol para forzar la quinta amarilla porque al parecer debía descansar un par de semanas.

Y son 6 los partidos que se ha perdido y algunas frases vertidas por Señor en la rueda de prensa previa al partido hacen sospechar que algo pasa con este tema y que arreglarlo sería muy importante para el equipo.

Ni que decir tiene lo bien que nos habría venido la presencia de Pino en el último tramo del choque ante el Córdoba para templar un poco, mantener a veces la pelota e incluso enlazar con Brais o Alex alguna contra mortal.

El fichaje de Señor está funcionando. Se han logrado los 9 puntos de 9 en casa y fuera se ha estado cerca de puntuar las dos veces.

Ahora, ese cerca de puntuar ya no es suficiente

Necesitamos lograr algo a domicilio y a pesar de que el próximo desplazamiento no es precísamente el más indicado para ello, el equipo no debe renunciar a hacer un gran partido y quemar sus naves en ese campo de tan mal recuerdo para nosotros que es el de Alcorcón.

No estará Charles por amarillas y Rufo sigue tocado.

No será fácil, evidentemente, pero lo que está en nuestras manos es hacer un gran partido, el mejor que podamos desarrollar.

Luego ya se verá.

 

martes, 28 de marzo de 2023

De creencias, toallas y otras hipocresías.

Mentiría si escribiera que la derrota del Pontevedra CF en Majadahonda me produjo sorpresa. Disgusto, tristeza, preocupación, sí. Sorpresa, no.

Si en los 14 partidos como visitante jugados antes habíamos ganado apenas 2 y solo en uno de ellos dando verdadera sensación de control (Algeciras); si en los 5 inmediatamente anteriores habíamos cosechado otras 5 derrotas y con un solo gol a favor, decir que me sorprendió caer en el Cerro del Espino sería algo bastante absurdo.

Otra cosa diferente es afirmar que el equipo no estuvo mal el Domingo pasado y que tuvo en sus botas la posibilidad de ganar el partido si hubiese sido capaz de dominar de verdad el juego en la zona en la que se ganan los partidos, el área contraria.

No fue así una vez más pues esta película ya la hemos visto muchas veces esta temporada, sobre todo fuera, pero también alguna vez en Pasarón.

La contundencia y acierto del día del Linares es la excepción.Es triste pero es así. Casi nunca el Pontevedra ha podido en esta Liga transformar las ocasiones claras de las que ha dispuesto a domicilio para cambiar el signo de los partidos y hacerse más fuerte.   

Tampoco se puede negar que esas ocasiones al menos ante el Rayo han sido más numerosas (sin ser tampoco muchas) que otras veces lejos de nuestro feudo y que marcar goles en jugadas a balón parado ya no resulta misión imposible siendo otro recurso del que poder sacar algo de rédito a lo largo de los 90 minutos.

Ahora, cuando tenían que entrar volvieron a no entrar y eso marca tu destino una y otra vez en la competición.

Y claro, cuando además de no ser verdaderamente letal ante el marco rival tampoco estás lo suficientemente atento, diligente o expeditivo en tu propia zona de castigo, lo normal no es ya que no ganes sino que acabes perdiendo.

Repito, un guión que casi conocemos ya de memoria.

En esta corta etapa todavía de Juan Señor al frente del equipo en la que se han dado señales de vida por lo menos en casa e incluso enseñado algo más en los partidos de fuera, me llama la atención el escaso valor que quizá se le hayan dado a los posibles empates a domicilio.

Tanto en Fuenlabrada (con una coyuntura más complicada por jugar con 10) como en Majadahonda se intentó ganar durante mucho tiempo y cuando no se pudo tampoco se cerró la puerta con seguridad para al menos no perder y nadie puede negar que la situación con 2 puntos más en la tabla seguiría siendo muy complicada pero tendríamos 2 puntos más en nuestro capazo.

Como decía al principio, lo que experimenté con el maldito gol de D.Rodríguez no fue tanto una sensación de cabreo sino más bien de desaliento, de desesperanza al volver a tener bastante cerca una victoria clave y no poder al final siquiera sacar un punto que no habría estado tan mal dado lo sucedido en el resto de la jornada.

Además, la distancia en los psicológico, al menos en mi opinión, de haber sacado ese empate al mazazo de la derrota es larga y otro motivo de inquietud cara al próximo Domingo por ver si el equipo es capaz todavía de creer en esto.

