lunes, 9 de mayo de 2022

De hecatombes, Pitágoras y realidad virtual.

 La jornada era tan diabólica que existían hasta cinco versiones diferentes del final del capítulo.

A diferencia de lo que ocurre con muchas de las series con las que disfrutamos últimamente cuyos creadores ruedan varios de esos finales de los últimos episodios y luego escogen cuales de ellos emitir, en este caso solo se rodaría uno y se haría sobre la marcha, según se fueran produciendo los acontecimientos en los dos escenarios en los que se ambientaba el espectáculo, Pontevedra y Luanco.

Cabía la posibilidad de que el final elegido para la penúltima entrega fuera el más funesto, el peor para nuestros intereses, el que nos colocase otra vez detrás de nuestro rival y sin poder ser dueños de nuestro destino en el último acto de esta temporada.

Existían las opciones intermedias que nos situarían con la necesidad imperiosa de ganar o por lo menos empatar en Palencia para salirnos con la nuestra. Estas eran dos alternativas dotadas de suspense, es evidente, pero que todavía nos dejaban con los naipes ganadores en las manos. 

La cuarta vía era la soñada, la maravillosa, la que tanto se anhelaba por estos lares y que haría innecesario el último episodio de la dichosa serie. Nosotros ganábamos, ellos no lo hacían y el ascenso se convertía en matemático, inapelable, a salvo incluso de hecatombes futbolísticas no conocidas desde el "maltazo" del 83. 

Pero había una quinta posibilidad, la más "random" , la más acorde con los tiempos convulsos en los que vivimos. "El ascenso no ascenso"; "El sí pero todavía no". "El me ha dicho que me ama, que vive el mundo a través de mis ojos pero que se tiene que ir de viaje una semana por trabajo y no me abrazará ni besará hasta dentro de 7 días".

Esa combinación que solo podía darse si el Pontevedra empataba y el Adarve perdía.

La que nos dejaba con 3 puntos de margen y 15 goles de diferencia en el golaverage general (al perder por 2 el equipo madrileño en Asturias).

Es decir, la situación rocambolesca de que estoy ascendido pero en la que existe todavía la posibilidad de la tragedia, de la catástrofe, de la quimérica mezcla de una derrota propia en Castilla y una goleada "remalterizada" del Adarve en su casa.

Qué hago si se da esa opción estrafalaria que te pone en 1RFEF al 99,90 % de posibilidades en el último capítulo que, ahora sí, tendrá que emitirse? 

¿Celebro mucho, celebro poco, celebro " a medias"? 

El equipo decidió celebrar bastante y en mi opinión hizo bien.

Con el pitido final del choque y el Pontevedra sacando córners en corto en el descuento sabedor de lo que estaba pasando en Asturias, los jugadores saltaron alborozados como saltarían aquellos que saben que su objetivo está consumado por mucho que las matemáticas se esforzaban por decirles que todavía no y que existía esa posibilidad de hecatombe.

Los aficionados que eran muchos, muchísimos en las gradas de Pasaron, elevaron sus brazos al viento y una vez abandonado el terreno de juego por el trío arbitral, se animaron incluso en buen número a saltar al césped para abrazar a futbolistas y miembros del cuerpo técnico.

La rueda de prensa posterior al choque fue la propia de un ascenso consumado, la fiesta en la zona vieja en las horas posteriores con la presencia de jugadores y entrenador, también lo fue aunque sin ese toque institucional de ofrendas o visitas a diferentes sedes políticas que a buen seguro se producirá la semana que viene.

Y es que ese +15 en el average hace impensable, que si se mantienen las formas y la dignidad futbolística por todos los protagonistas, la situación pueda dar un vuelco.

A mayores, se da la circunstancia adicional de que nuestro rival, el Palencia Cristo At, necesita solo un punto para asegurar su presencia en el play off de ascenso y que la diferencia entre quedar cuarto o quinto (los violetas podrían aspirar a ese cuarto puesto) es mucho menor que la que existe entre quedar quinto y sexto, circunstancia que se daría si el Pontevedra les gana y el Coruxo y el Bergantiños sacasen adelante sus duelos.

Cómo se llegó a la combinación que convierte nuestro ascenso en virtual y todavía no en oficial? En Luanco no sé pero en Pontevedra a través de un partido que el Pontevedra pudo sentenciar en el primer tramo pero que se fue complicando como muchos de los partidos que hemos jugado últimamente, sobre todo por no ser contundentes en defensa.

Los primeros minutos fueron vibrantes. 

Antes del 2, ya había cogido la pelota Oier, avanzado con ella cosida al pie ganando a rivales por velocidad y dejándose a la derecha a Rufo para que este mandase un centro pasado que fue rematado a gol de manera acrobática y brillante por el capitán que los manda.

El campo se venía abajo, lo mejor que nos podía pasar, sucedía. Un gol rápido que nos daría tranquilidad y llenaría de dudas al rival.

Alex Glez estaba desatado y poco después de marcar casi repite con un lanzamiento en parábola desde más de 40 metros que no se fue fuera por demasiado y que de haber entrado habría colocado a Pasarón del revés.

El equipo empujaba y quería algo más pero pronto el Salamanca se asentó y comenzó a llegar con más intención y peligro a nuestra zona de retaguardia.

Allí apareció Cacharron para hacer una gran parada y evitar el empate y dejar claro que el arreón inicial del equipo se había calmado y que el partido entraba en otra fase.

Y esa fase ya la conocemos de otras veces. Es esa fase en la que transmitimos bastante inseguridad defensiva y en la que al no ser lo suficientemente contundentes parece que la pirámide se tambalea un poco.

Se sufrió en varias llegadas salmantinas aunque sin que se generasen opciones claras de gol e incluso el Pontevedra pudo aumentar su ventaja en un lance poco habitual este año, el balón parado.

Dos remates, uno de Churre y otro de Soto, tras sendos corners estuvieron a punto de doblar el resultado a nuestro favor.

Qué decir de la segunda parte? 

Pues que antes de los diez minutos se cantaba con estruendo por el fondo norte un gol que no fue nuestro pero que lo pareció. Era el primero del Marino.

Y que ni dos minutos después de esa algarabía que nos puso los corazones a mil llegaba el gol del Salamanca en otra de las múltiples acciones en esta campaña en la que nos cogen "en las patatas" tras un balón parado en contra. En esa ocasión, un balón despejado hacia la frontal en la que un rival recibe solo y conecta un zapatazo esquinado que Cacharrón no es capaz de despejar.

Ese corazón que estaba "a mil" tras el gol asturiano pasaba "a casi cero" en tiempo récord con ese empate a traición salmantino que volvía a ponernos las orejas muy tiesas.    

Creo que fue en ese momento del partido en el que el equipo charro se equivocó.

Mi sensación es que el Pontevedra notó el golpe y atravesó un pequeño mar de dudas tras el gol encajado y veía además como primero Seoane y luego Rufo se rompían definitivamente después de estar un tiempo renqueantes sobre el terreno de juego.. y no estaba Charles para acudir al rescate.

Y ese error salmantino, a mi juicio, consistió en volver a dar un paso atrás en su posicionamiento y no seguir acogotando al Pontevedra en busca de la remontada en el marcador.

Esa actitud visitante terminó por serenar al Pontevedra al que ayudó también el segundo tanto del Marino que consolidaba la derrota del Adarve y hacía muy pero que muy jugoso el empate.

Aún así, el Pontevedra volvió a encontrarse y acarició el segundo gol en una doble ocasión en la que ni Brais primero ni Romay después encontraron el gol que habría convertido el ascenso en matemático según las reglas de Pitágoras.

Hubo tiempo también para el susto cuando en otra acción en la que volvimos a pecar de blandos el rival se acercó con mucho peligro a nuestro área pero fue señalado un fuera de juego que enfadó mucho al Salamanca.

Luego el Pontevedra ya lo tuvo claro. Los últimos minutos del tiempo reglamentario y los 5 de añadido se jugaron con los granates contemporizando muy bien, sacando córners en corto y desquiciando a un rival al que las prisas le entraron muy tarde y acabó el partido con 10 por protestas reiteradas al colegiado. 

