lunes, 17 de octubre de 2022

Decisiones raras, evidente desconcierto y un botín inesperado

Ni buena imagen. Ni buenas sensaciones. Ni ninguna otra frase vana o vacía puede aplicarse al partido jugado el Sábado por el Pontevedra CF.

En la primera parte fue sencillamente muy inferior a su rival que le dejó vivo en el partido por dos razones fundamentales. 

La primera, la gran actuación de Alvaro Cortés que compensó con creces alguna que otra inseguridad de partidos anteriores. La segunda, una ingenuidad bastante acusada de los atacantes celestes a la hora de rematar con la debida contundencia contra la portería rival.

Fue un primer tiempo en el que fuimos superados por completo en todas las facetas (menos en la actuación de los guardametas, el nuestro muy bien, el del Celta solo normal porque ni un solo balón tuvo que intentar atrapar).

El Celta B parecía mejor colocado en el césped, robaba y tocaba el balón con sentido y sonrojaba en ocasiones a algún jugador granate cada vez que en carrera debía medirse la velocidad de los futbolistas.

A este atribulado bloguero le llamaron la atención, otra vez, algunos aspectos relacionados con la posición de alguno de los jugadores granates que quizá no hayan influido (o sí) en la horrorosa primera parte que "soltamos" pero que no tienen aparentemente una razón lógica para que se sigan produciendo.

El más importante volvió a a girar en torno a la posición en el campo de Brais Abelenda. Ya es una cuestión "vieja" que se arrastra desde la pasada campaña.

Cuando el ex compostelanista jugaba el año pasado con libertad por casi todo el frente de ataque, el equipo lo notaba para bien. Ganaba en dinamismo, en combinación en zonas de peligro, en generación de espacios en zonas "calientes". En suma, que Brais aparecía mucho más que cuando se acostaba en la izquierda y el Pontevedra adquiría mayor alegría e intención en su juego ofensivo.

Y esta temporada esta circunstancia no ha cambiado. 

Como olvidar ese primer partido de Liga frente al Alcorcón en el que tanto brilló el equipo y, en especial, es medio campo que aquel día movió la bola con mucha velocidad y encontraba siempre a Brais para enlazar con exteriores y punta.

Es cierto que después de ese día el Pontevedra no volvió a encontrar esa exuberancia en su juego y se ha ido cubriendo cada vez más de espesura y lentitud que a veces llega a ser exasperante.

 Sin embargo, esa posición de Brais más libre (dentro de toda responsabilidad defensiva que cada uno de los futbolistas debe mantener cara al conjunto) y no constreñido en una banda seguía siendo una de las mejores bazas granates para superar las líneas defensivas contrarias.

Por ello me extraña tanto que a raíz de aquellas molestias de última hora que le apartaron del partido contra la Balompédica, se haya vuelto a "a jugar" con la ubicación en el campo de un Abelenda que contra el Celta B empezó por la izquierda y no abandonó la dichosa banda hasta después del segundo cambio del equipo casi en el minuto 60 de partido.

No es que cambiara gran cosa tras esa modificación, ojo. 

No se está diciendo que a partir de ese momento el Pontevedra empezara a soltar fútbol como un surtidor de agua de una fuente urbana pero sí es verdad  que lo poquito, muy poquito, de fútbol que se pudo tejer al final se vio beneficiado por la presencia de Brais por unas zonas de las que nunca debería ser apartado salvo causa muy justificada.

Luego está el caso de Bakero.

A Jon ya se le ha alineado en una posición de media punta por detrás del delantero, por banda izquierda  (sucedió en S.Sebastían de los Reyes) y por la banda derecha en más de una ocasión.

El Sábado pasado ocupó su lugar en ese 4-1-4-1 por la derecha (con Brais a la izquierda y Ortiz más Yelko por delante de Román).

No estuvo peor que el resto pero llama la atención que por lo menos hasta ahora no se le haya encontrado una zona en la que pueda intentar desplegar esas virtudes que a buen seguro atesora para haber sido fichado por la entidad pero de las que por ahora se han tenido poca noticia.

A mi particularmente me cuesta verle en banda (tanto en una como en otra) por su altura y condiciones físicas. 

Por detrás del delantero cuenta con la clara competencia de Brais con lo que si el técnico quiere insistir en buscarle un hueco en el equipo titular, quizá dado el estado de forma que no parece muy "católico" tanto de Charles como de Rufo, el siguiente puesto a probar sea el de delantero centro puro a ver si desde ahí logra aportar cosas buenas al conjunto.

Otro problema importante es la obligación de tener que colocar a Alex en el lateral.

Vaya por delante que el partido del cántabro el otro día fue malo. Se le notó falto de frescura e incómodo en todo momento y cometió errores en controles o pases no habituales.

Eso es una cosa y otra es opinar, por lo menos el que esto escribe lo hace, que el equipo nota mucho la falta de profundidad por la izquierda cuando Alex tiene que arrancar tan de lejos.

Se sabía que Araújo era propenso a romperse y no se hizo nada. Además, la lesión de Seoane impide que se pueda probar con Bastos en el lateral zurdo para no tener que retrasar al capitán.

Al margen, de la posición de Brais, de la cuestión de Alex o de la insistencia en colocar a Bakero aunque sea en las bandas, el Pontevedra CF debe enseñar mucho más de lo que mostró en el partido del Sábado.

Si el fútbol no sale, si no fluyen ideas y el contrario se sube a las barbas de esa manera, el equipo debe encontrar fórmulas para parar el "vendaval" de otras maneras y si hay que jugar con balonazos para evitar presiones adelantadas o sí hay que "embarrar" el partido (como a nosotros nos lo hacen a veces) pues habrá que hacerlo.

Todo será mejor que ver como el filial del Celta te abre vías de agua por todos lados. Te supera en tensión, en velocidad y motivación y solo la actuación de tu guardameta, más esa cierta ingenuidad de la que hablábamos antes, impide que termine con el partido en 45 minutos.

La segunda parte no fue demasiado mejor, por lo menos hasta el minuto 80 aproximadamente.

Salió Rubio por Ortiz para eliminar "trivotes" y jugar con algo más parecido a un 4-4-2 con Bakero acompañando a Charles y con Brais todavía en la izquierda.

Todo siguió mas o menos igual hasta que el propio Rubio falla un pase fácil en propio campo y el Celta aprovecha la descolocación del equipo para plantarse ante Cortés y hacer el 0-1.

Luego salió Gueye por Bakero a falta de media hora y Brais por fin salió de la izquierda.

Y unos minutos después llegó ese cambio extraño y en mi opinión muy desafortunado que volvió a dar con los huesos de Rubio en el banquillo para que fuera Oier el que saliera al campo (en ese instante también Rufo suplió a Charles).

Está claro que Rubio se equivocó en la acción del gol céltico, eso no admite discusión. 

Ahora, es esa circunstancia suficiente para volver a quitarlo del campo veinte minutos después de haber salido señalándolo de manera evidente ante todo el estadio? 

Para mi no. 

Por supuesto que por ese error y por el resto de sus minutos que no contribuyeron a mejorar al equipo, el técnico puede sacar conclusiones y si le apetece dejarle fuera del terreno de juego los partidos que le parezca oportuno, como el mismo Antonio dice "le pagan para tomar decisiones".

Ahora, compensa de verdad dejar a un jugador tan tocado por un error de aptitud que no de actitud retirándole de esa manera del campo? 

Yo creo que no y creo que decisiones como esa (por muy pagadas que estén) dejan huella en un vestuario cuyos integrantes no van a olvidar que la próxima vez le puede tocar a otro ser "pasto" de la irreflexión de su entrenador.

