martes, 3 de noviembre de 2020

245 días después

El 1 de Marzo de 2020 llovía mucho, muchísimo, sobre la hierba del Estadio Municipal de Pasarón.

Venía el Real Madrid- Castilla con su leyenda Raúl González al mando y alguna de sus jóvenes y rutilantes estrellas como el brasileño Reiner, cedido meses después al Borussia Dortmund.

Había más gente de la habitual en las gradas y todos vibramos con la gama de remates de cabeza de Rufo y con el golazo espectacular de Alvaro Bustos.

Nos fuimos aquel día del estadio con los cuatro bonitos goles en la retina y con la esperanza de que la goleada pudiera ser la primera piedra para la remontada final en la clasificación.

Aquella lluviosa y ventosa tarde de Marzo no sabíamos todavía que nuestra vida iba a cambiar en pocos días de una forma que resultaba difícil de imaginar.

Mientras abandonábamos el campo con una sonrisa en la cara comentando el hat trick de Rufo o la vaselina preciosa de Bustos, desconocíamos que no volveríamos a pisar ese escenario de nuestros sueños hasta mucho tiempo después, incluso algunos no han podido hacerlo todavía y otros jamás lo harán.

El siguiente partido en casa ya no se disputaría y en lugar de volver a sentarnos en los asientos de Pasarón con la ilusión de conseguir la tercera victoria consecutiva, comenzamos un durísimo confinamiento domiciliario para luchar contra un virus maldito que ponía delante de nuestros ojos la extrema vulnerabilidad de muchas cosas que antes creíamos indestructibles.

El rival contra el que no pudimos enfrentarnos aquel día 15 de Marzo era, en otro guiño del destino, el Real Club Celta B.

245 días después; sí 245 días, uno detrás de otro, el que esto escribe volvía por fin al estadio que descubrió siendo un niño pequeño y del que nunca se había separado tal cantidad de tiempo.

Fue un regreso extraño, solitario y diferente al que tantas veces había imaginado pero regreso al fin al cabo.

Presentación del DNI junto al abono, toma de temperatura, gel hidroalcoholico, instrucciones que prohibían beber, comer, fumar o levantarse, salida ordenada al terminar (algo confusa por la deficiente megafonía del estadio, que esa sí, no ha cambiado), y por fin acceso a las escaleras de entrada a la parte superior de la grada en busca del asiento con un punto verde y el nº de abonado debajo.

Confieso que me esperaba un ambiente mucho más desangelado en el interior del estadio.

La semana pasada, viendo el partido frente a Unionistas a través de la web de la televisión gallega, apenas se escuchaba al público y me imaginé un silencio casi sobrecogedor solo roto por las voces de los jugadores y las órdenes de los técnicos desde el banquillo.

Pero la verdad es que no fue así.

A ver, no digo que el hecho de estar tan solo 300 espectadores no se notase, claro que se notó.

Lo que sí digo es que la animación de los que sí pudieron estar el Domingo fue llamativa y posiblemente la mejor que se podía transmitir al equipo en esas circunstancias tan extremas.

En ese sentido, como era ya habitual antes del comienzo de la pesadilla “covid 19”, la voz cantante la llevó el fondo norte con sus palmas y sus cánticos que al mismo tiempo que me daban la certeza que los jugadores no iban a estar nada solos en ningún momento, también me hacían pensar en el fenomenal ambiente que se podría haber vivido este año con más gente en el campo y con los ingredientes que esta temporada cuenta el equipo sobre la hierba.

El caso es que bajo la lluvia, como aquel lejano 1 de Marzo, el Pontevedra empezó a jugarse otros tres puntos vitales como todos los que esta campaña va a disputar.

Y el comienzo, con la misma alineación que hace 7 días con la excepción de Adrián Cruz que ocupaba el lugar de Romay, resultó interesante para los intereses granates.

Buena presión, agresividad, ritmo, menos balón largo y ocasiones de gol (especialmente una muy clara de Rufo) hacían presagiar que la tarde podría discurrir de forma algo plácida para el Pontevedra pero mediado el primer tiempo la decoración empezó a cambiar.

Después de esos minutos en los que se robaba rápido, se llegaba fácil y bien pudo marcarse algún tanto, nuestra presión decayó e incluso se descoordinó lo que dio la oportunidad al rival de hacerse con el balón, tocar con sentido e incluso crear alguna ocasión que de haber sido transformada nos habría colocado el encuentro cuesta arriba.

Fueron minutos en los que el equipo no se encontró, volvió a partirse en demasía y dejó de tener el control de la situación.

Apareció, eso sí, Mario para salvar la oportunidad del partido del equipo vigués.

Esta llegó tras fallar clamorosamente por arriba la defensa en un centro desde la derecha que posibilitó un remate a bocajarro franco de cabeza que fue rechazado con muchos reflejos por el guardameta, que todavía más felino tuvo que mostrarse para rechazar desde el suelo el segundo remate del delantero tras su primer rechace y desbaratar así una acción en la que el gol parecía inevitable.

Fue ese un tramo del partido otra vez algo preocupante del que se pudo salir haciendo el primer gol de la tarde.

Si algo está demostrando el Pontevedra en este inicio de competición es que con espacio por delante para correr el equipo es otro.

De un saque de esquina celeste se produce un rebote que acaba con la pelota en los pies de Calvillo tras un buen control del navarro. Oier encontró vía libre para conducir durante muchos metros y fabricar un pase venenoso a Alex Glez que desde el corazón del área, algo escorado a la izquierda, conectó un zurdazo espectacular haciendo el primer gol del encuentro.

Fue una jugada eléctrica, fulminante y extraordinariamente definida y que además surgió de las botas de dos jugadores importantes que hasta ese momento habían intentado muchas cosas pero casi ninguna de ellas con acierto.

Tras el 1-0, el Pontevedra recuperó la alegría y achuchó de nuevo al rival en esos minutos finales del primer tiempo impulsado por la ventaja en el marcador.

Y esa dinámica continuó tras el descanso.

Nada más reanudarse el choque, Zabaleta hacía el segundo tras otro zurdazo inconmensurable desde la frontal del área después de un saque de esquina y el Pontevedra disfrutó de unos minutos pletóricos en el que fue amo y señor del partido.

Fueron sobre 20 o 25 minutos en los que se presionó arriba, se ahogó al Celta B, se pudo sentenciar definitivamente con algunas ocasiones en las que casi siempre falló el último pase y en los que Charles nos deleitó con uno de esos remates semi acrobáticos tan suyos  (que tan bien conocemos por estos andurriales) que rebotó en un defensa cuando llevaba marchamo de gol.

Ni siquiera el doble cambio efectuado por el equipo alteró esa dinámica de control del choque por parte de los granates.

Dos hombres con tarjeta, Imanol y Alex, dejaban su lugar a Jorge y a Romay con lo que el doble medio centro pasaba a ser el más creativo que este equipo puede alinear con el de Malpica y Adrián juntos en el césped.

Y como decía, esos cambios no impidieron en un principio que el Pontevedra siguiese mostrándose superior al Celta. Tampoco el cambio de Oier por Oscar aunque el cántabro volvió a estar algo gris sobre el terreno de juego.

No obstante, alrededor del minuto 70 el partido volvió a cambiar de manera gradual.

El Pontevedra ya no presionaba tan arriba y el Celta volvía a coger la pelota y a jugar más en campo granate.

Lo peor no fue eso, pues resulta normal que el equipo con una buena renta se otorgue un respiro.

Lo inquietante se produjo cuando los de Onésimo empezaron a encontrar verdaderas vías de agua en forma de espacio entre los medios y los centrales pontevedreses con lo que el problema no era que el Celta acumulara posesión sino que lo hacía merodeando constantemente con peligro el área local.

Mario tuvo que intervenir otra vez tras un disparo algo lejano y se notaba sobre el césped que el equipo se partía y que sufría en exceso para parar las acometidas de un Celta bastante potente en el aspecto físico.

La situación parecía requerir otro relevo, ese que reforzara el medio campo para entorpecer el juego “celtiña” e incluso consolidar alguna “contra mortal” con la que apagar las llamas del empuje visitante.

En opinión de este atribulado bloguero, se tardó un poco en reaccionar y el 2-1 llegó mientras Borja Martínez se encontraba preparado para saltar al campo cuando lo cierto es que desde minutos antes esa posibilidad de encajar se estaba viendo venir.

La sorpresa (al menos para el que esto escribe) vino en el jugador elegido para ser sustituido nada más producirse el gol vigués.

Ese hombre fue Adrián Cruz (notable partido el suyo tanto creando como destruyendo, por cierto) cuando quien más quien menos pensaba que a ocho minutos para el final tocaba reforzar la medular a costa de un hombre de ataque para intentar pausar un poco el partido y que no siguiera convirtiéndose en una especie de correcalles en el que éramos nosotros los que más teníamos que perder.

Este dilema, cuando sacar del campo a Rufo o Charles, es posible que se convierta en uno de los debates más interesantes en torno al equipo durante la temporada.