Con el final lo que ya se ha contado antes.

Euforia, emoción, celebración y toma de conciencia de que el ascenso es virtual pero también real, insisto, si las cosas marchan por el único camino por el que deberían ir; la normalidad, la decencia y la deportividad. 

El que esto escribe, que como los lectores saben, vive en continuo atribulamiento y desasosiego, cree también que estamos ascendidos pero prefiere dejar balances, valoraciones e incluso sentimientos profundos que le genera este ascenso hasta dentro de unos días.

Eso días en los que ya se haya emitido el último capítulo de la serie.

En los que el final haya sido el esperado y no uno lleno de catástrofes, tornados y desgracias varias.

Es que uno es como es... y no puede evitarlo. 

 


   

jueves, 5 de mayo de 2022

No vamos a una fiesta

Creo que resulta conveniente, ya de entrada, recordar algo importante de cara al partido del próximo Domingo frente al UDS Salamanca.

No vamos a una fiesta, en principio, no vamos a un "sarao" en el que nuestros jugadores vayan a salir "bailongos" a interpretar grandes piezas de danza y la música a todo volumen nos invite desde la grada a unirnos al jolgorio.

Quizá después de los 90 minutos sí empiece una fiesta; una enorme, gozosa y maravillosa fiesta que no resultaría empañada por el horario que aunque repetido en estos últimos finales de temporada no deja de ser contrario al sentido común futbolístico, el sinsentido impuesto por una caótica RFEF.

Ahora, a lo que acudimos en primera instancia, lo que vamos a ver en primer lugar, es otro partido dramático, dificilísimo y lleno de incertidumbre en el que el Pontevedra CF volverá a pasarlo mal en diferentes fases del mismo.

No, lo anterior no corresponde a un pesimismo irredento o fatalista sino a una exposición clara de unos hechos, hechos que como vengo repitiendo desde hace semanas tengo una gran confianza en que terminen con un final feliz.

Necesitamos el ascenso, vaya si lo necesitamos.

Fuimos con todo la temporada pasada en la que las aspiraciones no se quedaban simplemente en instalarse en la nueva 1RFEF sino conseguir jugar el play off de ascenso a 2ª y nos encontramos con un fracaso doloroso y preocupante también a efectos económicos.

El tremendo golpazo recibido no evitó que esta campaña, en una categoría a la que no debimos caer, se mantuvieran algunas de las piezas más importantes y se tuviera como único e inexcusable objetivo salir de aquí y emerger con un año de retraso a la tercera categoría del fútbol español, que a pesar de las promesas incumplidas otra vez por la RFEF sigue manteniendo más atractivo que la antigua 2ªB.

El Domingo podría ser el día en el que ese paso se dé aunque un año "en diferido" como diría alguna ínclita ex política de este nuestro curioso país.

No dependemos solo de nuestra victoria para descorchar el champán sino que sería necesario que el U.Adarve no gane en el campo del Marino de Luanco .

Aunque, si somos sinceros, alguna otra de las múltiples combinaciones que pueden darse al final de la jornada también nos pondrían en 1RFEF de manera virtual y ese champán podría ser puesto a enfriar en la nevera sin ningún problema a la espera de ser bebido siete días después. 

Ese caso se daría si acabamos el día con 3 puntos de margen con el Adarve fruto, por ejemplo, de un empate nuestro y una derrota suya. En ese caso, insisto, el ascenso estaría consumado no de forma totalmente matemática pero si claramente virtual.

Pero esos números habrá que analizarlos después de los 90 minutos. Después del partido es cuando sabremos si hemos subido matemáticamente, si lo hemos hecho virtualmente, si será necesario un punto en Palencia, si habría que ganar en la ciudad castellana o incluso si se da el peor de los escenarios que nos dejaría sin depender de nosotros y con el futuro en manos del Adarve.

Antes se jugará un partido con relación al cual se puede aplicar la frase tópica de " a vida o muerte".

El rival no es un rival cualquiera. 

La UDS Salamanca, heredera del poder institucional del tristemente desparecido UD Salamanca, también tenía la campaña pasada objetivos más ambiciosos y acabó con nosotros jugando la fase por evitar la 3RFEF y también aspiraba a mucho más este año y puede verse ahora con los huesos en esa 3RFEF.

Esa circunstancia, bajar a 3RFEF, sería una cuasi tragedia deportiva para este equipo (quizá al mismo nivel o incluso superior a la que supondría para nosotros no subir) y ello hace que el partido adquiera una dificultad de primer orden y en la que habrá que poner sobre el césped los mejores argumentos con los que contamos para sacar adelante este "combate".

Me gustaría comentar antes lo que me preocupa y luego buscar la ilusión con lo que me esperanza.

Me preocupa lo mucho que que estamos regalando atrás desde hace ya muchos partidos y que convierten los choques en películas de suspense permanente en la que nos salvamos al final y a duras penas de ser pasto de la necesidad sanguinaria del asesino de los films.

En ese sentido, el UDS Salamanca es el equipo menos goleado del grupo y cualquier "alegría" defensiva que experimentemos nos puede costar mucho más caro que en otras ocasiones.

Me preocupa la baja caprichosa de Charles.

Si hay un jugador en el que pienso cuando un partido se enreda y se complica para que aparezca y meta su pierna, su cabeza o su hombro para resolverlo con un gol salvador es en el brasileño. 

No poder contar con nuestro pichichi y mejor jugador (independientemente de que el entrenador lo ponga de titular o no) y no poder hacerlo por (insisto) el capricho de un árbitro curiosamente salmantino que vio un problema de seguridad donde no lo había y por la "injusticia deportiva" que rige el fútbol español desde siempre, con unos jueces de competición que funcionan casi peor que el var de las categorías profesionales al interpretar las normas reglamentarias, sí, me preocupa y me indigna a partes iguales.

Léanse el artículo del reglamento, por favor, y vean las imágenes de la celebración. 

Valoren si Charles se encarama a alguna valla, si se acerca a aficionados o si en algún momento la situación conlleva un mínimo de peligro para los allí presentes. Les anticipo que van a alucinar pues cualquier persona con dos dedos de frente solo puede "flipar" con las decisiones que a veces se toman en el fútbol.

Me preocupa, en definitiva, como ya he dicho antes, lo muchísimo que también se juega un rival que podría acabar descendido si pierde aquí e incluso terminas casi desahuciado empatando.

Vamos con lo bueno, con las cosas que me hacen sonreír el corazón incluso en estos días en los que me apetece de todo menos ensayar una sonrisa.

Me ilusiona ver otra vez las gradas muy pobladas con el fondo norte retumbando y el resto del estadio metido en el partido.

Me ilusiona que el equipo consiga asimilar ese ambiente como positivo, como una mecha que solo necesita ser encendida con su rendimiento para empezar a superar al rival sobre la hierba.

Me ilusiona que esta vez sí estemos concentrados como equipo en defensa y no concedamos nada al contrario que dicho contrario no merezca por posibles acciones brillantes.

Me ilusiona imaginar a nuestro capitán haciendo suya la banda izquierda y conmovernos con sus carreras, sus regates y sus centros. Por cierto Alex, después de lo de Ceares ya prescindo no solo del escudo sino también del tirachinas, si usted lo considera necesario.

Me imagino también a Brais, que lleva un par de partidos algo más gris, volviendo a exhibir su clase moviéndose por todo el frente de ataque y oxigenando nuestro juego ofensivo.

A Yelko gambeteando y filtrando algún pase de gol; a Román empujando a Oier volviendo a sacar el florete para rasgar la banda derecha y a Rufo haciéndonos olvidar la baja de Charles haciendo lo que mejor sabe que es marcar...

Me ilusiona, en definitiva, pensar en ese equipo que ha demostrado ser capaz de desbaratar defensas contrarias con un paciente pero profundo juego colectivo y que cuando ha ofrecido su mejor versión lo ha hecho compatibilizando esa organización en ataque sin conceder apenas nada en defensa.  

