lunes, 7 de abril de 2025

Doble victoria en Domingo.

No deber ser fácil disputar un partido de fútbol cuando ese mismo día, escasas horas antes, has jugado y ganado otro mentalmente al enterarte de la derrota de tu único rival que te deja el camino más llano que nunca para alcanzar la meta.

No debe ser fácil disputar un partido de fútbol a lo largo de todo el campo que da a la grada sur del estadio municipal de Pasarón. Sin tener la posibilidad de controlar un balón sin que previamente salte como un conejo. Sin poder jugar “de primeras” ante el diabólico comportamiento de la pelota. Sin encontrar, en definitiva, las condiciones mínimas que tu estilo de juego necesita para empezar a sacar ventaja en el enfrentamiento.

No deber ser fácil, además, jugar ese partido frente al que era mejor equipo de la segunda vuelta y que demostró desde el minuto 1 tener bien estudiado al Pontevedra CF y contar con una fortaleza física en algunos de sus hombres (especialmente en la defensa) que presagiaban dificultades para un conjunto granate que volvía a salir sin “9” puro al césped.

Todos esos condicionantes previos que existían a las 17.00 h de la tarde ayer deben ser tenidos en cuenta para analizar el choque de la forma más equilibrada posible pero todas esas circunstancias, aún importantes, no justifican del todo los primeros 45 minutos de un conjunto granate que jugó prácticamente andando el primer tiempo.

El Llanera asentó sus reales sobre la hierba de Pasarón con el firme propósito de defender ordenada y reciamente el juego de ataque local.

Lo hizo con dos centrales casi más anchos que altos y con una fortaleza física notable.

Lo hizo también entregando espacio por fuera pero juntándose mucho por dentro para anular la creatividad de Dalisson, Brais o Yelko y darle la oportunidad al Pontevedra de centrar balones al área sin contar con ningún efectivo que pudiera pelear de tú a tú con las rocas del centro de esa defensa.

La única solución para derribar ese muro no era otra que dotar de una velocidad y ritmo grande al juego para desarbolar a base de paredes, toques continuos y llegadas de segunda línea el entramado perfecto que había montado el equipo asturiano.

Y esa solución no llegó.

El Pontevedra fue en esa primera mitad un equipo exasperantemente lento e incluso a veces débil al choque y desconcentrado.

Es cierto, se insiste, que lograr más ritmo de balón en la parte del campo que da a Sur es prácticamente imposible y constituye ya un problema estructural para el equipo y más si Iago sigue al mando la campaña que viene redoblando la apuesta por este estilo de juego.

Alguien debería hacer algo al respecto y no me refiero a parches o a soluciones temporales que volverán a fracasar y a costar dinero inútil.

Este atribulado bloguero está casi seguro que nadie lo hará pero el estado del césped ha constituido y seguirá constituyendo un problema para el equipo, especialmente a partir de todos los meses de Diciembre hasta final de temporada.

Aún con ese problema ya conocido y aún con el buen hacer defensivo del rival, el Pontevedra debió tratar como fuera de lograr un ritmo mayor en el juego y al no hacerlo el partido se convirtió en un intento permanente de entrar en una pared de cemento con un pico de plástico y así los minutos fueron pasando sin que se consiguiera tener la más mínima opción de tirar a puerta.

Eso sí, el Llanera (que defendía cómodo y sin sufrir fuego real por parte del Pontevedra y que fue superior en esos primeros 45 minutos) también enseñó sus garras en ataque principalmente en botas de Tito, un menudo pero rápido jugador, que obligó en una de las ocasiones en las que hizo valer su velocidad a Edu Sousa a efectuar una gran intervención para impedir que el partido se complicara todavía más.

Al término de la primera parte, resultaba evidente que el Pontevedra necesitaba cambiar el guión del partido. O le daba una velocidad mayor al juego, o mejor dicho, o se dejaba de jugar andando o se metía en el campo al único delantero disponible (Carlos López todavía no entró en convocatoria) para referenciar a los centrales, chocar con ellos y generar algo de caos en el área asturiana.

La única variación táctica, en cambio, fue el cambio de banda a pierna natural entre Cuesta y Chiqui.

La primera ocasión, sin embargo, fue otra vez para el Llanera a través de un lanzamiento desde la frontal que obligó de nuevo a Edu a intervenir con acierto y enviar esa pelota a córner.

A partir de ahí, con algún sector del público ya algo nervioso y disgustado por la excesiva pasividad de su equipo, las tornas empezaron a cambiar un poco.

El Pontevedra empezó a merodear más veces el área del Llanera, algún lanzamiento peligroso se marchó fuera pero ese giro no era todavía suficiente para desequilibrar la balanza.  

Llegó primero, alrededor del 60, un doble cambio por medio del cual Brais y Cuesta (bastante desafortunados ambos) salieron del campo para dar entrada a Novo y Alex.

El principal problema seguía existiendo.

Si se coloca a Chiqui en la derecha con la misión principal de centrar y se mete por el otro lado a Alex para lo mismo, lo lógico sería contar con un rematador para tratar de aprovechar esa fuente de balones al área que previsiblemente llegarían..pero ese “9” seguía sin estar.

Eso sí, Iago Novo pareció entender algo más el partido que Brais y en sus primeras intervenciones trató de verticalizar, de profundizar algo más y romper con ese juego de “parabrisas” en tres cuartos que ningún resultado estaba dando.

Y alrededor del minuto 71 y con un Llanera ya metido muy atrás con un 5-4-1 y con menos capacidad de salida, Iago se decidió a sacar al campo a Rufo para tratar de dar el último arreón al partido.

Y no tardó en llegar ese arreón.

Apenas cinco minutos después de salir al campo, tras una acción por la derecha, Chiqui pone un centro al corazón del área y Rufo libre de marca hacía de cabeza uno de los goles más importantes desde que está aquí.

Y pudo hacer un segundo que salvó un defensa cuando el balón se colaba y sí hizo ese segundo en otra jugada algo afortunada de Chiqui que esta vez la puso rasa al área para que el “pelado” terminara con el partido.

A partir de ahí, alegría en las gradas, algunas patadas innecesarias de uno de los jugadores suplentes del Llanera (que dicho sea de paso justificó con creces su muy buena clasificación en la segunda vuelta) y la conciencia colectiva en Pasarón de que este ascenso directo ya no lo evita ni una catástrofe deportiva de dimensiones enormes.

Ahora, cuando el Pontevedra CF saca 8 puntos de ventaja con 12 en juego; cuando ya existen posibilidades matemáticas de subir el próximo fin de semana si se logra ganar en Salamanca y el Numancia no vence al R. Ávila, es cuando más pienso en el disgusto gigantesco que muchos nos llevamos el pasado año cuando no fuimos capaces de sacar adelante en Pasarón dos finales que nos habrían llevado antes a la 1RFEF.

Analizo los datos y observo como el Pontevedra terminó la Liga pasada con 69 goles a favor y 31 en contra y ahora, con 4 partidos por jugar, acumula 40 marcados y solo 20 encajados.

A pesar de no haber ganado todavía fuera en la segunda vuelta, creo que el Pontevedra ha sido y está siendo este año un equipo más serio y más compacto que en la temporada anterior.

Salvo el partido de Riazor y quizá el de Soria hace muchos meses, el Pontevedra ha competido siempre y si bien ha cometido errores atrás, ha limitado muchísimo dos de las vías de agua defensivas del año pasado.

Por un lado, las pérdidas groseras en propio campo con entregas regaladas a rivales para que aprovecharan a placer los obsequios y sobre todo por otro, el balón parado defensivo en el que hemos dejado de ser Papá Noel y los Reyes Magos al mismo tiempo.

No hemos tenido el acierto ante el gol de la Liga anterior? No, es verdad. Pero metiendo un número mucho menor de goles le hemos sacado mucho más partido a la clasificación porque, hasta ahora, llevamos 11 menos recibidos y lo que es más importante acumulando muchos partidos con la portería a cero.

Es cierto que quizá de haber contado con un delantero “top” las cifras ofensivas habrían sido mucho más espectaculares pero lo que este atribulado bloguero valora mucho es que sin perder el estilo ( a excepción de la segunda parte aquí con el Numancia) el Pontevedra se ha mostrado más bloque, más hermético, más seguro defendiendo.

Eso era posible y esta Liga lo ha demostrado.

