lunes, 7 de enero de 2019

La quinta marcha

Con el comienzo de la década de los noventa el mando a distancia de las televisiones sufrió una primera "revolución" que a día de hoy haría sonreír a cualquier "milennial".
Hasta ese momento las alternativas a la hora de conectar la "caja tonta" eran únicamente tres: la primera, la segunda y la gallega.
Por eso cuando por "arte de magia"aparecieron Antena3, Telecinco y Canal Plus, a aquellos que en la actualidad peinamos canas, moderamos nuestras cenas navideñas por causa de digestiones complicadas o maldecimos en silencio la mañana de Reyes cuando a primera hora los más pequeños saltan sobre nuestras camas exigiendo la apertura inmediata de los regalos, nos pareció un acontecimiento tecnológico de tal magnitud que desgastamos los "botones" de aquellos "mandos" hasta hundirlos en el propio aparato de tanto apretar los "circulitos" de marras.

Eran tiempos de las "Mama Chicho", "Lo que necesitas es amor"con Jesús Puente o de Manolo Escobar presentando los resúmenes de los partidos de fútbol junto a Loreto Valverde y entre canción "porrompomera" y animadoras ligeras de ropa.
O de "Vip noche", "Sorpresa, sorpresa"y "Contacto con..tacto", programa en el que Bertín Osborne daba rienda suelta a su incipiente talento televisivo.

El acabose, vamos.   

Otro de esos programas que nació casi a la par que la cadena televisiva que lo emitió era "La quinta marcha". 
Como olvidar a aquellos casi "púberes" Penélope Cruz o Jesús Vázquez saltando sin parar o a ese Kike "Supermix" del que no se ha vuelto a saber nada desde hace mucho tiempo. 
Por ese espacio en el que debutaban los dos primeros (vídeo de "La fuerza del destino" de Mecano aparte) también pasaría Natalia Estrada antes de irse a hacer carrera a Italia o Antonio Sánchez  que ahora narra partidos de NBA en Movistar.
En alguna ocasión, dicho programa organizaba maratones de baile que exigía al público en plató e incluso a los presentadores no dejar de moverse y que provocaba en los espectadores un cansancio importante que muchas veces desembocaba en un cambio de canal para tomar aire.


Al parecer, según se reconoció por el propio entrenador y algunos jugadores tras el partido, al Pontevedra CF le faltó esa quinta marcha en el Cerro del Espino en los días previos a la Navidad. 

Aquella derrota cosechada ante el filial rojiblanco dejó mal sabor de boca no ya por la derrota en sí pues el rival era de cierta entidad sino por los argumentos esgrimidos tras el choque presididos por la evidencia de que el equipo no había impuesto a su juego la misma intensidad y empuje que el Atlético y así resultaba muy complicado hacer otra cosa que no fuera perder.

No sabe este atribulado bloguero si fue por esa circunstancia desagradable que el Pontevedra exhibió en Majadahonda y que el equipo quería compensar o por qué otra razón pero el caso es que ayer frente al Castilla esa marcha más, esa quinta marcha, la tuvo el Pontevedra CF desde el principio.

Los jugadores granates superaron en todo momento al Real Madrid- Castilla que deambuló por el horroroso césped de Pasarón dando una imagen muy alejada de lo que en principio debería esperarse de un conjunto de la parte alta de la tabla aún con las bajas con las que contaba para el partido.

Tras unos primeros minutos más parejos, se produjo la circunstancia que empezó a decantar el choque hasta convertirlo en un monólogo granate en la tarde - noche de ayer: la aparición de Romay.

Venía mejorando y mucho este jugador en las últimas semanas y así se escribía en este blog que empezaba a disfrutar de lo lindo con las actuaciones del de Malpica pero ayer Romay completó un encuentro maravilloso canalizando el juego de ataque pontevedrés sin que el rival hiciera lo más mínimo para tratar de contrarrestar sus apariciones sobre la hierba.

De sus botas salió el primer balón de gol que desaprovechó Javi Pazos tras rebasar a Luca y también tras un exquisito pase de Romay volvió a quedarse solo Javi una segunda vez en la jugada en la que varios rechaces colocaron el balón en las botas de Arruabarrena para hacer el primer tanto.

Si el Pontevedra perdonó en la primera mitad no digamos ya en la segunda parte.

Además de la clase de Romay, apareció la velocidad y desborde de un Alex González imparable, Nacho López y David Castro se desplegaban arriba y abajo de forma incansable, Víctor Vázquez se constituía en amo y señor de la zaga y Arruabarrena arriba y Pazos desde la derecha trabajaban primero en la presión muy arriba para no dejar jugar al Castilla y luego en apariciones en ataque que ponían en problemas a la defensa blanca.

No obstante, como ya se ha dicho, se falló y perdonó mucho ante la portería blanca y la afición (que ayer acudió en más número al campo) no podía evitar desesperarse ante tanta oportunidad perdida y la cercanía injusta del Castilla en el marcador.

Por suerte la incertidumbre se acabó tras otra jugada maravillosa de Alex por la izquierda con centro medido a la cabeza de Aruabarrena que con un remate cruzado ponía el 2-0 y la sentencia en el "luminoso".
Ni ese segundo gol, ni los cambios introducidos por su entrenador cambiaron la absurda dinámica de un Castilla que solo remató a puerta en una falta en el minuto 2 de juego y que pareció anestesiado y fuera de lugar durante todo el partido viéndose superado en todo momento por el mejor Pontevedra CF no solo de lo que llevamos de esta temporada sino de toda la anterior y que redondeó el resultado en el último lance con un gol de Javi Pazos tras contra muy bien diseñada por Pibe, Mouriño y Pedro Vázquez (los tres cambios granates).

Fue un gran regalo de Reyes el ofrecido ayer por el Pontevedra CF a su gente y no solo por el triunfo sino por la autoridad incontestable con el que se produjo.     

Después el partido enumeraba Luismi en rueda de prensa los tres pilares sobre los que se asentó ayer el equipo para ganar con tanta solvencia a un buen rival: intensidad, concentración y esfuerzo.

Sin duda, dichos argumentos son imprescindibles para afrontar cualquier partido en casa pero también fuera por eso no deberían olvidarse tal y como sucedió en Majadahonda pues si no nos colocamos como mínimo a la misma altura en cuanto a intensidad que el contrario entonces tendremos todas las de perder. 
El éxito llega cuando se logra aunar ese trabajo con la calidad con la que cuentan algunos jugadores de la plantilla. 

Se acabó la primera vuelta y lo hemos hecho con unos importantes 32 puntos que nos dejan con la misma puntuación que nuestro rival de ayer que sigue cuarto.
Lo inmediato (al margen de la Copa Federación que se disputará el Miércoles en Pasarón en horario realmente raro para día laborable) es comenzar la segunda vuelta otra vez en casa frente a un rival muy incómodo y que ayer dio la de arena en Bouzas al perder 4-1.

Venía lanzado el Unionistas al Baltasar Pujales y habrá que ver como le sienta esa derrota que ha puesto de raíz y sin paliativos fin a su extraordinaria racha de resultados.

Para nosotros es básico no fallar en casa y por eso el partido del Domingo promete otra vez emociones fuertes.
Será necesario que el equipo salga otra vez con la quinta marcha y dispuesto a dejarle claro al Unionistas (rival insisto muy complicado a pesar de su derrota en Bouzas) que en el campo Municipal de Pasarón no pueden escaparse puntos bajo ningún concepto.