Sea como fuere, con el paso de los minutos las llegadas del Celta fueron espaciándose más en el tiempo y además a falta aproximadamente de 10 minutos, su técnico tuvo a bien retirar del campo a sus dos jugadores (por lo menos el otro día) más peligrosos, Hugo Alvarez y un Miguel Rodríguez rapidísimo y que dejó en dos o tres ocasiones a Churre en no demasiado buen lugar.

No sé si eso influiría o no. 

No sé si tener a Brais más a menudo en contacto con el balón pudo también venirnos bien (creo que sí) pero lo cierto es que el Celta nos había dejado "vivos" y en un error de su central J. Domínguez (futbolista con una "pinta" tremenda pero que a veces comete fallos de ese estilo en salida de balón seguramente por sentirse "sobrado"), se roba una pelota, esta llega  a Brais y el de Valle del Dubra acierta a levantar la cabeza y ver compleamente solo a Diz (que había salido hacía poco por un desafortunado Bastos) para que pudiera alojar a puerta vacía el balón en la portería visitante.

Es tan caprichoso el fútbol que el Pontevedra CF, espoleado por el empate y empujado por una afición que veía que podría hacerse más sangre, todavía pudo ganar en un lanzamiento de falta cerca de la frontal tras derribo a Rufo que fue lanzada por Oier y despejada por la barrera cuando la pelota llevaba un veneno apreciable.

Al final del partido se había conseguido un botín en forma de punto que parecía imposible solo diez minutos antes de que el árbitro señalara el final.

Eso sí, ese punto antes del partido no lo habría firmado demasiada gente.

Son ocho partidos de Liga y solo se ha ganado uno y frente a un Talavera en inferioridad casi todo el choque.

En casa no se ha perdido, sí, pero puntos como los del día del Linense o los de ayer que se marchan para no volver pueden ser muy necesarios en el futuro pues es en casa donde debemos hacernos fuertes ante la dificultad de salir airosos fuera.

Seguimos en puestos de descenso aunque muy cerca de varios equipos que marchan por delante y de los que no nos hemos descolgado.

Es cierto que alguno que marcha por detrás, como el R. Majadahonda (con cambio de técnico) ya ha ganado y apunta a poder recuperarse de un mal comienzo.

Ayer cayó el del Linense.

Y aquí? Puede que se pregunte mucha gente.

Los números no son buenos y decisiones como las de Rubio parecen transmitir nerviosismo y algo de desconcierto en el banquillo pero querría aportar una reflexión al respecto.

No tengo claro que de producirse un relevo de técnico en el Pontevedra se otorgue al hipotético nuevo entrenador ese margen de maniobra (dentro siempre de la disciplina que debe reinar en una entidad futbolística) que necesita todo profesional para trabajar y mandar en la parcela que le corresponde y que debería tener como recinto cuasi sagrado el vestuario.

Cuando pasan tantos entrenadores por un mismo banquillo en no demasiado tiempo quizá el problema no sea tanto la persona que ostenta ese cargo como la de los que están por arriba y que tienen que poner a su disposición aquellas condiciones ideales (o las más ideales posibles) para ejercer su labor.

Hay todavía tiempo de sobra para reconducir la situación y salir de los puestos de abajo.

Es cierto también que sabíamos que iba a ser difícil y que no íbamos a tener delante un camino de rosas.

Lo que pasa es que por muy complicado que resulte un reto, de estos problemas se sale ganando y el Pontevedra, por lo que sea, no gana.

Y esas victorias no se pueden demorar mucho más. 

Hay que sumar "de a tres" donde sea pero sobre todo en casa porque la clasificación se está empezando a romper y lo peor que podría pasarnos no es ya ocupar puesto de 2ª Federación sino ver como los rivales se van distanciando poco a poco de nosotros.

Eso ya lo hemos vivido, hemos esperado y luego no tuvo remedio.

La siguiente parada es en León.

Ojalá allí (no será nada fácil) logremos reencontrarnos con el triunfo y se aporte una buena ráfaga de calma a la situación del equipo y también a su entrenador. 


 

 

 

lunes, 3 de octubre de 2022

No es la derrota, es el mensaje.

Que la política de comunicación social del Pontevedra CF SAD deja mucho que desear creo que es una afirmación con la que la gran mayoría de los seguidores granates podría estar de acuerdo.

En la ofrenda religiosa que se lleva a cabo todos los años en la víspera del comienzo de temporada ya comprobamos como el objetivo real para esta campaña no quedaba demasiado claro en las palabras pronunciadas ese día por la Presidenta.

Apelaba aquel mediodía Murillo, por una parte, a la "estabilidad" como meta "ya sea consiguiendo la permanencia, un play off o un ascenso" y, por otra parte, a la ayuda de la Virgen Peregrina "que nos ayuda tanto como esa tan querida estabilidad".

El caso es que utilizando el sentido común (lo que a veces no resulta tan frecuente), lo lógico es pensar que todo lo que sea esta temporada no dar un paso atrás y evitar el descenso a la segunda planta del sótano en la que residimos el año pasado, sería suficiente cara a seguir poniendo cimientos (si es que esto es posible con el actual Consejo) para buscar en un futuro próximo el asalto al fútbol profesional.

Habrá quien tilde de poco ambicioso este objetivo y piense que contamos con plantilla para no sufrir en absoluto e intentar movernos por los puestos de arriba de la tabla. Esa es una opinión respetable y seguro que quienes las sostienen cuentan con argumentos que fortalezcan su postura.

La mía no es esa. 

La mía, es que una cosa es recurrir a la tan manida frase "soñar no cuesta dinero" o a esta otra "no renunciamos a nada" y otra es creer de verdad que el Pontevedra 22/23 está para grandes empresas.

Ojo¡. Nada me haría más feliz que equivocarme y que el equipo con su trabajo dentro del césped consiga unos resultados que con el paso de los partidos haga que la meta de la permanencia se quede obsoleta y pueda dar rienda suelta a esos sueños de intentar desde ya "colarse" entre los mejores.

Digo lo anterior, porque al que esto escribe no le sorprende demasiado que el equipo a estas alturas esté dando ciertas muestras de debilidad y empiece a instalarse en la mitad baja de la clasificación acercándose poco a poco a los puestos de peligro.

Es verdad que el Pontevedra, en mi opinión, "soltó" un partido más que notable frente al Alcorcón el primer día y una segunda parte ilusionante en Riazor hace apenas dos semanas.

Es posible que no sea casualidad que los mejores momentos hasta ahora en Liga de los nuestros se hayan protagonizado en partidos disputados contra conjuntos obligados a estar arriba y cuya forma de juego no se basa precisamente en una defensa numantina a la espera de salir en estampida aprovechando errores del contrario.

Cuando nos hemos topado con equipos así, el equipo ha sufrido, no ha encontrado caminos para hacer ocasiones y ha terminado claudicando (salvo el día del Talavera) sobre el terreno de juego.

Tanto Sanse como Mérida nos han ganado jugando a la "contra". 

Simplemente esperando el error en la circulación para encontrar el robo y encontrar a un equipo muy abierto y desprotegido atrás.

Y eso ha pasado con 0-0 en el marcador, no a raíz de un primer tanto conseguido de otra manera. Si vemos por tv los primeros goles de Matapiñoneras y Mérida veremos como son acciones realmente parecidas.

Sin embargo (aunque perder siempre es preocupante y no le gusta a nadie), a este atribulado bloguero, convencido de que en esta Liga es muy posible que nos toque sufrir y mucho, le empiezan a preocupar lo mismo o incluso más que estas derrotas el mensaje que empieza a deslizarse desde fuera del campo en las ruedas de prensa tras los choques.

Y mira que me gustaron las palabras de Antonio tras ganar al Talavera en el sentido de que no le habían gustado muchas cosas ese día y que el resultado enmascaraba algunos defectos.

Por contra, en las últimas semanas sus palabras ya no me han gustado tanto.