Sí. Sé que no está hecho. Que a día de hoy todavía habría que hacer 5 puntos pero tras los últimos cuatro partidos en los que solo hemos convertido 5 goles pero únicamente hemos encajado 1, era necesario reflexionar sobre la idea de que ser un equipo dominante con la pelota, acumulador de un porcentaje muy grande de posesión, no debe estar reñido, es más, debe ser inherente a convertirse en un conjunto reactivo tras la pérdida, seguro en la circulación en zonas sensibles y concentrado en el balón aéreo defensivo.

Llega ahora la primera oportunidad de certificar el retorno a la 1RFEF.

Será en el histórico estadio de El Helmántico y el club ya ha anunciado viaje organizado.

Nosotros jugaremos el Domingo a las 17.00 h y el Numancia lo hará ese mismo día pero a las 18.00 h.

El equipo charro será un rival muy complicado. Cuenta con un partido menos (el que deberá jugar en el campo del Real Ávila) pero una serie de malos resultados les ha llevado de luchar por playoff a estar metidos en la lucha por abajo.

Será necesario que aparezca la versión concentrada y seria en el aspecto defensivo del Pontevedra CF.

En ese contexto la baja de Pelayo sí me parece significativa pero espero que Garay aumente la contundencia que ayer le faltó en alguna de sus acciones e Igor esté más expeditivo que frente al Llanera.

Está muy cerca el objetivo pero todavía hay que pelear.

Ojalá ya el domingo se pueda celebrar.

Hala Pontevedra siempre¡¡

lunes, 31 de marzo de 2025

Paco, "mi portero".

Me enteré por sorpresa.

Nada más empezar la retransmisión del partido en Carballo narrado por Gustavo Varela y comentado por Milucho, ambos informaban de la muerte de Francisco Rodríguez, Paco, el  portero titular del Pontevedra CF a lo largo de la primera mitad de los años 80.

Me impresionó la noticia, sentí una tristeza especial, parecida a esa que se experimenta cuando fallece un cantante o una actriz cuyas melodías o películas acabaron resultando, por lo que fuera, importantes para la singladura de la vida.

Paco era “mi portero”.

El guardameta del primer Pontevedra cuya alineación puedo recitar de corrido y no por las historias contadas y no vividas. Ni por los libros de fútbol que describen hazañas gigantescas del Pontevedra pero que nunca pude presenciar.

Era “mi portero” porque lo vieron mis propios ojos, porque le vi defender el arco del equipo de mi ciudad, porque le vi parar y defender el escudo que tanto significa para el que esto escribe.

¿Cómo olvidar el olfato de gol de Soneira, la calidad de la zurda de José Emilio, la insultante juventud y finura de Taboada, el constante trabajo y contundencia por abajo y por arriba de Cal y Collazo, la clase de Dominguitos, el “perro de presa” en el que se convertía Milucho cada vez que le encargaban “secar” al rápido y talentoso del rival, la elegancia de Churruca, la fuerza y cara de “malas pulgas” de Amigó o a uno de los mejores centrales que he visto nunca jugar en el Pntevedra como Pedro Tapia.

No eran los jugadores de los años 60 que proporcionaron a la afición, ciudad y comarca entera unos años gloriosos que quedarán para siempre en los anales de la historia.

Jugadores algunos de los cuales nos han ido dejando como tan recientemente Roldán I pero a los que por edad no puede ver, no puede sentir, no puede relacionar con pasajes de mi vida.

Por detrás de todos ellos, con su delgadez y bigote, con su gorra cada vez que el sol amenazaba con entorpecer la visión, estaba Paco que dejó el Flavia en el 82 para jugar aquí.

No le recuerdo como un portero espectacular de intervenciones agradables para las cámaras sino como un guardameta sobrio, serio, con el que se podía ir a a Ipurua para enfrentarte a 90 minutos de balones colgados al área a lo largo de los cuales atraparía todos sin regalar una “palomita” a la televisión pero otorgando la máxima seguridad a su defensa.

La muerte de Paco me estremeció por dentro porque significaba que un pedacito de mi infancia granate se marchaba para siempre y lo hacía demasiado pronto.

Aquellas interminables semanas de colegio y luego de instituto siendo incapaz de entender las matemáticas o el inglés pero esperando ansioso a que llegara el Domingo para ir con mi padre a Pasarón y ver a unos futbolistas que no eran de primera pero que se comían el césped en la cuarta categoría con la ambición de demostrar que ese no era el lugar que nos correspondía. Que su categoría como jugadores y que la categoría de la afición estaban bastante por encima de esa barrera.

 Aquellos duelos en Liga frente al CD Orense, el primer puesto conseguido a base de convertir Pasarón en terreno casi inexpugnable para los rivales, las segundas partes en las que (al contrario que ahora) se atacaba y “aplastaba” a los contrarios contra la portería de sur aprovechando una pequeña pero existente colina que convertía al equipo en un huracán alentado por su gente.

En esos años me enamoré de todo esto. Aprendí a querer y comprender lo que significa el Pontevedra CF.

Que por encima de ganar y perder estaba la lucha, el compromiso, el provocar que el aficionado pudiera sentirse representado al ver las camisetas de sus jugadores empapadas de sudor y barro.

Que quizá nunca se volvería a Primera División pero que este escudo exige siempre luchar contra molinos de viento, que el fracaso no lo constituye la derrota sino el no levantarse otra vez y volver a intentarlo, que nada hay más bonito que celebrar un gol granate y celebrar los éxitos conseguidos y que estos siempre llegarán después de un esfuerzo enorme; de qué nadie nos regalará nada nunca.

Que el fútbol que yo quería ver, que quería vivir, que quería sentir era este, el de Pasarón y no el que se jugaba a treinta km al sur.

En esos años cada vez más lejanos quien protegía los palos de mi portería era Paco.

Quien sacaba balones aparentemente fáciles sin ninguna alharaca pero que luego te dabas cuenta lo difíciles que eran, era Paco.

Estuvo en Pontevedra 4 temporadas hasta que al terminar la 85/86 se marchó precisamente al Bergantiños en donde siguió cosechando buenas actuaciones.

En el aspecto individual acumuló en la temporada 82/83 más de 760 minutos sin encajar un gol, marca que creo sigue vigente todavía en el club.

En el colectivo, participó decisivamente en el ascenso a 2B de la 83/84.

Aquella campaña el Pontevedra fue un ciclón en la Liga y nadie pudo discutir siquiera su primer puesto.

En la primera eliminatoria por el ascenso, se sobrevivió al campo de cenizas del Mensajero y luego se les pasó por encima aquí.

Y tras golear en Pasarón al Eibar, en una de las tardes noche que no olvidaré jamás, Paco lideró en Ipurúa desde la portería con su seguridad y saber estar a un Pontevedra que ni siquiera sufrió demasiado el empuje eibarrés.

Le veía de vez en cuando en Pasarón estos últimos años y mi absurda timidez y falta de confianza que tanto daño me hacen, me impidieron acercarme alguna vez y decirle.

“Usted es Paco, verdad? Gracias por hacerme soñar hace tantos años y proteger mi portería como lo haría un padre con sus hijos”.

Hasta siempre Paco. Hasta siempre "mi portero".  

martes, 25 de marzo de 2025

Prueba de madurez superada

Desde el mismo instante en que sonó el silbato del árbitro indicando el final del encuentro contra el Numancia, junto a la alegría y el alivio que proporcionaban los tres puntos, tuve también la impresión de que el esfuerzo físico y mental de ese partido debería ser manejado con inteligencia por los equipos para superar con éxito la prueba que llegaría en fin de semana.

Fue uno de esos partidos en los que el espectador afín a alguno de los contendientes acaba también agotado. 
La piernas agarrotadas como si se hubiera corrido continuamente por la banda, el corazón estrujado de una manera parecida a como lo estaría de haber pegado varios sprints persiguiendo a un contrario y la cabeza satisfecha por la victoria, sí, pero acusando la concentración y el cansancio de 90 minutos tan importantes.

Si los propios seguidores acababan así el partido ni que decir tiene que el desgaste para los futbolistas tenía que haber sido realmente bestial.

No sé si mediatizado por el esfuerzo del miércoles o por la exagerada polémica que arrastró el choque en los siguientes días, el Numancia caía derrotado el Domingo por la mañana en el campo del Escobedo y proporcionaba al Pontevedra CF una oportunidad de oro para estirar la ventaja a 7 puntos y colocarse en una situación difícil de prever tan solo siete días antes tras la derrota en feudo del Avilés.

