lunes, 26 de octubre de 2015

De un equipo encabritado, un colega ilusionado y un chófer muy aliviado

Hace apenas cuatro jornadas de liga o lo que es lo mismo un mes de competición, el Pontevedra CF terminaba su partido en A Malata derrotado, triste y apesadumbrado después de disputar otro partido feo pero igualado lejos de Pasaron y que dejaba al equipo muy abajo en la tabla clasificatoria.

Lo peor de aquel encuentro, a mi juicio, fueron los últimos diez o quince minutos. Aún siendo casi desastrosa la primera parte jugada en Ferrol, ese último tramo del encuentro ya con el marcador en contra en el que pudimos ver a un Pontevedra incapaz siquiera de aproximarse al área me causó (además de mucha preocupación)  una impotencia considerable al presenciar por la pequeña pantalla un conjunto granate sin capacidad de reacción y resignado ante los acontecimientos.

Pero como ya decía a finales de los setenta el ya desaparecido Vujadin Boskov "fútbol es fútbol", o lo que es lo mismo, tratar de analizar o futurizar sobre este maravilloso deporte puede resultar interesante y atractivo para aquellos a los que nos gusta el balompié pero lo que resulta cada vez más claro es que esos análisis no podrán jamás con el componente de impredecibilidad y sorpresa que sin lugar a dudas contiene este juego.

Sí es verdad que en los partidos de casa el Pontevedra CF desde que esta liga ha comenzado se ha mostrado como un equipo agresivo, decidido y hasta valiente en casi todos los partidos. Pero tan claro resulta eso como que lejos de Pasarón nos habíamos mostrado casi siempre algo timoratos y como encogidos ante la sucesión de derrotas que se nos venía encima y que ya comenzara en los partidos de play off de ascenso de la pasada campaña.

Tras el "derby" de A Malata, llegó el Coruxo y el Pontevedra no sólo continuó bien en casa sino que en la segunda parte disputó muchos minutos a un gran nivel futbolístico y de acierto que encandiló a su gente. Y dos semanas más tarde trastabilló en la primera parte frente al At Astorga pero volvió a mostrarse semi arrollador en esa segunda mitad en la que remontó al final el choque.

Esos dos duelos en casa quizá sorprendió para bien el equipo no por la fortaleza o esa decisión antes aludida que ya había mostrado en su debut frente al Guijuelo sino por conseguir hilvanar grandes y bastantes minutos de buen juego que no fueron demasiado habituales la temporada anterior y que al combinarse con el acierto de cara al marco no pudieron sino traducirse en puntos valiosos para el casillero.

Ahora bien, lo que sí ha sorprendido y mucho a casi todo el mundo fueron esos dos encuentros disputados fuera de casa en este mes de competición y que también han terminado con victorias que completan una serie de cuatro seguidas y que han provocado que el Pontevedra se haya situado quinto en la clasificación.

Del partido jugado en Santander ya se ha hablado suficientemente. El Pontevedra ganó y ganó bien logrando por fin ese equilibrio entre un buen sistema defensivo que ha exhibido casi siempre y un poder ofensivo como visitante que hasta ese día parecía haberse evaporado en torno al conjunto granate.

Y así llegó el partido frente al Arandina disputado ayer y del que (siempre con el componente temerario que sin duda contiene el hablar de un encuentro del que sólo se ha seguido la retransmisión radiofónica) parece que el Pontevedra volvió a sorprender para bien en ataque pero también para mal en defensa lo que realmente constituye noticia.

Tengo que reconocer que cuando en la última jugada antes del descanso se consiguió el 0-2 me relamí ante la certeza de haber conseguido una nueva victoria. Ese Pontevedra seguro y concentrado atrás creí que en ningún caso dejaría escapar esa ventaja y aunque sufriendo, faltaría más, esos dos goles bastarían para ganar en Aranda.

Pero "fútbol es fútbol" y me equivoqué o me caí con todo el equipo. Ese gol al principio de la segunda parte en un balón parado apretó el partido pero tras la expulsión del jugador local volví a verme  "dueño" de los tres puntos sin discusión. El jarro de agua fría con ese empate a dos en otra jugada de estrategia fue un mazazo y me extrañó mucho. Es cierto que el Pontevedra no es un equipo con mucha envergadura y que en algún partido en casa (Tudelano, sobre todo, e incluso Astorga) ya se sufrió algo en se lance del juego pero a fuer de ser sinceros no esperaba encajar dos goles de esa forma.

Pero he aquí que el equipo al parecer se recompuso y supongo que ayudado por la superioridad numérica y la medio lesión de otro jugador burgalés se fue arriba algo encabritado para intentar ganar el partido. Bien es verdad que por lo menos por lo escuchado por la radio también se pudo perder pero lo cierto es que en ese último instante se produjo otra arrancada de fuerza de ese motor desbocado que se llama Kevin Presa y que casi sobre la línea de gol remachó Carnero en el 2-3. Si hubiera estado en el campo estoy seguro que tras tocar el delantero vigués la pelota mi mirada se dirigiría de inmediato al portador del fatídico banderín y al ver que tras un leve frenazo cambiaba de dirección y corría hasta medio campo el grito de júbilo habría sido el mismo que no pude evitar en el salón de mi casa y que sobresaltó a mi pequeño hijo que me miró con una expresión de susto que propicio que le abrazara con fuerza y le dijera que no se preocupara que su padre está como una cabra de monte.

Pero no podemos olvidar tampoco otro efecto secundario de esa victoria (o mejor dicho de esa"no derrota") en la villa de Aranda.
Luisito que raro es el día que no deja un par de titulares en sala de prensa reconoció ni corto ni perezoso que de haber perdido el partido se "habría tirado en marcha del autobús " en el viaje de vuelta. Ante esa afirmación pronunciada con la rotundidad clásica del técnico de Teo me cuentan que el chófer del vehículo enterado de la circunstancia demoró diez minutos la salida para tomarse un par de tilas y dar las gracias a lo que exista allá arriba tras las nubes( si es que existe algo, no se me enfaden los ateos) por verse liberado de tal "embolado" pues conociendo la terquedad y perseverancia del entrenador habría resultado harto complicado permanecer con las puertas cerradas durante todo el camino.

Y con estas victorias seguidas y este ascenso imparable en la clasificación que sólo puede venir acompañada por la prudencia y la moderación dentro del grupo pero que disparan la ilusión y la esperanza fuera del mismo (eso no sólo pasa aquí sino en todas partes) ya se ha puesto en contacto conmigo un querido amigo para anunciarme que el Sábado tendré el honor de contar con su compañía en la grada de Tribuna. Ese amigo que por cierto celebra hoy su cumpleaños y al que felicito nuevamente a través de este escrito es un fiel diapasón de la ilusión que el equipo despierta en la ciudad. Si se queda en casa y ve los partidos por la tele o los escucha por la radio es que su ánimo está acorde con el del equipo, bajo y destemplado. Si acude a Pasarón pero a preferencia, como hace quince días, es que la cosa mejora y ve que existe equipo y que algo se puede conseguir pero es que si ya viene a Tribuna es que sus ojos ya han cogido esa ola de ilusión y sus dientes han adquirido el afilamiento necesario para que el Pontevedra destroce a su rival (en este caso el Logroñés) y vuelva a darnos una alegría de las buenas.

Ojalá muchas más personas como mi amigo coincidan en el diagnóstico y acudan al estadio el Sábado a las 20.30 h para dotar de un mayor colorido al ex vetusto que ya frente al At. Astorga recobró algo de color en sus mejillas.       