Llevo diciendo desde la derrota ante el Ceuta en Pasarón que la salvación es un milagro deportivo. 

Qué a veces se dan? Sí. Y a ello me aferró con fuerza a pesar de que el sentido común diga una cosa y el corazón, sobre el que escribía la semana pasada, otra.

Ahora. Considere posible el milagro o no, este atribuladísimo bloguero no abandonará a su equipo nunca por muy doloroso (desgraciadamente ya tenemos experiencia) que resulte un descenso de categoría.

No me enfadé, no, como ya he dicho tras el pitido final pero sí y bastante después del choque.

Navegando en alguna red social buscando opiniones y consuelo en otros "enfermos" que comparten esta pasión, me topé con un tweet de la cuenta oficial del Pontevedra CF pidiendo "+1, si crees" o "-1, si tiraste la toalla" a los aficionados granates  y rematando el estropicio afirmando que a los "+1" los vemos el Domingo en Pasaron.

No quiero hacer una crítica dirigida al autor del tweet que razones tendrá para escribir tal chorrada (es mejor que escriba. Lo que sea pero que no enmudezca como a veces pasa durante semanas y semanas) pero sí voy a aprovechar el guante que me ofrece esta cuenta oficial para recordar algunas cosas sobre creencias y toallas.

No me voy a remontar demasiado en el tiempo pues muchas de estas cosas ya están más que relatadas pero sí es bueno volver a recordar que el estadio (salvo ocasiones muy contadas) presenta habitualmente un aspecto bastante más desangelado de lo que debería y que no creo que sea el momento para "citar" solo a los que creen y mandar al limbo a los que no lo hacen tanto.

¿No le parece suficientemente vacío el campo de Pasarón a la "cúpula" que hay que mandar estos tweets eligiendo a los selectos que deben estar el Domingo y desechando a otros?  A este, paso ya no seremos cuatro sino dos y medio.

¿No le pareció suficiente a dicha "cúpula" la humillación sufrida esta misma Liga el día del Racing de Ferrol en la que no hubo ni una sola campaña de promoción y pareció que jugábamos en campo neutral?

Sí. Ya sé que en los días siguientes a aquel esperpento se multiplicaron las palmeras periféricas y no periféricas para darle sombra y cobijo al alcornoque que ocupa el lugar central del bosque pero aquello fue lamentable y no es sencillo de olvidar.

El Domingo no pasará lo mismo porque Córdoba está muy lejos y aunque cuentan con una afición tremenda no serán muchos los que se aventuren a cruzarse la península. 

Ahora, si había otro día para hacer una promoción más fuerte en el comienzo de la Semana Santa y el inicio de las vacaciones escolares de los niños, era este y otra vez nos hemos quedado cortos para un partido en el que quien sabe si nos estamos jugando las últimas papeletas en esta "rifa del milagro" y además contra un conjunto que a pesar de su mala racha tiene un potencial fuera de toda duda.

Pero la toalla la tiran los demás.

Hablando más de toallas tiradas.

¿Es tirar o no tirar la toalla protagonizar el mercado de invierno indecente que hemos hecho y que tampoco resulta fácil de soslayar? 

¿Es tirar o no tirar la toalla acabar dicho mercado con una ficha senior menos y cubrirla 15 días después con un jugador en paro que terminará el mes de Marzo sin jugar un solo minuto?

¿Es tirar o no la toalla gestionar de manera tan penosa el tema Gueye introduciendo un elemento de distracción y quien sabe si de disenso cuando menos lo necesitaba un vestuario que lucha por aferrarse a las últimas posibilidades de quedarnos en 1RFEF?

¿Es tirar o no tirar la toalla concederle como entrenador seis jornadas a Toni Otero en vez de dejarle como secretario técnico hasta final de temporada aunque fuera sin funciones o echarlo directamente junto a Antonio que es lo que realmente se quería hacer y no se hizo? ¿Alguien de la "cúpula" va a salir a responsabilizarse de esas 6 semanas preciosas perdidas? 

¿Es o no tirar la toalla estar jugando toda esta Liga con los mismos que en 2RFEF más Borja y Bastos (con lesión larga incluida de este último) y no hacer nada en Enero para fortalecer de verdad los puntos débiles de la plantilla?

