martes, 28 de septiembre de 2021

Otro funeral granate y fiesta en "tele Bergantiños"

 Qué puede escribirse en un blog sobre el Pontevedra CF después de otra decepción profunda como la del Domingo pasado? ¿Merece la pena repetir una vez más argumentos ya explicados hasta la saciedad acerca de descompensaciones de plantilla o errores impropios de un equipo que se pretende serio? Merece la pena, incluso, escribir algo sobre el equipo tras otra ración copiosa de tristeza e incredulidad?

En un partido que empezó siendo retransmitido por la tvg2 pero que terminó siendo emitido sin necesidad de cambiar de canal por la delegación de aquella en Carballo a la que podríamos llamar "tele bergantiños",el Pontevedra controló la situación a partir del minuto 10  hasta el momento en que logró el primer tanto, con comodidad e incluso con jerarquía.

En la primera parte, es cierto, sin crear ocasiones de verdadero peligro pero sí llegando más al área contraria y probando en ocasiones al ex granate Canedo.

En la segunda y tras un susto provocado por una de esas salidas un tanto alocadas a las que nos está acostumbrando esta temporada Alvaro Cortés, el equipo siguió mandando y ya creando ocasiones de verdad como la de Alberto Rubio muy bien despejada por el arquero rival.

Llegó el penalti cometido sobre un buen Yelco Pino que transformó Charles y el cambio que se produjo en el marcador también empezó a manifestarse sobre el campo.

Ese Pontevedra bien puesto, que dentro de las dificultades que entraña la superficie del estadio de Carballo, trataba de tocar con algo de sentido y que llegaba con cierta frecuencia a la zona comprometida del rival, empezó a mutar al ya conocido en los últimos tiempos, es decir, al timorato e inseguro equipo que se olvida de lo que estaba haciendo bien y empieza a entrar en un bucle de torpeza.

Sí. Es cierto que al verse por detrás, el Bergantiños dio un paso adelante y eso también hay que tenerlo en cuenta pero lo cierto es que el Pontevedra lejos de asentarse, quitarse kilos de presión con el gol conseguido y certificar su superioridad lo que hizo fue empequeñecerse poco a poco de manera absolutamente desesperante.

Tras el 0-1, como se está comentando, empezó a tambalearse un poco el tenderete y las llegadas del "Bergan" se hacían más frecuentes y con algo más de peligro. A la par que se achicaba el Pontevedra,  el comentarista de "tele Bergantiños" iba creciéndose y sacando la bufanda de su equipo del bolsillo de la chaqueta para colocársela alrededor del cuello.

He aquí, sin embargo, que en un balón largo Brais tras dejada de Rufo consigue quedarse solo delante del portero y hacer el 0-2 a falta de poco más de un cuarto de hora.

 Lo lógico, lo normal, lo previsible en ese momento era pensar que el Bergantiños acusaría muchísimo este nuevo golpe y el Pontevedra se comportaría de una vez por todas como un equipo sobrio, fuerte y con esas aspiraciones de estar arriba que nacen (no olvidemos esto nunca) del propio Consejo de Administración de la entidad y no de una afición deseosa de reverdecer viejos triunfos.

¿Qué decir de lo ocurrido en el tramo final del partido?  ¿Cómo explicar que el Pontevedra se diluyera cual azucarillo y se convirtiera en un alma en pena sobre la hierba acauchatada de As Eiroas? 

Se había hecho ya un cambio antes del 0-2 con la salida de Yelco (es de esperar que cansado por su inactividad) por Romay que no mejoró al equipo.

Luego llegó el 1-2 en un centro efectuado por nuestra banda derecha sin la menor oposición y el remate de Escobar en el corazón del área inexplicablemente solo y sin marca que lo molestara.

Nada más sacar de centro casi llega ya el empate tras una pérdida y un lanzamiento que se fue muy cerca de la portería de Alvaro.

Ya con el Pontevedra en las cuerdas y medio sonado, llegó otro cambió de hombre por hombre (Oier por Brais) que nada mejoró y después de varias llegadas más del rival y ya a esas alturas con el comentarista de "tele Bergantiños con su bufanda entre los dientes y más excitado que un párroco en lupanar oscuro, llegó el doble cambio que dio con los huesos de Rufo y Rubio en el banquillo y con los de Diz y Pacheco sobre el césped.

Y el Pontevedra lejos de hacerse fuerte en su área con la entrada de un nuevo central que en teoría debería haberle  fortalecido a la hora de contrarrestar el juego aéreo del Bergantiños, siguió en estado de shock e incapaz de "templar gaitas"sin hacerse con la pelota sin dormir el partido e insisto sin comportarse como un equipo que de verdad está hecho para salir de 2ªRFEF.

Se llegó a la absurda situación de tener que ver al borde del minuto 90 como Churre se hacía con un balón en área propia y empezaba a correr como alma que lleva el diablo hasta terminar en el extremo izquierdo de nuestro ataque a trompicones y tomando un riesgo absurdo de perder la pelota y dejar desguarnecida una zona vital para el equipo.

Este otra vez atribuladísimo bloguero veía por "tele Bergantiños" esto y de verdad que no salía de su asombro.

Y al final llegó lo que tenía que llegar.

Otro centro sin ninguna oposición, esta vez desde la izquierda, "tragada" monumental de Araújo e inexplicable situación algo adelantada de Alvaro y remate que se cuela en la cazuela para dejarnos con cara de "gilipua" y provocar ya sin ningún reparo ni disimulo la euforia del comentarista de "tele Bergantiños" que se quedó sin bufanda arrojada al viento y sin garganta en su estridente grito para celebrar la igualada.

¿Cómo puede el Pontevedra CF haberse venido a menos de es forma cuando tenía el partido ganado? 

Ni idea. Resulta realmente difícil de digerir este desplome cuando, vuelvo a insistir, hasta el 0-1 el equipo había sido claramente mejor que el contrario y controlaba la situación sin alardes pero con cierto aplomo.

Lo único cierto; lo único real, es que el Pontevedra sigue sin ganar y suma solo 3 puntos de 12.

Cantaba Víctor Manuel en una de sus legendarias canciones algo así como : "A dónde irán los besos que guardamos, que no damos..."

Dónde irán, entonces, esos puntos que perdimos, que regalamos? ¿Dónde irá esa victoria que no obtenemos? ....

Por cierto, se habla estos días a raíz de lo sucedido en Carballo de la tan manida presión que rodea a esta entidad y que podría influir en su caminar atolondrado por las tuberías del fútbol español.

Hay aficionados que razonan dicho argumento con orden y educación lo que siempre se agradece pues el debate en torno a nuestro equipo siempre es edificante y positivo.

Yo no puedo estar de acuerdo en este momento histórico del Pontevedra con esta teoría.

Solo voy a poner un par de ejemplos que demuestran la tranquilidad con la que trabaja este Consejo de Administración a pesar de los errores cada vez más graves que comete a todos los niveles.