En teoría, la labor parecía más sencilla que la de entre semana. 

Visitaba Pasarón un Coruxo que suele caer derrotado en Pontevedra cada vez que visita nuestro campo y además esa matutina derrota soriana podría dotar de energía y más motivación a una plantilla deseosa de conseguir el objetivo cuanto antes.

Pero el Pontevedra había gastado también muchas fuerzas cuatro días antes y afrontar debidamente el partido ante el equipo vigués constituía una prueba no solo en el aspecto futbolístico sino también en la faceta mental. 

De entrada, nos encontramos por sorpresa con la ausencia en la convocatoria de Pelayo Suárez cuya sola presencia en defensa suele dotar de agresividad y personalidad al juego colectivo granate.

Es cierto, sin embargo, que las rotaciones fueron menores a las que este atribulado bloguero esperaba.

Teniendo en cuenta los jugadores que actuaron frente al Numancia, creía que jugadores como Mario, Rufo, Alex, Novo o incluso Xabi tendrían protagonismo desde el principio para dinamizar un poco el físico del equipo.

Sin embargo, solo Rares (que entraba por Mayo) y Fontán (que lo hacía por Pelayo, mandando a Garay al centro de la defensa), se convirtieron en novedades mientras los otros nueve repetían titularidad con respecto al Numancia.

El Coruxo tenía claro lo que tenía que hacer. Meter a todos sus jugadores por detrás del balón, estar muy juntos y cohesionados y defender todas las vías de entrada hacia su portería en espera de que el paso de los minutos fueran haciendo mella en las piernas de los locales y tratar de aprovechar alguna oportunidad.

Y lo cierto es que el plan le salió a la perfección a lo largo de toda la primera mitad.

Fue un primer tiempo lento, espeso sin apenas "electricidad" en el juego del Pontevedra y con escasas opciones para marcar.

El Coruxo tuvo una tras error individual de Igor que no quiso utilizar su pierna derecha para despejar y se acabó complicando y el Pontevedra otra en las botas de Dalisson que repelió el veterano portero del Coruxo.

Un detalle adicional a tener en cuenta para comprender la espesura de los 45 minutos iniciales (además del buen hacer defensivo visitante y la escasa capacidad para mover rápido el balón de los locales), viene protagonizado por el césped. 

Atacar a un bloque bajo en el campo que da al fondo sur resulta bastante más complicado que hacerlo en la otra mitad de la hierba. Ya se ha repetido muchas veces y no es algo nuevo pero esa mitad del campo hace muy complicado que el juego adquiera la fluidez que el Pontevedra necesita.

El guión, por tanto, no era demasiado diferente al que podría esperarse.

Era parecido a esos libretos que se producen en la élite cuando un equipo que juega la Champions League actúa poco después en la Liga en su propio estadio.

Esos partidos comienzan lentos, con el equipo local tratando de madurar el partido que ya esperaba largo y en el fondo creyendo que en algún instante llegará el tanto que incline la balanza a su favor... aunque a veces ese gol no llega nunca.

La segunda parte comenzó con algo más de ritmo pero sobre todo se activó al cuarto de hora con el triple cambio efectuado por Iago.

Entraron Samu Mayo, Alex y Novo y el partido se agitó lo suficiente para que las ocasiones fueran llegando a la portería coruxista.

Mayo logró dotar de algo más de velocidad a la circulación del balón, Novo (aún acostado en banda y por tanto con alguna dificultad más) pudo intervenir y participar en la elaboración y Alex (al que sigo sin ver en su mejor versión) sí penetró y creó dificultades al rival por el flanco izquierdo. 

Además, Dalisson empezó a destapar el tarro de las esencias para fabricar regates "imposibles", estar cerca del gol en un par de ocasiones e intimidar un poco más a un Coruxo que perdió también algo de inteligencia y situación en el campo con la salida del partido de Borja Domínguez.

Alrededor del minuto 80, el Pontevedra elabora una buena jugada por banda derecha que termina en centro al que Rufo intenta llegar y el rechace subsiguiente acaba en la bota izquierda de Samu Mayo que ejecutaba un precioso tiro para derribar la muralla firme del Coruxo.

Es verdad que en los últimos minutos, cuando más controlado debía estar el partido, cometimos algunos errores que pudieron costar caro y que tenemos que evitar cometer en los partidos que restan de Liga.

Especialmente, un desajuste en banda derecha que provocó un centro en muy buena posición de un rival que no fue rematado al fondo de la portería por la aparición milagrosa a última hora de un Alex que pudo enviar el balón a córner.

En esa jugada no estuvo nada intenso en defensa Xabi Domínguez que había salido al campo en los últimos minutos tras dos semanas fuera de las listas.

Es Xabi un futbolista que a lo largo de la temporada ha enseñado velocidad y desenvoltura para tratar de desbordar por banda pero al que a veces le fata algo tan importante como la aplicación defensiva y más en contextos como el del final del partido contra el Coruxo.

Debe corregir eso y entender que correr para atrás es a veces incluso más importante que hacerlo para adelante.

El partido terminó con algún que otro sobresalto menor que el recientemente mencionado y los tres puntos de oro puro acabaron entrando en la cartera del Pontevedra CF.

No era fácil gestionar como ya he apuntado el desgaste físico y mental del miércoles pero tampoco lo era el saber que tras la nueva derrota del Numancia, todo el mundo esperaba (esperábamos) que el equipo volviera a ganar y alcanzara una ventaja que ya es realmente importante.

Hacía falta madurez y creo que el equipo la puso.

El futuro ahora se ve de una forma completamente diferente.

Con las matemáticas en la mano, el Pontevedra necesita 12 de los 18 puntos que quedan siempre y cuando el Numancia gane los 6 partidos en juego.

A pesar de ello, entiendo que el equipo debe apretar ahora más que nunca. No debe permitirse el lujo de aflojar ni un ápice la "soga" que ahora mismo tiene al cuello el equipo numantino.

El próximo encuentro representa una ocasión pintiparada para dar otro paso gigantesco hacia el ascenso.
No hemos ganado todavía fuera en la segunda vuelta y vamos a jugar al campo de un equipo que lleva 6 victorias seguidas y está en un momento formidable.

Habrá nutrida representación de la marea granate en Carballo y además se jugará en hierba artificial, superficie en la que esta temporada el Pontevedra se ha manejado mejor que otras campañas.

Creo que todos estos ingredientes son ideales para que el equipo, siendo consciente de la dificultad grande del enfrentamiento, se plante ante el Bergantiños decidido a cambiar su rumbo fuera de casa y a lograr 3 puntos que allanen todavía más el camino a la 1RFEF.

No me gustaría terminar estas líneas sin subrayar una vez más la tremenda injusticia que se ha cometido estos días atrás con esta plantilla y este cuerpo técnico.

Las palabras de Aitor Calle, especialmente contra un colega de profesión, me parecen realmente exageradas y fuera de lugar.

Se han dicho muchas cosas del Pontevedra, de su entrenador y también de su afición y he echado en falta una defensa más contundente por parte de la entidad hacia su gente.

No se trata de participar ni alentar los delirios judiciales del Numancia pero sí dejar claro que el Pontevedra tiene actualmente 59 puntos en la tabla por su trabajo futbolístico y leal en los campos de juego.

Que tiene una plantilla y un cuerpo técnico que ha honrado al fútbol en la Copa del Rey.

Que tiene una afición entendida, respetuosa y que apoya a su equipo aún con la tremenda retahila de decepciones y fracasos deportivos que lleva a cuestas.   

No creo que sea tan difícil. De verdad, no lo creo.

 

 

 





 

   

viernes, 21 de marzo de 2025

Y el Pontevedra se convirtió en Numancia

Debemos bucear hacia uno de los capítulos más conocidos de las historia de Roma en la península ibérica para entender el significado de la expresión “defensa numantina”.

Allá por el siglo II antes de Cristo, la ciudad de Numancia resistió durante muchos años los embates del todopoderoso imperio romano rechazando con éxito todos los intentos de asalto llevados a cabo por la maquinaria de guerra más potente de la época.