En Ferrol, ganando 2-3, Ramos sí decidió a falta de pocos minutos sustituir a Charles para dar entrada a Borja y terminar por cerrar aquel partido. Lo cierto es que salió bastante bien aquel día y el equipo contuvo con oficio los últimos estertores ferrolanos.

El domingo pasado, en cambio, se optó por cambiar un mediocentro por otro y la dinámica del partido no varió en absoluto.

El equipo siguió sufriendo, siguió partiéndose a veces en exceso por el medio y la sensación era de un cierto descontrol y de que el empate podría acabar llegando en algún despiste.

Sí, es cierto que también se tuvo algún contragolpe bastante claro que no se definió en gol por esa falta de acierto o elección en el último instante pero lo que no se puede negar es que esos últimos minutos no estuvieron sujetos tan bien como deberían haber estado y que acabamos claramente pidiendo la hora.

Al final, con córner incluido en la última jugada para el rival que arrugó por última vez el corazón de los allí presentes, el partido llegó a su fin con la victoria y otros tres puntos vitales que nos colocan arriba y con buenas perspectivas para el futuro.

Tenemos siete puntos de nueve y todos conseguidos con sufrimiento hasta el último instante como da la impresión de que así va a suceder durante los 18 partidos de la primera fase.

La próxima estación, covid 19 mediante, será Zamora.

Nos esperará un equipo lleno de moral que comparte el liderato con nosotros y Depor y que aprovecha esa inercia poderosa que otorgan los ascensos de categoría.

Será difícil domar a este equipo pero contamos con potencial suficiente como para hacerlo y dar un buen golpe encima de la mesa.

No puedo terminar este escrito sin mostrar mi decepción y disgusto por algunas circunstancias incomprensibles que rodearon el sorteo del club para asignar las plazas de este segundo partido en casa.

Ya he repetido bastantes veces que resulta indudable que en estos tiempos que nos ha tocado vivir todo es más difícil y el trabajo se complica mucho.

El sorteo estaba previsto para el Jueves por la tarde y el Viernes se anunciaron más restricciones y fuertes para nuestra zona sanitaria que incluso hicieron pensar en un primer momento que le partido tuviera que celebrarse a puerta cerrada.

Eso es así y es innegable.

Ahora bien, si por el propio club se dice que los abonados que no fueron elegidos para el primer partido tendrían preferencia para el segundo y así sucesivamente, eso hay que cumplirlo.   

Creo que no es tan complicado retirar los nº de aquellos que sí fueron contra Unionistas del segundo sorteo para que otros 300 socios pudieran asistir contra el Celta.

Si se dice una cosa es mejor cumplirla para generar confianza y pertenencia en vez de enfado, indignación y desapego.

La masa social ha respondido y renovado sus abonos en un porcentaje altísimo a pesar de las circunstancias, se merece siempre, y más ahora, el mejor trato posible por parte de la  Entidad.                

martes, 27 de octubre de 2020

"Yo no quiero Domingos por la tarde..."

Creo que la primera vez que vi a Joaquín Sabina en televisión fue en aquel recordado programa de nombre "Si yo fuera Presidente" dirigido y presentado por Fernando García Tola.

Era un espacio divertido y sobre todo provocador de mediados de los 80 que llegó a despertar las protestas de diferentes colectivos incluida la Conferencia Episcopal por alguno de sus contenidos.

Y por aquellos lares aparecía un jovencísimo Sabina (con su grupo Viceversa y un Pancho Varona también muy joven) enseñando su música junto a otros autores inolvidables como Javier Krahe o Alberto Pérez.

En ese coqueto escenario del programa le vi interpretar “Pongamos que hablo de Madrid”, “Juana la Loca” o algunos otras canciones de aquella época y desde entonces me enamoré de unas letras en las que muchas de ellas reinaba el desamor, el paso del tiempo y en otras se describía esa sociedad española de los 80, sedienta de libertad, en la que apenas había límites y que en los tiempos actuales de oscuridad parece pertenecer a una realidad distópica.

No sé si por mi excesiva querencia a la melancolía, o por la sensación que me embarga a veces de vivir una vida que no me pertenece que poco o nada tiene que ver conmigo y que parece estar interpretada por alguien que no soy yo; no sé, repito, si por esos motivos o por otros que ni siquiera he llegado a descubrir todavía, lo cierto es que odio los domingos por la tarde.

“Tirarse” en un sofá a reflexionar sobre lo rápido que agoniza otro fin de semana o sobre las complicaciones que a buen seguro traerá consigo la nueva no es un ejercicio ni saludable ni recomendable para nadie que tenga un mínimo sentido común pero lo cierto es que domingo tras domingo suelo repetir tal ejercicio de tortura innecesaria individual sin que tenga la impresión de que en algún momento de mi vida futura pueda llegar a remediar tal disparate.

Claro que durante ocho o con suerte nueve meses de cada año, este espectáculo autodestructivo encontraba un aplazamiento cada 15 días gracias a que un buen día también de los albores de los años 80 me encontré con la aventura del Pontevedra CF.

Esos Domingos, sobre las cuatro de la tarde, ya no había sofá (por lo menos hasta las ocho) sino caminata hasta el Estadio en compañía de un amigo tan “alegría de la huerta” como el que esto escribe. No había, todavía, Lunes a las 9 de la mañana sino alineaciones, puntos importantes en juego y camisetas granates corriendo en pos de un balón acelerando un corazón que todavía no pensaba en mañana sino que vivía intensamente el ahora.

En esos momentos, en el vetusto que ahora ya no lo es; celebrando un gol a favor o lamentando uno en contra; aplaudiendo, gritando, riendo o incluso a veces llorando no venía a mi cabeza otra de esas letras maravillosas de Joaquín Sabina en este caso de su tema “Contigo” en el que el protagonista afirmaba “Yo no quiero Domingos por la tarde, yo no quiero columpio en el jardín; lo que yo quiero corazón cobarde es que mueras por mí…”     

En esos momentos de fútbol, en esas tardes de Domingo, ese corazón lo que quería es que muriesen por él y por el resto de los seguidores granates los privilegiados que vestían la camiseta y los fantasmas en forma de Lunes no tenían otra alternativa que resguardarse en el fondo del cerebro, aguardando su oportunidad de volver a pasear sus sábanas blancas en el preciso instante en el que los ecos del balón volvieran a apagarse por completo.

 

Después de 7 meses, de un confinamiento severo, una suspensión de Liga, una pretemporada atípica y un comienzo oficial de campaña tardío, volvía el Pontevedra CF a jugar un partido en Pasarón, otorgando la posibilidad a este más atribulado que nunca bloguero, de no pasarse una tarde de Domingo más en su casa pensando en lo infeliz que iba a ser a partir del día siguiente.

No obstante, las noticias de las últimas semanas en cuanto a la expansión de la pandemia no podían ser más negativas y la ilusión de que una gran mayoría de abonados pudieran acudir a apoyar al equipo eran una quimera.

Al final, se permitió la entrada a 300 (igual número que el de aquellos espartanos que en un acto de heroísmo desmedido bajo el mando de Leónidas desafiaron al numeroso ejército de Jerjes I) y la elección de los “espartanos” se produciría por sorteo.

Que al incauto escritor de esta columna no le iba a tocar un “boleto” ni cotizaba. Más que nada porque lo único que me ha tocado en la vida fue un recopilatorio del grupo “Parchis” hace 40 años y no precisamente mediante el azar sino disputando el premio “al juego de la silla” y arriesgando mi por aquel entonces tiernas caderas frente a mi último rival en el juego que me sacaba muchos centímetros y algunos kilos de peso.

Lo cierto  es que como no podía ser de otra forma, ni en la lista de 300 titulares ni en la de 200 suplentes apareció mi nº de socio, con lo que me tocaba hacer memoria para recordar el último partido jugado en casa al que no pude asistir, ejercicio en el que fracasé pues no pude recordar la fecha de tal extraña efeméride.

 

Tocaba web para ver el partido y a pesar de los temores acerca de la calidad de la imagen, lo cierto es que por lo menos en mi caso la conexión fue perfecta y puede ver el encuentro con bastante nitidez.

Y lo que vi, lo cierto es que me decepcionó.

No ya tanto por el empate final sino por la forma en que se llegó a ese resultado.

Vi una primera parte en la que el Pontevedra abusó de forma exagerada del “pelotazo” y digo “pelotazo” y no “balón en largo” porque esta forma de juego podría dar alguna clase de fruto si se dirigiera la pelota con algo de sentido hacia jugadores que puedan imponerse en ese lance y sobre todo si se aprovechan las constantes segundas jugadas que esa forma de juego provoca.

Lejos de ello, el Pontevedra apenas ganó alguna de esas segundas jugadas y por el contrario el rival si salía vencedor en casi todas ellas en ambos terrenos de juego lo que daba lugar a demás a una mayor continuidad en las acciones de Unionistas que las nuestras que siempre pecaban de un apresuramiento incomprensible a esas alturas de partido.