El primer ejemplo lo traigo a colación con una noticia publicada en prensa en Madrid hace alrededor de una semana. La noticia explicaba que el Móstoles habría cometido presuntamente alineación indebida en el partido que le enfrentó contra nosotros hace un par de jornadas pero que el Pontevedra no se percató de la situación y no impugnó la cuestión dentro del plazo preceptivo de 48 horas tras el choque. 

A mi juicio esta es una noticia importantísima. Una noticia que podría haber supuesto que el Pontevedra hubiera recuperado los 2 puntos perdidos en aquella absurda acción del descuento en el campo mostoleño.

Pues bien, esta cuestión y la incapacidad del Pontevedra CF para darse cuenta de esta situación ha pasado auténticamente de puntillas en nuestra ciudad. Apenas se ha mencionado en los medios y "si te he visto no me acuerdo".

No me quiero ni imaginar la que se habría montado hace unas décadas con este tema pero ahora no. Ahora no pasa nada. Ahora se pueden perder puntos sobre el césped, faltaría más, pero también en los despachos y no pasa nada.

El segundo ejemplo que me hace pensar que la tan manida presión no inflaría demasiados globos, es la propia reacción de la afición que no puede mostrarse más comprensiva con un equipo que lleva demasiado tiempo asestándole puñaladas en el corazón.

Las pitadas tras fracasos como las del partido frente al Leganés B fueron muy moderadas con respecto a aquellas que se sufrieron cuando la afición granate apretaba de verdad.

Ahora, lo que prima es la indiferencia, es la resignación, es el conformismo con una situación que se empieza a ver como irreversible ante la incompetencia supina de la "cúpula" de la entidad.

Y la verdad , lo confieso. 

Ojalá no fuera así.

Ojalá si existiera de verdad esa presión.

De verdad, desearía que Pasaron fuese de nuevo ese estadio alborotado, con ambiente festivo y colorido. 

Que exigiese ? Por supuesto. Pero también que acogotase a los rivales a poco que su equipo se echara encima del área contraria.

La presión es necesaria en un club de fútbol. Conlleva exigencia, trabajo, buen hacer, responsabilidad.

El problema para mí en la actualidad del Pontevedra es precisamente el contrario,  que la presión cada vez es más inexistente.

Que cada vez importa menos perder. Cada vez importa menos ver a nuestro a Pontevedra sin personalidad, sin empuje e incluso sin ese coraje que nos caracterizaba.

La falta de presión, en suma, impide que se reclame y se señale a los verdaderos responsables de esta caída que por ahora no tiene freno.

Esos responsables, no están sobre el césped; ni siquiera en el banquillo.

Están en el palco y poco a poco están convirtiendo al Pontevedra en ese cortijo sobre el que escribía hace semanas y en el que dentro de poco dejará de importar la calidad para vestir la camiseta y tomará más importancia otras cuestiones que harían enrojecer al más pálido fantasma de un cementerio.    

 

 

  

  


lunes, 20 de septiembre de 2021

De derrotas dolorosas y sonrojantes linchamientos.

Hay días en los que resulta inevitable preguntarse si merece la pena seguir enganchado a una causa que parece irremisiblemente perdida. 

Son momentos en los que llegan las dudas y acabas pensando si no sería mejor dar un paso atrás, coger distancia, bajar la intensidad de un sentimiento o de una pasión que proporciona escasas alegrías y si muchos enfados y desilusiones.

Los interrogantes se acrecientan si esa afición, si esa adhesión a una lucha preñada de innumerables decepciones, pertenece a la esfera de tu ocio; de tu entretenimiento; en definitiva, de esa recóndita parcela de la vida en la que quieres sumergirte para encontrar consuelo o alivio ante la verdadera cara del día a día y sus problemas, sus sinsabores y preocupaciones.

En el caso de este más que nunca atribulado bloguero, la última vez que recuerdo haberme sentido tan hundido y tan agitado interiormente como ayer por causa de este Pontevedra que lejos de despegar sigue chocando contra paredes, fue hace casi siete años.

Transcurría la cuarta temporada consecutiva en 3ª división. 

La intención era que de una vez por todas fuera la última y se saliera de un pozo que carcomía los cimientos de la entidad desde hacía casi un lustro.

Ya había un Consejo de Administración con "mando en plaza" desde el principio y la excusas se habían acabado.

Sin embargo, a finales de Septiembre de aquel año 2014 llegó el X. Sanxenxo y destrozó al Pontevedra venciendo por 0-1 provocando el enésimo ridículo granate en aquella travesía por la 3ª.

Salí aquel día con el organismo revuelto, pensando que esto no tenía solución alguna y que lo más probable era que los poquísimos que seguíamos siendo habituales en Pasarón nos estábamos equivocando al seguir creyendo en algo que no tenía remedio alguno.

Que era absurdo seguir acudiendo al estadio; que no tenía sentido dejar de pasar horas de Domingo con tú niño (por aquel entonces con dos años y pico); que era mejor distanciarse, apoyar si acaso en la medida de los posible sacando el abono pero dejar de pasar por esta sesiones de "tortura" que aquellos que se identifican mucho con un club de fútbol saben que se pueden sufrir si le ves zarandeado tan brutalmente por las circunstancias.

No hice nada de eso y seguí cruzando el río cada 15 días para ver al equipo. Finalmente esa temporada se subió e incluso las dos campañas siguientes la imagen del equipo volvió a parecerse un poco a la de un conjunto serio y con alguna posibilidad real de emerger hacia la élite de nuestro fútbol.

Luego se volvió a las andadas y la extraña y caótica Liga pasada nos devolvió al un pozo situado debajo de otro pozo. En un lugar en el que ver alguna luz diurna futbolística se hace imposible y desde el que podemos presenciar como muchos equipos (sin las posibilidades potenciales que tiene este) nos miran de reojo desde una posición más elevada.

Ayer volví a sentir algo parecido a lo de aquella tarde de 2014.

Volví a experimentar esa desazón e incluso nerviosismo interior al ver al equipo dirigirse sin remedio hacia otra derrota inexplicable ante un equipo que jamás debería  ganar aquí con tanta facilidad.

No se trata ya de la derrota de ayer sino que a ella se le suman las constantes desilusiones de las últimas temporadas en las que el Pontevedra ha sido incapaz de encontrar un rumbo fijo y una ruta por la que transitar, siquiera de forma lenta pero segura, hacia la consecución de los éxitos.

Ayer el equipo fue otra vez el de siempre en los últimos tiempos.

Perdonó un gol muy claro en la primera jugada y regaló al rival el primer tanto en un fallo en cadena que alguno (especialmente el entrenador) ha querido convertir en puntual de un jugador.

Después la impotencia para crear ocasiones de verdad con 11 jugadores; la expulsión de Alex Glez en un error grave que por lo menos al que esto escribe le duele especialmente por tratarse de un jugador que en muchas ocasiones nos sacó de atolladeros importantes.

