lunes, 18 de noviembre de 2019

Más allá del chiste, del limpiaparabrisas y del Liverpool.

Parece Carlos Pouso una persona proclive al diálogo, a la conversación, a aderezar las ruedas de prensa con expresiones ingeniosas, originales y hasta graciosas.
Por lo menos esa esa la impresión que está ando en sus primeros días como entrenador del Pontevedra CF y buen ejemplo de ello es la conferencia impartida en el día de ayer después del partido en la que introdujo frases que inducen a la hilaridad pero que esconden tras ellas verdades bastante interesantes a la hora de analizar la mejor forma en la que esta plantilla podría jugar y aquellas zonas del campo en la que realmente podemos hacer daño a los rivales de acuerdo a las características de nuestros jugadores.

No me gusta jugar "al corro de la patata"como si fuéramos un "limpiaparabrisas" decía ayer Pouso con ese gracejo medio vasco medio gallego que induce a la sonrisa a aquel que escucha sus palabras.

Luego lo explica y profundiza sobre la conveniencia de que este equipo (por regla general, evidentemente, pues habrá momentos en los que habrá que pausar de manera obligatoria) intente jugar con la mayor verticalidad y rapidez posible para aprovechar el talento de sus extremos o las llegadas de algún jugador desde segunda línea.

Lo que este atribulado bloguero (bueno, lo voy a decir solo en este momento pues lo cierto es que el que esto escribe posee un ánimo triste y compungido casi siempre aunque solo lo diré esta vez ante las justas quejas de algunos lectores a los que les harta tanto atribulamiento y a los que siempre estaré agradecido de que dediquen algo de su tiempo a leer estas líneas). 
Como decía, lo cierto es que a este desconsolado aprendiz de fútbol lo que le sugieren las palabras de Pouso dichas de esa manera tan particular es que esta plantilla es fuerte cuando Bustos o Alex González pueden recibir balones en posición de superioridad sobre el rival cerca del área para que puedan explotar su calidad en el desborde y sobre todo, en el caso del primero, su disparo a puerta. 

Y también cuando encuentra a Romay cerca de la frontal del área que es la zona en la que este hombre (a pesar de que por su calidad puede bajar en ocasiones a ayudar a desatascar el medio campo) desarrolla todo su talento ya explotando su buen "uno contra uno" bien asistiendo a compañeros para dejarles en buena situación ante el gol. 
O también cuando se entiende las características de Adighibe y se le busca en velocidad aprovechando su velocidad innegable y capacidad para el desmarque o esas llegadas desde segunda línea de Alex Fernández que a lo largo de estos años hemos visto en algunas ocasiones.

Lo cierto es que en el encuentro frente al Marino poco o casi nada de eso pudimos ver (tal y como reconoció el propio técnico) hasta la expulsión de un jugador contrario producida en las postrimerías del choque que terminó por romper a los asturianos y posibilitó la sentencia del Pontevedra CF.

Creo que no miento si afirmo que hasta el minuto setenta y muchos de juego el encuentro transcurrió sin más pena que gloria y con escasas acciones de calidad aunque eso sí de manera bastante plácida para el equipo que con un gol en el zurrón apenas sufrió ante las escasas acometidas en ataque protagonizadas por el Marino.

El gol llegó tras una serie de rebotes en el área y un buen remate final de Adighibe que parece ir encontrando su mejor momento una vez olvidados los problemas físicos que le han mermado en los primeras jornadas de Liga.

Al margen del gol la otra jugada de verdadero mérito la protagonizó Bustos en uno de esos escasísimos balones que recibió para encarar a su par sin que la defensa contraria se hubiera organizado y hubiera taponado con más hombres esa vía de entrada. Bustos con un toque genial se desembarazó del lateral y envió un precioso balón al corazón del área que Alex Fernández en una de esas llegadas citadas anteriormente no pudo aprovechar al golpear mal la pelota.

Poco más se hizo con peligro real sobre la portería contraria y a ello pudo deberse por un lado esa excesiva lentitud de los nuestros a la hora de manejar el balón en aquellos momentos en los que se pudo coger al Marino peor colocado pero por otro lado a la escasa ambición demostrada por los de Luanco que no dieron un paso adelante con el gol encajado y siguieron con la filosofía de tratar de "pescar"algo en errores defensivos granates o pérdidas  graves en medio campo que felizmente no se produjeron en ningún momento.          

Y esa seguridad defensiva (a pesar, se insiste, en la poca belicosidad demostrada por el Marino) es la otra noticia además de la victoria que deja el partido.

Y lo cierto es que este atr... perdón. Lo cierto es que a este bloguero se le torció un poco el morro cuando comprobó que en la defensa de cuatro iba a intervenir Campillo como lateral izquierdo resultando esa ubicación para el vigués realmente experimental.

Aún así, Campillo cumplió sin problemas ( luego Pouso explicó que pensó en él en esa posición por la calidad de un extremo asturiano, Morán, que al final no viajó por lesión de última hora) y también lo hizo Figueroa que apenas pasó problemas defendiendo su parcela derecha.