Tras empatar con el Linense, afirmó que la primera parte había sido la mejor que habíamos disputado hasta ese momento, aseveración con la que no estoy demasiado de acuerdo. Lo peor, no obstante, fue después de la derrota del Sábado en Mérida.

No es por perder, insisto, pues esta Liga es difícil y complicada y que íbamos a pasar por dificultades a lo largo de la misma es algo con lo que se contaba a no ser que se tenga una ingenuidad u optimismo desmesurado.

Ahora, luego de jugar 90 minutos en los que se crea una ocasión real de gol en el 92, en la que se volvió a tener la posesión pero no se logró con ella incomodar de verdad al contrario o en la que se concede un primer gol evitable, no encontrar más autocrítica resulta un tanto decepcionante.

Que el equipo ya desde la campaña pasada ha apostado por un juego basado en tener la pelota y tratar de defender lo más lejos posible de nuestra portería es algo fuera de toda duda y que me parece legítimo.

No obstante, apostar por el balón no es moverlo horizontalmente cual parabrisas de un vehículo, no es sobarlo y conducirlo en zonas inofensivas sin verdadera intención y, sobre todo, no es arriesgarlo innecesariamente para que te lo quiten, te pillen descolocado y te hundan el partido.

El camino está claro que ni es la segunda parte del Linense (la primera no fue una maravilla precisamente pero vamos a salvarla), ni el partido frente al Sanse, ni el del Talavera ni el de Mérida.

Una cosa es que el día del Alcorcón el equipo lograse durante 65 minutos una profundidad y una intensidad de juego maravillosa. Está claro que eso es complicado y no en todos los partidos se va a conseguir durante tanto tiempo conseguir que el balón fluya casi de primeras y llegar constantemente y de verdad a la portería rival.

Pero una cosa es esa y otra muy distinta es diluirse con la pelota hasta acabar "ahogados" por nuestra propia infructuosa posesión que acaba por cubrirnos de agua hasta la coronilla por no ser capaz de sacar réditos con ella.

No hablo en esta columna ni de cambiar estilos, ni personalidades cuando hace dos semanas la mostrada en A Coruña me pareció muy esperanzadora pero no sé sí  a lo mejor sería ya prudente hacer ajustes en el juego que traten de que se recupere esa frescura claramente perdida con la pelota y nos hagan a la vez más resistentes en defensa fuera de casa.

Ignoro si esos ajustes deben incluir cambios de jugadores (estos mismos, insisto, nos encantaron un par de veces ya en esta Liga) pero sí llama la atención que los denominados "refuerzos" no estén reforzando nada, a excepción de Bastos, e incluso algunos de ellos permanezcan inéditos en Liga.

Debo confesar que tampoco me gustó nada la alusión directa de Antonio en Mérida a Alex Glez en la jugada previa al segundo tanto emeritense.

Si lanzar una falta a portería cuando se había planteado colgarla al área es excusa suficiente para que el Mérida haya cogido al equipo "en pelotas" en la contra del segundo tanto... No sé. No me cuadra y sigo opinando que una cosa es que aficionados hablen de este o de aquel jugador, o si fulanito no ha estado bien o les gusta más menganito y otra es que desde dentro se lancen esta clase de "mensajitos" que van en contra de la máxima de cualquier vestuario por lo menos hacia fuera: "Ganamos todos y perdemos todos".   

Luego ya en el primer entrenamiento que tengas, sí quieres, te acuerdas de sus ascendientes y le lees la cartilla pero creo que fue un mal colofón a una mala tarde del Pontevedra CF en Mérida tanto dentro del campo como delante del micrófono.

Llega ahora otro desplazamiento consecutivo y nada menos que al estadio de uno de los colíderes y en cuyo campo acumula números impresionantes.

Pinta mal pero no olvidemos que, a mi juicio, los dos mejores partidos del Pontevedra han sido contra equipos con aspiraciones claras de estar arriba.

Ojalá el equipo cuando tenga el balón le meta un poco más de cicuta a la hora de circularlo y, sobre todo, se cuide muy mucho de no perderlo donde y cuando no debe. Las facilidades otorgadas al rival deberían ser las mínimas posibles.

 

   

miércoles, 28 de septiembre de 2022

"Desapariciones", ruidos extraños y demasiada lentitud.

 Entre las frases que desde niño un aficionado al fútbol puede escuchar relacionadas con este deporte se encuentra la famosa "Partido sin historia".

Hace muchos años, cuando escuchar la radio deportiva resultaba un placer y todavía se disputaban muchos partidos a la misma hora, la expresión "sin historia" describía a la perfección aquellos choques aburridos, sosos, generalmente con ninguno o muy pocos goles y que no serían recordados por los espectadores en el futuro por no haber pasado a lo largo de los 90 minutos prácticamente nada.

Esta frase "partido sin historia" le viene perfectamente al pelo al choque disputado entre Pontevedra y Linense hace ya unos días.

El encuentro resultó anodino, feo, incompatible casi por completo con el entretenimiento de sus espectadores (otra vez demasiado pocos "in situ") y más dado a provocar noticias algo reseñables por lo que pasaba fuera del campo que por lo que sucedía sobre el césped.

Dentro de los límites del terreno de juego, el Pontevedra (que sufría la inesperada baja de Brais) no pudo casi en ningún momento dotar a su juego del ritmo y la continuidad necesaria para desarbolar a un rival que pareció en los primeros minutos que iba a desplegar algo de osadía en su planteamiento pero que enseguida se recogió "en sus cuarteles de invierno" para estar bien cobijado y esperar a que su contrario tratara de minar sus defensas.

Es cierto que a lo largo de esos primeros 45 minutos, el conjunto granate sí consiguió (aunque de manera demasiado aislada, en mi opinión) penetrar de vez en cuando por las bandas e incluso crear dos buenas ocasiones de gol que de haberse convertido bien podrían haber cambiado el panorama general del partido.

Fueron pocos minutos, quizá entre el 30 y 40 de ese primer tiempo, en los que el Pontevedra sí dio muestras no de controlar el juego, pues ese control lo tuvo siempre en el sentido de no verse incomodado casi nunca por las contras u otra clase de intentos ofensivos del Linense, sino de poder desarbolar la fuerte defensa andaluza y hacer ese gol que le acercase al triunfo.

En ese tramo llegaron las mejores (las únicas) acciones de mérito como esa en la que Yelko filtró un precioso balón al área para que Bastos penetrase y en gran posición enviase un balón (no se sabe si con intención de tirar o de centrar) que estuvo punto Alex en el segundo palo de introducir en la portería.

O aquella otra, esta vez gestada por la izquierda, en la que un buen centro no pudo ser remachado a gol por Rufo debido a la meritoria acción defensiva de un contrario que envió a córner en el último momento.

Demasiado poco en realidad (aunque Antonio sorprendió en rueda de prensa afirmando que le había parecido la mejor primera parte que hemos hecho desde el comienzo de la temporada) como para afirmar que el Pontevedra había resultado muy superior a su rival pero por lo menos sí suficiente como para pensar que de mejorar un poco en la velocidad y el ritmo de juego, tras el descanso se le podría "meter mano" a la Balompédica Linense.

 La segunda parte, en cambio, resultó completamente insoportable. 

El equipo estuvo lento, escaso de ideas e imaginación y fue incapaz de crear peligro real sobre la portería gaditana.

Se lesionó Araújo que curiosamente estaba cuajando uno de sus partidos más serios desde que está aquí; salió Jaichenko media hora para jugar en una posición (tirado a banda derecha) que no parece la más apropiada para él o por lo menos en la que apenas había jugado en pretemporada (no apareció mucho y alternó algunos errores con alguna opción rentable como aquella en la que provocó una tarjeta a su par) y el partido se fue terminando entre bostezo y bostezo solamente alterado por un regalo de Oier a un delantero rival que por suerte no acabó en gol en el único acercamiento real del Linense a nuestra portería y propiciado por un error propio.