Nuestro peligro en esa primera parte llegó en algunas contras provocadas por los espacios ofrecidos por el rival, sobre todo, en saques de esquina o faltas laterales a favor en las que arriesgaban mucho. Por ahí llegó una buena ocasión de Charles que frustró el portero charro en la única parada de la primera parte y otra acción en la que una dejada de tacón de Romay se quedó corta ante la llegada solo de Alex Glez.

Por el contrario, cada vez que el Unionistas merodeaba nuestra área existía una sensación de peligro evidente y tras varias llegadas de peligro consiguió su gol tras un lanzamiento precioso que sorprendió a Mario Fernández.   

Fue una primera parte, insisto, en la que no se controló la situación en ningún momento ni en ataque ni en defensa y en la que a mi juicio el Unionistas fue mejor que nosotros.

Por desgracia, la decoración no cambió demasiado al comienzo de la segunda parte. Los primeros minutos de la misma discurrieron por el mismo camino aunque ya se veía que el rival, contento con la renta, iba a arriesgar menos en ataque y resguardarse más en su parcela para conservar el resultado.

El primer cambio granate apenas cambió nada. La salida de Oscar por Calvillo apenas se notó y no fue hasta pasado el minuto 60 cuando Adrián y Jorge hicieron su entrada en lugar de Imanol y Alex.

No es que con esos cambios el partido cambiase radicalmente; no es que con las sustituciones el Pontevedra CF mejorase sobremanera en su rendimiento pero sí es cierto que en ocasiones se movió la pelota con algo más de pausa e incluso se consiguió penetrar algo por banda izquierda con un Jorge que no jugó malos minutos.

Es cierto que a todo ello colaboró la actitud ya mencionada de un Unionistas más defensivo pero por lo menos se logró jugar mucho más en campo visitante y forzar faltas o saques de esquina con los que tratar de hacer daño al contrario.

En uno de esos balones parados llegó un penalti de esos que si te los pitan a favor dices que es claro pero si te lo pitan en contra te acuerdas de los ancestros del árbitro.

Charles asumió el lanzamiento con personalidad y anotó un empate que quizá ya se estaba mereciendo aún sin crear excesivo peligro real sobre la portería de Serna.

Antes del penalti el propio Charles había gozado de la mejor ocasión al cabecear rozando el palo un buen centro desde la derecha y alguna otra llegada peligrosa que no encontró remate también había inquietado algo a Unionistas.

Tras el empate, el rival pareció despertar y volvió a desplegarse en ataque en alguna ocasión sembrando la inquietud en una defensa granate con un Churre extrañamente nervioso y un Nuñez no demasiado expeditivo en ocasiones.

Aún tuvimos la última para ganar en un remate escorado dentro del área de Oscar que despejó a la esquina el portero contrario en la única parada que se vio a obligado a realizar en la segunda parte. Pero no era el día y el partido terminaba con un reparto de puntos que reflejaba bastante bien lo ocurrido sobre el césped de Pasaron.

No fue un buen partido del Pontevedra.

A diferencia de lo acontecido siete días antes en Ferrol en el que el equipo disputó 20 o 25 minutos muy buenos tras el descanso, contra Unionistas prácticamente nunca pudimos imponernos en fase alguna del partido.

Demasiado balón de la defensa a los puntas sin sentido, casi nula elaboración de juego cuando el rival estaba más encerrado, pocas o poquísimas llegadas desde las bandas para colocar centros hacia Rufo o Charles y cierta inseguridad defensiva provocada casi siempre por no imponerse en segundas jugadas y balones divididos que sobre todo durante el primer tiempo eran siempre para el rival.

Es evidente que la categoría es tan complicada como siempre. Esta temporada, además, mucho más estresante por el sistema de competición y la reestructuración en ciernes.

Pensar en que el equipo se iba a pasear por su subgrupo como un “obús” sin encontrar problemas ni dificultades es absurdo.

Todos los equipos tienen su peligro, todos los equipos se juegan muchísimo, todos los equipos nos estudian y estudiarán minuciosamente para tratar de neutralizar nuestras virtudes que sin duda las tenemos y muchas.

El reto está en encontrar las soluciones a las trampas y emboscadas que nos van a poner los contrincantes; en poder variar el guión de un partido que se complica para hacerlo caer de nuestro lado explotando la mayor calidad de plantilla con la que contamos este año; en no ponerse nerviosos demasiado pronto y mantener la serenidad sobre el césped, en definitiva, en conseguir que todo el fútbol que este conjunto tiene de mediocampo para arriba fluya con más naturalidad aunque a veces haya que cambiar dibujos tácticos para conseguirlo.

El problema no es el empate, sino como se llega a ese empate.

En pocos días, tendremos otra oportunidad de plasmar mejoría sobre el terreno de juego.

Será en Pasarón y con otros 300 aficionados tan solo en el campo. El factor cancha por lo menos en Galicia ha perdido mucho peso y con ello debe lidiar también nuestro equipo.

Cuanto antes se acostumbre a esta penosa y desalentadora situación, mucho mejor.  

lunes, 19 de octubre de 2020

El regreso más esperado

El fútbol se paró para el Pontevedra CF una mañana del mes de Marzo de 2020 en la que el equipo acabó imponiéndose por dos goles a tres al filial del Getafe Club de Fútbol. 

El último chispazo en forma de gol que alteró nuestros corazones lo protagonizó en primera persona Alex González al recibir desde la derecha un centro al segundo palo de Zabaleta, hacer un rápido control de balón y rematar con su pierna izquierda al fondo de las mallas madrileñas.

Después de aquella jornada de Domingo, la Covid 19 que ya se extendía como una mancha de aceite por todo el mundo desde semanas atrás, alteró definitivamente nuestras vidas y también las del Pontevedra y el resto del fútbol "no profesional", que a excepción del play off "expréss" de ascenso jugado en Verano en el Sur de España, se vio obligado a una "hibernación" prolongada de la que acaba de salir no se sabe realmente hasta cuando.

Y en otro guiño de este destino empeñado en zarandear nuestra existencia, la "rentrée" goleadora del Pontevedra en la competición oficial empezó con una jugada muy similar a  aquella que nos otorgaba el triunfo en el sintético de Getafe.

Esta vez fue Oier Calvillo quien se desplegó por banda derecha y envío un centro al segundo palo algo mordido al tocar en un defensa. Por aquellos lares apareció de nuevo Alex González quien, a escasos metros de la línea de gol, golpeó la pelota con el pecho para subir al marcador el primer gol granate en una temporada tan trascendente como complicada que ayer pudo empezar y que no sabemos si podrá terminar.

Horas antes de ese tanto logrado por nuestro nuevo capitán que volvió a agitar nuestro organismo como solo un gol de nuestro equipo puede provocar, los corazones de la familia granate ya bombeaban sangre de forma más acelerada de lo habitual.

Volvía la Liga de 2ºB, volvía el Pontevedra CF y lo hacía con Charles, con Rufo, con el resto de fichajes y casi todas las piezas angulares de la última campaña; y lo hacía en esta Liga estresante en la que todos los puntos (absolutamente todos) cuentan de manera decisiva desde el primer día; y además lo hacía en un campo tan complicado como Ferrol tras siete meses de espera y con algo de público en las gradas con lo que la condición de local volvía a cobrar ese sentido que lleva meses perdido en el fútbol profesional.

¿Cómo no llevar varias horas ya antes de la hora de comienzo del choque con los biorritmos corporales algo alterados?

Las sensaciones se sucedían alborotadas en el cerebro mientras el reloj se decidía a acercarse a las cinco del a tarde con más lentitud de lo habitual.

Ilusión, incertidumbre, nervios, inquietud, confianza... desfilaban atropelladamente por el interior del que esto escribe, arrinconando siquiera durante unas pocas horas los problemas y quebraderos de cabeza que la emergencia sanitaria está causando a todos los niveles.

La primera curiosidad se produjo con la primera alineación del Pontevedra anunciada en algunos medios que situaban a Jorge Fernández como el ocupante de la banda izquierda de nuestro centro del campo. Poco después, se rectificaba la noticia y era Alex el que aparecía como inquilino de esa ubicación del campo.

El resto eran los esperados. 

Y empezó el partido y casi sin anestesia nos encontramos con ese gol que nos daba ventaja y que empezaba a encauzar un partido muy complicado.

Sin embargo, el 0-1 no sentó tan bien al equipo como se podía pensar. 

El rival, con muy buenos jugadores en sus filas y una envergadura en algunos de ellos realmente notable, empezó a apretar.

Los balones divididos empezaron a caer del lado "verde" y nuestra banda izquierda defensiva a tener problemas con la profundidad del rival por esa zona.

Charles empezó a recibir alguna entrada algo excesiva no castigada adecuadamente por el colegiado que sí se dedicó a sancionar con amarillas saltos normales que se aderezan por los jugadores con alaridos criminales y manos a los rostros que luego las repeticiones dejan en evidencia.