    

               

lunes, 19 de octubre de 2015

Empuje, garra y Mouriño desencadenado

Se disputaba el minuto 89 de encuentro y un balón largo es recogido dentro del área por Borjas Martín. El canario cede a Pedro García que a trompicones elude a un rival y observa la llegada desde atrás de Adrián Mouriño a quien pasa la pelota para que el vigués conecte un derechazo pleno de calidad y colocación ante el que el portero rival sólo puede hacer la estatua.

Era el 2-1 y la culminación de una remontada a la que el Pontevedra CF se hizo acreedor tras protagonizar una muy buena segunda parte repleta de garra, ganas y buen juego que en nada se pareció al primer tiempo mediocre de los granates y en el que los castellano leoneses pudieron hacer incluso más sangre en el marcador.

Fue esa primera parte, al menos en sus treinta minutos iniciales, sorprendente por la actitud tomada por el equipo visitante. Lejos de plantear un partido ultra defensivo y ceder el balón a su rival, el At. Astorga se plantó sobre el césped adelantando a sus laterales para dotarlos de una gran proyección ofensiva y centrando un tanto a los interiores para que aquellos tuviesen suficiente recorrido por delante. Si a eso le unimos la presencia amenazante en ataque de un triángulo formado por Bandera, Vales y Puente, los leoneses se hicieron dueños y señores del juego y gozaron en esa primera mitad de hasta tres claras ocasiones para marcar además del gol logrado por su delantero centro.
Ya en la primera jugada del encuentro llegó la primera de esas oportunidades pero Vales se encontró con un buen Edu que despejo el disparo ejecutado en buena posición pero más adelante también Bandera envió fuera una pelota peligrosa y minutos antes del tanto el mismo Puente que luego marcaría marró otra ocasión tras ganar por velocidad a Campillo por banda derecha en un lance en que Adrián estaba desaparecido.

Es cierto que cuando llegó ese gol que ponía en ventaja al At. Astorga, el equipo visitante ya no enseñaba tanto a esos laterales ni monopolizaba la posesión del cuero sino que había dado un paso atrás para tratar de buscar las cosquillas a la defensa local con balones largos a la espalda. Así llegó esa ocasión de Puente y así también lo hizo el 0-1.

Hasta entonces el Pontevedra apenas había existido en ataque más que en un disparo de Alex detenido en innecesaria palomita por el portero leonés si bien es cierto que logró en varias ocasiones acercamientos peligrosos gracias sobre todo a las combinaciones rápidas y al primer toque de Jacobo y Mouriño.
Pero ese gol pareció cerrar la espita de la abulia granate y lo cierto es que en los últimos minutos del primer tiempo se produjeron dos jugadas que pudieron cambiar el marcador. La primera tuvo como protagonista a Jandrín que fue objeto de uno de los penaltis más claros que se hayan podido ver por estos andurriales en los últimos tiempos. Su jugada con reverso incluido dentro del área fue muy rápida y  un defensa verde le barrió con total nitidez sin que el colegiado tuviera a bien señalar el punto fatídico. En la otra jugada justo antes del descanso Jacobo se encontró con un balón de oro en el corazón del área pero ante la duda de pensar si estaba en posición correcta golpeó de primeras mandando el balón por encima del larguero cuando tenía tiempo de controlar, mirar y colocar la pelota en el lugar de la portería que hubiese escogido.

En los primeros minutos tras la reanudación se produce una jugada que incitaría a Luisito a realizar el primer cambio con todo lo que ello significó para la mejoría del juego granate.

En dicha jugada Capi (con una tarjeta amarilla desde los primeros minutos del choque) es superado por velocidad por Puente aún a pesar de tener ventaja en esa acción y el técnico de Teo decide reemplazar al espigado central (que corría riesgo de verse expulsado) por Pablo Carnero.
Este relevo supuso que Kevin pasase a desempeñar funciones de central; Mouriño (que empezó de media punta pero que mediado el primer tiempo se colocó en la izquierda) ocupase junto a Alex el medio centro; Borjas pasase a la izquierda y Carnero se situara en la posición de nueve por delante de Jacobo. Si a este cambio le unimos que escasos minutos después el Pontevedra consiguió el gol del empate gracias a un trallazo desde fuera del área de Mouriño en el que quizá el guardameta pudo hacer algo más, lo que sucedió es que el Pontevedra volvió a generar ese fútbol alegre y dinámico que ya pudimos ver en la segunda parte frente al Coruxo.    

El Astorga que antes de ese cambio aludido tuvo otra ocasión pintaparada para hacer el 0-2 en un cabezazo de Bandera que se fue fuera dejó de existir en ataque y los locales pasaron a dominar por completo el partido y a gozar de ocasiones desaprovechadas hasta que en ese minuto 89 llegó el premio del gol del triunfo.

Carnero pudo marcar antes pero su lanzamiento se fue por encima del larguero; Mouriño tuvo otra llegando de nuevo desde atrás pero su disparo se fue fuera; aprovechando un precioso pase de Carnero, Borjas se plantó ante el portero visitante pero un mal control provocó que este pudiese echar la pelota a corner; Kevín envió una falta al poste...

Fueron minutos en definitiva en los que el Pontevedra volvió a encontrar el fútbol y además dotó a sus acciones de ese empuje y garra que tanto gusta en las gradas de cualquier campo y que acabaron por derribar la muralla castellano leonesa.
Una jugada que puede servir de ejemplo de la concentración y el esfuerzo del equipo se produjo pocos minutos antes del 2-1. El At. Astorga  que lo fiaba casi todo a mandar algún balón largo que pudiese alcanzar un delantero, consiguió conectar un pelotazo tras un balón parado granate que Adrián Gómez se traga lastimosamente en banda derecha dejando una situación muy peligrosa para la retaguardia granate. En ese momento y llegando desde muchos metros atrás aparece Kevin Presa que arrebata el balón al delantero visitante y sale con aquel controlado para enviarlo de nuevo a campo contrario e iniciar una nueva jugada de ataque. 
La fuerza y el motor de este chaval resultan importantisimos para el equipo y acciones como esa dan seguridad a cualquier conjunto.

Ya con Pedro García sobre el césped en lugar de Jacobo (volvió Pedro a ocupar una posición un tanto más adelantada pro primera vez en casa como ya pasó en Santander) el equipo siguió presionando y casi al final se produjo esa jugada ya descrita al principio que acabó por desembocar en gol de Mouriño y el 2-1 final.

Justo es reconocer la extraordinaria segunda parte del menudo centrocampista granate. Ya he dicho en algunas ocasiones que este hombre apunta muchas cosas pero casi nunca acaba por materializar esas hipotéticas condiciones que le hicieron venir aquí y que mucha gente dice que esconde. En mi opinión, fue ayer en la segunda parte en la que se pudo ver a un Mouriño sobresaliente y lo que es más importante, continuo. No sólo fueron los dos goles sino que en esa segunda parte condujo cuando tenía que conducir, pasó de primeras cuando tenía que hacerlo y apareció continuamente para convertirse en el galvanizador del juego ofensivo de su equipo. Este sí es el Mouriño del que nos hablaron y espero que su actuación de ayer pueda convertirse en lo habitual y no en la excepción a la regla.      