Por si acaso, este bloguero buceará entre vídeos antiguos de you tube para ver eso saltos y bailes de Penélope y Jesús que empezaron a hacerlos populares antes de que la primera empezara a triunfar en el cine y el segundo fuera a  hablar para "entenderse con la basca". 
  

lunes, 17 de diciembre de 2018

Rarezas, puzzles incompletos y ese acertado"partido a partido".

En un deporte con tantas disciplinas diferentes y tan universal como el atletismo la disputa de muchas calificaciones de saltos, lanzamientos o series de eliminatorias en los grandes campeonatos suele realizarse en horario matutino.

Es frecuente escuchar a los atletas explicar en los programas de televisión dedicados a divulgar su preparación previa que no es lo mismo competir por las mañanas que por las tardes- noches; que el organismo necesita acostumbrarse para tratar de alcanzar un gran rendimiento y que los famosos "biorritmos" no se manifiestan de la misma forma con la "fresca mañanera" que en esas horas del atardecer en las que el cuerpo ya está perfectamente adaptado al ajetreo físico de la jornada. 
No es raro, por tanto, presenciar en mundiales o juegos olímpicos alguna actuación decepcionante de favoritos al triunfo en sus especialidades que se quedan por el camino al no haber conseguido hacerse con la situación.

Claro que en las Olimpiadas o Mundiales, por ejemplo, hay un número máximo de días de competición y para encajar todas las pruebas resulta imperativo dividir las jornadas en matutinas y vespertinas.

En la 2ª división B del fútbol español (esa categoría contradictoria, dejada de la mano de Dios y olvidada por casi todos a pesar de contar en su seno con auténticos históricos del balompié patrio) desde hace tiempo existe la norma de que cuando se juega contra conjuntos canarios en casa se debe hacer por la mañana para que estos tengan tiempo de coger el preceptivo vuelo de vuelta en el mismo día abonado por la RFEF e igualmente pero a la inversa cuando se juega en la islas afortunadas. 
No es algo que resulte descabellado ni estrambótico y más teniendo en cuenta que la gran mayoría de los equipos madrileños con los que estamos encuadrados esta temporada ya acostumbran a jugar de mañana en cualquier circunstancia e incluso cada vez más conjuntos de otras comunidades están empezando a hacerlo.

A pesar de todo ello, para nosotros jugar en casa a las 12 de la mañana sigue siendo una anomalía que no se repetirá más esta campaña al no haber más equipos canarios que el filial de la UD Las Palmas.

Y como quiera que asistir a Pasarón en horario de misa para los que practican o de café agnóstico para los que no lo hacen sigue siendo raro, rara fue la sensación que este atribulado bloguero (mis disculpas a un gran amigo que no soporta este adjetivo tan de mi gusto) experimentó al darse cuenta que en vez de dirigirse a ingerir cafeína al bar de la esquina debía cruzar el puente y presenciar el partido como local del Pontevedra CF.

Las condiciones metereológicas no decepcionaron y la amalgama de colores que los espectadores pudimos vislumbrar en el estadio fue realmente espectacular.
Desde un negro realmente oscuro que incluso amenazaba con tener que encender la iluminación artificial nada más comenzar el choque; pasando por un sol y sombra tan molesto como llamativo que provocaba un brillo amarillento en casi todo el terreno de juego menos la portería de sur que continuaba en penumbra en la última media hora del primer tiempo; hasta terminar con un sol más asentado a lo largo de la segunda parte que ayudó a recuperar las retinas de la sufrida parroquia granate.

El caso es que el Pontevedra CF ganó el partido y sigue navegando con viento de cola acumulando ya cuatro jornadas seguidas sumando de tres en tres puntos.

Fue un partido feo (especialmente en la segunda parte), enredado y nada proclive a las exquisiteces balompédicas pero en el que el Pontevedra encontró el gol en un penalti extraño (las imágenes ofrecidas por la tvg no son demasiado concluyentes) y defendió su renta con orden y sin conceder regalo alguno que pudiera posibilitar el empate de un rival tan aguerrido como atípico en su condición de filial.

Aún así, a lo largo de la primera mitad y a pesar de que el césped estaba infame (en mi opinión incluso peor que el día del Adarve), el Pontevedra CF consiguió crear alguna jugada de merito de la mano de un Romay que si bien no estuvo como en partidos anteriores sí apareció en alguna ocasión; de Pibe que se mostró peligroso en sus apariciones en tres cuartos y sobre todo de un Kevin exultante que insuflaba oxígeno y empuje al equipo desplegándose desde medio campo.
El rival, por contra, solo dio alguna muestra de vida en ataque en el primer cuarto de hora en un par de acciones de mérito por banda derecha protagonizadas por su jugador nº9, de nombre Edu, que creó alguna inquietud en la defensa granate.

Sin embargo, la llegada del gol asentó al Pontevedra y dejó tocado a Las Palmas que no hizo sino tambalearse el resto del primer tiempo en el que bien pudo encajar el segundo en una buena jugada de Pibe con pase de calidad a Pedro Vázquez que al escorarse demasiado estrelló su difícil remate contra el portero.   

La segunda mitad podría haber sido calificada de "tostonazo del quince" de haber sido presenciada por un espectador neutral que no tuviera más interés en el partido que ver alguna buena jugada y le diera igual el resultado del choque.

Claro que para nosotros no era lo mismo. 
Los puntos, como siempre, eran importantes y un resultado tan estrecho podría variar por cualquier tontería que se cometiera atrás y diera al traste con la posibilidad de conseguir otra victoria.

Con el cambio de Romay por molestias a falta todavía de media hora y el bajón de Pibe en el segundo tiempo, la sensación que algunos teníamos en el campo es que iba a ser muy complicado volver a marcar y que para ganar habría que blindar la portería como fuese y no conceder la más mínima alegría a un rival que sin nada de fútbol mandaba balones al área a ver si sonaba la flauta.

Esa flauta no sonó y es en este punto en el que hay que volver a destacar al equipo en su organización defensiva. Desde el primer delantero ( Pazos volvió a "matarse" a presionar e incluso en el primer tiempo provocó varias faltas por proteger bien la pelota ante los centrales contrarios) hasta el último defensa, el equipo se mostró sobrio y férreo para no permitirle a Las Palmas que ya traía una cifra muy baja de goles a favor siquiera tirarle a Edu entre los tres palos.

De justicia es recordar que todos los defensas estuvieron en su sitio incluyendo a un Adrián León que exceptuando una imprecisión al principio del partido rayó a buen nivel y recordó a ese central que es difícil de superar cuando no falla y está con confianza y no a ese otro que duda tras cometer algún error de bulto.   

Al final del partido muchos aficionados consultaban sus teléfonos móviles para conocer el resultado de los otros enfrentamientos de la jornada y colocar al Pontevedra en la clasificación. Muchos de ellos se fueron con una sonrisa en los ojos creyendo que el equipo se ponía cuarto pero un gol postrero de la Cultural en Abegondo  enviaba al Pontevedra al quinto lugar pero con los mismos puntos que el equipo leonés (que hoy mismo ha cesado a su técnico a pesar de la victoria) y que el Castilla además de situarse a un solo punto del Fuenlabrada que es segundo.

Realmente a estas alturas da igual ser cuarto o quinto o fijarse en exceso en lo que hacen los demás rivales de un grupo que ya estamos viendo es muy equilibrado y del que nadie se marcha en la clasificación.

