lunes, 5 de febrero de 2024

De Iago, Gueye y un contexto complicado

Este atribulado bloguero cree conveniente empezar esta columna con tres verdades difícilmente cuestionables.

La primera, el estado del terreno de juego de Pasaron perjudica mucho más de lo que parece al juego y a las intenciones del Pontevedra CF.

La segunda es que el equipo sigue demostrando en determinadas fases del partido periodos de excesiva complacencia o condescendencia que acaban pagándose con goles en contra y más nervios de los aconsejables.

Y la tercera es que bastante gente que va a Pasaron ( frente al Cayón más de 2.500 personas que siguen siendo pocas pero bastantes más de las que iban a principio de Liga), se da cuenta de las ocasiones en los que su equipo "mamonea" y le regaña con alguna pitada como la que le dedicó ayer mediada la segunda parte y que no pasó precisamente desapercibida.    

Hablemos de la primera, el calamitoso estado del césped del coliseo granate.

Fracasada definitivamente la actuación del pasado verano en el sentido de evitar que el campo experimentase este deterioro durante buena parte del otoño e invierno, es en esta época del año en el que las dificultades para evolucionar sobre la hierba son más intensas.

El campo está seco, con mucha arena todavía e incluso blando en bastantes zonas de su superficie. Según parece, no se le puede aplicar demasiado agua todavía y eso provoca que el balón, no solo siga botando cual liebre delante de una partida de galgos, sino que tampoco se deslice con la debida rapidez haciendo más complicado todo y más para un equipo que quiere basar su juego en la posesión continúa pero también en la profundidad y verticalidad en los últimos metros.

Esto es así y negarlo resultaría  absurdo pues ya son muchos años y muchas temporadas con esta evolución cíclica del césped de Pasarón.

Resulta comprensible, por tanto (al menos para el que esto escribe) que el Pontevedra encuentre más dificultades para dar velocidad a su juego; para desarbolar las defensas contrarias y deslumbrar como lo hizo a principios de campaña.

Sí, es cierto que también influye la lógica evolución de la competición, el menor margen de error de todos los equipos y el mayor conocimiento que todos van teniendo de las características de sus rivales.

Ahora bien, existiendo esas razones  adicionales, el campo nos hace daño pues esta plantilla está diseñada para llevarse bien con el balón, acariciarlo y pasearlo cual animal de compañía y no para tener que domarlo como Angel Cristo rodeado de sus leones y demás fieras salvajes.

Por eso que al equipo le cueste más hacer ocasiones de gol entra dentro de lo normal. 

Ahora bien, como ya ocurrió en otras ocasiones ya estando el campo así o peor, el equipo a base de esa posesión (más sucia y lenta, por las circunstancias que se están exponiendo) acaba por encontrar el camino del gol y a encaminar el partido a su favor.

Ayer fue primero Dalisson el que pudo marcar y el que lo hizo minutos después fue Rufo tras una bonita jugada entre Yelko y Bastos, un error en el salto de un defensa y una maniobra meritoria del pichichi del grupo que controló primero y tras bote conectó un gran disparo para hacer el 1-0.

Hasta aquí todo más o menos normal.

Sin embargo, entra en este momento la segunda verdad enumerada más arriba.

El Pontevedra, y no es la primera ni la segunda vez últimamente, entra tras poner el marcador a su favor en un periodo no se sabe si de relajación o de comodidad tan excesiva que se olvida de seguir controlando el juego, aunque sea con las dificultades que el césped provoca, y empieza a echarse un poco para atrás dejando más pelota a su rival al mismo tiempo que ralentiza el juego de una manera llamativa.

Son unos minutos en los que el Pontevedra deja de jugar en campo rival a través de la tenencia del balón pero en los que tampoco adopta la clara intención de hacerse fuerte atrás y buscar decididamente el juego a la contra.

Cuando tiene la pelota la frena literalmente e incluso la pierde a veces de manera fácil e incluso condescenciente y además no dota a su juego sin balón con la agresividad y contundencia necesaria para cerrar los caminos hacia Edu.   

Es cierto que ayer el gol llega casi por "accidente". Ni siquiera es un tiro a portería sino que se produce a través de un centro que se envenena y acaba superando a Edu Sousa por el amago del punta que no llega.

 Ahora, también es verdad que ni se presionó bien al centrador ni se ató como es debido al jugador que casi llega al balón y que el equipo llevaba ya bastantes minutos "mamoneando" sobre el campo.

Se marcó pronto tras el descanso  en un lanzamiento de falta de Yelko desviada por la barrera pero tampoco eso varió demasiado el guión con el que había terminado el primer tiempo.

El Pontevedra siguió jugando muy lento y sin saber muy bien a qué hacerlo. Se jugaba en corto en zonas de riesgo como nuestra propia área pequeña pero luego se enviaba el balón largo que casi nunca acababa en segunda jugada ganada. Se dejaba el balón al Cayón pero luego no se atacaban los espacios con decisión.

Y  en ese momento llegó la pitada que fue importante y llegó de más de una grada del estadio.

Iago hizo mención a la misma en la rueda de prensa posterior y es evidente que no le gustó demasiado.

No obstante, la interpretación que se debería hacer de esa música de viento debería ser aquella que encuentre el motivo en que la mayor parte de la afición, sino toda, es perfectamente consciente de que se ha hecho una plantilla buena para la 2RFEF pero que a la indudable categoría de muchos de nuestros futbolistas se le debe unir también esa concentración e incluso un punto de agresividad que a veces parece que se difumina o por sentirse mucho mejores o por marcharse de vez en cuando de los partidos.

Esos pitos significan, en opinión del que esto escribe, que la gente sabe que hay equipo para quedar primeros y que en casa ante el Cayón, por muy mal que esté la hierba y por mucho que también se juegue el rival, hay que demostrar más autoridad.

Creo que Iago es el primero en saber que cuando el equipo da esfuerzo la gente se lo agradece y lo lleva en volandas pero la exigencia de una entidad como esta también está ahí y es mejor que a veces se manifieste de esta forma y no se caiga en esa insoportable apatía que también hemos experimentado no hace mucho. 

No fue a raíz del primer doble cambio (Borja y Alex por Bastos y Dalisson) cuando empezó a cambiar la cosa.

Realmente el guión mudó bastante con el segundo doble relevo que provocó la salida del campo de Chiqui y Mayo y la entrada de Toño y Gueye.

El Pontevedra, en ese instante, asumió que debía esperar definitivamente al Cayón y machacarle a base de contragolpes cada vez que el rival intentara volcarse.

Y así se hizo.

Ya antes Borja pudo marcar de un gran disparo desde fuera del área y angulado que reventó el larguero pero luego llegaron más ocasiones y varias de ellas generadas por cabalgadas de Gueye y que o bien fueron desbaratadas por el portero cántabro o bien por el desacierto en ese último pase que convierte una ocasión en gol.

De Gueye se hablará a continuación pero en esos últimos 20 minutos de juego, el Pontevedra sí volvió a ser superior jugando claramente al contragolpe aunque no sentenciara casi hasta el final con el tercero de Rufo y el cuarto de un Carlos López que había sustituido a Yelko y que ya lleva 3 goles en los pocos ratos que ha salido.

Gueye? Al salir fue otra vez recibido con muchos silbidos y luego, sobre la hierba, cuajó una buena actuación aprovechando ese guión de partido que era ideal para sus características explosivas y de velocidad.

Todo lo que pasa con Gueye parece salido de una buena novela de suspense.

De esas en las que existen giros inesperados de argumento y diferentes sorpresas te llaman mucho la atención mientras pasas las páginas.

Recordemos.

Sorpresa fue su partidazo ante el Tenerife en Copa que resultó decisivo para pasar de ronda.

Más sorprendente fue todavía su fuga el día después por razones no del todo explicadas.

Como sorpresa se puede calificar también su primer regreso del que nos enteramos por medios ajenos al club y su alineación 15 minutos en aquel partido frente al Mérida en el que nos estábamos desangrando y perdiendo 1-5.

Luego acabó la temporada y otra sorpresa. No se sabe que pasa con Gueye. Tenía contrato pero ni estaba en Julio con el primer equipo ni con el filial.

No muy lejos del final de año, otra sorpresa de la novela. También por medios ajenos al club, nos enteramos que llevaba días entrenando con el B. Luego empieza a jugar con el filial y es clave para ganar un par de partidos.

Se le pregunta hace poco a Yago por el jugador y a pesar de que el técnico comenta que no le conocía mucho y que le gusta lo que ve en los entrenamientos, en principio, iba a seguir con el filial.