Un descenso de categoría siempre resulta un trauma deportivo para los aficionados de un equipo. 

Y como duele enormemente perder un escalón en el fútbol de nuestro país da igual si se cree mucho, poco o regular, lo importante es acompañar y sentir.

Lo trascendente es acudir a Pasarón, aún con el vértigo de saber que ya estás andando por un cable de funambulista sin red, y vivir, sufrir y si es necesario "morir" deportivamente con tu equipo y con los que comparten este sentimiento. Crean más o crean menos. Tengan la toalla colgada del cuello, de la cintura o en la butaca de al lado.

Otra vez me temo que seremos menos de los que deberíamos el próximo Domingo y poco o casi nada se ha hecho desde dentro para remediarlo.

Lecciones por parte del Consejo de fe, de identificación, de sentimiento granate las justas, por favor.

No están ni medianamente legitimados para ello.

lunes, 20 de marzo de 2023

El corazón salta pero la cabeza necesita más pruebas.

Conseguir la permanencia en 1ºRFEF me parecía un milagro deportivo hace 3 semanas cuando caímos en casa ante el Ceuta y un milagro deportivo con tirabuzón después de perder en Fuenlabrada.

En ese momento, tras la dolorosa derrota en el Fernando Torres, restaban doce partidos para el final, éramos últimos y la distancia con la salvación se iba hasta los 8 puntos.

Dos jornadas más tarde, a falta de diez y con el equipo logrando algo que parecía imposible, vencer en dos partidos seguidos, la permanencia todavía me parece un milagro deportivo, quizá ya con ese tirabuzón menos rocambolesco pero, en definitiva, un milagro deportivo.

Los dos encuentros consecutivos ganados en casa han supuesto (al margen de la inyección lógica de alegría y confianza) que el margen que era de ocho puntos se haya quedado en cuatro y que ya no ocupemos el último lugar en la tabla.

Sí. Si dejo hablar solo a mi corazón, el Pontevedra acabaría la Liga con 58 puntos y todo este mal trago que estamos bebiendo en la temporada se habría digerido como una pesadilla disuelta por la vuelta a la realidad consciente.

Sí. Si dejo que sea mi corazón el que reine, el que mande, llegaré a la conclusión que el Pontevedra CF aprovechará este empujón de los 6 puntos conseguidos en casa para lanzarse hacia adelante y salir airoso de los duelos que nos quedan por delante.

Lo que pasa es que el  corazón deja de situarse en primer plano a medida que los ilusionantes efectos de las victorias se van alejando en el tiempo. A medida que pasan los días y se acerca la siguiente jornada, la cabeza vuelve a tomar protagonismo y la idea de lograr la tan aislada salvación no decae pero se atempera ante la lógica implacable del sentido común.

Se ha recortado la distancia a la mitad, desde luego, pero el trecho que queda es empinado, pedregoso y lleno de trampas que amenazarán al equipo y tratarán de empujarlo de nuevo más hacia un abismo del que todavía no ha salido.

Lo cierto, sin embargo, es que la primera parte frente al Linares trajo por fin el acierto y la contundencia en ataque que tanto hemos echado de menos a lo largo de toda la competición y que tanto vamos a seguir necesitando en lo que resta.

Los datos del rival (segundo equipo con más goles encajados aunque con buena marca en los marcados) hacía presagiar que el Pontevedra podría encontrar los caminos hacia la portería andaluza con más asiduidad que otras veces; que no nos encontraríamos con un contrario pegajoso, cerrado y defensivo contra el que estrellarnos una y otra vez.

Y lo cierto es que esa predicción se cumplió desde el principio.

El Linares jugó y dejó jugar y el Pontevedra CF recogió el guante y deleitó por fin a su gente con buena puntería a la hora de encarar la suerte suprema del gol.

El primero fue una obra de arte que quizá en el campo le pasó algo desapercibida al atribulado bloguero que esto escribe pues además de su irremediable atormentamiento, acumula en sus ojos bastante más dioptrías de las que tenía la última vez que se revisó la vista, allá por el paelolítico superior.  

Charles recibe de espaldas y con un solo toque genial se acomoda la pelota para darse la vuelta y empalmarla todavía en el aire logrando un remate maravilloso, estético y certero ante el que nada pudo hacer el arquero rival. 