El caso es que Mario Fernández ya se había visto obligado a realizar una gran intervención en un remate de cabeza ferrolano, cuando poco después fue "atropellado" en área pequeña por Jefferson Quintana (central del Racing con más de 1,90 de estatura) y cuando todo el mundo pensaba que el árbitro anularía el tanto, la sorpresa general llegó cuando el "trencilla" decidió que esa norma reglamentaria que afirma que en área pequeña a un portero no se le pude casi ni tocar en la pugna por la pelota había pasado a mejor vida y que el empate a uno debía subir al marcador.   

Fueron minutos, esos que transcurrieron entre el gol de Alex y el empate, en los que el Pontevedra no fue capaz de templar el encuentro y aprovechar la ventaja obtenida en el marcador. 

Minutos en los que no se trenzaron tres pasos seguidos, se abusó del balón largo desde la defensa sin sentido y no se igualó, incluso, la fuerza que en ese tramo del partido utilizó un Racing que no se achicó con ese gol inicial de Alex y que presionó todo lo que pudo (con su capitán Alex López a la cabeza) a un árbitro que en algún momento pareció perder el rumbo. 

El resto de la primera parte transcurrió más o menos con la misma tónica y aunque el equipo local no gozó de más ocasiones claras daba la impresión de que el descanso le iba a sentar mejor a los nuestros para buscar soluciones y aclarar algo las ideas.  

Y algo de eso debió haber en la caseta porque el Pontevedra que se vio en los veinte primeros minutos del segundo tiempo empezó a mostrar lo que este equipo puede conseguir con los cinco sentidos colocados sobre el césped.

El equipo salió mandón y con más control de la pelota en medio campo. Imanol creció mucho y el trabajo que ya había hecho en la primera mitad en el aspecto defensivo tratando de parar la agresividad local, se vio acompañado con un correcto trato de pelota que ayudó mucho al equipo a mostrarse superior a su rival.

No obstante, si hay un nombre que destacar por los nuestros en este primer día ese debe ser el de Oier Calvillo. 

El navarro ya había enviado el centro del primer tanto pero el balón que le coloca en la cabeza a Romay para el 1-2 fue realmente tan maravilloso como plástico el remate del jugador de Malpica.

Otra vez en ventaja, el Pontevedra pareció haber aprendido la lección de primer tiempo y tras otro ataque generado por la izquierda, Rufo se hizo con una pelota que cede a Calvillo para que este haga un recorte precioso con la derecha y un remate certero y preciso con la izquierda para hacer el 1-3, ilusionar a toda la parroquia granate y empezar a demostrar que las buenas credenciales con las que llegó no eran puro humo sino realidad de la buena.

En ese instante del choque, el Racing parecía noqueado y la sensación que se desprendía desde fuera era que el Pontevedra podría incluso hacer más sangre.

Más, he aquí que no demasiados minutos después del 1-3 llegó una falta rigurosa pero algo ingenua de Manuel Romay cerca del área que volvió a insuflar vida al equipo departamental

La pelota estuvo bien botada, es cierto, pero la marca sobre Yefferson que ya había avisado en la primera parte resultó muy floja e incluso Mario colaboró al dudar por un momento si salir o no por hacia el despeje del balón.

El caso es que el Racing viéndose a solo un gol de distancia volvió a creer en su suerte y durante unos minutos se volvió a experimentar esa sensación de la primera parte en la que se veía a un Pontevedra con alguna duda sobre el terreno de juego.

Justo en el momento de encajar ese segundo tanto, Jesús Ramos decidió realizar una doble sustitución (minutos antes Jorge había ya entrado al césped en lugar de Alex)  una de las cuales aunque con algún retraso acabó siendo importante para el devenir del último tramo del partido. Oscar entraba por Oier y Adrián Cruz por Romay. Este es el cambio al que me refiero pues tras esos minutos de arreón del Racing tras recortar diferencias, el Pontevedra logró hacerse un poco más con la posesión del balón y jugar algo más en campo contrario bajando los ánimos locales y pausando el ritmo de juego que era lo que en ese momento nos interesaba.

Adrían empezó a coger ese protagonismo con la pelota y a conectar más con Imanol y Jorge para desahogar al equipo y provocar que el paso de los minutos no fuera tan estresante.

A ello contribuyó también el último cambio mediante el cual Borja Martínez relevaba a Charles para tratar de controlar todavía más la situación y acabar con la resistencia ferrolana.

Claro que el Racing también quemó sus naves e hizo debutar a otra de sus torres enormes, Nathan Palafox, para intentar por todos los medios conectar algún balón aéreo al ser este el último recurso utilizado por los de Larraz para tratar de empatar.

Sin embargo, el Pontevedra ya en los 5 últimos minutos y en el descuento enseñó un oficio interesante para el futuro y supo pausar el saque de cada falta pitada a nuestro favor por ese auténtico tren de mercancías llamado Nathan y manejar esos ultimísimos instantes del partido con personalidad y veteranía.

Con el silbido final del colegiado los gestos de alegría invadieron a los jugadores granates y a buen seguro a los aficionados en sus casas porque empezar esta Liga tan especial con una victoria en el campo de uno de los rivales más duros del subgrupo tiene y debe otorgar al grupo una fuerte dosis de confianza para lo que viene, sin olvidar que cualquier equipo nos puede hacer daño y que nada se conseguirá sin tener permanentemente los pies en el suelo y la cabeza lo más fría posible.

De la victoria podemos quedarnos con varios detalles que para este atribulado bloguero (tenía que decirlo, perdón) tienen bastante importancia.

El primero es que parece confirmarse lo que todo el mundo preveía y es que este Pontevedra tiene muchas posibilidades ante el gol. 

Fijémonos en que se han conseguido 3 goles a domicilio y ante un muy buen rival y ninguno de ellos ha sido marcado por nuestros dos maravillosas puntas, Rufo y Charles, lo que pone de manifiesto que hay mucho gol en esta plantilla y eso debe llevarnos a un optimismo siempre bien informado.

La capacidad para marcar algunos tantos por temporada de Romay o Alex ya nos era conocida pero Oier traía buenas cifras de Pamplona y ya desde el principio las empieza a confirmar y habrá que ver más a un Jorge Fernández que sobre todo a balón parado nos puede dar mucho.

Otro de esos detalles lo proporciona la actuación de Imanol García. No era un jugador desconocido ya que su bagaje en 2a es importante pero ya desde el primer partido oficial ha dejado una impronta de despliegue físico, buena capacidad de quite e incluso nada desdeñable trato con la pelota y creo no equivocarme (aunque sea algo pronto) si digo que el Pontevedra CF vuelve a tener en esa clave posición del campo a un jugador importante después de un par de temporadas un poco a la deriva en esa demarcación.

Otros detalles no son tan positivos.

El equipo tiene problemas en la defensa del balón parado (no me refiero al primer gol de ayer, para mi ilegal) que se reflejaron en el segundo tanto en contra y en alguna otra jugada de la primera parte.

Es cierto que no todos los equipos tienen a hombres tan poderosos en ese sentido como Yefferson, Elsinho, Joselu o Nathan pero también es verdad que ya en pretemporada cometimos algún error en esos lances que tenemos que trabajar hasta la extenuación.

Por otro lado, en la primera parte de ayer, el equipo sufrió bastante por las bandas defensivas y esas ayudas de los interiores a los laterales deben automatizarse más aunque es evidente que si subes una manta para taparte la cabeza acabarás por dejarte los pies al aire pero no vendría nada mal acoplar ese 4-4-2 para que no se convierta demasiadas veces en un peligroso 4-2-4.

 Por último, no se puede dejar de mencionar los demasiados "palos" recibidos por Charles a lo largo del partido. Es cierto y hasta puede ser normal que los equipos rivales quieren tener muy controlado a una de las indiscutibles estrellas de toda la categoría pero también es verdad que si ese "control" se excede en las formas debería haber un juez que pusiese orden al respecto.

Ayer, en tramos sobre todo del primer tiempo, me pareció que esa actuación "judicial" no acabó de aparecer y por momentos vi un tanto desamparado al "justiciable".

Empieza, en fin, la semana del retorno a Pasaron (siempre que la covid lo permita). Siete meses, siete, (como se diría por otros andurriales) sin poder ver al equipo "in situ", sin oler la hierba del estadio, sin mirar el cielo sentado en la grada del ex vetusto.

La victoria en Ferrol multiplica exponencialmente ese deseo y esas ganas de volver a ver a los nuestros de cerca. 

Vendrá el Unionistas y lo hará también con 3 puntos.

Otra batalla, pues esta extraña campaña no entiende de treguas, espera al equipo. 

Ojalá todos o por lo menos algunos podamos o puedan estar con apoyando a nuestros jugadores.  

   

    

  

    

martes, 15 de septiembre de 2020

En medio de la tormenta buscando el sol

A buen seguro muchos aficionados al fútbol conocen de la existencia de una clasificación histórica del balompié patrio en la que aparecen todos los equipos que en algún momento han militado en la primera división española.

