Lo que ha pasado, la forma en que se acabaron desarrollando los acontecimientos, me ha dejado completamente vacío.
Que el equipo no tuviera su día, que encajara de nuevo un gol casi al principio de una manera incompatible con la gran disciplina defensiva que ha mantenido hasta hace dos encuentros, que no fuera capaz de tirarle a puerta hasta el minuto 90 a un rival que llegaba a Pontevedra con 65 goles encajados, que fuera peor que su rival por la razón que sea (verse superado por el partido, errores tácticos o de otro tipo, etc), todo eso forma parte del fútbol. Se contiene dentro de ese código que marca que si eres mejor posiblemente ganes y si eres peor, lo normal es que no lo hagas. No es un código infalible, por supuesto, en ocasiones vences sin hacer casi nada y otras pierdes habiendo merecido otro destino.
Aún así, insisto, eso forma parte del propio deporte. Los aficionados lloramos las derrotas y nos entusiasmamos con las victorias. Ese es el juego. Hasta ahí, eso sí, hasta ahí.
El pasado sábado acudí a Pasarón con mi hijo de 15 años.
En esta ocasión, no nos sentamos juntos en nuestro asientos de abonados. Un amigo de Javier había comprado una entrada y se fueron juntos a una zona más esquinada de la grada a ver el partido.
Cuando el árbitro pitó el final y empezaba la celebración más triste que jamás se haya visto, vi llegar a mi hijo envuelto en una sonrisa emocionada y nos dimos un abrazo maravilloso.
Durante el choque había otros niños cerca de mi posición en el campo. Algunos eran adolescentes, como mi hijo, y otros más pequeños.
Algunos habituales de todos los partidos, otros no tanto.
Eso sí, todos ataviados con la camiseta del Pontevedra y con ese brillo en los ojos que cada uno de los seguidores granates más veteranos tuvimos en nuestras miradas cuando empezábamos a descubrir lo que era y lo que significaba el Pontevedra CF.
Mientras me abrazaba con Javi veía la alegría en los aficionados que nos rodeaban y especialmente en esos más jóvenes que saltaban y celebraban la clasificación.
Poco tiempo después esas sonrisas se transformaron en incredulidad. Ese brillo en lo ojos fruto de la ilusión dejaron paso a las lágrimas y la ilusión del play off se transformó en la pesadilla de una eliminación absolutamente maquiavélica.
La mirada interrogativa de Javier pidiéndome una explicación, sumido en una tristeza preñada de incredulidad, me rompió el corazón e hizo que me acordara de muchos de esos otros niños que estarían buscando las mismas respuestas en los labios de sus mayores.
Me duele mucho lo que ha pasado por todos.
Me duele por la plantilla, por el cuerpo técnico, por los trabajadores del club y también por los dirigentes que por muchos errores que puedan cometer (esta temporada han acertado más que fallado) tampoco se merecían este desenlace tan amargo.
Me duele por todos los aficionados. Por los habituales, por los no habituales, por los que vienen a veces o solo en ocasiones especiales. Por los que se ven obligados a vivir fuera y no pueden ir al estadio pero sienten al equipo como si estuvieran en cualquiera de las cuatro gradas. Por todos.
Me duele por mí que necesitaba una alegría, por muy banal que a otra gente pueda parecerles los sentimientos que provoca un club de fútbol.
Pero no puedo evitar que me duela, sobre todo, por los más jóvenes. Y ello es así porque son el futuro del Pontevedra CF. Porque de su constancia, del fortalecimiento de su cariño por la entidad y su identificación total con esta camiseta depende que las gradas de Pasarón sigan poblándose de gente aún a pesar de las pocas alegrías que suele proporcionarnos nuestro equipo.
Ellos se merecen menos que nadie que su alegría se haya visto truncada de esta forma tan dantesca y especialmente por ellos me encantaría que el Pontevedra CF, como institución, tomara la decisión de llegar adónde haya que llegar para pedir un mínimo de justicia.
Sí, ya sé que no vamos a jugar el play off pero hay veces que la dignidad, que la protección de tu gente, que el orgullo, debe provocar que vayas de frente y con todo aunque seas consciente que al final del camino te espera una pared de acero contra las que te vas a estrellar.
Cuando mi hijo me preguntó lo que había pasado le contesté con las pocas fuerzas que todavía quedaban en ese sábado horrible.
Empecé por decirle que aunque tengo formación en leyes; que aunque he comparecido ante tribunales durante décadas, las áreas de mi trabajo no eran aquellas del derecho cuasi administrativo que rigen el mundo del fútbol.
Que no soy ni mucho menos un experto pero que trataría de explicarle la situación.
Lo primero que le dije es que el derecho administrativo es enorme. Que hay infinidad de sectores que forman parte de él (suelo, costas, tráfico, contratos públicos etc) y que cada área cuenta con normas específicas para regular las situaciones que puedan suceder.
Le dije también que al margen de las normas específicas, existe una Ley general del Procedimiento que se aplica en aquellos casos en los que no hay esa norma específica o en aquellos en los que esa ley específica tiene una laguna, es decir, deja algún punto sin regular.
