viernes, 19 de abril de 2019

Gran viaje en una alfombra mágica

Para que ruede el balón de la manera tan primorosa como lo hizo en la primera parte del partido de ayer en Pasaron hacen falta dos cosas.
La primera es que la manejen jugadores que lo acaricien con su talento y lo dirijan en cada momento al lugar exacto al que desean con la autoridad del jinete que se relaciona con su montura con autoridad pero sin usar la fusta.
Cuando esos futbolistas se encuentran y no solo tocan la pelota con primor sino que luego se mueven buscando sin pausa el espacio para que el compañero los encuentre entonces la sinfonía está casi garantizada.
El segundo factor casi imprescindible para que esa música suene de una manera tan perfecta es que el tapete sobre el que los jugadores y el esférico evolucionan se encuentre en buenas condiciones para que se genere esa genial melodía. 

Y ayer por la tarde en un Pasarón con bastante más gente de lo habitual (quitando la razón a aquellos que pensaron que no era buena idea jugar en Jueves ante el riesgo de divisar mucho cemento entre los que se encontraba este atribulado y en este caso muy equivocado bloguero) se dieron esas dos circunstancias para que el partido acabara en fiesta y la ilusión de la parroquia granate aumentara todavía más de cara a las últimas cuatro jornadas.

Cuando se juntan futbolistas de la categoría técnica de Borja Domínguez, Romay y Alvaro Bustos lo más probable es que el fútbol fluya casi como por ensalmo y la pelota se desplace por la hierba dibujando jugadas maravillosas que solo pueden producir la admiración de los espectadores.
En la primera parte del choque estos tres hombres dieron un recital de tocar, moverse, buscar el espacio libre y generar peligro ante el área rival que acabó por encandilar a a todos los que estábamos en las gradas.
Si además unimos a la actuación descollante de este trío, la mejor primera parte disputada hasta este momento como granate de un Pedro Vázquez fenomenal, el trabajo incansable y además acompañado de otro gol de Javi Pazos y a la seriedad en el trabajo del resto del equipo entonces encontramos la razón de porqué el Pontevedra CF fue muy superior en todo momento al Rápido de Bouzas al que debió derrotar por una diferencia mayor si se hubiera estado más acertado en la finalización de las incontables ocasiones de gol producidas y disfrutadas por el equipo granate.

Claro que tampoco podemos olvidar el segundo factor por el cual el colorido del partido alcanzó sobre todo en el primer tiempo una tonalidad realmente brutal.
Y es que aunque no se sepa muy bien por que, el césped de Pasaron lució ayer espectacular, con un verde que enamoraba las pupilas y con una superficie tan tersa que en ocasiones evocaba esa alfombra mágica que una leyenda dice que fue regalada al rey Salomón de un color verde brillante y un tamaño gigantesco y que el soberano utilizaba para desplazarse por el cielo en todos sus viajes.

Ver ayer moverse por esa hierba a Romay con esa elegancia en el toque haciendo paredes con Bustos por la izquierda o Pedro por la derecha y ver también a Borja correr por este "pasto" como deslizándose mientras organizaba y dirigía el medio campo granate fue verdaderamente un auténtico regalo.

Como no podía ser de otra manera las ocasiones fueron llegando e incluso la primera que se cristalizó hizo honor a otra faceta en la que también se ha visto una clara mejoría en los últimos tiempos, la estrategia.
Ese primer gol llegó tras una falta provocada por Pedro Vázquez tras gran jugada personal y en la que Borja el propio Pedro y Romay protagonizaron una acción claramente de laboratorio que el de Malpica concretó a la segunda tras rechazar el portero su primer intento.

Hubo más jugadas ensayadas que casi salieron como otro córner buscado para el remate de Pazos tras maniobra de distracción en el área que casi salió además de la peligrosidad natural que cada saque de esquina botado por Borja conlleva por su excelente manejo del balón parado.

Igual que llegó ese primer tanto llegaron esos errores en el remate que ya se manifestaron de manera exagerada en Coruxo.
Javi Pazos desperdició dos muy claras y Bustos otra en una jugada realmente extraordinaria pero después de la única oportunidad del Bouzas en el partido (remate al larguero en un saque de esquina) llegó el 2-0 de Javi Pazos fruto de su brega y su voluntad de hacerse un sitio en este equipo.

En la segunda parte llegaron los dos cambios por molestias de Pedro y de Kevin. El primero de ellos en los primeros minutos del segundo tiempo dio la oportunidad a Alex González de volver a recordar que en él seguimos teniendo a ese extremo eléctrico y veloz que tanta falta posiblemente nos va a seguir haciendo en este tramo final del competición.
Ayer falló dos ocasiones muy claras pero volvió a generar mucho peligro por esa banda izquierda que Bustos abandonó con su entrada para irse a la derecha.
Pronto llegó el 3-0 en otro lanzamiento "marca de la casa" de Borja aunque está vez con la fortuna del desvió en un rival y a renglón seguido el 3-1 en una falta que acabó con el balón en nuestra portería y que debió defenderse mejor.

Incluso dio tiempo para ver más minutos a Arrabarruena que en esta ocasión no dio esa sensación de indolencia de hace un par de semanas e incluso asistió con acierto a Alex en una de esa ocasiones marradas por el pequeño jugador cántabro.
Hubo tiempo también para que Bustos demostrase una vez más el "cañoncito" que tiene en su pierna izquierda pero otra vez un poste ( he perdido la cuenta ya de los balones a la madera de este hombre en los últimos tiempos) evitó un gol que habría sido precioso.

El partido terminó al fin con un Pontevedra CF que se manifestó superior en todo momento a su rival y que no redondeó una goleada importante por esa falta de acierto ante el gol que constituyeron junto a esas molestias (que esperemos sean leves) de Pedro y Kevin la única nota medio negativa de la tarde.

Habrá que esperar a que discurra toda la jornada para ver como queda la situación (el Castilla ya venció medio de casualidad al Fabril en Madrid por 1-0 también ayer) y en que puesto afrontaremos la siguiente.

Que ahora vienen curvas resulta evidente. 

De cuatro jornadas que restan tres se jugarán fuera y la primera piedra de toque será el campo del Adarve.
Es un campo pequeño (no tanto de ancho sino de largo) y el rival llegará (de no conseguir puntuar el Domingo) en una situación realmente desesperada.

Será otra final para la que habrá que prepararse con esmero y adaptarse a las diferentes condiciones en las que se jugará el partido.

Ahora bien, lo que está fuera de toda duda es que ayer el equipo volvió a disfrutar sobre el césped e hizo disfrutar a una afición esperanzada.

Estamos en un momento idóneo para lograr algo importante. 

Ahora hay que tomar el Adarve que nos espera dentro de nueve días para dar un auténtico paso de gigante para la clasificación.


    

lunes, 15 de abril de 2019

Con la cuarta llegó el premio soñado

Después de treinta treinta y tres jornadas de Liga el Pontevedra CF está entre los cuatro primeros.

A falta de cinco jornadas para el final la misión del equipo ahora es la contraria. 

Hasta ahora la canoa navegaba con más o menos dificultades hacia la orilla de la zona de play off y la corriente en contra fue tan fuerte en ocasiones que parecía que nuestro destino no sería otro que esa masa de agua mansa y sin viento alguno en la que no puedes hundirte pero tampoco llegar a tocar la arena. 
Más no ha sido así y este grupo ha resistido la fuerza de esas corrientes y vientos contraios para llegar con su embarcación a la playa y tratar de hacerse fuerte entre las palmeras frondosas de la zona noble de la clasificación.
Lo que toca a partir de este momento es evitar de todas las formas posibles que la nave se vea arrastrada de nuevo hacia alta mar y tratar de colocarla lo más tierra adentro posiblea para consolidar una posición que tanto trabajado ha costado conquistar. 

El mérito de la plantilla y el cuerpo técnico es grande. 

Tras el varapalo sufrido en el Helmántico la costa se alejó muchas millas náuticas y el equipo sabía que debía recomponerse y hacerse fuerte no solo en casa (esa asignatura estaba bien aprobada desde Septiembre) sino también fuera de nuestro carismático Estadio.