No, en principio no vamos a una fiesta. 

Vamos a vivir un partido tremendo, a sufrir al compás del equipo, a animarlo, a cuidarlo, a demostrar cuanto lo queremos.

Ojalá con el pitido final sí suene la música, si lleguen los bailes, si saltemos todos alborozados por haber logrado el objetivo.

Ese si sería el momento para una gran fiesta; para una fiesta rachada. 

   

   



 

martes, 26 de abril de 2022

Tirachinas, floretes y un paso de gigante

No sé si a alguno de los lectores de este blog les pasa lo mismo pero lo cierto es que el que esto escribe acaba últimamente los partidos del Pontevedra CF en casa completamente exhausto.

Músculos agarrotados, boca seca, respiración desacompasada y ese inmenso alivio final al escuchar el silbato del árbitro indicando el final de partido mientras los tres puntos en juego corren a refugiarse en el vestuario granate bien resguardados en cualquier taquilla y a salvo de las garras del equipo visitante.

Y eso que la tarde parecía tranquila, extrañamente tranquila alrededor de las cinco y media de la tarde. Tres cero arriba aquí nosotros y dos cero abajo el Adarve en Carballo y jugando los madrileños con un futbolista menos.
Algunos en la grada no podíamos evitar mirarnos con estupor ante un desarrollo tan plácido de los acontecimientos.

Claro que esa calma chicha vino precedida por el sobresalto inicial que ya se ha convertido por desgracia en tradicional por estos lares. 
En esta ocasión, por obra y gracia de Cacharron y porque no decirlo de una norma arbitral controvertida y susceptible de diferentes interpretaciones, el susto no pasó a mayores.

El Pontevedra CF ha defendido casi siempre a lo largo de la temporada muy mal y negarlo resulta absurdo.
Tan solo en ese tramo de la primera vuelta en la que se inició la remontada, el equipo logró un equilibrio casi perfecto entre la posesión controlada  a veces y con más profundidad en otras ocasiones para monopolizar el balón y conseguir que los rivales casi ni tirasen hacia nuestra portería.

Luego volvimos a "relajarnos" en esa faceta y ese equipo marmóreo se fue difuminando de nuevo hasta este tramo de competición en la que encajamos muchos goles y además por errores graves que no se deberían cometer.
   
Frente al Langreo el Pontevedra volvió a sufrir mucho en defensa, pero mucho.

Los primeros minutos fueron una pesadilla con alguna llegada peligrosísima del conjunto asturiano que aprovechaba fallos individuales enormes de miembros de nuestra retaguardia y fruto de ese mal posicionamiento defensivo llegó la jugada del penalti.

Pana, delantero centro del Langreo que llevó por la calle de la amargura a nuestros centrales a lo largo de casi toda la primera parte, recibía un balón en profundidad a muchos metros todavía del área y se plantaba delante de Cacharron con una facilidad pasmosa.

Soto, que llegaba por detrás, le derriba con claridad y la señalización de la pena máxima no tenía duda alguna.
Durante unos segundos este atribulado bloguero literalmente tembló mientras el árbitro se dirigía al ex compostelanista con la mano metida en el bolsillo de las tarjetas.

"0-1 y con 10 todo el partido, me dije" completamente apesadumbrado. 

Pues no. Al final, ni roja supongo que por entender el "trencilla" que Soto intentó disputar el balón en el lance que acabó con el delantero asturiano en el suelo (de lo contrario la expulsión no tendría discusión) y tampoco ese 0-1 por la meritoria parada de un Cacharron que compensaba con esa acción varias de sus dudas de los partidos anteriores.

A pesar de que en esa primera parte el Pontevedra siguió muy inseguro atrás, el gran susto pareció espolear al equipo que empezó a dirigir el partido y a llegar con peligro al área contraria.

Apareció el que siempre aparece, Alex Glez, para penetrar por banda izquierda, rebasar con un precioso túnel a su par y enviar un centro medido al que casi nunca aparecía pero que ahora sí lo hace, Oier Calvillo, que remataba de cabeza y también con el alma ese balón para hacer el 1-0.

Es Alex González ese capitán corajudo y con barba de varios meses bajo cuyo mando no dudaría en acometer a una manada de orcos de cualquier libro de Tolkien con un simple escudo de cartón y un tirachinas. 
Cuando juega así, con velocidad, con chispa, con arrojo y con determinación, estaría incluso dispuesto este atribulado bloguero a prescindir del escudo y lanzarme contra esos bichos con ese solitario tirachinas.

Por contra, es Oier Calvillo ese exquisito tirador de esgrima perfectamente afeitado cuya calidad nadie discute pero que por unas razones u otras solo exhibe a dosis muy reducidas y espaciadas en el tiempo.
Frente al Langreo estuvo bien, logró marcar, estar en varias ocasiones más y alcanzar esa regularidad en el partido que tanto echamos de veces otras veces.

Ojalá siga así el navarro porque cada vez menos gente duda ya que en sus piernas esconde grandes raciones de fútbol. 

No mucho tiempo después del 1-0, Román agarraba un balón en la frontal del área, algo escorado, para soltar un zapatazo descomunal que enviaba la pelota a la escuadra y colocaba la tranquilidad del 2-0.

Estuvo el chaval del 19 años el otro día realmente acertado. No ya por ese bonito gol que es el primero que mete en Liga sino por su trabajo de recuperación y trabajo en el centro del campo que se hace muy necesario para el equipo.

Y llegó el tercero al filo de la media hora marcado en posición dudosa por Rufo y todo parecía ya finiquitado tanto en Pasarón como en As Eiroas.

Porque al mismo tiempo que llegaban los goles granates que compensaban sus imprecisiones defensivas, llegaban también grandes noticias desde Carballo. El Bergantiños ya ganaba 2-0 y el U. Adarve jugaba con 10.

Todo perfecto.

La primera piedrecilla en el camino llegó, no obstante, antes del descanso.

Otra espalda ganada por el Langreo en nuestra banda izquierda defensiva y otro centro al corazón del área en el que no aparecen los centrales y el lateral derecho, Seoane (que ya había evitado un gol minutos antes en una acción similar), no tiene tiempo de llegar esta vez para evitar el gol visitante.

Todo seguía, a pesar de ese tanto asturiano, completamente de cara y Pasaron que volvió a mostrar un buen aspecto respiraba felicidad por los cuatro costados al ver a su equipo otra vez líder de la competición.

El inicio de la segunda parte se pareció al de la primera en el mayor empuje del equipo rival si bien no logró crear las ocasiones tan peligrosas de los primeros minutos del choque.

Además, el Pontevedra logró rehacerse a una reanudación algo pausada y pronto tomó, esta vez sí, el dominio de la situación sin sufrir tanto atrás como en el primer tiempo.

Fue en ese tramo del partido en el que se debió sentenciar completamente la contienda si se hubiese tenido un mínimo de acierto ante la portería rival, ese acierto que sí se tuvo en los primeros 45 minutos.

Alex Glez seguía entrando por banda izquierda y le otorgó otro balón de oro a Oier que está vez mandó fuera el navarro.

Brais tuvo otra muy clara; el propio Oier pudo marcar con un izquierdazo precioso desde la frontal repelido en espectacular parada por el portero... pero el cuarto no llegó y lo que sí lo hizo fue el segundo del Langreo en una acción en la que volvimos a pecar de falta de contundencia.

La jugada asturiana volvió a nacer por su banda derecha de ataque y el centro fue rematado de cabeza en el corazón del área pequeña por un punta rival para ponernos el corazón en un puño.

Parecía mentira que después de ir por delante con tres goles de margen el equipo tendría que acabar sufriendo pero así es este equipo y esta entidad y, además, si no fuera así es que no sería ni este equipo ni esta entidad.

Y la verdad es que ese sufrimiento de los últimos diez minutos más prolongación llegó más por lo mucho, lo muchísimo que había en juego, que por el peligro real que el Langreo creó en ese tramo postrero del choque.