Tras el descanso, los 2 cambios que provocan que se juegue prácticamente sin bandas aún teniendo dos rematadores sobre el césped; otro regalo en forma de 0-2 en cuya jugada el posicionamiento del equipo no podía ser más deficiente; más faltas o corners que el rival remataba en soledad y que no acababan en gol de puro milagro (o sí en el caso del anulado); ese tanto logrado por Rufo que daba esperanzas y ese lanzamiento desde la frontal de Pino que nos dio la última esperanza para sacar algo y finalmente la derrota, la primera de esta Liga pero especialmente dura por la forma en la que se produce y y el rival contra la que se cosecha.

No obstante, por desgracia, el "espectáculo" ofrecido sobre el terreno de juego tuvo su segunda parte en la rueda de prensa posterior al choque.

Ya la semana pasada, Angel Rodríguez habló en Mostoles de actitud diferente en una parte que en otra y en "dejadez" en la jugada del segundo gol mostoleño.

En el día de ayer, el técnico volvió a "obsequiar" a la parroquia con una sesión de "linchamiento" y "señalización de errores individuales" que por lo menos a mí me llevó hasta el sonrojo.

Vaya por delante que un jugador como Alex Glez, experto y muy identificado con esta camiseta, no puede cometer el error de ayer y ser expulsado de esa manera.

No se trata de exculpar la acción de un capitán que ayer no estuvo afortunado pero de ahí a repetir en más de una ocasión en esa rueda de prensa lo irresponsable de su comportamiento va un trecho.

Eso de que la "ropa o los  trapos se lavan en casa" no va mucho con este entrenador que ayer no solo repitió el tema de la expulsión en más de una ocasión públicamente sino que se atrevió a decir que posiblemente Alex estaba alterado por su error de marca que da lugar al 0-1.

Yo de Alex solo puedo decir que a lo largo de estos 5 años que lleva portando este escudo jamás había cometido un error así; que en innumerables ocasiones a lo largo de este tiempo ha sido de lo mejor del equipo en entrega y juego (especialmente en aquella temporada 17/18 en la que sus actuaciones fueron clave para no vernos con los huesos en 3ª) y que asumiendo como abonado del Pontevedra CF que acciones como las de ayer no pueden volver a repetirse y perjudican al equipo, creo firmemente que el brazalete de capitán está maravillosamente representado por el rubio jugador cántabro y que no se merece la rueda de prensa "dedicada" ayer por Angel Rodríguez.

Por cierto, el 0-1 es un fallo en cadena del equipo en defensa.

No se puede permitir que ese balón llegue al segundo palo y un atacante lo ceda con la cabeza con esa facilidad pasmosa (ahí Alex no estaba, míster) y luego efectivamente sea rematada a placer por un compañero una vez perdida la marca que según Rodríguez era de Alex.

Ese mismo error ya se cometió en el 1-0 de Mostoles donde un rival peina con libertad la pelota esta vez en el primer palo y hace más complicado que dichas marcas se mantengan para parar los remates posteriores.

Sí, Alex falló gravemente en su expulsión y al parecer en seguir la marca en el 0-1 de ayer.

Ahora bien, quien es el responsable de que cualquier balón aéreo sobre el área granate sea pasaporte expedito para un remate del contrario?

¿Existe la posibilidad de que el posicionamiento del equipo en esas acciones sea también responsabilidad del entrenador o el siguiente señalado será Soto o Seoane o el que sea que coja por banda el micrófono?

¿Puede existir la posibilidad, por remota que esta sea, que en el posicionamiento defensivo de Mostoles en la jugada del 2-2 y de ayer en el 0-2 tenga algo de responsabilidad el técnico o señalamos exclusivamente a Churre (por cierto, mal comienzo de Liga del de Marín) a  Araujo o al que coja por banda el micrófono?

¿Sería posible para el futuro no hacer todavía más amarga la derrota sufrida sobre el césped con estas sesiones de atribuciones de culpas individuales de futbolistas y casi una total exención de responsabilidad propia?

En definitiva, las 3 primeras jornadas de Liga no han podido resultar más descorazonadoras.

Si bien frente al Compostela, al menos en la primera mitad, se vio a un equipo alegre y generando peligro en ataque con ocasiones que no pueden ni deben perdonarse, ayer frente al Leganés B volvieron a vivirse sensaciones parecidas a las de la pasada Liga.

Salí de Pasaron absolutamente hundido; continué desarmado escuchando la dantesca rueda de prensa de Angel Rodríguez y me fui a dormir pensando en si tiene sentido todo esto, si merece la pena seguir creyendo en que llegará el día en que seremos de nuevo fuertes y respetados. 

Como hace 7 años, pensar en mí Pontevedra CF me produce dolor y preocupación. Cada vez menos alegría y confianza en el futuro.

Supongo que pasará el tiempo y volverá poco a poco la ilusión.

Supongo, solo supongo.  



 

 

 


   

  

lunes, 6 de septiembre de 2021

Si tiene cuatro patas, bigotes largos y maúlla, es un gato.

Las cosas no ocurren por casualidad. 

Si desde hace semanas buena parte de los seguidores granates estimaban que la plantilla del Pontevedra CF era corta, no lanzaban dicha afirmación de forma gratuita debido a una falta de información o cualquier otro motivo. 

No, se decía eso, simplemente, porque es verdad.

Si en el momento del comienzo de la Liga de 2ªRFEF el equipo tenía una ficha senior libre, otra ocupada por un portero suplente a la sombra del un guardameta que el año pasado asombró y una tercera en manos de un defensa con nula experiencia en la antigua 2ªB, la única conclusión posible es que el grupo está corto de efectivos, de la misma forma que si vemos un animal de cuatro patas que ronronea, que maúlla, que tiene bigotes largos y cuenta con 7 vidas, enseguida concluimos que estamos viendo a un gato. 

Es verdad que ante esa disposición, digamos curiosa, de las fichas senior, podría existir el remedio de unas piezas sub 23 "potentes", verdaderamente utilizables no en minutos en los que todo esté decidido sino en aquellos donde todavía se esté "partiendo el bacalao" del resultado.

¿Es eso así? Cuenta el Pontevedra con esos sub 23 valiosos en los que los "veteranos" puedan encontrar recambios de garantías?

La contestación no la han dado los aficionados granates. 

Ni aquellos que piensan que la cortedad de la plantilla es preocupante y que cualquier "constipado" de los titulares podría causar un estropicio, ni tampoco la han dado los que piensan que sí, que hay grupo numeroso y que los jóvenes están preparados para aguantar el nivel.

Esa contestación la ha dado ayer el propio técnico del Pontevedra CF en el primer partido de Liga al realizar solo 2 cambios de 5 posibles y haciendo el segundo en el minuto 80.