Costó como no podía ser de otra forma y contra el Guijuelo bordeamos el vuelco definitivo pero tras un mal partido apareció la dorada cabellera de Rivera para equilibrar de nuevo la canoa. Luego llegó Abegondo y una buena segunda parte en ese campo; el Sanse al que sacamos del partido a base fútbol, empuje y convicción y ahora llegaba el Coruxo y su meritoria racha sin perder al que habría que derrotar para enfilar ya con toda la vela desplegada el camino hacia esa isla soñada.

Y en O Vao el Pontevedra CF desplegó una primera parte que solo cabría calificar de extraordinaria a no ser por la cantidad de ocasiones clarísimas de gol desperdiciadas ante la portería "verde".

En esos primeros 45 minutos solamente existió un equipo sobre el terreno de juego que fue el nuestro y con desesperación fuimos viendo como Kevin erraba la primera oportunidad diáfana para marcar; el propio Kevin fallaba un penalti con su consiguiente rechace que parecía casi más fácil de meter que el lanzamiento desde los 11 metros; como Pedro Vázquez fallaba a renglón seguido otra ocasión sin portero todavía más clara que las de Kevin y para terminar pudimos también presenciar como Romay desperdiciaba un uno contra uno contra el portero y un remate de cabeza en buena posición que se marchaba rozando un palo de la meta de Alberto. 

El Pontevedra presionaba arriba de forma incansable, robaba, tocaba con velocidad pero no sentenciaba ya el choque en los primeros 15 minutos por esa falta de acierto que al menos a este atribulado bloguero le hizo temer lo peor.

Y lo peor no era otra cosa que el cumplimiento de una de las leyes no escritas del fútbol: si perdonas lo imperdonable, el rival llegará una vez y acertará con el gol.
Pudo cumplirse dicha circunstancia pues en medio de tanta ocasión granate y tanto avasallamiento del Coruxo, el equipo vigués gozó de una gran oportunidad en un balón centrado hacia el segundo palo desde la derecha de nuestra defensa que Manu Justo controló muy bien y remató mandando el cuero muy cerca de la portería de Edu. 

Se había fallado lo infallable pero por lo menos el Coruxo no había materializado la suya lo que hubiera supuesto un mazazo de considerables dimensiones para el Pontevedra.

En esta primera parte (que insisto habría sido sobresaliente de materializar un par de las ocasiones generadas) y dentro del gran tono general del equipo tanto colectiva como individualmente, destacó en mi opinión por encima de todos un Alvaro Bustos que cada vez que se hacía con el esférico creaba peligro sin descanso en campo rival. Bustos dio un recital de regate, desborde y pase mostrando la mejor cara desde que viste esta camiseta y llenándonos de esperanza cara al tramo final de competición si es capaz de mantener este nivel que ya exhibió (quizá no con tanta exuberancia) la semana anterior ante el Sanse.

Sin embargo, no se había marcado antes del descanso y parecía complicado que el equipo mantuviera esta superioridad  en la segunda mitad en la que se podría pagar tanto indulto al Coruxo a la hora de concretar las oportunidades.

Y la segunda parte ya no empezó igual. El rival salió con más entereza e incluso gozó de una buena ocasión casi al principio en un tiro de Juanpa que se envenenó tras rozar en Churre para salir muy cerca del poste derecho de Edu Sousa.

No obstante, con el paso de los minutos el Pontevedra volvió a asentarse y coger el timón del partido. Borja Domínguez y Romay volvieron a crecer sobre el césped y Kevin ponía ese trabajo en el medio una vez superado su desacierto rematador de la primera parte.
Sin esa sensación de aplastamiento del primer tiempo, el Pontevedra empezó a crear alguna oportunidad como la de Bustos que no llegó pro centímetros a un buen balón servido por Romay desde la línea de fondo.

Y luego llegó el gol.

La jugada se produce por la indecisión de un mediocampista rival que ante la presión granate se equivoca y ve como Bustos se hace con la pelota en la frontal. A pesar de hacerle una dura entrada, el árbitro deja seguir pues la "bola" llega  a Romay que centra al segundo palo para que Pazos meta la cabeza y haga ese gol tan esperado y merecido para el Pontevedra CF.

Era un tanto el de Javi que nos clasificaba de forma provisional para el play off pero que además rompía su sequía que había comenzado el día de Reyes en el enfrentamiento contra el Castilla, equipo al que había marcado su último gol.

De esa jugada salió Bustos medio renqueante y por ello fue sustituido por Pibe. Fueron los siguientes minutos tras el gol de más dominio granate que seguía sin meterse atrás y que incluso pudo hacer el segundo en gran jugada de Borja que no pudo cristalizar un Pedro Vázquez negado ante la portería contraria. 

Los últimos siete minutos de juego reglamentario y la larga prolongación fueron otra cosa. 
Luismi decidió sustituir a Romay por Berrocal y a partir de ahí el equipo dejó de tener la pelota y dio un claro paso atrás.
Fue ese rato final del partido un tanto angustioso. Primero por la importancia suprema de los puntos en juego y luego porque el Coruxo sin Romay e incluso Pazos (también relevado por Arruabarrena) se vio menos amenazado en defensa y se echó para adelante aceptando la decisión del Pontevedra de recular. 

Y bien pudo empatar a base de corazón el equipo de Montes. Primero en una falta cerca de la frontal que llega por un error grave de Borja al perder una pelota en zona peligrosa y que constituyó prácticamente el único error del gran jugador llegado en Enero. Por suerte, un atacante contrario no llegó a desviar la pelota antes de que esta acabase en los brazos de Edu.

Y el susto mayor llegó casi en la última acción del choque (no seríamos nosotros sin un sobresalto final que nos produzca un "tantarantán" coronario) tras un saque de banda peinado dentro del área que provoca que un balón llegue casi franco a un delantero coruxista que para nuestra fortuna envió su lanzamiento fuera del marco de Edu.

Habría sido muy duro encajar ese gol y no habría reflejado en absoluto lo ocurrido sobre el campo de O Vao pero ahora estamos en la "ola buena" y mientras balones tan desafortunados como los de Cruz el día del Burgos o aquel "pseudogolobo"del Internacional nos costaron cuatro puntos, ayer ese balón de Silva se fue fuera y el partido terminó con una victoria tan merecida como trascendental a efectos clasificatorios.

Tras la derrota en Salamanca, la fase de ascenso parecía lejísimos. 

Quedaban nueve partidos y para llegar a esos 65 puntos que se estimaban como suficientes para su disputa se necesitaban siete victorias de esas nueve últimas jornadas. Además, al igual que la campaña anterior, ya no sería suficiente con ganar aquí sino que habría que darla talla y vencer lejos de nuestra casa.

El equipo y su dirección técnica siempre afirmaron que no estaba nada perdido y que seguirían luchando en pos del objetivo y desde entonces han acumulado cuatro victorias seguidas (dos de ellas fuera) y jugando realmente bien en los dos últimos enfrentamientos.

Claro que ahora es cuando hay que mantener la calma más que nunca y tener los pies bien asentados sobre el firme.
Se ha hecho, en mi opinión, lo más difícil pero cualquier distracción resultaría fatal para la culminación del este buen trabajo.

Sin ir más lejos, en solo tres días llegará el siguiente duelo.

En una decisión que no me gusta, no comparto en absoluto y me parece muy difícil de explicar, el Pontevedra jugará en Pasarón el Jueves en vez del Domingo frente al Rápido de Bouzas que se está "partiendo el pecho" para quedarse en 2ªB.

Que porqué se decide esto, repito, ni lo sé ni lo entiendo pero el caso es que el rival tendrá un día más de descanso tras jugar el Sábado, circunstancia que resultaría irrelevante de jugarse en fin de semana.
Además, Alex González que ayer no pudo en entrar en la convocatoria dispondrá de 72 horas menos de recuperación y cualquiera que le haya visto frente al Sanse sabe de la importancia del rubio extremo cántabro para nuestro juego de ataque.

Sea como fuere, lo que sí deberíamos evitar entre todos los aficionados es que se produzca un ambiente desangelado y extraño por tratarse de un día (Jueves Santo) poco indicado para la Liga de 2ªB lo que ya se notó la pasada temporada en aquel Pontevedra -Talavera crucial para nuestros intereses y en el que no hubo demasiada gente en el campo.

Ahora todo cuenta, TODO. 