Tras acumular muchos fracasos a la hora de tomar la villa, el Senado romano decidió encargar la misión que hasta ese momento parecía imposible a Escipión Emiliano, quien fuera nieto adoptivo del legendario Escipión el Africano, cuya vida fue llevada con maestría a la literatura española por Santiago Posteguillo a través de una gran trilogía.

Emiliano, según cuenta la historia más inteligente y racional que alguno de sus antecesores encargados de la ardua tarea de rendir Numancia, decidió que había que cambiar de táctica. Si los asaltos no valían, si la estrategia agresiva y ofensiva había resultado infructuosa, lo que tocaba era un consistente, duradero y pétreo bloqueo de la ciudad.

Decidió cortar todas las vías de suministro del pueblo numantino. Dejarles sin comida y sin agua y rendirles por pura inanición y desesperación.

Tras más de un año ejecutando el plan, repeliendo los intentos desde dentro para romper el bloqueo, por fin Emiliano Escipión consiguió la capitulación de una Numancia azotada por el hambre y la enfermedad.

Era tal el orgullo de la gente de Numancia que cuando la entrada en la ciudad por parte de Roma ya era inevitable, prefirieron quemar e incendiar todo y quitarse la vida antes de que el Imperio pudiera disfrutar de sus casas, de sus cuerpos y lo poco que pudiera quedarles.

Más de dos mil años después y en un escenario que a priori no se presentaba de esa forma, los herederos de aquella recia población numantina mudaron su condición de asediados por asediadores futbolísticos de otra pequeña ciudad llamada Pontevedra que en esta ocasión sí resistió el empuje del invasor y terminó por ganar una batalla cuyo destino puede acabar resultando decisivo para lograr el objetivo del ascenso directo.

 Fue un partido dotado con ese revestimiento especial fabricado para una categoría superior.

Dos equipos a los que la 2RFEF se les queda pequeña por muchos motivos; con una gran entrada que volvía a demostrar la ambición y ganas de la afición pontevedresa de dar decididos pasos hacia adelante y vivir fútbol más acorde con el contexto; buenos jugadores; tensión por la importancia de los puntos.

Partido, en definitiva, grande.

La sorpresa en la alineación granate la ponía Dalisson y su titularidad y fue precisamente Dali el que aprovechando un buen pase de Brais colocaba mediado el primer tiempo el 1-0 en el marcador y acercaba al Pontevedra hacia la consecución de la victoria.

Se vivía una primera parte de poder a poder. Con un Numancia intenso, agresivo, poderosísimo en lo físico y desaprovechando dos o tres ocasiones muy claras que podían haberlo cambiado todo.

Las dos primeras oportunidades todavía con 0-0 y en la misma jugada.

En opinión del que esto escribe precedidas de una falta sobre Héctor Hernández no pitada por un colegiado mediocre que permitió demasiada dureza en forma de empujones, agarrones y empellones y cuya forma de pitar fue mejor entendida por un Numancia que no estaba dispuesto a dar concesiones.

Apareció un gran Edu Sousa en dos intervenciones decisivas y la falta de acierto soriano al enviar un rechace de aquel por encima del larguero.

Surgió también la capacidad granate para contrarrestar la fuerza y el juego directo contrario para hacerse con la pelota y jugar más tiempo en campo visitante.

Chiqui penetró algunas veces y en una de ellas pudo ser objeto de penalti que el colegiado decidió no señalar. Brais y Dalisson, aún apretados, consiguieron aparecer y girarse en tres cuartos y generar peligro en algunas acciones hasta que llegó el gol.

Fue en una acción de las denominadas “fronterizas” y susceptibles en el fútbol llamado profesional de ser analizada por el VAR  durante minutos interminables.

Lo único cierto, lo que demuestran las imágenes que se han podido ver, es que en el momento en el que el balón sale de la bota de Brais hacia Dalisson, el hispano-brasileño puede estar habilitado por el lateral derecho del Numancia.

El ángulo no es el mejor. No se puede asegurar que la posición sea legal pero tampoco aseverar lo contrario. Esa es la realidad y no otras alternativas que han aparecido después.

Con ese toma y daca, con esa intención por parte de ambos contendientes de imponer su estilo sobre su rival terminaba una primera parte digna de lo que estaba en disputa y jugada de poder a poder.

Tras el descanso el escenario cambió.

El Numancia, exactamente igual que al comienzo del choque, empezó mejor la segunda parte con algunas piezas cambiadas ya por su entrenador.

A diferencia de lo que ocurrió en el primer tiempo, el Pontevedra no pudo en ningún momento hacerse con la posesión en la que basa habitualmente su juego.

El empuje soriano iba a más cada minuto que pasaba y el Pontevedra era incapaz no ya de alternar alguna posesión larga que hiciera frenar el impulso numantino sino tampoco de hilvanar alguna contra que pudiera coger descolocado a su rival y crearle dudas a la hora de empujar con todo.

Y fue en ese momento en el que el Pontevedra se refugió en su campo a defenderse del asedio de los que antaño tuvieron esa condición y ahora se convertían en asediadores en busca de ese tanto que les diera más vida en el partido y en la clasificación.

Optaron, eso sí, por la táctica errónea romana de hace tantos siglos. No apostaron por un juego más pausado, combinativo y elaborado para rendir a su contrincante por hambre o falta de agua sino que decidieron marchar decididamente al asalto con balones directos, duelos terriblemente físicos y acciones que en algunos casos excedían claramente del reglamento.      

Posiblemente eligieron esa alternativa porque es aquella para la que están más preparados y la que practican habitualmente.

A este atribulado bloguero el Numancia le pareció un equipo con escasa propuesta de juego trenzado pero fortísimo en ese plan de fútbol directo y rápido que pudo verse en el segundo tiempo.

Y lo cierto es que esa manera de buscar el derribo del contrario por fuerza y “aplastamiento” no suele ser bien digerida por el Pontevedra CF.

Y ahí llegó la sorpresa positiva del partido.

Si ya resultó sorprendente la nula capacidad que tuvo el equipo para retomar el mando del encuentro con el ingrediente imprescindible para hacerlo que no era otro que el balón, más asombro causó la adaptación del Pontevedra a la problemática deriva que había tomado el enfrentamiento.

En un escenario de choque continuo, pelotas directas, balones aéreos en contra, el conjunto granate supo sobrevivir con un volumen de esfuerzo y sufrimiento notable y un triángulo inexpugnable que dio fuerzas al resto del grupo para contener a las tropas asediadoras.

Edu, en su sitio en todo momento e incluso viendo peligrar su estado físico por una acción temeraria de un atacante soriano y los dos centrales fueron baluartes que sostuvieron la muralla a pesar del bombardeo al que estaba siendo sometido.

De Pelayo puede esperarse esta actuación pues nos enamoró a todos desde el primer momento en que le vimos en acción pero si para un jugador el partido del miércoles se convirtió en un examen trascendente, fue para Igor Irazu.

El vasco aguantó en pié, despejó todo lo que le llegó por abajo y por arriba hasta conformar una actuación impecable que debería provocar que su futuro fuese especialmente cuidado por una entidad nada proclive, por desgracia, a blindar el futuro de sus jugadores jóvenes con proyección.

Tras una acción impropia del Bonilla que conocimos en Pasarón teatralizando hasta lo imposible una acción en busca de la expulsión de Dalisson, llegó la famosa jugada de Yelko en el 94.

La acción se inicia, en opinión del que esto escribe, con una falta clara del Numancia cerca de su área no pitada. El balón lo coge un Góngora exuberante en lo físico que rebasa por velocidad a un par de jugadores granates hasta plantarse a la altura del banquillo del Pontevedra, es decir, a unos 35 o 40 metros de la portería de Edu y en una banda.

Una vez ahí, Yelko que estaba fuera del área técnica y muy cerca de la línea de banda siguiendo el juego, es medio empujado por un asistente que como es lógico debe seguir la jugada y ello provoca que entre dentro de los límites del campo pero con la capacidad de salirse antes de chocar con Góngora o tocar la pelota, circunstancias que no se dan en ningún momento.

La jugada es cortada en gran cruce por Pelayo que venía con ventaja y habría sido cortada por el asturiano aunque Yelko no hubiera estado en ese lugar. La influencia para el marcador no existió en ningún momento.

Otra cosa es reconocer y decir que Yelko no debía estar ahí. Por mucha que fuera la intensidad del choque, que era enorme, Yelko debía estar metido dentro de la zona técnica a la altura de su entrenador, eso es indiscutible y no se puede negar.