Decía más arriba que las noticias más interesantes o por lo menos llamativas sucedieron al margen de lo que ocurría en césped.

Al margen de que la afluencia de aficionados a Pasaron sigue sin dar ese "estirón" que resultaría tan importante cara a que el equipo notase más apoyo de los suyos y el rival algo más de presión (el Domingo el silencio en algunos momentos en el campo era hasta desasosegante), la afición que sí decidió acudir al ex vetusto se encontró con la sorpresa que constituía la ausencia de hasta 3 de los jugadores habituales en las convocatorias.

La más importante, la de Brais Abelenda (que sí estuvo en el banquillo aunque no salió a disputar el choque) parece que por una sobrecarga. Uno de los suplentes más utilizados, Borja Domínguez, por otras molestias musculares  y otro de los fichajes, Masogo, no se sabe  a día de hoy muy bien el porqué.

Resulta curioso como la primera pregunta que se le hace siempre a Antonio en las ruedas de prensa previas a los partidos (generalmente los Viernes) gira sobre el estado físico de la plantilla.

Y más curioso resulta como siempre se suele contestar que todos están bien y sin problemas aparentes (a excepción de Seoane) para luego 48 horas después encontrarse no con una baja, sino con 3 , de las que no se tenía conocimiento alguno por el común de los mortales relacionados con el Pontevedra.

"No se le quiere dar pistas al rival", contestaba el entrenador tras el partido para ocultar dichas situaciones, lo que puede dar a entender que ya el Viernes algo se barruntaba. 

Pues vale.

Otra circunstancia que empieza a resultar algo chocante es la del funcionamiento del espectacular marcador electrónico de Pasarón.

Resulta misión ímproba que dicho aparato de última generación funcione de manera correcta y empiece a mover sus dígitos al mismo tiempo que arranca el partido. 

Menos mal que parece sencillo el engranaje, de lo contrario quizá acabaríamos volviendo a aquellos viejos paneles con números que se usaban para indicar el resultado del partido.

Y qué decir de la megafonía? 

En Tribuna más que sonido lo que se escucha es algo parecido a un ruido sacado de regiones limítrofes a Mordor o muy cercanas a una de las entradas al "mundo al revés" de Stranger things.  

Por otro lado, se ponen canciones que resultan casi himnos no oficiales de otros clubes que por mucho hermanamiento que con ellos se tenga (lo que me parece bien) hace que la situación sea por lo menos grotesca e incluso hay veces que ya con el balón en juego no se apaga del todo y salen ruidos extraños como si del mismísimo programa del inefable Iker Jimenez se tratara.

El caso es que el Pontevedra CF jugó gran parte del partido (y la segunda parte entera) al trote y así es muy complicado superar a los rivales.

Es cierto que no se desesperó por no encontrar el gol, que no se desordenó, que no dio alas a posibles contras del Linense y que el punto no corrió apenas peligro y eso es bueno y lo pongo en valor.

Ahora, tan cierto es eso como que "andando" no se puede ganar a casi nadie y que los puntos de casa resultan especialmente importantes para movernos por zonas templadas de la tabla y no vernos cerca de abajo lo que a buen seguro haría surgir esa sensación de nervios y preocupación.

Tenemos ahora dos salidas seguidas.

Primero en Mérida con un equipo que en los 4 partidos que ha jugado (cuenta con uno menos) no ha conseguido todavía la victoria pero que ya se ha enfrentado, por ejemplo, contra Deportivo y Linares.

No será nada fácil y menos el siguiente desplazamiento a Linares que no pierde en casa desde tiempos inmemoriales.

Por ello en nuestra casa debemos intentar apretar más, meter velocidad, parecernos más a lo que ya hemos visto que podemos llegar a ser y tratar de que no se pierdan demasiados puntos por el camino.

Esos puntos harán falta seguro a medida que la competición vaya avanzando.



martes, 20 de septiembre de 2022

Personalidad a raudales

De la rueda de prensa ofrecida el pasado Viernes por Antonio Fernández me llamó la atención una frase pronunciada por el técnico granate.

"Lo que quiero es un equipo con personalidad". No sé si la dijo exactamente así pero el mensaje era diáfano. El Pontevedra CF debía intentar por todos los medios ser él mismo en Riazor. Debía tratar de imponer su estilo el mayor tiempo de juego. Necesitaba, en definitiva, abstraerse lo más posible del magnífico ambiente que iba a rodear el choque y no descomponerse en ningún momento.

Y lo cierto es que el equipo consiguió mostrar su ADN durante casi todos los minutos del partido. Logró competir con sus armas de tú a tú contra uno de los mejores rivales del grupo I y enseñó esa personalidad que le pedía su entrenador en la previa y que tan importante resultaba para salir bien librados del lance.

En la primera parte, el Deportivo interpretó o leyó algo mejor el encuentro y consiguió generar profundidad en varias ocasiones especialmente por nuestra banda izquierda defensiva, pero también por la derecha.    

Salió sin "9" fijo para tratar de explotar la forma de defender del Pontevedra bastante alejada de su portería e introdujo gente rápida para tratar de desconcertar las posiciones defensivas de los centrales granates.

Sin embargo, el Pontevedra logró achicar el agua que a veces se le colaba por las bandas sin demasiados problemas y las dos ocasiones con las que contó el Depor en la primera parte de verdadero peligro (una de ellas acabó en gol) estaban previamente anuladas por sendos fueras de juego.

En ningún momento el Pontevedra se aculó en su área grande y mantuvo el plan ya habitual de tratar de protegerse con la pelota y defender lo más lejos posible de Cortés y lo cierto es que lo consiguió casi siempre y esa sensación de peligro que sí tuvo el Deportivo en fases del primer tiempo en ningún caso desdibujó o desordenó al conjunto granate.

En ataque, es cierto, el Pontevedra apenas asomó en los primeros 45 minutos salvo en una acción de Rubio en banda derecha cuyo buen centro fue despejado por Mackay antes de que Charles pudiera cabecearlo a gol. 

No obstante, el equipo sí toco cada vez que pudo y logró acumular algunas posesiones largas que ayudaban a quitar electricidad a las acciones y ataques deportivistas.

La sensación que este atribulado bloguero tenía al descanso es que el partido había estado ciertamente parejo y a pesar de que el Depor sí había llevado algo más el peso, el Pontevedra había aguantado el envite con solvencia y llegado al intermedio con sus opciones intactas.

La segunda parte fue ya desde el inicio algo diferente.

Desde los primeros minutos el equipo se animó a estirarse algo más sobre el área rival y ya antes del gol de Brais, asistimos a algún acercamiento peligroso como uno protagonizado por Román que no encontró rematador en el corazón de la zona de castigo blanquiazul (el otro día verde).

Y llegó el gol tras el saque de un córner, sí tras un saque de esquina, en el que el más listo fue Brais Abelenda que pudo adelantarse al portero local tras dejada de cabeza de M.Román.

Quedaba más de media hora de partido y la pregunta a partir de ese momento era clara. Cómo íbamos a comportarnos a partir de ese instante? Seguiría el Pontevedra sin achicarse y sin sufrir demasiado en un feudo tan complicado?.

Y la respuesta llegó pronto. 

Sí, el Pontevedra mejoró todavía más tras su gol y cuajó una media hora de juego (hasta el empate) casi perfecta en la que fue mejor que el Deportivo (al que maniató de una manera notable) y al que pudo sentenciar si hubiera estado más listo y venenoso en un par de "contras" en las que Oier Calvillo, especialmente en la primera en la que tenía solo a Rufo para empujarla, hubiera estado más acertado.

