lunes, 21 de octubre de 2024

De graves lesiones, falsos nueves y tres puntos vitales

No tuve la oportunidad de ver la acción a consecuencia de la cual Víctor Vázquez Churre se rompió hasta días después del partido disputado en Camargo.

El Jueves por la noche, horas después de grabar y publicar otro episodio del podcast del mismo título que este blog en el que especulaba con la posible baja del central para el partido de ayer por unas molestias en una de sus rodillas, el Pontevedra CF lanzaba un comunicado en el que daba a conocer la gravedad de la lesión del bravo defensa de Marín que le tendrá apartado de los campos de juego durante muchos meses.

Luego sí. Vi la entrada.

 Una entrada violenta, innecesaria, sin posibilidad alguna de jugar la pelota, digna de una tarjeta roja de manual a pesar de que el árbitro de turno la dejo en una vergonzante cartulina amarilla.

La consecuencia de la “gracia” del jugador del Escobedo es que el Pontevedra CF pierde a uno de sus titulares y capitanes para lo que resta de competición y deja más mermada una plantilla ya de por sí demasiado corta por voluntad de aquellos que tienen la obligación de configurarla cada temporada.

Esto último, la cortedad de esa plantilla, ya no es culpa del jugador cántabro.

Si contábamos ya de manera absurda con 15 senior y no con 16, ahora nos quedamos con 14 hasta que exista la posibilidad de “reforzar” la plantilla. Sí. He puesto comillas al verbo reforzar porque ya sabemos cómo se las gasta esta entidad en cada mercado de invierno en alguno de los cuales ha llegado incluso a debilitar el grupo de jugadores.

Por de pronto, la aparición del coordinador del área técnica junto al entrenador en la rueda de prensa del viernes resultó de todo menos alentadora.

El que esto escribe, cuando lo vio sentado junto a Yago, pensó ingenuamente que antes de las preguntas, Maestre expondría el parecer del club acerca de la lesión de Churre, la situación en la que queda la plantilla y lo que se está realmente pensando y haciendo para tratar de equilibrar este daño.

No fue así.

No hubo declaración previa a las preguntas efectuadas por una sola profesional del periodismo (desconozco si había más compañeros allí pero en el vídeo se oía la misma voz en cada pregunta).

Y el coordinador se limitó a decir lo corajudo e importante que resulta Churre para el grupo (descubriendo América, por tanto) y que verán las opciones que da el mercado ahora y si no les satisface esperarán al mercado invernal.

Perfecto, bien coordinado. Y bien vista en primerísima fila la rueda de prensa protagonizada en casi su totalidad por el entrenador del equipo.

Sea como fuere, desde este blog que hace poco ha cumplido ya 10 años de vida, se le desea lo mejor a un futbolista, Víctor Vázquez Churre, que ha podido rendir a lo largo de su singladura en el Pontevedra CF de una forma notable o algo más errática pero que siempre se ha dejado el corazón y ha puesto su ímpetu al servicio de esta camiseta.

A veces jugando con molestias, otras veces rindiendo como capitán general de la zaga. Sufriendo en los últimos tiempos demasiado contra delanteros veloces, metiendo la pierna siempre con determinación en los partidos cruciales.

A lo largo de estos años, Churre se ha ido convirtiendo en uno de los nuestros y el reconocimiento de sus compañeros ayer, así como el de la afición, fue tan justo como emocionante.

Ojalá te recuperes bien, capitán, que eso es lo más importante y sigas aportando desde fuera lo que sin duda apoyabas desde dentro.

 

Lleva el Pontevedra CF dos victorias seguidas fuera en las que consiguió dejar su portería a cero y hacer seis puntos de seis que vienen como agua de Mayo.

En esos dos desplazamientos (Langreo y Escobedo), Yago Iglesias decidió ajustar algunas piezas y dar entrada a Jesús Cambil en medio campo para acompañar a Samu Mayo, utilizar bien las dos bandas de ataque sin poner en alguna de ellas a un media punta y seguir jugando con un 9.

Esos ajustes, sin duda alguna, han funcionado y de ahí esos 0-2 en ambos partidos y las pocas llegadas que ha tenido que soportar el equipo por parte de sus rivales.

Reflexionaba este atribulado bloguero en su podcast hace días sobre si no resultaría conveniente poner en práctica esos mismos ajustes también en casa para dotar al equipo de un mayor equilibrio en medio campo que pudiera proporcionar mejor colocación y agresividad defensiva (sobre todo a la hora de pelear balones divididos y recuperar la pelota) sin que ello supusiera perder esa capacidad combinativa del grupo.

Lejos de efectuar esos ajustes ayer, Yago prefirió efectuar una revolución más profunda en la alineación que a mi juicio no funcionó y en la que lo único normal fue la alternativa elegida para suplir la baja de Churre en defensa.

Todos sabíamos que estando Fontán disponible, esa alternativa tendría que ser la vuelta de Garay al central y la ubicación del ex del Talavera y Arosa en el lateral.

Por suerte, Fontan pudo reaparecer y esa opción se cristalizó sobre el terreno de juego y además con solvencia. El lateral estuvo bien, sin notar demasiado su inactividad y aportando físico y altura a un equipo que necesita esos ingredientes.

Garay, a pesar de que a veces debería meter a sus acciones más fuerza y contundencia, no se complicó y aportó, eso sí, esa salida aseada de balón que sabemos que tiene.

Hasta ahí lo normal.

Lo “anormal” fue ver a Dalisson colocado otra vez como falso “9” (digo otra vez pues ya en pretemporada contra el Lugo se ensayó esta ubicación del hispano brasileño).

Explicó Iago en rueda de prensa que lo que pretendía era igualar los 4 del mediocampo santanderino con la presencia de Cambil, Novo, Yelko y las bajadas de Dali y luego aprovechar la versatilidad de este para tratar de meter algún balón al desmarque en velocidad, además de contar con dos extremos como Chiqui y Alex, que volvió a jugar más adelantado con Marqués por detrás.

En fútbol siempre hay opiniones para todos los gustos, la mía es que el experimento no funcionó y a Dalisson nunca se le encontró en ventaja sino en balones de espaldas a la portería rival, con dos rivales encima y sin capacidad para que nuestro mejor jugador en este inicio de Liga pudiera brillar en las zonas en las que puede hacerlo.

Dalisson necesita campo por delante, jugar mirando hacia adelante, ya sea en banda o por el centro y así explotar su capacidad de regate, de pase, de cambio de ritmo y de disparo que sí pudo enseñar más en la segunda parte en la que el Pontevedra se pareció más a sí mismo.      

Otro detalle que me llamó la atención fue la suplencia de Samu Mayo.

Sí, ya sé que cuenta con 4 amarillas pero el hecho de saltar al césped en el 85 y jugar (descuento enorme e inexplicable incluido), cerca de un cuarto de hora no le hacía inmune en ese tramo final de un partido apretado a esa hipotética quinta tarjeta.