Ahora, la acción está bien arbitrada pues se señaló falta a favor del Numancia y tarjeta amarilla para el infractor y eso es lo que pone y a lo que obliga el reglamento.

A pesar de que el Numancia, está en su derecho, haya amplificado sobremanera esta acción con unas declaraciones post partido indefendibles y lamentables de su entrenador y un recurso por apropiación indebida sin asidero legal serio que ya ha sido rechazado en primera instancia deportiva por el comité de competición, la acción no debe pasar de ahí.

No estamos ante un caso ante el que si pudiera utilizarse la palabra “escándalo”( que tan alegremente ha sido utilizado en esta ocasión por medios “besasotanas” y anfitriones de terraplanistas, o diarios” de todas las aficiones”) como si un jugador sustituido hubiese entrado deliberadamente al campo a echarse una carrerita y evitar un gol del contrario cuando el balón estuviera a punto de entrar o a derribar a un atacante que encarase solo a un portero. Ni de lejos.

Yelko no debería haber estado ahí, vale. A Yelko debería dársele un toque desde los despachos (no se hará), vale, pero es una acción que no es decisiva ni de lejos para el resultado y que ha sido juzgada según rezan las normas.

El partido terminó por fin, después de más de nueve minutos de prolongación, con ese 1-0 que otorga al Pontevedra CF tres puntos de oro.

Hay mucho que hacer todavía, desde luego, pero la situación granate ahora a efectos clasificatorios es muy buena y se debe gestionar esta ventaja como procede.

Fue un partido, insisto, de otra categoría. No es fácil ahogar al Pontevedra como lo hizo tras el descanso el Numancia y casi todo el mundo que estuvo en las gradas de Pasaron salió con la impresión de que ambos equipos deberían estar la próxima temporada en 1RFEF.

Lo que toca ahora es descansar y recuperar bien para afrontar en buenas condiciones la siguiente prueba que será el Coruxo otra vez en casa el próximo domingo.

El Pontevedra deberá recuperar su imagen habitual de equipo mandón y avasallador con la pelota. El rival querrá explotar el posible cansancio local y el posible mal estado del césped por las lluvias que están cayendo y que no pararán el fin de semana.

Estamos cerca pero queda trabajo.

La afición debe volver a jugar su papel dentro de un par de días.

De aquí no debe marcharse ni un solo punto.

lunes, 10 de marzo de 2025

2266

 El que estas líneas escribe es el primero en criticar con dureza a estos jugadores y a este entrenador cuando meten la pata hasta el fondo.

Sin ir más lejos, en el último desplazamiento en Santander se encajaron dos goles absurdos y bastante evitables que echaron por tierra una primer media hora bien jugada y que fueron determinantes para una dura derrota.

No se debió perder ese partido pero un último cuarto de hora muy malo del primer tiempo y una ceguera transitoria de un juez acabaron provocando la pérdida de 3 puntos importantes y el liderato.

En lo que nosotros podemos controlar, no convertirnos en una verbena en defensa, se debe exigir un mayor rigor y más conciencia de lo que hay en juego.

A sí lo entiendo y así lo dije.

Volvía el Pontevedra a jugar en casa ya metido en la fase decisiva de la temporada. Esa fase en la que el margen se estrecha. En la que no hay  cabida para más faltas de concentración. En la que hay que dar el máximo para acabar logrando el objetivo y celebrar. En la que hay que poner toda la carne en el asador para no masticar la piedra seca que tuvimos que digerir la primavera pasada.

El equipo salió al campo de una manera parecida a como lo hiciera frente al Escobedo. Muy metido, con alta tensión competitiva, presionando y anticipando desde atrás y buscando las bandas con precisos cambios de orientación.

Quizá no con esa precisión y velocidad en las inmediaciones del área rival a la hora de elaborar paredes o firtrar pases venenosos con los que desarbolar al contrario pero con el suficiente fútbol como para inclinar la balanza a nuestro favor.

Solo duro, en esta ocasión, sobre 20 minutos la fase pletórica de juego en la que el Pontevedra no fue capaz de mover el marcador pero sí acogotar a un Guijuelo que apenas podía salir de su parcela.

Fueron minutos en los que Garay volvió a demostrar su gran capacidad para diseñar pases desde atrás que rebasaban líneas jamoneras, en las que tanto Chiqui como Cuesta (aún sin acierto este´ultimo en las decisiones finales) desbordaban a sus pares, en los que Carlos López volvió a demostrar su mejoría participando activamente en el juego ofensivo del equipo y en los que Yelko (quizá esta vez abusando de sus ya característicos tirabuzones) canalizaba bien la creación en tres cuartos ayudado por un solvente Samu Mayo.

Fueron minutos también en los que Brais evidenció otra vez que sigue sin estar bien aún jugando en una posición mucho más adecuada para él y en los que Igor (hoy elegido en lugar de Mario para el "once" titular") dio alguna muestra de inseguridad a la hora de ajustar ese crucial momento de elegir entre la anticipación o la espera.

Cuando la exuberancia granate había empezado a decaer y el Guijuelo a tomar algo de aire, llegó el gol del partido.

Buen balón cruzado hacía Chiqui, centro de éste al corazón del área y buena dejada sin tocar el balón de Yelko para que Carlos alojara la pelota al fondo de las mallas.

Escasos minutos antes del tanto, el Guijuelo había disfrutado de su única ocasión a lo largo del primer tiempo en una contra en la que Igor no estuvo afortunado y salvada "in extremis" por Mayo. Del córner resultante salió un remate de cabeza que tuvo que ser repelido por Edu Sousa.

Y minutos después del gol llegó la lesión de su autor, Carlos López al sentir un pinchazo en el aductor de una de sus piernas.

Esta lesión cuyo alcance todavía no se conoce pero que todo indica provocará la baja del futbolista de Ares durante semanas, me preocupa realmente mucho.

Y lo hace porque Carlos (que solo lleva con el de ayer 3 goles esta temporada) parecía últimamente crecer en su juego. Ese juego que según la opinión de este atribulado bloguero es más compatible con el juego colectivo del equipo que el puede ofrecer el otro punta.

Me preocupa porque Brais que podría ser una alternativa para el puesto no "anda" bien y no encuentra su sitio en el campo. 

Me preocupa porque veo a Rufo muy mal, sin capacidad para ganarle una carrera a ningún defensa e incluso desacertado en algunas ocasiones como la que ayer tuvo incluso con el portero desalojado de su puesto.

El partido contra el Compostela (último en el que pudimos ver a Dalisson sobre el campo) se remonta ya al 19 de Enero.

El Domingo que viene, día en que jugaremos en Avilés, será 17 de Marzo.

Dos meses ya lleva de baja el cántabro por un problema muscular.

Es evidente que después de este tiempo sin competir, el pichichi del Pontevedra no estará para completar un partido entero pero después de limpiarse de tarjetas desde el banquillo en Santander y tras esta inoportuna lesión de Carlos, todo lo que no sea verle en la expedición a Asturias y esta vez para disponer ya de algunos minutos de juego, me resultaría desalentador.

El equipo necesita como el comer a Dalisson. El juego de Dalisson, el disparo de Dalisson, el desborde de Dalisson y el gol de Dalisson. Ahora más que nunca.

La segunda parte en la que se tuvo que atacar en sur por la manía de algunos equipos visitantes de "tocar las meninges" cada vez que gana el sorteo de campos, no fue muy diferente en ataque a la jugada contra el Escobedo.

Sin estar tan bien como ese día, sobre todo en defensa, el Pontevedra disfrutó de opciones más que suficientes para acabar con el partido antes y no maltratar más los corazones de sus aficionados.

Lo que pasa es que Cuesta siguió eligiendo mal en el área salmantina y fue a yendo a menos con el paso del tiempo; que Chiqui protagonizó una segunda parte (de esas que hace de vez en cuando) en la que se mostraba incapaz de desbordar a un lateral al que había superado con creces en el primer tiempo; que Yelko comenzó a abusar de esos pases de baile que a veces le pierden y no a concretizar es fútbol que tiene de sobra en sus botas y que Rufo  no era capaz de irse absolutamente de nadie.

Mejoró el equipo con la presencia de Xabi y sobre todo con la de Novo.

Sorprendió la suplencia del ex del Langreo después de los dos muy buenos partidos que había protagonizado pero lo cierto es que saliendo desde el banquillo volvió a ser una buena alternativa para sus compañeros que encontraron en las botas del menudo jugador coruñés una opción para hacer daño al Guijuelo.