Todavía quedaba el detalle final del colegiado del partido al decidir añadir la friolera de cinco minutos al tiempo reglamentario cuando no había habido motivos ni de lejos para ello. Aún así, el Pontevedra no sufrió en ese descuento y pudo materializarse la tercera victoria consecutiva que nos catapulta a la zona media de una clasificación en la que tan solo existe la diferencia de ¡5 puntos! entre el descenso y el cuarto clasificado.

La próxima parada, Aranda de Duero. Los burgaleses cuentan también con 13 puntos y tras ganar en Gijón es de suponer que tendrán la moral por las nubes. 

Allí llegará el Pontevedra el fin de semana para tratar de prolongar esta racha de victorias que tanta ilusión nos está haciendo. A buen seguro algunos aficionados granates querrán organizar viaje para no dejar solo al equipo e insisto en que sería no bueno sino obligatorio algún gesto de empatía por parte de la entidad. 
¿Se producirá? Ya lo veremos aunque he de reconocer que no soy muy optimista.
  



   

  

martes, 13 de octubre de 2015

De una prestigiosa victoria; una afición olvidada y un encuentro afortunado

Rompió el Pontevedra CF la racha de derrotas consecutivas fuera de casa y fue a conseguirlo en uno de los escenarios que a priori parecía menos propicio para ello.

Entró el equipo granate al Sardinero decidido a dar un toque de atención a todo el grupo Primero y salió del césped santanderino no sólo con tres puntos bajo el brazo sino con una actuación convincente en la que además de ese equipo rocoso e incómodo que suele ser consiguió por fin dotar de profundidad y veneno a su juego ofensivo.

Porque no hay que olvidar que antes de que llegasen los dos goles pontevedreses mediada la segunda mitad, en la primera parte Jacobo ya había disfrutado de una ocasión muy clara, Borjas de otra fabricada por él mismo con un disparo tan bonito como potente que a duras penas sacó el portero e incluso otra jugada de mucho peligro fue abortada por un defensa local casi debajo de los palos con el guardameta fuera de sitio.
También en la segunda parte antes de los tantos pudimos ver como Campillo enviaba un balón al poste desde fuera del área. 
En definitiva, el Pontevedra no solo fue en Santander un equipo serio y organizado en defensa sino que esa presión agobiante y bastante arriba practicada sobre los jugadores racinguistas provocó robos de balón en zonas comprometidas que ayudaron a generar ocasiones claras de gol y a hacernos claramente acreedores a la victoria.

Son dos victorias seguidas en Liga que nos acomodan en una zona más tranquila de la tabla y lo que es más importante hacen que esa dichosa serie de partidos perdidos 1-0 fuera pase a formar parte del pasado con el empujón psicológico que a buen seguro este dato proporcionará a la plantilla. No podemos olvidar que este equipo que tanto se parece al del año pasado en tercera resultaba más peligroso fuera que en casa y que fue ese infausto partido jugado en la isla de La Palma el que introdujo unas dudas como visitante absurdas y exageradas al Pontevedra que quizá se hayan disipado con esta victoria justa y merecida conseguida en Santander.   

Ojo. Ahora es el momento de la calma y de la cautela. Es posible que algunos tras estos seis puntos entiendan que ya todo va a ir sobre ruedas y que el play off de ascenso está a tres puntos. No exagero. Debemos reconocer que somos un club algo ciclotímico y que pasamos en muy poco tiempo a vernos de nuevo en tercera a creer que podemos ir al Ramón de Carranza a darle un disgusto al gran Kichi.

No. El que está a tres puntos es el descenso y el Domingo viene el At. Astorga, rival de nuestra liga, que llegará con tres puntos menos en la clasificación. A buen seguro planteará un partido "perro" en el que costará Dios y ayuda penetrar en su entramado defensivo y habrá que remar y apartar mucha agua del camino. Si ahora nos creemos más por vencer en El Sardinero estaremos dando el primer paso para estamparnos contra el suelo el próximo Domingo. 
El partido debe afrontarse con humildad y con la capacidad de esfuerzo que este equipo suele exponer sobre el terreno de juego. Habrá que sacar además del remo el pico y la pala para ganar. Sería importante, no cabe duda. Vencer en casa debe ser la prioridad para cualquier equipo que no quiera complicarse la vida por abajo y meterle seis puntos a los castellano- leoneses estaría fenomenal. Pero se conseguirá a base del mismo trabajo que se ha desplegado frente al Coruxo y al Racing. Ese es el camino a seguir para alcanzar otra victoria.


Acudieron a Santander varias decenas de aficionados granates. Organizaron el desplazamiento como Juan Palomo:"ellos lo guisaron y ellos se lo comieron". Por lo menos esta vez obtuvieron el mejor premio a su esfuerzo, ver a su equipo luchar como siempre y jugar como casi nunca para ganar por vez primera en un campo histórico de nuestro fútbol. A ellos va mi más sincero agradecimiento.

De porqué el Pontevedra vive hace tiempo de espaldas a su gente es algo que se resiste a mis entendederas.
Una afición que ha aguantado "carros y carretas" el año del descenso con los jugadores de rodillas sobre el césped en el tramo crucial de aquella campaña en señal de protesta por los impagos. Que ha resistido cual 300 espartanos "la travesía del desierto" de la tercera división con más problemas de impagos y con derrotas tan sonrojantes como un 1-2 frente al Estradense o un 0-1 con el Vilalonga o con el Sanxenxo, dicho esto último con todo mi respeto hacia estos modestos equipos que lo único que hicieron fue mostrarse superiores al Pontevedra. Esa afición que a pesar de todo pobló en gran número las gradas de Pasarón en el play off de hace dos temporadas y que lo llenó hasta los topes el pasado año frente al Mensajero y Haro y acudió en masa también frente al Manzanares.

Esa afición (habló ahora de los "irreductibles") que paga con religiosidad su abono sin importarle su alto precio en relación a los objetivos marcados y lo que es más importante sin importarle tampoco los argumentos falaces esgrimidos por el club a la hora de justificar dichos precios.

Esa afición, en definitiva, que no se merece ni de lejos los desplantes de un Consejo de Administración que debe entender que aún siendo muy meritorio conseguir tener a la entidad al día en los pagos en la situación en la que se encuentra, eso no debe ser óbice para tratar con un poco más de cariño a aquellos que se van los Domingos por la noche a la cama orgullosos e ilusionados con las victorias y dolidos o cabreados con las derrotas de su equipo.

El año que viene nuestro club celebrará sus 75 maravillosos años de existencia. Se organizarán actos, se sacarán multitud de instantáneas y un sinfín de autoridades políticas y "personalidades relevantes"de la ciudad aparecerán en dichas fotografías con sus mejores galas. 
Me temo que los grandes olvidados una vez más serán los mismos. Los aficionados de a pié. Los que acuden a Pasarón a ver al Dorneda o al At. Astorga ya haga frío o calor o aquellos que por su cuenta y sin ningún tipo de ayuda o reconocimiento posterior se meten en un autobús de madrugada para ver jugar a su equipo.

No querría terminar este escrito sin referirme a uno de esos aficionados incondicionales del Pontevedra. A un grande entre los grandes, Severino Penelas. Es "Seve" historia viva de esta entidad de la que es socio desde que aquella vio la luz en 1941. 
Diario de Pontevedra tuvo la gran iniciativa la pasada semana de reunir a "Seve" con el actual entrenador de la primera plantilla para hablar un poco sobre el pasado y el presente de la entidad.