Lo vimos tan resuelto y tan asegurado que con ese 3-2 se nos aparecieron a casi todos viejos fantasmas del pasado y eso que aún en el hipotético caso de que su hubiera producido el empate, el Pontevedra CF habría continuado de líder y dependiendo de él mismo. Pero psicológicamente habría sido duro.

Esos minutos pasaron, insisto, con la incertidumbre del resultado pero sin que el Langreo consiguiera llegar con verdadero peligro a Cacharron y el partido llegó a su fin con la victoria y con el destensamiento muscular de buena parte de los aficionados granates que pudimos echarnos para atrás en nuestras butacas con esa sensación de alivio y alegría por el triunfo.

El desenlace de la jornada 33 del campeonato supone un espaldarazo muy importante para nuestras aspiraciones.

Hemos dado un auténtico paso de gigante para lograr el ascenso e incluso nos valdrían 7 puntos de 9 siempre que el Adarve no logre los 9 y supere los 12 goles que le llevamos en el coeficiente general, lo que resulta quimérico con tan solo 3 partidos en juego.

Ahora bien, las emboscadas pueden gestarse en cualquier recodo del camino, en cualquiera.

Eso incluye el campo del U.Ceares por mucho que el admirable equipo asturiano lleve descendido varias jornadas y acumule goleadas en contra en sus últimos partidos.

Antes de dichas goleadas, no hace tanto tiempo y cuando su situación ya no tenía solución, fueron capaces de vencer al R.Avilés por un tanto a cero. 

No puede haber mejor aviso que ese para que el Pontevedra CF salga el Sábado a ese campo sabiendo que para ganar cualquier partido hay que ponerlo todo desde el comienzo porque enfrente se encontrarán a unos compañeros de profesión con el orgullo y la humildad suficiente como para competir lo mejor que puedan.

El Pontevedra debe afrontar el partido como lo que es. 

Otra final decisiva para conseguir el ascenso en la que habrá que poner el trabajo y el fútbol necesario para dar otro paso gigantesco hacía la 1RFEF.

Animo equipo¡. Estamos muy cerca¡¡.  

  


 
        

martes, 19 de abril de 2022

Resiliencia

Se puede decir que el Pontevedra CF falló el pasado Domingo en en el campo de A Lomba? Sí, se puede decir.

Tras muchos quebraderos de cabeza y jornadas y jornadas remando contra corriente se consiguió con aquel "hombrazo" de Charles alzarnos de una vez con el liderato y poder observar al U.Adarve por el espejo retrovisor.

Quedaban cinco finales para mantener el primer puesto y en la primera piedra del camino (complicada y con borde afilado, pero primera al fin al cabo) llegaba ya un tropezón que hacía escurrirse de nuestras manos ese botín tan codiciado y que tanto había costado conseguir.

Estuvo tan mal el Pontevedra como para no ser acreedor a la victoria? Es posible que no pero lo que sí es indiscutible es que cometió algunos errores que en esta clase de partidos cuesta mucho poder superar.

La principal equivocación granate (o azul hace dos días pues por una razón que se me escapa no lucimos la primera equipación) fue la de encajar un tanto evitable que nos puso por detrás en el marcador generando dudas propias y confianza a raudales en el rival.

No había salido del todo mal el Pontevedra. Algo espeso, sí. Algo más lento y sin esa gran capacidad combinativa que pudimos ver en O Vao, también, pero tratando de dominar el choque y llegar al área contraria en busca de ese gol que cambiase para mejor todo el decorado.

Es cierto que el Arosa apretó bien, nos buscó las cosquillas e interpretó a la perfección el papel de esperar, morder y salir como alma que lleva el diablo cada vez que se cometiera un error en la combinación pero lo cierto es que antes del primer gol del partido, sin estar demasiado cómodos, se jugaba bastante más cerca del área arlequinada que en la visitante.

Después del gol, efectivamente, se vivieron momentos más complicados. El Arosa, que se jugaba la vida por abajo, ganó en tranquilidad y convicción en el plan que desempeñaba y pudo hacer el segundo en una contra bien llevada. El Pontevedra trataba más mal que bien que digerir el golpe y sin conseguir apenas generar peligro real en la portería local salvo un remate de Figueroa que se estrelló en la pierna de un jugador del Arosa.

La segunda parte pareció comenzar con el mismo guión pero con el paso de los minutos el Pontevedra fue ganando más presencia sobre el terreno de juego, llegaron los primeros cambios y las ocasiones de gol visitantes.

Rey la tuvo pintiparada a la salida de un corner provocado por una buena ocasión de Charles. Luego Brais también la tuvo en un remate que se fue arriba y en cuya ejecución intervino también un defensa agarrando sutilmente al delantero para que no pudiera dirigirlo con total precisión.

Eso sí, el partido estaba peligroso porque el Pontevedra arriesgaba y el Arosa acechaba al contraataque y precisamente de esa forma pudo aumentar su ventaja el equipo villagarciano en una acción bien salvada por un Cacharron que compensaba en parte su mejorable actuación en el gol arosista.

El Pontevedra llegaba y llegaba a medida que el partido expiraba y en una de esas llegadas A.Rubio es objeto de un claro penalti que lejos de ser señalado es convertido por el colegiado en la segunda amarilla para el interior pontevedrés.

Estoy dispuesto a admitir que alguien me discuta que no es pena máxima por no ser suficientemente fuerte el contacto (aunque insisto en que para mí, es clara) pero por lo que no puede pasar este atribulado bloguero es que por esa acción en la que el contacto es evidente se pueda echar a un futbolista de un terreno de juego.

Ahí parecía que todo podría acabarse, pero no.

El Pontevedra siguió apretando y poco después llegó el empate en una acción de fe de Yelko, Alex, Charles y finalmente Rufo.

El conjunto granate, a pesar de la inferioridad numérica, transmitía buenas sensaciones y también la fuerza suficiente como para lograr darle la vuelta al marcador y estuvo bien cerca de hacerlo.

Es verdad que el cambio de Rufo nada más empatar nos dejó algo fríos porque en ese momento el equipo parecía estar bien pero también es cierto que la ocasión más clara para hacer el 1-2 llegó después del controvertido cambio en una gran acción primero de Brais y después de Romay (relevo de Rufo) que filtró un gran pase para la carrera de Charles.

Por desgracia, el balón del brasileño se fue cerca de uno de los postes de la portería arosista dejando tambaleando los corazones granates que vieron en esa acción  la posibilidad de hacerse con el partido.

Todavía tuvo otra el Pontevedra en una acción en la que Brais y Romay estrellaron sendos balones en los cuerpos de dos rivales y en la que finalmente Yelko no pudo dirigir bien su remate acabando el cuero en las manos del portero local. 

Con el pitido final llegó también ese clásico "maremagno" de sensaciones propias de una temporada que está próxima a su final.

No pude evitar pensar que en el minuto 74 del partido del U.Adarve , con ese 0-1 del Leganes B, el Domingo futbolístico parecía apuntar "oros" y finalmente lo que pintaron fueron "bastos".

Habíamos remado y sufrido mucho para ser primeros y tan pronto se nos marchaba de nuevo el primer puesto.  

Regresaba la condena de no ser suficiente solo ganar nuestro partido sino que había de nuevo que girar la mirada al choque del Adarve suspirando por un nuevo tropiezo madrileño.

No habíamos sido contundentes en Villagarcía. No habíamos logrado imponernos como deseábamos y a pesar de que el equipo quiso e intentó por todos los medios llevarse la victoria, esta no había llegado. 

En la cabeza otra vez el tema de si es mejor jugar con uno o dos delanteros; si es demasiado malo para el equipo perder la profundidad de Alex; si Araújo estaba para aguantar el tipo en A Lomba...

Son debates lógicos y legítimos pero a estas alturas creo que ya algo fútiles aunque en el calor de los partidos nos hagamos esas preguntas.