Con la suplencia de Samu se perdió la oportunidad de ver como mezclaban desde el principio ( y no solo en las postrimerías del choque) el espigado mediocentro y Cambil que tan buen resultado están dando fuera y que sigo creyendo pueden darlo también en casa.

Por el contrario, volvieron a aparecer juntos sobre el césped Yelko y Novo, fórmula que no está dando resultado por resultar “cromos”, sino repetidos, muy similares y que no acaba de ofrecer al equipo ni más veneno en las combinaciones, ni más agresividad en ataque. Al contrario, hasta ahora lo que conduce esta doble presencia es a una mayor lentitud y atasco en el juego ofensivo del Pontevedra.

Lo cierto es que tras encajar un gol tempranero otorgando unas facilidades demasiado grandes a las que ya estamos acostumbrados, el Pontevedra logró empatar antes del descanso tras un centro raso de Alex que atravesó todo el área de castigo visitante sin que hasta tres defensas tuvieran a bien despejar y dando la opción a que apareciera Chiqui para aprovechar el regalo.

Incluso hubo otro regalo de otro zaguero cántabro que entregó una pelota en el corazón del área a Dalisson que remató a la cepa del poste.

Poco más ofreció el Pontevedra en la primera parte hasta que tras el descanso apareció un delantero centro, Rufo, en el césped en lugar de un amonestado Marqués que volvió cumplir aunque sí es cierto que con alguna dificultad defensiva más.   

Dalisson se ubicó en la izquierda y el Pontevedra fue creando poco a poco ocasiones de gol  y controlando más y mejor el partido hasta que el propio Dali (después de que el portero rival demostrara en dos o tres ocasiones sus buenas prestaciones) acertará con la portería y dejará en Pontevedra unos puntos vitales y más tras conocer los resultados de los rivales.

Minutos antes del 2-1, un Novo otra vez bastante desfigurado había dejado su lugar a Xabi Domínguez que competió la torpeza de ver una amarilla justa segundos después de salir pero que por primera vez en la temporada pudo irse alguna vez por la banda derecha ayudando en el tramo final a desahogar un poquito al equipo.

Este cambio volvió a provocar otra modificación en el campo de Dali que pasó al centro, marchándose a la izquierda Chiqui.

En definitiva, victoria importantísima de un Pontevedra que todavía no ha logrado ganar ni una sola vez en casa con comodidad y con unos cambios de entrada en el “once” que creo no son precisamente los que el equipo necesita para rendir mejor aquí.

En este blog se sigue a la espera de poder ver más tiempo juntos a Mayo y Cambil (y si sale mal así se escribirá, como siempre se ha hecho en la última década) y a tener siempre un delantero centro por mucho que los que tenemos no estén precisamente acertados de cara a gol.

El que sí lo está es Dalisson, ya lleva 5, y por eso a este jugador, siempre en opinión del que esto escribe, hay que ponerle en aquellas posiciones en las que marca claramente la diferencia y no en otras en las que se ahoga y no puede enseñar sus virtudes.

Segundos en la tabla jugando, al menos en casa, regular siendo generosos.

A dos puntos de un Numancia que se ha dejado 4 en los dos últimos partidos.

Hay que hacer ajustes, sí, como los que se han hecho fuera y han sido un acierto del entrenador.

En casa hay que hacerlos también. Los de ayer no funcionaron. Quizá el próximo día sí se encuentren esas modificaciones que nos hagan más fiables sobre un terreno de juego de Pasaron que, como siempre, cada vez nota más las lluvias constantes. 

lunes, 7 de octubre de 2024

Cristal, Tito Clemente y una mejoría que nunca llega

A veces, escribiendo en mi blog, confieso detalles de mi vida que no dudo sería mejor que se quedasen guardados en ese cajón situado al fondo del cerebro, cerrado bajo veinte llaves.

El caso es que hace muchos años, muchos la verdad, me puse a ver con mi siempre añorada abuela materna una telenovela venezolana titulada Cristal.

Con esa capacidad cuasi infinita que otorga la juventud, trufada ella con mi inveterada manía de antaño de embarcarme en aventuras de amor platónico con la primera actriz o cantante que me llamase algo la atención, me encandilé de Jeanette Rodríguez y todas las desventuras vividas por su personaje llamado Cristina Expósito, luego bautizada como Cristal una vez llegaron los éxitos en la pasarela.

Su enamoramiento de Luis Alfredo siempre amenazado por la intrigante mujer de este llamada Victoria que en realidad, aunque no lo sabía, era la madre de la propia Cristal y todas esas circunstancias adyacentes que se dan en los culebrones como el embarazo de la pobre Inocencia o la paternidad de un sacerdote carcomido por los avatares de su vida...

Veías un capítulo y ya podías estar doce o catorce más sin ver la novela que cuando la retomabas te enganchabas casi en el mismo momento de la “trama” pues casi nunca pasaba nada y si pasaba lo hacía a velocidad de tortuga.    

Mi bobalicón enamoramiento de Jeanete Rodríguez que duraría hasta el mismo instante en que la vi presentando el mismo programa en el que Jesús Gil aparecía en bañador metido en un jacuzzi con varias “marichicho”, (traumático fin, sin duda, para una historia de amor vivida intensamente en silencio dentro de mi atribulada cabeza), todavía crecería más cuando la vi en otra telenovela entre cuyos creadores se hallaba el mismísimo Boris Izaguirre.

Se trataba de “La dama de Rosa” en la que una muy joven Gabriela Suárez quedaba prendada del acaudalado y atractivo Tito Clemente (encarnado al igual que Luis Alfredo por aquel actor, que un día también quiso ser cantante, llamado Carlos Mata, lo que dotaba de más sensación de inmovilidad, de repetición en bucle a todo lo que pasaba en cada episodio).

El caso es que la joven Suárez, enamorada inocente y profundamente de su galán, terminaba por una serie de circunstancias ajenas a ella metida en la cárcel en la que se pasaría un buen puñado de años.

Ya fuera de prisión, con un cambio de color de pelo y lentillas en los ojos, resurgía como la gran Emperatriz Ferrer y se adentraba en la vida de Tito Clemente para conseguir su venganza pues estaba convencida, erróneamente, que él era el culpable de sus desgracias.

Otra vez episodios a cámara lenta, otra vez frases repetidas y la sensación de que no pasaba gran cosa aunque a veces pasasen.

Episodios parecidos, bucles incesantes pero Jeanete compensando todo delante de las cámaras.

 

El Pontevedra CF lleva desde el mes de Diciembre de 2023 pareciéndose mucho más a un culebrón venezolano de finales de los 80 que a un equipo de fútbol fuerte, serio, autoritario y dominante en una categoría en la que debería por obligación sacar a la luz todas esas cualidades.