Y la sorpresa final se produce en el día de ayer en el que no acude a Viveiro con el B, es citado con el primer equipo y juega, bien insisto, 20 minutos ante el Cayón.

Mi opinión al respecto es clara. Confieso que aquel funesto día frente al Mérida la indignación que sentí con la decisión de Señor de sacarlo al campo fue muy grande. Comprendí los pitidos al chaval y creo que todos supimos que Señor (aún a pesar de cumplir ordenes del club) estaba sentenciado. 

A día de hoy también creo que la culpa ya no la tiene el chico. 

Dio en su momento una rueda de prensa pidiendo disculpas. Se le pitó con razón de forma casi unánime el día del Mérida y a día de hoy, solo él con su rendimiento y demostrando que ha entendido lo que significa este escudo y esta entidad podrá dar la vuelta a la situación y que cada vez más gente o se calle o incluso le aplauda antes de pitarle.

Más responsabilidad en la actualidad tiene la entidad que el propio jugador.

Ese secretismo en todo lo que rodea su caso. Tener que enterarse por medios externos de sus regresos, no saber que pasó con aquel expediente que se le abrió....

Creo que Gueye, insisto, debe cumplir su penitencia sobre el césped y conquistar a la gente con su fútbol pero la gestión de la entidad de este tema sigue siendo muy deficiente.

Salta la noticia (aunque los rumores ya eran insistentes en los últimos días) que el proceso de ampliación de capital de la entidad ha sido declarado nulo por un Juzgado de lo Mercantil de Pontevedra tras las demanda del grupo opositor al Consejo.

Otra vez defectos de forma que parece (no es firme la resolución pues cabe recurso) vuelven a lastrar al Pontevedra por no hacer las cosas como se debe.

Otra demanda de este grupo "fantasma" que no aparece en público nunca, del que no conocemos proyecto alguno si es que lo tiene pero que aprovecha las "chapuzas" del  Consejo para sacar partido.

En medio? El Pontevedra CF que sigue navegando en los sótanos del fútbol español cuando el potencial de esta entidad debería provocar que estuviera bastante más arriba.

En fin, en Guijuelo se defenderá por tercera vez el liderato. Las dos primeras sin éxito.

¿La tercera será la vencida?

   

martes, 23 de enero de 2024

Algo más que matices

Lleva advirtiendo Iago Iglesias desde hace algún tiempo a través de las diferentes ruedas de prensa que ofrece ya antes de los partidos ya después de los mismos, que el equipo trabaja para adoptar diferentes registros según las circunstancias del encuentro que se tenga que afrontar.

No se trataría según el técnico granate de cambiar el estilo de juego de su equipo, marcado por la posesión y jugar mucho tiempo en campo contrario sino de dotar de algunos detalles adicionales a esa forma de juego pensada y concebida en torno a la tenencia del cuero.

Sin embargo, en partidos como el del pasado Domingo (y no es la primera vez que salí con esa impresión tras ver al Pontevedra CF) parece que los matices rivalizan demasiado con el estilo primario y más que enriquecer este con esos detalles de adaptación a una situación puntual, parece que los mencionados matices acaban por comerse la idea original de juego.

Es mejor ir por partes.

En la primera mitad del choque y sobre una césped de Pasarón más parecido a un camino de cabras sin piedras o a un trozo de hierba dedicado al pasto del ganado vacuno, el Pontevedra trató y consiguió ser dominador a pesar de las evidentes dificultades que encuentra con este estado tan deplorable del campo.

El equipo acaparó pelota, no fue inquietado casi nunca por un rival joven pero veloz y con buena calidad técnica y acabó por encontrar el primer tanto en una buena jugada por la izquierda en la que un buen desdoblamiento de Zabaleta terminó en un centro de éste que fue desviado sin querer a la red por un defensa vallisoletano.

Había sido una primera media hora no brillante, desde luego, pero sí convincente de un Pontevedra que ejercía autoridad sobre un rival cuyos datos fuera de casa apuntaban peligrosidad y cautela.

Ya desde los minutos siguientes al 1-0 empezaron a aparecer los "matices" y el Pontevedra dio medio paso atrás para dejar que fuera el Valladolid quien se peleara más con el "césped" y tratara de llegar hacia nuestro área tratando de tener la pelota.

Fueron minutos extraños en los que no se sufrió pero en los que empezaron a vislumbrase las intenciones de cara al segundo tiempo.

No obstante, en una jugada rápida en la que Chiqui volvió a exponer lo que mejor hace con diferencia, (entrar con velocidad desde la izquierda hacia dentro rebasando rivales y encarando portería con su pierna buena), el Pontevedra encontraba un 2-0 tranquilizador y se marchaba a los vestuarios con una buena renta en el marcador.

Tras el descanso, pasaron varios minutos ya con el Valladolid B y el trió arbitral sobre el campo hasta que los jugadores granates hicieron su aparición para afrontar la segunda parte.

No sé si el motivo de la demora fue que alguno se había quedado dormido en el vestuario o cualquier otra circunstancia imprevista pero el caso es que el Pontevedra CF salió al césped medio dormido y en menos de un "decir Jesús" vio como el rival acortaba distancias en una acción preñada de pasividad por parte de todo el conjunto granate y culminada por un reverso de un delantero pucelano, en cuyo amago  cayeron con una ingenuidad preocupante tanto Eneko como Mario Gómez. 

A partir de ese momento, con casi toda la segunda parte por delante, los matices acabaron por comerse al estilo y el Pontevedra decidió entregar voluntariamente el balón al Valladolid B para tratar de hacer daño a la contra y acabar con la resistencia visitante.

Fueron los minutos siguientes al 2-1 algo inquietantes pues nada más marcar ese gol, el rival volvió a llegar con facilidad al área granate pero enviando un remate en buena posición bastante desviado.

El fútbol, sin embargo, a veces es caprichoso y cuando mejor parecía estar el Valladolid, uno de sus defensas comete un error garrafal y despeja un balón de manera deficiente para dejárselo a placer a Rufo que no desaprovechó el regalo para volver a poner tierra de por medio con el 3-1.

No cambió el guión a pesar de ese tercer tanto.

El Pontevedra siguió replegado y el Valladolid teniendo la pelota casi todo el tiempo. 

Pudo estrecharse otra vez el marcador si el árbitro no hubiera anulado un gol visitante por fuera de juego pero es cierto que tras el tanto de Rufo, sino cerrado, el partido parecía bastante más controlado que antes del error grave vallisoletano. 

Dice también en ocasiones Iago que hay veces que es el rival el que cambia cosas y te obliga a mudar de forma de jugar y meterte más atrás para buscar transiciones rápidas que hagan daño al contrario.

Es indudable que eso es así pero también lo es que ante los cambios tácticos de ese rival se pueden hacer movimientos propios que traten de contrarrestar las intenciones del otro y reafirmen las tuyas.

No debía estar contrariado, no obstante, Iago con el guión de esa segunda parte cuando mediada la misma decidió hacer un doble cambio que manifestaba su conformidad con ese estado de cosas y con la entrega del balón al Valladolid B.

No tanto por el relevo de Jaichenko pro Bastos (que, por cierto, estaba haciendo un buen partido) que no cambiaba demasiado sino por la sustitución de Danilsson (al que por lo menos el que esto escribe vio mejor que en los últimos partidos) por Toño Calvo.

Toño siempre cumple cuando sale y el Domingo pasado no fue una excepción pero a estas alturas de Liga ya sabemos que es un jugador de ida y vuelta, potente y bregador cuya presencia resulta más efectiva en escenarios como el que en ese momento se daba, es decir, seguir aguantando y tratar de sorprender con velocidad.

No cambió, por tanto, el transcurso del partido y el Valladolid siguió intentándolo con cada vez menos picante e intención y un Pontevedra más asentado en defensa.

Sí fueron diferentes los últimos minutos del partido.

A falta de poco más de 10 minutos, el Pontevedra efectuó otro doble cambio que tácticamente tampoco cambiaba nada. Carlos López por Rufo (9 por 9) y Borja por Yelko Pino.

Sin embargo, entre que el rival bajaba cada vez más los brazos y que los espacios eran un poco mayores, ese tramo final del choque si se jugó mucho más cerca del área visitante y el Pontevedra disfrutó de varias ocasiones para redondear todavía más el marcador.

Borja pudo marcar tras un lanzamiento desde fuera del área, Toño obligó a una buena estirada del portero, Carlos López estuvo muy cerca pero un rival sacó el balón cuando ya se colaba...

Incluso tuvo tiempo de debutar unos minutos la última incorporación con ficha del primer equipo, Azael García,  que dio descanso a un Chiqui que, en mi opinión, debe alcanzar todavía una mayor regularidad en su juego aunque disputó una notable primera mitad.  