Digo que a estas alturas son fútiles porque cuando queda tan poco, cuando son ya solo 4 los partidos que quedan para llegar a la meta y cuando el objetivo a conseguir es tan importante, esos debates que nos han entretenido, preocupado, divertido e incluso soliviantado a lo largo de la temporada, ahora pierden algo de fuerza ante lo único que resulta importante y que es ganar y solo ganar.

Con los errores que a buen seguro se han cometido desde principios de temporada y con los aciertos que también los ha habido, estos son nuestros jugadores y entrenador hasta el final de la competición y en las piernas y el corazón de estos hombres radica y nuestra alegría o tristeza al final de este camino.

Cuando llegue ese final, y yo seré el primero, se harán todas las críticas que el equipo y "los de arriba" merezcan. Creo que ahora convienen unas semanas de "tregua".

Por lo menos yo, como seguidor, siento la presión e imagino por tanto la que deben estar sintiendo los futbolistas a medida que la Liga se acaba y el margen de error desaparece.

Sí. 

Es la responsabilidad que asumieron al jugar aquí, está claro. Es su trabajo y su obligación es soportar y superar esa presión pero eso que es una gran verdad no hace que desaparezca y que haya que saber manejarla en estos últimos partidos.

La afición se está portando de cine, tanto fuera (que gozada lo de A Lomba) como en casa en los últimos partidos.

Estamos jugando nuestro papel. 

Convertir nuestros nervios en apoyo, empuje y vitaminas para el equipo. Para que ese aliento, precísamente, haga digerir mejor esa presión a la plantilla.

El equipo debe utilizar esa palabra tan de moda en el siglo XXI, resiliencia, tener esa capacidad de superar golpes como la pérdida tan temprana de ese liderato y  pronunciar solo una palabra, sin ir más allá. 

Langreo, Langreo, Langreo. Eso es lo único que importa.

Quién sabe si después de ser capaces de vencer a los asturianos volveremos a estar en la cabeza de la tabla.

Yo creo todavía. Creo firmemente en que podemos conseguirlo.

 


  


 

lunes, 11 de abril de 2022

Dos calvos, un Calvillo y un calvario "happy end".

 El Pontevedra CF es líder de su grupo de 2RFEF.

La frase consta de pocas palabras y se escribe muy deprisa pero todavía alcanza más velocidad a la hora de leerse.

Sin embargo, le ha costado 29 jornadas de "vía crucis" al Pontevedra CF (aprovechando la época es posible que esta no sea la única mención en esta columna a la Semana Santa, eso sí, escritas desde el más respetuoso de los agnosticismos) alcanzar la tan anhelada y decisiva primera plaza que lleva directamente a la categoría superior.

29 jornadas, o lo que es lo mismo, siete meses de competición persiguiendo al dichoso U.Adarve que a veces parecía que caería como fruta madura y otras que no sería "enganchado" de ninguna forma por el equipo granate.

Pues sí. Al final (o casi al final, para ser exactos) lo hemos cogido y sobrepasado en una clasificación que todavía se encuentra muy apretada.

Y lo cierto es que ayer Domingo no está muy claro si gran parte de la afición granate (y me da la impresión que también el equipo); no está muy claro, decía, si jugaron un solo partido o dos.

Por la mañana consultando internet a cada momento desde las 12 de la mañana aquellos que no tenían acceso a las imágenes del partido del Adarve y viendo dicho encuentro los que sí tenían la posibilidad de hacerlo.

Yo era de los primeros. 

Confieso que a medida que pasaban los minutos y el "derbi" madrileño llegaba a su final, me imaginé de mil maneras ese gol a balón parado tras saque de banda del en ese momento todavía líder en el minuto 93.

"Lo van a marcar, está claro", me decía con solo ese convencimiento que puede acarrear tantos y tantos fatalismos vividos con el Pontevedra.

Pues no, miren. No lo marcaron y después de dejarme varios dedos refrescando sin descanso un conocido portal de internet, comprobé aliviado como la palabra "final" aparecía debajo del empate a 0 goles entre mostoleños y "adarveros".

"Ahora queda lo nuestro", seguí diciéndome en silencio. "A ver si esta tarde no hacemos una que valga por veinte", repetía mientras disfrutaba una cerveza que sabía a ángeles benditos.

Y lo cierto es que la papeleta no era tan fácil como se podía pensar.

Primero por el propio rival, el Real Avilés Industrial, un equipo de los de más "cartel" del grupo y con muy buenos y veteranos jugadores en sus filas con capacidad para estar bastante más arriba en la tabla.

Después por el hecho de que lograr el liderato ya solo dependía a partir de las 14.00 h de lo que hiciéramos nosotros. De no fallar. De ganar, vamos.

Las gradas presentaban como el día del U.Adarve mejor aspecto que en el resto de la competición y la primera "china" en el zapato llegó con el sorteo de campos. Monedita para el Avilés y cambio de campo para tratar de descentrar a nuestros jugadores.

No sé si al equipo eso le molesta mucho, poco o nada pero ya que estamos de confesiones, yo reconozco que esa circunstancia me agría un poquito el gesto y me pone en guardia ante lo que viene, que me "jode" bastante, vamos (perdón por la expresión soez).

Ya desde los primeros minutos de juego hizo su aparición estelar el primer calvo del día.

Sergio García, conocido por ser veterano en esas batallas de la antigua 2B en varios equipos, empezó a dar un recital de como descomponer él solito a toda la defensa pontevedresa.

Ayudado por otros veteranos ilustres como Natalio o Iago Díaz, el calvo García desestabilizó desde el principio a nuestra defensa y dejó bien a las claras que lo que se nos venía encima iba a ser una "procesión de dolores".

Pronto se aprovechó nuestro primer protagonista de nuestra falta de contundencia defensiva en banda derecha para marcharse como "perico por sus casa", mandar un buen pase hacia el área y comprobar como esa falta de contundencia granate se extendía por todas partes para facilitar en gran medida la llegada del 0-1.

A partir de ahí, presión ordenada asturiana, más diabluras del calvo García y nervios, nervios, muchos nervios en un Pontevedra CF que no se encontraba a sí mismo y veía tapados sus caminos hacía la portería visitante.

De manera inteligente, el Avilés acumuló mucha gente por el medio para cegar todo lo que pudieran las fuentes de fútbol de Yelko o Brais, sabedor a su vez que en las bandas Seoane no estaba en la derecha y Araújo  sí estaba en la izquierda. Por lo que si algún balón caía por los costados poca peligrosidad acabarían por llevar.

Fueron minutos duros.

Para los jugadores porque veían como el rival era mejor y se crecía sobre el césped y para la grada porque asistía impotente a ese manojo de nervios y desesperación que era su equipo.

He aquí, no obstante, que cuando menos se esperaba llegó el gol del empate. Fue a raíz de un balón parado en el que el rival permite que hagamos varios toques en el área y finalmente el cuero llegue a Churre para meterlo en la red.

La explosión de júbilo fue grande porque quien más quien menos entendía que ese gol nos rescataría de ese dominio y superioridad avilesina y dotaría al Pontevedra de más tranquilidad y empaque sobre el césped.

Fue una ilusión, por supuesto.

Y lo fue porque solo un minuto después del empate permitimos que surgiera una jugada a la que todavía este atribulado bloguero le está buscando explicación pero que acaba con un simple pase en medio campo con dos jugadores visitantes encarando a nuestro portero con la sola oposición de Araújo, que no se sabía muy bien qué hacía por ahí. 

Natalio encara a Cacharron y otra cosa no, pero calidad la tiene este hombre de sobra para levantarle el balón por encima y dejarnos a todos con cara de esa palabra que no hace falta escribir.

De todas formas, antes del descanso, hizo su aparición el segundo calvo protagonista de esta historia.

Fue al borde del final cuando surgió la mejor y más bonita jugada del equipo en todo el partido. Combinación preciosa entre Yelko y Alex para que este le ponga el balón a Rufo para solo empujarla.

Por desgracia no llegó ese toque salvador para hacer un nuevo empate y el descanso acabó llegando dejando un sabor de mucha preocupación en el ambiente.