En ella, los conjuntos se ordenan según el nº de temporadas que hayan estado en la máxima categoría, nº de partidos ganados, goles, títulos etc.

Si se repasa el citado histórico en busca de la presencia de las escuadras que ahora penan sus desgracias en la 2ªB o incluso en categorías más bajas de este deporte, se comprueba como en la categoría de bronce se acumulan a día de hoy más de 200 temporadas en 1ª división una vez sumadas las temporadas acumuladas por sus participantes.

En cabeza y muy destacados figuran el Deportivo (46) y el Racing (44). Significativas también las 20 del Hércules o las 18 del Real Murcia. Como es bien sabido, el Pontevedra CF también figura en la lista con sus 6 temporadas.

Hasta hace “cuatro días” otros equipos muy importantes de España estaban también en 2ªB como el Real Mallorca, Real Oviedo, Elche o Granada por poner algunos ejemplos.

Sin embargo, como todos sabemos, en nuestro país caer a 2B supone hacerlo en el ostracismo casi total, supone cubrir a la entidad con una capa de oscurantismo tupida y muy resistente y solo la vuelta al “maná” del fútbol llamado “profesional” conlleva la desaparición de dicho velo insoportable y volver al mundo multicolor de los medios de comunicación (al margen de los locales), las riadas de dinero que caen por varios sitios y en definitiva a la viabilidad económica de la institución.

Da igual que hayas sido campeón de Liga o haber obtenido 5 títulos más como el caso del Deportivo de la Coruña. Para los grandes “gurús” del periodismo deportivo y sus programas ya más dedicados en estos tiempos al humor barato que a la información real, pasarás a ocupar los 5 segundos que se tarde en recitar tu resultado en el grupo correspondiente de la categoría que será exhalado a toda prisa en algún momento perdido del espacio.

Es cierto, que el Depor tendrá el consuelo de la RTVG que no va a renunciar a pesar de sus descenso a su Real Madrid/Barcelona particular que los deportivistas comparten en Galicia con el R.Club Celta a efectos informativos pero a nivel nacional poco se volverá a saber del Deportivo hasta que vuelva a subir a 2ª o gane en los juzgados el muy complicado contencioso que mantiene contra determinados estamentos de nuestro balompié.

Bienvenido sea, por tanto el Deportivo a una categoría que si ya sufría cotidianamente antes del Covid 19, ahora ya es directamente vilipendiada y zarandeada por las decisiones caprichosas y en muchos casos absurdas de la RFEF.

Una categoría a la que se le dio carpetazo en el mes de Marzo entre cabezazo y cabezazo de Rufo en aquel partido jugado en Getafe y que da la impresión de haberse jugado hace tres años y no solo 6 meses.

Una categoría para la que se improvisó un play off express de ascenso dando por buenas las clasificaciones por arriba y con relación a la cual se decidió que esas mismas clasificaciones no valieran para abajo provocando que esta temporada se juntasen nada menos que 100 equipos que luego se convirtieron en 102 dejando un pequeño hueco al fondo a la izquierda.

Una categoría, en la que ya tomada la decisión de reestructuración con la creación de la “pro” que por lo que parece al final se llamará 1ªRFEF, y cuando muchos equipos ya habían perfilado sus plantillas con muchas incorporaciones en algunos casos de importancia para no perder el tren definitivo del fútbol profesional, es “vapuleada” con el rumor interesado de que podría suspenderse hasta Enero de 2021 y que finalmente ante tamaña insensatez se decidió comenzase en la segunda quincena de Octubre “capada” y con un sistema de competición, digamos, estrafalario.

Y una categoría, en suma, a la que ayer mismo se dio otra “bofetada” importante al publicarse por fin el mecanismo de desarrollo de la Liga que venía con una sorpresa de imposible o muy difícil justificación.

Resulta que a los responsables de todo este chiringuito (entiendo, personas racionales y no primates antes de recibir ese virus de la inteligencia que en la última saga de El Planeta de los Simios les llevaba a tomar el mando de la civilización), no se les ha ocurrido otra idea que decidir que los equipos pasen a la segunda fase de la competición arrastrando TODOS los puntos que hayan acumulado en la primera.

Para los más despistados, bueno es recordar en este punto que en esa primera fase se enfrentarán 10 equipos a doble vuelta, es decir, se repartirán 54 puntos. Los 3 primeros ya estarán en 1ªRFEF y jugarán por ascender a 2ª; los 4º,5º y 6º lucharán por los últimos puestos de la 1ªRFEF y el resto por no bajar a la antigua 3ª División.

La segunda fase para los que busquen tanto el ascenso a 2ª (3 primeros de cada subgrupo) como los que aspiren a las últimas plazas de la nueva categoría (cuartos, quintos y sextos de cada subgrupo) se compondrá de grupos de 6 equipos y no se jugará contra los 2 equipos de tu propio subgrupo que se han clasificado contigo, es decir, cada conjunto disputará 6 partidos y se repartirán 18 puntos.

El subgrupo del Pontevedra CF se cruzará para esa 2ªfase con el subgrupo de los asturianos más Cultural, Burgos, Valladolid Pro y Numancia.

Los tres primeros de esa 2ª fase (más el mejor cuatro de todos los grupos) serán los 16 equipos que jugarán el play off.              

Imaginémonos ahora (y no es mucho imaginar) que tres equipos ya sea de nuestro subgrupo y aquel con el que nos vamos a cruzar posteriormente hacen una primera fase espectacular y acumulan (sino los 54 puntos que es muy difícil) 45 o 46 y el resto de los clasificados solo llegan a 35 o 36 puntos.

La posibilidad de remontada al contarse TODOS los puntos es prácticamente nula pues recortar ocho, nueve o diez puntos con tan solo 18 en juego es una utopía.

¿Conclusión? Si se quiere luchar no solo por estar en la “pro” (1ªRFEF o cómo demonios vaya a llamarse) sino por subir a 2ª va a resultar imprescindible “bordarlo” en la 1ª fase pues de lo contrario la capacidad de reacción es nula.

Es solo una cacicada más de aquellos que dicen luchar por el fútbol modesto pero que realmente lo disimulan muy bien.

El Pontevedra CF lo debe tener claro. El objetivo mínimo e ineludible de jugar la temporada 21/22 en la 1ªRFEF que se compondrá de 40 equipos dependerá de lograr la clasificación entre los 3 primeros del subgrupo quedando un resquicio de esperanza si no se consigue a la primera en esa 2ª fase con los 4,5,6 del otro subgrupo.

Ahora bien, si con toda la humildad se ambiciona o se aspira a jugar el play off de ascenso a 2ª división, o se hace una primera fase casi inmaculada o habrá poco que hacer.

Para otro momento quedará hablar del problema que supone para los clubes de esta categoría la ausencia total o muy menguada de público en las gradas.

La entidad debería desde ya dirigirse a su masa social con la mayor empatía y cercanía para concienciarla de que habrá que pagar el abono a pesar de no poder ir a ver “in situ” al equipo casi nunca si no se modifica el criterio a día de hoy de que solo puedan existir 1000 espectadores por partido (parece que todavía podría haber novedades positivas a ese respecto).

Que los tiempos convulsos que estamos viviendo podrían exigir tal sacrificio y que en el futuro si todo sale bien habrá tiempo para compensaciones varias.

Espero que sepan llevar a cabo esa labor aunque en empatía y cercanía a su gente este Consejo, como ya sabemos, tiene su punto débil.

Acaba de salir el calendario y nuestra singladura comenzará e A Malata de Ferrol.

Son tiempos complicados para el fútbol pero el Pontevedra CF se jugará mucho en los próximos meses.

Si salimos con vida de esta tormenta implacable en algún tiempo podremos disfrutar de un tiempo apacible y en un lugar bastante más apropiado y acorde con nuestro equipo.   

miércoles, 29 de julio de 2020

Oh capitán, mi capitán¡¡. En homenaje a Edu, Alex y Alberto.

He comentado ya en anteriores ocasiones la intensa relación que me une desde muy pequeño a este deporte (ahora cada vez más, negocio) que se llama fútbol.
Descubrirse con siete u ocho años con los ojos envueltos en lágrimas por una derrota de tu equipo o con el corazón desbocado por la emoción de una victoria quizá pueda atribuirse a la inocencia del niño que poco a poco se abre a nuevas vivencias y que empieza a darse cuenta de que ese mundo alrededor de un balón, 22 jugadores y dos porterías le va atrapando sin remedio.

Cuando el paso de los años deja atrás la infancia, la adolescencia e incluso la juventud pero esos sentimientos tan profundos hacia un escudo y una camiseta no menguan con la madurez sino que se robustecen y se acoplan como una segunda piel al organismo, aquel chaval que ahora ya peina canas, acumula demasiados kilos y demasiadas decepciones en la vida, sabe que hasta el día que se muera va querer y respetar esos colores que a lo largo de toda una vida le han acompañado y ofrecido un rincón de ilusión y esperanza en el que refugiarse.