Si en un partido como el de ayer, en el que el Pontevedra fue muy superior en la primera parte y en la que solo una exasperante falta de precisión ante el gol evitó que se sentenciase el choque antes del descanso pero que en el segundo tiempo notó visiblemente el paso de los minutos y el cansancio, no se apuesta por Román, Iñaki, Santos, Diz y cía puede ser por la sencilla razón de que en estos momentos no están para aportar minutos de verdadera calidad y valía.

Insisto en que esto no es que lo diga este bloguero o el aficionado "pipero" de Tribuna o el achicharrado de Preferencia u otro seguidor de cualquiera de los fondos. No. Es que lo dicen los hechos y estos hechos relatan que en la primera ocasión en el que el equipo necesitaba refresco, "piernas", energía o llámese como se quiera esa fuerza del banco nunca llegó.

Sí, esos primeros 45 minutos fueron muy buenos. Punzantes en ataque y consistentes en defensa, faceta en la que apenas se sufrió.

No fueron, no obstante, extraordinarios. No lo fueron porque esas malas decisiones en área contraria en la que a veces se tiró cuando se debía pasar y otras se pasó cuando se debía tirar; en la que el experimentado Pato Guillén sacó un par de balones de mérito y en la que en definitiva no se tuvo puntería constituyó la primera razón por la que no se ganó el choque.

La segunda llegó tras el descanso pero no nada más volver del vestuario.

Es cierto que el Pontevedra no salió igual que en el primer tiempo pero controlaba el partido sin demasiados problemas hasta que otro "fantasma" de la temporada pasada hizo su aparición, el error defensivo.

Creo sinceramente que ganando 1-0 jamás debemos encajar un gol como el de ayer. Balón absurdo perdido en banda derecha defensiva que permite una penetración de un rival y centro al área para que aparezca completamente solo por nuestra izquierda un jugador que remata sin oposición a la red ante un Pontevedra excesivamente basculado.

Fue un gol demasiado sencillo, demasiado simple, demasiado fácil para el rival y esa desorganización puntual defensiva fue la segunda razón por la que no se ganó el partido.

La tercera razón o motivo ya se ha citado más arriba.

Si bien el Pontevedra acusó el golpe del empate durante algunos minutos, pocos, a lo largo de los cuales llegó la otra ocasión del Compos con un disparo venenoso de Josiño que se fue fuera, el equipo volvió a asentarse pronto y a no permitir más alegrías en ataque a un rival que también es cierto que no veía con malos ojos el punto y trató de guardar la viña más que lanzarse a conquistar la contigua.

Sea como fuere, el Pontevedra volvió a controlar la situación pero las fuerzas ya no eran las mismas y las posibles variantes casi inexistentes.

El cambio de Alberto Rubio por un Calvillo que dejó algún destello en el primer tiempo pero que al menos a mi juicio sigue irregular, no dio resultado alguno.

Y los últimos minutos de Diz, que salió por Alex, tampoco aportaron nada.

Enfrente el Compostela sí utilizaba cambios y daba entrada a gente fuerte y experta como Baleato o Fer Beltrán o rápida y peligrosa como Mella, que se unían a los Antas y Durán (autor del gol) que salieron al comienzo de la 2ª parte en una muestra de lo importantes que resultan los 5 cambios en el "fútbol del covid19" y de poder dar oxígeno y nuevas ideas con el paso de los minutos.

Aún así, con un Compos bien pertrechado atrás, el Pontevedra pudo marcar en dos acciones de Brais, especialmente en la segunda con un lanzamiento que se fue fuera por poco y se forzaron además varios corners y alguna falta lateral que si bien no fueron bien rematadas si daban la impresión de que el equipo estaba ahí hasta el final.

Pero como ya se ha dicho faltaban las fuerzas y la energía de la primera parte y con el cansancio las ideas ya no surgen con la misma facilidad que cuando la fatiga está todavía bajo control.

El problema no es tanto el empate con el que se ha iniciado la temporada aunque sí es cierto que molesta el hecho de que Pasaron siga siendo un campo en los últimos tiempos en los que puntuar para el de fuera suele ser bastante asequible.

El problema real es que esta situación de encontrarnos partidos en los que el resultado está en el alambre va a ser habitual. Lo lógico es que los partidos en los que se golee y se solucionen pronto sean la excepción y en ese contexto no contar con cambios suficientes para sostener al equipo, por lo menos al que esto escribe, le preocupa.

Ayer faltaba solo Rufo, no teníamos tres o cuatro bajas. Solo Rufo y los cambios, insisto, solo fueron 2 y no conozco a ningún entrenador que tire piedras contra su tejado.

También es cierto que tras el partido se anunció el fichaje de Yelco Pino.

Si mi preocupación estriba en la cortedad de la plantilla, fácil es entender que cubrir esa ficha senior libre me parece una gran noticia.

Ahora bien, el jugador que llega no me casa demasiado bien con ese "box to box" que pedía Angel Rodríguez. En principio, Yelco juega más arriba y sería la enésima media punta con la que contaría esta plantilla que solo tenía un puesto bien cubierto que era precísamente ese.

Habrá que esperar si estamos ante una reedición del "pedí un sillón y me trajeron una lámpara" de Benitez en el Valencia refiriéndose a Cannobio o si el técnico e nverdad lo quería y ubica a Yelco en otra posición del campo.

Para finalizar, me gustaría mencionar dos detalles de los nuevos jugadores del Pontevedra que ayer debutaban en Liga con nuestra camiseta.

El primero es sobre Brais del que me llamó la atención la cantidad de campo que abarcó especialmente en la primera mitad. Le pudimos ver incluso en alguna ocasión  recibiendo de los centrales para iniciar el juego y fue bastante más que un atacante.

El segundo no es otro que la gran impresión que me causó durante todo el choque Javi Rey.

Presionó, robó, impuso con su presencia, distribuyó y se exhibió durante la primera parte y ordenó lo que pudo en la segunda cuando el equipo perdió dinamismo y velocidad.

Tal y como está configurada la plantilla se me antoja vital este jugador y que no le pique ni un mosquito durmiendo en su casa por las noches. 

Ojalá siga en esta línea.

El Domingo partido en Madrid, a las 12 e la mañana y con un Mostoles con el Cata y Mantovani en defensa.

Ánimo Rufo, la que te espera no va a ser ni mucho menos fácil. 

   

jueves, 12 de agosto de 2021

Charles: Latido a latido, gol a gol.

 La primera vez que lo vi con la camiseta granate resulta imposible de olvidar. 

Llevaba décadas soñando con la presencia del Pontevedra en la mal denominada LFP y un día de finales de Agosto de 2004 por fin podría disfrutar de mi equipo en 2ª división.

La Liga empezaba en casa y contra un rival experimentado pero a priori asequible para empezar a puntuar desde el primer día, el Polideportivo Ejido.

Aquella jornada no solo sirvió para comprobar que la singladura en segunda iba a estar preñada de dificultades y que el equipo debía dar lo mejor de sí mismo para permanecer, (el 0-1 final del marcador así lo corroboraba) sino que valió también para empezar a conocer a un "chaval" de apenas 20 años recién cumplidos que salió en la segunda parte y que como suele ser habitual en todos los genios no dejó a nadie indiferente desde el primer momento.