Además, seguí explicándole, en Derecho (no solo en administrativo sino en todos los ámbitos del mismo) existen leyes que regulan una determinada cuestión y reglamentos que concretan más esa Ley en aquellos puntos en los que se necesita más especifidad.
En este caso, las normas de aplicación pertenecen al fútbol y sus órganos federativos.
Por un lado el reglamento general de competiciones y por otro las bases de competición de la 1RFEF.
Le dije, por tanto, que el sentido común indica que la norma más específica, la que se centra realmente en la categoría en la que compite el Pontevedra, vienen a ser esas bases de la competición.
En ellas, se establece como primer criterio para resolver un triple empate o superior, contar los puntos conseguidos en Liga en los partidos disputados entre ellos por los conjuntos empatados.
Después de ese primer criterio, Castilla y Pontevedra seguían en empate (7 puntos cada uno) y el Barakaldo quedaba descartado.
El segundo criterio de las bases, no es otro (continué contándole a mi hijo) que ver la diferencia de goles a favor y en contra de los partidos disputados entre ellos.
Fíjate Javier, le expliqué, la misma expresión "entre ellos" que en el primer criterio. En ningún momento se dice que se aparte ya al Barakaldo a la hora de hacer las cuentas aunque el equipo vasco ya haya quedado descartado por el primer criterio. Que no lo diga es normal pues un triple empate (o superior) deberá regularse y decidirse con normas de un empate múltiple y no convertirlo en un "doble empate" por orden de magia. Si la norma lo hubiera querido así, habría bastado con establecer en el segundo criterio la frase "enfrentamiento directo". Con ese criterio, el Pontevedra tiene +2 y el Castilla +1.
Entonces, papá, A qué viene todo esto?
Viene, hijo, por que además de las bases de competición, existe ese reglamento general de competiciones del que te hablé antes y que a pesar de ser una norma más general y no referirse en exclusiva a la 1RFEF, la Federación ha decidido aplicar, según una interpretación con la que tampoco estoy de acuerdo y por causa de un párrafo que no está en las bases, para meter al Castilla como quinto clasificado.
Cuál ese ese párrafo?
En ese párrafo se dice que esos criterios se aplicarán por orden y con carácter excluyente y si uno de ellos resolviera el empate de alguno de los clubs implicados este quedaría excluido aplicándose a los demás el resto de criterios. De ese párrafo extraen la consecuencia de que el Barakaldo no debe ser tenido en cuenta en el segundo criterio y para mi es un error interpretativo claro y es la lógica quien me lleva a pensar así.
Por qué?
Pues porque ese "excluido" que figura en el párrafo del reglamento hace referencia a que el Barakaldo ya no pueda clasificarse al play off al ser descartado en el primer criterio aunque saliese ganador del segundo criterio.
Imagínate hijo que el Barakaldo (que le ganó 2-1 al Castilla en Lasesarre) le hubiera ganado 6-1. De esa forma, sería el primero según el segundo criterio pero no puede clasificarse por que ya ha sido "excluido" según el primer criterio.
Y es que insisto hijo, un triple empate debe deshacerse de principio a fin con las normas de un empate múltiple y no ser convertido en doble a las primeras de cambio. De ser así, la norma lo tendría tan fácil como incluir la expresión "enfrentamiento directo".
Y entonces que va a pasar ahora?
Nos han echado, hijo. Incluso han puesto el partido Castilla vs Sabadell en viernes para hacerlo rapidito y acortar días.
Se podría pelear y buscar que nos den la razón y con ello una indemnización pero jugar la fase es ya una utopía.
Un rato después, ya muy tarde, Javier se quedó dormido y el que esto escribe continuó mirando el techo de la salita de casa preguntándose porque demonios el Pontevedra CF ha tenido que pasar por esto.
No se podía haber perdido el partido 0-2 y habernos marchado a casa con el disgusto, evidentemente, pero aceptando el resultado del campo sin haber celebrado el pase durante muchos minutos para que luego te lo arrebaten de esta forma tan despiadada?
Esta temporada ha sido durísima. Ilusionante, sí, gracias al buen trabajo del equipo pero dura porque en varias ocasiones celebramos goles clave que luego fueron sacados de nuestro casillero.
No puedo olvidar el de Ferrol. No puedo olvidarlo porque la decisión de anular aquel tanto atenta contra todo el sentido común y espíritu del juego. Lo celebramos, saltamos, gozamos y un juez caprichoso nos segó la victoria de manera inexplicable.
Con esos dos puntos, esos dos puntos que se ganaron sobre la hierba, el Pontevedra sería equipo de play off.
No habría cabido interpretación alguna. Ni sospechas de cacicada, ni nada de nada.
De verdad resultaba necesario que el destino nos deparase esto?
Estoy vacío. Me cuesta venirme arriba e ilusionarme como tantas otras veces lo he hecho cuando la competición ha propinado verdaderos machetazos a las aspiraciones del Pontevedra.
Ojalá esos niños y esos jóvenes que son el futuro ya hayan recuperado la energía y la ilusión por seguir apoyando al Pontevedra.
Que este golpe no los aleje de Pasarón sino que signifique un paso fuerte para aferrarse a sus butacas y seguir formando parte de todo esto.
De ser así, eso sería lo único aprovechable de toda esta pesadilla injusta.
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