Eso sí, cumplir quiere decir que las espaldas de los laterales estuvieron atentas; que no hubo despistes y que esas vías de agua que otras veces nos desesperaron esta vez permanecieron selladas pero es cierto que a cambio la presencia en ataque de las bandas defensivas fue realmente inexistente y el balón largo cada vez que el esférico merodeaba por su zona fue casi en exclusiva el argumento utilizado.
Completando esa defensa los dos centrales estuvieron muy bien. Como el Marino no atacaba demasiado lo importante es que no se cometieran errores tontos o absurdos que provocaran inseguridad y nervios al equipo en la retaguardia y lejos de cometer esos errores tanto Churre como Erraji se mostraron expeditivos, rápidos y con esa cara de "mala leche" permanente que un central que se precie debe tener a la hora de imponer la ley en el salón de su casa.

A su trabajo también contribuyó un Sana ya asentado como medio centro tapón y defensivo que hizo su trabajo sin complicaciones y que protagonizó la mala noticia de la tarde al lesionarse mediada la segunda mitad.
Acabar con la portería a cero (no se conseguía desde Oviedo) resulta esperanzador y ojalá sea la primera piedra para que esa cifra que sigue siendo enorme de goles encajados (solo hay que ver la tabla) se vaya adecuando a un equipo que quiere play off y que no puede estar en el podio de equipos más goleados. 
En ese contexto otra  frase de Pouso en la rueda de prensa: "Prefiero un 2-0 que un 3-1" cobra todo su sentido y no le parece al que esto escribe una expresión "amarreta"sino bastante lógica pues muchas veces de esa seguridad atrás proviene la contundencia delante.

Como ya se ha dicho más arriba, la segunda parte siguió siendo tan aburrida o más que la primera pero sin esos nervios que un 1-0 produce en el aficionado ante la seguridad que por lo menos desde fuera transmitía el equipo a la hora de atajar los tímidos intentos del rival.
En una acción meritoria de Adighibe llegó la expulsión de un central del Marino y en ese momento sí que el tapón de la botella de champán que permanecía caprichoso anclado al verde cristal del recipiente estalló por los aires dando paso a un carrusel de ocasiones del Pontevedra que redondeó el resultado hasta el 3-0. 
Llegó entonces el 2-0 fruto de un lanzamiento con mucha intención de un Mejía que había sustituido a Sana; el 3-0 tras un buen centro de Pedro Vázquez (que también participó en el segundo y que disputó sus mejores minutos esta temporada) y entre medias Adi pudo hacer su doblete al quedarse solo delante del portero y estrellar la pelota contra el "muñeco". 

Al final lo más importante es que llegó la cuarta victoria consecutiva que acerca al equipo a esas posiciones de privilegio que aquella malisima racha por la que atravesamos habían puesto tan lejos.

Esta serie de resultados se quebrará en algún momento pero lo esencial es que el equipo alcance la estabilidad suficiente para encajar los reveses y regresar de inmediato a la senda de la victoria y no encadenar derrotas  seguidas que a estas alturas harían mucho más daño.

Toca viajar a jugar contra el Peña Deportiva y lo haremos en un campo "estilo Las Rozas" en el que conseguimos imponernos incluso remontando un gol en contra.
Será difícil y más importante, si cabe, ser más "Liverpool que Barcelona". 

En Las Rozas se ganó yendo a lo concreto y en Baleares la consecución de los tres puntos pasa por lo mismo.
A ser posible deberíamos evitar encajar primero pues después de "tirarnos" casi cuatro años sin remontar fuera llevamos dos seguidas y ya una tercera sería tentar demasiado la suerte.

Que importante sería no fallar ahora que casi nos hemos enganchado con el vagón de arriba.!!

   




lunes, 4 de noviembre de 2019

Un entrenador, un árbitro y una victoria casera

Desde hace unas horas la contratación de Carlos Pouso como nuevo entrenador del Pontevedra CF es ya oficial.
La decisión del Consejo de Administración encabezado por Lupe Murillo resulta coherente con el mensaje que se lanzó en la comparecencia pública convocada hace un par de semanas para el comunicar el cese de Luismi Areda.

"Queremos darle un cambio a esto"; "nos interesa traer a un entrenador con experiencia en estas situaciones y que se haya visto alguna vez en circunstancias parecidas". 
Frases como estas se dijeron por la Presidenta ese día y aún así muchos de los nombres aparecidos en la prensa en las jornadas siguientes como candidatos a ocupar el cargo no presentaban el perfil que se había dibujado en aquella rueda de prensa.

Como ya sucediera tras el cese de Luisito en esa lista figuraban algunos ex jugadores de renombre pero con escaso bagaje como entrenador e incluso se barajaba la posibilidad de que se produjera la continuidad de Jesús Ramos aportando parecidos argumentos de los que se dieron para la continuidad en su día de Luismi al frente del banquillo.
Además de todo esto, a la lista también se asomaban un par de técnicos "con el culo pelado" y mucho más próximos a esa idea esbozada por el club de dotar de mayor recorrido y veteranía al cargo de entrenador.
 Pouso era uno de esos dos o tres técnicos con experiencia que parecían optar al puesto por lo que su contratación sí resulta acorde con el primer mensaje ofrecido por Murillo. 