Lo verdaderamente vital y en lo que el Pontevedra debe centrarse es en él mismo y en sus partidos. Como ya dijimos hace una semana  siempre que se ha marcado primero se ha ganado y ayer se volvió a dar esta circunstancia.
El equipo lo sabe y parece haber encontrado el camino. Nada de florituras para las que no sé si la plantilla está preparada. Nada de fijarse en estadísticas de posesión que en fútbol son mentirosas y no siempre reflejan el control del juego y sí mucho de concentración y esfuerzo sobre el "verde" semana a semana.

Ahora toca el Atlético B que está en racha y con un Pinchi en forma y lo que venga después no debe existir.

Es en ese día a día en el que el equipo debe vivir y en el que sabe que no es inferior a nadie en el que resultaría importantísimo que no se perdieran más piezas del puzzle.

Me refiero con ello a que la pérdida para toda la temporada de Javi López es un golpe muy duro para una plantilla que no está sobrada de efectivos y que no es seguro pueda digerir bien las bajas de larga duración. 
Es cierto que este jugador tardó en aparecer y en empezar a justificar la calidad que le trajo aquí pero precisamente en el momento en que "soltó" dos buenos partidos en Bouzas y aquí frente al Adarve ha tenido la fatalidad de romperse de gravedad y dejar al equipo sin esta aportación que parecía prometer en los últimos tiempos. 
Desde este blog se envían los mejores deseos de recuperación para el jugador.

Es cierto que Alex Fernández está a punto de volver y eso constituye una muy buena noticia pero me preocupa, insisto, el efecto que estas lesiones pueden ejercer sobre el grupo pues como ya se ha dicho no estamos sobrados de calidad.
Sea como fuere el equipo cada vez transmite algo más de seguridad sobre el terreno de juego en lo futbolístico y también unión fuera de él como muestra el homenaje ofrecido a su compañero tanto antes del choque como después de hacer el tanto.

Como ya se ha dicho ahora toca Majadahonda y ese filial atlético complicado al que es posible pueda faltarle algún jugador de ser convocado por Simeone para el partido del día siguiente, Sábado, frente al Español.  
Sí, he dicho día siguiente Sábado pues las "rarezas" no acaban con el partido por la mañana de ayer sino que continúan al jugar nuestro último choque del año en Viernes por la tarde.

A buen seguro habrá aficionados granates en el Cerro del Espino alentando al equipo. Ojalá ese aliento contribuya a alargar esta buena racha del Pontevedra CF al menos una jornada más. 

lunes, 10 de diciembre de 2018

Un jugador elegante; otro error inoportuno y un "chicharro" de bandera

Tiene el Pontevedra CF una querencia continua a instalarse en la incertidumbre aún cuando casi todas las circunstancias externas inviten a disfrutar un partido más tranquilo y sin agobios de ningún tipo.
Ayer debió ganar por más goles a su rival y solventar el choque mucho antes pero vivió con los agobios que provocan las apreturas del marcador hasta que un gol de bandera terminó por asegurar la victoria granate.

El equipo disputó una primera parte muy buena en la que marcó dos goles y contó con ocasiones más que de sobra para haber cerrado el encuentro de manera definitiva antes de volver a los vestuarios a reponer fuerzas.
A lo largo de esos primeros 45 minutos pudimos volver a ver a Jesús Berrocal ocupando el medio centro más defensivo del equipo y a Kevin descolgándose en muchas ocasiones para llegar al ataque ya sea con demarques potentes hacia las bandas o en llegadas a la frontal del área como la que protagonizó en el primer tanto al golpear con acierto y calidad un balón servido desde la derecha.

Vimos también otro paso en la progresión de Pedro Vázquez al que se le ve mucho más participativo y entero aunque en el día de ayer desaprovechó bastantes de sus mejores acciones por un irritante individualismo en el momento culmen de la jugada, ese en el que se requiere pasar la pelota al compañero situado en posición ventajosa y no liarse en regates inútiles que acaban por desbaratar ocasiones muy claras para marcar.

Pudimos observar igualmente como Javi López disputaba los mejores minutos en casa desde que viste esta camiseta y si bien volvió a estar despistado o poco activo defensivamente en un par de ocasiones en las que el Adarve profundizó por su banda, en ataque intervino de forma más regular y punzante abriendo alguna esperanza (por lo menos a este atribulado bloguero) de que su rendimiento siga yendo a más y se convierta en un baluarte importante en el juego de ataque del equipo.

Sin embargo, lo que más vimos fue a un jugador tocar la pelota con esmero y elegancia para devolverlo siempre en mejores condiciones en la que la recibió. 
Ese jugador, Romay, volvió a poner el punto de calidad en la zona de tres cuartos y si llega a transformar la ocasión de la que disfrutó en un uno contra uno contra el portero madrileño habría completado un partido realmente sobresaliente.

No mucho después de errar esa oportunidad que no debió perdonar, el ex fabrilista aprovechó otra ligereza de la defensa rival para servir un balón de oro en profundidad a su compañero Javi Pazos que se fue por velocidad de un defensa del Adarve y definió a la perfección mandando la pelota al palo largo con exquisita tranquilidad y acierto.

Este gol me produjo cierto "deja vú" con otro que se logró un día de finales de Enero del año 2012.
Penaba el Pontevedra CF en tercera división sus excesos del pasado cuando un chaval juvenil que debutaba en casa recogía un balón perdido en la segunda parte de un encuentro jugado contra el Cultural de Areas.  
Después de deshacerse de un rival, ese juvenil llamado Javi Pazos encaraba la misma portería que ayer enfiló frente al Adarve y aunque algo más escorado transformaba el primer tanto de aquel partido enviando como hace menos de 24 horas un balón venenoso al palo largo del portero del Areas.
 Aquel partido se ganó 2-0 y el segundo también fue marcado por Pazos que luego fue desapareciendo de las alineaciones hasta marcharse meses después en busca de minutos.

Ahora, en su primera experiencia en 2ªB pero más hecho y con un peinado de gusto discutible, ya marca habitualmente con la camiseta del Pontevedra y su quinto tanto de la temporada se pareció bastante a ese primero que logró hace seis años y que me vino a la memoria nada más besar las mallas su lanzamiento del día de ayer.

Más esa sensación "deja vú" experimentada con el segundo gol granate, no fue la única experimentada por este atribulado bloguero en el día de ayer. 

Los primeros minutos (no más de diez) del equipo tras la reanudación recordaron aquella etapa un par de años atrás (la temporada del play off) en la que salíamos medio dormidos en la segunda parte y provocábamos la reacción de los contrarios que trataban de aprovechar la anestesia general del grupo. 
Ayer, esta relajación inicial, permitió que el Adarve disfrutara de dos ocasiones muy claras para marcar que desaprovecharon al rematar muy flojo un cabezazo en posición muy ventajosa, la primera y al aparecer nuestro "santo" particular en la segunda (Edu Sousa) en una intervención plena de reflejos que desbarató un lanzamiento casi a bocajarro de un atacante madrileño.

Reaccionó, no obstante, el Pontevedra y sin daños que lamentar para el marcador volvió a hacerse dueño y señor del encuentro y a desbaratar ocasiones en las que bastantes veces ni siquiera se remataba al querer rizar el rizo en vez de ser prácticos de cara a la portería contraria.
Ejemplo de esta situación fue una jugada en la que Javi López en posición pintiparada para fusilar al portero rival prefirió ceder el cuero a Javi Pazos en un pase demasiado adelantado que desbarató una oportunidad inmejorable para sentenciar.