Este encuentro propiciado con acierto por el Diario me lleva a reflexionar sobre lo necesario y útil que podría ser una charla de aficionados de este tipo a principios de temporada con los jugadores, técnicos y a lo que se ve directivos del Pontevedra.

Creo firmemente que con tan solo tres cuartos de hora de conversación con Seve o con otros veteranos aficionados del club sería mucho más sencillo que todos los miembros de la entidad entendieran lo que significa vestir la camiseta y portar en el pecho el escudo del Pontevedra. Sólo con ver como los pequeños ojos de Seve, refugiados tras sus ya características gafas de aumento, se emocionan a hablar sobre su equipo podrían entenderse casi 75 años de historia preñados de dificultades pero también de grandes alegrías y sueños labrados en granate.                 


  

lunes, 5 de octubre de 2015

Tres goles, tres, como tres soles de grandes.

Ganó el Pontevedra y ganó bien. Disputando una primera parte decente con buena circulación de balón pero sin culminar arriba y una segunda pletórica en la que ofreció fútbol, ocasiones y nada menos que tres goles como tres soles que alivian algo la situación clasificatoria del equipo. Por la importancia del triunfo y por la forma de conseguirlo debemos alegrarnos y mucho.

Pero antes del partido pudimos comprobar los sufridos abonados de tribuna que a poco que caiga agua de lluvia en la ciudad en semana de partido en casa resulta bien necesario acudir al ¿ex? vetusto con "katiuskas" a media pierna para sortear las lagunas acumuladas en los accesos a la grada (dentro y fuera de la misma) así como en los pasillos inmediatamente anteriores a las filas de butacas. Hubo valientes (evidentemente almas impasibles e indómitas que se crecen con el castigo) que decidieron quedarse en la fila inferior de la parte superior de tribuna aún cuando sus pies descansaran en medio de una de esas intolerables lagunas una vez comprobada la ausencia de vida marina o de otro tipo en el interior de ese agua estancada.

Sea como fuere, el ánimo un tanto turbado por la enésima constatación de las chapuzas llevadas a cabo en la construcción del estadio tornó a mejorar en cuanto el pentacampeón del mundo de triatlón, Javier Gómez Noya, hizo acto de aparición sobre el césped para recibir el merecido homenaje de la parroquia granate que en mayor número que en otras ocasiones (se notó el reparto de invitaciones infantiles efectuado a lo largo de la semana) pobló las gradas del estadio de Pasarón.

Y como contagiado por el carácter luchador e inasequible al desaliento del campeón, salió el Pontevedra enrabietado protagonizando cinco minutos iniciales de agobio y presión sobre el conjunto verde. Fue una primera parte en la que los granates buscaron y encontraron en muchas ocasiones caminos por las dos bandas para sembrar el peligro en el área rival pero sin conseguir fruto alguno por ese desacierto en los metros finales que impedían que ese último pase fuera ofrecido en buenas condiciones. Adrían Gómez (ayer bastante mejor que otros días tanto arriba como abajo) y Jandrín por la derecha penetraban aprovechando la no demasiada experiencia defensiva de un Rafa Mella que ocupó el lateral derecho hasta el 3-0 local. Por la izquierda Jacobo (como se nota cuando está bien) combinaba casi siempre bien y de primeras y facilitaba las entradas de Verdú al meterse un tanto al centro y provocar los espacios para el catalán.

Aún así, las llegadas granates se quedaban en los centros la mayor parte de las veces mal ejecutados y en las ocasiones en las que se pudo rematar a portería volvió a ponerse de manifiesto esa dificultad que tanto preocupa a orillas del río Lérez.

Por su parte, el Coruxo se limitaba a esperar el paso de los minutos con pérdidas de tiempo cada vez más exageradas fiándolo todo al debilitamiento del estado nervioso de los locales ante la ausencia de un ventaja en el marcador. Se acercaron, no obstante, en dos ocasiones al borde del área pontevedresa pero los lanzamientos de Antúnez y sobre todo Comesaña se marcharon por encima del larguero de Edu.        
No se había jugado mal en la primera mitad pero ese 0-0 en el marcador y la mala clasificación granate cernían las dudas sobre una afición que minutos antes, sobre el 40 del primer tiempo, había pedido insistentemente penalti en una acción de Borjas que dejó el esférico a Jandrín que estuvo un tanto lento en el control y que cuando se disponía a rematar cayó al suelo ante la entrada por detrás de un defensa coruxista. La jugada ofrecía dudas pero el desplazamiento existió y de haberse señalado la pena máxima nadie podría haber dicho que fuese una decisión injusta.

Pero ese lance del juego (que a buen seguro hubiera desatado las iras del técnico de no haber ganado el partido) se quedó en una anécdota debido a la excelente media hora que el Pontevedra iba a protagonizar tras la reanudación.
Todo empezó pronto, sobre el minuto 5, cuando un desacertado en el primer tiempo Mouriño acertó a vislumbrar otro desajuste defensivo visitante esta vez en su banda derecha para filtrar un gran pase a Verdú que con toda la banda abierta tuvo tiempo para avanzar, mirar y centrar al segundo palo para que Borjas volease con la izquierda y la pelota acabase entrando en la portería tras rebotar en el cuerpo del portero. 

Esa fue las espita que abrió el fútbol pontevedrés pues a renglón seguido el propio Borjas se plantó solo delante del arquero aunque algo escorado y en vez de ceder atrás para que un compañero remachase lanzó a portería rechazando aquel una gran ocasión granate.

Pero es que antes de llegar al quince Mouriño en buena posición vuelve a conducir en vez de soltar rápido y el balón rechazado por un defensa le llega a Jandrín justo en el semicírculo del área y el asturiano conecta un derechazo violento y seco que hizo inútil la estirada del portero del Coruxo.

Había sido un primer cuarto de hora explosivo en el que el Pontevedra encontró los caminos para crear peligro y sobre todo contó con el acierto a la hora de materializar.

Poco después, mediada ya la segunda parte, un agotado Jacobo dejaba su puesto a Tubo. Es este jugador, Jacobo, un hombre importante a la hora de que el equipo logre jugar combinativo y al primer toque. Es cierto que acusa una cierta irregularidad pero cuando está inspirado su presencia se nota muchísimo sobre la hierba y partidos como el de ayer hacen que su protagonismo sea muy importante para el equipo.
Poquísimo tiempo después de ese cambio, Campillo envió un balón largo hacia el área que un defensa vigués se traga lastimosamente para que Borjas encare al portero, le supere por velocidad e introduzca el balón en las mallas a pesar de su posición forzada. Era el 3-0 en el marcador que todavía pudo aumentar sino fuera porque Mouriño otra vez solo delante del portero rematase al muñeco en vez de ceder el balón al corazón del área donde un par de compañeros se encontraban en buena posición para rematar a placer. 

Había transcurrido la primera media hora de juego del segundo tiempo y el Pontevedra había conseguido tres goles y gozado de dos o tres oportunidades de gol clarísimas ( esta vez sí, Luisito, clarísimas) para haber conseguido una goleada mayor. Fueron treinta minutos muy buenos, jugados con ritmo, con intensidad y con acierto dando una imagen más que notable con la que ningún aficionado granate puede estar descontento.

Los últimos diez minutos (ya con Tomás también en el campo por Jandrín) fueron diferentes. El Coruxo encontró su gol en el 80 tras un error dificilmente entendible de Verdú. Gol conseguido, por cierto, por Rafa Mella que pasó de jugar hasta el 75 de lateral izquierdo a hacerlo ese último cuarto de hora casi de extremo derecho.