Fue una media hora en la que el Pontevedra siguió sin recular y sin meterse debajo del larguero. Una media hora en la que fueron muchos los balones deportivistas mandados infructuosamente en largo ante el perfecto orden defensivo pontevedrés y una media hora en la que el equipo se comportó de la mejor manera en uno de los escenarios más complicados.

Llegaron los cambios lógicos tanto por el cansancio acumulado como por algunas tarjetas amarillas previas que sugerían cautela.

Borja Domínguez, por ejemplo, salió mucho mejor al campo que otros días.Sustituyó esta vez a Yelko y el balón que perdió por desatención en una zona más adelantada del campo, el mismo contribuyó a recuperarlo con una buena carrera hacia atrás compensando ese error. Ayudó en la circulación como lo venía haciendo Yelko e incluso envío un gran balón hacia la derecha (la segunda contra de la que se hablaba antes) para Oier que no fue capaz de desequilibrar a su par.

De Oier ya se ha hablado antes. Este jugador no es el de otras épocas aquí en las que costaba verle aparecer y a veces pasaba desapercibido.

Desde el final de temporada pasada está adquiriendo regularidad y gustando a la gente pero ello no es óbice para comentar que en Riazor no estuvo afortunado. No por no participar, pues estuvo en las tres llegadas por banda derecha del Pontevedra más peligrosas tras el 0-1 (la última ya con el empate),  sino pro no finalizarlas bien sobre todo en esa primera en la que tenía solo, solísimo, a Rufo para empujar un 0-2 que podría haber resultado definitivo.

Otro de los relevos fue el de Gueye por un Alex que manifestaba ciertas muestras de cansancio. En la faceta ofensiva el cambio tenía sentido. El Depor se volcaba aunque sin acierto y la velocidad del senegalés podría ayudarnos para "cazarles" en un contraataque que pudiera resultar mortal.

En la defensiva ese cambio también tenía su riesgo. La ayudas del capitán a Araújo en defensa son constantes y muy necesarias a veces. En cambio, Gueye es un jugador más inexperto, más anárquico y quizá por ahí podrían llegar problemas.

El caso es que el Depor, como es lógico, también hizo sus cambios todos ellos de jugadores de renombre para la categoría entre los que se encontraba el verdadero "9" de la plantilla que no es otro que G. Santamaría.

Y no demasiado después de que no llegara la sentencia, llegó el empate a tres minutos del 90 en creo la única vez en todo el segundo tiempo en el que el Deportivo pudo filtrar un balón peligroso al interior de nuestro área por el lazo izquierdo.

A partir de ahí el guión no extrañó a nadie porque es más viejo que el propio fútbol.

El equipo en teoría llamado a ser superior con su numerosa y apasionada hinchada empata un partido que se le escapaba por momentos y cuyo rival no pudo finiquitar. Tocaba arrebato, ataque total y tratar de vencer por "aplastamiento". 

A ello ayudó una prolongación extrañamente alta (6 minutos) y otro minuto de gracia otorgado por el árbitro no se sabe muy bien el motivo.

Esos diez minutos sí que el Pontevedra tuvo que venirse más atrás. Si que fueron minutos en los que existió un claro riesgo de regresar sin nada a nuestra ciudad y en los que se miraba el reloj constantemente. 

Ahora bien, a pesar de que algún balón merodeó el área granate con peligro y hubo que despejarlo a trompicones y algo de agobio, el Pontevedra consiguió que Cortés siguiera sin tener que realizar parada de mérito alguno y sobrevivió a ese arreón final del Deportivo completamente en pié y consiguiendo un punto que se ganó a pulso sobre el césped y que incluso dejó a algunos con un sabor agridulce tras ver tan cerca la victoria.

En esos minutos de empuje local destacó especialmente a la hora de tener firmeza y arengar a sus compañeros un David Soto que completó un extraordinario partido y que se mostró en todo momento entero ante los ataques del Depor. 

Román volvió a brillar y a poner de manifiesto que sería una "tragedia deportiva" que se fuera la temporada que viene de aquí sin dejar un mísero euro en la caja, aquellos que tienen responsabilidad en esta cuestión deben trabajar y hacer todo lo posible para que ello no se produzca pues es un lujo que no nos deberíamos poder permitir.

Mención aparte merece la afición granate desplazada a Riazor y que ofreció  en todo momento su apoyo a un equipo que esta vez estuvo a la altura de su gente.

¿Qué es lo que puede estar fallando para que un equipo que es capaz de movilizar a casi 1000 aficionados para ir a A Coruña no cuente la mayor parte de las veces con más colorido en las gradas cada vez que juega en casa y más viniendo de un ascenso y con lo bien que se ha empezado esta campana?

El día del debut parecía que esto podía cambiar pero ya contra el Talavera el ambiente en el campo volvió a menguar de manera importante.

Si el Pontevedra CF sigue latiendo en el corazón de tantos aficionados. Si sigue habiendo mucha gente pendiente del resultado del "Pontevedriña" cada fin de semana. Por qué luego ello no se refleja como nos gustaría en Pasarón?

Ese es otro motivo de reflexión para este Consejo de Administración y en especial para la cúpula del mismo.

No creo que los hagan (reflexionar sobre ello, digo) pero deberían hacerlo con urgencia.  


     

martes, 13 de septiembre de 2022

De zonas "DOGSO", frenos de mano y un "hobbit" desasistido

Hay opiniones que sostienen que el fútbol triunfó desde el principio por la sencillez de sus reglas y una rápida comprensión del objetivo del juego por parte de sus seguidores.

Con el paso de las décadas algunos aspectos se fueron perfeccionando. Los cambios de más calado apelaban simplemente al sentido común que exigía que si había lesiones lo normal es que hubiera cambios y que si existía extrema dureza e incluso violencia se aplicasen normas disciplinarias.

En los últimos tiempos, sin embargo, se ha ido admitiendo como algo normal que cada poco tiempo se reúnan los responsables del fútbol mundial (rodeados, supongo, de suculentas comidas y todavía mejor bebidas) para cambiar determinadas normas de este deporte. 

Así, por cada cambio coherente en las reglas del fútbol que pocos pueden negar que beneficia al espectáculo, se producen cinco o seis que enmarañan de tal forma el reglamento que dan ganas de tirar la toalla a la hora de tratar de entender lo que los prebostes de balompié acuerdan cada vez que se juntan para arreglar el fútbol.

El Domingo en Pasarón se vivió una de esas jugadas para cuya interpretación nadie parece tener la respuesta correcta y genera numerosas dudas entre la afición a este deporte.

Tras un primer cuarto de hora soporífero de juego entre Pontevedra CF y CD Talavera, se produce un lance en el que Brais alcanza a enviar un certero pase hacia Oier Calvillo que una vez ganada la posición por velocidad a su marcador y controlado el esférico, se apresta a entrar en el área de castigo algo escorado a la derecha para encarar al portero rival.

En ese momento, Oier es derribado sin duda aluna por el defensor talaverano indicándose por el árbitro penalti para los granates y tarjeta roja directa para el jugador contrario.

Vaya por delante que la acción en la que el futbolista toledano golpea en el muslo a Oier es fuera del área aunque ya dentro estira su brazo para terminar de empujar al interior navarro.

Si se entiende que es una acción continuada debió señalarse falta a escasos centímetros de la línea de área grande y no pena máxima.

Ahora. Está bien expulsado el jugador del Talavera?

Ahí empiezan las versiones diferentes, las apelaciones a presuntos cambios recientes de norma y más argumentos para tratar de explicar si esa expulsión resultaba acorde o no con el reglamento existente a Septiembre de 2022.

Lo que este atribulado bloguero puede aportar a tal acalorado debate es aquello que escucha en los medios de comunicación generalmente cuando hay que justificar alguna decisión arbitral a favor de cualquiera de los dos miembros de duopolio.