También es cierto que los dos jugadores que salieron de refresco no tuvieron su mejor día y no contribuyeron esta vez a mejorar el panorama.

El primer caso fue el más llamativo. 
Al filo del primer cuarto de hora del segundo tiempo, Luismi decide retirar a Javi López para dar entrada a Alex González en un cambio que pareció lógico por los minutos jugados por el primero en la CG y la velocidad con la que Alex podría dotar al juego del equipo con un Adarve que en lógica debería arriesgar más.
Sin embargo, Alex ayer no pudo amoldarse al ritmo del choque y disputó sus peores minutos con la granate desde hace mucho tiempo. 
No es que no lo intentara. Como siempre lo hizo pero los regates no salían; los controles se le iban largos y no fue ese Alex maravilloso que hemos podido ver en los últimos tiempos.

Poco después se producía el segundo relevo y este más sorprendente aunque a posteriori algo aclarado en rueda de prensa. Kevin con más de 25 minutos por delante dejaba su lugar a Arruabarrena. Extrañó el cambio porque no denotaba problema físico alguno el de Ponteareas. 
Sin embargo, Luismi tras el partido afirmó que ya en el descanso notó el mediocampista los "isquios" cargados y que a eso se debía la sustitución.    

Sea como fuere, el Pontevedra seguía sin hacer el tercero y para más "inri" a renglón seguido llegaba el tercer "deja vú" de la jornada. 
En un balón sin peligro aparente e ideal para cederlo de cabeza a su portero, León se lía e impacta el esférico con el hombro despidiéndolo con menos velocidad y provocando que un delantero del Adarve pueda encarar con comodidad a Edu y batirle para estrechar el resultado.
Como ya se ha dicho en otras ocasiones, es Adrián capaz de lo mejor y de lo peor en un mismo partido y ayer volvió a equivocarse absurdamente en una acción que costó otro gol en contra para el equipo. 
Fueron los minutos siguientes de desconcierto pues tampoco Arruabarrena acertaba con sus acciones sobre el césped provocando algunos nervios desde la grada y algún fantasma que otro sobrevoló durante algunos minutos el campo de Pasarón.

Hasta que Romay (que pasó a ocupar una posición más retrasada tras el segundo cambio) volvió a aparecer sobre el césped y contribuyó junto a la lucha de Pazos o la contundencia de Churre a bajar los humos de un Adarve que si se acercó pero que ya no logró gozar de ocasiones claras.
Aún así siguieron desperdiciándose opciones para sentenciar como una en la que de nuevo Romay deja solo a Alex con un pase precioso pero el mal control del pequeño extremo cántabro facilitó la salida con éxito del portero madrileño u otra en la que Aruabarrena no encontró el gol tras rematar en buena posición.
Hasta que llegó el tercer cambio y con él hizo su entrada Pibe en lugar de Pedro Vázquez.

Escasos minutos después una buena presión sobre un defensa provoca que este despeje de cualquier manera y el balón llegue al propio Pibe ya en campo contrario. El extremo progresa con velocidad y encuentra a Arruabarrena que en su mejor acción del choque se la devuelve al canterano para que este ya dentro del área pero escorado conecte un zurdazo con rosca espectacular para hacer un gol de bandera y asegurar de una vez por todas tres puntos que no podían ni debían escaparse de ningún modo de nuestro Estadio.  

Llevamos ya 16 encuentros de Liga, suficientes para poner sobre la mesa datos o tendencias inequívocas que enseñan el rumbo que debe seguir el equipo.

A saber, el Pontevedra ha ganado todos los partidos en los que ha marcado primero en esta Liga. En casa frente a Cultural, Salamanca, Coruxo y Adarve (solo los leoneses pudieron empatar para luego caer en aquella última acción del choque) y fuera frente  Fuenlabrada, Burgos y Rápido de Bouzas.

Sin embargo, no se ha ganado ningún partido en el que se empezara perdiendo y solo se pudieron empatar tres tras encajar primero (en casa frente al Fabril y Valladolid y fuera en Navalcarnero).

La consecuencia es muy clara. 
Es vital defender bien, no regalar nada y meter antes nosotros para tener casi todos los boletos para vencer. 
Por contra, si se empieza perdiendo, las dificultades para conseguir remontar como se deduce de los datos es mayúscula.

El Domingo volvemos a jugar en casa pero contra un rival de números opuestos a los del Adarve. 
Los madrileños llegaron aquí con una cifra interesante de goles a favor pero alta también de goles en contra y tal circunstancia tuvo su reflejo en el terreno de juego.
El filial canario, no obstante, mete muy pocos goles pero encaja también pocos por lo que todo hace indicar que algunas facilidades defensivas concedidas ayer por el rival pueden no aparecer dentro de seis días.

La receta, por tanto, debe seguir aplicándose incluso más rajatabla. No regalar nada ( a diferencia de los que pasó ayer en el gol rival) y ser más diligentes en área contraria.

¿El premio posible? Verse por vez primera esta temporada en puestos de play off de ascenso a segunda.  


     
         
    

martes, 4 de diciembre de 2018

Cuando jugar fuera ya no es un drama

Llevaba el Pontevedra CF demasiado tiempo siendo un "chollo" cada vez que disputaba sus encuentros a domicilio.
La segunda vuelta de la Liga 15/16, toda la temporada 16/17 (pese a la brillante clasificación para el play off de ascenso) y casi toda la 17/18.

Digo casi toda la temporada pasada porque en el tramo final de la misma el equipo cambió de rumbo fuera de casa y acumuló tres victorias en los últimos cuatro desplazamientos ligueros que resultaron decisivos para obtener la permanencia.
Parecía con esas victorias logradas en Valladolid, Navalcarnero y Majadahonda que la pésima racha lejos de Pasarón había pasado a la historia y que nos habíamos convertido de nuevo en un conjunto más fiable en sus desplazamientos.

No obstante, el titubeante comienzo en esta campaña 18/19 (con una derrota sin paliativos en Salamanca en donde el Pontevedra estuvo fatal, ese empate a trancas y barrancas logrado en Navalcarnero y la goleada encajada ante el Internacional) arrojó de nuevo dudas sobre si esa serie nefasta de resultados fuera se había o no superado por el equipo.

Con el paso de las semanas se ha visto que sí y debemos felicitarnos mucho por ello.

Han seguido existiendo malos resultados como los cosechados en Guijuelo o en San Sebastián de los Reyes pero estas derrotas se han visto acompañadas de tres victorias en las cinco últimas salidas que demuestran que para el Pontevedra CF salir de su ciudad a jugar un partido ya no es un drama sino otra oportunidad para sumar puntos en su casillero.

Es cierto que falta solamente un dato para que esta clara pesadilla como visitante quede completamente superada. 
Ese dato, o mejor dicho, esa anomalía viene derivada del hecho de que el Pontevedra no voltea un resultado fuera de casa desde hace tres años cuando en los Anexos de Zorrilla consiguió ganar por un gol a tres después de empezar perdiendo el choque.
Ojalá tardemos en descubrir si el equipo también es capaz de derribar este "muro" pues lo deseable es que tardemos tiempo en ponernos por detrás en el marcador a domicilio pero en el momento que esto pase veremos si somos capaces alguna vez de protagonizar esa remontada que desde hace tanto tiempo no se consigue fuera de casa.