Es importantísimo que estos jugadores que nos han devuelto la esperanza a base de victorias se vean bien arropados el próximo Jueves para lograr otros tres puntos auténticamente de oro para el Pontevedra CF.

Quedan cinco partidos y de ellos solo dos serán aquí.

El Jueves toca vibrar con el equipo y convertir este Jueves en un Domingo de fútbol en el que el rival que no olvidemos llegará en forma y "jugándose la vida" tenga claro desde el primer minuto que el hueso que tiene enfrente es demasiado duro como para roerlo y salir con puntos de Pasarón.

Lo bonito del fútbol es la ilusión y los sueños que despierta seguir a tu equipo. 
Prolonguemos esto más tiempo y a pesar de decisiones absurdas que no hay por donde cogerlas poblemos el campo dentro de tres días para ayudar al Pontevedra CF a dar otro paso más hacia el play off de ascenso a segunda división.   




  

lunes, 8 de abril de 2019

Otra vez a tiro de piedra

La derrota en El Helmántico hace cuatro jornadas y la forma en la que se produjo parecía que había terminado con las aspiraciones reales del Pontevedra CF para clasificarse entre los cuatro primeros.
Además, el mal partido en Salamanca se unía al empate siete días antes en casa ante el Burgos y a la derrota en Ponferrada que completaba un trío de encuentros en los que solo se había logrado sumar un punto sobre nueve.

Meterse arriba todavía era posible con las matemáticas en la mano pero el margen de error se había estrechado tanto que de los últimos nueve partidos apenas nos podíamos permitir uno o dos fallos para no quedarnos fuera definitivamente.

Tras ese mal partido contra el Salamanca en el que no hubo apenas reacción tras el primer gol local y en el que el equipo dejó entrever cierta precipitación e impotencia ante su destino, la plantilla y su entrenador siguieron manifestando que existían opciones todavía para volver a meterse y que no se podía arrojar la toalla.

Llegó el choque ante el Guijuelo jugado en una tarde calurosa y pesada en la que el Pontevedra CF no dio síntomas de recuperación pero de la que salió airoso gracias a un gol a última hora del canterano Rivera.
Luego Abegondo apareció como piedra de toque fuera de casa y ante un conjunto casi descendido. El Pontevedra volvió a ganar jugando una primera parte mejorable y una segunda con más seguridad y confianza.

El San Sebastían de los Reyes era el próximo rival al que el Pontevedra debía derrotar para seguir en la lucha y alcanzar por segunda vez esta temporada la cifra de tres victorias consecutivas (en la primera vuelta llegamos a acumular cuatro justo en el tramo de Liga que empezará el Domingo que viene en Coruxo).

A diferencia de lo ocurrido el día del Guijuelo en el que las palomas no volaban para resguardarse del sol, la tarde de ayer apareció sombría, oscura y con inmensos nubarrones que despedían agua sin cesar maltratando el ya de por sí deficiente drenaje del Estadio de Pasarón.

Se barruntaba un partido intenso, bronco y en el que jugar a ras de suelo iba a resultar con el paso de los minutos misión casi imposible para los 22 protagonistas.

De entrada, sorpresa al analizar la convocatoria rival. Ni Aguero ni sobre todo Castel (segundo máximo goleador del equipo) aparecían en la misma por problemas físicos de última hora que no habían sido anunciados en la previa del choque.
Por nuestra parte, la novedad más destacable la constituía la titularidad de Bustos en lugar de un Pedro Vázquez no recuperado de sus problemas físicos surgidos en Abegondo.

A lo largo de la primera parte todavía se podía jugar más al fútbol que al water polo. 
Había charcos, sí, pero era posible circular la pelota aún con dificultades y tratar de de jugar a ras de suelo y no solo por el lluvioso cielo pontevedrés.

Y el equipo tras unos primeros minutos, pocos, de presión algo adelantada del Sanse cogió el timón del partido para no perderlo ya casi en ningún momento del mismo.

Borja mandaba en el medio acompañado por un incansable Kevin Presa; Alex González empezaba a percutir por su banda en lo que sería el comienzo de un encuentro extraordinario; Bustos dejaba detalles de clase por el otro lado y el "James Bond" del Pontevedra, Manuel Romay, dejaba bien claro desde el principio que esta tarde también iba a aparecer y que repartiría a lo largo de los noventa minutos todos los Martinis (mezclados que no agitados) que sus compañeros le requiriesen para cumplir su misión.

Llegó pronto una tarjeta amarilla a "nuestro" Bruno Rivada que actúo de lateral izquierdo y manifestó los mismos problemas que en esa misma posición revelaba cuando vestía de granate. Después otra cartulina amarilla a otro jugador franjirrojo, Tena, dejaba bien a las claras que el Pontevedra empezaba a desbordar y que se hallaba mucho más cómodo sobre la hierba que el conjunto de Matapiñoneras.

En esa dinámica favorable llegó el primer tanto granate.

La jugada nace de una conducción meritoria por la pesadez del terreno de juego de Alex González por su banda que no encuentra oposición a su velocidad y cuyo centro es introducido dentro de su portería por un Alvaro Zazo que actúo de defensa central y que en esa jugada no estuvo especialmente afortunado.
Con el marcador a favor el Pontevedra CF siguió percutiendo sobre la defensa contraria convirtiéndose en dueño y señor del encuentro. 
En estas apareció otra vez "Bond" para sacarse del smoking una jugada maravillosa en el lado derecho del área visitante que termina con un disparo precioso al palo largo que salió a escasos centímetros de la portería rival.

Entre tanto dominio pontevedrés la jugada del empate del Sanse apareció de forma aislada e igualmente afortunada. 
Buena acción de Iván Martín por la banda izquierda para entrar en el área granate y realizar una especie de centro chut que posiblemente acabaría en fuera de puerta pues el balón parecía demasiado violento para la llegada de Perales en el segundo palo.  
Sin embargo, en la desviada trayectoria del balón aparece David Castro que en una acción instintiva mete la pierna y provoca que la "bola" se meta en la portería de Edu para el empate a uno.

Es en ese momento cuando el Pontevedra CF empezó a dejar bien claro que no contemplaba la posibilidad de marcharse del partido sin los tres puntos en la "saca".

Lejos de manifestar nervios, desazón o incomodidad por el desafortunado lance que dio con las tablas en el marcador, el equipo siguió creyendo y jugando al fútbol para tratar de desarbolar de nuevo a la defensa del Sanse.
Llegó en varias ocasiones en esos diez últimos minutos de la primera parte a las inmediaciones de la portería contraria siendo la más clara y la más bonita aquella en la que Bustos se hizo con un balón en el interior del área algo escorado a la izquierda para conectar un zurdazo precioso que tras desviar el portero fue a estrellarse espectacularmente contra el larguero de Rudy.

El segundo tiempo no empezó bien para el Pontevedra.
En un despiste en el que no se presionó adecuadamente, el Sanse pudo crear mucho peligro en un balón a la espalda hacia un atacante que entraba en posición correcta para plantarse ante Edu pero Cristián Perales se equivoca y acude también en busca del esférico cuando, el sí, se hallaba en claro fuera de juego.
Esta acción unida a otra entrada por nuestro lado izquierdo defensivo por el peligroso Carlos Portero que había ingresado tras el descanso en el campo parecían vaticinar una segunda parte muy complicada en la que además cada vez era más difícil evolucionar a ras de suelo por la cantidad de agua que ya anegaba grandes zonas del terreno de juego.

No fue así, ni mucho menos.

Y todo empezó a aclararse de nuevo cuando "007" envío un balón largo para el incansable Alex Gónzález. 
Alex recoge, progresa hasta línea de fondo, amaga con centrar hacia Javi Pazos y en lugar de ello se gira y se deshace del defensa con un túnel más inmenso que el del Guadarrama; avanza por la línea y le pone la pelota de manera magistral a un Bustos que con picaría se adelanta a la defensa y remata al fondo de las mallas.   
Un gol precioso fruto de la individualidad de un Alex que ayer "se salió" auténticamente y ofreció esa versión veloz, chisposa y vertical que tanto agradece su equipo.