Como suele ser habitual cuando las cosas no salen, creo que nadie dudaba que no solo se haría el primer cambio antes de la reanudación sino cual sería ese cambio.

Efectivamente, Charles por Araújo.

La segunda parte empezó mejor y fruto de ello llegó otra buena jugada por la izquierda y otro balón aparentemente sencillo llegó a Rufo en boca de gol pero el remate del "9" se acabó marchando por encima del larguero entre el desconcierto de la parroquia local.

A Rufo se le quiere mucho en Pontevedra y con razón. Sus goles antes de la covid 19, su brega , su lucha, los goles de esta misma temporada, su identificación con la causa son razones más que suficientes para querer mucho al "pelao". 

Ahora, no sería demasiado justo si no escribiese que un jugador de su categoría debe meter sino las dos, al menos una de esas dos grandes oportunidades.

Pero como el fútbol siempre te da más opciones y te rehabilita constantemente si buscas con ahínco tu destino, otra pelota desde la banda izquierda servida por Yelko encontraba al propio Rufo en área pequeña en inmejorable posición para que esta vez sí, el ariete madrileño colocara su cabeza y batiera al portero asturiano logrando el empate a 2 tantos.

Más de media hora por delante, el partido recién igualado y el Pontevedra con más juego y aplomo que en el primer tiempo. ¿Qué podría salir mal?

Pues sí. Las cosas empezaron a torcerse de la forma más insospechada.

Otra vez aparecieron los nervios en determinadas acciones "llevándose la palma" una de Cacharrón en la que incomprensiblemente agarró con la mano una pelota claramente fuera del área de castigo.

Por suerte, el árbitro dejó la jugada en amarilla( creo que con acierto) y la peligrosísima falta se sacó sin consecuencias pero lo cierto es que el equipo volvió a entrar en una dinámica de cierto histerismo y atascamiento absoluto de la que solo parecían libres Alex Glez y Brais Abelenda que fueron sendos salvavidas a los que se agarró el Pontevedra durante esa casi media hora de dudas y excesivos nervios.

No se sufrió tanto atrás por que el rival acusó algo el esfuerzo y además el primer calvo, Sergio García, ya no estaba en el campo pero la sensación era de que desfilábamos por un precipicio y que o bien podíamos caernos o bien encontrar una cueva amplia en la pared en la que refugiarnos.

Se fueron sucediendo los cambios (esta vez sí hizo el técnico los 5) y en uno de ellos se dio con la tecla.

Fue en el más ofensivo. Una de esas sustituciones dio con Santi Figueroa en el banquillo y con Oier Calvillo en el césped para jugar de medio lateral (primero por detrás de Rubio y luego de Diz).

Y Oier Calvillo demostró ayer lo que casi todo el mundo aquí sabe o intuye después de ver algunas de sus acciones la temporada pasada, que tiene una calidad enorme y que es una pena que no se esté encontrando o no le estén encontrando el interruptor de la regularidad y la confianza.

Ya se había marchado antes en alguna cabalgada por la derecha creando dudas al Avilés en defensa pero al filo del 87 volvió a progresar por banda y con su pierna izquierda envió un centro pasado al segundo palo para que Charles apareciendo como un Mesías Salvador conectara un "hombrazo" tremendo mandando el balón al fondo de la portería avilesina.

El par de minutos que faltaba y la prolongación no trajeron más sustos a los ya excesivamente cicatrizados corazones granates y el partido terminó con ese balsámico 3-2. 

Alegría desmedida, alivio, jolgorio, respiraciones relajadas... Ese gol acababa con el calvario que se estaba sufriendo sobre la hierba y colocaba al Pontevedra en esa primera posición que tanto trabajo ha costado alcanzar y que posiblemente mucho trabajo cueste todavía mantener.

Lo importante a partir de ahora es no relajarse ni un milímetro y pensar que el Adarve va a claudicar y que todo será más cuesta abajo.

Ya el próximo fin de semana trae un órdago tremendo para el Pontevedra CF.

Partido en Villagarcía con un Arosa al límite y sin casi margen para el fallo si no quiere irse a 3RFEF y con ganas, además, de rehabilitarse ante los suyos tras el duro varapalo sufrido en Salamanca.

Será imprescindible mostrar personalidad, empaque y no dejarse llevar por los nervios.

Viviremos un choque intenso, pasional y con muchísimas cosas en juego. 

Sin duda el equipo está ante otra gran ocasión de mostrar madurez y saber estar sobre la hierba. Esos ingredientes que quizá faltaron ayer en demasiados pasajes del partido.

Ya he utilizado esta frase en alguna otra entrada de este blog sobre todo cuando las cosas empezaron a no marchar demasiado bien hace un par de meses.

Si no olvidamos quienes somos y lo que podemos hacer todo saldrá bien. Y yo creo firmemente en que, efectivamente: 

Todo saldrá bien.


 

     



 


lunes, 28 de marzo de 2022

Caos, lucha, fútbol y la sonrisa de un mito.

Más gente en las gradas. 

Norte rugiendo y enarbolando banderas. 

Las siete de las tarde, horario de play off. 

Tarde soleada y con cierto calor, ese que condena cazadoras a butacas contiguas e incluso aconseja brazos arremangados a la altura de los codos. 

Hierba verde, brillante, casi provocadora de la que resulta difícil apartar la mirada.

Rival rocoso que lidera la tabla y al que hay que ganar de cualquier manera para seguir aferrados al objetivo de acabar primeros.

Partido grande. Nervios, tensión, ambiente teñido de color granate y el recuerdo de un mito, que en otra época (que parece otra vida) capitaneó a un equipo de leyenda, reinando en la mente de todos aquellos que pudieron verle sobre el césped y también en la de aquellos que crecieron y soñaron con las hazañas del "3" y  de su gente.

De entrada, sorpresa.

Posiblemente el jugador más importante no ya de nuestro grupo (eso creo que no arroja duda alguna) sino de toda la categoría, tendría que esperar en el banquillo.

Arriesgada decisión? Seguro. Equivocada? Probablemente.

El Adarve empuja primero hasta que el capitán en 2022 que no lleva el "3" pero sí el "7" conecta un zurdazo imponente que casi revienta el larguero madrileño metiendo al Pontevedra en el choque.

Como un presagio de lo que minutos después pasaría, el Adarve conseguía en cada balón en largo desde su portería, imponerse por arriba a nuestro mediocentro y centrales provocando cierto peligro en esas peinadas de cabeza que creaban cierta inseguridad en la zaga.

Aún así, el Pontevedra tocaba rápido y tocaba bien bajo la sinfonía de un Yelko que por fin recuperó su "k" y además mayúscula.

La pelota llegaba con asiduidad a las bandas con ventaja. Por la derecha Rubio y Seoane se las arreglaban para en ocasiones enganchar centros decentes que creaban peligro al contrario. Por la izquierda Alex hacía daño igualmente pero Araújo (esfuerzo probado al margen) volvía a desesperar con centros deficientes que hacían un poco más fuerte al Adarve.

Y llegó el 0-1. De una forma primitiva, o paleolítica, si lo prefieren.

Pelotazo desde la zona defensiva, anticipación de cabeza de un rival a Soto y desatención de Churre en la marca que permite encarar a un atacante a Cacharrón y batirlo con contundencia.

Lo peor que creíamos podía pasar, sucedió. El Adarve por delante y el tiempo que se haría cada vez más escurridizo jugando en contra del Pontevedra.

Y el intento de "mensajerización" del partido por parte del líder no se hizo esperar.

Hombres al suelo, desvanecimientos súbitos, calambres tempraneros etc etc.

A pesar de ello, el equipo no se abatió. Siguió desplazando el balón con solvencia y llegando al área madrileña con notable asiduidad.

Pero el gol no llegaba. No lo hizo ni en un par de ocasiones de Brais (una de ellas muy clara) ni en otra de Seoane que no conectó bien una volea en posición envidiable.

El giro de guión, sin embargo, llegó sobre la bocina de esa primera mitad.