La última victoria fuera se logró en Bouzas y además con una autoridad y aplomo importantes.

Sí, el Rápido está muy abajo en la tabla y era un encuentro asequible.

Ahora bien, en un campo como el Baltasar Pujales donde siempre es complicado evolucionar, dejar resuelto el encuentro en solo 30 minutos es un dato que no se puede dejar pasar pues pone de manifiesto que el Pontevedra no solo ganó sino que lo hizo con esa contundencia tantas veces anhelada cada vez que abandonamos nuestro Estadio.

Como se preveía, el balón parado iba a resultar determinante en el escenario gualdinegro y el Pontevedra dominó esa faceta logrando el 0-1 a la salida de un corner y sentenciando el choque con un tercero de falta magistralmente ejecutada por un Javi López que por fin ha dejado un detalle de clase fuera de toda duda.
Entre medias, el Pontevedra fue capaz incluso de enseñar esas virtudes con las que se nos venía diciendo que se quería dotar al conjunto desde principio de temporada, el toque y la combinación venenosa.    
A pesar de que el Pujales no deja demasiado margen para el lucimiento, la jugada del 0-2 con muchos pases en la zona media, el desmarque a banda de Kevin y el remate de Arruabarrena de cabeza tras el centro resultó precioso e incluso como algo fuera de lugar teniendo en cuenta en que estadio se estaba jugando.

Con esa primera parte tan brillante, en la que por cierto volvieron a alinearse juntos en ataque Pazos y Arruabarrena por segunda vez (la primera fue en Fuenlabrada también con victoria 0-2), el encuentro quedaba "listo de papeles" a salvo de la "guijuelada" de turno.

Y no se dio esa "guijuelada" a pesar de marrar Arruabarrena una ocasión pintiparada para hacer el cuarto y que poco después Adrián León cometiera otra de esas acciones inexplicables que a veces afean sus actuaciones provocando un penalti con el que el rival acortaba distancias.

A pesar de todo ello, el Pontevedra se defendió bien y acabó el encuentro sin excesivos sobresaltos para colocarse sexto en la clasificación y aumentar así el diapasón de la ilusión de su gente. 

Además de los tres puntos conseguidos en Vigo, en mi opinión la mejor de las consecuencias que conlleva esta victoria es la que se ha reseñado al principio de esta entrada: que cada desplazamiento del Pontevedra CF en Liga ya no es como una visita al dentista para quitarse una muela; que el equipo ha recuperado la competitividad a domicilio y que cualquier desliz que pueda cometerse en casa puede intentar restañarse como visitante pues los tiempos del "chollazo" granate jugando fuera parecen haber quedado definitivamente atrás.

Curiosamente, el calendario nos coloca ahora en un tramo en los que el equipo jugará muchos partidos en Pasarón.
De los cinco próximos partidos (los cuatro últimos de la primera vuelta y el primero de la segunda) cuatro se jugarán aquí.

No se trata de hacer "el cuento de la lechera" porque los primeros que no quieren hacerlo para no meterse presión son los propios jugadores que solo piensan en el Adarve (antes mañana mismo el Langreo en la C.G) y hacen bien pero como se ha dicho más arriba el fútbol muchas veces es ilusión y es normal que la afición se venga arriba ante el calendario más próximo que se nos avecina y en el que desea ver a su equipo seguir encaramándose a los puestos altos de la tabla. 

No obstante, sin ánimo de resultar demasiado cauteloso, mi posición es la misma que he escuchado manifestar a varios jugadores tras la victoria en Bouzas, la calma y  seguir la frase "partido a partido " que aunque exista desde los principios del balompié viene bien pronunciarla alguna vez para que no se pierda en absoluto la perspectiva.

Solo debe existir el Adarve y la idea de ganarle al Adarve. 

Ojalá lo haga el Pontevedra CF y además con esa autoridad mostrada en el Baltasar Pujales que no solo nos nutra con tres puntos más en la clasificación sino con argumentos para sostener la tesis de que nuestra presencia arriba no es accidental sino fruto de la capacidad y con vocación de continuidad hasta el final de la Liga.

Yo tengo ilusión, claro que la tengo, más prefiero "embridarla" y sacarla a pequeños borbotones conforme el equipo me transmita que es una ilusión con fundamento y no fruto de una alucinación.   

lunes, 26 de noviembre de 2018

Sufrimiento absurdo

El fútbol está lleno de frases. 

Algunas con sentido, otras sin él. Todas forman parte, no obstante, de ese mundo regido por un balón y poblado por las ilusiones de aficionados de todos los equipos que sueñan con vivir éxitos deportivos de esos colores a los que prestan fidelidad eterna a veces incluso sin saber bien el porqué.

Una de esas máximas preñadas de significado y verdad entre todas las que forman el vocabulario futbolístico es esa que dice "quien perdona lo paga". 
En esas cuatro palabras así ordenadas se encierra la circunstancia muy común en el balompié consistente en todas aquellas victorias que se van al limbo por no saber aprovechar las oportunidades propias para marcar y conceder solo una al rival que una vez transformada cambia el resultado de un partido que debió terminar indudablemente con otros guarismos.

Ayer el Pontevedra CF "no pasó por encima" del Coruxo. No dispuso de "tropecientas" ocasiones para hacer gol ni encandiló con su juego a su cada vez más menguada y callada parroquia. 

No, es cierto. 
Más también es verdad que hasta el minuto 70 aproximadamente de partido fue tremendamente superior a su rival y gozó de suficientes opciones para marcar como para haber dejado finiquitado el choque y no pasar los momentos de agobio de los últimos minutos en los que cualquier tontería podía haber echado por tierra un trabajo diligente y ordenado realizado sobre el maltrecho césped de Pasarón.

Esa circunstancia, el agobio del último cuarto de hora, se debió principalmente a la incapacidad del equipo para sentenciar ya el marcador en la primera parte y a esa desquiciante falta de gol que por segunda temporada consecutiva padece la plantilla pontevedresa.

Como tristemente viene siendo habitual en los últimos encuentros, el ambiente al comienzo del partido no era precísamente el más animado en las gradas del ex vetusto campo granate. 
La tarde negra, la lluvia persistente y las gradas demasiado vacías y silenciosas evocaban nostalgias de tardes más gloriosas y este atribulado bloguero no pudo sino volver a preguntarse como tantas veces lo ha hecho en las últimas temporadas como es posible que nada se haga para recuperar un Pasarón más nutrido, más presencia joven en las gradas y esa paz social que por lo menas permita que desde el fondo Norte se vuelva a animar sin fatiga al equipo y se eviten estos silencios que permiten incluso escuchar las voces de los protagonistas sobre la hierba.

Sea como fuere, el Pontevedra salió al campo decidido a ganar el encuentro y sin hacer nada del otro mundo encontró pronto caminos para inquietar la defensa "verde" y empezar a inclinar el choque hacia el territorio de juego vigués.
Los primeros minutos, esa vía se halló por nuestra banda derecha por la que primero Nacho (sólo unos minutos hasta que esas dichosas molestias le obligaron a retirarse), luego Campillo (su sustituto) y siempre Pedro Vázquez lograban penetrar por su banda y crear inquietud al equipo de Montes.
Solo el desacierto precísamente de Pedro a la hora de colocar buenos centros o elegir cual era la mejor opción para la jugada impedían que las ocasiones claras empezaran a llegar a la portería contraria.