No cejó el Pontevedra en su empeño de sentenciar el choque tras el 2-1.
Siguió el conjunto granate siendo el amo y señor del partido y apenas sufrió ante los embates de un rival que sólo buscaba sus opciones en algún balón parado fruto de faltas laterales o saques de esquina. 
El Pontevedra defendió con orden estas acciones y no recibió ningún remate peligroso en toda la segunda parte.
Es más, con la intención de no meterse demasiado atrás y favorecer el balón directo del Sanse, el primer cambio fue el de Bustos por Pibe que mantuvo al Pontevedra en la misma línea y sin "meter el culo" demasiado cerca del marco de Edu Sousa 
Por contra, pudo sentenciar antes en otro balón al larguero enviado por Alvaro Bustos, en una acción de Pazos que remató de forma inocente con su pierna izquierda o con un lanzamiento desde lejos de Kevin que salió cerca de la portería del Sanse.

Aunque esa sentencia llegó para vivir con tranquilidad los últimos quince minutos de partido y lo hizo en otra acción preciosa e incluso más meritoria dado el estado del césped de Pasarón. 
Nuevo ataque pontevedrés, balón despejado por la defensa y "zapatazo" descomunal de Borja Domínguez desde varios metros fuera del área pegado al palo de un Jhon Rudy que pese a su estirada no pudo evitar el 3-1.

Fue otro golazo maravilloso que sellaba la victoria y cristalizaba la tercera seguida de un Pontevedra que fue mejor en todos los aspectos que el S.Sebastían de los Reyes.

En los últimos minutos ya sí el Pontevedra se tranquilizó algo más y buscó el cierre del partido. Berrocal entró por un muy buen Borja y ayudó a despejar los tímidos intentos madrileños y muy cerca del final Arruabarrena suplió a Javi Pazos que volvió a trabajar pero no a reencontrarse con el gol.

Son ya trece partidos (todos los de la segunda vuelta) en los que ni Javi ni Arruabarrena logran perforar las porterías contrarias en una sequía que parece no tener fin.

Después de esta victoria, el Pontevedra vuelve a tener a tiro a los equipos que ahora ocupan posición de play off de ascenso.

Esta ardua labor que nos ha llevado a encadenar tres victorias  ha servido para ponernos otra vez a tiro de piedra pero no para "colarnos" entre los cuatro pues ese socavón de 1 de punto de 9 al que antes se hizo referencia nos había dejado bastante atrás en la tabla.

Como también se ha reseñado más arriba, el récord de victorias seguidas del equipo en esta Liga es de cuatro y precísamente contra los rivales a los que nos vamos a enfrentar a partir de ahora.

En la primera vuelta, tras caer en Matapiñoneras 2-1 ante el Sanse, se ganó 1-0 al Coruxo; 1-3 al Bouzas; 3-1 al Adarve y 1-0 a Las Palmas At.
Es cierto que en la primera vuelta tres de esos cuatro partidos se jugaron aquí pero tampoco hace falta explicar mucho lo que pasaría si el Pontevedra fuera capaz de repetir esta serie de resultados.

Lo primero, no obstante, es O Vao y este dificilísimo Coruxo que navega con tranquilidad en la tabla y que constituirá una prueba complicadísima para nosotros.

Es de esperar y de suponer que la afición (que a pesar de la dantesca tarde de ayer respondió en mayor número a la llamada del club)  tratará de "invadir" O Vao para que nuestros jugadores escuchen del minuto uno al noventa y algo el apoyo de unos seguidores que en Abegondo hace quince días dieron una lección de lo que significa construir en estadio ajeno una parcela particular.

El partido será importantísimo y la victoria crucial.

Ayer el Pontevedra no dio muestra en ningún momento de nerviosismo, prisas o desesperación ni siquiera ante el inesperado empate del Sanse.
Ese temple, ese saber estar será imprescindible que vuelva a aparecer en Coruxo.

Y si ya además aparece el fútbol de ayer entonces lograr la cuarta seguida podría ser una realidad.

   
   




lunes, 1 de abril de 2019

Si somos más, genial; si no a darlo todo

No bastaban ya los resultados como locales para meterse arriba después de los reveses de Ponferrada, en Pasarón contra el Burgos y Salamanca.
O se daba la talla a domicilio, o se sacaba una buena versión como visitante que permitiera al equipo ganar puntos de tres en tres o la suerte estaría echada.
O se vencía en Abegondo o la clasificación para la fase de ascenso sería ya una quimera casi inalcanzable.

Y llegó el equipo a A Coruña y ganó.

Lo hizo tras disputar una primera parte en la que después de un fugaz comienzo con chispa y llegada al área rival, el Pontevedra volvió a bajar algo su rendimiento y vio como el Fabril equilibraba pronto el partido y gozaba de oportunidades, desbaratadas dos de ellas por Edu y otra por un mal remate de Uxío en buena posición.
Es cierto que nosotros también llegamos y que en comparación con los dos últimos partidos fuera generamos el suficiente peligro como para haber conseguido algún tanto.

Sin embargo, fue tras el descanso cuando el equipo jugó mucho más que su rival. 
En esa primera media hora de la segunda parte el Pontevedra CF demostró que quería seguir aferrado a la ilusión de entrar en play off. 
Cogió en ese tramo el equipo granate el partido por los cuernos para imponerse al Fabril, hacer el gol del triunfo y seguir dominando el choque hasta que a falta de diez minutos y a raíz de una falta inexistente salvada por Edu en buena intervención sintió algo de intranquilidad y se echó para atrás en aras de conservar lo que poseía en el marcador.

No fue un partido brillante ni bonito y seguro que tampoco divertiría en exceso a aquellos espectadores neutrales que estuvieran viendo el encuentro pero sí fue un ejercicio de seriedad en esa segunda mitad por parte del Pontevedra CF que empujó hasta marcar, controló después y no concedió apenas nada hasta el silbido final del árbitro.

Tampoco podemos engañarnos. 
En esa primera parte en la que se tuvo algo más de "picante" (no mucho, tampoco hay que exagerar) que otras veces fuera de casa se concedió como ya se ha dicho más arriba otra vez en defensa con errores evitables y alguna pérdida en medio campo absurda que bien pudieron costar un gol en contra y que la película hubiera terminado con ese final tan amargo al que el equipo nos tiene acostumbrado tantas veces lejos de Pasarón.

Por fortuna, el filial deportivista no acertó, Edu estuvo en su sitio y el decorado cambió en esos treinta primeros minutos del segundo tiempo en los que el Pontevedra, francamente, me gustó.

En el plano individual, apareció otra vez esa versión exquisita de Romay con controles, pases, giros y demás detalles que encandilan a cualquiera que le guste el fútbol de clase. El Sábado apenas perdió un balón y siempre que el esférico llegó a sus botas la jugada mejoró y progresó en mejores condiciones para el compañero que recibía.
Borja estuvo también algo mejor que ante el Guijuelo pero en su "debe" hay que apuntar dos pérdidas (una por tiempo) impropias en un jugador como él que pudieron costar caro al equipo.
Los centrales estuvieron en su sitio, Nacho aguantó aunque sufrió algo en el primer tiempo y David Castro volvió a estar maravilloso esta vez desde el lateral izquierdo haciendo además el gol que decidió el choque.

Es cierto que seguimos con la rémora de los goles de los delanteros centro. 

En Abegondo fue Javi Pazos el que volvió a salir de titular y en honor a la verdad se vació trabajando para el equipo desde el primer minuto hasta el último en el que con acierto forzó una falta que le costó la amarilla para evitar la última progresión coruñesa. 
Sin embargo, no participó apenas en ninguna de la ocasiones de gol disfrutada por el Pontevedra y ya resulta urgente que él o Arruabarrena cuando juegue marquen ese gol que les devuelva la confianza pues se les necesita y mucho en este tramo final de Liga en el que tantas victorias necesitamos para la clasificación.  

Nota aparte debe llevarse la afición granate desplazada a A Coruña. 

No exagero si digo que visionando el partido por la tele no hubo un solo instante en el que no se oyeran sus gritos de aliento hacia el equipo convirtiendo el campo de Abegondo en un pequeño Pasarón.
Espectacular y emocionante.

Al hilo de esto último, pensando ya en esta nueva final que llegará el Domingo en casa frente al S.Sebastián de los Reyes que ya está a tiro tras su derrota frente al Rápido, tenemos que darnos cuenta los aficionados que contra viento y marea acudimos todos los fines de semana al ex vetusto que también nosotros jugamos nuestro papel.