Perdiendo ya tras la transformación de un penalti por el equipo andaluz, salió al campo mediado aquel segundo tiempo para tratar de ayudar a dar la vuelta al partido.

Y nada más salir, ni corto ni perezoso, conectó el primero de sus maravillosos remates acrobáticos estrellando el balón en un poste y elevando por vez primera las pulsaciones de los aficionados granates a un nivel al que solo lo llevan los grandes. 

¿Cómo se llama el chico? -Enseguida se preguntó mucha gente en la grada. ¿Charles? ¿Pero como se pronuncia "Charls", como en inglés? No, respondía algún seguidor más avezado. Charles, como suena. Es brasileño. Pues caray con el brasileño, respondía el resto todavía con la media chilena en la retina.

Y como le pasa a todos los jugadores diferentes Charles no solo dejó su impronta con ese balón enviado a la madera. Unos minutos después, tras una fricción con un jugador rival, el delantero recibía una tarjeta roja directa que dejaba al equipo con 10 jugadores y agotaba casi por completo las opciones de empate.

Desde ese día Charles no fue ya nunca uno más para la afición del Pontevedra CF. 

En aquella temporada tan difícil para el equipo que acabó con el descenso a 2ªB, dejó otros detalles en forma de goles espectaculares que forman parte ya del inconsciente colectivo de la gente granate. ¿Cómo olvidar aquel gol en la vieja Condomina con un remate que firmaría cualquier futbolista que estuviera en la más reducida élite de este deporte? ¿ O ese otro marcado en casa contra el Nastic, encuentro que terminó en goleada en plena remontada del equipo para tratar de evitar lo que al final no se pudo remediar?.

Tras el descenso y con unas plantillas muy importantes para la 2ºB fueron llegando sus primos Yuri e Igor junto a otros buenos jugadores que convertían casi en un trámite la Liga regular en espera de unos play off en los que se disputaba toda la temporada.

Igor y Yuri marcaban goles "como churros" y Charles, aunque también los hacía, protagonizaba un rol más oscuro, más colectivo, más trabajador que opacó por completo cualquier pensamiento que alguien pudiera tener por aquella primera expulsión de jugador "rebelde" cambiándola por la de un futbolista con mucha clase, con mucho gol pero capaz de adaptarse a las necesidades del equipo incluso alejándose del área si así lo creía menester el técnico de turno.

Llegó aquel día negro del Sevilla B y Charles lloró como lloramos todos durante días por aquella kafkiana eliminación.

Y siguió aquí.

Llegó la temporada del Córdoba con una nueva decepción después de tenerlo muy cerca.

Y siguió aquí.

Atravesó una lesión que le tuvo más tiempo del previsible fuera de los campos de juego y volvió otra vez a destacar y a "tirar del carro" todo lo que pudo.

Y luego el Ceuta, los problemas económicos de la entidad y llegó "el año del Alcorcón" como última oportunidad para reenganchar al Pontevedra en ese lugar en el que muchos pensábamos que tenía que estar. 

Tras una heroica eliminatoria ante el Oviedo, un buen equipo rival y la inestimable ayuda de un personaje que ahora pulula por los campos de 1ª provocaban que el Pontevedra volviera a decir adiós a su sueño y las lágrimas de todos incluidas las de Charles (rigurosamente expulsado en la ida, ausente, por tanto, en la vuelta) volvieron a derramarse penando por todos los sueños perdidos.

Se fué. 

Se fué y el que esto escribe (y la práctica totalidad de la afición granate) siempre celebró sus éxitos y cada gol que marcaba en los diferentes equipos en los que estuvo (incluido, en mi caso, el Celta con todo lo que eso conlleva).

Triunfó en Córdoba, en Almería, en Vigo, en Málaga y en Eibar y marcó goles a montones tanto en 2ª como en 1ª.

Llegó la covid 19 y con ella la paralización y suspensión definitiva de la Liga regular de 2ªB con el Pontevedra fuera de los puestos de play off y empezaron los rumores que luego acabaron por cristalizarse de una reeestructuración del fútbol español.

Y en esas saltó la noticia.

Directamente desde primera división, lo que parecía una quimera se hacía realidad. 

Charles volvía.

Sus deseos manifestados desde hacía tiempo de querer terminar su carrera en el primer equipo que le trajo a España, el nuestro, no eran meras manifestaciones vacías y sin sentido.

Con un vídeo muy emotivo se anunciaba por la entidad la vuelta del brasileño y por unos días el Pontevedra CF fue portada de los medios nacionales tanto de radio como en prensa ante lo "insólito" para ellos de la situación de Charles.

De 1ª a 2ªB. Rechazando a buen seguro ofertas de clubes de categoría superior. 

Charles se vestiría otra vez de granate ilusionando los corazones de los seguidores granates, malheridos por la maldita pandemia que todavía azota nuestras vidas y por tantas decepciones del equipo que no acaba nunca de cumplir con sus objetivos.

Lo que pasó la Liga pasada ya es bien sabido. Decir que Charles rindió a un gran nivel sería faltar a la verdad. 

No obstante, lo que no puede negarse tampoco es que el el Pontevedra no consiguió nunca formar un equipo sólido sobre el césped; un bloque al que fuera difícil hacerle goles y que se convirtiera en ese conjunto fuerte con el que todos fantaseábamos antes del comienzo de la competición. Y en ese escenario Charles no fue una excepción y también acabó por diluirse.

Ahora, con una nueva temporada en ciernes en 2ªRFEF y con una situación parecida a la de la temporada anterior (buenas incorporaciones pero descompensaciones en algunos puestos que añaden incertidumbre ante el hecho de si seremos capaces de formar un equipo), durante dos días difíciles Charles ha vuelto a ser noticia en forma de rumores sobre una posible salida del club granate.

Lo que resulta incuestionable es que tras el descenso a 2ªRFEF los rumores estaban en la calle desde hacía muchas semanas.

No solo con relación a Charles sino también a Rufo.

Es lógico. Son los jugadores más importantes de la plantilla y ante la previsible bajada de ingresos por no estar donde tendríamos que estar, resulta lícito que quien más quien menos se pregunte si el Pontevedra puede mantener a estos futbolistas en la cuarta categoría de nuestro fútbol.

No obstante, estos días pasados, esos rumores llegaron a convertirse casi en la antesala de la noticia (como diría un gran periodista que lleva demasiados años jubilado).

No fue un rumor de redes sino que se llegó a decir en medios de comunicación.

Luego sí. Luego, como suele ser habitual, las redes amplificaron todo y llegaron los nervios, las discusiones, las diferentes versiones y hasta un comunicado oficial de la institución en el que se afirmaba sin ambages que ni el club ni el jugador piensan en separar sus caminos.