Salga bien o mal en el futuro pues la plantilla que va a coger el vizcaíno con sus virtudes y defectos es la misma (por lo menos en los próximos dos meses) que ha tenido a su disposición Luismi, este atribulado bloguero se congratula de que por primera vez en bastante tiempo el Consejo de la entidad  haya tomado una decisión coherente con la primera intención manifestada tras la destitución del vigués y es que si se quiere un técnico experto lo normal es traer un técnico experto del mismo modo que si se hubiera querido apostar por un técnico novel con ganas de crecer lo lógico es que se hubiera traído aun técnico novel con ganas de crecer.  
Parece de perogrullo pero es que últimamente hemos visto tantas cosas en este equipo poco compatibles con el sentido común que cuando por fin se cumple lo que se dice (lo que no debería ser un mérito sino una obligación) este bloguero lo celebra con alborozo y con una ganas enormes de que sea para bien.

No obstante, nadie debe llevarse a engaño. 

Ni Pouso ni ningún otro entrenador que hubiera llegado constituye la panacea o el remedio milagroso para todos los problemas que este equipo ha demostrado tener sobre el terreno de juego aunque sí debo confesar que me genera esperanza el hecho de que este hombre haya lidiado ya con la  presión de entrenar a un equipo tan importante como el Racing de Santander o a otros no tan grandes pero sí relevantes en los últimos años por lo menos en sus aspiraciones como el Mirandés o uno de los herederos del tristemente desaparecido CD.Logroñés. 

No obstante, sobre el césped (repito, por lo menos hasta Enero) la plantilla seguirá sufriendo los problemas crónicos en su lateral izquierdo y también en el derecho cuando falte Nacho (circunstancia que cada vez se produce más a menudo); seguirá padeciendo ese déficit de creación de juego en aquellos choques cerrados y con poco espacio y continuará echando en falta a un punta idóneo para esa clase de partidos espesos y sin metros para correr como hace Adighibe cada vez que encuentra los espacios a la espalda de la defensa rival.
Estos y algún que otro problema más serán con los que tenga que lidiar Carlos Pouso a partir de mañana para tratar de  minimizarlos o disimularlos lo mejor que pueda así como potenciar las virtudes que sin duda también tiene una plantilla en la que juegan, entre otros, Victor Vázquez, Romay, Bustos o Alex González.

Sin embargo, antes de que hoy Lunes se oficializara la llegada del nuevo entrenador el equipo debía afrontar el día antes un nuevo partido de Liga con la peliaguda misión de poner fin a esa dichosa racha de tres partidos seguidos como local cosechando derrotas.

Y lo cierto es que desde casi el principio todo lo que pasó en el encuentro resultó beneficioso para el Pontevedra CF.

Me gustaría empezar por una figura que a mi juicio resultó sino decisiva si importantísima para el devenir de los acontecimientos que fue el árbitro del partido.

Hace unas semanas viendo por la televisión la última jugada del Castilla- Pontevedra este atribulado bloguero se indignó sobremanera al comprobar como se anulaba en la última jugada del partido el gol del empate a Manuel Romay.
Después de escuchar y leer "milongas" sobre el fuera de juego posicional, que si Pazos había movido un poco su pierna y cosas por el estilo sigo pensando que ese gol debió haber subido al marcador y que el error del trío arbitral era de bulto.

Por citar otra acción de esta misma temporada, en el feo y muy cerrado partido jugado frente al líder en Pasarón se produjo una jugada en la primera parte que tuvo toda la pinta de ser penalti sobre Bustos que fue ignorada por el árbitro y que pudo cambiar el signo de aquel partido.

En aras de esa coherencia que se le pide al club cuando toma decisiones de calado, debemos serlo también los que hablamos del Pontevedra y reconocer aquellas actuaciones arbitrales equivocadas que nos benefician a nosotros de manera muy importante para el devenir del partido en cuestión.

A pesar de que leyendo la prensa de hoy la cuestión pasa de refilón, lo cierto es que hasta tres decisiones clave en el día de ayer cayeron de nuestro lado de manera decisiva.

La primera cuando se llevaban muy pocos minutos de juego con un penalti a favor tras una mano que es mano pero se pita debido a la progresiva transformación del balompié en hockey sobre hierba. 
En este último deporte cualquier toque de la pelota con el pie de un jugador dentro de su área es considerado penalti- corner. De hecho se busca esa jugada en esta especialidad del hockey dirigiendo la pelota a los tobillos del rival para obligarle a saltar y evitar la infracción.

Desde hace poco tiempo la cuestión de las manos en el fútbol se parece más a eso que a otra cosa. 

El penalti señalado a nuestro favor ayer es un buen ejemplo. El balón da en el brazo con claridad del defensa pero es un lance sin peligro, sin voluntariedad y ni evita un remate ni produce un control que facilite la defensa más eficaz de la jugada.

Ahora bien, aunque la norma sea kafkiana hay que aplicarla, dirán algunos. 

Tienen razón. 