A este jugador, Pedro Vázquez, le ve el que esto escribe algo mejor que en los primeros partidos en casa; con más ritmo y determinación a la hora de jugar pero le sigue faltando mucho acierto a la hora de crear verdadero peligro en sus acciones de ataque. Ayer, ni en la primera parte donde llegó muchas veces a línea de fondo ni en la segunda pudo sacar provecho a esa velocidad y mayor energía que empieza a mostrar en los últimos encuentros.

Aún así, el peligro empezó a llegar también por la otra banda. Por ese lado, como ya es habitual, Castro y Alex (aunque a este último le costó algo más en el día de ayer entrar en juego) comenzaron a hilvanar jugadas y darle un quebradero de cabeza más un Coruxo que no era capaz de superar la presión local y no aparecía ni de lejos por los dominios de Edu.

Javi Pazos (que ya había contado con una ocasión anterior en la que su disparo algo flojo fue atrapado por el portero rival) dispuso a continuación de dos ocasiones muy claras de las que normalmente habría que aprovechar al menos una.
La primera llegó tras un buen centro de David Castro que le encontró algo desequilibrado a la hora de rematar de cabeza marchándose el balón cerca de un poste vigués. 
La segunda, de haberse transformado, habría significado sin duda el gol hasta ahora de la temporada.  Alex inicia su clásico avance en ziz zag en dirección al área contraria, encuentra a Romay con un bonito pase al espacio y el jugador coruñés (que sigue creciendo) ante la salida de Alberto deja con el tacón una asistencia de lujo a Pazos que a portería vacía envía el balón por encima del larguero.

Se frustraba así una ocasión de las que nunca se deben perdonar; lo suficiéntemente clara como para hacer buena la frase recitada al comienzo de este escrito y que evitaba, además, que una jugada tan bonita y que en gran parte justifica el precio de una entrada acabara sin el máximo premio.

Con esa sensación de haber sido más equipo y haber gozado de oportunidades más que suficientes para haber al menos encarrilado el partido se acababa una primera parte en la que se volvía a poner de manifiesto que tenemos muchas dificultades para encontrar el camino del gol.

Por fortuna, en la segunda mitad ese tanto llegó pronto. Kevin recogía un balón en la frontal y lo estampaba contra un poste de la portería del Coruxo para que Pazos sin que nadie le molestara y controlando el balón  previamente (en un segundo que a más de uno se nos hizo eterno) alojara mansamente el cuero en el fondo de las mallas.

Y a pesar de ese gol el partido no cambió demasiado de guión. El Pontevedra siguió mandando y rondando el área sobre un césped cada vez más deteriorado y pesado que dificultaba la evolución de los jugadores y el Coruxo seguía como encogido incapaz de llegar al área de un hasta ese instante casi inédito Edu.

Así se llegaba a los últimos veinte minutos en los que el partido si bien no cambió completamente de dueño sí que experimentó un giro suficiente como para crear inquietud en la parroquia granate.
Todo empezó con una indecisión defensiva que permitió a Trigo cabecear en buena posición en área granate mandando el balón fuera y en un error absurdo de posicionamiento defensivo del Pontevedra que permitió a un delantero rival encontrar un autopista de tres carriles por el centro de la retaguardia y dilapidar esa ocasión con un lanzamiento algo inocente fuera.

A esta situación de incertidumbre no ayudó (siempre en mi opinión) las decisiones de Luismi desde el banquillo. No tanto por los hombres que decidió introducir (Mouriño y Pibe) sino por los dos que decidió sustituir.   
El primero un Manuel Romay que volvió a demostrar que va para arriba y que le habría venido muy bien al equipo en ese último cuarto de hora para tener un poco más el balón y frenar los desesperados intentos del Coruxo. 
Y el segundo a falta de nueve minutos, Kevin Presa, a cuyo cambio no encuentro todavía explicación pues con un marcador ajustado a favor le ofrece al equipo un trabajo, un equilibrio y una presencia que compensa cualquier cansancio que pudiera sufrir.
Incluso pareció ponerse el Pontevedra con ese último cambio en defensa de tres (Campillo de tercer central) con Pibe de carrilero derecho largo. Digo parece porque no quedó del todo claro si la intención con esa sustitución era mudar el sistema pues después de un par de minutos el Pontevedra pareció volver a la defensa de cuatro. 

A todo esto se unió una inusual circunstancia como la de cierta inseguridad de su mejor defensa hasta ahora, Victor Vázquez, que mostró ciertas dudas en lances en los que se suele desempeñar con mayor contundencia y arrojo.

Pudo aún así el Pontevedra marcar el segundo en otra de esas acciones casi "infallables" en las que por partida triple ni Pedro ni Alex ni Pibe lograron convertir y el partido entraba así en unos minutos finales en los que apareció Edu en un despeje a corner y en los que el Coruxo disfrutó de varios saques de esquina afortunadamente bien defendidos por el equipo.

Al final, en un partido que se debió ganar con más margen y sin esas apreturas, el silbato del árbitro puso fin al sufrimiento granate y permitió al Pontevedra CF sumar tres puntos importantes sin que el Coruxo hubiera encontrado esa jugada afortunada que nos hubiera mandado a casa a todos con un "cabreo del quince". 

Deja este partido en opinión del que esto escribe además de lo más importante, la victoria, otros detalles para la esperanza.
El primero no es otro que volver a dejar la portería a cero lo que ya se ha demostrado como condición casi imprescindible para sumar "de a tres".
Y el segundo (más en el aspecto individual y dado que la calidad técnica no es algo que abunde en esta plantilla ) el crecimiento constante de un Romay que aporta otra solución ofensiva al conjunto y ofrece una alternativa diferente a esa chispa y desborde incesante de Alex González que hasta ahora estaba demasiado solo a la hora de generar peligro a los equipos contrarios.

Viene ahora el partido de Bouzas. 

En mi opinión, será un choque muy complicado. El Rápido desde que Michel se ha puesto al mando puntúa con regularidad y en su casa se hará fuerte sin duda alguna.

Vital será no encajar pues de lo contrario el partido se puede acabar en el primer cuarto de hora tal y como pasó el año pasado en el que salimos dormidos y a los quince minutos ya nos habían metido dos goles.
No somos un equipo goleador y a medida que avanza la competición tenemos más pruebas de ello.

En el Baltasar Pujales habrá que tener la misma actitud de ayer en el choque, la segunda jugada, el balón dividido y todos esos lances que determinan que en un campo como ese se pueda salir airoso o no.

Veremos como sale. 
     

                

martes, 20 de noviembre de 2018

Ese listón que no para de bajar.

Aquellos que visitan habitualmente este blog (circunstancia para la que me faltan palabras de agradecimiento) posiblemente sepan ya de sobra que una de mis actividades predilectas a lo largo de mi infancia y adolescencia no era otra que "tirarme" horas y horas delante de una televisión para ver cualquier campeonato que se pusiera por delante de casi todas las especialidades deportivas habidas y por haber.
El atletismo siempre estaba entre las acontecimientos que más interés me despertaban y no era nada raro para mí poner el despertador a primera hora de la mañana de cualquier día de verano para no perderme ni la primera prueba de la sesión matutina de un campeonato de Europa, mundial o no digamos ya Juegos Olímpicos.
Con un vaso de proporciones gigantescas lleno de cola cao, galletas chiquilín  y un poco de leche que a duras penas sobrevivía entre el maremagnum de grumos achocolatados y trozos de esas deliciosas representantes del mundo "galleteril", me sumergía en las interminables series de la primera ronda de los 100 metros, las primeras pruebas de las combinadas o diferentes calificaciones de los  denominados  inexplicablemente concursos.