La primera parte del partido de ayer fue la misma primera parte que tantas y tantas otras en las que lo único que se impone es el bostezo, en el que se juega a ritmo de tortuga con reuma, en la que se desespera a la gente con gambeteos incesantes, con giros más propios del salto de trampolín pero sin agua, en la que apenas se tira a portería (dos remates en el mismo minuto, el segundo a la salida del córner propiciado por el primero). En el que no se ve ni un solo ápice de mejora en un conjunto que volvió a jugar con 10 futbolistas del año pasado más Iago Novo, que nada está demostrando pero al que tampoco creo beneficia en nada tirarse muchos minutos acostado en una banda derecha que el Pontevedra (salvo cuando recurre a Dalisson) tiene completamente inutilizada.

Fue otra vez una primera parte insoportable, lenta, tediosa y desesperante en la que Cristal o Gabriela Suárez se pasaban minutos y minutos viendo a Luis Alfredo o Tito Clemente en planos cortos mientras ambos se confesaban de manera interminable su amor imposible por las circunstancias.

Insisto, la primera parte no tiene perdón de Dios, se repite con demasiada asiduidad y echa literalmente a la gente de las gradas.

Ni siquiera el hecho de haber ganado hace 7 días fuera de casa manteniendo la portería a 0 ( no se lograba desde Enero) propició que se diera continuidad al “once”.

En este caso Yelko volvió para dar banquillo a Cambil y el que apareció en ataque fue Carlos en lugar de Rufo.

Si con eso se intentó dotar de algo más al equipo, ni se consiguió ni se atisbó por donde iban los tiros.

La segunda parte fue algo mejor, claro. Faltaría más.

Incluso en los culebrones citados existen episodios donde pasan cosas. La entrada en la cárcel de Gabriela; el descubrimiento impactante de Victoria de su maternidad respecto a Cristal.

Era imposible jugar más lento que en los primeros 45 minutos. Por un mínimo de vergüenza profesional había que hacer algo más tras el descanso. Y algo más se hizo.

Se crearon ocasiones suficientes para ganar que fueron falladas desesperantemente por los delanteros y por los que no son delanteros.

Se produjeron dos jugadas muy polémicas en las que desde la grada pareció que se habían cometido dos penaltis que un árbitro muy pagado de sí mismo, muy estiloso en sus “correres” y gestualidad pero tan malo como la 2RFEF, decidió no pitar.

A cambio, en la única jugada que el Marino (que jamás había ganado aquí, otro éxito de la gestión Murillo) pasó de medio camponi estuvimos atentos, ni coordinados, ni serios y encajamos un gol evitable que nos llevaría en última instancia a una derrota humillante.

Se sacaron multitud de saques de esquina y no se remató prácticamente ninguno (ya sabemos que habría pasado si fuera al revés).

Con un resultado que no era el que se quería se decide quitar a un delantero (por desacertado que estuviera ante el gol) por un hombre de banda con lo que los minutos en los que los dos únicos puntas que tiene el equipo jugaron juntos fueron escasos en un partido en casa ante un rival asequible al que no se estaba ganando.

Alex volvió a ser la mejor solución ofensiva aún a pesar de tener que arrancar 25 o 30 metros más atrás de lo recomendable por tener que estar en el lateral.

Lo mismo de siempre, lo mismo pero además con ese 0-1 lamentable en el marcador ante un rival que no acababa de creerse que estaba ganando en el campo de Pasarón.

Indefendible, intolerable y además con esa sensación recorriendo el ambiente de que no se mejora nada. Que el equipo juega cada vez el mismo partido. Que se hace aguas atrás, que se falla demasiado delante, que no hay agresividad, que no hay ritmo alto de juego, que no hay nada de nada.

Esa sensación de culebrón venezolano que el equipo ofrece en el campo raya ya lo kafkiano en rueda de prensa.

Es que escuchando a Iago ayer al que esto escribe se le caía el alma a los pies.

Que si el Marino jugó muy atrás cuando no suele hacerlo y eso es “mérito” nuestro que hacemos cambiar a los equipos rivales; que si tenemos margen de mejora; que sí no hacemos “el otro fútbol”; que si el rival había perdido mucho tiempo (mi sensación no fue esa); que sí queremos crecer cada semana.

Lo de siempre. Palabras, palabras y palabras que luego casi nunca se reflejan sobre el terreno de juego.

El Pontevedra CF no debe perder nunca un partido como el de ayer.

El Pontevedra CF no puede “entregar” de manera lastimosa una primera parte en la que se limitó a andar por el césped y luego estar luchando contra el reloj en la segunda parte.

Que ya se ganó al Fabril aquí de milagro y en la última jugada.

Que no.

Que no se puede seguir así.

Que es una vergüenza que el equipo tenga una ficha senior libre.

Que es una vergüenza que una vez más los sub 23, todos, parecen estar de relleno y no aporten minutos de calidad.

Que es una vergüenza que dos de los fichajes estén en el dique seco desde el comienzo de Liga (por cierto, me gustaría saber si en lo de Fontán tiene algo que ver haber jugado los 90 minutos contra el Depor con solo 5 días de pretemporada).

Que es una vergüenza que tengamos peor plantilla que la del año pasado.

Que es una vergüenza que en las ruedas de prensa del entrenador ni haya autocrítica casi nunca ni se diga que perder ayer no es de recibo.

Que es una vergüenza que ni la Presidenta, ni el coordinador técnico (o como se llame el cargo de Maestre), ni el secretario técnico (o como se llame el de Charles) ni el “hombre en la sombra” que siempre se marcha para nunca irse, salgan en días como el de ayer a pedir disculpas, a decir que esto no puede seguir así y que el Pontevedra, por mucha tranquilidad que digan que se respira, no puede seguir arrastrándose de esta forma.

 

En las telenovelas que he citado en esta columna siempre hay un final feliz.

Cristal acaba feliz con Luis Alfredo; Emperatriz Ferrer vuelve a convertirse en Gabriela Súarez y se casa con su queridísimo Tito Clemente una vez desenredada la madeja de sus desencuentros.

Acaba bien Topacio, Rubí, Betty la fea etc etc.

El Pontevedra no va a acabar bien de esta forma.

La gestión desde arriba cada vez es más calamitosa, más desapegada de la realidad, más contraria a los intereses deportivos de una entidad que va camino de ser uno más nada menos que en 2RFEF.

Aquí no hay un guionista como Delia Fiallo o Boris Izaguirre que diseñan su historia para que los protagonistas acaben felices y comiendo perdices.  

Aquí el dueño de la serie, el productor, el guionista, el director y los protagonistas van camino de estrellarse una temporada más.

Estamos en Octubre, a tiempo de rectificar aunque con las lagunas y cortedad de la plantilla no será fácil.

A pesar de ello, mantenemos el rumbo.

Aquí no pasa nada y si pasa se le saluda.

El Numancia con 6 de ventaja y subiendo pero da igual.

"Estamos en construcción", nos sobran jugadores por eso dejamos plazas vacías y toda va genial entre suspiros de calma, de tranquilidad y de suficiencia.

Patético.



lunes, 9 de septiembre de 2024

Dejen de reírse de la gente, por favor.