Los minutos siguientes fueron de desconcierto por parte de los granates que con el tres a cero y con esa borrachera de juego bajaron un poco el pistón anímico. Tampoco se acoplaron nada bien al partido ni Tubo ni Tomás que anduvieron bastante perdidos y Luisito se vio obligado a efectuar el tercer cambio dando a entrada a Bruno por Mouriño y pasar a jugar con defensa de cinco esos últimos minutos en los que el Coruxo trato de hacer deprisa y corriendo en diez lo que no quiso o no pudo en los primeros ochenta de juego.

Victoria, pues, importantísima para el Pontevedra que sale provisionalmente de puestos de descenso y promoción. Y son trascendentes los tres puntos pues sacar los partidos de casa se antoja decisivo para la consecución del objetivo marcado.         

Tras el pitido final, sin embargo, se volvió a asistir en Pasarón a la ya habitual invasión de campo de niños y adolescentes para dar ese toque de tercera regional o incluso de veteranos al partido. No acabo de entender como de una vez por todas no se pone coto a esto tanto en los descansos como en los finales de los encuentros y más teniendo en cuenta los agujeros con los que cuentan los bolsillos de la entidad.

El Domingo que viene partido "grande" en El Sardinero. Acaba la sanción de Carnero y tendremos más opciones ofensivas. Es un buen escenario para salir y jugar un buen partido que imponga respeto al resto de los equipos del grupo. 
Esperaremos ansiosos que versión del Pontevedra CF nos encontraremos en la preciosa ciudad capital de Cantabria.               

lunes, 28 de septiembre de 2015

UN EJERCICIO DE DESESPERANTE IMPOTENCIA

El partido atufaba desde el primer minuto a "abono premium 1-0 fuera de casa, edición granate" que echaba para atrás.
Tan solo quince días después de la rueda de prensa en Villaviciosa en la que alegó que el equipo había perdido por no ser él mismo y que seguiría jugando de esa forma sin poner cinco jugadores en defensa, Luisito se transformó en empresario de transportes el pasado Sábado y no sólo colocó el autobús en A Malata sino que le añadió un tranvía de dimensiones considerables para completar la profunda trinchera.
Lo que no sabía el técnico es que esa fortaleza "bus tranviaria" tenía agujeros por todas partes, especialmente por los costados (lo que vienen a ser las bandas de toda la vida en el fútbol, vamos) y que a poco que el rival empujara con sentido los vehículos acabarían por tambalearse como efectivamente así se produjo.

No sé cuales fueron los motivos de colocar cinco defensas sobre el césped departamental. Reconozco que me sorprendí cuando junto a Campillo y Capi apareció Bruno en la alineación inicial. Al principio pensé que colocaría a este último de lateral izquierdo como ya hizo en La Palma sorprendiendo a propios y extraños. Pero no. El plan establecía que cuando el Racing tuviera la pelota la línea defensiva estuviera formada por tres centrales más Adrían y Verdú en los laterales. Es cierto que por lo menos en la primera parte dio la impresión de que cuando éramos nosotros quien teníamos el balón Bruno se desplazaba hacia la banda y Verdú ejercía de interior izquierdo formado una línea de cinco medios junto al trivote ( Presa, Alex y Mouriño) y Jandrín en la derecha. Pero digo que dio la impresión porque realmente resulta complicado entender la disposición táctica del equipo durante los primeros cuarenta y cinco minutos. Pareció (insisto, pareció) que con pelota nos poníamos en 4-5-1 y sin ella con 5-4 -1.
Sea como fuera lo cierto es que la primera parte mostró a un Pontevedra desaparecido en ataque que sólo protagonizó una jugada ofensiva malograda por Mouriño al enviar fuera un centro desde la derecha y que con el paso de los minutos sufría cada vez más en defensa sobre todo por su banda izquierda. En bastantes ocasiones esa banda fue superada y el peligro rondó el área granate sin que los delanteros ferrolanos consiguieran tener un mínimo de claridad para traducir ese peligro en goles. Aún así, el Pontevedra no se veía especialmente agobiado especialmente en la primera media hora y los minutos pasaban entre el sopor y el aburrimiento de un partido que no estaba pasando precisamente a la historia por su calidad pero con esa sensación de que de seguir el encuentro con esos derroteros el gol nos "caería" en el cuarenta, en el sesenta, en el ochenta o en el noventa y dos.
Y a punto estuvo de llegar en la última jugada del primer tiempo en la ocasión más clara del Racing en esa primera mitad tras convertirse de nuevo nuestra banda izquierda en una autopista aprovechada por los verdes y  rematada por un disparo de un rival en inmejorable posición que Edu logró desviar en gran intervención.                      

Con ese lance terminó el primer tiempo en el que todos los que pudimos o quisimos vimos por la tele de nuevo a un Pontevedra inoperante o desaparecido en ataque y que volvía a tirar del esfuerzo y compromiso como únicos argumentos para intentar hacer frente a un rival que por otro lado había decepcionado por su carácter ramplón y algo cansino.

Pero en la segunda parte las cosas no mejoraron. De entrada pareció ( y digo otra vez pareció) que Luisito se quiso dejar de zarandajas y no movió a los cinco de atrás de sus posiciones, mantuvo el trivote pero ordenó a Jandrín que adelantara su posición para acercarse a Borjas y formar con 5-3-2.

Tal circunstancia no sólo no dotó de mayor "punch" ofensivo al equipo sino que propició que las bandas que ya habían sufrido algo en la primera mitad fueran el camino escogido una y otra vez por el Racing para profundizar y crear peligro en ataque.

Era un Racing impreciso, con errores técnicos impropios de un equipo que dicen que va a luchar por el liderato y con un Joselu cuya categoría es imposible discutir pero que el Sábado se mostró torpón e incluso dilapidó dos ocasiones claras de gol antes de la jugada que otorgó el triunfo a su equipo.
Pero a pesar de todo ello el partido adquiría cada vez más ese tufillo a derrota granate porque el Pontevedra no provocaba ni rasguños en la defensa ferrolana. Es cierto que en esa segunda parte se produjo el lanzamiento de Borjas que tras tocar en un defensa obligó a Mackay a estirarse y enviar a la esquina ese balón envenenado pero eso es poco, poquísimo para tratar de marcar fuera y a poco que el rival haga algo arriba lo lógico, lo normal, es que acabemos derrotados por ese dichoso 1-0.
A esa sensación de inoperancia contribuye igualmente la colección de faltas y corners al tobillo lanzados por Verdú. Insisto, si en partidos cerrados con marcadores igualados ejecutamos así el balón parado mal pero que muy mal vamos.   
Y la sensación de que todo iba a acabar peor otra vez se intensificó con el primer cambio granate cuando todavía quedaba sobre media hora para el final. Se fue Mouriño y entró Pedro García. Sí, Pedro García. Con dicha sustitución, el Pontevedra estuvo jugando con cinco defensas más Pedro, Kevin y Alex en el medio campo (por cierto, lleva este último dos partidos realmente preocupantes). Ocho jugadores eminentemente defensivos (o por lo menos no ofensivos) y lo que es peor sin una pizca de talento en el campo que pudiese establecer una conexión con el autobús-tranvía y Jandrín o Borjas.

Justo antes del gol del Racing el cambio fue Anxo por Jandrín con lo que la situación no cambiaba nada. Borjas y ahora Anxo seguirían aislados sin remedio.