Esta tendencia que muestra el Pontevedra en los últimos tiempos, cuando el resultado acompaña, de echarse más atrás y tratar de aprovechar los espacios a la espalda que deje el contrario no tiene que resultar ni mucho menos mala siempre que se defienda bien sin balón, faceta en la que no estoy seguro que el Pontevedra domine todavía a la perfección.

Lo que también creo es que el estado tan lamentable de la hierba de nuestro estadio, que mostraba un aspecto tan diferente en el mes de Septiembre y mediados de Octubre hasta que empezaron a caerse los cielos, puede estar influyendo en esta decisiones del cuerpo técnico.

No es la primera vez, insisto. En la segunda parte frente al Arandina se vio a un Pontevedra completamente replegado y aquel día, además, sin demasiado acierto a la hora de contragolpear.

Muchas fases de la segunda parte contra el Deportivo Fabril también fueron así y a diferencia del partido contra el colista, el rival nos creó ocasiones que nos pudieron hacer mucho daño y también nosotros encontramos esas contras que acabaron por aumentar la diferencia en el marcador.

Lejos queda aquel encuentro, por ejemplo, contra el Oviedo Vetusta en el que con un resultado corto hasta los últimos minutos, el Pontevedra trató de defenderse con la pelota y jugar el mayor tiempo posible en campo asturiano.

Puede influir, insisto, el "camino de cabras" en el que se ha convertido el campo (y que nadie vea en esto un ataque a la persona o personas que tratan de cuidar el césped pues este problema sigue siendo estructural a pesar de la operación que sobre aquel se realizó el pasado verano y que parece ha fracasado en su intento de mejora permanente), o puede ser porque en la segunda vuelta las bromas deben ser las justas pues el margen ante posible fallos cada vez es más estrecho.

No lo sé. El caso es que en los últimos partidos en casa (a excepción del jugado frente al Compostela que se rompió al quedarse el rival con 9 jugadores faltando bastante) el Pontevedra cuando obtiene ventaja ofrece otra cara diferente sobre el terreno de juego.

Ni mejor, ni peor (los resultados aquí a fin de cuentas siguen siendo buenos) pero sí diferente y los matices, a veces, parecen convertirse en el estilo.

Ojo al próximo desplazamiento pues en Langreo (que está en la zona alta) querrá legítimamente obtener revancha de la goleada de la ida y demostrar que es un buen equipo. 

No deberíamos caer en la siestas del inicio del partido contra el Fabril o el comienzo de la segunda parte ante el Valladolid B.

Hay que estar en el partido los 90 minutos y tratar, además, de cortar esa racha de 4 partidos seguidos encajando.

Si eso se logra, con la dinamita que seguimos teniendo en ataque se facilitaría mucho el trabajo.

      

martes, 9 de enero de 2024

"Lideratus interruptus".

Siempre que se empata sobre la hora un partido que parecía perdido, la sensación que dejan las tablas para el conjunto que iba por detrás suele ser de alivio por evitar una derrota que parecía segura.

No obstante, con el paso de las horas y la digestión completa del encuentro, el punto logrado adquiere su verdadera dimensión que a veces puede resultar más pequeña de la que parecía cinco minutos después de acabar el choque.   

El caso es que el PontevedraCF sabía que para llevar a buen término su primera defensa del liderato, debía ganar al R.Villalbés en el campo de A Magdalena y no fue capaz de hacerlo.

El partido no admitía "a priori" demasiado margen para la sorpresa en cuanto a su planteamiento y efectivamnte se desarrolló como casi todo el mundo esperaba.

El equipo local bien pertrechado atrás, junto, y al acecho de cualquier error del rival para sacar el aguijón y lastimar en forma de contra.

El Pontevedra asumiendo el peso del partido, acumulando un porcentaje gigantesco de la posesión y tratando de desarbolar la tupida defensa contraria en alguna acción combinativa elaborada con la debida velocidad y precisión en su ejecución.

Quizá el ingrediente más exagerado (que no inesperado) en la receta del partido no fue otro que el deficiente estado del terreno de juego.

Digo exagerado y no inesperado porque con solo haber visionado los últimos partidos jugados en casa por el R.Villabés, se podría llegar fácilmente a la conclusión de que el campo no iba a estar nada bien aunque es verdad que tras estas semanas de parón competitivo no resultaba demasiado lógico que la degradación del a hierba llegara al límite en el que se encontraba el Domingo pasado.

El caso es que el Pontevedra sobre ese césped que en nada beneficiaba a sus condiciones volvió a cometer los errores en los que suele caer cuando el escenario es el que se encontró el pasado Domingo.

Rival fuerte defensivamente y campo muy malo.

Con ese panorama, lo básico era tratar de no equivocarse nunca en zonas peligrosas para no darle alas a los contraataques o robos contrarios y en el aspecto ofensivo ser más concreto y contundente que nunca pues pocas podrían ser las ocasiones que se disfrutasen.

No se cumplió ninguna de las dos premisas.

En ataque, el Pontevedra se mostró demasiado elaborativo y "tirabuzonero" cuando las condiciones en las que se jugaba el partido exigían otra cosa.

Se llegó en innumerables ocasiones a las inmediaciones del área contraria pero en vez de ir a lo mollar, es decir, probar al portero contrario (extraordinario guardameta, por cierto), nos perdimos en toques de más cuando no eran necesarios o centros muy mejorables desde posiciones en las que quizá hubiera resultado más rentable tirar a portería para sacar más rédito.

De hecho, la mejor ocasión de esa primera mitad la protagonizó Yelko dejándose de zarandajas y enviando un disparo al larguero de la portería rojiverde y la otra ocasión más clara vino también de otro disparo lejano que se marchó fuera por poco.

En defensa, se hizo lo que no se debía en una jugada que admite dudas acerca de sí se cometió o no falta sobre un Churre al que ya antes de esa acción (y sobre todo después) se le vio despistado y algo fuera de sitio.

Sea como fuere, en una lucha de nuestro central con Isaac (delantero rival) en la que la ventaja parecía de Churre, este se va al suelo aparentemente derribado por su colega y al no señalarse nada el punta local encara el área de Edu y realiza un pase de la muerte para Uzal que solo tiene que empujarla a la red ante la impotencia de un Alex González que fue el único jugador granate que apareció cerca de la jugada una vez en el suelo Churre.

En directo pareció infracción, tras las repeticiones la acción admite más dudas pero el caso es que un partido que ya estaba siendo difícil y trabado se complicó definitivamente cerca del minuto 40 en la única acción de peligro del Villalbés si exceptuamos una llegada de su lateral izquierdo en los primeros minutos.     

Tras el descanso y ya con el partido verdaderamente de "nalgas", el guión no cambió demasiado aunque el Pontevedra pareció entender de una vez por todas que en días como estos más vale optar por elaborar algo menos sobre un campo que poco margen dejaba para las excelencias de un chef y buscar la portería rival aunque fuera con lanzamientos desde posiciones más lejanas.

Sobre el minuto diez entró Borja por Bastos, yéndose así Dalisson a la banda derecha.

El hispano brasileño tampoco encontró en esa ubicación la ocasión de subir su rendimiento y volvió a dar la impresión de que ya hace varios partidos que no encuentra su lugar y esa movilidad que tanto bien le hacen al equipo.

Pudo sentenciar pronto el Villablés en una nueva desatención de Churre que permitió a Isaac encarar en solitario a Edu que salvó el gol con su pecho.

Es cierto, por contra, que el Pontevedra se mostraba algo más venenoso en ataque y se desaprovecharon varias ocasiones entre las que destacó un cabezazo de Yelko en posición inmejorable para marcar y otra de Chiqui despejada por Santomé.

Alrededor del minuto 68 una jugada de desconcentración inexplicable de Yelko y Churre deja al Pontevedra con 10 al derribar este a un rival cuando encaraba a Edu Sousa. 

Los efectos de la expulsión, no obstante, duraron poco pues un par de minutos después una muy dura entrada de un jugador local a Borja Domínguez acarreó su segunda amarilla y la igualdad numérica sobre el césped. 

Los otros dos cambios que se efectuaron llegaron, a mi juicio, algo tarde.

A falta de poco más de un cuarto de hora, Carlos López y Barbeiro entraban en lugar de Chiqui y Dalisson.

El Pontevedra siguió luchando e intentándolo en un partido más roto con ese 10 contra 10. Sufrió alguna contra peligrosa del Villalbés pero también acumuló ocasiones, como una muy clara de Rufo atrapada por un superlativo Santomé y otra en la que Mayo (para mi el sostén del equipo durante esos minutos de ida y vuelta de la segunda parte) envió una pelota al poste.