Una de las especialidades que más me gustaban por aquellas época era el salto de altura. En chicos, veía los tremendos impulsos de alemanes como Carlo Thrainhardt o Dietmar Mogenburck, al inolvidable sueco de la melena Patrick Sjoeberg o al todavía recordman mundial Javier Sotomayor que un día de Julio de 1993 logró superar en Salamanca el listón situado en 2,45, altura que más de veinticinco años después nadie ha superado.

En mujeres (y con esa dichosa propensión a enamorarme platónicamente de algunas de las deportistas que protagonizaban sueños deportivos) gocé con Sara Simeoni y con Ulrike Meifarth y un poco más tarde presencié en pleno éxtasis de palomitas de maíz y aquella bebida azucarada llamada "tang" del récord del mundo establecido por la  búlgara Stefka Kostadinova que con esas piernas interminables que poseía logró saltar 2,09 en 1987 estableciendo un top mundial que tampoco ninguna mujer ha podido rebasar hasta el día de hoy.
Incluso en aquellos años 80 y primeros de los noventa el español Arturo Ortiz colocó el récord de España en unos 2,34 muy notables a los que ahora ni se acercan los más cualificados saltadores de altura patrios.

Ha habido en los últimos años buenos representantes de esta modalidad. En mujeres, nuestra campeona olímpica Ruth Beitia y, sobre todo, Blanca Vlasic y ahora Latsiskene que coquetea en los últimos tiempos con ese legendario récord de Kostadinova. En hombres, también hay gente que llega de vez en cuando a los 2,40 pero en general el listón ha bajado considerablemente desde aquellos tiempos dorados para la altura.
Ese listón que permanece inalcanzable en sus mejores marcas desde hace tanto tiempo para varias generaciones de atletas sigue siendo la meta que persiguen los más cualificados y cualificadas deportistas que practican esta especialidad tan bonita y que revolucionó en su día Foxbury cambiando por completo el estilo del salto.


Ese listón, por otra parte, que al igual que ocurre en Salto de altura parece cada vez más bajo en cuanto a las exigencias deportivas de un histórico de nuestro fútbol que navega sin pena ni gloria una temporada más por las catacumbas de la 2ªB, el Pontevedra CF.

El Domingo pasado el equipo perdía por dos tantos a uno en el campo del San Sebastián de los Reyes y desechaba otra oportunidad de reafirmarse en la competición tras los tropiezos en Guijuelo y en casa ante el Fabril.

Como ya viene ocurriendo hace demasiado tiempo, junto a esa sensación de disgusto y decepción que siempre acarrea una derrota del Pontevedra, se une otro sentimiento quizá incluso todavía más corrosivo que el de la pérdida misma del partido, el de la justificación constante de los resultados negativos por un entorno que en opinión de este atribulado bloguero no hace sino contribuir a la irritante pérdida de prestigio de un equipo, insisto, histórico del fútbol español y que nunca debería navegar a la deriva en una segunda división B formada por ochenta equipos.

No entiendo como tras caer en Matapiñoneras se puede afirmar (como se ha hecho) que en esta población de la capital de España pudo verse a un "gran" Pontevedra o que en tramos del choque se jugó de manera "espectacular".

El propio entrenador del Pontevedra CF (cabal, comedido y realista en la mayor parte de las ocasiones en las que comparece) reconoció en la rueda de prensa posterior al encuentro que el primer gol encajado se debió a un error "muy grave" en el posicionamiento defensivo del equipo y que tampoco se estuvo muy feliz en la jugada del segundo.

Que luego se haya "tocado" bastante bien en algunas fases del encuentro (ya con el marcador en contra)? Nadie lo niega; que se dispuso de alguna ocasión de gol al margen del logrado? Pues también.
¿Es suficiente lo expuesto el Domingo por la mañana para calificar al equipo de "grande" o "espectacular"? Todos tendrán su opinión, pero la mía desde luego es que no y que lo único que se consigue así ( no sé si de forma intencionada o involuntaria) es normalizar de manera irritante la derrota y no situar las exigencias de esta institución al nivel que requiere su grandeza y su lugar en nuestro balompié.

La jugada del primer tanto madrileño sencillamente no se debería permitir a un equipo que hasta hace un par de jornadas estaba consiguiendo un notable hermetismo defensivo. La línea de fondo la adquiere el rival con una facilidad pasmosa y tras su centro los centrales pontevedreses estaban uno en Cáceres y otro en Valencia dejando campar a sus anchas nada menos que a Cristian Perales.
Esta jugada no obedece a la misma causa que ocasionó el primer tanto en Guijuelo. Allí un error individual costó ese gol que desequilibró la balanza pero una cosa es esa y otra muy diferente es naufragar en defensa no solo en ese primer tanto franjirrojo sino también en el segundo.

Las victorias seguidas que se consiguieron hace semanas vinieron provocadas por no conceder nada (o casi nada porque el día del Salamanca al principio ellos tuvieron una clarísima) y aprovechar después alguna en ataque para ganar el partido. Así se hizo en Fuenlabrada (sufriendo algo más al principio), en Burgos o en casa frente a la Ponferradina para arrancar el empate sin goles.

El Domingo el guión no fue ese sino que se volvieron a dar facilidades y de verdad que no entiendo los halagos posteriores que ponen el listón granate a la altura de las rodillas del club y que lo hacen un poquito más pequeño.

Como no he leído ni he escuchado las preguntas que yo habría hecho tras el partido me daré el gusto de formular alguna de ellas.
¿Por qué el S.Sebastián de los Reyes tiene dos delanteros a los que al parecer se le caen los goles de las botas y nosotros no?

¿Es este Sanse otro equipo mastodóntico en la categoría al que no podemos aspirar a superar ni en lo deportivo ni en los económico como a la Cultural, Ponferradina, Funlabrada, Castilla etc ect?

¿El liderato que ahora ocupa nuestro rival del Domingo no nos hace comprender que haciendo un poquito bien las cosas a la hora de configurar una plantilla "sin tirar la casa por la ventana" el estar verdaderamente arriba no es ninguna quimera? 

En fin, no sé si en un futuro cercano el equipo conseguirá retomar su seguridad defensiva como bloque que visto lo visto parece la única oportunidad de intentar acercarse los más posibles a los puestos cabeceros.
No sé tampoco lo que se dirá si no somos capaces de ganar en casa el Domingo al Coruxo (no descarto que se "venda" que el rival cuenta con mejores posibilidades a la hora de competir en la categoría).
Lo que sí sé es que o sellamos otra vez nuestra portería o los equipos de arriba se acabarán por alejarse sin remedio alguno y los de abajo se acercarán sin prisa pero sin pausa.

Para más Inri, mañana vuelve la dichosa Copa Federación que como se ha visto ha multiplicado el prestigio y las apariciones mediáticas del club al ganarla la temporada pasada.

Como ya sucediera el año pasado, el club cobrará cinco euros a sus abonados no especiales si quieren presenciar el acontecimiento.

Genial, todo genial o, si se quiere, espectacular. 



          
         
    

lunes, 12 de noviembre de 2018

La "intensidad"

Entre los términos que en las últimas décadas se han colado de rondón en el vocabulario futbolístico encontramos el famoso de la "intensidad". 