Así, lo que se dice es que hay dos circunstancias claves que hay que analizar para valorar el color de la tarjeta.

Por un lado, si existe a juicio del árbitro ocasión manifiesta de gol y si además el defensor cuenta con opciones reales en la acción de disputar la pelota o va a derribar claramente al atacante sin posibilidad alguna de alcanzar el cuero.

Además de ello, nos han dicho en más de una ocasión y "presentado con todos los honores" a la famosa "zona Dogso" que no es otra que aquella que se encuentra en las inmediaciones de las áreas de castigo y que entran dentro de la parte del terreno de juego en la que se puede considerar una oportunidad ofensiva como manifiesta a o clara a la hora de intentar hacer gol.

Con esa información (que además ha sido corroborada estos días en redes sociales por alguna cuenta especializada en la aplicación del reglamento por los colegiados), para el que esto escribe resulta evidente que el defensor rival derriba a Oier sin posibilidad alguna de jugar la pelota y que además la ocasión para el navarro era clara pues aunque algo escorado encaraba en solitario al portero talaverano.

No debió pitarse penalti porque la acción empieza fuera pero sí esta bien expulsado el defensa por lo menos según la explicación que se acaba de ofrecer.

Curiosamente en esta misma jornada pero en 2ªFedereción se han producido dos acciones parecidísimas que acabaron con la misma consecuencia, la expulsión por roja directa del jugador infractor.

La primera de ellas en el encuentro Marino de Luanco- Ourense CF. En ella, un jugador gallego derriba por detrás a un atacante asturiano fuera del área y recibe la roja por el árbitro.

En esta acción el jugador del Marino encara al portero por la parte central del área pero todavía es más parecida a la de Pasaron la vivida en O Couto en el partido jugador por el Arenteiro y el Bergantiños.

En ese partido un jugador del Arenteiro tratar de penetrar por el lado derecho del área y es derribado antes de conseguirlo por un futbolista del "Bergan". El árbitro decidió también expulsar al jugador de Carballo.

Recomiendo a los lectores de esta columna que acudan a los resúmenes de estos partidos ofrecidos por En Xogo y que pueden encontrarse en su cuenta de twitter para comprobar la similitud de las acciones.

Es más, el mismo colegiado que arbitró hace dos días en Pasarón, fue el encargado de pitar el Arenteiro- Pontevedra de la pasada temporada y en la segunda parte de aquel choque, Pol Bueso fue expulsado por una acción parecida con Alberto Rubio fuera del área de castigo. (Precisamente Rubio convirtió el saque de esa falta en gol para los granates)

Parece, por tanto, que la decisión de expulsar al jugador del Talavera no es ningún disparate a no ser que entendamos que todas estas acciones que se han relatado aquí están mal arbitradas.

Lo cierto es que esa jugada, una vez transformado el penalti por Charles, le puso en bandeja el partido al Pontevedra CF que siguió disputando la primera parte con ese ritmo cansino y "lentorro" parecido al del año pasado y que resulta excesivamente precedible para el rival de turno juegue con 11 o 10 jugadores.

Aún así, Charles de tacón, Yelko tras una jugada de estrategia y Román en una buena jugada individual pudieron marcar y sentenciar ya el partido antes del descanso.     

Fue una primera parte, insisto, aburrida y con poco ritmo ante un rival, no lo olvidemos, que disputaba su primer partido oficial con una plantilla pensada en principio para una categoría inferior y que bastante hizo con mantener el orden y tratar de sorprender en alguna contra al conjunto granate.

No cuenta con malos jugadores este Talavera como Ramos, Mayorga, Zanelli (que incluso sonó para venir aquí) o un Frodo que la pasada Liga cosechó la nada despreciable cifra de 15 goles.

Precisamente Frodo que en ningún momento puedo hacer valer el poder del anillo único al estar completamente desasistido por su "comunidad" durante el primer tiempo fue uno de los tres cambios del rival efectuados en el descanso con el objetivo de buscar velocidad al contraataque en algún hipotético error pontevedrés.

No existió tal error pues el Pontevedra controló totalmente también la segunda parte. Lo hizo otra vez de una manera cansina, a veces trotona, pero sin conceder la más mínima opción a su rival para inquietar en ataque.

Llegó el segundo gol tras, a mi juicio, la mejor jugada del partido con un balón enviado a la izquierda y controlado con calidad por Brais. Esperó este a Alex que dobló la banda con velocidad y el centro al segundo palo fue rematado de cabeza viniendo desde atrás por el jugador más bajo del partido, Bastos, para terminar con cualquier duda por pequeña que fuera acerca del destinatario de los 3 puntos en juego.

Luego llegó el tercero en el que participó una vez más Brais y que acabó remachando (creo que en el único balón que tocó) por un  Rufo que antes había sustituido a Charles.

Fue un partido, en suma, de 1ª RFEF jugado a ritmo de 2ª RFEF (lo que a tenor de lo escuchado en rueda de prensa no debió gustarle demasiado al entrenador) y contra un equipo que a buen seguro todavía se está amoldando a esta nueva situación inesperada y que es posible que mejore con el paso de los partidos.

En el aspecto individual no hubo tampoco demasiadas cosas que destacar que no sea la actividad de un Brais que fue el más dinámico y participó en los tres goles o el hecho de que nuestros dos puntas hayan marcado por primera vez teniendo en cuenta lo importante que resulta para los delanteros  su relación con el gol.

Quizá como aspecto a destacar deba consignarse igualmente que a excepción de Bastos volvieron a jugar los del año pasado y que los nuevos cuando salen no acaban de colmar las expectativas de aquellos que deseamos verlos.

En mi caso, el que más me apetece ver como se afianza en el equipo por su calidad y la importancia que tiene, es Borja. El Domingo volvió a salir algo frío y perdió dos balones en zonas en las que jamás deben perderse. Es cierto que luego dejó ver ese potente lanzamiento con el que cuenta y que obligó al arquero rival a rechazar el balón en buena intervención pero me preocupan esas pelotas controvertidas en zona de riesgo que Borja debe cuidar con más mimo.

El Domingo sustituyó a Román y es cierto que puede jugar ahí pero yo lo veo en una posición algo más adelantada.

Bakero, por su parte, volvió a silenciar los múltiples aplausos con los que es recibido cada vez que sale y Gueye se enredó demasiado en acciones individuales sin ni siquiera levantar la cabeza en busca de sus compañeros. Si alguna vez es capaz de combinar esa potencia y velocidad que ya nos ha enseñado con una mínima visión de juego, la mezcla puede llegar a resultar muy interesante.

4 puntos de 9 y mitad de la tabla. 

Es una posición tranquila que debe motivar que el equipo prepare con serenidad el gran encuentro con el Deportivo que llega el próximo Domingo.

A buen seguro muchos aficionados granates se desplazaran a Riazor para vivir un choque muy bonito.

Ojalá la imagen del Pontevedra CF sea buena y al margen del resultado compitamos todo el tiempo y entendamos que con el freno de mano echado es más complicado jugar.


 


    

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Mi lavadora es muy antigua pero funciona.

 Llegué al pequeño apartamento en el que vivo actualmente en 1999.

A lo largo de este casi un cuarto de siglo he residido en él cerca de 20 años. Muchos de ellos solo, otros en compañía de una maravillosa persona que con el tiempo se convirtió en la madre de mi hijo.

Antes por tanto de la llegada del siglo XXI arribé, con permiso de una entidad bancaria a la que todavía sigo rindiéndole tributo mensual (2 años me faltan para dejar de hacerlo), al que puedo denominar mi hogar y ese minúsculo sitio al que regreso cada día después de las labores cotidianas de cada jornada.