Pero es a que todo esto se le unió por desgracia la autopista que siguió siendo la banda izquierda y el mal cuarto de hora final de Adrián Gómez que también provocó que la derecha hiciera aguas de manera irremediable. Ya antes del gol dos jugadas por esa banda provocaron mucho peligro en nuestra área. 
Y luego llegó el minuto 80 en el que se produce la jugada que acaba en el gol y que pudimos parar muchos metros más atrás. En el momento en el que un jugador del Racing recibe de espaldas más o menos a la altura de medio campo en banda izquierda hasta dos jugadores granates pudieron pararle en falta para abortar el contragolpe y como mucho ganarse una amarilla. No se hizo y todavía no se porqué y lo que sucedió es que ese jugador pudo progresar y pasar la bola a un compañero en tres cuartos que no dudó al ver llegar en carrera a Pablo Rey y mandarle un pase evitando el fuera de juego que le dejó delante de un Edu que a veces hace algún milagro pero que en esta ocasión estaba vendido.
Quedaban todavía diez minutos más el descuento pero el Pontevedra no fue capaz ni de llegar al área rival en ese tiempo (ya con Miki en el campo por Bruno, cambio hecho nada más encajar el tanto) dando una imagen de impotencia y de equipo pequeño realmente desesperante y difícil de digerir.

Se llevan ya consumidos seis partidos y parece que todavía no ha comenzado "nuestra liga". En al menos cuatro de estos encuentros se nos ha dicho que jugábamos con rivales mejores y con "hombres de mucha calidad y superior categoría". Lo cierto es que, por poner un ejemplo, el Compostela con su derrota de ayer ante el Somozas es colista de grupo pero en la previa del partido de Pasarón se encargaron de "concienciarnos" de que venía un aspirante al liderato. Digo esto porque el Domingo llega a Pontevedra el Coruxo. El equipo vigués ha empezado tan bien la temporada que vendrá a Pontevedra vestido de lider y ya sé los argumentos que escucharemos desde dentro desde mañana mismo. Se dirá que viene otro "super equipo", con jugadores tremendos (recuerdo que es a veces titular Cristobal Juncal que jugó aquí el año de 3ª que no se disputó el play off) y que habrá fichado gente con la que nosotros no podemos ni soñar pero el caso es que a este paso "nuestra liga" no comenzará nunca o cuando lo haga nos encontrará un tanto descolgados de esos "presuntos compañeros de viaje en el sufrimiento".

¿Seguirá bromeando la presidenta con los puntos que nos separan del liderato o ya empezará a comprender que esto va en serio y que hay que ponerse las pilas desde ya?

           
    

lunes, 21 de septiembre de 2015

Y si nos vamos para no perdernos la primera de Pau?

Es Pau Gasol una de esas figuras del deporte que resultan un tanto atípicas. Junto a un potencial baloncestístico espectacular, unas condiciones técnicas y físicas sublimes y una mentalidad a prueba de bomba que hace que su liderazgo resulte indiscutible (da a veces la impresión que si le pide a Rudy, Chacho o Felipe que se tiren por un puente para alcanzar una pelota estos lo harían gustosos) aúna un componente emotivo en su manera de ser que a mi me ha cautivado desde hace mucho tiempo. Porque además de ese Pau de expresión salvaje tras machacar el aro francés para ponernos a un punto en semifinales cual leopardo tras hincar los dientes por primera vez en la piel de un corzo largamente perseguido existe ese otro arrasado en lágrimas de emoción tras las semifinales del mundial de 2006 ante Argentina que le dieron a España la clasificación para la final. Esas lágrimas reunían la alegría inmensa por el importante triunfo conseguido y la rabia por la grave lesión que en los últimos minutos de ese encuentro había sufrido al romperse un dedo de un pié (lo que no evitó que convirtiera un tiro libre clave ya lesionado). Ese percance le iba a impedir no sólo disputar esa final sino que comprometía seriamente su presencia en la primera parte de la liga regular de la NBA con todo lo que ello conllevaba por los altos emolumentos que ya en ese momento cobraba en Memphis. Era tal el ascendente de Pau sobre sus compañeros por aquel entonces que después de ganar en un final agónico ese encuentro varios de sus compañeros le transportaron a la silla de la reina hacia el vestuario con los ojos igualmente vidriosos ya no solo por la emoción de la victoria sino por el dolor y la trascendencia que esa lesión suponía para su amigo. La imagen de grupo, de piña, de solidaridad en ese equipo resultó conmovedora y alcanzó su punto máximo dos días después al arrasar sin la presencia de Pau a una Grecia que era campeona de Europa y había vencido a los americanos en semifinales y dedicarle la victoria a ese larguirucho barbudo que a pesar de ser ya una estrella en el firmamento profesional americano no dudaba verano tras verano en acudir a reunirse con sus colegas para jugar al baloncesto. Y así, esa aventura maravillosa de la "ñba" ha continuado verano tras verano capitaneado salvo un par de excepciones por Pau Gasol al que haberse colocado un par de anillos en sus manos no le resultaba impedimento para acudir a la llamada de su grupo y seguir agrandando la leyenda de esta generación dorada que resultará irrepetible para el baloncesto español.

Enhorabuena pues a Gasol y a todos los componentes de este equipo que superando en esta ocasión muchas más adversidades que otras veces han vuelto a convertirse en los verdaderos Reyes de Europa aunque algún otro miembro de la monarquía acompañado convenientemente por su paje haya salido como no podía ser de otra manera y por desgracia siempre ocurre en la foto del éxito.

Jugaba el Pontevedra dos horas antes de esa gran final del Eurobasket y quien más quien menos pensaba en escabullirse con rapidez nada más producirse el pitido final para acudir a la cita con la televisión. No sé si sería porque algunos no quisieron arriesgarse a perderse ni un segundo del duelo hispano-lituano o por la retransmisión por la "caja tonta" del partido o quizá por el calor reinante que invitaba a disfrutar del posiblemente último Domingo veraniego del 2015 pero lo cierto es que el espectáculo en las gradas volvió a ser cuanto menos decepcionante y ni la presencia de unos 200 seguidores compostelanos consiguieron dotar al partido de ese ambiente especial y eléctrico que suelen tener estos encuentros de rivalidad.
Hace unos días la Presidenta del Consejo volvió a congratularse públicamente de la buena marcha de la ¿campaña? de abonados del club y afirmaba que se habían hecho más de 700 altas nuevas. Lo cierto, lo real, es que en los tres partidos de Liga jugados en casa la afluencia ha sido escasa y para nada superior a la reunida en los partidos de tercera y eso empieza a ser preocupante. 

Y bajo ese sol de justicia antes mencionado salió el Pontevedra al césped con una alineación muy parecida a la presentada el día del Tudelano. Portería y defensa habitual más el doble medio centro de siempre, Jandrín por derecha, apareció Anxo por la izquierda, Mouriño algo por detrás del punta con libertad para moverse por todo el frente de ataque y Borjas arriba.
Y enseguida pudo comprobarse que los dos equipos se mostraban algo más cómodos cuando no tenían la posesión de la pelota. Con alta intensidad y constante presión ambos rivales buscaban hacerse daño robando en zonas peligrosas y saliendo con velocidad hacia la portería contraria. El Compostela trataba de evitar que los locales combinaran por el medio adelantando mucho esa línea presionante obligando a portero o defensas granates a jugar en largo y el Pontevedra intentaba no dejar respirar a los celestes mordiendo y encimando en medio campo. Así las cosas, el partido perdió la vistosidad y el toma y daca que caracterizaron los dos primeros en casa y se convirtió en un ejercicio de exhibición física que apenas permitió llegadas con peligro a las áreas.
Tuvo el Compos dos ocasiones en estos primeros cuarenta y cinco minutos abortadas ambas por un hombre que sigue siendo siendo fundamental en el Pontevedra, Edu Sousa. Especialmente en la segunda de esas acciones demostró su categoría al atajarle a Orbegozo un tiro cruzado efectuado en pintiparada posición para hacer más pupa.