Escribo esta dolorosa columna, otra más en los últimos (y no tan últimos) tiempos, sin la intención de hacer extensivo lo que siento tras la parodia de ayer a lo que puedan pensar otros aficionados del Pontevedra CF.

Cada aficionado, abonado o no, accionista o no, asiduo de Pasarón o no pero seguidor, en definitiva, del Pontevedra CF tendrá su visión acerca de lo que sucedió ayer en el estadio del Compostela.

Yo tengo la mía y tengo también grabadas a fuego las sensaciones desagradables que me hizo experimentar mi equipo, al que veo cada vez más parecido a un “meme” sin demasiada gracia y dejado de la más absoluta mano de Dios.

A la deriva, sin timonel en los despachos, en el banquillo y en el césped, deteriorando cada vez más una imagen que otrora fue señera y ahora se debate entre lo esperpéntico y lo ridículo.

Disputó el Pontevedra en el día de ayer unos 20 primeros minutos en los que pareció que volvía el conjunto de la primera vuelta de la pasada Liga.

Pasó por encima de su rival, llegó con fluidez al área contraria y concretó dos de las tres o cuatro ocasiones que generó en ese corto periodo de tiempo.

Protagonizó, en suma, un inicio de partido a la altura de lo que se espera de un equipo que no pinta nada ( o eso creía yo aunque cada vez tengo más dudas) en 2RFEF y que debe tener como único e insoslayable objetivo quedar primero para dejar de faltarle al respeto a su historia, a su escudo y a su afición.

El resto de la primera parte no fue tampoco nada mala. No se llegaba con tanta fluidez pero se tocaba el balón con inteligencia para que el Compostela corriera tras él sin orden ni concierto y desgastara sus fuerzas persiguiendo sombras.

Nada auguraba en ese momento lo que pasaría después porque un rival que ya no contaba en su convocatoria con el ariete fichado en verano, veía como el otro “9” se rompía en el 43 y otro jugador importante también se lesionaba minutos antes.

La segunda parte empezó casi como la primera, es decir, con solo un equipo sobre el terreno de juego que llegaba y llegaba, especialmente por la autopista que encontraba continuamente por su banda derecha ofensiva y que seguía sin encontrar oposición real en el equipo capitalino.

Sin embargo, ese “casi” utilizado al comienzo del anterior párrafo adquiría cada vez más importancia a medida que transcurría el segundo tiempo.

La gran diferencia existente con relación al primer tiempo es que esas llegadas nítidas y claras del Pontevedra no se traducían en contundencia, eficacia y diligencia a la hora del remate sino en constantes fuegos de artificio al concluir las jugadas con una inocencia impropia de un equipo que se supone (es mucho suponer) está hecho para el ascenso.

No se puede gozar de 6 o 7 ocasiones y llegadas tan expeditas en los primeros 15 minutos del segundo tiempo y no convertir ninguna. Sencillamente, no se puede si lo que se pretende es salir de una vez por todas de esta categoría.

Dalisson tres o cuatro veces, Chiqui, Novo… todas marradas, todas terminadas de manera ingenua… y fue en ese momento cuando el que esto escribe empezó a torcer el gesto.

Llegó otra fase del juego en la que la exuberancia ofensiva del Pontevedra se frenó pero en el que todavía no pasaba gran cosa. El Compostela aún no se lo creía y el Pontevedra no había iniciado su “hara kiri”.

Llegaron los primeros cambios granates y con ellos otra demostración palpable de los errores reiterados y negligentes de la nula dirección deportiva de la entidad.

Xabi Domínguez (que ya estuvo gris frente al Valladolid) fue colocado en la izquierda en lugar de un Novo que había alternado ambas bandas (aún sin ser un jugador para acostarse en ninguna de ellas). La diferencia entre ambos fue enorme.

Mi mayor decepción llegó con el otro integrante del doble cambio, Carlos López.

Salió el de Ares por un Rufo que hizo un gol y que se mató a correr y pelear contra la defensa santiaguesa.

Sostengo desde hace tiempo que el Pontevedra necesita apostar por la llegada de un delantero joven y con categoría que otorgue mayores opciones ofensivas al equipo a lo largo de la temporada.

Ahora, si hay una forma de luchar contra esa idea, de reivindicarse en el terreno de juego, es correr, pelear y por supuesto marcar que es lo que ha hecho Rufo en estos dos partidos.

Y lo contrario a ello es salir al campo y no dejarse la vida detrás de cada balón (tengas acierto o no) y no ayudes a oxigenar a tu equipo que afrontaba el tramo final del partido.

Eso es lo que no hizo ayer Carlos López al que me he cansado de defender en este blog pero cuya actuación me causó la más profunda de las decepciones.

No, nos confundamos.

De la debacle que llegaría a continuación no es más culpable Carlos que los demás porque para que ocurran catástrofes futbolísticas deben fallar muchas cosas en el aspecto colectivo y además, como desgraciadamente sabemos, no es ni la primera ni la segunda vez.

Si pongo de manifiesto la muy mala actuación de Carlos López o Xabi o la igualmente intrascendente labor de Fontán y de Cambil que salieron después, es para poner de manifiesto que esta plantilla ni es más larga que la de la temporada pasada ( por mucho que Presidenta y entrenador se hayan llenado la boca hablando de profundidad de banquillo y “doblaje” de posiciones”) ni creo que tenga la misma calidad.

No olvidemos en ningún caso que el Pontevedra cuenta de manera increíble, intolerable e indignante con una ficha senior libre y ha dejado cuatro sub 23 sin ocupar.

Que ayer Fontán, lateral derecho clásico, salió para jugar por delante de Garay (Bastos bis); que Xabi Dominguez es el primer recambio tanto para la banda derecha como para la izquierda y que además Novo está teniendo que salir de titular acostado en alguna banda cuando la zona en la que más puede brillar no es en ningún caso esa.

Y por supuesto que ya en la segunda jornada Alex está jugando de lateral por obligación en un error que ya por reincidente no sé si lleva más a la risa que al llanto.

Pero volvamos al campo y a la vergüenza que al menos a este atribulado bloguero le hizo sentir su equipo a lo largo del último cuarto de hora.

Recordemos de nuevo en primer lugar que el Compos no podía contar con Cinta, perdió a Barreiro antes del descanso y a un par de jugadores más por lesión a lo largo del partido.

Todo ello no impidió que al borde del 75, un balón colgado hacia la zona izquierda de nuestra defensa no fuera despejado como tendría que haber sido y un jugador local se anticipara de cabeza dirigiendo el balón hacia nuestro área; que Alex rompiera el fuera de juego al estar algún metro más atrasado que el resto de defensas y propiciara que el único punta que le quedaba al Compostela pudiera recibir habilitado; que nuestros dos centrales, especialmente Mario, que veían la jugada de cara estuvieran más lentos que el caballo del malo en un western para llegar a corregir el desbarajuste colectivo y que luego llegara el remate que acortaba distancias.

Hay más, por supuesto.

A partir de ese momento el Pontevedra CF entra en pánico, shock, catalepsia grupal o como se le quiera llamar aunque yo prefiero denominarlo ausencia completa de personalidad sobre la hierba.