He dicho muchas veces y lo mantengo ahora que en ocasiones no se valora la tremenda paciencia de una afición que en los últimos 40 años tan solo ha visto UN año al Pontevedra en fútbol "profesional". Que a veces resulta duro año tras año asistir a la 2ª B que no es otra cosa que un pozo y además con oscuros adentramientos en el "sótano del pozo" que es la tercera división.

Esto es cierto y este mismo bloguero que escribe hay oportunidades que ante el deseo de ver ganar al equipo y progresar en la tabla y salir de este agujero se frustra y se desespera y estoy seguro que esto le pasa a muchos más fieles de esta gran aventura que es el Pontevedra CF.

No obstante, cuando llega el final de Liga; cuando estamos todavía a tiempo de poder meternos en una fase de ascenso para la que no salíamos en la primer parrilla de favoritos; cuando hay que ganar casi todos los partidos que nos faltan para lograr el éxito, todas esas ganas y motivación deben alimentarse en sentido positivo y convertirse en ánimos para unos jugadores que el Domingo van a a tener que sudar tinta para doblegar al Sanse.

Lo que quiero decir es que si el Domingo por causa de promociones, descuentos, o demás historias somos más en el campo pues genial y bienvenido sea.

Ahora, si no lo somos; si estamos los de siempre o incluso si algunos de los nuevos guardan demasiado silencio, nosotros debemos hacer un esfuerzo para estar más activos y transmitir ese apoyo a unos jugadores en cuyas manos estamos y que agradecerán ese plus que siempre otorga escuchar a su gente enfervorizada y deseosa de ayudarles a conseguir el objetivo.

En este momento de la competición ya no hay marcha atrás.

Si se gana, se sigue en la brecha y se descansa con esperanza e ilusión hasta el próximo Domingo. Si no se gana, adiós muy buenas y que pasen los meses lo más rápido posible hasta que en Agosto ruede otra vez la "bola".

Yo espero que el Domingo se gane y que todavía haya que contar con el Pontevedra para meter la cabeza arriba.

Y después de lo Abegondo... Alguien se imagina lo que puede ser el campo de O Vao en 15 días?
   


        
 

lunes, 25 de marzo de 2019

Otra vez Vujadin Boskov

Hay tardes como las de ayer que son propicias para volver a recordar la frase ya utilizada en alguna otra ocasión en este blog y que hizo famosa aquel entrenador balcánico que tuvo el Real Madrid a principios de los ochenta.
"Fútbol es fútbol", decía Vujadin Boskov a los periodistas que se quedaban de piedra ante tal aseveración con la que podría encontrarse explicación a cualquier circunstancia que interviniera en el devenir de un encuentro de balompié.

Es posible que Vujadin quisiera decir con tal aserto que el fútbol es solo un deporte en el que veintidós señores vestidos de corto golpean con todos sus miembros corporales menos con las extremidades superiores un esférico con el objetivo de introducirlo entre los tres palos de la portería de enfrente.
La susodicha pelota, más caprichosa en ocasiones que un niño pequeño al que se le niega una chocolatina, hay veces que se acerca reiteradamente a esos palos pero no tiene a bien entrar en el espacio que circundan y en cambio, en otras oportunidades, aparece cerca de ese marco dos o tres veces contadas y lo penetra sin remisión ante la estupefacción de todos aquellos que observan sus evoluciones.

El Pontevedra CF jugó mal ayer ante el CD Guijuelo, mejor dicho, lo hizo realmente muy mal provocando la desesperación de un público que sigue siendo demasiado poco (¿alguien podía creerse que ese estrambótico "bono"ideado por el club iba a tener éxito?) y que además anda ya a esta alturas de Liga algo escaso de paciencia.

Sin embargo, "fútbol es fútbol" y de la misma forma que los días del Internacional y Burgos nos quedamos todos "con un palmo de narices" y con caras de boxeador sonado por un directo inesperado de su contrincante, en el día de ayer en cuanto la pelota impulsada de cabeza por Rivera besaba las mallas salmantinas todos saltamos de los asientos para celebrar un tanto que nos otorgaba un triunfo que no por inmerecido dejaba de resultar imprescindible para mantener, siquiera una semana más, la aspiración de disputar la fase de ascenso.

Antes de ese gol del canterano que apenas llevaba segundos sobre el terreno de juego, el Pontevedra no había sido capaz de imponerse ni física ni tácticamente en ningún momento al equipo visitante.
Ni siquiera el gol afortunado en propia puerta que nos ponía en ventaja al cuarto de hora consiguió serenar a un equipo que fue incapaz de asentarse sobre el césped y controlar a un rival que aunque falto de pegada llegaba antes a todos los balones, tocaba mejor en medio campo y forzaba córner tras córner sobre la portería de Edu.
En ese contexto de nerviosismo, a pesar de la ventaja, que se vivía en Pasarón casi ningún jugador ofrecía una versión cercana a la que han ofrecido en otros encuentros en casa y el equipo sobrevivía a base de achicar agua de la cubierta con cubos de considerable tamaño que contenían a duras penas las acometidas (insisto, sin pólvora a la hora de la verdad) de un buen equipo rival.

Llama la atención en ese sentido el mes y pico que lleva Nacho López que ha pasado de ser uno de los jugadores importantes en casa a no parecerse en nada al jugador que hemos visto otras veces y que tapaba su banda sin demasiadas complicaciones y llegaba en ataque en bastantes ocasiones hasta la línea de fondo. No será, por cierto, por que el equipo no tenga alternativas para esa ubicación pues Juan Barbeito está condenado al ostracismo desde el comienzo de Liga y Campillo (que podría jugar ahí) ayer ocupó plaza en el banco aún con la ausencia de León lo que motivó el cambio de posición de Castro (al centro de la defensa) y la presencia de Lorenzo en el lateral izquierdo que se vio superado en bastantes ocasiones en la segunda mitad.   

Sea como fuere, el Pontevedra (que pudo marcar incluso antes del "autogol" en un remate de Alex González con su pierna derecha) no asentó sus reales sobre la hierba como otras veces con el marcador a favor y sufrió en defensa sobre todo por las bandas y no encontró en ningún momento a los que deberían ser sus dos faros en mediocampo, Borja y Romay, que estuvieron completamente desaparecidos en combate.
Aún así, el Guijuelo no rentabilizaba su mejor ubicación en el campo ni la notoria calidad de hombres como Luque o Espina al carecer de una delantera venenosa (de hecho, el ex de la Ponferradina o Logroñés ocupaba casi siempre el lugar más adelantado de su equipo) y de que por lo menos por el centro de la defensa "Churre" y Castro aguantaban el tipo tapando vías de agua que llegaban de los laterales.
No fue tampoco demasiado edificante observar como el equipo perdía la batalla (a veces incluso sin emplearse con el ardor necesario en algunos casos) en todos esos balones divididos que suelen generarse en un partido y que siempre caían del lado rival o incluso a veces tratando de compensar esa circunstancia con entradas a destiempo y "medio naranjas" como la que le costó la tarjeta a amarilla a Nacho López en una zona del campo en la que efectuar esa entrada era algo absurdo.

Hacía, eso sí, mucho calor en Pasarón y este atribulado bloguero (preocupado ante lo que veía como el resto de los aficionados) pensaba que tras el descanso el Pontevedra saldría con más confianza y que al Guijuelo podría hacérsele largo el partido en un campo más grande que aquel en el que actúan como local en Salamanca.

Y lo cierto es que durante cuatro o cinco minutos (no más) el Pontevedra pareció salir con más brío, con más ganas de presionar arriba y no facilitar tanto la labor de su rival pero fue solo un espejismo.
Tras ese arranque en el que se pudo robar algún balón peligroso en tres cuartos, el Guijuelo volvió a hacerse dominador del escenario y esta vez por su banda derecha (izquierda defensiva nuestra) crear verdadero peligro sobre la portería de Edu.
La "primera" la fallaron al golpear al lateral de la red un centro letal desde esa banda derecha pero en la segunda oportunidad volvieron a entrar como cuchillo en mantequilla por nuestra banda zurda y mandar otro centro que fue impulsado en propia puerta al fondo de la portería por Nacho López.