Se había generado suficiente peligro en la segunda parte para al menos empatar y cuando todo parecía perdido llegó un balón aéreo ganado pro Carlos López y un rebote afortunado en el pecho de Rufo para poner la igualdad en el marcador y evitar la herida de irse de vacío de un partido en el que, a pesar de que volvieron a cometerse errores pasados, el Pontevedra no merecía acabar perdiendo.

En el descuento y con el Villalbés jugando con 9, el Pontevedra disfrutó de varios corners sacados con el el habitual desacierto de siempre que volvió a poner de manifiesto el poco peligro que lleva el equipo en la estrategia y lo importante que resulta esta para desatascar partidos como el del Domingo.

El punto conseguido, unido ala convincente victoria del Ourense en su casa ante el Avilés, vuelve a relegar al equipo a la segunda plaza de la clasificación ( a expensas de lo que haga el Zamora en Aranda en el día de mañana).

Más que la pérdida del liderato que bien podría recuperarse pronto si se hacen las cosas bien, la preocupación de este atribulado bloguero se centran más en esos errores recurrentes que suele cometer el Pontevedra en partidos de este estilo que a buen seguro se le van a volver a aparecer al Pontevedra en los 8 partidos que le quedan por jugar fuera.

En casa casi siempre es capaz de solventar estas circunstancias al amparo de su público, en su campo (aunque el estado de Pasarón sea también muy malo) y con esa confianza que el equipo exhibe en Pontevedra.

Fuera, sin embargo, los números no son más que decentes.

Tres victorias, cinco empates y una derrota, completan la cifra de 14 puntos de 27 que no son números precisamente para tirar cohetes.

Faltan 51 puntos en disputa y de ellos 24 se jugarán a domicilio.

El objetivo perseguido es el ascenso directo, el liderato al final de la competición.

Si la racha del equipo en casa es similar o incluso mejor que en la primera vuelta, los puntos necesarios a domicilio para acabar primeros serán menos pero aún así el Pontevedra debe volver a mostrarse más contundente fuera de su campo.

Lejos quedan ya la exhibición de Zamora y el eficiente y serio partido de O Vao (en Luanco no se mostró ya ese nivel). Llevamos demasiadas salidas sin volver con victoria y eso el equipo debe remediarlo cuanto antes.

Para ello tiene que entender que las condiciones en las que se encontrará en muchos desplazamientos no será la ideal. Que los campos no estarán bien, que el rival volverá a esperarle y a tratar de aprovechar sus errores, que todos los conjuntos en esta segunda vuelta se juegan la vida ya por arriba o por abajo y que debe encontrar los argumentos suficientes para superar todo eso.

Resulta muy importante, por tanto, no fiarlo todo a los partidos de casa (pues la racha aquí podría cambiar) y hacerse fuerte otra vez lejos de Pasaron.

Entramos en la fase definitiva en la que el margen de error cada vez se estrechará más y los regalos, una vez pasado Reyes, deben dejar de repartirse por los diferentes campos de España.       

Termino esta columna informando con algún mes de retraso que a este blog le ha nacido desde finales de Octubre un hermano pequeño en forma de podcast.

En la plataforma spreaker.com se aloja la versión podcast de "En clave granate" (así habría que teclear en el buscador una vez dentro de spreaker) con mis reflexiones acerca del equipo y el resto de la categoría en formato audio.

Espero que sea del agrado de aquellos que se decidan a escuchar algún capítulo


   

martes, 19 de diciembre de 2023

Siesta, nervios y liderato.

Hemos tenido que esperar casi hasta el ecuador de la competición para lograrlo pero por fin el Pontevedra se ha hecho con el liderato.

Conocía el equipo granate que una victoria le colocaba en el primer puesto desde la tarde anterior en la que el Ourense no pudo pasar de un empate en el campo del filial ovetense y el Zamora volvía a dejarse un empate en casa, en esta ocasión  frente al Langreo.

Sin embargo, la actitud del Pontevedra en el primer tramo del choque no fue ni mucho menos la de un conjunto deseoso de ocupar ya esa posición privilegiada cuya conquista es sin duda el objetivo primordial de la temporada.

Todo lo contrario.

Como si de un jugador de ajedrez convencido de su superioridad sobre su contrincante se tratara, o ese jugador de tenis que se sabe mejor que su rival y juega el primer set como si estuviera con palas en la playa y no en una pista de un torneo del circuito, el Pontevedra salió al campo remolón, despistado y pensando que ya caería el primer tanto por inercia o por el devenir inevitable de los hechos.

Y claro cuando se entra de esa forma a un partido las cosas se acaban por torcer. Lo vimos en el debut liguero frente a la Gimnástica de Torrelavega en el que no uno sino dos fueron los goles encajados al principio y lo volvimos a ver hace un par de días contra este Deportivo Fabril que sabe jugar al fútbol y más cuando su rival le deja moverse a sus anchas.

Fueron casi veinte minutos en los que el Pontevedra tocaba la pelota con displicencia, presionaba de manera atolondrada sin mucha fe y dejaba que el filial deportivista moviera con soltura el balón sobre un terreno de juego que ya podemos decir oficialmente que ha vuelto a perder el nombre de césped para llamarse "campo de patatas y berzas", con alguna topera y madriguera incluidas.

Tanta relajación, tanta siesta de sobremesa, no podía desembocar en otra cosa que en gol visitante que era algo que no veíamos en casa desde el primer partido de Liga.

El remate final de Nájera con el tacón o la espuela fue una delicia  pero a lo largo de todo el transcurso de la jugada el Pontevedra se había pertrechado con su "mantita" y sus palomitas en torno a una televisión por la que vio en posición inmejorable la acción coruñesa que acabó en el 0-1.

Esta impresión acerca de esta actitud inicial del equipo no fue sino confirmada tras el partido en las diferentes ruedas de prensa en las que tanto los tres jugadores que pasaron por los micrófonos como el entrenador granate, vinieron a decir que el gol rival les "espabiló" o que les sirvió de zambombazo para entrar de otra forma en el juego.

El caso es que a diferencia del día de la Gimnástica, el Pontevedra sí que empezó a reaccionar casi de forma inmediata al gol fabrilista.

El equipo subió notablemente su concentración, su intención y sus ganas sobre el campo y pronto empezaron a llegar continuos saques de esquina y acercamientos peligrosos al área contraria que el Fabril iba rechazando como podía, en gran parte porque el Pontevedra no consiguió dotar de verdadero picante y peligro casi ninguno de los muchos corners de los que disfrutó.

Sin embargo, en los últimos minutos de la primera parte, una jugada que se inició por la derecha y acabó por la izquierda fue culminada por Alex González con un remate a gol en área pequeña tras pase de Chiqui ante la excesiva candidez defensiva deportivista.

Y poco después, tras un mal despeje de un defensor blanquiazul (aunque lo de blanquiazul es un decir pues el Fabril disputó el partido con un uniforme amarillo bastante feo sin que existiera coincidencia de colores), Rufo se quedaba solo ante el portero y hacía el 2-1 tras remate cruzado.

Solo con subir eso que se ha dado en llamar últimamente "intensidad", aunque realmente creo que lo que todos queremos decir con esa palabra aplicada al fútbol es la capacidad de un equipo para estar donde tiene que estar y no pensando en las musarañas, el Pontevedra había remontado el partido ante un rival con unas condiciones técnicas realmente buenas pero con problemas evidentes de experiencia sobre todo en la zona defensiva.

Llegó el segundo tiempo y con él la intención del Pontevedra de no ir a buscar tanto al rival y tratar de ajusticiarlo en algún contraataque certero.

Debo confesar que fue una segunda parte apretada, con alternativas claras en las áreas y a lo largo de la cual estuve con el corazón arrugado hasta que en las postrimerías del partido llegó el tercer tanto.

Disfrutó el Pontevedra de ocasiones para sentenciar antes en acciones de Bastos, Dalisson (es increíble como a este jugador se le van fuera sus lanzamientos en casa por muy pocos centímetros) y sobre todo una jugada en la que  Rufo envió un balón al poste.   

No obstante, el rival también gozó de hasta tres ocasiones en las que pudo nivelar la balanza y poner el partido muy difícil pues, otra cosa no, pero piernas no le faltaban a este filial del Deportivo.