Todo parecía bonito y ese tanto de tan bella factura ayudó a muchos de los que llegamos con la comida en la boca a ir digiriendo mejor esos alimentos deglutidos con más prisa de lo recomendable.

Claro que esa digestión benigna sufrió un sobresalto muy poco después del gol de Charles.

En una jugada que demostró, por un lado, que en ataque el Linares no era manco y, por otro lado, que el Pontevedra no acaba de dejar de dar facilidades a sus contrarios, llegaba el gol del empate del Linares que pudo tocar de lado a lado del área el balón con total facilidad hasta introducirla en la meta de Cacharron.

No dio tiempo, no obstante, a que los jugos gástricos se envenenaran pues sin margen de continuidad una jugada de estrategia en un corner permitía a a Román enviar la pelota al a red tras un pase desde la esquina de Borja a ras de suelo que cogió algo más que dormida a la defensa azul.

Y como colofón a esta bacanal de goles muy poco vista por estos andurriales esta temporada, llegó la cabalgada por la izquierda del gran capitán que terminó con un lanzamiento seco, potente, cruzado y precioso que ponía el tercero en el marcador y enviaba, además esa comida al pozo de las digestiones completas.

Habían sido 25 minutos de gran acierto rematador granate y de ciertas inseguridades atrás (el Linares logró otro gol anulado por fuera de juego), sobre todo, por banda derecha, pero el saldo resultaba muy favorable a nuestros intereses con ese 3-1.

Fue una primera parte, por lo demás, en la que Alex recuperó la chispa que no tuvo ante el Algeciras, en la que Borja volvió a mover bien al equipo con la inestimable ayuda de un Román con el que forma un buen tándem y en la que Bastos demostró que sin hacer nada del otro mundo su presencia es muy importante aunque solo sea (que lo es por más cosas) porque permite a Alex no exiliarse al lateral y perder gran parte de su recorrido en ataque.

Las sensaciones al descanso eran buenas.

Es cierto que se había cometido algún error atrás pero arriba el equipo había sido al fin contundente y nada hacía indicar que no se tuvieran más opciones tras el descanso para seguir llegando al ataque.

No fue así.

El Pontevedra volvió a salir mal en el segundo tiempo en Pasarón y poco a poco el Linares (que como es lógico dio un paso todavía más adelante y se hizo con el balón) creo incertidumbre y momentos de zozobra en buena parte de esa segunda mitad.

Entra dentro de lo normal y lo previsible que ganando 3-1 el equipo busque resguardarse más en defensa buscando los espacios que el rival a buen seguro tendría que dejar sí de verdad se iba en busca de remontar el marcador.

Eso hizo el Pontevedra pero la sensación en el campo no era la de un conjunto confiado y tranquilo por ese margen de 2 goles en el tanteador sino que una sensación de nervios y de inseguridad se fue apoderando del ambiente de manera irremediable.

Además de mostrar esa inseguridad o "medio" fragilidad en defensa (no de los defensas sino del equipo en general en esa faceta), el Pontevedra fue incapaz de hacerse con el balón ya fuera para alternar el dominio visitante con alguna posesión larga que desgastara al Linares y nos tranquilizara a nosotros o ya para encontrar el camino de los contraataques ante el espacio que dejaba a su espalda el conjunto jienense.

En esa situación de nerviosismo llegó la jugada del penalti a favor del cuadro andaluz cuando todavía faltaban más de 20 minutos para el final y los fantasmas volvieron a aparecer uno detrás de otro mientras el encargado de lanzarlo se disponía a empezar la carrerilla.

Claro que en ese momento apareció, en forma de Bill Murray, Pablo Cacharron para cazar todos los espectros que resultasen necesarios y rechazar en gran intervención el disparo desde los 11 metros.

Lleva ya muchos partidos Cacharrón realizando grandes actuaciones y otra vez el Sábado resultó providencial para frenar el ímpetu de los de Linarejos y despertar un poco a unos compañeros que en ese momento no sabían donde estaba la máquina de engullir ectoplasmas.

De ahí al final, el Linares perdió algo de fuerza y el Pontevedra incluso encontró dos contragolpes en los que Bakero (que había sustituido a Charles) no consiguió reconciliarse con el gol mandando el balón cruzado y fuera en la primera jugada que él mismo fabricó y "rehuyendo" la portería contraria en la segunda  que le fabricaron sus compañeros.