En un nuevo intento "mensajerizador" del Adarve, uno de sus jugadores ya amonestados desplaza con total descaro una pelota que ya se había ido fuera por encima de la valla de la unión del fondo norte con tribuna.

Fue en ese momento cuando el árbitro separó su actuación de la de aquel colega de infausto recuerdo del último playoff de ascenso a 2ªB. 

Ni corto ni perezoso se dirigió hacia el "listo" infractor y le sacó la segunda amarilla ante la algarabía de un público que al igual que nuestros jugadores supieron presionar en ese momento al "trencilla" para que no tuviera más opción que echarle.

Tras el descanso salió Charles, como todo el mundo preveía y la situación requería, por un Araújo al que se insiste no se le discute su esfuerzo pero sí su acierto.

Se empató pronto. 

Todo el peligro que no se creó por banda izquierda en toda la primera mitad, fue compensado en tan solo cinco minutos por Alex que envió un bonito centro al área que fue rematado hasta por dos veces por Charles que no tardó en hacerse notar. La primera con la cabeza, la sacó el portero. La segunda también con la cabeza, la rechazó un defensa pero la tercera con el pié y de Rufo acabó en las mallas.

Si la "mensajerización" en la primera parte fue notable, tras ese empate volvió a protagonizar la actuación del U.Adarve.

Fue ese momento el primero en el que el Pontevedra entró en el juego de provocaciones del rival y en una trifulca Charles vio una tarjeta amarilla por esa costumbre que por desgracia tiene a meterse donde no debe pero que en esta ocasión no acarreó más consecuencias que esa amonestación.

Y el panorama volvió a torcerse cuando menos se esperaba.

Una falta lejana a favor del Adarve acaba con un estrafalario despeje en semi fallo de Cacharrón en el que se lleva medio por delante a un compañero y a un rival.

El penalti puede entrar claramente en la categoría de "raritos" pero lo que volvió a poner de manifiesto es la cantidad ingente de problemas que tiene el equipo para defender esas acciones.

Con el 1-2, a pesar de la superioridad numérica, el partido no pudo ponerse más peligroso pero al igual que la acción del penalti resultó sorprendente y no se correspondía con lo que estaba pasando en el césped, también resultó una sorpresa muy agradable la capacidad que tuvo el Pontevedra de seguir moviendo el balón con inteligencia y aprovechando el exagerado bloque bajo que adoptó el rival en muchas fases del partido.

Se tocó el balón de un lado a otro pero volvió a ser desde la izquierda dónde se encontraron las pepitas de oro.

Centro de Brais desde ese sector aunque con su pierna derecha y llegada desde atrás de Charles para conectar una de sus botas con el balón y alojarlo en la red.

Sin casi tiempo para respirar, otra jugada de Alex por la izquierda. Otro centro notable al corazón del área y esta vez Yelko llegando desde atrás protagonizaba un precioso remate que nos ponía por delante y volvía loco a todo el que en Pasarón estaba presente.

En ese momento parecía que el Pontevedra, de seguir atacando, podría haber sentenciado el partido con otro tanto.

Sin embargo, los últimos quince minutos de juego, constituyeron el segundo momento en el que el equipo pareció entrar en el juego del rival e introducirse en una guerra de guerrillas de la que podríamos haber salido bastante mal parados.

Es cierto que Brais pudo hacer el cuarto en un lanzamiento que se fue rozando el palo pero la realidad es que el Pontevedra, a raíz de un triple cambio del Adarve, entregó voluntariamente el balón al rival y entró en ese riesgo de permitir algún corner o falta lateral en la que la superioridad numérica pierde toda importancia.  

Como viene siendo habitual los cambios llegaron tarde, solo para perder tiempo y no tratar de volver a coger la batuta del juego y minimizar las posibilidades del rival.

No estoy diciendo que no se tenga oficio que claro que hay que tenerlo y hay que ver como lo echamos de menos en Coruxo, sin ir más lejos.

Ayer el Pontevedra sí paró el partido y mostró más experiencia que otras veces. 

De lo que hablo es de que, al menos este atribulado bloguero, sigue añorando que desde el banco se tomen decisiones que mejoren al equipo sobre el césped, más allá de la incuestionable decisión de meter a Charles por Araújo tras el descanso.

No entendí muy bien como con los problemas que manifestaba Seoane desde hacía minutos, el segundo cambio en el 89 sea el de Oier por Brais y a renglón seguido tenga que hacerse el del exjugador del Racing cuando ya volvía a estar en el suelo antes de ese cambio y la demora nos costó jugar con diez durante unos segundos preciosos.

Después dos cambios más en el 90 y esa sensación de improvisación. De que esas sustituciones se hicieron para parar el crono pero no para buscar un plan coherente de juego con el que acabar el partido.

En los casi 10 minutos que prolongó el árbitro, la situación no era la de control del partido sino la de temor ante la posibilidad de que llegara una acción aérea del rival que echara por tierra una victoria que se había merecido con creces.

Acabamos, por ejemplo, con tres centrales y Oier de lateral largo por la derecha, sí, Oier que tiene muchas virtudes pero entre ellas no se encuentra precisamente una atención defensiva especialmente férrea. 

Llegó ese córner postrero para el rival tras un lanzamiento desde lejos que tocó en un defensa y no salió demasiado lejos de la portería. Ese córner lo sacó Charles de cabeza y todos respiramos.

Llegó otro lanzamiento, eso sí muy flojo e igualmente lejano, que atrapó Cacharron sin problemas y finalmente escuchamos el silbido final del coleigiado que ponía punto y final a un partido que merecimos ganar pero en el que jugamos con fuego confundiendo un poco ese oficio con volverse un poco locos.

El Pontevedra ganó un partido clave y lo hizo con justicia.

Volvió a mostrar esa frescura y esa chispa con la pelota que ya apareció en O Vao y de cuya continuidad va a depender muchísimas de las opciones que todavía tenemos para ascender directamente.

Demostró, además, personalidad y coraje en muchas fases del partido en la que los problemas en forma de goles del contrario no fueron obstáculo para seguir percutiendo y terminar por derribar a este Adarve tan correoso.

Dicen los que vieron jugar a Cholo que la brega, el esfuerzo y el corazón no eran ingredientes que el lateral zurdo pontevedrés negociase nunca en su carrera.

Había que jugar bien al fútbol pero también había que sudar, que correr y que honrar el escudo y la camiseta que para él fueron tan importantes.

En un día triste en el que el mayor referente de la mejor época de la entidad nos ha dejado, me reconforta haber visto a un Pontevedra "tocón" como en él es habitual pero también rebelde ante la adversidad, incansable en el esfuerzo y convencido en todo momento de la victoria.

Es posible que el gran capitán si hubiera tenido la oportunidad de ver el partido hubiera ensayado una sonrisa y se hubiera sentido satisfecho porque por encima de todo el esfuerzo no se negocia.   

       

     

martes, 22 de marzo de 2022

Si es cierto que nunca nos rendimos, ahora hay que demostrarlo

 No es fácil ser del Pontevedra CF.

O por lo menos no lo es desde hace ya demasiado tiempo.

Pocas alegrías y demasiadas decepciones jalonan la historia granate desde hace décadas en la que solo en ocasiones puntuales (primeros años del siglo XXI) consiguió asentarse, por lo menos, entre los clubes potentes de la categoría de bronce del fútbol español.

Sin embargo, hasta en esas temporadas de grandes plantillas, "desgracias" futbolísticas como las del Sevilla B e incluso Cordoba o decisiones sencillamente intolerables como las de aquel Figueroa Vázquez (hoy en 1ª) en Alcorcón, apartaron al Pontevedra del fútbol profesional en la que solo pudo jugar la campaña 2004/2005 y sellaron su siguiente fase de existencia entre deudas, preocupaciones, gestiones rocambolescas y una insoportable irrelevancia deportiva.

Que no sea fácil, que el camino de la entidad no haya encontrado desde hace tanto tiempo más que baches y socavones en su recorrido, no quiere decir que no sea precioso sentir el color granate hasta el último poro de la piel.