Primero fue Garay el que sacó bajo palos un remate que ya se colaba. Luego tuvo que ser Edu el que salvara enviando a la esquina un lanzamiento desde cerca tras ser desbordado Zabaleta en la primera acción defensiva tras su entrada de refresco al campo. Y por último, no demasiado antes del tercer gol, Mario volvía a hacer una de esas entregas erróneas que suelen afear algunos de sus partidos por los demás realmente aseados y Mati Castillo superaba como un cohete a un carricoche en velocidad a Churre para plantarse solo ante Edu y definir mal ante la portería.

No creo que en esta segunda parte, o al menos no es la impresión que desde fuera sacó este atribulado bloguero, el Pontevedra pecara de esa relajación de los primeros veinte minutos.

Más bien creo que en algunos momentos de esa segunda mitad, al no haber cerrado el partido antes y escuchar algunas críticas de la gente cuando el equipo esperaba con el balón en su área a que su rival moviera alguna de sus fichas, al Pontevedra si le pesó la posibilidad de perder otra oportunidad de alcanzar el liderato y esta vez en su casa.

Todos esos fantasmas desaparecieron cuando Borja Domínguez (que había salido al campo en el 80 junto a un Barbeiro al que por fin hemos visto debutar) conectó un maravilloso pase a beneficio de la carrera de Alex González que sin importarle que fuera el minuto 84 ni los innumerables kilómetros que ya había recorrido, superó en velocidad a un defensor y se vio beneficiado de un afortunado rebote con el portero para marcar a puerta vacía el 3-1 y descargar de tensión los cuerpos de todos los allí presentes.

El partido del capitán merece una mención aparte. 

Disputó de nuevo gran parte del partido como lateral izquierdo (ya sea con defensa de 4 o de 5 en momentos de la segunda parte). A falta de 20 minutos para el final, con el cambio de Zabaleta por Bastos que llevó a Chiqui a la derecha, se puso por delante del vasco en una posición más conocida.

Da igual, no obstante, donde se le ponga.

El Domingo pasado formó parte, es cierto, de la relajación inicial del equipo pero cuando sonó la campana sus cabalgadas fueron incesantes. 

Le da igual arrancar a 30 a o a 60 metros de la portería contraria. 

Corre, sube, baja, centra y ya cuando marca dos goles su actuación no puede calificarse de otra manera que no sea maravillosa y con ese punto de emoción que (por lo menos el que esto escribe) siente cuando el brazalete de capitán es portado con tanto esfuerzo y tanta dedicación por un futbolista que tiene tiempo para formar parte de la representación del club en la entrega de una camiseta al abonado nº1. 

Que aparece también en otro acto promocional en una conocida cadena de cafeterías y panaderías de la ciudad en los alrededores del estadio y que luego en el campo se deja hasta la última gota de sudor haciendo olvidar que ya son 34 abriles los que tiene a sus espaldas. 

Tenía el capitán aún otra carrera exuberante que ofrecer a la gente unos minutos después de hacer el tercero.

El Pontevedra logra armar otra contra letal y Samu Mayo manda un balón para que Alex vuelva a comerse la hierba. Llega el capitán a la zona de máximo peligro y envía un pase medido a Rufo para que este solo tenga que empujar el balón, hacer su doblete y completar el 4-1.

A pesar de entrar mal en el partido, con sufrimiento y con alguna duda en la segunda parte, el Pontevedra conseguía encaramarse a la primera posición de la tabla que es, por otra parte, el objetivo para el que se creó esta plantilla.

Una plantilla evidentemente corta por no haber cubierto la mayoría de las plazas sub 23 y sobre la cual vuelve a girar el interrogante acerca de si sufrirá variaciones ahora que en 15 días empieza el mercado invernal.

Yago fue claro en la rueda de prensa tras el partido. Aseguró el técnico granate que las fichas senior están todas ocupadas y que él no contempla cambio alguno en ellas salvo caso muy excepcional.

Abría la puerta, no obstante, a la posibilidad de moverse en el apartado sub 23.

Si se usa este mercado de invierno, el Pontevedra CF, o mejor dicho, la dirección deportiva y técnica del Pontevedra CF, tendrá una nueva ocasión para demostrar que las cosas han cambiado.

La temporada pasada, el Pontevedra lejos de reforzarse en invierno para tratar de salvar al equipo, lo debilitó con uno de los mercados invernales más vergonzosos que se re recuerdan.

Insisto, se aproxima ahora esta oportunidad de dejar claro que ciertas "burradas" y decisiones inexplicables han quedado atrás.

Se para la Liga tres semanas y además el Pontevedra CF afrontará tras el parón dos desplazamientos seguidos.

Pasará más de un mes hasta que se pueda volver a ver al equipo en Pasarón.

Mucho tiempo que habrá que llevar con resignación y buenos alimentos.

Por de pronto, el día 7 de Enero a buen seguro que la marea granate acompañará al equipo en Villalba en su primera defensa del liderato y los jugadores a buen seguro que lo notarán.

Es el momento de no aflojar y seguir poniendo cimientos para salir de una categoría a la que nunca debimos volver a caer.

          

 

martes, 5 de diciembre de 2023

Que le corten la cabeza¡¡¡

El Pontevedra CF es el equipo más goleador de los 90 conjuntos que configuran la segunda federación y lo es, además, desde hace muchas jornadas.

El equipo que más goles marca de la categoría casi desde el principio y que llega al área en innumerables ocasiones a lo largo de la mayoría de sus encuentros no había disfrutado de ningún penalti a favor en las 13 primeras jornadas de competición aun habiendo existido acciones controvertidas dentro de la zona de máximo castigo de alguno de sus rivales.

El Pontevedra CF ha seguido adelante tanto en esas jornadas (Gimnástica o Guijuelo, por ejemplo) en las que nada se pitó cuando quizá sí debió haberse pitado, como en otras en las que sí se señalaron penaltis en contra (Covadonga, sin ir más lejos) que siendo “pitables” tampoco resultaron clamorosos.   

Al Pontevedra CF le benefició, con matices, la actuación arbitral del pasado Domingo ante el Compostela y parece que debe pedir perdón a toda la “humanidad futbolística” y sufrir además como se ataca de manera desmedida a uno de sus jugadores más longevos de su plantilla.

Vamos con esos matices.

En la jugada que da lugar al primer penalti, Yelko llega a la dejada de Bastos y golpea la pelota fuera antes de que Caballé, que venía lanzado, salte y medio caiga sobre él antes de que la acción termine del todo.

Se suelen señalar esas acciones como pena máxima? No, porque el balón ya había salido de la esfera de acción del atacante y la entrada del defensor que llega después no es especialmente agresiva.

Podría señalarse con el reglamento en la mano (esa frase tan manida entre los propios colegiados y aquellos que se dedican a analizar sus decisiones todas las jornadas?  Sí. Podría hacerse porque antes de que acabe la acción existe ese contacto.

¿Habría pitado este atribulado bloguero ese penalti? No. No lo habría hecho. No me parece suficiente lo que hace Caballé y creo que es un penalti “afortunado” para el Pontevedra.

Hablemos de la acción más polémica.

Guillén atrapa un balón tras un córner y avanza bastante rápido hacia adelante para tratar de sacar de puerta. Churre se coloca cerca por delante pero sin tocarle. Es el portero compostelanista quien en una primera ocasión se echa contra él medio empujándolo para que se aleje de allí. Churre no lo hace y Guillén saca su antebrazo y golpea con el mismo a la altura casi del cuello del central de Marín dentro del área. Churre, al recibir el impacto cae hacia atrás con mucha fuerza.

Esa es la acción. No es una radiografía de la misma elaborada con una camiseta granate o blanquiazul puesta. Eso es lo que pasó.

El árbitro, no sé si por propia iniciativa o a instancias de su asistente, señala penalti y expulsa con roja directa al portero del Compostela.

Y otra vez formulo la pregunta.

Habría pitado este atribulado bloguero este penalti? Sí. Lo habría hecho porque no veo que Churre haga falta a Guillén pues en ningún momento toca al portero o impide claramente que saque de portería y recibe claramente un golpe del cancerbero en la parte alta del pecho.

Y otra pregunta ¿Habría expulsado este atribulado bloguero a Guillén?  Ahí tengo más dudas. El golpe, insisto, existe pero en su calificación de agresión quizá el colegiado se excede un poco y bien podría haber acompañado la indicación del penalti con una tarjeta amarilla a Guillén.

Hasta aquí lo que pasó en el campo con respecto a estas dos acciones que influyeron decisivamente en el devenir del partido al haber sido capaz Rufo de transformar ambos lanzamientos desde los 11 metros.

Ahora, de largo, lo que más indignó al que esto escribe después del partido es haber tenido que leer demasiadas gilipolleces (no se pueden calificar de otra forma) acerca de la manera de actuar de uno de los capitanes del Pontevedra CF, Victor Vázquez Churre.