Por su parte, el Pontevedra que logró elaborar un par de contras rápidas sin remate final, gozó de su mejor ocasión en una llegada de Kevin que controló con el pecho ya dentro del área y sin dejar caer la pelota conectó un derechazo imponente que fue despejado en bella intervención por Guillén.

A destacar en este punto la completa nulidad del equipo granate en las jugadas a balón parado ofensivas. No me refiero a la falta señalada en la media luna del área santiaguesa lanzada por Verdú y que se fue lamiendo el palo de la porteria visitante sino a otras dos faltas laterales (una en la primera y otra en la segunda parte) en posición peligrosa que el Pontevedra desaprovechó lastimosamente. En ambas se optó por lo mismo. Ceder la pelota hacía una posición más retrasada en la que se botaba la falta para que un jugador ensayase un disparo imposible desde muy lejos y ya con un defensor encima. Es cierto que en estas fechas se celebra el prestigioso mundial de rugby en Inglaterra pero hacerle un homenaje a este deporte con esos "lanzamientos a palos" no creo que resulte procedente. En esta clase de partidos cerrados y con escasas opciones de gol ejecutar de manera tan deficiente la estrategia debería motivar un serio toque de atención al "capitán de infanteria" de la división de este lance militar.

Y con la llegada de la segunda parte el partido se tornó aún más trabado, espeso y y poco edificante a la vista. El Pontevedra tardó muy poco en venirse a bajo físicamente y sólo la poca o casi nula ambición compostelana ( las prisas parecieron llegarle en el 86 tras la expulsión de Carnero) y el indudable buen hacer defensivo del equipo impidieron que la cosa hubiese acabado en derrota.

No entendí muy bien el carrusel de posiciones ordenado por Luisito nada más comenzar este segundo tiempo. El primer cambio fue el de Tomás por Anxo y eso propició que Mouriño pasase a la izquierda y Tomás se colocara por detrás de Borjas. No debió gustarle el experimento al técnico pues tras el segundo cambio(Carnero por Mouriño) fue Borjas el que pasó a jugar por la izquierda (sí, Borjas) y Carnero en punta. Pero es que con el tercer cambio (Tubo por un tocado Borjas) fue Jandrín quien se convirtió en inquilino de la esa banda zurda, Tubo de la derecha y en algún momento no demasiado lejos del final del partido se decidió también intercambiar la posición de Tomás con la de Alex pasando este a jugar más cerca del punta.

Sea como fuere este constante cambio de posiciones en ataque no consiguió dotar al Pontevedra de frescura y profundidad arriba pero tampoco rompió la estructura defensiva de un equipo que a falta de goles a favor por lo menos mantiene un bajo número de goles en contra gracias a una buena organización defensiva capitaneada otra vez por un omnipresente Kevin Presa que se encargó de destruir gran parte del juego ofensivo rival. Ese saber sufrir otorgó ayer por lo menos un punto que puede resultar importante a final de temporada. Es cierto que el Compostela en esta segunda parte fue mejor y dominó más el juego pero no encontró remate en esas dos o tres jugadas en las que desbordó sobre todo Goti por banda izquierda y que sembraron la inquietud en la parroquia local.

Y por supuesto vamos a hablar de Carnero. No pueden existir dudas al afirmar que la acción que le costó la expulsión es un error garrafal que pudo haber costado más caro al equipo y que no tiene justificación. Posiblemente tanto hoy como los próximos días escucharemos y leeremos opiniones acerca de este lance y de la irresponsabilidad del jugador. Ahora bien ya será más difícil que escuchemos que en los escasos quince minutos sobre los que estuvo en el césped volvió a demostrar que su presencia en el once resulta más que obligatoria. Dejó en dos jugadas diferentes y con dos pases de primera exquisitos a un muy desacertado ayer Alex en posiciones ventajosas para crear peligro que se desaprovecharon. Y convirtió un melón en un balón de fútbol al controlarlo de manera magistral y abrir a la derecha sin dejar caer la pelota en un cambio de juego que podría haber llevado mucho más peligro para el rival de no haber desbaratado la jugada un compañero.          

De Carnero, pues, sólo puedo decir que ayer se equivocó gravemente y la sanción de más de un partido que le espera no hace sino perjudicar mucho a su equipo pero también me gustaría que se aclarara de una vez por todas en que consisten esas molestias en su rodilla que según las palabras de su entrenador le obligan a dosificarlo.¿ Qué molestias? ¿Tendinitis, esguince, distensión ...? ¿No juega realmente por eso o por que se prefiere jugar con un delantero y que este sea Borjas?    

Tampoco resulta muy entendible la posición de Tomás sobre el terreno de juego que es cierto que concuerda con la opinión aparecida en prensa la pasada semana de Luisito en las que le describía como delantero.
Como ya se ha dicho, ayer disputó casi toda la segunda parte en una posición muy adelantada y sólo en los últimos minutos jugó más retrasado.
Es evidente que no tengo ni idea de fútbol, eso está claro. Pero con el paso del tiempo me percato que entiendo menos pues si Tomás es delantero es que entonces algo importante me he perdido por el camino y más cuando el propio entrenador declara tras el partido que con el cambio del canterano quería lograr mayor posesión del balón. Creo yo que dificilmente podrá lograrse eso si se le coloca cerca del área contraria.

Al margen de todo esto, lo cierto es que con el punto de ayer acumulamos cuatro en la tabla y las perspectivas más inmediatas (viaje a Ferrol el fin de semana que viene) no parecen muy propicias para aumentar el casillero.
Supongo que nos cansaremos de oír durante toda la semana las excelencias de la plantilla verde y que está poblada de jugadores de superior categoría, igual que la del Compostela.

Aún así, este bloguero ingenuo no desecha la posibilidad de puntuar en A Malata si se trabaja bien colectivamente. No podrá contarse con Carnero y quien sabe si con Jacobo pues en este club conocer el verdadero alcance de las lesiones de los jugadores y sus periodos de baja hace tiempo que resulta imposible pero no estamos para regalar nada y a pesar de que las urgencias resultan exageradas en Septiembre no podemos olvidar que Octubre está a la vuelta de la esquina.          
    
                      

lunes, 14 de septiembre de 2015

De valentías presuntas e incomprensibles suplencias

Ayer Domingo por la noche el característico sonido de mi teléfono al recibir un whatsapp distrajo mi atención de las páginas del libro que estaba leyendo. "He estado fuera el fin de semana. Aislado adrede para desconectar.Acabo de llegar y me he enterado del resultado. Lo de siempre, no ?". El mensaje era de un buen amigo otrora abonado del club pero que sigue la actualidad del mismo aún a pesar de acudir de forma más intermitente a ver "in situ" los partidos del Pontevedra. He de confesar que no mostré ni pizca de locuacidad en mi respuesta. "Sí". Fue el único, corto y tajante vocablo que salió de mi "pequeño demonio electrónico" y que recibió mi compañero en contestación a su mensaje.