Nadie podía negar que ese empate ponía en el marcador bastante más justicia a lo que se estaba viendo sobre el "verde" pero a buenas horas eso importaba a una afición granate que veía como se escapaban las últimas posibilidades de acabar arriba.

Nada más encajar, Luismi decide mover el banquillo y dar entrada a Bustos que reaparecía por un Pedro Vázquez desafortunado y fuera en todo momento del choque que convirtió en anécdota su gran partido ante el Fuenlabrada.
Lo cierto es que ese cambio no se notó casi nada en el camino que llevaba el partido y el Guijuelo seguía llevando la iniciativa ante un Pontevedra que con Borja y Romay desenchufados y ausentes no podía en ningún momento tomar el timón del encuentro.   

En ese tramo de partido este bloguero volvió a acordarse del "gran Vujadin" y de alguna otra frase mítica dejada para el recuerdo: "Punto es punto" o "Empatar es mejor que perder" decía también Voskov cuando las cosas le venían mal dadas a su "Madrid de los Garcia" que llegó a jugar la final de la Copa de Europa de 1981 frente al Liverpool. 

Y lo cierto es que parecía que el Pontevedra no iba a ser capaz de levantar el partido y que empate iba a resultar el mal menor al muy mal partido que se estaba protagonizando.

No obstante, a falta de 15 minutos Luismi efectúa un segundo cambio que sí encuentra más impacto dentro del choque, Pibe al césped por Lorenzo.
Es cierto que ese relevo obligaba a Alex González (el único jugador ofensivo que ayer sin estar "súper" si se pareció en algo a su figura habitual) a retrasar su posición al lateral y eso hizo torcer algo el gesto a este ingenuo y descreído bloguero pero la verdad es que el fino extremo nacido en Argentina sí creó inquietud al Guijuelo por banda derecha hasta el punto de provocar en muy poco tiempo las dos tarjetas amarillas a un imprudente Razvan e incluso tras el 2-1 otra jugada importante en la que pudo ser objeto de penalti no señalado.

Con la expulsión, el Guijuelo (que ya algunos minutos antes había dado un ligero pero significativo paso hacia atrás) trató de defenderse y guardar lo que tenía y el Pontevedra ( y su gente) comenzó a creer en que todavía se podía arreglar el desaguisado.

Y llegó ese córner en el  85 y el cambio previo de Rivera por Kevin. 
Se despista el rival y permite a Bustos encontrar fácil en el pico del área a Borja que parece que se va a liar pero recorta a un defensa que tímidamente le sale al paso para conectar un centro medido con su pierna mala y aparecer por lo menos una vez en el partido para aportar su innegable calidad técnica. El centro llega a la cabeza de Rivera que en un buen movimiento corporal para acomodarse conecta ese testarazo pegado al palo que ponía al Pontevedra con 2-1 arriba en el marcador.

Es bueno recordar en este instante que en los 11 partidos que se llevan disputados en la segunda vuelta este es el primer gol logrado por un delantero granate si no contamos el de Berrocal ante el Navalcarnero pues el cordobés hace tiempo que no es integrante de la lista de puntas del equipo.

Alegría,alborozo, celebración pero como somos así y tiene que haber susto final pues de lo contrario no seríamos nosotros, aún hubo sobresaltos para mantener el resultado.
Es cierto que une otra buena acción de Rivera Bustos pudo sentenciar en un o contra uno conel portero que desaprovechó pero luego llegaron dos "tantarantanes" notables para el corazón granate.
El primero tras ese posible penalti del que se hablaba más arriba que dejó a Pibe tendido sobre el terreno de juego y a algunos jugadores ingenuamente pidiendo al rival que echara el balón fuera cosa que no hizo cogiendo al equipo desordenado. Por suerte dicha acción quedó en "agua de borrajas".    

Y sobre la hora, la traca" final que por suerte no llegó a estallar.
Balón largo que permitimos que peine un delantero en vertical a un compañero en posición dudosa. Uno contra uno de ese atacante en el área con Nacho López que aguanta como puede y disparo al lateral de la red del delantero chacinero para poner el nudo en el estómago de todo el mundo.

Por suerte esta vez salió cara y esa ocasión final no entró y el partido pudo terminar con el marcador a favor y tres puntos de oro que nos dejan con otra posibilidad para "dar la cara" fuera de casa y volver a tener alguna opción real de competir hasta el final por los cuatro primeros.

La imagen de ayer no fue buena pero quizá tenga razón Luismi al decir que ahora lo que importa es ganar pues ya no hay espacio para la rectificación.
Lo que es indudable es que esa sensación de disgusto y derrota con la que salimos tras el partido con el Burgos aún habiendo dado mejor imagen, no es comparable con el alivio y la satisfacción (como diría alguien) que ayer reinaba tras ganar un partido que parecía se escapaba sin remisión.

Y ya se sabe "futbol es futbol".

Ahora el Fabril, virtualmente descendido y con Luisito al frente.

Es fuera donde hay que dar la talla si todavía se quiere soñar con hacer algo importante.

El año pasado el equipo fue capaz y ganó tres de las últimas cuatro salidas para no irse a tercera.

Ahora toca hacer lo mismo y quien crea que en Abegondo nos van a poner alguna clase de alfombra verde se equivoca. 

O mejoramos lo de ayer o vendremos de vacío.


   

lunes, 11 de marzo de 2019

Hay goles que matan

Como una puñalada trapera. 

Fría, cobarde y traicionera.

Así recibí en mi interior ese maldito gol del Burgos en el penúltimo instante de partido.

Siempre me he distinguido por no sucumbir con facilidad al desaliento en todo aquello referido al Pontevedra CF.
A pesar de que a lo largo de los casi cuarenta años de socio que tengo el honor de llevar a mis espaldas me sobran dedos de una sola mano para enumerar las alegrías de verdad que me ha proporcionado el equipo, en los momentos malos que han sido muchos tanto económicos como deportivos (aunque lo cierto es que los primeros problemas siempre llevan aparejados los segundos) he tratado de ver siempre la realidad desde el lado más positivo posible y encontrar la motivación para la siguiente meta en el menor tiempo posible tratando de superar los disgustos que se acumulaban en el zurrón del sentimiento granate.

Por citar algunos de los ejemplos más cercanos:

¿Qué bajábamos de nuevo a 2ªB después de un solo año disfrutando de la segunda división, en gran parte por una nefasta gestión deportiva en aquel verano con fichajes en su mayoría calamitosos? 

Pues a mal tiempo buena cara y a soñar con la próxima temporada y en el regreso inmediato a LFP.

¿Qué esa siguiente temporada acaba en tragedia con una eliminación contra el Sevilla B alucinante y crudelísima que extendió la depresión tanto dentro como fuera del club? 

Pues a venirse arriba y enviar un escrito a la prensa local en el que recordaba lo maravilloso que resulta sentir este escudo y que la campaña siguiente sería la del retorno.

¿Qué tampoco se produjo ese retorno a la siguiente porque se desaprovechó un 2-0 en casa logrado a los diez minutos y que ya habíamos dilapidado antes del descanso? 

Pues a rearmarse con rapidez y cumplir con la máxima de " a la tercera va la vencida" (que ya sabemos que no se cumplió al caer de nuevo en Pasarón en un pésimo partido ante el Ceuta).

¿Qué mientras los ceutíes todavía celebraban su pase a la última eliminatoria en Pasarón nos enteramos que en tiempo récord habíamos pasado de la entidad más saneada de España a que "o nos ayudan las instituciones o esto se hunde"?

Más moral, más pontevedresismo, más confianza en que se saldría adelante.

¿Qué después de que un arbitraje indigno (cuyo protagonista todavía pita a día de hoy en segunda división) contribuyese a alejarnos otra vez del sueño, nos vamos a 3ª División entre sentadas de los jugadores en pleno partido por falta de cobro?

Pues seguir enarbolando la bandera granate y animando a mi entorno de que no podemos abandonar ahora la nave y que ya vendrán tiempos mejores.

¿Qués después de cuatro años, sí, CUATRO AÑOS penando por tercera división el año pasado casi se roza otra vez la tragedia echando por tierra el trabajo de la campaña anterior?