Ahora, si se llegan la suficientes veces como para liquidar el trámite y no se marca; si se carece de la contundencia mínima que hay que tener para no dar vida a un rival que tomaba cada vez más oxígeno ante la oportunidades marradas (no excesivas pero sí suficientes para sentenciar) pues pueden llegar los problemas.

En realidad no fueron tantos esos problemas.

Dos llegadas con peligro fueron las hilvanadas por el Guijuelo. Una que terminó en remate en semifallo no excesivamente peligroso y otra más comprometida que no terminó en lanzamiento por la excelente acción defensiva de Yelko que se adelantó al atacante.

Fueron minutos de nervios tanto en el césped como en la grada y en los que Igor dio alguna muestra de debilidad que acabaron por propiciar su cambio por el de Mario Gómez.

El final del partido supuso un alivio para el equipo y para su gente. 

Tres puntos importantes a la saca y además aderezados con la importante derrota del Numancia en Luanco (segunda de la temporada) que devolvía al liderato al Pontevedra CF.

Todo esto lo presenciaron, lo presenciamos, 2266 espectadores.

Demasiado pocos, demasiadas sillas vacías, demasiada gente en su casa.

El argumento que te suelen "escupir" a la cara cuando te decepciona la poca presencia de aficionados en Pasarón es el manido " es que es otra época" , "es que hay otras ofertas de ocio", "es que si esto o lo otro".

Lo cierto es que viendo otros campos de España esas "otras ofertas de ocio" parecen no existir en otras ciudades del país.

Estamos en una fase de la competición en la que no hay marcha atrás.

Tenemos cuatro partidos fuera (Avilés, Carballo, Salmanca y Torrelavega) y 5 en casa ( Numancia, Coruxo, Llanera, Laredo y Avila).

Son encuentros vitales todos ellos pero qué decir de los de casa.

Algunos de los nombres ni resultan atractivos para el espectador ni nada por el estilo pero hay que ganar a estos equipos para que la temporada que viene vengan algunos otros con más "nombre".

Este equipo, insisto, a veces nos desespera como en Santander sin ir más lejos. Pero este equipo, este cuerpo técnico y estos jugadores, nos llevaron cerca del cielo en Copa del Rey y llevan 31 puntos de 36 en Liga en Pasarón.

Cuando los partidos se complican, se tuercen, te ponen obstáculos en el camino, para un jugador ver poco cemento y sí mucha gente alentando es oro puro.

Es maravilloso acudir a ver al Pontevedra frente al Villareal o Mallorca pero de nada vale reconocer después lo bien que lo has pasado y lo bonito que fue todo si después no acudes a apoyar y a ayudar a ganar al Laredo, al Coruxo y ya no digo nada contra el Numancia.

Hay momentos en los que importa el escudo y la camiseta .

En los que cualquier desavenencia, resquemor o directamente antipatía hacia la propiedad debe quedar aparcada ante la necesidad imperiosa de ganar por nosotros mismos, la afición.

Esa afición es mucho mayor que 2266 personas. Mucho mayor. Lo sabemos todos.

En diez días llega el Numancia.

Será entre semana, sí, pero también será una ocasión pintiparada para vestir el campo de granate y jugar el partido también desde las gradas.

Seremos solo 2266 o incluso menos?

Ojalá no. Ojalá seamos muchos más y ese día acabe de una forma diferente a los cruciales partidos en casa de la temporada pasada.

Y luego vendrá el Coruxo y luego el Llanera y sería trascendental que la gente siguiera viniendo. que siguiera estando.

Antes el desplazamiento a Avilés.

Partido muy complicado.

Que importante sería enderezar de una vez por todas el rumbo fuera de casa.

Insisto, faltan 9 partidos. 

Es la hora de ponerlo todo y demostrar que somos los mejores sobre el campo.

Ojalá también en las gradas. 

  



 


 

   


 

 

 

lunes, 24 de febrero de 2025

Volvió el "Lerez-taka" sobre terreno minado.

Es difícil explicar como el resultado de un encuentro de fútbol te puede mantener en vilo hasta casi el final cuando un equipo es tan superior al otro.. pero a veces pasa.

Es complicado fallar y fallar ocasiones de gol ante la portería contraria otorgando al rival vidas extra al estilo de las máquinas "pin-ball" de los años 80... pero a veces pasa.

Es complejo jugar tan bien en 2RFEF como lo hizo ayer el Pontevedra CF (especialmente a lo largo de toda la primera parte) y más cuando lo haces sobre un terreno de minas en teoría incompatible con un uso adecuado de la pelota de fútbol... pero a veces pasa.

Es labor ardua aquella que consiste en ganar un partido después de indultar a tu contrincante en demasiadas ocasiones a la espera de que aquel transforme la única que tenga y te mande amargado para casa... pero a veces pasa.

Salió el Pontevedra CF al "césped" de Pasaron con nuevas rotaciones en su "once" inicial en ese plan elaborado por Iago consistente en repartir minutos de la mejor manera posible para llegar bien al tramo decisivo de la temporada.

Volvió Garay al lateral derecho y Héctor al izquierdo; Samu volvió a ser el único "pivote" y Novo apareció de acompañante de Yelko en los interiores; Chiqui se colocaba en la izquierda y Cuesta estrenaba titularidad actuando por la derecha; Carlos era el elegido para la punta.

De este manera (al margen de las bajas ya conocidas de Dalisson e Igor), jugadores "cuasi titulares" como Alex, Brais o Rufo esperaban su turno en el banquillo.

El Escobedo que llegaba a Pasarón con una racha de 8 partidos sin perder y 7 sin encajar un gol, nos hacía torcer el gesto ganando el sorteo y cambiando el orden habitual de los campos.

Deberíamos atacar esta vez en Norte a lo largo del primer tiempo y en eso que llamamos campo (por no denominarlo de otra forma menos agradable) que da a sur, en la segunda parte.

Quizá fuera por ello o quizá no, el Pontevedra no se anduvo con remilgos casi desde el primer momento y empezó a atacar la portería cántabra como hacía tiempo que no se veía en casa en competición de Liga.

El equipo actuó como un acordeón perfectamente engrasado y empezó a gestar otra sesión de "Lérez- taka" que habría resultado majestuosa si se hubiera tenido el acierto necesario ante la suerte suprema del gol.

La defensa agresiva, anticipando cualquier intento de balón largo del rival y contribuyendo al ahogamiento del Escobedo con una recuperación casi inmediata de cualquier pelota perdida.

El medio campo intenso en esa recuperación pero pausado en la elaboración ante un sistema defensivo muy tupido y poblado en exceso de futbolistas visitantes.

Esa pausa para iniciar con orden la jugada se convertía en electricidad y chispa cuando el esférico llegaba a las proximidades del área del Escobedo y aparecían paredes veloces, llegadas de segunda línea, intentos de desborde por banda, lanzamientos desde lejos...

Este cuadro que pintó el Pontevedra podría haber sido una obra de arte primorosa si hubiera sido capaz de meter la pelota en el rectángulo de la portería en solo la mitad de las veces en la que su buen hacer le dio la oportunidad para conseguirlo.

Carlos López, del que hablaré luego, tuvo 3; Yelko otra; Chiqui otra; Garay envió un lanzamiento a uno de los postes y Pelayo en otro tiro lejano se encontró con la otra madera vertical; Mario la tuvo de cabeza y posiblemente me olvide de alguna más.

Tuvo que ser Garay (que ya lleva el suficiente tiempo por aquí para que sepamos que ataca bastante mejor que lo que defiende) el que abriera el cerrojo de un buen portero rival y poner ese 1-0 al final del primer tiempo de un encuentro que debió quedar completamente sentenciado en su intermedio de haber tenido, insisto, un mínimo acierto en ese lance decisivo del fútbol.

Fue una delicia ver al Pontevedra en el primer tiempo de ayer. Fue precioso ver como se apretaba desde atrás en una nueva demostración que defender con agresividad te ayuda a atacar mejor. Fue maravilloso presenciar como se robaba constantemente, como se trenzaban las combinaciones con apreciable rapidez... y fue frustrante comprobar como se dilapidaban las ocasiones que debían haber dejado claro en el marcador la enorme superioridad pontevedresa.