Este atribulado bloguero, tras leer y escuchar a unos y otros (sobre todo a los que pueden acceder a información directa de las partes), ha llegado a la conclusión (quizá equivocada, quizá no) que la única razón a día de hoy que podría provocar que Charles no siguiera como futbolista (insisto, como futbolista granate) es que el propio jugador no se viera bien y decidiera dar un paso al lado.

Si eso fuera así (repito que es solo una impresión del que esto escribe tras bucear en el maremoto de estos días), estaríamos ante una nueva muestra de identificación de Charles Días con "su" Pontevedra CF pues que muestra mayor de compromiso puede haber que reconocer que ha llegado el momento de mostrar ese mismo compromiso asumiendo otras funciones.

No escondo que esa opción me entristecería.

Me entristecería porque cuando se anunció su regreso soñaba y todavía sueño con ver a Charles destacando en ese espacio en el que a todos nos fascinó que no es otro que el campo de juego y haciendo goles importantes de nuevo con la camiseta granate.

Me encantaría verle celebrar junto a sus compañeros las victorias del equipo y recuperar el territorio perdido la pasada campaña obteniendo un ascenso que a buen seguro resultará extraordinariamente complicado.

Ahora bien, pase lo que pase, (pueden llamarme ingenuo o inocente aquellos que lean esta columna) yo sí creo en el compromiso granate de Charles Días. Sí creo que a pesar de todo lo que rodea al fútbol desde hace tiempo todavía pueden existir jugadores cuyos corazones latan al mismo tiempo que los de los aficionados de los equipos en los que juegan.

Sí creo, en definitiva, en que hay espacios (pequeños y escasos posiblemente, es cierto) en los que todavía el romanticismo y la pureza del sentimiento se filtran entre los intersticios del mundo del fútbol.     

  Animo Charles!

 


 

jueves, 1 de julio de 2021

SAD o Cortijo?

 De verdad que no va a haber nunca un final de ridículos vergonzantes en el seno del club? De verdad que cada tránsito entre temporada y temporada va a seguir siendo un sonrojo permanente para aquellos (cada vez menos) a los que esto les sigue importando? De verdad que no existe un límite, un tope, a tanta desmesura, a tanta chabacanería, a tanta improvisación?


Después del término de una temporada estresante en la que el equipo nunca dio la medida y estuvo a punto de despeñarse hasta la quinta división del fútbol español, quien más quien menos pensaba que ya se había tocado el fondo de tanto desacierto y que solo cabría emerger hacia arriba.

Atrás quedaba el escarnio de tener que ver al equipo en la fase por evitar el doble descenso; la impotencia ante los argumentos infames que afirmaban que nos habíamos "salvado" (eso sí, en el último partido y tras varios ridículos, también en esa etapa de competición); del espectáculo de dimisiones fantasma que pintarían la cara de rojo al más pálido espectro de otra realidad... 


Empezaba otra campaña, en 2ªRFEF sí, pero otra temporada en la que llegaría como el maná un nuevo Director Deportivo, en la que se podría empezar aunque fuera casi de cero a construir algo bonito; en la que, en definitiva, y con el covid 19 más controlado se pudiera disfrutar siquiera un poquito del Pontevedra CF.

Pues no. Pues claro que no. Los ilusos que creímos que algo podría cambiar hemos tardado bien poco en darnos cuenta que la tomadura de pelo continúa y cada vez se hace más aberrante.

Primero por la tardanza en la contratación de esa presunta "cabeza pensante" de la parcela deportiva que en una entidad gobernada con un mínimo de sentido debería haber estado apalabrada ya antes del fin de la competición 20/21.

Lejos de eso, nos encontramos con semanas de incertidumbre antes de que se anunciara la contratación de Toni Otero como nuevo Director Deportivo.

Con dicha incorporación, algunos (entre los que se encuentra el que esto escribe) volvimos a confiar aunque solo fuera un poquito en que la brújula del club pudiera tomar un camino, como mínimo, lejos del disparate.

Claro que no. No tardamos mucho tiempo en darnos cuenta de que el Pontevedra CF seguía siendo un "circo" (con respeto para este gran espectáculo ahora de capa caída) en el que solo faltaba que crecieran los enanos o el gigante forzudo contrajese una grave anemia.


Días después de la llegada de Toni, demasiados días después, que narices, muchos e inexplicables días después, por fin se hace pública la no renovación de Luisito Míguez como entrenador del Pontevedra CF.

Al margen del ruido producido por el de Teo al marcharse, (ruido que no sorprende demasiado, dicho sea de paso, al que esto escribe)  la primera gran sorpresa llega cuando el propio Toni afirma en rueda de prensa que el Consejo le "priorizó" a Luisito pero que no se había llegado a un acuerdo.

Por tanto, la conclusión única a la que se puede llegar es que al nuevo Director Deportivo al que se le contrata y paga para dirigir esa parcela y tomar las decisiones según un presupuesto que se le asigne, se le "sugiere" desde arriba que el entrenador debe ser el que había antes de su llegada en una decisión ya difícilmente explicable si de verdad se quiere que el DD realice su trabajo con libertad.


A pesar de esa solicitud de "priorización", Toni decide "largar " a Luisito para "marcar su territorio" y dar un golpe encima de la mesa para intentar, de verdad, ser autónomo en decisiones tan importantes en su parcela como la elección del técnico.

Claro que las sorpresas ni habían acabado ni habían alcanzado su tamaño mayor.

Hace pocos días nos desayunábamos con un artículo en el Diario de Pontevedra en el que se decía que David Sierra, entrenador pontevedrés que trabajó, entre otros en los cuerpos técnicos del Celta juvenil y B o el CD Lugo, tenía como gran valedor para su contratación a Toni Otero.

Sin embargo, en el mismo artículo venía a decirse (en mi opinión, venía a decirse) que la "cúpula" era más proclive a la contratación de Yago Iglesias y que incluso la Presidenta había comido con este último para tratar su incorporación.

Obsérvese el desaguisado.

Debe ser tal el lío interno dentro del club que hasta hace un día o dos la contratación de Yago parecía un hecho y lejos de haber cristalizado, las informaciones que llegan en es que continúa la "guerra interna" en el seno de la entidad.

Es que a nadie se le cae la cara de verguenza? ¿Es que no va a parar nunca esta forma impresentable de hacer las cosas? ¿Para que se contrata un DD si luego se le discute la decisión más importante que debe tomar que es elegir la persona que dirija técnicamente la plantilla? ¿Vamos a tener que aguantar mucho más tiempo que la persona que se iba a encargar del marketing publicitario siga haciendo lo que le dé la real gana en el club? ¿De verdad creemos que actuando así algún día volveremos a acercarnos siquiera un poco a la institución que un día fuimos? ¿Hay que aceptar sin rechistar que se confunda lo que es una SAD deportiva con su propiedad accionarial legítima con un cortijo indecente donde se destroza año tras año la imagen del club?