Para mi esa jugada no debería ser objeto de penalti pero se aplica y se pita la pena máxima. 
Es cierto, sin embargo, que la cuestión ya no resulta tan diáfana cuando minutos después en el interior de nuestro área una mano (que para mi tampoco debería ser penalti) es ignorada por el colegiado ante la incredulidad de los jugadores del Melilla.       

La otra jugada clave en el choque y con unas consecuencias muy importantes resultó todavía más polémica.
Fue justo antes del 2-0.

No tenía duda en el campo de que Alex Fernández por confiarse absurdamente a la hora de sacar una pelota fácil comete una infracción sobre un jugador rival. Sí es cierto, en cambio, que ni viendo la jugada repetidamente por televisión este bloguero puede confirmar que la acción se produce dentro del área. 
Está justo en el límite. A veces viéndola parece dentro y otras un poquito antes de la línea aunque la falta resulta indudable.
No se pitó nada y Pazos empezó una meritoria carrera que le llevó hasta el área contraria, vio a Romay en buena posición y le ofreció un balón de gol no desaprovechado por el de Malpica para hacer su primer tanto esta campaña y poner más tierra de por medio en el marcador.

Son jugadas clave que otras veces no fueron señaladas a nuestro favor y que ayer perjudicaron claramente al Melilla. 
No sería justo si no lo dijese y por eso lo hago aunque temo que a algunos no les gustará demasiado.

No obstante, del partido pueden sacarse cuestiones positivas y no tan positivas más allá de un resultado que necesitábamos muchísimo y que nos hace recuperar la senda ganadora en casa y colocarnos en mitad de la tabla. 
Se demostró que este equipo cuando juega con un equipo abierto y "tocón" como el Melilla (puro estilo Víctor Cea) sabe moverse con espacios e hilvanar transiciones rápidas, bonitas y eficaces.

Que Adigihbe en ese plan de partido sube enteros; que Romay y Bustos si están bien otorgan al equipo ese toque diferencial que solo aportan jugadores con ese caudal de recursos técnicos; que Alex Fernández sigue siendo a día de hoy la opción más segura en el medio centro para que la pelota circule con más criterio; que Alex González no pierde tantas veces su espalda jugando de lateral si limita casi por completo sus subidas al ataque (lo que sigue siendo una mala noticia); que Erraji como ya demostró en Vigo es central y debe jugar de central para imponer su juego aéreo y su rapidez en el corte; que Figueroa cumplió sin cometer errores graves y que Sana es medio centro defensivo de manual por lo que darle responsabilidad a la hora de construir la jugada no es un buen negocio pero sí lo es darle espacio para que "·barra" todo el juego del contrario que pase por su zona.

Sea como fuere, con errores arbitrales o sin ellos, el Pontevedra ganó su segundo partido seguido y emerge hasta una zona más tranquila de la clasificación aunque lejos todavía de esos puestos de privilegio a los que tan complicado será llegar.

El primer partido con Pouso en el banquillo no será precísamente un camino de rosas.

Nos iremos a Las Rozas a jugar contra un equipo que no ha perdido en casa; que es el segundo menos goleado del grupo y que en su feudo sólo ha encajado dos goles en lo que llevamos de Liga.

Ni que decir tiene que no efectuar nuestro particular "regalo de reyes" nada más comenzar será vital pues remontar en ese campo parece a priori una misión más propia de Tom Cruise en su famosa saga cinematográfica que otra cosa.

Por cierto, ayer frente al Melilla tampoco repartimos ese obsequio tempranero. 

A ver si las dádivas pueden ir formando parte del pasado y llega ese partido en el que dejamos nuestra portería a cero. 
Desde Oviedo que no lo hacemos y curiosamente acabando con 9 jugadores sobre el campo.

Y es que el fútbol seguirá siendo raro hasta el final de los tiempos pero precísamente por eso resulta tan bonito y tan apasionante.   


    

martes, 29 de octubre de 2019

De interinidades eternas, personalidades múltiples y una remontada anhelada.

Mas de 1.400 días. Sí, más de 1.400 días uno detrás de otro han tenido que pasar para que el Pontevedra CF volviera a remontar el resultado de un encuentro jugado fuera de casa.

Desde que aquella lejana tarde de Diciembre de 2015 los goles de Campillo, Queijeiro y Kevin Presa contrarrestaran el inicial tanto del Valladolid B en los Anexos de Zorrilla, el Pontevedra no había vuelto a ser capaz de voltear un marcador instalado lejos de Pasarón.

Y lo hizo de esa manera tan extraña e incluso  absurda que ya se está volviendo casi costumbre esta temporada sobre todo a domicilio: haciendo una primera parte muy mala y subiendo el nivel en una segunda en la que acabó por ser muy superior a su rival en los últimos 20 minutos.

Hace ya mucho tiempo que en este mismo blog, a cuenta de los malos resultados que el Pontevedra cosechaba fuera, se describía la situación del equipo como la de ese personaje literario llamado Dr. Jekill que descubría una pócima secreta que le convertía en el abominable Mr. Hyde que se divertía sembrando el pánico por las calles oscuras de Londres.