Es precisamente ese respeto hacia el sentimiento, hacia la institución cada vez más veterana, hacia una historia cada vez más legendaria, el que provoca que como cualquier otro aficionado que sufre y vive con su equipo, me identifique con aquellos jugadores que se dejan todo el sudor sobre el terreno de juego y a veces me exaspere (por suerte, pocas veces) con aquellos otros que parecen pulular por el césped con algo de plomo sobre sus piernas.

El que esto escribe es el primero en exigir esfuerzo, dedicación y motivación a cualquier futbolista que tenga el privilegio de vestir la camiseta granate pero también será de los primeros en reconocer ese trabajo y sudor al jugador, incluso al margen del mayor o menor acierto que haya podido tener ese día en el estadio.

En el día de hoy el Pontevedra CF ha comunicado las bajas para la temporada que viene y entre ellas se encuentran la del capitán del equipo, Edu Sousa y la de otros dos jugadores especialmente relevantes en los últimos años como Alex Fernández y Alberto Campillo.

No, no es que el trabajo honrado y agradecido de hombres como Berrocal, Nacho López, Pedro Vázquez etc no merezca reconocimiento. 
Lo merece y desde este blog se les desea lo mejor para el futuro y se reconoce ese trabajo que esta últimas temporadas han desarrollado.

Sin embargo, hay jugadores especiales. 

Quizá a lo mejor más especiales para unos aficionados que para otros pero a fin de cuentas especiales para el que esto escribe y por ello no podía dejar de escribir unas líneas sobre ellos en este día en el que se ha hecho pública su no continuidad en el Pontevedra.

Quizá algunos de los que lean esta columna se acuerden de la maravillosa película "El club de los poetas muertos" y su escena culmen en la que varios alumnos se rebelan ante el Colegio en el que cursan y se suben a sus mesas desafiando la ira del Director, declamando la primera estrofa de aquel poema de Whitman escrito en homenaje a Lincoln. 

Oh capitán ,mi capitán¡¡, van gritando cada uno de ellos al encaramarse a los pupitres en reivindicación de su querido profesor Kitting que les enseñó a amar la poesía y que había sido injustamente despedido.

Ni el Pontevedra es un colegio, ni Edu Sousa es un profesor apasionado de la enseñanza ni nada por el estilo pero lo cierto es que no se me ocurría mejor expresión que la utilizada por aquellos alumnos para loar el trabajo y la presencia de Edu Sousa en el equipo durante estos últimos 8 años.

¿Cómo olvidar aquel día de Marzo de 2015, pocos días después de recibir una de las noticias más terribles para una persona, en el que nuestro capitán decidió salir a jugar y resultó decisivo para el triunfo final atajando un penalti y protagonizando alguna otra parada magistral?

¿Y aquellas paradas absolutamente decisivas frente al Haro Deportivo en Pasarón y con la eliminatoria todavía en contra que mantuvieron a flote al equipo hasta que llegaron los goles que nos sacaron de la pesadilla?
¿O esa temporada 16/17 en la que su rendimiento fue extraordinario?

Se podrían citar más ejemplos pero lo único cierto es que la gran mayoría de los aficionados granates siempre hemos visto al capitán como "uno de los nuestros", como alguien que además del rendimiento en el campo ofrecía cohesión y unidad al grupo, detalle que no resulta ni mucho menos baladí.

Echaremos de menos sus paradas, sus cabalgadas casi hasta el centro del campo cada vez que encajaba un gol para despertar al equipo y tantas veces en las que "venían malas" y el capitán salía a la palestra para dar la cara.

Desde este blog que siempre ha sido muy de Edu y que hoy rezuma tristeza, no se le puede desear más que la mejor de las suertes para el futuro.

El mejor Alex Fdez que yo he visto desde que está en Pontevedra fue el de su primera temporada hasta que se lesionó. 
Aquellos meses de 2015, el centrocampista vigués desplegó toda su fuerza sobre el terreno de juego,esa llegada al área contraria que conocemos pero también una capacidad de circulación de pelota realmente apreciable.
En las temporadas siguientes fue alternando titularidades( las menos) con muchas suplencias pero tuvo tiempo de marcar goles espectaculares como uno que sigo recordando frente al Osasuna B en Pasarón la temporada 16/17 que terminó en play off.   

Ha sido Alex desde su segunda temporada aquí, ese jugador que apenas aparecía en el once titular pero que cuando llegaban los problemas y los resultados faltaban, terminaba jugando casi siempre por su capacidad para afrontar "el toro por los cuernos" y aportar la personalidad de la que en algunas fases de los últimos tiempos hemos estado algo cortos.

Se ha hecho un hueco poco a poco en el corazón de la afición y aquellos que conocen las interioridades del vestuario le reconocen mucha importancia en la temporada 17/18 en las que nos íbamos a pique y dentro del vestuario "hubo que poner firme a más de uno".

Han sido cinco temporadas las de Alex Fdez aquí y por su implicación además de por esa labor igualmente vertebradora del grupo, merece ese reconocimiento y ese recuerdo agradecido en este blog.

Por último, Alberto Campillo,al igual que Edu otro de los participantes en el ascenso desde 3ª. 
La impresión que tengo desde fuera con Campillo es la de ese hombre con el que puedes contar si necesitas que alguien te defienda.
Si necesitas protegerte y que sea él el que reciba los golpes de la "turba", no pestañeará y saldrá primero "repartiendo mandobles" hasta que hayas podido escapar mientras se retuerce rodeado de enemigos.

Ha sido el "multiusos" de la defensa taponando agujeros ya sea por el centro, por la derecha e incluso en ocasiones por la izquierda.
El año del ascenso fue titularísimo y desplegó toda su garra y fuerza sobre la hierba.

Ojalá le vaya bien también a Alberto Campillo.

Se marchan hombres importantes del Pontevedra CF.

Sí, ya se que algunos (sin ir más lejos Alex y Campillo) no jugaban muchos minutos pero sin duda aportaban dentro de la plantilla esa experiencia, conocimiento del entorno e identificación que no es fácil de conseguir.

La temporada que viene (a saber si pude disputarse con cierta normalidad) es vital por la creación de la "pro" especialmente.

El Pontevedra CF necesitará, en primer lugar, muy buenos jugadores que sepan y tengan capacidad para afrontar este desafío pues de no estar como mínimo en esa "pro" se habrá descendido a efectos prácticos.

Ahora bien, también necesitará no descuidar su "guardia pretoriana". Aquella parte de la plantilla que conozca esto y que haya empezado a quererla como los que hoy se van.

Gente como "Churre" o  Alex Glez tendrán que ser los primeros en empezar a coger ese relevo. 

Espero que quieran y sepan hacerlo, esa labor dentro del vestuario resulta también muy importante.

Y como va de agradecimientos, no quiero terminar esta entrada del blog sin mostrar uno más con aquellos grandes aficionados granates que en redes sociales han dejado patente su profundo malestar con un Consejo de Administración que ha mantenido en el oscurantismo más intenso a la entidad durante demasiado tiempo.

La "diarrea"de "tweets" publicados hoy por el Pontevedra CF en gran parte se deben a esa masa social que exige respeto ya no a ellos sino a esa historia del Pontevedra CF que es demasiado grande e importante para que se la intente pisotear de esta forma tan lamentable. 

    

  

miércoles, 6 de mayo de 2020

De angustias, reestructuraciones y realidades distópicas

Este fin de semana he podido pasear por las preciosas calles de mi ciudad sin esa inquietante sensación de que en cualquier momento alguien podría pararme y pedirme justificaciones para la salida.
Es necesario, lo sé, y además el éxito del confinamiento se demuestra semana a semana en los datos diarios que se ofrecen acerca de la pandemia y que aunque siguen siendo terribles acusan la bajada fruto de la responsabilidad y esfuerzo de la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos.

Estas medidas de alivio en forma de paseos en determinadas franjas horarias me han devuelto la posibilidad de alejar siquiera por unos minutos las preocupaciones propias de la situación tan penosa que estamos viviendo y pensar en la situación nada halagueña que se pergeña para el fútbol mal llamado amateur de nuestro país.

El Sábado pasado veía Pasaron de lejos y recordaba la última vez que pudimos gozar de él en aquel partido frente al Castilla en el que Rufo marcó tres goles con ese martillo pilón que tiene por cabeza y Alvaro Bustos dejó una obra de arte que que puso un gran colofón a la última tarde de felicidad en el estadio de nuestro sueños.

Reflexionaba sobre el hecho de que si en el instante en el que el lanzamiento lejano del asturiano besaba las redes blancas alguien me dijese que menos de dos semanas después estaríamos todos en casa iniciando un largo confinamiento, le habría contestado que no leyera tantas novelas sobre realidades distópicas.