“Que sí antideportivo”, “que si ya sabemos cómo es”, que si no extraña viniendo de quien viene” (esta última frase vertida por una persona muy cercana al actual entrenador del Compostela cuya frase, vertida en “X”, ni siquiera sé exactamente si se refiere en exclusiva al jugador o al equipo entero pero que destila un rencor que bien podría ir ya disipándosele)…

El caso es que entre una frase y otra lo que parecía que se pedía era la ejecución pública del central granate al alba en la Plaza del Obradoiro combinando el hacha del verdugo para sajar su cabeza con el desollamiento previo al más estilo “San Bartolomé”.

Me pareció hasta escuchar la famosa frase de la reina de corazones en Alicia en el país de las maravillas. Qué le corten la cabeza. Que le corten la cabeza¡¡¡

Churre lleva en Pontevedra desde el año 2018. Esta es su sexta temporada aquí.

Este mismo bloguero le ha criticado duro en ocasiones por cuestiones estríctamente futbolísticas cuando sus actuaciones no estuvieron a la altura que él mismo ha logrado aquí muchas veces.

Al margen de la crítica deportiva legítima que se puede hacer no solo en torno a él sino a cualquiera de los futbolistas de la plantilla, lo que resulta indudable es que el defensa de Marín ha jugado algunas veces con molestias porque colocó sus ganas de ayudar al equipo y su compromiso para con el mismo por delante de esos percances físicos.

Y además, Churre no es un jugador violento ni conflictivo ni polémico dentro del césped. Trato de recordar alguna acción en que pudiera habérsele ido la cabeza y dejar al equipo desamparado y mi memoria no encuentra ninguna.

Por eso me parece de una injusticia supina que se trate de colocar a este jugador en el disparadero, cual Pablo Alfaro o Javi Navarro de los 90, por echarse al suelo tras recibir el impacto del antebrazo del Guillén.

¿Pudo exagerar algo Churre? Sí. Para qué negarlo. ¿Simula haber recibido un golpe? No. En absoluto. Lo recibe.

¿Es Guillén el que comete el error en esa jugada y da la opción al colegiado no ya de señalar penalti sino de echarle? Por supuesto que sí.

Centren, por tanto, las críticas en la acción de un gran guardameta como es Pato Guillén pero que no es ninguna hermanita de la caridad y dejen en paz a un jugador cuya trayectoria en Pontevedra no arroja duda alguna sobre su esfuerzo, su dedicación y su corrección.

Del partido, al margen de esos cinco minutos en que se decide, que decir?

Pues que el Pontevedra en la primera parte llevó totalmente el peso del partido ante un Compostela que emparejó a sus tres jugadores interiores con Mayo, Yelko y Dalisson y que buscaba hacer daño en alguna contra que cogiera descolocado a los locales.

Al margen de una acción de saque de banda mal defendida por el Pontevedra en la que Beltrán pudo lanzar a portería despejando Edu, el Compos apenas inquietó e incluso no pudo hacer peligro en las pocas acciones a balón parado de las que dispuso y para las que cuenta con el tremendo buen hacer de Manu Barreiro.

El Pontevedra, por su parte, alejado otra vez del “Lérez taka” que lleva ya semanas sin aparecer, sí logró crear peligro en lanzamientos desde fuera del área (dos de ellos de Alex González), y encontró su mejor ocasión también en los pies de Alex en una jugada en la que el capitán se escoró un poco pero a su perfil bueno, el izquierdo, marchándose su remate cerca de uno de los postes de Guillén.

Zabaleta también gozó de una buena ocasión en la que ni lanzó ni centró paseándose su pelota por las inmediaciones del área pequeña y en la jugada final, tras unos rechaces derivados de un córner, también pudo encontrar el gol un Pontevedra que sin imponerse del todo al Compostela sí estuvo más cerca de decantar la balanza a su favor.

En la segunda mitad, tras los dos penaltis, y la segunda expulsión del Compostela por doble amarilla de Casas (en mi opinión, indiscutible pues su entrada a Alex era claramente merecedora de amarilla) el partido entró en una dinámica extraña con más de 25 minutos por delante.  

Fue ese último tramo del partido bastante desquiciante e incluso irritante por parte del Pontevedra que incluso provocó las quejas de algún sector de la afición.

Una cosa es que el partido con ese 2-0 y jugando contra 9 estuviera decidido y otra distinta es que te dediques a pasarte la pelota en defensa e incluso al portero decretando una especie de indulto al rival que apenas sufría para no encajar más goles.

Es cierto que al final, casi por inercia más que por interés, llegaron algunas ocasiones y ese tercer gol en el que Carlos López más pareció que quería pasar que tirar pero que cogió a contrapié al portero visitante para hacer el último tanto del partido.

Fueron minutos en que volvieron a verse tics o señales de soberbia o dejadez ya apreciadas en la segunda parte contra el Arandina y que por lo menos al que esto escribe le parecen realmente desconcertantes.

En definitiva, el Pontevedra CF se hizo con tres puntos muy importantes por muchas razones.

La primera porque nos devuelve a la dinámica de la victoria tras el varapalo sufrido en Asturias.

La segunda porque se consiguió ante un gran rival que cuenta con muy buenos jugadores y que vuelve a estar a 7 puntos en la clasificación.

Y la tercera porque, a pesar de esa idea que no comparto alegada por Iago de que los puntos a estas alturas no son importantes (claro que los son, siempre lo son), aprovechamos las derrotas fuera de Ourense y Zamora y nos colocamos a dos del primero y  a uno del segundo.

Espera precisamente el líder el Sábado que viene.

El escenario no es el más propicio para el Pontevedra, campo pequeño y sintético, tal y como ya comprobamos frente al Covadonga.

El equipo debe dar claramente un plus. Debe salir a Oira sabiendo la importancia que tendría dar un golpe encima de la mesa como el que propinó en Zamora.

Veremos qué pasa.

martes, 21 de noviembre de 2023

Tú a Boston y yo a California

Existen varias versiones de una película cuyo título es “Tu a Boston y yo a California”, incluso alguna en la que se cambia el nombre de la capital del Estado de Massachusetts por el de Londres, la capital inglesa.

Yo la que más recuerdo es la de comienzos de los años 60. Quizá porque entre el reparto aparece una siempre maravillosa Maureen O Hara cuya presencia ante la cámara me dificulta bastante cambiar la cadena sea cual sea el film en que la genial actriz irlandesa aparezca.

El caso es que en esta película, dos hermanas gemelas que se creen hijas únicas y que, por tanto, desconocen la existencia de la otra, se encuentran por casualidad en un campamento de verano al que ambas concurren desde puntos tan alejados como la costa este y la oeste estadounidense.

Las niñas descubren con el paso de los minutos que fueron separadas desde muy poco después de nacer por causa del divorcio de sus padres y deciden intercambiarse sin decir nada a nadie para conocer cada una de ellas a la parte de la familia hasta ahora desconocida para ellas, causando el estupor cuando se descubre el “invento”.

Imaginemos ahora algo imposible. Imaginemos que el Pontevedra CF tuviera un “hermano gemelo” pongamos, por ejemplo, en Ponte Vedra beach, ciudad del estado de Florida con la que incluso creo ha existido algún acto de hermanamiento no hace mucho tiempo.

Sigamos con nuestro caso hipotético y pensemos que el Pontevedra no sabía de la existencia del Ponte Vedra y viceversa pero que se encuentran en algún torneo amistoso de verano, se sorprenden hasta el infinito por verse prácticamente idénticos y deciden intercambiarse por un tiempo para conocer el ambiente de su “gemelo”.

Lo que falta ahora es conectar el argumento de la película y estos personajes que acabo de inventar con el partido jugado por el Pontevedra CF ante el Arandina y debo establecer esa conexión antes de que cualquier lector de esta columna concluya que su autor se ha vuelto completamente loco.

En busca de esa conexión mencionada, comenzaré por decir que en los primeros 15 o 20 primeros minutos de encuentro el que hizo acto de presencia fue el verdadero Pontevedra CF.

Fueron esos minutos claramente anteriores a que los “gemelos” se conocieran, empezaran a atar cabos y tramaran y ejecutaran su plan de intercambio.

El Pontevedra, por tanto, empezó llegando con alegría ante la portería rival y marcando en la primera ocasión de la que disfrutó en el minuto 2 de encuentro.

Y antes del minuto 20, en otra llegada eléctrica del equipo, Yelko hacía un auténtico golazo al golpear como los ángeles desde fuera del área una pelota que entró como una exhalación hasta el fondo de la red burgalesa.  