Más ánimos, más " el Pontevedra CF está por encima de cualquier dirigente, técnico o jugador" por muy lamentables que algunos comportamientos hayan podido ser la temporada pasada.

Vale. Ya paro.

Si hago esta enumeración de circunstancias que han rodeado al Pontevedra CF en los últimos años (me he limitado a los últimos quince pues la perspectiva general de estas casi cuatro décadas como socio y ahora abonado es que solo UNA TEMPORADA se ha jugado en "fútbol profesional" en cuarenta años) es porque en esta ocasión más que de análisis del partido o de breve reseña del futuro inmediato me ha salido de dentro hablar de la tremenda sensación de desaliento, desesperanza y cansancio que me invadió cuando ese balón lejano de Adrián Cruz se colaba subrepticiamente en la portería granate.

Sí. 
Ya sé que solo es un partido más que se empata y que a pesar de que nos quita muchos boletos para jugar la fase de ascenso todavía no nos deja fuera y que en estos diez últimos partidos es posible que todavía existan opciones para volver arriba.

Más no sería justo si no confesara a aquellas personas que leen a veces este blog (mi inmensa gratitud otra vez por ello) que en el mismo instante en que esa pelota besó las mallas de Edu lo único que me pedía el cuerpo es salir de allí como "alma que lleva el diablo".

Era el disgusto del gol en contra en el 89, por supuesto. 
Más también pesaba el hecho de que ese tanto llegase en una jugada evitable en la que Pibe y Alex Fernández llegan tarde a tapar y en la que Edu no sé si por el bote, por la lejanía o porque razón no llega a tiempo a despejar encajando un gol perfectamente evitable.

También era por la conducta excesivamente relajada ( siempre en mi opinión, claro) de una afición muy callada a lo largo del casi todo el choque y que ni siquiera viendo el sufrimiento evidente de sus jugadores en el último cuarto de hora se animó a alentar y a tratar de dotar de esos gramos de fuerza adicionales a los protagonistas.

Que vaya por delante que el balón de Adrián Cruz habría entrado igualmente con el público jaleando y pitando sin cesar las acciones del Burgos  y que nada más lejos de la realidad el responsabilizar a nadie que no sean jugadores y entrenador del resultado final.

Sólo lo comento porque a veces duele ver las gradas tan vacías y calladas y más si recuerdo como apretaba esta afición no hace demasiado tiempo (tanto para bien como para mal).

Es evidente que tampoco ayuda sino todo lo contrario medidas tan lamentables, tan casposas y tan rancias como la de tratar de convertir el Estadio en una "discoteca de tercera" facilitando la entrada gratuita a las mujeres en un presunto homenaje a las mismas por el 8 de Marzo cuando realmente lo que se está demostrando con esta política es no entender absolutamente nada del tema y no hacer un homenaje sino un feo al conjunto de las mujeres granates.

Y tampoco ayuda la constante tensión entre un Consejo de Administración (cuyas cabezas visibles parecen más pendientes de recibir un par de "palmaditas" en la espalda en la grada de Tribuna camino del "macropalco) y esa parte más joven (sí, alguna gente joven todavía sigue yendo al campo) que desde hace demasiado tiempo no hace sentir ese aliento tan importante en un Estadio que sin duda les necesita más.

Es en este punto en el que cabe preguntarse qué es lo que hace (además de enviar glosas floreadas sobre los jefes a la prensa) el presunto consejero nominado para acercar posturas con las Peñas y que hace no demasiado tiempo se reivindicaba como el estandarte de la gente joven de Pasarón que estaba harta de la deriva que había tomado la institución.

Indiferencia, demasiado silencio y al final ese gol que al menos al que esto escribe le cayó como un jarro de auténtica agua helada sobre la cabeza.

¿Del partido qué decir?

Pues que debió de ganarlo el Pontevedra que gozó de las dos únicas oportunidades en el primer tiempo.
La primera de Alex González con su pierna mala, la derecha. 
La segunda desaprovechada con "un pase de cabeza al portero" por un Arruabarrena negado e inocente desde hace mucho tiempo ante el gol y que todavía se permite el lujo de poner malas caras cada vez que es sustituido, no entendiendo tampoco este atribulado bloguero la actitud de Luismi yendo hacia el jugador para tratar de aplacar sus ánimos. Absurdo.

La segunda parte comenzó con nuestro gol y siguió con un Pontevedra que dejó la posesión al Burgos que no llegaba con peligro a nuestro área en el que destacaba un enorme Adrián León hasta su lesión.       
Con el cambio de Cervero (que se unía a Mayor en la punta castellana) el rival incrementó el juego aéreo y a pesar de que se sufría por no llegar a tiempo a algún rechace la sensación era de que se iba a aguantar el marcador y que el equipo estaba firme.

Es cierto que el cambio de Romay a falta de viente minutos nos dejó sin apenas capacidad de retención y aguante de pelota.
Es cierto también que el de Malpica "andaba" tocado desde el final de la primera parte pero también es verdad que a veces a los jugadores hay que apretarlos y hay que concienciarlos de que se debe sufrir en ocasiones sobre el césped y haber aguantado unos diez minutos más ese cambio quizá nos habría traído más beneficios que perjuicios.

Luego llegó ese dichoso gol.

¿Hubo alguna opción todavía después del empate)
Por raro que parezca, sí.

En el descuento se pudo comprobar el porqué Berrocal ha dejado de jugar de delantero centro y se le mete a veces con calzador en mediocampo.

Gozó el cordobés de una pelota en el centro del área tras evidente fallo defensivo para estamparla contra la portería rival y sacarnos del pozo en el que nos habíamos metido pero tardo tanto y tanto y tanto en rematar que cuando lo hizo un defensa había llegado desde Miranda de Ebro para rechazar y enviar la pelota a la esquina. 

Ahí se acabó todo y dos puntos que jamás debieron de irse iniciaron su vuelo desde Pasarón. Uno se desintegró en el aire, el otro tomó destino Burgos.

No quiero terminar esta columna del blog sin recordar a una persona muy querida y muy pontevedresa que nos dejó el Viernes tras soportar estoicamente y con gran entereza una enfermedad larguísima sobre la que apenas se investiga e invierte para lograr remedios. 

Mi padrino, Avelino Lage Casal.

Jugó en el juvenil de Pontevedra CF en la década de los 60 e incluso llegó a debutar con el Atlético Pontevedrés.
Una grave lesión cortó su incipiente carrera futbolística pero desde ese momento trasladó su pasión por "su" Pontevedra de la hierba a las gradas. 
Cuando este bloguero era un niño contribuyó a transmitirle la grandeza de esta institución y el enorme cariño que por ella sentía.

Le imaginé ayer en dondequiera que se encuentra ahora maldiciendo por lo bajo después del empate visitante.    

Que la tierra te sea leve, padrino. 
   


  
        

martes, 5 de marzo de 2019

Ni sin "9" ni con "9"; ni con Bacterio ni sin Bacterio

Vaya por delante que en opinión del que esto escribe el Pontevedra CF no perdió en Ponferrada por el experimento llevado a cabo el Domingo consistente en salir a jugar sin delantero centro alguno (o con uno reciclado a mediocampista de contención desde hace mucho tiempo).

Es cierto, sin embargo, que se hace imposible no mencionar esta circunstancia a la hora de analizar lo ocurrido en El Toralín.
Y se hace imprescindible hacerlo porque el equipo nunca había salido anteriormente con esta idea y llama mucho la atención que a falta de 12 jornadas para el final, esto es en la 26 de Liga, se pruebe algo que hasta este momento nunca se había intentado.
A este respecto es cierto que los dos delanteros del equipo ( a Berrocal ya mejor lo sacamos de la lista) no marcan desde que terminó la primera vuelta hace ya ocho partidos pero también es cierto que en Barreiro, escenario en el que el equipo ganó y en buena medida convenció se jugó como siempre con "9" y con ese trío (Borja, Kevin y Romay)que parecía intocable por su rendimiento y que ha vuelto a ser retocado por lo menos en sus posiciones.