Es cierto que mi carácter (de por si algo huraño porque no decirlo) empeora un tanto el Domingo por la noche ante la cercana perspectiva de ese Lunes implacable e inmune a toda solicitud de reposo mañanero pero la verdad es que tampoco me apetecía en ese momento aporrear el teclado para repetirle a mi compañero casi los mismos argumentos que le llevo exponiendo desde hace meses cada vez que el Pontevedra termina un partido como visitante.

En ese escueto, seco e inapelable "sí" se recogía ayer noche un nuevo partido mediocre y ramplón del equipo lejos de Pasaron. Y esa opinión no solo se deriva de las crónicas tanto radiofónicas como escritas del encuentro jugado en Villaviciosa sino de otra rueda de prensa "impagable" del entrenador granate. Es Luisito un técnico que cuenta con muy buena prensa entre los jugadores y parte de los medios de comunicación. Cada vez que se le pregunta a un jugador del Pontevedra (o a algún otro de otros equipos pero que en el pasado hayan estado bajo su mando) no dudan en afirmar que es un extraordinario entrenador y que el Pontevedra está en buenas manos y no hay duda que cumplirá el objetivo marcado.Incluso después de presenciar desde la gradas de Pasarón exageradas y tribuneras broncas del teense a determinados jugadores, preguntados estos al finalizar el encuentro por tal circunstancia lejos de mostrarse dolidos o enfadados con su entrenador lo alaban y argumentan que lo que pretende con esos ademanes es mejorar su rendimiento.

No hay duda pues sobre la identificación de los jugadores con su técnico y no la hay aún a pesar de esas ruedas de prensa que protagoniza Luisito en la que resulta prácticamente imposible encontrar atribución de responsabilidad propia en las derrotas y sí múltiples factores que influyen en que el conjunto granate naufrague lejos de su campo.
Y eso que ayer el de Teo dijo textualmente despues el partido que tras las molestias de Queijeiro que motivaron su sustitución decidió cambiar el sistema "y el equipo se le vino abajo". Después de esta frase que parecía una declaración humilde y hasta positiva de un error cometido, Luisito pasó a completar el argumento diciendo que en la segunda parte no habían sido ellos mismos. Que de haberlo sido habrían ganado el partido y que lo que tiene que decir ya se lo dirá a los jugadores en la caseta. ¿Qué les tiene que decir en la caseta? ¿ Abroncar a Queijeiro por lesionarse? ¿Regañarles por haber pasado a jugar con otro sistema cuando fue él quien decidió dicho cambio?

En ninguna crónica que he podido leer (y no han sido pocas) se describe con que sistema jugó el Pontevedra ayer Domingo en Asturias. Por la alineación sacada podría deducirse que o bien se jugó con tres por el medio (Kevin, Alex y Queijeiro) dejando un lado para Mouriño, el otro para Jandrín y la punta para Borjas. O bien el ex del Coruxo o el recién llegado Queijeiro acompañaron a Kevin en el doble medio centro y el otro se adelantó para formar con Mouriño y Jandrín una línea de tres medias puntas. Si el problema según dice el propio Luisito fue el cambio de sistema por la lesión del ex fabrilista que provocó la entrada de Anxo lo que no se entiende es por que no sacó a Pedro García (medio centro) al césped y sí al afilado extremo . Si se estaba jugando con "trivote" Pedro encajaría ahí a la perfección y si Queijeiro estaba jugando más adelantado con colocar a Alex en su lugar y Pedro por detrás junto a Kevin el sistema seguiría siendo el mismo.

No quiero que se entienda mal lo que estoy diciendo. No por que hubiera salido Pedro en el primer cambio en vez de Anxo creo que no se hubiera perdido sino lo que intento explicar es que la razón esgrimida por Luisito para que el equipo " se le viniera abajo" podría haberse evitado pues ese cambio de sistema no era obligatorio.

Ahora bien, quizá las preguntas que habría que hacerse sean otras. Y para empezar una muy clara. ¿Puede permitirse el lujo el Pontevedra CF de dejar en el banquillo a Pablo Carnero? Sí, Ya sé que algunos dirán que si las molestias en la rodilla, que si no tiene ritmo y que "si la abuela fuma".Pero que levante la mano quien hubiera escuchado la rueda de prensa del partido frente al Tudelano y no supiera ya tras escuchar a Luisito que Carnero no iba a jugar de titular en Villaviciosa por razones completamente ajenas a sus molestias.Que sí había hablado con el, que si los centrales en 2ªB no son como los de 3ª...

Y es que está muy bien ( y vuelvo a la rueda de prensa de ayer) que Luisito se "adorne" diciendo que  prefiere jugar así aunque se pierda que no con cinco defensas y más defensivo cuando el Pontevedra fue incapaz de generar más ocasión de gol que la de Capi en el primer minuto (pues si la de Jandrín que pudo verse en el resumen es considerada ocasión clarísima como alega el técnico es que a lo mejor no tenemos la misma concepcíon de ocasión manifiesta de gol). Esa es otra característica de estas ruedas de prensa. Remitirse a ocasiones enormes de gol que falla el equipo y que nos penalizan al final. Pero lo cierto es que en aquellos partidos que se han podido ver por televisión enteros y los pequeños trozos de los resúmenes de otros esas ocasiones o no son tan claras o no son ni mucho menos tan numerosas.

Pero volviendo a la suplencia de Carnero (cuya titularidad no asegura en absoluto la consecución de puntos pero sí cuestionan la presunta valentía del entrenador fuera de casa) los mejores minutos como visitante del Pontevedra fueron en Cáceres hasta que la expulsión del vigués desbarató los planes granates. Todos los que vieron el encuentro coincidieron en que el Pontevedra se estaba imponiendo al Cacereño y jugar con dos delanteros no resultó impedimento para mostrar esa superioridad. Que no pasa nada por jugar con uno o como quiera el entrenador. Pero lo que no se puede luego es dar clases de valentía o de osadía forastera por jugar con cuatro defensas en vez de con cinco.

Porque otra muestra de esa presunta valentía sería la de no acordarse de manera permanente y tozuda de las características del estadio del rival durante toda la semana previa. Que si el campo es muy estrecho, que si es muy corto. Que si no tiene grada y entra el viento. Que si está seco. Qué si está mojado etc etc. Lo que resulta grotesco es que luego lleguen a Pasarón equipos que juegan en "cajas de cerillas"o en " escenarios huracanados" y se adapten a nuestro campo mucho mejor que nosotros a los de ellos.

Sabíamos y sabemos que casi seguro tocará sufrir esta temporada. Casi toda la afición granate es consciente que tendremos que remar y mucho para no complicarnos en los puestos de abajo y volver al sótano del pozo en el que todavía estamos. Incluso a casi todos (a mi el primero) nos ha gustado bastante el Pontevedra en los dos partidos jugados en casa. 
Pero no vendría mal en mi opinión llamarle a las cosas por su nombre. Si vamos a Villaviciosa,  "no jugamos un pimiento"y perdemos justamente el entrenador debe afrontarlo, comulgar con esa humildad que tanto predica para el resto de los componentes de la entidad incluida la afición,  reconocer los errores no sólo de sus hombres sino los propios y no echar la culpa (a falta de decisiones arbitrales controvertidas), al campo, a las lesiones o al "empedrado".