A partir de ese momento es cuando me imagino a los dos hermanos gemelos empezando a ejecutar su original plan.

El Pontevedra a partir del 2-0 empezó a despistarse, a cometer errores impropios en la salida de balón y a empezar a hacer el equipaje para su viaje a Ponte Vedra Beach.

Primero Mario Gómez y luego Samu Mayo perdieron inexplicablemente dos balones en zonas peligrosas que provocaron dos ocasiones pintiparadas para el Arandina que una vez Edu y otra un poste evitaron que terminaran en gol.

En otra acción defensiva presidida por la relajación fue el árbitro el que indultó al Pontevedra al no señalar un penalti que pareció claro de Mario sobre un atacante rival.

Se sumió, en definitiva, el equipo en un sopor y una aparente dejadez insólita hasta ahora en la época Yago Iglesias.

Este atribulado bloguero barruntaba a lo largo del descanso que en el vestuario granate se debería estar hablando de cómo ordenar la salida de pelota desde atrás para sortear la presión adelantada contraria y también un poco de la confusión entre la tranquilidad o el control y una excesiva dejadez que podía llegar a hacer peligrar el resultado.

Nada más lejos de la realidad.

La fase más importante del plan de intercambio de los dos “gemelos” se plasmó tras ese descanso y como si se tratase de una verdadera película, los espectadores tendrían que estar ya descubriendo como el “hermano” gallego se había colado en la casa de Florida y como el americano se había metido hasta la cocina en el campo de juego de Pontevedra para jugar a algo más parecido al fútbol americano que al europeo.

Desde el primer momento, el equipo optó por el saque en largo como recurso principal actuando Edu como “quarterback” y  Rufo primero y Carlos López después como presuntos receptores.

La consecuencia es que no se ganó un solo balón por arriba (tampoco demasiadas pelotas divididas de las que iban a ras de suelo) y la posesión pasó a ser del equipo visitante no ya porque hubiera conseguido sacarle la pelota al Pontevedra sino porque este se la entregó directamente a su rival.

Es cierto que al no querer sacar la pelota como es habitual dejaron de producirse fallos groseros y el Arandina no dispuso de las claras ocasiones del primer tiempo pero también es verdad que sobre el césped se apreciaba que el equipo no estaba del todo cómodo y que un gol de los castellanos podría complicar bastante el panorama pues daba la impresión de que el Pontevedra no podría volver en esta ocasión a su modo de juego habitual.

Al margen de una ocasión muy buena de Dalisson que se fue fuera por poco, el Pontevedra no volvió a contraatacar con peligro hasta casi el final tras un gran pase de Yelko a Bastos cuyo remate se fue fuera.

Por el contrario, el rival solo encontró el peligro en ese lance del juego inmune a cualquier cambio de identidad que el Pontevedra pueda urdir (no ya con el Ponte Vedra Beach sino con cualquier otra ciudad), el balón parado.

En la primera parte nos remataron todos los corners y en la segunda también. En uno de ellos tras un primer cabezazo de un atacante, otro jugador rival empujaba el balón a las mallas  anulando el tanto el árbitro por un fuera de juego que sí lo pareció.

En esa decisión que pareció voluntaria del Pontevedra de entregarle el balón por completo a su rival por primera vez en casa (a excepción de los minutos jugados en inferioridad frente al Guijuelo aunque incluso en aquella ocasión se consiguió tener más la pelota que el Domingo pasado), pudo influir no solo la inseguridad manifestada de forma sorprendente en la primera parte sino también el estado del césped de Pasarón.

A ver. La hierba comparada con estas últimas campañas sigue bastante mejor pero tras este mes de constantes lluvias ya no es la misma que en los primeros partidos y da la impresión que esa pesadez del terreno de juego es acusada en exceso por el equipo.

A pesar de ello, por lo menos al que esto escribe, le llamó mucho la atención tanto el recurso al pelotazo constante (digo pelotazo porque no se conseguía en ningún caso sacar partido de ese recurso para el que no parece muy preparado el Pontevedra ya que la separación del equipo hacía también complicado que pudiera construir o progresar a raíz de cualquier dejada) como esa dimisión a la hora de defenderse con la pelota que por lo menos en casa había sido hasta ahora la primera alternativa usada por el conjunto de Yago Iglesias.

No sé si lo que sucedió es que el “hermano” de Florida del Pontevedra le suplantó durante unas horas mientras el verdadero Pontevedra disputaba un partido de golf en el reconocido campo de su ciudad homónima o que esta opción será a partir de ahora más habitual en lo que queda de Liga.

Ojalá se trate de lo primero o, si es lo segundo, se consiga hacer más daño a la contra; o se alterne la defensa sin la pelota con otras fases en las que se conserve más el esférico.

Otra de las afirmaciones de Yago en algunas ruedas de prensa es que desea que su equipo domine también otros registros y eso es una buena idea.

Lo que pasa es que el registro de la segunda parte fue demasiado diferente al que venía utilizando el Pontevedra hasta ahora y no se cambiaron matices sino casi el plan entero y por lo menos al que esto escribe no le transmitió el equipo la seguridad ni autoridad de otras veces.

Sea como fuere, lo más importante que es el resultado se consiguió y estos tres puntos dejan la diferencia con el Zamora en un solo punto al caer derrotados los rojiblancos en Torrelavega en el segundo partido de Liga en el que encajan goles.

Eso sí, el nuevo líder es el Ourense CF que está con dos puntos más que nosotros y que de momento se mantiene realmente firme en los puestos altos de la tabla.

Ahora llega el desplazamiento a Covadonga que ocupa el último puesto en la clasificación.

Ojo. Este equipo asturiano tuvo eliminado al Deportivo de la Copa hace un mes hasta el último instante del tiempo reglamentario en el que el equipo coruñés encontró un gol salvador que le llevó a la prórroga.   

Además, cuenta con gente alta y de envergadura que dará problemas en esos balones colgados cuya defensa le cuesta tanto al Pontevedra.

A pesar de que el terreno de juego no será el más adecuado para ello y que la condición de colista del rival podría hacer pensar que el partido puede ser fácil, el Pontevedra debe mostrarse, en mi opinión, algo más fiel que el otro día al estilo que le ha hecho reconocible (con todos los matices que quiera imponer Yago) y no convertir el partido en un “pim pam pum” en el que podríamos salir escaldados.

Ojalá el “hermano” americano se haya vuelto a EE.UU y el Pontevedra CF regresado a nuestra preciosa ciudad gallega en la que ha venido jugando muy bien al “soccer” y no a otra variedad del fútbol.    

martes, 7 de noviembre de 2023

Sequía entre temporales.

No resulta fácil explicar como el Pontevedra CF no acabó ganando el partido jugado hace un par de días frente al Rayo Cantabria y más aún escribir que estuvo a punto de perderlo.

 Quizá sea mejor describir la situación sin ambages y afirmar que el equipo ni puede ni debe fallar tan clamorosamente ante la portería rival y que tanta torpeza ante el gol debe ser (como así sucedió) justamente castigada en el marcador.

Solo en los primeros veinte minutos de encuentro el Pontevedra acumuló las suficientes ocasiones para haber dejado sentenciado el choque de haber materializado la mitad de las generadas en ese tramo.

Dalisson en dos o tres ocasiones, Alex o Bastos disfrutaron de oportunidades pintiparadas para marcar y en todas y cada una de las veces la pelota se negó a entrar entre los tres palos de la portería del filial racinguista.

Bueno, maticemos.

El balón sí entró una vez, allá por el minuto 6, tras un gran centro hacia el segundo palo por donde apareció tirándose en plancha Bastos para tocar la pelota en pugna con un defensa y dejarla muerta para que Rufo solo tuviera que empujarla al fondo de la red.

En el campo ya pareció que la jugada no ofrecía motivo alguno para su anulación pero viéndola por la televisión ni se aprecia mano o falta del menudo jugador de banda granate ni fuera de juego del mismo y tampoco de Rufo al golpear la pelota.

El caso es que el asistente dijo “nones” y, por tercera vez en cinco encuentros en casa, una decisión arbitral cayó del lado del rival llevando el enfado y la incredulidad a la grada.

Tan cierto es afirmar que ese gol de haber sido concedido hubiera cambiado radicalmente el panorama y facilitado mucho la victoria como injusto decir que el Pontevedra no ganó el partido por el árbitro.

Fueron demasiadas las ocasiones marradas y tan desesperante el desacierto ante la portería cántabra de nuestros futbolistas que culpar en exclusiva a ese despistado asistente de no haber vencido no sería del todo cabal.