Nos olvidamos de tocar la pelota, de tratar de defendernos con ella pues no sabemos hacerlo sin ella, de demostrar a la gente que los vodeviles de la Liga pasada habían terminado, en definitiva, nos olvidamos otra vez de la camiseta que llevamos, del objetivo que tenemos y de que no se puede hacer más el ridículo por los diferentes campos de España.

Sin llegada ya en ataque, sin esa pausa para mover el balón, todo quedaba a expensas de que el rival que se limitaba a bombear pelotas mal defendidas en todos los casos por el Pontevedra, no acertará con algún remate para amargarnos el día.

Sobre el 90, el autor del primer gol, e insisto, único delantero que le quedaba al Compostela no puede aguantar los calambres y deja a su equipo con 10 al haber efectuado los 5 cambios con anterioridad.

Ni así.

La jugada del empate a dos pone de manifiesto por enésima vez que este equipo solo tiene un plan. Solo sabe mover la pelota, algunas veces con más velocidad otras con menos, y no tiene la menor idea de cómo resguardarse en aquellos momentos en los que a lo largo de una Liga llegan “temporales” más o menos virulentos alrededor de su área.

Primero Edu echa el balón fuera pensando que el Compostela lo devolvería en la penúltima acción del partido. Si el Compostela decide pasarse por el arco del triunfo la elegancia de devolver esa pelota no es cosa nuestra. Lo nuestro es utilizar la cabeza y saber que a esas alturas la caballerosidad iba a brillar por su ausencia.

Después se deja progresar a un jugador, se le deja centrar al segundo palo, no se defiende esa zona y se les deja efectuar una dejada de cabeza y luego se permite que haya un futbolista solo para conectar ese disparo que nos enviaba directamente a la lona.

No es ya, por tanto, un problema individual de este o aquel.

De lo que se trata en realidad es que este equipo sigue sin saber defender si balón.

No sabe qué hacer cuando el rival quema cartuchos, adelanta líneas y cuelga pelotas.

No las sabe defender. Carece de agresividad en ataque (por eso falla las que falla ayer) y en defensa.

 Es incapaz de ganar balones divididos por todo el campo cuando el partido se torna áspero y en los momentos que hay que poner mucho más que el toquecito a dos metros.

Es un auténtico desastre y un disparate y la sensación que me embargaba ayer al final del choque es que se habían reído descaradamente en mi jeta sin ningún tipo de escrúpulos.       

Me da igual que estemos en la segunda jornada, que quede mucho y todas esas excusas de mal pagador que es posible que se escuchen estos días.

El Pontevedra CF si de verdad quiere subir; si de verdad es consciente de que no puede estar más en 2RFEF; si de verdad tiene vocación de volver al fútbol profesional, no puede dejar en ningún caso que le empaten un partido como el de ayer, en ningún caso.

No se lo merece la afición, o para que no se me acuse de hablar por otros, no se lo merecen aquellos que sintieron la misma vergüenza y desamparo que sentí yo al final del partido y que sé que no son pocos.

Esto no puede seguir así.

Es insostenible e intolerable.

No hay rumbo, repito, ni en el despacho más elevado, ni en los despachos intermedios, ni en el despacho del hombre sin sombra, ni en banquillo y desgraciadamente tampoco sobre el césped en el que no hay nadie que de un grito y ponga a todos firmes para que ridículos como el de ayer no se sigan repitiendo.

Estos puntos ya se han ido. Son puntos que eran nuestros, que jamás deberían haberse escapado y que nunca volverán.

Lo que sí permanece es el escarnio, el sentimiento de indignación e incluso de impotencia de ver como este equipo permite que le roben la cartera una vez más y se desgaje una parte más de su no sé si existente orgullo

Así no se va a ninguna parte.

Dejen todos (desde arriba hasta abajo) de reírse de la gente.  

   

      

lunes, 2 de septiembre de 2024

Victoria entre viejos vicios.

Vaya por delante que el que esto escribe es de esos que entiende que en el fútbol ganar es lo más importante (en realidad, casi lo único que importa).

De esos que si su equipo genera quince ocasiones de gol y las falla una tras otra para empatar a cero, al final se marcha para casa con un “cabreo” monumental y nulas ganas de ver más fútbol.

De esos, en definitiva, que salen del estadio o de cualquier otro lugar en el que ha visto el partido, más sereno y con más ganas de vivir si su equipo ha acabado ganando aunque haya dado una imagen lejana de la que en verdad piensa que debería ofrecer.

Claro que esas sensaciones más intensas y cercanas al partido que acaba de terminar duran lo que duran, unas horas en el caso de que se trate de un simple partido de Liga.

Después llegan las otras. Aquellas que se aposentan cuando los ecos del choque ya han cesado por completo y te inclinan a pensar si el camino que ese día ha recorrido el equipo es lo suficientemente sólido, al margen del resultado, para llegar a logar el objetivo final marcado a principios de temporada.

Ayer el Pontevedra ganó el primer partido de Liga en casa frente al Valladolid Promesas 1-0 y de penalti.

Y lo cierto es que esa frase, 1-0 y de penalti, viene al pelo de lo que realmente fue un encuentro en el que el equipo casi nunca se acabó de encontrar cómodo contra un rival asequible y acabó pidiendo la hora para que ya el primer día no acabase en gran chasco.

De entrada (al margen de la baja sorpresa que ya es tradicional en la gran parte de las convocatorias pontevedresas de los últimos tiempos y que en esta ocasión tuvo como protagonista a Fontán por unas molestias que casi nadie conocía) la ubicación de algún jugador decidida por Iago Iglesias ya llevó a parte del personal a una cierta perplejidad.

Mientras la portería y la defensa eran idénticas a las de la pasada campaña (con la sola novedad de Hector Hernández en el lateral izquierdo) y los “tres del medio” también eran los mismos, lo novedoso vino en los hombres encargados de jugar por bandas por delante de los laterales.

En la derecha actuó Chiqui.

Es cierto que en esta pretemporada, al menos en el Luis Otero contra el Lugo, esta prueba ya se realizó durante aproximadamente media hora de aquel partido.

También es verdad que no se usó esta variante en ningún momento de la temporada pasada.

Es Chiqui un jugador que aporta profundidad, desborde pero también ciertas dosis de desconcierto.

La Liga pasada, actuando a pierna cambiada, su acción favorita era la de tratar siempre de desbordar para ir perfilándose hacia adentro y tratar de disparar o centrar con su pierna “buena” que es la derecha.

Ayer, en cambio, jugando a pierna natural, gozó de las dos oportunidades más claras del primer tiempo que se fueron al limbo por querer acomodarse el esférico para chutar con la izquierda cuando en ambas acciones (una en la que recortó cuando no debía y ni tiró y otra en la que sí disparó) lo que procedía era “reventarla” con la derecha.

Sorpresa todavía mayor fue encontrarnos a Novo en la banda izquierda.