En esa época (que se va superando poco a poco, es cierto) el Pontevedra adoptaba en casa la flemática pose del amable Doctor; elegante, serio y efectivo que sacaba adelante su trabajo con eficiencia y buenos resultados.
Por contra, cada vez que el autobús granate rebasaba los límites de la ciudad, esa imagen correcta y ponderada se iba a tornando a medida que se consumían los kilómetros en la desaliñada, anárquica y cada vez más terrible del Dr. Hyde hasta empezar el encuentro de turno en el que el equipo era incapaz de dar una a derechas y terminaba perdiendo la mayoría de las veces.

En esta temporada 19/20 quizá estemos asistiendo a una segunda versión de dicha obra en la que la terrible conversión no se produce cada vez que salimos fuera sino en el propio vestuario del Estadio en el que en pocos minutos saldremos a jugar.
Es como si esa pócima hubiera acelerado sus efectos y transformara al Pontevedra CF en las primeras partes en un conjunto ramplón, muy inseguro atrás e incapaz de generar demasiado juego ofensivo. 
No obstante, los efectos de la pócima parecen más cortos en el tiempo que en la primera versión de la obra y por lo general se diluyen en el momento de saltar al campo tras el descanso lo que provoca que el equipo en esas segundas partes ya se parezca a ese conjunto más fuerte que nos habían vendido.

Es verdad que dada la absoluta dejación de funciones que la ingesta del brebaje conlleva en la mayoría de las ocasiones la derrota ya resulta inevitable dadas las facilidades otorgadas pero en días como el pasado Sábado no resultó así y se pudo lograr esa remontada que necesitaba el Pontevedra como el comer.

Y es que el partido en su primera mitad volvió a resultar decepcionante. 
El primer susto nos lo llevamos ya en el calentamiento con la lesión de Nacho y el segundo con el clásico regalo del minuto 1 que esta vez no fue aprovechado por el rival que envió la pelota fuera (obsequio, por cierto, que no pudimos ver los espectadores de la televisión debido a que la tvg no tuvo a bien conectar hasta bien entrado el segundo minuto de partido).  

Después es cierto que no se dieron tantas facilidades atrás como en el campo del Castilla o en Ferrol pero el error siempre acaba llegando y casi siempre por el mismo lado. 
Es verdad que en la jugada del gol vigués, Bueso ya estaba roto y no pudo llegar al remate de Apeh pero también es cierto que ese centro desde la izquierda llega por una permisividad excesiva por nuestra parte en defensa.

En ataque? Casi nada. Un remate de cabeza alto de Bustos y poco más.

Ya sin los efectos del brebaje victoriano se inició la segunda parte y lo cierto es que a este atribulado bloguero no pudo recordarle más a la disputada en Valdevebas hace algunas semanas.

Sin demasiadas alharacas, el Pontevedra sí pareció desde el principio tener algo más de intención con la pelota, luego al igual que en Madrid (en aquella ocasión la pelota fue al larguero) el rival cuenta con una "contra" de manual que acaba con un paradón de Edu Sousa (muy valiosa dado lo que pasó después) que evita que nos vayamos a la lona.

Y a partir de ahí todo lo que sucedió en el encuentro nos vino cada vez mejor. 
Desde la lesión de Yeboah que estaba haciendo daño y que podría haber dado mucho trabajo a Figueroa en banda derecha, pasando por la intolerable actitud del tal Manolito Apeh que debió ser expulsado hasta en dos ocasiones y que para evitar tentar la suerte una vez más fue relevado por su entrenador dejando a su equipo huérfano en ataque  y, sobre todo, por un manejo de balón más rápido y con más sentido por parte del Pontevedra.

Todos estos ingredientes fueron preparando un cocktail que sustituyó a la asquerosa poción de efectos ya disipados y motivó que en los últimos 20 o 25 minutos de partido solo existiéramos nosotros.

Llegó la gran volea de Pazos (que había sustituido a un Pedro otra vez demasiado apagado) que fue rechazada en gran parada por el portero, el gol del empate, otra gran intervención del guardameta a precioso tiro de Bustos, penetraciones en el área sin remate pero con mucho peligro y sobre la hora ese pase filtrado de Bustos a  Rivera y el remate de este algo escorado y con la izquierda para remontar el choque y provocar la alegría de jugadores, técnicos y esa afición que en buen número acudió a Barreiro ridiculizando con su presencia esa tontería de la soledad esgrimida por el Director Deportivo que quizá confunda su propia situación con la de un equipo al que jamás su gente le ha dejado solo.

Con esa jugada tan parecida a la del Domingo pasado frente al Getafe en la que el palo repelió el lanzamiento de Bustos para evitar el 3-3, se rompía por fin una racha insoportable de casi cuatro años sin remontar fuera y es posible que se terminara por derribar la última barrera psicológica a domicilio que esta serie de resultados adversos sin duda conlleva.

La victoria es importantísima por todo. Por acabar con esa racha, por producirse frente al Celta (este atribulado bloguero aunque cada vez más solo sigue viendo rivalidad especial cada vez que nos enfrentamos a este equipo y suspira por hacer lo de nuevo contra el primer equipo celeste) y por supuesto por la mala situación clasificatoria que arrastramos y que en ningún caso se ha solventado por la consecución de estos tres puntos.