Este atribulado bloguero debe confesar que no entendería la vida sin llevar este sentimiento en su interior. 

Que le resultaría muy extraño vivir sin haber conocido lo que significa querer al Pontevedra CF y haber reído al compás de sus triunfos y llorado con sus fracasos.

Que identificarse con su camiseta, con su escudo, con su historia, es una de esas cosas que está tan cosida en el interior de mi corazón que ya no podría entender lo que me rodea, ni lo que me rodea entenderme a mí, sin llevar a gala el orgullo de permanecer como socio a esta familia desde que era un niño muy pequeño.

Por eso cuando pasan cosas como la de este pasado Domingo en el campo de O Vao, lo primero que alcanzo a sentir es algo parecido a lo que debe experimentarse cuando una afilada daga se clava en tu cuerpo y puebla de gélido dolor durante unos segundos al organismo que la recibe.

¿Cómo es posible que no se haya ganado este partido? ¿Cómo demonios nos volvamos con un empate que sabe a derrota después de haber sido, esta vez sí, muy superiores a nuestro rival?

Fue el Pontevedra CF inmensamente mejor que "ese club humilde" al que se enfrentaba en el espacio del campo que va desde un área a la otra y solo su torpeza a la hora de definir dos o 3 ocasiones de las "infallables" y, sobre todo, una actitud defensiva inexplicable en la prolongación, lo que propiciaron que otra tremenda decepción se adueñara de todos los seguidores granates en el momento de producirse el empate a 2.

Jugó el Pontevedra CF como hacía casi dos meses que no lo hacía. Lo hizo con empate a 0, perdiendo 1-0 e incluso ganando ya 1-2.

Movió la pelota con una velocidad, una alegría y una frescura que recordó a la que teníamos cuando enlazamos muchas victorias seguidas y se minimizó a un rival que venía lanzado, que no quiso que casi nadie de Pontevedra estuviera en sus gradas y que celebró como un título un empate que en muchas fases del partido ni imaginaron que podrían llegar a alcanzar.

Ni el penalti inicial fallado por Brais frenó ese juego vistoso de los granates. 

Ni tampoco lo paró la clara decisión de su rival de esperar y tratar de hacer daño con una contra (es fácil decir en entrevistas que no, que se va a atacar y luego hacer lo contrario sobre el césped) y haberlo conseguido a través de un centro en el que jamás debió permitir nuestra defensa que el balón llegara al segundo palo.

Ni el fallo de otras ocasiones en las que a veces el poste u otras la indecisión impidieron sacar rédito.

En esta ocasión el Pontevedra sí parecía que había decidido que el tiempo de las "bromas" había terminado y que se tenía que ganar ese encuentro por lo civil o por lo criminal.

Y esa decisión se puso sobre el tapete al comienzo de la segunda parte en la que el equipo empató, se puso por delante y no sentenció porque Rufo falló lo infallable en una dejada preciosa de un descomunal Brais en el 2º tiempo, al no lograr embocar el balón cuando solo un jugador de campo se encontraba bajo palos de la portería viguesa.

Aún con ese error que aguó un poco el fenomenal inicio de la segunda parte granate, el Pontevedra siguió controlando y llegando al área contraria aunque no ya con tanto peligro (a excepción de otro lanzamiento al larguero, esta vez de A.Rubio) y no parecía que el Coruxo pudiese reaccionar.

Sin embargo, el rival hizo sus cambios y alrededor del minuto 75 (coincidiendo más o menos con un gran lanzamiento de Alex Ares que a punto estuvo de significar la igualada) el partido comenzó a girar un poco.

No es que el Coruxo se mostrase superior en ese último cuarto de hora pero sí que se veía una pequeña pérdida de control del Pontevedra que ya no dominaba tan a placer la situación.

Quizá (y solo quizá, porque hablamos de fútbol ficción), el cambio de Rey por Yelko hubiera sido más efectivo de haberse realizado 10 minutos antes y hubiera ayudado al equipo a tener más presencia y fortaleza en el medio. Quizá. 

Quizá esos tres cambios tan postreros contribuyeron a cierto desorden del equipo pues a esas alturas poco iban a poder cambiar en la dinámica. Quizá. No lo sé.

Lo que sí sé es que el Pontevedra no puede defender así de mal una prolongación del tiempo reglamentario ni el Domingo pasado ni nunca.

Se hayan efectuado dos cambios, tres o dieciocho.

Ya antes del empate, el Coruxo estuvo a punto de igualar en una opción en la que hasta 3 remates pudieron hacer dentro del área, resultando especialmente llamativo el tercero de ellos por la pasividad desquiciante de hasta tres defensas nuestros que permiten rematar a un rival no entrando su balón de verdadero milagro.

Luego llegó el mazazo. Pero ese mazazo llega por algo. No podemos engañarnos. No llega de una brillante acción individual ante la que no hubiera quedado más remedio que resignarnos. 

No.

El gol se produce después de que primero Seoane vaya a una anticipación temeraria dejando expedita la banda derecha de nuestra defensa. Una vez producido el centro, nos encontramos a un Churre sorprendetemente corriendo hacia nuestra portería y no bien situado. Por ello intenta un despeje estrambótico de espaldas que no hace sino empeorar la situación. Luego Araújo (alguna vez pondrá un buen centro?, por cierto) bascula para intentar tapar el agujero de Churre y para tapar el que se crea en la izquierda no llega a tiempo Diz que no puede impedir el remate a gol del jugador del Coruxo.

Un desastre defensivo que no se debería cometer nunca y más en ese minuto y más en ese partido.

Decía más arriba que nada más empatar ese "club humilde" contra el que nos enfrentábamos, sentí como el filo de una daga dejándome frío el organismo. Sí, es verdad.

Ahora, tan cierto como en ese momento quise que se me tragara la tierra, también confieso que tardé poco tiempo en "sacarme" de encima la dichosa daga y pensar en el futuro inmediato.

El U. Adarve llega el Domingo a Pasarón. 

Repito, el U.Adarve llega el Domingo a Pasarón y lo hace con 6 puntos de renta pues tampoco fue capaz de pasar del empate la jornada pasada.

¿Qué significa esto?

Muy claro. Que sí somos capaces de ganarles aquí los tendríamos a 3 puntos con todavía siete partidos (21 p. por jugar).

Adrmás, aun ganado por un gol, el golaverage general nos es favorable por varios goles y esos 3 puntos serían reales y no serían 4 en la práctica.

Estamos ahí todavía. 

El Domingo marcará nuestro futuro de cara a optar todavía por ese anhelado ascenso directo.

Es ese día en el que tenemos que centrar nuestros esfuerzos. 

Es el Domingo cuando el Pontevedra puede y debe quitarse el disgusto de los dos puntos perdidos en O Vao en un partido que nunca se debió dejar de ganar.

Desconozco si el Pontevedra hará algo especial desde dentro. No soy muy optimista al respecto pues en el momento en el que esto se escribe ya es Martes después del mediodía y ninguna novedad hay sobre el particular  

Otros colectivos, por fortuna si se están moviendo.

Podcast que harán previas especiales desde el mediodía del Domingo abiertas a la gente lo que constituye una idea maravillosa, agrupaciones de seguidores que animan también dicha previa con otras iniciativas...

El Domingo debe ser el día y la hora de nuestro equipo que a pesar de esos incomprensibles errores ante el gol y sobre todo atrás, recuperó la alegría de su fútbol en Coruxo y eso debe hacernos sentir optimistas.

Y es la hora de la gente, de la afición, del corazón del Pontevedra CF.

Estoy firmemente convencido que ninguno de los dos va a fallar este Domingo a las siete de la tarde.

Pocas veces el lema "Pontevedra nunca se rinde" puede verse plasmado de mejor forma sobre el Estadio Municipal de Pasaron. Sobre la hierba y sobre las gradas. 

Y después de ganar todo se verá mejor, más cerca y más posible.

Hala Pontevedra¡¡