Y en aquel lejano año 1999 presidía ya la cocina una lavadora incombustible que fue usada por los anteriores ocupantes del lugar desde sabe Dios cuanto tiempo atrás.

Este imprescindible electrodoméstico me ha acompañado a lo largo de todo este tiempo y ha sobrevivido a pequeños achaques que en ningún caso propiciaron que el técnico de turno me recomendase enviarla a la jubilación definitiva. "De ninguna manera- me dijo el profesional que la examinó la última vez tras una pequeña fuga de agua-. Se cambia este manguito picado y aquí hay motor para rato todavía".

Es cierto que al vivir solo (salvo aquellos fines de semana en que me acompaña lo único bueno que he ayudado a hacer en la vida que ya se está convirtiendo en un exigente preadolescente) no la pongo demasiadas veces a la semana pero ahí sigue mi compañera de fatigas.

Año tras año lavando mi ropa, centrifugando, secando y desafiando a la tan odiosa como acreditada obscelescencia electrónica propia de esta centuria poco dada al respeto de los derechos de los sufridos consumidores.

¿Por qué no la cambias ? Me preguntan a veces las visitas tras no reconocer ya en su parte delantera ni rótulo visible de marca alguna? Por que funciona- respondo. Cumple con su función con diligencia y da pocos problemas.

Hace diez días el Pontevedra CF debutó en 1RFEF dejando una imagen notable entre su parroquia a base de fútbol rápido, incisivo, con mucha intención y ordenado en la presión sobre el rival.

Los que desconfiaron un poco (me incluyo entre ellos) tras ver en la alineación inicial "a los de siempre" más Bastos, despejaron ( despejamos) pronto las dudas al ver a un equipo alegre, dinámico y profundo que fue mejor durante mucho tiempo y que pudo ganar perfectamente a un recién descendido de segunda división.

La alineación de hace cuatro días en S. Sebastían de los Reyes también causó sorpresa a este atribulado bloguero al percatarme de los dos cambios que se planteaban en la misma con respecto al primer choque.

Rufo jugaría por Charles y Bakero por Rubio.

Con respecto al tema Charles -Rufo ya la temporada pasada hubo ocasiones (cuando ambos estaban disponibles) que la elección para el "once" inicial entre el uno y otro me parecía algo así como jugada al "pito pito gorgorito" por el entrenador.

Nunca se explicaba porque jugaba uno ese día y a la jornada siguiente el otro. 

Esa sensación volvió a asaltarme media hora antes del partido del Sábado pasado al comprobar que no sería el brasileño el titular y sí el punta madrileño.

Y más teniendo en cuenta que Charles estuvo bien frente al Alcorcón. Es cierto que no contó con remates en su haber pero sus inteligentes movimientos en ataque y su acreditada capacidad para combinar de espaldas con su compañeros dotaron de frescura y posibilidades al ataque granate.

Quizá piense en jugar más recogido y sin tanto balón para que Rufo pueda coger alguna contra- reflexioné sobre el particular.

Con respecto al segundo cambio (Bakero por Rubio) la verdad es que me sorprendió aún más teniendo en cuenta que con Rubio en la izquierda y Oier en la derecha el Pontevedra jugó 60 minutos muy buenos el primer día y la última media hora con Bakero tras el punta y Brais en la izquierda nuestro juego ofensivo decayó bastante.

La sorpresa fue mayor tras el comienzo del partido al ver que la ubicación de Bakero no era en la media punta en la que seguía estando Brais sino en banda izquierda, desempeñando la labor que una semana antes había hecho Alberto Rubio.

Nadie mejor que Antonio conoce a su plantilla y sus motivos tendrá para haber elegido esa alternativa pero lo cierto es que no salió bien y a Jon Bakero se le vio bastante perdido en una zona del campo que quizá no sea la más adecuada para sus cualidades.

Lo cierto es que el Pontevedra quiso otra vez la pelota y trató de controlar el partido a través de la posesión pero en ningún momento logró esa profundidad y sensación de peligro que incomodase de verdad al Sanse.

Eso no fue lo peor, no obstante. 

Lo peor fue que el equipo se mostró endeble a la hora de frenar la primera transición con algo de peligro del rival y ni defensa ni portero estuvieron acertados a la hora de evitar un gol que cambió radicalmente el partido.

Es cierto que nada más comenzar la segunda parte el arquero local tuvo que emplearse a fondo para rechazar un cabezazo de Brais pero también que un par de minutos después llegó el 2-0 y la sentencia a un choque en el que el Pontevedra se pasó los últimos 35 minutos remando contra corriente pero sin opciones reales de llegar a la costa.

Sí se pudo ver por lo menos otra arrancada de esas que levantan al público de sus asientos de un Libasse Gueye que volvió a demostrar potencia, conducción y habilidad en una acción explosiva. 

Si este jugador logra acompasar estas cabalgadas preñadas de electricidad con una adecuada visión de juego, la verdad es que podría dar buenas tardes de fútbol a una afición que ya ha apuntado su nombre con letras de fuego.

El caso es que se perdió y se perdió sin demasiados paliativos en nuestra primera salida como visitante.

No es esta derrota una circunstancia que deba desalentar al equipo más allá de lo que supone una oportunidad desperdiciada para sumar algún punto más.

Ni el primer día éramos la octava maravilla del mundo ni ahora un edificio en ruinas que demoler con premura.

Esto acaba de empezar y el Pontevedra debe seguir aclimatándose a esta 1RFEF sensiblemente más potente que la categoría en la que estábamos el pasado año pero para la que el equipo cuenta con argumentos para navegar ordenadamente y evitar arrecifes que amenacen con el hundimiento de la nave.

Eso sí. 

Si contra un equipo realmente importante "la cosa pintó bien" y se tuvieron opciones reales de victoria, quizá (solo quizá) haber apostado por la continuidad hubiera resultado más rentable.

Es cierto que no es lo mismo jugar en casa que fuera pero la impresión que por lo menos el que esto escribe tuvo por televisión, es que la intención de juego era la misma y si ese plan se realizó muy bien un día con unas piezas es posible que esas mismas piezas fueran las más adecuadas hasta que la realidad pudiera dictar lo contrario. Momento ese en el que si habría resultado más lógico el cambio sobre la marcha.

En lo que a mi respecta, aguantaré con mi vieja lavadora (que lava lenta pero segura) hasta que su corazón diga que no aguanta más y solo en ese momento me resignaré a un cambio de máquina que me lleve de nuevo a la victoria de ver mi ropa perfectamente lavada.

Parece (digo parece por que con la RFEF nunca se sabe) que habrá partido el Domingo.

No sera el Dux expulsado de la competición y si el Talavera, recientemente admitido en su lugar, el que visite nuestro estadio.

Será un día perfecto para que el equipo vuelva a encontrarse a sí mismo y trate de lograr la primera victoria en esta 1RFEF.

Ahí estaremos para vivirlo y ojalá con un ambiente por lo menos similar al del debut frente al Alcorcón. 

 

miércoles, 31 de agosto de 2022

Encuentra las diferencias

Cuando era un crío me gustaban mucho los pasatiempos.

Le pedía a mis padres que me comprasen aquellas publicaciones especializadas que ignoro si todavía se venden a día de hoy y me sumergía en crucigramas, autodefinidos, sopas de letras etc, evitando por todos los medios acudir a las últimas páginas en las que aparecían las soluciones a los acertijos.

Una modalidad que me atraía bastante era aquella de "buscar las diferencias". 

Aparecían dos viñetas aparentemente iguales pero que incluían sutiles modificaciones que había que encontrar utilizando la capacidad de observación.

El Domingo pasado el Pontevedra CF debutó en 1ªRFEF y si superpusiéramos una "viñeta" con el comienzo del partido ante el Alcorcón con otra en la que se representara el debut de la temporada pasada frente al Compostela, algunas diferencias saltarían a la vista de manera fácil e inmediata y otras solo surgirían tras dedicar un poco más de atención al "pasatiempo".