Precísamente por ello, porque queda todavía mucho trabajo y complicado por hacer es por lo que el Consejo de Administración no debería engañarse una vez más.

Un proyecto serio, una meta a la que aspirar tan importante como salir de este pozo más pronto que tarde no puede depender de un resultado por positivo que este haya sido.

Si en rueda de prensa se dice querer apostar por un entrenador experto, con conocimiento de la categoría y que ya haya ocupado banquillos de equipos relevantes de la categoría no se puede dar otro giro de 180 grados y por una victoria cambiar otra vez de rumbo y apostar por la prolongación de interinidades que podrían otorgar algo de pan para hoy pero mucha hambre para mañana.  

El Pontevedra CF no está para perder más tiempo. Las interinidades indefinidas no tienen ningún sentido y se necesita un entrenador definitivo para hoy mejor que para mañana.

Si se coge el timón de la nave con fuerza se coge hasta el final de la singladura y en ningún caso se debe aflojar por haber superado una tormenta en medio del recorrido.


  

lunes, 21 de octubre de 2019

La armadora despide al capitán y acorrala a la tripulación.

Con un comunicado de apenas dos líneas emitido al filo de la una del mediodía el Pontevedra CF anunciaba oficialmente el cese de Luismi Areda como entrenador del primer equipo.

Lo primero que este atribulado bloguero pensó al observar el escueto comunicado fue lanzar un agradecimiento silencioso pero efusivo a la persona que hubiera decidido publicar la noticia con tal magro contenido para no tener que pasar una vez más por el bochorno experimentado el pasado miércoles al leer el mensaje oficial de felicitación publicado por la entidad en redes sociales con motivo del 78 cumpleaños de la institución.
Leyendo dicha felicitación no pude preguntarme (al igual que otras veces por otras causas) como se puede tener tanta indiferencia hacia la imagen del Pontevedra CF publicando en la cuenta oficial escritos cuya construcción sintáctica no superaría sin duda alguna un examen de cuarto de primaria.

No obstante, la actualidad es la que manda y esa nota del 16 de Octubre más propia de un parvulario que de un club serio ya es historia ante la retahíla de acontecimientos que desde entonces han sacudido al Pontevedra CF. 

Salió la breve nota oficializando el despido del técnico y a renglón seguido la Presidenta del Consejo de Administración tuvo a bien (por fin) efectuar una comparecencia para explicar las razones que han llevado al Consejo que ella preside a prescindir de los servicios de Luismi.

Y la Presidenta tiró de carcaj repleto de flechas para disparar en todas las direcciones los puntiagudos elementos  menos contra sí misma (faltaría más) y su "alter ego" en la dirección y gestión diaria de la entidad.

Expuso la Presidenta que no le gustaron nada los partidos de Ferrol, Atlético de Madrid B, Getafe o la primera parte de Valdevebas llegando a calificar al partido contra el filial rojiblanco como el más espantoso de los últimos cinco años en los que lleva al frente de la nave.

Hasta aquí de acuerdo aunque se olvida Lupe Murillo de aquel Pontevedra 0- Sanxenxo 1 de Septiembre de 2014 que sonrojó  a cualquier granate que se precie hasta  límites difíciles de soportar o el empate a 0 de esa misma temporada también en Pasarón frente al Silva que provocó el cese por su parte del técnico que por aquel entonces se sentaba en el banquillo pontevedrés.

Sea como fuere, lleva la razón la Presidenta en que no es de recibo que de nueve partidos que llegamos de Liga en cuatro de ellos hayamos salido perdiendo 0-1 o 1-0 desde el vestuario y que en todos ellos la ventaja rival se hubiera doblado o triplicado antes de la primera media hora de juego.

Claro que luego la Presidenta continuó su discurso manteniendo cual Paco Martínez Soria en la película "Don erre que erre" que esta plantilla está diseñada para "grandes logros" y lo que está faltando es la actitud (con "c") de los mismos pues la aptitud con "p" está según ella más que probada pues para Lupe Murillo esta plantilla es casi la misma que la del año pasada pero reforzada en algunas de sus posiciones.

Al margen de que vaciar medio recipiente de las ya citadas flechas contra sus propios jugadores no es la táctica más inteligente del mundo (además de contradecir las declaraciones del capitán sobre el césped que ayer mismo dijo que en ese vestuario solo hay profesionales del primera fila en el aspecto del trabajo diario) lo que más sorprende al que esto escribe de las palabras de Murillo es la ausencia absoluta de autocrítica en su discurso y la atribución de culpas a todo "quisque" menos a ella y su director deportivo.