Es importante volver a recalcar que para este atribulado bloguero tal experimento inesperado no fue decisivo a la hora de volver de vacío de tierras bercianas. 
Incluso no se puede negar que en la primera parte el Pontevedra "sentó sus reales" sobre el césped ponferradino y con las dosis indispensables de agresividad y concentración logró jugar durante muchos minutos en campo contrario y tocar con cierto sentido en el medio campo aunque nunca encontró la profundidad necesaria para hacer verdadero daño a través de incursiones de la segunda línea que se supone que es lo que se buscaba a la hora de colocar a Romay como hombre más adelantado pero con clara vocación de combinar con el mediocampo y facilitar las llegadas de sus compañeros que casi nunca se produjeron.

A pesar de carecer de esa profundidad en casi todo momento (las dos ocasiones generadas en la primera parte llegaron de jugadas a balón parado o segundas jugadas derivadas de ellas) y como quiera que el equipo mantuvo en todo momento las "orejas tiesas" y no hizo apenas concesiones, el partido transcurrió durante toda esa primera parte bajó un guión controlado casi en todo momento por el Pontevedra y con una Ponferradina incapaz de encontrar a Yuri y de crear verdadero peligro en área contraria.
Aún así, el equipo local sí logró encontrar en dos ocasiones la espalda de Nacho Lorenzo y sobre todo en una de esas dos ocasiones estuvo a punto de perforar el arco de Edu quien dicho sea de paso en otra jugada aérea volvió a dejar un balón suelto en un mal despeje que bien pudo costar un disgusto.
Con todo, esa primera parte había cumplido el objetivo de impedir al rival ponerse por delante y posibilitar que en los segundos 45 minutos notara poco a poco el nerviosismo por sus últimos resultados y cayera en precipitaciones que se pudieran aprovechar.

No fue así.
Y no lo fue porque ya desde el primer minuto de la segunda parte (y ahí estuvo para mi la clave) se vio a una Ponferradina más metida, más intensa y con más vocación de ataque que en el primer tiempo y lo que es peor a un Pontevedra más errático, más contemplativo y menos concentrado que antes de pasar por los vestuarios.
Ya antes del gol local marcado sobre el minuto 57 se estaba viendo venir el peligro sobre el área granate porque el equipo era incapaz de recuperar la pelota, pausar como se hizo en el primer tiempo y obligar al rival a tener que correr para recuperar la posesión.

No nos engañemos. 
No es que la Ponferradina haya demostrado nada del otro mundo tras la reanudación sino que ese empuje, ese mayor ahínco en buscar el partido no encontró en el Pontevedra la misma intensidad y saber estar que en la primera parte.
Muestra de ese cierto despiste granate es la jugada del gol en la que pese a la velocidad y calidad de Isi Palazón que no se discute, sorprendió la facilidad con la que se desembarazó de hasta tres jugadores pontevedreses en banda izquierda hasta quedarse delante de Edu Sousa.

Y a partir de ahí, por desgracia, se vivió el guión al que estamos asistiendo desde tiempo casi inmemorial cuando el Pontevedra recibe el primer gol fuera de casa.
Impotencia, incapacidad para resistirse ante la derrota cambiando el sino del choque, paso incomensurable de los minutos sin apenas crear ocasiones y todo lo que ya sabemos cada vez que estamos a domicilio por detrás en el marcador.

Llamó la atención, eso sí, que el primer cambio tras el gol de Isi tampoco fuera aquel en el que se diera entrada a un delantero centro por un mediocampista que ya nos sobraba desde el mismo instante en que se produjo el 1-0.  
No, el primer relevo tuvo como protagonista a Alex González que entró al césped en sustitución de Alvaro Bustos.
El cambio está bien. Mucho más indicado, quizá, para casos como el de hace nueve días frente al Fuenlabrada con el marcador a favor y que Alex colaboró en gran medida a apuntalar.
Aún así la importancia del extremo cántabro es indudable y su entrada siempre constituye una buena noticia aunque por lo menos este atribulado bloguero no entendió porque no se vio acompañado simultáneamente por el cambio del delantero centro, circunstancia que no se produjo hasta pasado el minuto 70 de juego.

Sin embargo, ni la entrada de Arruabarrena por Berrocal ni la de Pazos por Romay cuando ya el partido agonizaba supusieron un cambio significativo en el discurrir de un partido que se nos iba sin remisión.
Si recordamos otra vez siquiera unos instantes el partido frente al Fuenlabrada de hace unos días, seguro que nos viene a la memoria los minutos siguientes al gol de Pedro Vázquez en los que el equipo madrileño nos acogotó y agobió e incluso disfrutó de dos o tres ocasiones de gol hasta que la contra mortal de Alex sentenció el choque.

Esa reacción ni se produjo en Ponferrada ni casi nunca se produce cada vez que fuera de casa nos vemos por detrás en el marcador. Tan solo una oportunidad de Pedro Vázquez, en el único tiro a puerta de todo el partido,  poco después de encajar y nada más.

Como ya se ha repetido varias veces, este Pontevedra CF se convierte en temible y en sinónimo de éxito cuando es capaz de abrir el marcador. Ha ganado todos los partidos en los que se ha puesto 1-0 o 0-1. Por contra, nuestra rémora aparece cuando somos los primeros que encajamos. A domicilio solo una vez (Septiembre, en Navalcarnero) logramos equilibrar una balanza que temporalmente se había inclinado a favor del rival.

Sí, es cierto. Lo más habitual en el fútbol es que si marcas primero tienes muchas papeletas para vencer y si encajas primero para perder. Una cosa eso y otra es que esa sensación de derrota irremediable que al menos este bloguero siente cada vez que nos vemos por detrás lejos de Pasarón.

Se perdió una oportunidad muy buena (difícil, eso sí, pero muy buena al fin y al cabo) de pegar otro golpe encima de la mesa como se hiciera frente al Fuenlabrada y aumentar exponencialmente nuestras opciones de jugar play off.

Además, el próximo encuentro frente al Burgos se afrontará con dos bajas por sanción por las quintas amarillas de Pedro Vázquez y Borja Domínguez.

Ahora bien, una cosa es reconocer que la segunda parte del equipo resultó decepcionante y muy lejana a la imagen ofrecida contra el Fuenlabrada en casa y otra es caer en el total desaliento o derrotismo de pensar de que ya está todo perdido.

Ganar al Burgos (partido "trampa" que va a resultar a priori complicadísimo si no estamos a lo que hay que estar durante los 90 minutos) significaría volver a estar ahí, a un paso de esa fase que tanto ansiamos volver a jugar y a ese objetivo debe dirigir sus esfuerzos el equipo a lo largo de toda la semana.

Quedan 11 partidos, 33 puntos y solo estamos a 3 del tercero, ergo todo es posible si se hacen las cosas bien.
Por de pronto, los experimentos "bacterianos" a pesar de no haber resultado decisivos en Ponferrada deberían tender a la desaparición pues la gaseosa está para beberla sola o con vino pero no para inundar a un equipo que es posible no digiera bien tal bebida cuando ya llevamos más de seis meses de competición ingiriendo agua y cuando en el último desplazamiento se "sacó" un once preñado de sentido común y se venció en un campo complicado en el que llevábamos demasiados años fracasando.

Al margen de la ausencia del "profesor" en lo que queda de Liga, también resultaría conveniente que no se nos olvidara que nadie regala nada y que que no podemos permitirnos saltar al campo en Ponferrada tras el descanso como si se hubiera echado el freno de mano pues a este nivel cualquier detalle es importante y los rivales si ven un "dedito" suelto es probable que precipiten sus fauces arrancándonos el brazo entero y después con una articulación menos lo tendremos bastante más complicado para meter nuestros dientes.

Insisto, veo posible todavía estar entre los cuatro y más con los fallos fuera del Castilla, la posibilidad de que el Sanse flojee en el tramo final y la irregularidad manifiesta de los dos conjuntos leoneses.

Ahora bien, somos nosotros mismos los que debemos llenarnos de argumentos tanto en casa en donde somos fiables y tenemos que seguir siéndolo y sobre todo fuera de casa que es la espita por la que nos estamos desangrando.

La temporada pasada, con un escenario mucho más dramático delante de nuestros ojos, el equipo supo reaccionar y ganar tres de las últimas cuatro salidas de la Liga.   

Se hace imperativo ese cambio de rumbo también este año pero para conseguir un botín mucho más agradecido y mucho más dulce.

Por ahora, todo está todavía en nuestra manos, debemos demostrarlo con hechos.