Evidentemente, al ex del Langreo hay que conocerlo mucho más todavía porque acaba de llegar pero quien más quien menos entiende que este futbolista ha desplegado siempre sus virtudes en una zona más centrada del campo en la que pueda explotar su visión de juego, pase y creatividad.

El caso es que con un Chiqui que seguía empeñado en meterse hacia adentro a pesar de ubicarse en la derecha y un Novo que a pesar de intentar cosas estaba semi desaparecido en la otra banda, el tapón que se formó por el medio no fue menor y el Valladolid Promesas (que con la salvedad de dos o tres jugadores) no era un equipo con demasiada envergadura y presencia sobre el césped no tenía demasiados problemas en abortar los intentos granates por crear peligro en ataque.

Yelko y Dalisson (a pesar de que este sí pudo en alguna ocasión sacar a relucir su calidad en el recorte) estaban bien vigilados y Samu (que no tuvo su mejor día) también encontraba por delante un mar de piernas en el que resultaba muy complicado flotar.

A todas estas cuestiones se unía otra que ya conocemos de la segunda vuelta pasada y que desgraciadamente volvió a aparecer ayer, un ritmo de juego lentísimo.

El líneas generales (a lo mejor potenciado por el escaso juego por las bandas y el atasco por el centro) el Pontevedra volvió a jugar a paso de tortuga en grandes fases del choque que ayer sí dio para ganar (1-0 y de penalti) pero que no será suficiente para salir de una vez por todas de esta categoría.

Jugar andando fue suficiente para sacar los 3 puntos en casa contra un equipo fogoso pero ingenuo como el Valladolid Promesas pero darse estos paseos en gran parte de los partidos no llegará para lo trascendente, lograr el ascenso.

Y no es excusa para ello que estemos en la primera jornada de Liga ni pretextos de “todo a cien” por el estilo.

El Pontevedra debería estar obligado (de hecho lo está) a dotar su juego al menos en alguna fase del partido de la velocidad, energía, agresividad y ritmo suficiente para crear problemas a su rival y eso no pasó en el debut liguero.

Aprovechando el escaso ritmo que imprimía el Pontevedra a su fútbol, el Valladolid avisó antes del descanso a través de un cabezazo que no acabó en gol por la extraordinaria intervención de Edu que rechazó la pelota a corner.

Debió gustarle la primera parte a Iago pues siguieron los mismos jugadores y en las mismas posiciones al comienzo del segundo tiempo.

Y pronto llegó el gol del triunfo.

No lo hizo a través del juego colectivo sino en una acción brillante de Dalisson que recortó con clase a un defensa que terminó por derribarle tan ingenua como claramente dentro del área de castigo.

A pesar de haber fallado una pena máxima en el Luis Otero, Rufo cogió el balón y lo introdujo en la portería vallisoletana con un disparo potente desde los 11 metros.

Y en ese momento, con 35 minutos todavía por jugar se vio otra vez ese viejo vicio del año pasado que resulta extremadamente desquiciante e indignante.

En vez de apretar siquiera unos minutos más para zarandear a un Valladolid muy joven con el objetivo de sentenciar el partido, apareció de nuevo el “gilijuego”.

No encuentro otra forma de llamar a esta actitud (claramente buscada y querida desde el banquillo) de olvidarse de la portería rival una vez conseguido el primer tanto.

Lo hemos visto demasiadas veces ya la Liga pasada (bastantes de ellas con funestas consecuencias en el marcador, especialmente fuera) para que ya esta temporada desde el principio se advierta que ese no es el camino.

A partir del gol, el Pontevedra llevaba el balón a banda en ataque y consciente y deliberadamente lo retrasaba poco a poco para que después de pasar por el medio campo, llegará a la defensa y finalmente al portero.

Daba igual que en varias de esas opciones nuestros futbolistas se encontrasen en ventaja de efectivos para penetrar y generar daño en área rival. Lo que se hizo fue retrasar el balón, tocar el mismo sin intención alguna y pasar de jugar de ritmo de veterano a hacerlo de jubilado y así se podrán ganar partidos pero en ningún caso se podrán lograr ascensos.

Fueron minutos incomprensibles, mimetizados con los de la segunda vuelta de la campaña anterior y que trajeron como consecuencia la misma que en el pasado, es decir, que un rival tocado y dispuesto a irse al suelo con decoro al siguiente golpe, se viera amnistiado y decidiese dar un paso adelante para contrarrestar la hospitalidad mal entendida de su anfitrión.

Pasaron más cosas además de esta forma de jugar rayana en lo inexplicable.

Salió Alex al campo por Novo y duró como exterior “lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks” (Sabina dixit).

Ni un minuto después de su salida al campo, Héctor se rompía y el capitán se condenaba de nuevo al lateral, saliendo Xabi Dominguez al césped.

La lesión de Héctor Hernández (que parece seria y no precisamente para un par de jornadas) es un infortunio, está claro, pero no olvidemos que este futbolista de 33 años llevaba sin jugar toda la temporada 23/24, no por lesión, pero sí por no haber encontrado un equipo que colmase sus aspiraciones y volver a competir siempre es complicado.

Esta baja, sin duda, nos hace daño porque al no haber otro lateral izquierdo la alternativa más plausible es la de colocar ahí a un Alex que acabó muy “zurrado” la Liga pasada y que aporta mucho más en posiciones de ataque.

Otra opción sería la del canterano Marqués que actuó ahí en pretemporada aunque en el juvenil jugaba de extremo izquierdo.

Volviendo al partido de ayer, con un Valladolid cada vez más envalentonado por la incomprensible actitud de su rival, llegó otro vicio del pasado, sufrir a balón parado.

Por suerte, tras una serie de rebotes, el remate con el pié de un atacante (recordemos que al Pontevedra no hace falta rematarle de cabeza para crearle peligro en los corners) volvió a ser contestado con otra gran parada por Edu que evitaba tener que ir a toda prisa a romper los cristales de los extintores.

También es verdad que en ese lance del juego, el balón parado, el Pontevedra enseñó alguna jugada bien elaborada en ataque que acredita que se está trabajando en la estrategia para aprovechar, entre otras cosas, que jugamos con un central de 1,90.

Después de ese susto del corner, de que Xabi Dominguez no estuviera demasiado afortunado en alguna acción por la derecha y de que Carlos López fallara un gol cantado en el 88 para poner más trecho en el marcador, el partido llegaba a su fin con esta victoria que nos otorga los tres primeros puntos de la competición aunque la impresión hubiera sido que más que el primer partido de la Liga 24/25 se había visto otro más de la segunda vuelta de la 23/24.    

Ganar es lo más importante, sí. Pero sinceramente creo que con esta manera de jugar tan exasperantemente lenta, sin ninguna intención de ir a degüello a por el rival una vez le has hecho la primera herida seria, en resumen, sin aprender los que nos “mató” el año pasado, va a resultar muy complicado no volver a sufrir como en el pasado reciente.