La única consecuencia de todo este desastre es que el Pontevedra CF a 1 de Julio sigue sin entrenador, apenas cuenta con ocho jugadores en plantilla y que la sensación de improvisación y caos es auténticamente demoledora.

Para colmo, en algún mentidero futbolístico de la ciudad empieza a rumorearse que una de las pocas certezas en cuanto a apego y sentimiento por el club podría estar cuestionándose su continuidad en el barco.

Ojalá sea solo eso, un rumor sin fundamento, porque podría ser otra decepción profunda en el ya bastante tocado ánimo de parte de la afición granate. 

No aprendemos y lo que es peor parece que no tenemos ninguna intención de hacerlo. 

El comienzo de temporada no puede ser más descorazonador. Ojalá "suene la flauta" y se pueda encauzar una situación que hace mucho, muchísimo daño al Pontevedra CF.

martes, 18 de mayo de 2021

Yo iré en "defensa propia"

 Dentro de pocos meses este blog cumplirá seis años.

A lo largo de todo ese tiempo ha habido ocasiones en las que las ganas de escribir una nueva entrada eran inmensas, otras veces escribir las impresiones de algún partido o de acontecimientos que rodeaban la actualidad del club eran mucho menores y además con pleno conocimiento de que tendría alguna consecuencia.

Han sido años en los que también he tenido la oportunidad de colaborar desinteresadamente con más de un medio de comunicación local.

He tenido el privilegio de conocer a personas maravillosas que viven con pasión extrema pero sana el deporte; a periodistas, futbolistas, entrenadores, directivos y otros personajes cuyos conocimientos y experiencia no hicieron sino enriquecerme por dentro de forma realmente notable.

También he conocido el lado malo que conlleva tratar de decir o escribir siempre lo que pienso; con dureza a veces, sí, pero con honradez y tratando de ser fiel a una forma de entender el fútbol y sobre todo al Pontevedra CF.

Llamadas alucinantes, whatsaps delirantes... en definitiva, algo parecido a lo que me consta han experimentado profesionales de la información de esta ciudad aunque a mí me ha pasado sin serlo.

Esta temporada tan rara, tan diferente y tan estresante surgida en medio de una pandemia devastadora, ha sido sin duda una de las más difíciles a la hora de verter los pensamientos o las impresiones que me iba dejando el equipo a lo largo de las jornadas.

Cuando las cosas van mal hay que decirlo y eso conlleva siempre desencuentros y tensiones que en algunas ocasiones (no muchas, afortunadamente) sí me han resultado dolorosas. 

Este fin de semana, sin ir más lejos, he tenido una polémica de las que sí duelen, de las que si afectan. 

Como este blog es de propia creación y en él escribo lo que me apetece sin sujetarme demasiado a un guión preestablecido, me apetecía decirlo y compartir con los lectores de este blog que discutir con personas a las que estimas resulta doloroso y hace pensar si no sería mejor cerrar la ventana y vivir  tú equipo de fútbol como casi siempre lo he hecho, conmigo mismo y sin hacer partícipe a nadie de lo muy bien que te lo puede hacer sentir y de lo mucho que puede llegar a hacerte sufrir.

Baste decir para acabar con este capítulo desagradable que nunca he dicho o escrito nada para dañar personalmente a nadie y que sí la temporada que viene "enclave granate" sigue existiendo, lo único que puedo garantizar es que en él seguirán apareciendo mis opiniones sinceras y honradas producto exclusivamente de las sensaciones que el equipo me deje y jamás por cualquier otro tipo de causa o interés.


El Domingo que viene el Pontevedra CF se juega, en mi opinión, muchas cosas a corto y medio plazo.

Si ya resulta duro competir en la 2ªRFEF viendo como otros 40 equipos que hasta ahora compartían tú categoría lo harán un peldaño más arriba, sumergirse en el pantano viscoso e insondable de la 3ªRFEF sería algo insoportable.

Insoportable para un club cuya viabilidad en la 5ª categoría de nuestro fútbol sería cuanto menos complicadísima pero sobre todo insoportable para una afición que ha vivido decepciones y fracasos por doquier en las últimas décadas y que no se merece, realmente así lo pienso, no se merece caer tan abajo y de una forma tan grotesca y desesperante.

Como muy bien han escrito en diferentes foros bastantes seguidores granates, directivos; entrenadores; jugadores pasan y varían a lo largo de un periodo de tiempo relativamente corto pero lo que perdura, lo que se mantiene a lo largo de los años es la masa social, los aficionados, esos seguidores que conforman el corazón de un club y cuyo latido no puede pararse so pena de colapso de la propia institución.

Yo el Domingo acudiré a Pasaron " en defensa propia".

Iré básicamente por mí. Porque no merezco ver al equipo hundido en la sima de la 3ªRFEF; porque le he apoyado siempre; porque le quiero; porque antes le quisieron mis ascendientes y porque su lugar no es ese al que podría caer en unos días.

Más al hacerlo por mí mismo, por lo que he vivido por el club, lo hago también por los demás compañeros de sufrimiento, por los otros seguidores granates que también acudirán por ellos mismos y por sus mayores y a la vez por el que se suele sentar al lado y que a veces pita más de la cuenta o el que se pone arriba y que lloró aquella vez que subimos a 2ª o el de abajo que rumia el partido en silencio pero que explota de alegría cada vez que su Pontevedra perfora la meta contraria.

Humildemente, me atrevo a pedir a aquellos que están dudando si acudir; que no tienen claro todavía si someterse "in situ" a 90 minutos terribles de incertidumbre, que lo hagan y que también lo hagan por ellos.

Que por un día, aunque sea por un solo día, se olviden de ese directivo que no soportan, a ese entrenador con el que no congenian o  a ese jugador al que no "tragan".

Que vayan por ellos mismos, por lo que sienten por el escudo y por lo que significa no caer a esa horripilante 3ªRFEF.

Si somos cerca de 3.000 en Pasarón ayudaremos a los nuestros a sobrellevar esa "ansiedad" que dicen que tienen y dificultaremos la labor de un Oviedo B que tampoco quiere hundirse en el abismo y al que debemos presionar desde la grada lo máximo que podamos.

La situación es crítica.

Ya lo fue en otras ocasiones y nos convertimos en protagonistas de la resurrección del equipo.

Hagámoslo de nuevo el Domingo; por nosotros; por el Pontevedra CF.


  



lunes, 10 de mayo de 2021

Cuando tu equipo te hace sentir vergüenza

Quedan dos jornadas para el final y ahora no es el momento de cargar las tintas sobre el equipo, opinan algunos. Ahora hay que apoyar, animar y dejar las críticas para el final, estiman esos mismos.

Muchos de los que todavía buscan el apaciguamiento son los que llevan toda la temporada poniendo paños calientes al incomensurable fracaso del Pontevedra esta temporada y algunos de ellos, para desconsuelo y verdadera tragedia de la entidad, lo hacen desde sus tribunas de prensa ejerciendo de abogados de oficio de unos clientes que no necesitan salir a la palestra a defender lo indefendible pues ya tienen gente bien colocada que lo hacen por ellos.