Los minutos fueron transcurriendo sin demasiados sobresaltos y con la impresión de que en ese tramo de segunda parte el Linares metió miedo pero, al margen del penalti, sin disfrutar de ocasiones claras y que incluso (salvo en una ocasión que se fue por encima del larguero) se había vuelto a defender decentemente el balón aéreo rival.

Como ya señalé al principio de esta columna, con el pitido final  el que mandaba era todavía el corazón  y la ilusión y la esperanza desmedida reinó durante un tiempo en el cerebro del que esto escribe.

Luego, con el paso de las horas, el "souffle" de sentimientos vuelve a su sitio para dejar paso a la seca, racional (y cada vez más desprovista de cabello) cabeza.

Y es la cabeza la que pone sobre la mesa esa realidad que dice que la cuestión todavía es improbable aunque posible.

Es la cabeza la que sí concede que el equipo ha logrado algo que esta temporada en Liga parecía irrealizable, ganar dos partidos seguidos y que en casa parece que volvemos a adquirir más seguridad  a pesar de los nervios que aparecieron más de la cuenta en la primera media hora del segundo tiempo.

Es la cabeza, sin embargo, la que también razona que el Pontevedra necesita, y lo necesita ya, hacerse más fuerte lejos de casa. Que llevamos 5 derrotas seguidas de visitante en la que solo hemos marcado un gol y que, de los dos partidos ganados a domicilio, solo en Algeciras dimos sensación de sobriedad.

La misma cabeza que dice que vamos a necesitar muchos de los 30 puntos que quedan en disputa y que no van a llegar los de casa aún en el caso de que se hiciera la "machada" de ganar todos los que quedan aquí hasta el final (Córdoba o Deportivo incluidos).

Ahora, insiste y repite de nuevo mi cabeza, es improbable pero posible y la misión ímproba que queda por delante es conseguir que cada vez sea un poquito menos improbable y un poquito más posible.

Sí, y en eso no solo el corazón sino también la cabeza está de acuerdo, todavía estamos a tiempo.

Improbable pero posible.  



  


lunes, 13 de marzo de 2023

Penumbras, esperanzas e inesperados regresos.

Muchos años hace ya desde que este atribulado bloguero tenía el hábito de salir los fines de semana por partida doble.

El Sábado era el día de probar el hígado con la introducción de brebajes sin marca en un maravilloso tugurio sito en la calle Isabel II en el que empezábamos la tarde noche entre vodkas con lima y triple secos ardientes.

Algunos amigos y el que esto escribe nos pasábamos allí horas y horas viendo como algún que otro gato pululaba cerca de las raciones de patatas bravas y la máquina de pinball te daba "calambre" cada vez que tocabas sus mandos en los días de lluvia.

Luego un par de locales más, algún que otro pub lleno de gente y humo que empezaban a cambiarte el humor y como colofón, ya con el cuerpo pidiendo a gritos algo de comer que compensase las imprudencias anteriores con una nueva imprudencia, la estancia furtiva (y torpemente simulada con una cortina oscura) en un famoso establecimiento ya desaparecido, como el anterior,  en el que te llevabas a casa un perrito  caliente(como mínimo) repleto de mostaza o mayonesa que engullías con desesperación canina en aquellos lejanos tiempos en los que el estómago funcionaba todavía con esa precisión mecánica de los 20 o 25 años.

El Viernes era otra cosa.

Como preludio a una noche en la que dormiría un número de horas seguidas que en la actualidad no es que me parezcan obscenas sino completamente imposibles, solía ir con un número más reducido de amigos a un conocido en su época ( porque tampoco existe ya) café concierto ( o como se llamara) al que se entraba bajando unas escaleras en espiral y cuyo ambiente venía presidido por una luz no demasiado potente sino tenue que resultaba ideal para después de pasar allí un par de horas de conversación agradable, llegar a tu cama y abandonarte al sueño como solamente se puede hacer cuando no has llegado todavía a la tercera década.

El pasado Sábado, mientras asistía desde mi asiento al calentamiento previo de los futbolistas y veía una de las torretas de Pasarón con tan solo dos focos encendidos, me acordé de aquel local de la calle Naranjo en el que tan feliz fui durante un tiempo entre la penumbra genialmente creada por sus dueños y las conversaciones siempre agradables e interesantes de aquellos a los que tengo el placer de llamar amigos.