Se dejó vivo al Escobedo y el hecho de atacar la segunda parte en el lado "malo" del campo traía alguna preocupación. Es cierto que no parecía ya esa zona el Dakar en Arabia Saudí pero también es verdad que todavía está lejos de parecerse a un campo de fútbol.

Sin embargo, la dinámica no cambió gran cosa.

El rival no cambió su actitud y siguió parapetado atrás esperando una acción aislada para pescar y el Pontevedra, aún con las lógicas dificultades de tener que domar al balón como si fuera un conejo correteando por cualquier monte, siguió acumulando ocasiones que volvieron a ser desaprovechadas a veces por el propio estado del piso y otras por nuestra negación ante el gol.

Chiqui tuvo dos enormes, algunos lanzamientos en buena posición se fueron al segundo anfiteatro tras botar  la pelota en cualquiera de las múltiples toperas existentes y no pudimos certificar la victoria ni de penalti al errar Carlos el lanzamiento tras una acción de pena máxima cometida sobre él.

Ese desacierto del futbolista de Ares ante la portería del Escobedo constituyó, en opinión de este atribulado bloguero, la peor noticia del choque.

Lo que le está pasando a Carlos López desde finales de la temporada pasada es realmente llamativo.

Consiguió la titularidad la Liga pasada aprovechando sus minutos haciendo goles. Una vez elegido para entrar de inicio, siguió metiendo goles y lo hizo hasta conseguir una racha de partidos seguidos marcando realmente difícil e histórica.

Llegó el fatídico partido contra el Ourense en el que nadie estuvo bien y nos mandó a la lona y a partir de aquel día las puertas del gol se le han cerrado casi por completo (lleva 2 esta Liga).

Y es una mala noticia porque a mi entender (aunque sea complicado opinar esto después de lo de ayer) el Pontevedra juega mejor con Carlos López sobre el césped que cuando lo hace con Rufo. 

Las características de Carlos y su capacidad de combinar con sus compañeros cerca del área rival, le hacen más idóneo para que la sinfonía granate suene tan bien como lo hizo ayer ante el Escobedo pero es verdad (negarlo sería absurdo) que un "9", aunque no sea un "9" al uso, no debe fallar tantas oportunidades.

Mi preocupación es que la confianza del de Ares baje aún más después de lo de ayer y espero realmente que no suceda.

EL Pontevedra decidió no reforzarse en invierno con un "9" clásico y con esta plantilla que tenemos sigo prefiriendo a Carlos antes que a Rufo. La "reconciliación" de este jugador con el gol se me antoja vital en estos trascendentales partidos que restan de Liga.   

Y como siempre pasa (porque hay guiones en el fútbol que son más viejos que el propio fútbol) el rival que nada había hecho salvo intentar defender y mostrar malos modos, disfrutó de su ocasión para empatar en la única vez que cogió por velocidad a la defensa. Por suerte, Edu estuvo en su sitio y rechazó el disparo del delantero cántabro a falta más o memos de 20 minutos para el final y evitó que un jarro enorme de agua fría cayera sobre todos los presentes en Pasarón.

De evitar más sustos se encargó el gran capitán que llevaba varios minutos ya sobre el campo.

Gran pase de Novo hacia la izquierda y llegada en carrera de Alex para engatillar un gran disparo que ahuyentaba fantasmas, aseguraba tres puntos que el Pontevedra había merecido con creces y cerraba cualquier posibilidad de sorpresa.

El asistente de Alex, Iago Novo, merece mención aparte.

Había aparecido ya en Copa el de Fene dejando claro que sabe de sobra lo que es un balón pero en Liga seguíamos viendo una versión más tímida, más discreta y aparentemente con falta de confianza de este futbolista.

En la primera parte de ayer participó activamente en esa construcción rápida de paredes y toques cerca del área cántabra para desarbolar el bloque bajo contrario aunque en el punto culmen de las acciones siguió mostrando algo de indecisión.

En la segunda parte, esa versión más suelta de Novo y sobre todo más trascendente al protagonizar pases clave que continúen la jugada de ataque, se vio con mayor claridad y ese pase a Alex para el 2-0 fue el justo premio para un gran partido del menudo jugador granate.

Hacerle tantas ocasiones a un equipo que venía con tantos minutos seguidos sin encajar no resulta un dato baladí.

Se marcaron solo 2, sí, pero se pudieron marcar 6 y cualquier persona que haya visto el partido no puede negar este hecho.

Por tanto, si el Pontevedra está metido, concentrado, con los cinco sentidos en los partidos, ni un sistema defensivo tan potente como el de ayer le frena.

Si la defensa aprieta, presiona y anticipa (menuda actuación ayer otra vez de Pelayo); si el mediocampo trenza el fútbol mezclando pausa con velocidad pero siendo concretos, sin arabescos innecesarios; si las bandas penetran... el equipo fluye con una armonía digna de la denominación "Lerez-taka".

Eso sí, hay que meterlas. Si no las metemos todo el trabajo se afea e incluso a veces podría verse afectado en el marcador.  

Somos de nuevo líderes tras nuestra victoria y el empate en Langreo de un Numancia que sigue sumido en eternas quejas arbitrales que denotan un nerviosismo de. que debemos tratar de sacar partido.

Afrontaremos, pues, la siguiente jornada con 2 puntos de ventaja y partido mañanero frente al R. Cantabria.

No sabemos si Dali podrá aunque sea viajar ya convocado y perdemos por 5 amarillas a Xabi y a un Rufo cuya acción ayer sigo sin entender (más cuando en rueda de prensa Iago afirmó que no estaba previsto buscar la quinta).

Al margen de altas y bajas, la clave será salir despiertos al campo.

No es tiempo ya para espectáculos tan lamentables e inesperados como el ofrecido en Riazor.

Aprieta equipo, no decaigas y sigue aprendiendo de la Liga pasada. 

Máxima concentración, por favor.


   

  

   

lunes, 10 de febrero de 2025

Año nuevo, virus viejo.

Ya lo tenemos aquí desde hace algo más de una semana.

Ha vuelto.

Fiel a su cita anual, dejó su casa con una maleta y un neceser de aseo como equipaje con la intención de instalarse a la ribera del Lérez como todos los meses de Febrero y hacer turismo por la ciudad hasta que el calor del veranito provoque su deseo de volver a casa.

Es un virus que no tiene nombre todavía (sería conveniente bautizarlo cuanto antes) pero que azota con vehemencia los cimientos del Pontevedra CF para zarandarlos sin remedio con el afán de conseguir un nuevo fracaso deportivo de una entidad carente de las defensas suficientes para combatir a tan insistente “bicho”.

Sí. Es verdad que un virus de estas características no se asienta ni ataca a cualquier institución.

Lo hace con aquellas que ya tienen una predisposición clara a su exposición debido, sobre todo, a una gestión infame, desprovista de los mecanismos de salud que la harían más resistente a sus efectos y que incluso a veces parece que ella misma efectúe la llamada al virus para que no falte a su cita y destruya lo que en un principio parecía hecho con algo más de cabeza de lo habitual.

Su primera manifestación suele ser siempre la misma. Parasitar el mercado de invierno hasta conseguir que una plantilla, o bien salga peor parada de la dichosa ventana o bien más o menos igual a pesar de la entrada de decenas de miles de euros a unas arcas cuya verdadera situación se desconoce.

Luego el “bicho” suele pasar al césped.

La semana pasada reinó sobre las cabezas y piernas de los jugadores granates en su partido en Riazor contra el filial deportivista.

No se puede salir peor a un terreno de juego. No se puede regalar más lastimosamente los dos primeros goles del contrario. No se puede jugar de forma más diferente a tu habitual estilo que como lo hizo el Pontevedra hace 7 días. No se puede terminar el partido de forma más apática y desnortada que como lo terminó el conjunto granate ante el Fabril deportivo.

Claro que los efectos del virus sobre el mercado invernal (primera manifestación de la enfermedad como hemos dicho antes) ya había colonizado la entidad de tal manera que los efectos sobre la hierba no fueron más que una consecuencia del ataque del “bicho”.

El “culebrón” Dalisson (que todavía no ha finalizado) es buena muestra de ello.

Es decisión de un club vender o no vender a un futbolista. Da igual que su contrato termine en cuatro meses y que en verano pueda irse sin dejar un euro. Da igual que alguna de las ofertas recibidas por el jugador resulten muy importantes dados los números que se mueven en la cuarta categoría de nuestro fútbol.