Es en este punto en el que hay que volver a preguntarse cosas que no solo este bloguero sino muchos aficionados granates ya se han preguntado en algún momento de la temporada:

¿El afrontar la campaña con la palabra ascenso pronunciada por la máxima mandataria con un solo lateral con experiencia en la categoría es en todo o en parte responsabilidad de la Presidenta y su Director Deportivo?
¿Suplir las bajas capitales de Borja Domínguez ( este no podía quedarse en ningún caso y su presencia durante una vuelta ya se ha repetido que fue un éxito del club) y Kevin Presa con el regreso de Mouriño y Sana Ndiaye es en todo o en parte responsabilidad de la Presidenta y su Director Deportivo?
¿Traer para solucionar el problema del gol a Adighibe del Adarve después de no jugar en tercera con el Conquense y meter tres goles con el equipo madrileño que se fue a 3ª es en todo o en parte responsabilidad de la Presidenta y su Director Deportivo?.
¿Qué a última hora se traiga a otro mediocentro como para hacer un favor a la "plebe" poco instruida que notaba carencias en la creación y que hasta el día de hoy dicha pieza no haya marcado diferencia alguna es en todo o en parte responsabilidad de la Presidenta y su Director Deportivo?
¿Contribuir a la crispación no contando hasta tres para no responder a críticas de aficionados olvidando en esa respuesta el lugar de responsabilidad que se ocupa es en todo o en parte responsabilidad de la Presidenta y su Director Deportivo?

La situación es difícil para todos y como no también para una Presidenta que está al mando de todo y que como es normal desearía que todo fuera bien y el equipo abandonara de una vez esta dichosa categoría para pasar a formar parte de la LFP. 
Más lo cierto es que cada vez que se pasa por dificultades (que en fútbol es lo normal) en vez de aportar calma, no entrar en discusiones con socios que pagan su carné y que también sufren y mucho por su club y efectuar una sana autocrítica de los errores que se han podido cometer, lejos de eso insisto, se pasa al ataque apelando a la actitud de los futbolistas o "entrando al trapo" con algunos aficionados granates.

Con o sin autocrítica de Lupe Murillo, lo cierto es que Luismi Areda ya no es el entrenador del Pontevedra CF.
No le conozco personalmente más allá de haber coincido un par de veces en la tertulia radiofónica en la que participo.
Todos aquellos que sí le conocen más coinciden en su bonhomía y trato cordial y siempre respetuoso en el ejercicio de sus funciones como entrenador.

Quizá ese rasgo de su carácter  haya podido generarle en este Pontevedra más problemas que beneficios.
Cogió al equipo en situación complicada mientras nombres y más nombres (a cual más disparatado) salían en los periódicos para hacerse con la dirección  del equipo acabando con la interinidad anunciada.

Pero no.

Pasó de interino a definitivo pero ni siquiera gozó de una rueda de prensa de presentación oficial como Dios manda y requiere un entrenador no temporal del Pontevedra CF.

Con sufrimiento contribuyó con su trabajo a la salvación en la 17/18 y la temporada pasada estuvo a punto de meterse en play off de no ser por dos partidos infames en Adarve y Gran Canaria.
Consiguió incluso que en ocasiones el equipo jugará muy bien al fútbol especialmente en choques como los disputados frente al Sanse, el Bouzas  o el Fuenlabrada.

¿Qué ha fallado esta campaña?
En mi opinión que ese objetivo tan ambicioso elegido por la Presidenta no se corresponde con la plantilla confeccionada pero Luismi siguió diciendo (como el año anterior) que los jugadores que habían venido eran los que querían y eran también primeras opciones.
Se corresponsabilizaba de esta forma el técnico de la confección de este grupo sin tener en cuenta que si venían malas ni la Presidenta ni el Director Deportivo serían los que se fuesen a su cada sino que sería él la pieza prescindible del tablero.
Si Naveira, por ejemplo, no funciona y hay que usar a Alex como parche en esa zona si "hemos traído a los jugadores que queríamos" tú no estás al margen de esa responsabilidad.
Si Sana Ndiaye por lo que sea no da una ese "hemos traído los jugadores que queríamos" te concierne no tanto como a los de arriba pero te concierne y con Adigihbe o Mejía exactamente igual  

Y en el campo de juego?

No se puede negar que encajar goles con tanta celeridad en cinco de los nueve partidos disputados convirtiendo esos choques en ejercicios constantes de achique de agua de una embarcación que se iba a pique es algo que muy pocos entrenadores pueden soportar.

¿De qué vale jugar aceptablemente bien en Ferrol o Madrid si antes se había entregado el partido con errores en defensa en muchos casos intolerables?     

Lo cierto es que nuestra banda izquierda ha sido un desastre en defensa desde que empezó la temporada y el equipo no cuenta ni con el suficiente juego en medio campo ni el suficiente gol como para culminar remontadas tan complicadas cuando te ves abajo por dos o tres goles de diferencia.

Otras veces se han transmitido dudas y nerviosismo que también han afectado.

Sin ir más lejos ayer. 
La primera parte fue un desastre total en defensa sin paliativos. En ataque, en cambio el equipo con un buen Alex Fdez, un mejor Nacho López y un voluntarioso aunque poco acertado Alex Glez entró por banda y generó lo suficiente como para hacer dos goles y transmitir la sensación de que el desbarajuste podía arreglarse aunque solo fuera en el marcador tras el descanso.

Sin embargo, el Pontevedra CF salió en la segunda parte espeso, sin ideas y olvidando el guión en ataque que había dado frutos en área rival.