Quizá no se trate de tener encendidas todas las luminarias del estadio, quizá no se trate siquiera de hacer funcionar las 3/4 partes de las mismas). Ahora, quizá también sería recomendable jugar los partidos con un poquito más de luz para que los miopes o los que sufran de algún otro problema ocular no se pasen todo el partido tratando de identificar a aquellos que tocan el cuero.

Cuestión de respeto al abonado no accionista, al abonado accionista e incluso al accionista no abonado.

Ganó el Pontevedra y eso es lo único que importa.

Ganó su partido y eso le permite seguir soñando alguna semana más con una remontada que debe ser de tal calibre que a día de hoy todavía parece muy improbable.

Jugó el equipo una primera parte aceptable en la que Borja Domínguez se pareció bastante al Borja que conocimos una vez y mejoraba cada pelota que le llegaba a los pies. En la que a excepción de una jugada a balón parado, bien salvada a última hora por Churre, apenas sufrimos atrás y en la que volvimos a demostrar el poco veneno que tenemos a la hora de definir las jugadas en la portería contraria.

Existió buena circulación de pelota; llegadas por banda, especialmente esta vez por la derecha porque extrañamente no apareció la mejor versión del capitán por la izquierda y bastante contundencia atrás (aunque con algunos problemas sobre todo a la espalda de nuestro flanco derecho defensivo).

Sobre esa contundencia, no me resisto a hablar de Victor Vázquez Churre.

Está siendo la temporada del central de Marín algo extraña.

En ocasiones, me cuesta reconocer al corajudo Churre y sus errores me han dolido como creo a cualquier aficionado que conoce la ya cada vez más larga trayectoria del jugador aquí.

Otras veces, en cambio aparece ese Churre expeditivo al cruce, pegajoso en la marca, rápido a la hora de cubrir a sus compañeros, experto a la hora de forzar faltas al delantero rival, en suma, ese central de garantías que muchas veces hemos podido disfrutar sobre la hierba.    

El pasado sábado esta última versión, la fetén, fue la que se vio de Churre y como otras ocasiones en la que ha aparecido, el equipo lo agradece de tal forma que ojalá (es posible que no sea así por esos dichosos problemas físicos que forzaron su cambio muy cerca del final) siga en esta línea de seguridad pues resulta vital para sus compañeros.

La segunda parte empezó como tantas otras veces en casa, mal.

Y por ello el Algeciras contó con la primera de sus dos grandes ocasiones pocos minutos después de la reanudación en una acción que Alex no pudo parar pues habría significado su expulsión pero en la que faltó después contundencia y firmeza para abortarla antes de que un atacante mandara un peligroso remate que se fue rozando uno de los postes de la portería de Cacharron.

De ese comienzo dubitativo y preocupante que ya se está convirtiendo en tradición en Pasarón, nos salvó la jugada del gol del partido.

Saque de puerta, peinada de cabeza, balón a Charles que filtra un pase genial al desmarque de Brais y remate con fortuna aunque con picardía del atacante que nos ponía por delante en el marcador.

Y luego, al menos a juicio de este atribulado bloguero, llegaron los minutos en los que menos me gustó el equipo.

Y fue así porque como ya ocurrió con los anteriores entrenadores (léase Majadahonda con Antonio o Ceuta con Toni), el Pontevedra fue incapaz de aplomarse con el marcador a favor y dotar al juego de la pausa y la interrupción que requería el nuevo escenario.

Los minutos siguientes al gol de Brais fueron un correcalles en el que el rival nos llegaba con demasiada facilidad a las inmediaciones del área sin que lográsemos mantener el control del juego.

El colmo llegó sobre el minuto 70 en el que tras un lanzamiento nuestro de una falta en las cercanías del área contraria, nos construyen una "contra" tremenda en la que un jugador andaluz se planta solo delante de "Cacha" salvando este el empate tras intuir la vaselina del delantero y sacar un brazo salvador.

En la situación en la que estamos, ganando 1-0 y con una falta a unos metros del área visitante, no nos pueden hacer nunca esa jugada. Resulta realmente casi inadmisible y es de esperar que Juan Señor haya tomado nota del asunto.