Ojalá me equivoque aunque creo que al Pontevedra CF se le debe exigir mucho más de lo que enseñó ayer en el Estadio Municipal de Pasaron.

Ahora a Santiago.

Me da la impresión que para ganar allí (algo que ya no pudimos hacer hace unos meses) tendremos que poner bastante más sobre la hierba.

martes, 27 de agosto de 2024

El Mar de la Tranquilidad

En realidad, la entrevista se parecía mucho a cualquiera de las otras que se le han hecho a Guadalupe Murillo en los últimos tiempos, no tanto por las preguntas sino, sobre todo por las respuestas.

Sin embargo, el titular principal de aquella: “Lo que identifica al Pontevedra de Lupe Murillo es la tranquilidad”, provocó que casi de manera inmediata a mi mente vinieran aquellas imágenes impactantes de Neil Armstrong pisando por vez primera territorio lunar.

Corría el mes de Julio de 1969 y ni el atribulado bloguero que estas líneas escribe ni la Presidenta actual del Pontevedra CF habíamos siquiera nacido.

Millones y millones de seres humanos se reunían en torno a las televisiones de sus hogares para comprobar entre atónitos y algo acongojados como el Apolo XI llegaba al satélite más cercano a la Tierra y Armstrong y Aldrin pisaban la luna embutidos en sus  trajes espaciales.

El primero que tocó suelo selenita, Armstrong, pronunció al mismo tiempo que ponía el pié en tierra firme (bueno, en este caso “luna firme”) la ya legendaria frase “Un pequeño paso para el hombre pero un gran salto para la humanidad”.

Siempre me llamó la atención el nombre de la zona de la luna elegida para el alunizaje de aquella expedición tripulada, el Mar de la Tranquilidad.

Al parecer, y como en realidad resulta bastante lógico, se buscaba una zona del satélite que fuera lo más plana o llana posible. Sin montañas o cráteres que pudieran obstaculizar el acoplamiento a la hora de tocar suelo de la cápsula en la que iban ambos astronautas.

Se imaginan a Murillo rebanándose los sesos en busca de la máxima expresión de la tranquilidad?

Se la imaginan planeando un cambio de sede social del Pontevedra CF para trasladarla a esa paradisíaca zona de la luna en la que no corre el aire, no hay nada en quilómetros a la redonda que estropee la vista de un horizonte insondable y en la que ni siquiera tendría que aguantar a esos dos mil y pico (siendo optimistas) “pesados” que siguen acudiendo regularmente al estadio con la ingenua intención de ver a su equipo ganar partidos?

Que mejor idea que ese traslado. Podría conllevar incluso la construcción de una vez por todas de esa ciudad deportiva sin los molestos trámites en forma de licencias, calificaciones del uso del suelo y demás zarandajas que tenemos en la tierra. Allí, en pleno Mar de la Tranquilidad, habría espacio suficiente para construirla y cumplir ese sueño pendiente para la entidad.

No se podrían jugar partidos contra otros equipos y solo existirían encuentros entre los jugadores de la plantilla granate (es posible incluso que podrían jugar esos partidos con trajes espaciales de color granate que llegarían con tiempo suficiente antes de empezar los entrenos y no como en la Tierra en la que a escasos días de tener que jugar los dichosos partidos parece que no han llegado ni las camisetas oficiales).

Sería perfecto. Sin la presión de los resultados, ni de militar en una categoría impropia para la institución, ni silbidos en unas gradas que estarían vacías ante el coste inasumible para la gente de los viajes al  ”campo espacial”.

 Incluso podría conseguirse que la tvg nos tratara con la deferencia que tantas veces hemos echado en falta y retransmitiera los entrenamientos para que los abonados amortizaran en parte el precio de los carnés.

Así a lo mejor el Pontevedra CF volvería a ser un “grande” de Galicia.

Digo esto porque en la entrevista publicada el Domingo, Murillo afirma también que “entendemos que el Pontevedra es grande en Galicia y por eso siempre hemos soñado en grande..”

Es verdad que llevarse el club a la Luna más que soñar en grande sería “soñar en alto” pero es que creerse que el actual Pontevedra “sueña en grande” es algo así como hacer creer a la gente ( como ya  intentaron algunos conspiranoicos) que el hombre nunca estuvo en la luna y que todo se rodó en un estudio de tv.

Porque…. De verdad es soñar en grande o es tener mentalidad de “grande” que el club desde dentro no considere un fracaso sin paliativos no ascender de 2RFEF a 1RFEF y ponga paños calientes a un palo deportivo de primera magnitud?

De verdad es soñar en grande o tener mentalidad de “grande” escuchar a tu entrenador hablar de “temporada increíble” el mismo día en el que en tu propia casa te dejan sin ascenso?

De verdad es soñar en grande o tener mentalidad de “grande” que no se te lleven los demonios al ver como SIETE equipos de Galicia se encuentran a día de hoy en una categoría superior a la tuya?

De verdad es soñar en grande o tener mentalidad de “grande” conceder una entrevista al periódico más importante de la ciudad y no manifestar ni un ápice, ni una mísera mota de autocrítica en tu labor a lo largo de esta última década?

No Sra Murillo.

Mire, hay que diferenciar entre club histórico y club “grande”.

El Pontevedra es y será siempre un histórico, no de Galicia, sino de toda España porque figura en la clasificación histórica de nuestra Liga al haber jugado en primera división, circunstancia que han conseguido solo el Deportivo, el Celta y el Compostela aunque este último ya no sea la misma sociedad.

Esto nadie nos lo podrá quitar nunca y es motivo de recuerdo, de orgullo y de alegría.

Ahora, ser un “grande” implica muchas más cosas de las que el Pontevedra CF por desgracia carece desde hace tiempo (incluso desde antes del comienzo de su presidencia).

Ser un “grande” implica exigencia máxima en lo deportivo y ser consciente de que un club como el nuestro no puede malvivir en la cuarta categoría del fútbol español (por cierto, la misma en la que estaba cuando usted lo compró) sin que tiemblen los cimientos de la entidad por dentro cuando no se logra un ascenso que era obligatorio.

Ser un “grande” implica mojarse mucho más y hacer mucho más para que la masa social de la institución, esa que acude a los partidos de una Liga y no aquella que solo se acerca a Pasarón en los días importantes, crezca de una vez por todas y no se quede en esos dos mil y pico que ya veremos si vuelve incluso a bajar tras otro nuevo revés deportivo de su equipo.

Ser un “grande” implica no traer un “coordinador de la secretaría técnica” cuando la plantilla estaba prácticamente configurada y no tener muy claro cuáles son las funciones de dicho coordinador pues de la entrevista no se deduce nada en firme.

Ser un “grande” implica (o debería implicar) contar con una jerarquía clara en los despachos tanto en el aspecto administrativo de gestión general del club como en la deportiva a la hora de saber quien toma las decisiones, si esos nombres que aparecen en su entrevista (Maestre, Charles, Ramos, Yago Iglesias ) o si las toma alguna otra persona que sigue en la entidad y que no es mencionado ni una sola vez en dicha entrevista.