Lo único realmente cierto, lo que ven los pocos aficionados que siguen yendo al campo cada jornada ( por cierto, "éxito" extraordinario de la política de precios para este partido del Consejo) es que el equipo se diluye como un azucarillo cada semana y va camino de protagonizar uno de los capítulos más vergonzosos de la historia granate.

Porque, falten o no 2 partidos para el final; queden 6 puntos o no en juego, no decir que ayer el Pontevedra produjo vergüenza a muchos de sus seguidores significaría cerrar los ojos a la realidad y "compadrear" como muchos llevan "compadreando" desde el pasado mes de Octubre.

La segunda parte que jugó ayer el equipo no resulta de recibo.

Fue un segundo tiempo vergonzoso, sonrojante y propio de un equipo ya "muerto" y entregado a su suerte; esa suerte que no es otra que llevar al Pontevedra a su peor clasificación en 80 años de competición.

Un grupo de chicos jóvenes, algunos juveniles, que ya estaban descendidos, se pasearon en los segundos 45 minutos por el estadio de Pasaron ante la impotencia  e incapacidad supina de un Pontevedra plagado de jugadores expertos pero que ayer parecían prebenjamines incapaces de pasarse un balón a menos de 2 metros de distancia.

Ya llegó tarde el Pontevedra al partido protagonizando unos primeros minutos de encuentro deleznables que no podían acarrear otra circunstancia que ese gol del Sporting que ponía al filial por delante.

Por lo menos, tras el 0-1 y en el resto de la primera mitad. el equipo trató de rebelarse y consiguió meter más o menos atrás a su rival.

A pesar de ello, el espectáculo ofrecido por Luisito en la banda era, cuanto menos, desalentador. Bronca tras bronca tras bronca que lejos de dotar de cierta tranquilidad al grupo lo que parecía conseguir es dotar de más nerviosismo a los increíblemente desesperados futbolistas granates.

Del 4-3-3 a una especie de 3-4-3 entre grito y grito y alarido y alarido dada la aparente falta de entendimiento de los jugadores a lo que realmente quería el técnico.

Aún así, insisto, el equipo consiguió hacerse con el balón, penetró por bandas en ocasiones y logró el empate y casi ponerse por delante en la mejor jugada del partido en la que Borja envió una pelota al poste.

Lo lógico, lo normal, lo que en definitiva tendría que haber ocurrido, es que tras el descanso se templasen los nervios; se ordenase de una vez con calma la ubicación que se quería de los jugadores sobre el campo y se siguiese en esa línea dominadora que pudiera desembocar en el gol de la victoria.

Pues no.

Lo que vino a continuación fue el más espantoso de los ridículos del equipo esta campaña en casa ( y mira que ha habido ya varios).

El único "argumento", la única "solución"  que el equipo encontró para tratar de crear peligro al rival era nada menos que el pelotazo de Alvaro Cortés desde su área hacia la zona de tres cuartos asturiana sin que en ningún momento tal herramienta sirviera para ganar ni la más mínima ventaja para nuestros intereses.

No solo sucedió eso sino que el Pontevedra empezó a demostrar una inseguridad defensiva y una "empanada" de tal calibre que el Sporting empezó a acumular ocasiones sembrando el pánico en un estadio que presenciaba atónito el desempeño impresentable de los suyos.

En medio de tanta impotencia y de tanta desesperación, solo en una falta mal lanzada por Damian que se envenenó a la que respondió el meta con una palomita y en un cabezazo de Jorge igualmente neutralizada por el meta en buena intervención, pudo el Pontevedra salvar los muebles a pesar de su pésima actuación.

Por contra, hasta cinco ocasiones pintiparadas para marcar tuvo el Sporting. 

Tres de ellas en uno contra uno contra Alvaro Cortés que salvó los dos primeros demostrando que el sí había llegado al partido pero que nada pudo hacer ya en la tercera ocasión en la que le encararon en una pérdida gravísima que como suele pasar le pasó a uno de los pocos jugadores que esta temporada ha rendido algo, Imanol, que de manera incomprensible perdió una pelota mortal que no desaprovechó un delantero gijonés.

Ayer se vieron cosas realmente alucinantes.

Lo primero, ese nerviosismo de un equipo con cinco o seis treintañeros en su once que parecían niños imberbes viendo como el paso de los minutos los empequeñecía cada vez más hasta convertirlos en meras briznas de aire.

Lo segundo, decisiones como la de cambiar a un Zabaleta horroroso pero sano en vez de a un Alex González cuyos problemas que le hicieron ser duda antes del partido eran evidentes tras el descanso y provocaban que el equipo estuviera jugando con diez hombres y medio ( y ese medio por el pundonor que trató aún así de poner el capitán aunque claramente mermado en lo físico).

O volver a ver a un Xisco Campos con experiencia en 1ºdivisión hace dos telediarios superado por la situación y regalando ocasiones de gol a mansalva a los jugadores del Sporting.

O ver otra vez a Charles completamente desdibujado, con una falta de confianza increíble y además señalado por su entrenador al ser objeto de un cambio en el minuto 80 que por supuesto solo empeoró, si cabe, un poquito más al equipo.

O ese Aitor Nuñez otra vez incapaz de controlar un solo balón, o a Damían y Borja perdidos en medio campo sin poder coger la brújula en ningún momento.

El espectáculo ofrecido por el equipo en esa segunda parte, en definitiva, no se puede calificar de otra manera que vergonzoso y pone al Pontevedra en una situación límite que resulta absolutamente insoportable.

Por jugar de esta forma, al pelotazo sin sentido, este atribulado bloguero le dio mucha caña a Jesús Ramos. 

La segunda parte de ayer empeora incluso algunas de las actuaciones en casa de este equipo a lo largo de la temporada y no es de recibo que a estas alturas y con los jugadores que Consejo y parte de la prensa dicen que tenemos, se siga jugando de esta manera tan horrorosa, tan lamentable y lo que es peor tan poco fructífera a la hora de conseguir puntos.

En seis partidos de la segunda fase solo hemos ganado al Covadonga y además en casa dando bastante pena.

A estos 6 encuentros habría que añadir el de Guijuelo que ya era a casi todos los efectos partido de 2a fase y en el que también se hizo el ridículo.

Ya basta, de verdad.

Ya basta de tanta incompetencia, de tanta desvergüenza y de tantos y tantos errores que están generando al Pontevedra humillación tras humillación y que pueden acabar con el mayor varapalo sufrido en ocho décadas.

Creo sinceramente que esta afición no se merece esto.

Que alguien haga algo porque así nos vamos al 5º escalón del fútbol español y eso, diga quien diga lo contrario, sería lo más grave y penoso que le haya ocurrido al club desde el día de 1941 en que nació.