Todavía tuvo tiempo  la "cabeza de hierro" de Rufo de hacer dos goles más en Getafe y Alex Glez decidir ese partido con un gol que nos otorgaba la segunda victoria consecutiva.
Tampoco habría creído esa mañana de Marzo al que me dijera que acabábamos de presenciar el último gol de la temporada del Pontevedra y que ya no volveríamos a ver al equipo hasta muchos meses después.

Luego vino la tormenta que nos cogió por sorpresa a todos y en la que todavía estamos envueltos sin que el hecho de que los truenos suenen algo más bajito supongan que debamos bajar la guardia.

Y  a partir de ese momento, el fútbol qué?

Como ya era de esperar en los grandes medios de comunicación casi todo el tiempo se ocupa en la primera división y la "tragedia griega" que supondría el hecho de que la competición no pudiera terminarse y todo el dinero que se perdería por el camino.

¿La 2ªB y 3ª? Una pena, decían algunos, pero es fútbol aficionado no pasaría nada si no se termina, afirmaban los reporteros acostumbrados a "compadrear" con los Ramos, Piqué, Koke, Parejo y cía...

No obstante, muchísimas aficiones de toda España saben que eso no es cierto. Que el futuro a corto y medio plazo de muchos equipos de nuestro fútbol "no profesional" nos ocupa y preocupa en grado sumo por una razón muy sencilla, porqué son nuestros equipos y porque los hemos "mamado" desde niños.   

Con el paso de las semanas empezó a dibujarse el escenario de que lo más plausible era que 1ª y 2ª pudieran terminar ( mucho dinero, insisto, está en juego) y que el resto ya se apañaría como pudiera.

Luis Rubiales, veleta sensible al viento cual hoja de papel azotada por huracán desbocado, pasó en poco más de 24 horas de mantener que se jugaría toda la 2ªB y 3ª cuando Sanidad  lo permitiera a enviar una circular a todas las Territoriales "sugiriendo" que solo se disputase un play off "exprés" para determinar los ascensos; que no hubiera descensos y que la siguiente temporada, la categoría de bronce de nuestro fútbol se convirtiera en "estaño" y aumentara su número de participantes a 98. 

Ya se sabe (y más con elecciones en un año y la sombra de Casillas con todo lo que su figura conlleva acechando por detrás), ascensos sí y descensos no para que los enfadados sean los menos (quizá los quintos o sextos de grupo que todavía se veían con opciones) y los agradecidos los más no vaya a ser que a la hora de meter una papeleta en la urna se sulfuren y elijan al otro candidato.

En reacción a la propuesta de Rubiales, bastantes equipos de 2ªB (se desconoce si el Pontevedra entre ellos) "movieron ficha" con una propuesta de reestructuración cuyo punto débil principal no era otro que el momento elegido para su formulación.

La 2ªB hay que reformarla y reducirla, de eso es este atribulado bloguero más partidario que nadie, pero es cierto que el momento en plena crisis sanitaria y sin previo aviso no era el mejor ni el más adecuado.

No obstante, esa propuesta denominada (2ºB PRO) sí contenía muchos ingredientes con los que debería "cocinarse" a corto plazo esa nueva categoría.

Menos participantes (40 equipos en dos grupos de 20); profesionalización de todos los jugadores para acabar con esa odiosa denominación de amateur de una categoría (la 2ºB actual) en la que muchísimos jugadores viven del fútbol; más ingresos por derechos televisivos gestionados de manera centralizada por la RFEF; posible creación de un sponsor oficial de la categoría; ascensos directos de los primeros de grupo...

Muchas cosas buenas repito pero en un momento inoportuno y además manteniendo por debajo una 2ªB como la actual de 80 equipos que seguiría siendo la ruina para muchos clubes a pesar de que en esa propuesta, es cierto, se apuntaban algunas posibilidades de mejora económica para los equipos.

Entre unas cosas y otras, en el día de hoy la RFEF por fin se ha pronunciado y ha decidido persistir en la decisión "cobarde" de ascenso sí ( no solo de 2B a 2º sino de 3ª a 2ºB) y descensos no por lo que la temporada que viene contaremos con nada menos que 100 equipos en la categoría de "bronce- estaño- cobre" de nuestro fútbol. 100, sí, no 98 pues habrá dos ascenso adicionales desde 3ª para cuadrar 5 grupos de 20 equipos.

Por tanto, la temporada para el Pontevedra CF ha terminado de manera oficial.

En la nota enviada hoy por la Federación se esboza que la temporada que viene es muy posible que empiece más tarde y que los grupos llegará un momento en que se convertirán en "subgrupos" en los que tendrán que volver a subsumirse los equipos... No traten de entenderlo porque es imposible y la propia nota federativa aclara "que se darán más detalles proximamente". Y yo añado, menos mal porque esto no lo entiende ni Sheldon Cooper.

Además de crear el "camarote de los hermanos Marx" y no dar más información sobre clasificación para fase de ascensos o descensos, también se dice en la información dada a conocer hoy que para la 21/22 sí se prevé la creación de una categoría intermedia entre la 2ª Division y la 2ºB que no sabemos si se llamará PRO,PRE o PRI pero que al menos parece que está más cerca que nunca siendo la única buena noticia arrojada por la RFEF en el día de hoy (tomemos esto con todas las precauciones pues con D.Luis nunca se sabe).

Como quiera que no sabemos absolutamente nada acerca del posicionamiento del Pontevedra CF sobre todos estos movimientos de capital importancia que se están sucediendo; como quiera insisto que otra vez de forma inexplicable el club no dice "esta boca es mía" y aclara cual sería su posición o su parecer acerca de esta reforma que tanto nos afecta, no podemos saber si el Pontevedra apoya la 2ºB "bronce /estaño/ cobre" que se prepara para la 20/21 o sí estaba más por la labor de crear ya esa 2ºB PRO a la que tendría derecho a participar según los criterios de los clubes que la promovían al ocupar la novena plaza en el momento de la suspensión.

A falta de la posición oficial de nuestro equipo que supongo llegará un mes u otro, la de este bloguero es que si una competición es válida para decidir los puestos de arriba debería serlo también para adjudicar los puestos de abajo y que no solo se deberían haber permitido los ascensos sino también los descensos. Esta "nulidad a la carta" no hay realmente por donde cogerla.

De esa forma (con descensos también), la temporada que viene seguirían siendo 80 los equipos participantes y ya se sabría además los parámetros clasificatorios exigidos para meterse en la PRO o no hacerlo.

Esa categoría de nueva creación debería otorgar el ascenso directo a los 1º de cada grupo; permitir que los 2º ascendieran superando una sola eliminatoria a doble partido y que los 3º y 4º tuvieran que superar dos eliminatorias ( la última contra un 2) para poder subir.

Además, no tiene mucho sentido una vez creada la categoría nueva (llámese PRO o como sea) que siguiese existiendo la 2ºB como tal que seguiría siendo un pozo inasumible para muchos equipos por lo que por debajo de esa nueva competición debería estar ya una 3ª división igualmente remozada y algo más potente.  

Claro que esta es solo la opinión del que esto escribe que posiblemente no valga de nada y que mucho más útil para toda la masa social granate es que la propia institución mostrara públicamente su opinión acerca de la alternativa que al final se ha elegido por la RFEF y que por lo menos para la campaña siguiente convierte la 2ªB en un pandemonium de difícil y lenta digestión.

Lo que está claro es que nuestro Pontevedra no jugará más esta campaña y que ya podemos iniciar el largo descuento de días para poder ver de nuevo a nuestro equipo en la temporada 2020/2021.
       

lunes, 2 de marzo de 2020

Rufino es: Libertino, divino y superficial

Los años 80.

Aquellos que siguen el blog desde hace tiempo saben lo idolatrada que este cada vez más atribulado bloguero tiene a esa década de libertad en la que los límites dificílmente encontraban espacio en los que visibilizarse.
Pertenezco a la generación de la EGB y todos los que formamos parte de la misma teníamos la oportunidad de hacer nuestra pequeña maleta y realizar la "excursión de octavo" con nuestros amigos en la que para muchos constituía la primera oportunidad de pasar varios días fuera de casa alejados de nuestros padres.

La mía fue casi al final del curso 85- 86. 

Viajamos a Madrid, Toledo y Segovia.

En esta última ciudad castellana, entre otras cosas, pude admirar la grandiosidad de su acueducto; en la que es hoy capital manchega, la maravillosa casa del Greco y esas estrechas calles de su ciudad vieja que apenas nos permitían estirar los brazos sin quedarnos "atascados" en el intento.
En Madrid vimos el museo del Prado ( o una pequeña parte del mismo) el museo de cera y visitamos su parque de atracciones en el que pude ejercer de Pigmalión (de manera ufana y un tanto pedante para que negarlo) con aquellos de mis compañeros que no habían tenido la oportunidad de recorrerlo hasta ese momento. 
Con esa "enorme experiencia" con la que me había dotado tras algunas visitas anuales con mi familia madrileña "me permití el lujo" de aconsejar a algunos de mis amigos la conveniencia o no de montarse en alguna de las atracciones clasificándolas según el grado del hormigueo que nuestros estómagos iban a sentir una vez instalados en su interior.