Ser un “grande”, en definitiva, va mucho más allá de tener al día de cobro a sus futbolistas y personal (algo que este blog celebra, como no, pero que también entiende como una obligación de cualquier empresario).

Sí.

Implica tener “dos dedos de frente” en lo económico y no gastar lo que no se tiene o embarcarse en inversiones que podrían dificultar otra vez la existencia de la entidad (a este respecto, por cierto, suena ya bastante ridículo echarle la culpa permanentemente al covid del balance negativo en los más recientes ejercicios).

No obstante, siendo lo anterior cierto, eso no es excusa para que el Pontevedra CF pulule como una sombra por el fútbol español sufriendo para ascender de cuarta a tercera división (cuando lo logra) y no siendo capaz de mantener la categoría en esa tercera (1RFEF) protagonizando una campaña casi grotesca a todos los niveles.

La tranquilidad está bien, Sra Murillo.

Hay momentos en la vida en los que estar tranquilos y descansar revitaliza el espíritu y regenera la mente.

Ahora bien, una cosa es eso y otra muy diferente tomarse la tranquilidad como auténtica “pachorra”.

Eso ni revitaliza ni nada por el estilo.

Lo que eso provoca es que de la tranquilidad se pase a la apatía, a la indiferencia al desinterés, a la más insoportable de las rutinas.

Esa que implica naturalizar que nuestro sitio está con el Llanera, con el R.Avila, con el Bergantiños o con el Escobedo.

Y eso no puede ser, Sra. Murillo. Realmente no puede ser.

En cinco días empieza la competición.

Hay que ascender sí o sí.

Hay que ganar desde el primer día.   

No valen excusas, no valen pretextos. Tampoco valdrá la tranquilidad.

    

lunes, 3 de junio de 2024

No sé si el tiempo....

No sé si el tiempo… aunque supongo que sí, ayudará como tantas otras veces a cerrar esta herida abierta por la que se vierten hacia ninguna parte muchos sueños, ilusiones y esperanzas otra vez truncadas por no ser capaces de ganar en casa.

No sé si el tiempo… aunque supongo que sí, permitirá que en ese rincón especial del corazón vuelva a brillar una pequeña luz con el anuncio del algún fichaje, de alguna renovación, de alguna noticia alentadora.

No sé si el tiempo… aunque supongo que sí, hará más llevadero sobrellevar una nueva decepción, otro varapalo inmenso que se empezó a generar hace ya bastantes semanas y explotó ayer con todo su veneno, al ver a un equipo incapaz de sobrellevar la importancia del choque y mostrarse inferior durante casi todo el partido a un muy buen equipo de veinteañeros.

No sé si el tiempo…. aunque supongo que sí, conseguirá,  no que te vuelva a querer, pues ese amor es imperecedero, eterno, inmune a cualquier derrota sea esta lo dura que sea, sino que vuelva a pensar en ti con confianza en tu futuro, en tu indudable potencial para crecer que se desaprovecha año tras año por una gestión nefasta, en tus posibilidades inmensas que ayer volvieron a romperse ante la mirada de 10.000 espectadores entregados.

No sé si el tiempo… aunque supongo que sí, colaborará para que cuando se formen los grupos y no me encuentre la Cultural Leonesa, el Lugo o el Real Murcia y sí el Escobedo, el Llanera o el Real Avila pueda reunir la fuerza suficiente para aguantar otra temporada en la cuarta división viendo como hasta siete equipos gallegos (algunos con una masa social mucho menor) juegan más arriba y sacan partido al máximo de los recursos de los que disponen.

No sé si el tiempo…aunque supongo que sí, irá retirando hacia un lugar más recóndito de mi cerebro (allí donde descansan las derrotas del Sevilla B, Córdoba, Ceuta, Alcorcón, Puertollano, descensos etc etc) este nuevo fracaso ante el Betis Deportivo y la imagen de impotencia que transmitió  el equipo hasta que en el 87 llegó un gol casi por casualidad.

No sé si el tiempo… aunque supongo que sí, disolverá poco a poco en la memoria cosas como ver a Garay completamente superado en toda la eliminatoria por su par sin que NADA se hiciera ni en Sevilla ni lo que es peor, en Pontevedra. Disuelva también la impotencia de presenciar como ya no hacía falta que nos sacasen corners para hacer peligro sino que ese peligro llegaba de nuestros propios lanzamientos por una ejecución infame y una colocación para el repliegue incalificable. Disuelva asimismo la incapacidad de mi equipo para atacar la presión del rival que nunca pudo ser superada con efectividad para que fluyese, siquiera un poco, el fútbol que tiene en sus piernas. Y disuelva también lo más pronto posible el recuerdo de actuaciones individuales demasiado mediocres y en algunos casos inesperadas como las de Chiqui, Yelko, Carlos López o Dalisson.

No sé si el tiempo… aunque supongo que sí, cubrirá con su velo de irreversibilidad las lágrimas que vi en el rostro de otros en los minutos siguientes al término del partido, las caras desencajadas, la desilusión, mis propias lágrimas escapándose por el borde de los ojos y mojando las lentes de mis viejas gafas.

No sé si el tiempo… aunque supongo que sí, se reirá conmigo y con el resto de componentes de una de las mejores aficiones de Galicia bromeando sobre este fracaso en el momento en que por fin se consiga dar la talla y lleguen las alegrías que merecen aquellos que seguiremos acudiendo a Pasaron llueva, nieve, haga frío o el calor de ayer, estemos en “cuarta”, “séptima” o “decimosegunda” federación.

No sé si el tiempo… aunque supongo que sí, permitirán que la vergüenza y el cabreo que siento al leer las palabras de ayer de la Presidenta en la prensa, (enhorabuena Presidenta por esa copa Diputación, esos dos “campeonatos de Liga”, por cierto,  ambos en 4ª división y el presente “subcampeonato” también de Liga), no me impidan seguir creyendo en ti, en tu camiseta que un día ya lejanísimo estuvo en primera, en ese escudo precioso que evoca fútbol de siempre y permita también seguir recordando que estás por encima de todo.

Por encima de cualquier jugador, cualquier entrenador, cualquier directivo, cualquier Presidente y cualquier dueño o dueña por mucho que cada vez sea más ímprobo el esfuerzo para ello.

No sé si el tiempo… aunque supongo que sí, conseguirá que escribir en este blog o emitir en el podcast no sea un ejercicio de tortura china y vuelvan a convertirse en instrumentos de ilusión y en pequeños granos de arena para contagiar granatismo y hacer Pontevedra CF.

No sé si el tiempo, en definitiva…. aunque supongo que sí, volverá a colocarte en un lugar minimamente acorde con lo que un día fuiste, con lo que tu afición es todavía y con el orgullo que todavía muchos mantenemos de sentirnos, de decirnos y de gritar alto y claro que somos seguidores del Pontevedra CF.

HALA PONTEVEDRA. SIEMPRE Y EN TODO MOMENTO.