Cuando un equipo está "intenso" lo que se quiere decir es que está metido de lleno en su trabajo; que presiona en conjunto; que mete la pierna con nobleza pero con fuerza; que pelea los balones divididos o las segundas jugadas con gallardía o que alcanza una concentración extrema en el juego que le permite llegar más y mejor a todos los lances del choque.

"A sensu contrario", cuando afirmamos que al equipo le falta esa intensidad lo que realmente queremos decir es que tiene la cabeza en otro sitio; que está despistado; que parece haber salido más a jugar un partido de solteros contra casados que uno oficial o, en suma, que ofrece unas facilidades al rival que causan frustración, exasperación y bastante asombro.

Jugar con "intensidad" no provoca que un equipo vulgar se convierta en excelente. No convierte a jugadores normales en estrellas del balón pero jugar con un ritmo adecuado de juego (o con "intensidad", demonios) sí consigue que ese equipo con sus virtudes pero también con sus carencias alcance una  buena versión de sí mismo que en teoría es a lo que debe aspirar siempre un grupo de jugadores: alcanzar el mayor rendimiento para el que está capacitado.

Si a un partido de fútbol oficial, de Liga y además jugado en casa se sale medio dormido, al "tran tran" y casi de paseo, es decir, sin la "intensidad" mínima exigible, lo previsible es que el equipo de enfrente llegue antes a todos los balones, encuentre de manera fácil todas tus carencias y te dé una pequeña lección de lo que no hay que hacer sobre un terreno de juego.

El Pontevedra ayer salió mal al césped. No es cuestión de que haya jugado este en lugar de aquel o si se alinearon dos, tres o dieciocho centrales. De lo que realmente se trataba es que mientras un equipo, el blanquiazul, había salido al campo en cuarta velocidad tú tan solo lo hiciste en segunda y así es muy difícil que el marcador permaneciera, al menos, con empate a cero.

A medida que avanza la competición estamos comprobando como el Pontevedra CF vuelve a ser este año un equipo con no demasiada calidad técnica y escaseando la misma, sobre todo, en la parcela ancha del terreno de juego. 
Asumiendo dicha circunstancia, el entrenador y sus jugadores no han dudado en los últimos tiempos en elegir una forma de jugar más cautelosa, con la clara idea de evitar ponerse por detrás en el marcador y tratar de ganar los encuentros aprovechando alguna de las ocasiones de las que se pueda disfrutar en ataque.
El plan salió bien en varias ocasiones y hace ocho días en Guijuelo (a pesar de las bajas) el equipo se mantuvo firme hasta que el rival encontró esa jugada aislada en forma de penalti que decantó el choque.
Ayer los goles del Fabril no vinieron, en cambio, de la mano de lances aislados o afortunados sino por la pasividad y facilidad defensiva otorgada por el Pontevedra que sorprendió en gran medida por la alta concentración que en esa faceta había tenido el equipo en las últimas semanas.

El primer gol es muy bonito. El lanzamiento del jugador del Fabril es precioso pero el océano existente en la zona de tres cuartos de ataque fabrilista sin que ningún jugador granate estuviera medianamente cerca para entorpecer el disparo fue igualmente inmenso.

El segundo gol deportivista tampoco encontró a nadie en nuestra banda derecha defensiva que impidiera la penetración hasta casi linea de fondo del interior contrario y a pesar de la buena maniobra de Uxio dejando pasar la pelota hasta el corazón del área, el jugador que marca el tanto tuvo tiempo hasta de controlar el esférico en esa zona tan caliente antes de fusilar a Edu Sousa sin remisión.   

El problema de esa primera parte, por tanto, no fue ya que el Pontevedra fuese incapaz de generar más peligro que un remate desde lejos de Kevin con un segundo lanzamiento de Pedro Vázquez tras el rechace sino la pasividad mostrada en defensa que propició que el partido se pusiera muy cuesta arriba al descanso.  

La segunda parte fue diferente casi desde el principio pero sobre todo tras la salida al campo de Romay por un Javi López otra vez decepcionante y carente de todo peligro. 

Ya antes de la salida del ex fabrilista el Pontevedra había dado muestras de otra actitud con algún lanzamiento sobre la portería rival pero con la incorporación de este jugador el equipo, además de ese empuje que pareció adquirir tras el descanso, consiguió reunir algunas gotas de fútbol que contribuyeron a mejorar bastante la imagen.

Antes del chaparrón granate, no obstante, debió aparecer el de casi siempre para evitar la sentencia al desbaratar un mano a mano de Uxío con una buena parada. Sin esa intervención de Edu es posible (casi seguro) que nada de lo que pasó después hubiera sucedido y es bueno recordar lo importante de esa actuación del portero.

Y llegó la última media hora y el Pontevedra que parecía otro empezó a avasallar al Fabril. Con Alex González otra vez eléctrico, incansable y  muy peligroso por la izquierda, con un Romay que en ocasiones racionalizaba un poco el juego por abajo del equipo y, sobre todo, con los problemas defensivos del rival en los balones aéreos, el Pontevedra acumulaba ocasiones de gol solo falladas por una desesperante falta de decisión en el último instante de las jugadas.

Ya se habían fallado dos o tres muy claras cuando en un saque de esquina Romay recortaba distancias con un buen cabezazo conectado en difícil posición y solo tres minutos después, tras otro balón parado, Javi Pazos utilizaba de manera muy hábil y estética el recurso del tacón para empatar un partido que en ese momento parecía que se podía remontar.

No obstante, tras el 2-2, el Fabril también cambió un poco su negativa actitud del segundo tiempo y volvió a querer la pelota y conseguirla alcanzando algunas posesiones largas que si bien no terminaban en ocasiones de ningún tipo si paraban un poco las acometidas granates.

Llegaron los últimos minutos y quizá se echó en falta en ese instante la presencia en el banquillo de un Mouriño que con su habilidad en el balón parado bien habría podido crear mucho peligro en los corners y alguna falta lateral de los que todavía pudo disfrutar el Pontevedra. 

Se pudo hacer también el tercero en una bonita jugada a cuyo remate no llegó por centímetros un exhausto Alex González pero al final no su pudo culminar la remontada y la sensación  (por la menos la de este atribulado bloguero) es que se habían escapado dos puntos que jamás debieron volar de Pasarón si en la primera parte no se hubieran cometido tantos errores. 


Con el punto conseguido el equipo se acomoda en al novena posición de la tabla a la misma distancia de los de arriba que de los de abajo (al menos del play out). 

No tengo nada claro que esta plantilla pueda aspirar a más (ojalá sí ya que al igual que la temporada pasada la igualdad es la nota predominante sin que aparezcan demasiados equipos que muestren autoridad) pero lo que es evidente es que no se puede dar tanta ventaja al rival como ayer se dio en los primeros 45 minutos.
Si el equipo está concentrado desde el principio (o "intenso" como se dice ahora) ya ha demostrado que puede pero si no lo está las posibilidades de éxito caerán en picado.

La vuelta de Victor Vázquez "Churre" está felizmente próxima y posiblemente ayude siempre y cuando no se salga a los partidos con el despiste de ayer.
La línea del rendimiento de Romay sigue en ascenso y también ello constituye una buena noticia.

Más esos ingredientes que pueden darle mejor sabor al plato necesitan sobre todo que la base de la receta (concentración, seguridad y, sí, intensidad) no se quiebre como ayer se rompió en la primera parte.
Si esa base funciona, todavía habrá tiempo más que de sobra para soñar.