Y es que el Pontevedra volvió a jugar muy bien en el inicio del partido. Volvió a encontrar ambas bandas con asiduidad ante el intento del contrario de taponar el medio campo e incluso superó ese atasco que proponía el Rayo encontrando a Yelko pero sobre todo a Dalisson en muchas ocasiones.

Pudo el hispano- brasileño coronarse en Pasaron de manera definitiva pues lo hizo casi todo bien sobre el césped menos lo más importante, acertar con alguna de las tres o cuatro opciones de gol de las que disfrutó a lo largo de los 90 minutos.

Después de la borrachera de ocasiones falladas en el primer tramo de encuentro, el rival se asentó sobre el césped e incluso llegó con peligro dos veces convirtiendo a Edu Sousa en protagonista positivo.

La primera en una pérdida que nunca debe producirse y en un pasillo por el centro de la defensa que propició un uno contra uno resuelto magistralmente por el meta con uno de sus brazos. Y la segunda en uno de esos lances que no acabamos de dominar como deberíamos, el balón parado. Falta lateral cruzada, remate al palo largo de cabeza y paradón de Sousa para evitar el gol visitante con rechace al poste incluido.

Esas apariciones en ataque del Rayo no amilanaron al Pontevedra que volvió a coger el timón del choque y a dotar de calidad y velocidad a sus acciones. Todo ello conllevó que antes del descanso se volviera a disfrutar de ocasiones clarísimas para marcar como una de Bastos cuyo remate con la izquierda se marchó lamiendo el larguero u otra en la última jugada de la primera mitad de Chiqui que envió incomprensiblemente fuera.

Creo no exagerar al decir que se había visto una primera parte de un 3-1 o un 4-1 que acababa con ese empate sin goles por la incapacidad supina que manifestamos  (asistente aparte) para cristalizar el buen juego en goles.

El segundo tiempo no empezó de una forma demasiado diferente. Quizá no asistimos a ese cuarto de hora o veinte minutos fulgurante del primer tiempo, es cierto, pero a los cinco minutos ya había Dalisson mandado un balón al larguero y en la grada ya empezaba a calar el mensaje de que ese no era el día y que no meteríamos un gol ni al mismísimo arco iris.

Siguió el Pontevedra llevando el peso del partido y llegando con mucha claridad a las inmediaciones del área cántabra. No vivíamos la sensación de partido de balonmano con posesiones largas e infructuosas realizadas a 35 metros de la portería contraria sino que la pelota llegaba con asiduidad a los extremos y la sensación de peligro y de poder marcar en cualquier momento permanecía sobre el terreno de juego.

Luego, llegaron los cambios de unos y otros.

Por nuestra parte, Yago decidió retirar a Bastos y a Chiqui (amonestado) para meter a Jaichenco y Carlos López.

Esto que voy a comentar a continuación es fútbol-ficción. Es posible que de haberlo hecho de otra forma el resultado tampoco hubiera variado y con él esa sensación insoportable de dos puntos perdidos que jamás deberían haberse escapado.

Pero lo cierto es que cuando vi movimientos en el banco y la inminencia de los cambios, el que yo me imaginé junto al de banda derecha que solo supuso un cambio jugador por jugador, fue el de Carlos Lopez “Charly” por Rufo para que tampoco cambiase nada en la ubicación del resto de piezas.

Sin embargo, Yago optó por Chiqui provocando ello que Dalisson se corriera a banda izquierda y Carlos López ocupara, más o menos, el puesto de aquel.

El Pontevedra siguió atacando y llegando a las inmediaciones del área visitante pero lo cierto es que no encontró nunca a Carlos López como sí encontraba a veces a Dalisson en tres cuartos y además dio la impresión que el hispano brasileño se diluyó algo en esa posición más cercana a banda.

Esos son los dos únicos cambios que Yago decidió efectuar y debo confesar también que en algún instante de la segunda parte me hubiera parecido interesante haber probado con Alex más arriba sacando a Zabaleta o a Hermelo en el lateral para que el capitán tratará de llegar con más frescura arriba e incluso en los últimos minutos, con un Samu Mayo amonestado y el rival sacando contras peligrosas, creí que se decidiría contar con el empuje y piernas frescas de Toño, algo que tampoco sucedió.

Que la plantilla granate es corta lo sabemos todos y así parece haber sido buscado por la dirección deportiva pero es posible que parezca más menguada en efectivos si los cambios, a veces, brillan por su ausencia.

Todas estas cuestiones son conjeturas porque lo cierto es que el Pontevedra jugó lo suficiente al fútbol con cambios o sin ellos para haber ganado el partido y haberlo hecho con soltura en el marcador.

Lo que pasa es que el fútbol es caprichoso y de lo que pudo ser una victoria cómoda que se estaba convirtiendo en un empate a cero goles, se corrió el riesgo enorme de haberse producido la derrota en dos contras clarísimas de las que disfrutó el R. Cantabria en los últimos minutos del partido.

Ambas fueron conducidas de manera exuberante por un delantero potente que salió en las postrimerías del choque. Sin embargo, en la resolución de las mismas, actuó como un juvenil.

En la primera ocasión, en la que se fue junto a un compañero para encarar a Edu, ni disparó cuando pudo hacerlo ni pasó cuando debía, desbaratando una oportunidad que no podía ser más clara y en la segunda vio como en el último momento aparecía Churre, en acción defensiva soberbia, para arrebatarle limpiamente el balón.

Después de fallarlo todo, de marrar ocasiones enormes, el Pontevedra acabó salvando un punto en esas dos jugadas en el que el castigo pudo ser mayor.

Y eso que Rufo en el último minuto de la prolongación tuvo la suya para evitarnos el disgusto pero remató de manera inocente y deficiente un balón suelto que le cayó en su cabeza cuando tenía toda la portería para él.

Me agrada bastante cada vez que escucho a Yago Iglesias o a los jugadores en las ruedas de prensa concedidas a lo largo de la semana, apelar constantemente a la necesidad de mejorar cada día y ser mejor equipo cada jornada, no puedo estar más de acuerdo.

En partidos como este el punto en el que hay que incidir para que se produzca esa mejora está claro, la eficacia y el acierto ante la portería rival. No desbaratar tantas ocasiones que luego te llevan a perder puntos muy dolorosos.

Eso es lo evidente.

Pero yo propongo dos facetas más en las que se puede mejorar bastante lo realizado el pasado Domingo.

La primera, la calidad de los centros una vez has llegado con ventaja a las bandas.

Como ya viene siendo habitual por la derecha, ni Bastos ni luego Jaichenco aportaron la lucidez suficiente en las bastantes veces que pudieron conectar esos centros en zonas de peligro hacia Rufo primero y hacia el madrileño y “Charly” después.

Tampoco llegaron esos buenos centros por la izquierda aunque eso sí suene a algo más excepcional por no ser frecuente que Chiqui y sobre todo Alex no encuentren ese toque adecuado para convertir esos pases en medio goles.

El Domingo, especialmente en el segundo tiempo, llegó a ser frustrante observar la cantidad de veces que se llegaba por las bandas sin conseguir efectividad alguna de esas llegadas.

La segunda cuestión a la que me refería es el balón parado en ataque.

No sé cuantos corners se sacaron hace dos días pero fueron muchos y tan solo en uno de ellos Mario Gómez pudo rematar en buena posición marchándose el balón cerca de un poste.

Creo que ahí sería bueno también hacer hincapié, mostrar más colmillo y más intención en los saques pues cuando el balón no quiere entrar fruto de jugadas bien elaboradas, el recurso del balón parado siempre puede sacarnos de más de un atolladero.  

Esos puntos que se salieron del capazo lastiman mucho. Lo hacen porque en casa hay que amarrar siempre los tres en disputa. Lo hacen porque el Pontevedra fue mejor y debió vencer con holgura. Lo hacen porque ya nunca más volverán.

Ahora, la herida del empate cicatrizará con el paso de los días y lo realmente importante, lo mollar, es que el equipo no acumule dudas.

Es clave que los futbolistas no se “rompan la cabeza” con los 4 de ventaja del Zamora o el gran inicio del Ourense que ya está por delante.

El camino a seguir está marcado y lo raro, de seguir jugando así, es lo que pasó el Domingo. Que no acabes ganando a pesar de tenerlas de todos los colores.

Mejorar en la definición, en el último pase, en el balón parado. Sí.

Continuar en esa línea de juego sin merma alguna de confianza y seguir creyendo a pie juntillas en que lo normal es que entre alguna de las muchas que se sigan generando, también.

Frente al Marino de Luanco, cuyos números dejan bien a las claras que es un equipo bien armado defensivamente, la paciencia y la mejora en el acierto ante el gol serán fundamentales para poder volver a la senda de las victorias.