La primera diferencia evidente la constituyó el ambiente del choque.

No sé cuanta gente finalmente acudió de manera oficial al encuentro pero la animación, la expectación y el colorido de las gradas resultaba evidentemente superior al de la campaña anterior.

No quiero decir con ello que ya se haya conseguido la meta deseada y que este sea el tope con el que se puede soñar este año, no.

Creo firmemente que se puede y se debe superar comenzando por esa cifra de abonados cuya última cifra oficial anunciada por el club (unos 1600) resultaba, a mi juicio, demasiado baja y decepcionante.

Sea como fuere, el Domingo se respiraba fútbol en el campo municipal de Pasaron y ello siempre resulta una buena noticia por lo importante que resulta para el equipo sentir el aliento de su gente y lo complicado que es para el rival notar nuestras gradas encendidas.

Otra diferencia no demasiado difícil de detectar consistió en el ritmo de juego del partido.

Desde el minuto 1 hasta prácticamente el final, a pesar del cansancio del equipo en el último tramo del choque, ese ritmo de fútbol fue notablemente superior a la que tuvimos que soportar en casi todos los encuentros de la pasada temporada.

El balón rodó rápido, el dinamismo de los futbolistas resultó llamativo y a la media hora de juego la sensación que este atribulado bloguero sentía desde la tribuna es que necesitaba parar las pulsaciones del corazón como si las de un futbolista más se tratase.

Vamos ahora con una diferencia más complicada de descubrir.

En efecto, el Pontevedra CF salió al campo con 10 jugadores que ya militaban en la plantilla en 2ªRFEF.

Solo Bastos en el lateral derecho aparecía de titular de entre los fichajes del verano aportando al equipo explosividad y velocidad desde ese lateral derecho del que salvo sorpresa monumental se va a hacer dueño casi exclusivo a lo largo de la Liga.

Ahora bien, la dificultad en apreciar esa diferencia se quedó ahí, en adivinar cual era el único jugador nuevo pues en el desempeño sobre el césped las diferencias fueron mucho mayores.

Como se ha dicho más arriba, el Pontevedra CF, tras un breve inicio titubeante, logró dotar a su fútbol de una velocidad en la combinación, de un dinamismo entre sus piezas y una alegría en sus evoluciones realmente llamativa teniendo en cuenta ante que rival se jugaba.

A lo largo de toda la primera mitad ( a excepción de los 5 minutos siguientes a encajar el gol) se vio a un Pontevedra superior y peligroso. Tan solo en el juego aéreo defensivo los granates tuvieron problemas, eso sí muy serios, para parar a los jugadores rivales.

Cuando más se sufría con el 0-1 en contra, llegó esa preciosa acción colectiva iniciada por un brillante Román que desembocaría en el gol del empate que devolvía un mínimo de cordura al marcador según lo que se había visto en esos 45 minutos.

El inicio de la segunda parte todavía fue mejor y el Pontevedra borró literalmente del césped al Alcorcón en los primeros doce o trece minutos de ese tiempo.

Fueron minutos de una intensidad, de una presión y de una capacidad para llegar arriba con peligro tan grande que realmente llamó la atención que en medio de esa exuberancia de juego, Antonio decidiera hacer un doble cambio que quizá no salió tan bien como se quiso.

Hasta ese momento el equipo no daba sensación de cansancio físico y el rival también se aprestó a realizar un doble cambio ante el chaparrón que se le venía encima.

Haber esperado a ver como se reubicaba el Alcorcón sobre el césped y si con esos cambios conseguía que bajara ese nivel tan alto de juego granate, habría sido también una opción viable antes de hacer nuestros primeros cambios. 

El caso es que además del hombre por hombre que supuso el relevo de Rufo por Charles, el otro cambio (Bakero por Rubio) supuso que Brais dejara la media punta en la que estaba cuajando un partido monumental y se desplazara a la izquierda para que el ex del Slavia ocupara esa zona detrás del delantero. Ahí nuestro juego empezó a perder algo de frescura e imaginación y el partido fue igualándose poco a poco.

Por cierto, esa opción de alinear juntos a Rubio y a Oier (el primero por la izquierda y el segundo por la derecha) que no se había probado el año anterior, resultó positiva y digna de ser repetida.

A partir de la última media hora de juego y a medida que, esta vez sí, el cansancio hacía mella de manera lógica en las piernas de los nuestros, se pudo apreciar otra diferencia notable con el año anterior.

Ya las salidas de Rufo y Bakero no eran de jugadores cualquiera pero cuando Brais, Yelko y Román dijeron que no podían más, que jugadores como Gueye (que asombró al protagonizar una carrera espectacular deshaciéndose de varios rivales) pero sobre todo de Borja Domínguez o incluso, cerca del final, Mario Ortiz, pone de manifiesto claramente que la profundidad de plantilla esta temporada es mayor y que esta circunstancia resulta importantísima dada la dificultad de la competición en la que estamos inmersos.

No podemos olvidar en este sentido que la plantilla cuenta con tres lesionados (Araújo, Seoane y Cacharron) y que no ha debutado todavía el central Luis Martínez.

El Pontevedra pudo aguantar esos últimos minutos en los que el Alcorcón se vino un poco más arriba (sin exagerar demasiado, eso sí) y terminar el partido con ese punto que si bien puede ser poco botín teniendo en cuenta que en líneas generales el equipo fue mejor que su rival, no es poca cosa ante un conjunto que la Liga pasada estaba dos categorías por encima.

Me gustó mucho el partido de Yelko (que dotó a su fútbol de más toque rápido y menos florituras que a veces le dispersan un poco), de Brais (hábil en la circulación pero muy rápido en el desborde) y de un Oier que sigue en esa línea regular del final de la campaña pasada y que aguantó bien el envite físico del choque.

De todas formas, si tuviera que quedarme con dos jugadores lo haría con Alex y Román lo que no constituye una diferencia con respecto al año pasado.

El capitán tuvo que jugar otra vez de lateral (me da que lo tendrá que hacer bastantes veces más) y aportó llegadas con peligro pues tenía ese día chisposo en el uno contra uno a pesar de arrancar desde más lejos pero también acompañó su labor con un trabajo en defensa incansable hasta el punto de que en los últimos minutos corrigió a base de pulmones algún despiste de compañeros que podrían haber costado caro.

Y que decir de Román.

No es que equilibre al equipo desde esa posición de mediocentro defensivo y "barredor" de los intentos de construcción del contrario sino que cada vez destaca más en la propia labor creativa del Pontevedra moviendo el balón con criterio y dando sentido a nuestras acciones desde el comienzo. Por si fuera poco, cada vez enseña más un lanzamiento lejano que entraña mucho peligro.

Quedan todavía unas horas para el final del mercado de verano y es evidente que su continuidad aquí todavía no está asegurada al 100%.

Un club como el nuestro necesita dinero, eso está claro, y si llegase una oferta irrechazable el dilema sería complicado pues Román acaba contrato y a partir de Enero es libre para negociar con otros y marcharse en Junio a coste cero.

Lo ideal sería que se quedará pero convenciéndole para que renovase. Esa es la labor que debería tener como meta el Consejo y de llevarla a cabo haría coincidir el interés deportivo (el agujero que nos dejaría su marcha ahora, convertiría el de Tunguska en un juego de niños) y el económico pues podría conseguirse una cifra mucho mayor por su traspaso en el futuro.

Se conseguirá que la afición pueda apreciar esta vital diferencia? Se logrará una gestión adecuada en un tema como el futuro de Miguel Román que resulte positiva para la protección de los intereses de la entidad?

Repito, esa sí que sería una diferencia maravillosa con respecto a otros casos del pasado.

Veremos.