Si quieres subir y entiendes que este futbolista es capital para lograr el objetivo (sí, yo todavía creo que se quiere subir y no quiero creerme, llamadme ingenuo, las opiniones de gente que dudan de ello) pues no lo traspasas y te quedas sin la “pasta” pero con su rendimiento notable sobre el campo.  

Ahora, lo que ya es alucinante, lo que resulta grotesco es que pueda darse el caso de que te quedes sin el dinero y sin ese rendimiento por un presunto cabreo del futbolista y su entorno.

Parece que Dali está lesionado. Parece que se lesionó días después de jugar contra el Compos y celebrar un gol que aseguraba aquella victoria de una forma extraña. Parece que más de dos semanas después, la lesión todavía no está diagnosticada.

La única certeza es que ni estuvo en Riazor ni estuvo ayer frente al Langreo y el virus campa a su anchas descojonándose de un equipo que necesita a su estrella como el comer.

Ojalá la recuperación de Dalisson sea inminente. Sea para ya. Te necesitamos Dalisson. Y si no lo es, por respeto a esa afición que debe aguantarlo todo, se diga de una vez que problema de salud padece para evitar toda clase de suspicacia.

Otra manifestación del virus es la colonización del estado del terreno de juego de Pasarón.

Lo de ayer clama al cielo. Verdaderamente dantesco el aspecto del campo en la zona sur. Ojo, no solo el área que ya parecía un terreno arenoso al estilo rally Dakar desde hace semanas sino todo el campo que da a ese fondo sur.

Jugar en esa mitad del terreno era imposible y más si queríamos (como lo intentamos) jugar a lo de siempre.

No se podía combinar, no se podía conducir, no se podía hacer más que colgar balones y buscar segunda jugada pero el Pontevedra no lo hizo porque no está preparado para ello, adolece de futbolistas para ejecutar ese plan.

La consecuencia es que el Pontevedra careció casi por completo de peligro a lo largo de la primera mitad y vio como su rival le llegaba en varias ocasiones con peligro sin que afortunadamente pudiera mover el resultado a su favor.

En la alineación inicial, por cierto, también se coló el virus.

Al igual que la temporada pasada, más o menos por estas fechas, Mayo volvió a aparecer entre los nombres de los suplentes siendo Rares el que ocupaba el puesto de titular.

El ex del Villalbés cumplió, como ya lo hizo el día del Compostela. No se trata de “rajar” de un joven futbolista que hace las cosas bien y que ayer, se insiste, desarrolló su labor con corrección.

De lo que sí se trata, en cambio, es de llamar la atención sobre esta coincidencia de la suplencia de Samu Mayo que en la campaña anterior dejó su sitio en bastantes ocasiones a estas alturas a Borja Domínguez.

Nadie tiene patente de corso en este equipo para jugar siempre, sin duda, pero llama la atención.

Se habla de descanso. Vale.

Y yo pregunto. Yelko (que también tendría sustituto en Novo) no necesita descanso al acumular muchos minutos también? Es un simple ejemplo.

El caso es que Mayo (en opinión del que esto escribe el segundo jugador con más proyección de este equipo tras Dali) no jugó y habrá que creerse que es porque necesitaba descansar y no por intentos raros de señalamiento tras una goleada en la que nadie rayó a un nivel decente.

Volviendo al partido.

Tras el descanso, atacando ya en Norte sobre una hierba mala pero que dejaba jugar a algo, el Pontevedra fue otro desde el principio.

Pudo marcar enseguida pero Brais falló dos muy claras, especialmente la segunda, demostrando que a pesar de que su fichaje es un acierto y no fue alcanzado por el virus, entre sus virtudes como ya se sabía no está la contundencia “asesina” ante el gol.

Llegó, no obstante, una contra bien elaborada por el rival. Como en otras ocasiones se hilvanó por la zona derecha de nuestra defensa y el 0-1 puso la intranquilidad en el estadio.

Realmente, la intranquilidad había aparecido ya unos minutos antes con alguna imprecisión en defensa, especialmente aunque suene raro de Pelayo, que ya hizo sonar el “runrún” en la grada.

Con el gol en contra se desataron algunos nervios y se escucharon pitos en Tribuna y especialmente en Preferencia. No fueron mayoritarios pero sí se dejaron sentir con claridad.

Poco después de sacar de centro apareció el gol del empate al desviar un defensa un lanzamiento de Yelko y hacer inútil la intervención del portero… y volvió el virus.

Ni corto ni perezoso, Yelko la tomó con la grada de preferencia  y con parte de la de tribuna y recriminó con demasiada exageración a la grada esos pitos como indicándoles que ahora no celebraran el tanto.

Es un error supino del futbolista que debería ser llamado al orden de manera inmediata.

Nadie lo hará porque en la zona noble de esta entidad existe tan evidente pasotismo que dejarán pasar el hecho y esta nueva manifestación del virus.

Que Yelko se haya equivocado ni significa que tenga que dejar de jugar, ni que tenga que estar pegado a una pared con cuatro libros en cada brazo ni nada por el estilo.

Lo que sí tendría que hacer, si respeta a la afición para la que juega (que estoy seguro que sí), es coger un micrófono a la primera oportunidad que tenga y disculparse.

Pedir esas disculpas no querrá decir que esté de acuerdo con los pitos y que le sigan pareciendo muy injustos y así, ya en frío, podrá argumentarlo pero lo que no puede hacer es “pasarse de rosca” como hizo ayer protagonizando una imagen lamentable.

No es un “estamos con Yelko o contra Yelko” como ya se está construyendo en redes sociales.

Yelko es clave en este equipo y tiene que seguir siéndolo pero Yelko tiene que pedir perdón.

Después del empate, el Pontevedra fue el único equipo que existió sobre el maltrecho césped y acumuló ocasiones antes de que Alex hiciera el definitivo 2-1 y después del tanto de la victoria, manifestando otra vez demasiada inocencia y falta de pegada ante la portería contraria. Lo lógico habría sido marcar el tercero e incluso alguno más pero nuestra incapacidad para sentenciar nos tuvo algo en vilo a lo largo de los nada menos que 9 minutos y medio que otro mal árbitro decidió prolongar.

Para acabar, otra manifestación del dichoso virus también apareció en la rueda de prensa de Iago tras el partido.

Reivindicar el gran número de puntos que se hizo la Liga pasada está bien.

Reivindicar el gran número de puntos que estamos haciendo en esta Liga, también.

Recordar que el Ourense antes y el Numancia ahora obligan a mucho al Pontevedra, es una realidad y está bien que no se olvide.

Ahora, el fútbol es el fútbol desde que nació hace muchas décadas ya.

El que esto escribe no va a normalizar, (pediré perdón por ello pero no lo voy a hacer)  que el Pontevedra CF malviva en la cuarta categoría de España.

El objetivo ineludible de este equipo es el ascenso. Si es posible de forma directa. Si no es posible a través de play off.

Podemos hacer la cantidad de puntos que sea (que está siendo muy grande, es evidente) pero si no se acaba subiendo, el varapalo volverá a ser enorme.

¿Qué tiene que ver eso con reconocer la Copa maravillosa que se ha hecho (por los resultados logrados y como se consiguieron)?

Eso se recordará y reconocerá siempre. A estos jugadores y a este entrenador.

Ahora, el tener memoria no es incompatible con tener la idea clara de que si se es entrenador del Pontevedra y el equipo está en cuarta categoría, el objetivo claro y nítido es el ascenso y en el momento en que no lo sea, es que a lo mejor el Pontevedra CF en sí ha dejado de tener sentido.

Hay que subir y hay que saber llevar esa presión que indudablemente existe.

¿Recriminando a la afición, por muy injusta que resulte alguna vez parte de la misma, es el camino? En mi opinión, no.

Si hay pitos? Se juega más. Si hay abucheos? Se avanza con determinación aunque por dentro estés en llamas y te gustaría mandar a la mierda a más de uno.

Esto es el Pontevedra CF y si estás aquí sabes a lo que vienes.

Las espadas siguen en alto y seguimos empatados a puntos con el Numancia.

La próxima estación será Luanco.

Ojalá el equipo recupere el buen tono que estaba exhibiendo fuera de casa antes de Riazor.

Ojalá se sea concreto ante el gol y si es posible se deje nuestra portería a cero.