A parar ese "correcalles" no contribuyó tampoco el primer doble cambio del equipo (Diz y Rufo por Rubio y Charles) pues seguimos después del mismo sin recuperar el rumbo del juego e incluso Señor modificó la posición de Brais, incrustándolo más en medio campo para tratar de frenar la circulación del Algeciras.

Minutos después, el propio Brais abandonaba el campo para dar entrada a Robles y el que esto escribe pensó por un instante sino habría resultado más interesante haber incluido a Robles en vez de Diz en el primer cambio mandando a Brais a la derecha y luego dar entrada a Diz por el propio jugador de Val de Dubra.     

Sea como fuere, el Algeciras no encontró más ocasiones claras  e incluso el Pontevedra CF pudo vivir un final mucho más plácido si Rufo hubiera transformado una ocasión clarísima de gol que de haberla fallado Bakero hubiera puesto el campo patas arriba y no precisamente de emoción.

El equipo también necesita mucho a Rufo, mucho. Ojalá el madrileño recupere el gol porque para hacer el "porrón" de puntos que se necesita para obrar el milagro, que el "pelado" este "on fire" resulta primordial.

Como dato a destacar de los últimos minutos es la seguridad mostrada por arriba en algunos córners y faltas que tuvo el Algeciras en los últimos minutos del choque. El propio Rufo ayudó mucho en ese sentido y colaboró con sus despejes a que el corazón ya muy baqueteado del que estas líneas escribe volviera a bombear sangre con normalidad.

El caso es que felizmente se ganó el partido.

Es una victoria. Nada más que una victoria por imprescindible que resulte.

El primer paso antes de crearse falsas expectativas e ilusionarse en demasía es conseguir ahora algo que no se ha hecho en toda la Liga, ganar dos partidos seguidos de esta competición.

Y el caso es que se nos da la posibilidad de hacerlo en nuestra casa y ante un Linares actualmente lejos de arriba y de abajo y con números en cuanto a goles a favor y en contra no demasiado diferentes a los del Algeciras.

Toca centrarse ahí, en el próximo Sábado y no ver más allá. Ganar dos partidos seguidos por vez primera y luego ya se verá.

Tras el partido frente al conjunto algecireño nos enteramos que nuestro jugador mundialmente conocido Libasse Gueye nos había hecho el honor no solo de regresar a la ciudad (que abandonó a finales de Diciembre) sino de presenciar el partido embozado en una amplia capucha  en el fondo sur.

En la rueda de prenda posterior al choque se le preguntó por ello a Señor que abrió la posibilidad de contar con él como uno más (madre mía) y a Charles de cuyas prudentes palabras se deduce que el tema no va a ser tan fácil con un vestuario que sí ha estado al pie del cañón desde el primer día y sufriendo por la pésima clasificación que tiene el equipo.

Viendo a Charles recordé aquella serie americana de finales de los 80, Cosas de Casa, en la que un entrañable Carl Winslow se desesperaba con el peculiar Steve Urkle y ensayaba su particular remedio para acumular paciencia profiriendo la frase "Un, dos,tres,cuatro,cinco,seis yo me calmaré todos lo veréis" hasta  que en un nuevo acceso de ira provocado por alguno de los dislates de Urkle, acaba en el hospital tras fracasar su "remedio casero".

Espero que no se juegue demasiado más con la paciencia de ese vestuario que lo último que necesita ahora es que nos volvamos a dar un tiro en el pié y se desestabilice por esta circunstancia. 

A la hora de escribir esta columna, lo único que se sabe es que la entidad lanzó un comunicado oficial sobre las 11 de la mañana informando que a lo largo de la mañana se mantendrían reuniones con el jugador tras su regreso para  tomar decisiones.

Es decir, mandar un comunicado para "comunicar que comunicaremos luego".

Resulta casi imposible pensar que el club no sabía que Gueye estaba aquí desde hace unos días pero la gestión de este asunto ha sido tan rocambolesca y absurda por parte del Consejo que no se puede descartar hasta que les haya cogido por sorpresa el regreso, lo que sería auténticamente alucinante

Como ya se ha escrito más arriba, por favor, señores del Consejo: Respeto al resto de los jugadores, respeto a los abonados, respeto a los accionistas y respeto a la camiseta, al escudo y a la historia de esta entidad que no se merece que sea otra vez pisoteada.

Ustedes verán.