Recuerdo las largas jornadas en el autobús escuchando una "cinta" de los Hombres G que no se quien había tenido la genial (o no) idea de entregarle al conductor; el calor seco del mes de Junio en el centro del país que nos cortaban los labios; los innumerables granizados de limón que consumimos para combatirlo; mi primer enamoramiento platónico de una compañera que como no podía ser de otra manera estaba a su vez platónicamente enamorada de otro compañero; la decepción sufrida tras presenciar todos junto una noche la eliminación de España a manos belgas del mundial de Méjico...

Lo pasé bien en aquel viaje y recuerdo con mucho cariño a muchos que lo disfrutaron conmigo y con los que he perdido el contacto  o este es realmente mínimo.

Claro que aquellos que hayan entrado en "Enclave granate" para "ver que dice este agonías" que ya especulaba con el descenso a 3ª después de la goleada al Castilla, se estarán quedando de piedra ante tanta "mamandurria" ochentera  biográfica.

Todo tiene una explicación.

Hace unas líneas escribía sobre la música que se escuchaba en aquel autobús hace más de 35 años con ese grupo que apareció con tanta fuerza en el 85 y que fue capaz de aglutinar lealtades inquebrantables pero también odios furibundos.

Lo cierto es que por aquella época también sonaban con fuerza otras canciones y otras artistas.

Una de ellas era la gran "Luz" que por aquel entonces todavía se hacía llamar "Luz Casal".

En esos años 80 la gallega todavía estaba lejos de adentrarse en esa faceta más melodiosa, intimista y "boleril" que acabaría por protagonizar casi todo su repertorio.

No, por aquel entonces la de Boimorto era una rockera de manual y muchas de sus canciones provocaban el movimiento inconsciente de las piernas al compás de su música cañera.

Seguro que muchos de los que están leyendo esto ya saben por donde voy.

Claro.

El Domingo pasado, bajo una lluvia inclemente y ante un rival tierno pero repleto de calidad, emergió uno de los protagonistas más conocidos del elenco musical de Luz.

Con su traje de tweed y su perfume de "Givenchy", elegante por tanto a pesar de lo desapacible del día y del mojado terreno por el que se movía, apareció un tal Rufino con la única y precisa intención de protagonizar un baile con el que obsequiar a toda la parroquia granate que acabó por tributarle una sonora ovación e incluso coreó su nombre en el momento en el que con buen criterio el entrenador decidió sacarle del campo.

Es cierto, no obstante, que antes de que Rufino nos llevase a todos a "comer langostinos" el equipo lo pasó mal aunque solo fueran diez o doce minutos.

El rival del Real Madrid salió mejor al césped (bueno, o a eso que tiene un cierto color verde y que solo aguantó 45 minutos a pesar de que la cantidad de lluvia caída no justificaba en absoluto ese deplorable estado del firme) y ahogó en el comienzo a un Pontevedra que rechazó como pudo dos remates de los "merengues" y que incluso pudo sufrir un penalti en contra en una jugada que arrojó alguna duda en área granate.

Claro que la primera piedra de la reacción no la puso el gran Rufino con "su aire de pinguino" sino el mejor defensa de largo que tiene el Pontevedra que viendo el cariz que estaban tomando los acontecimientos se plantó en su zona y empezó a dejarle claro a los Gual, Renier y cía que la broma se había acabado y que a partir de ese momento el que mandaba ahí era "el churrero".

Con el empuje de Víctor Vázquez empezó a mejorar la cosa. El Pontevedra presionaba mejor, tocaba con acierto cuando recuperaba y las ocasiones empezaron a surgir en la portería blanca al mismo tiempo que desaparecían en la de Edu.
Pudo marcar Alex Glez ( ayer otra vez muy bien tras algún partido que otro más titubeante) pero su pelota al igual que el día del Oviedo B se fue a un poste; luego pudo hacerlo Bustos pero Altube salvó en gran intervención y después.... después ya apareció Rufino que en vez de ejercer de ejecutivo como jefe de una agencia de publicidad lo hizo como "9" de alta alcurnia en un equipo de fútbol mandando "para adentro" cualquier pelota que tocara con su cabeza.

El primer gol lo hizo tras centro preciso de un José García rematando en plancha una pelota que requería acompañarla en aprovechamiento de la fuerza del centro del navarro el cual, por cierto, dejó muy buenas sensaciones en el partido.

El segundo también salió de las botas de García al saque de un "corner". En esta ocasión el remate en el primer palo requería giró de cuello y cabezazo potente al otro poste. 

Golazo, en cualquier caso, por la dificultad del golpeo.

A esta alturas la gente ya alucinaba con Rufino y le pedía a gritos que les llevara al casino pero todavía guardaba alguna más el delantero granate para acabar de conquistar al respetable.

Antes llegó el descanso con la sensación de que el Pontevedra había sido muy superior a partir del minuto 15 y que el resultado hacía justicia a lo que se había visto en el campo.

Luego siguió lloviendo y el desastroso drenaje del Estadio que ya no es vetusto pero que en muchas cosas sí lo parece (que decir de la lluvia que moja a los aficionados de todas las gradas inferiores a pesar de estar el campo presuntamente cubierto) no permitió ya ver demasiado fútbol y sí un ejercicio de coraje, fuerza y adaptación a las circunstancias.

Así lo hizo el Pontevedra aunque cono dos sustos muy importantes. Ambos por querer ceder el balón atrás a ras de suelo cuando el césped convertía esas acciones en ejercicios suicidas.
La primera vez, nada más comenzar la segunda parte, el delantero madridista envió su vaselina fuera con Edu vendido y en la segunda (más adelante pero todavía con el 2-0) el propio Edu salvó la contingencia volviendo a demostrar que el lance del que es maestro y muy difícil de superar es el uno contra uno.

Y en los minutos finales (ya con el doble medio centro más creativo que se ha visto por estos pagos en muchos años con Cruz- Romay tras el cambio de Sana) volvió a aparecer el "del traje de tweed" que a pesar de los minutos transcurridos mantenía  su porte impecable como de Domingo tomándose un "daikiri" en la hora del aperitivo.

Buena jugada de Alex Glez por banda izquierda que observa el desmarque hacia el primer palo de Rufo y le envía la pelota para que el "9" (libertino, divino y superficial) la cabeceara con fuerza haciendo inútil la estirada del portero castellano.

Con el "hat-trick" y la gente embelesada, llegó el cambio y la vuelta de honor de un futbolista que ayer empezó a amortizar realmente su fichaje y la inversión efectuada y que será muy necesario que lo siga haciendo en lo que resta de temporada y las siguientes pues si se le trajo para algo es para esto, hacer goles y adueñarse sin discusión de una posición en el campo que está huérfana desde la marcha de Mario Barco. 

He aquí, sin embargo, que el partido todavía escondía una maravilla.

Ya muy cerca del final, el portero del Castilla se equivoca en el golpeo desde la frontal de su área y en semifallo manda la pelota cerca del círculo central. 
Allí, unos metros por delante del centro del campo y algo escorado a la derecha la controla Bustos, la acompaña en un toque para acomodar su carrera y desde más de 35 metros golpea con una calidad extraordinaria en globo superando el intento desesperado de Altube por intentar evitar el cuarto.

Golazo de bandera, todavía más meritorio dado el deficiente estado del césped y como quiera que este blog es muy de Alvaro Bustos y es consciente de la importancia capital que para el equipo tiene el asturiano, colofón perfecto para un partido que rompe la racha de nueve sin ganar en competición liguera.

Hasta aquí la felicidad de la crónica del partido y de esta victoria tan importante y tan necesaria para cambiar la dinámica.

Ahora bien volveríamos a equivocarnos todos (yo el primero) si este 4-0 nos confundiera y creyésemos que a partir de este momento todo va a marchar cuesta abajo y las victorias se multiplicarán cual misterio de los panes y los peces.

Nada más lejos de la realidad.

Lo de ayer fue simplemente la primera de las cinco victorias que se necesitaban para amarrar la permanencia en la categoría.

Importante, sí, por quebrar esta dichosa racha y por demostrar que parece que por fin hay un jugador que si recibe balones de gol es capaz de materializarlos en un buen porcentaje de veces.

Lo que pasa es que el Domingo que viene no estará enfrente un Castilla de juego alegre y con espacios a la espalda sino un Getafe B que lucha denodadamente por no irse al pozo y que aquí ya nos hizo "una gracia" en la primera vuelta.

Será un partido muy complicado, complicadísimo y coincido con el entrenador granate en el sentido de que nada que no sea Getafe B, luego Getafe B y finalmente Getafe B nos debe preocupar lo más mínimo hasta el Domingo a las 13.30 h.

Queda mucho trabajo por delante y lo de ayer solo fue la primera piedra de un muro de considerables dimensiones que hay que seguir construyendo con mucho esfuerzo.

Esperemos al Domingo.