El primer cambio fue inexplicable, no por sacar del campo a Berrocal que no aporta absolutamente nada en la faceta ofensiva sino por el hecho de colocar por él a Pedro Vázquez en una posición indefinible del medio campo que empeoró claramente al equipo. 
Y el segundo, Pazos por Naveira dio con los huesos del delantero otra vez en banda izquierda cuando ya se ha demostrado en muchas ocasiones que este jugador en esa zona no es útil.

Con esos cambios el único argumento fue el balonazo arriba desde la línea defensiva en un "totum revolutum" que lo único que hizo fue facilitar la labor de un flojo Getafe B que por cierto marcó en Pontevedra el mismo número de goles que los que había logrado en los 8 encuentros anteriores.

Al final la derrota y con ella este cese que me apena por ser Luismi una figura importante para el Pontevedra no ya por su labor como entrenador del primer equipo que ahora termina sino también como jugador en una época no precísamente fácil y en la que todavía iba menos gente a Pasarón que en la actualidad.
Ojalá tenga el técnico vigués toda la suerte del mundo y encuentre pronto acomodo en otro banquillo en el que pueda seguir desempeñando el oficio de entrenador.

¿Y ahora qué? 

No parece fácil que ningún otro técnico pueda enderezar el rumbo con estos mimbres si ponemos como objetivo del "enderezamiento" la consecución de ese ascenso.
Claro que por medio habrá un mercado invernal e incluso desde hace dos semanas ya se puede fichar a un jugador debido a la desgraciada nueva lesión de Javi López (llama la atención la pasividad de la entidad en ese sentido dadas las carencias evidentes de la plantilla en más de un puesto).

He escuchado en Radio Pontevedra un dato que no me lleva al optimismo. Al parecer el club maneja nada menos que 18 nombres para encontrar al sustituto de Luismi.
Habrá entre esos 18 profesionales con diferentes formas de ver el fútbol y lo mejor que podría pasar es que en el Consejo de Administración alguien que distinguiera un balón de rugby de una palangana y esta de un balón de fútbol redujera esa lista y la homogeneizara con gente que se adaptase a la idea de juego que el club requiere.

Claro, eso sería si en ese Consejo existiesen ideas futbolísticas, circunstancia que este atribulado bloguero no tiene muy clara.

    
   




lunes, 7 de octubre de 2019

La mano que más duele

Cuando tu equipo es vapuleado, zarandeado y aplastado de manera tan inmisericorde como ayer lo fue el Pontevedra CF delante de su gente la herida que se produce es abierta, profunda y exuberante en exhibición de sangre.
Es inútil hablar de táctica, técnica, "física o química" en partidos en los que un rival sale a competir, morder y poner sobre la hierba todas sus virtudes y el otro es superado desde el minuto 1 en todas y cada una de las facetas del juego.
La brecha que se produce en la "piel" del equipo que sufre tal humillación en su propia casa es enorme y alcanza a todos los estamentos que forman parte de la institución y en particular a unos aficionados cuya ilusión se vio destrozada en mil pedazos con cada uno de los goles encajados en la tarde del Domingo.
Podríamos volver a citar los problemas enormes que este equipo sufre en sus laterales producto de una configuración de la plantilla de forma un tanto extravagante; podríamos hablar otra vez de los problemas de creación de juego en la zona ancha que ayer alcanzaron cotas difíciles de soportar al no ser capaces los futbolistas granates de dar dos pases seguidos casi en ningún momento; también se podría repetir una vez más que la posición de delantero centro sigue arrojando tremendas dudas y que no es descartable que acabe siendo de nuevo Pazos el que se acabe llevando los rapapolvos de los aficionados ante la inexistencia de un delantero franquicia que le sacuda parte de esa presión exagerada.
Se podrían, en definitiva, decir esas cosas pero posiblemente no sea el día para hacerlo porque ayer falló absolutamente todo.

Primero el equipo como colectivo.

El naufragio en organización defensiva y ofensiva fue total desde el pitido inicial y la cohesión del grupo brilló por su ausencia siendo incapaces nuestros jugadores de ganar un balón dividido, un cuerpo a cuerpo, una carrera en cualquier zona del campo siquiera un balón aéreo de los muchos a los que nos vimos obligados a recurrir una vez más.
Los jugadores rivales entraban por ambas bandas como cuchillo en mantequilla cada vez que se lo proponían y recuperaban balón tras balón ante un Pontevedra apático, lento y desesperante.

En el plano individual las cosas no fueron diferentes y todos los jugadores granates estuvieron muy por debajo de lo exigible en un partido de competición.

Desde Edu Sousa (que escuchó pitos al ser sustituido por lesión) pasando por los casi siempre inexpugnables hasta ahora Churre y Bueso e incluso los dos hombres con más calidad de la plantilla Romay y Bustos que no aparecieron en ningún momento y rayaron a un nivel muy bajo que pocas veces se les había visto en esta ciudad.

Todo falló, todo se vino abajo como un castillo de naipes y eso solo sucede cuando el fracaso colectivo es de tal calibre que ni las individualidades más brillantes de un grupo son capaces de rescatar a su compañeros de una debacle en la que se ven ellos también envueltos de manera irreversible.
Podríamos hablar también del entrenador; de ese cambio de Sana antes del descanso que con 0-1 o con 0-2 podría haber tenido un pase pero que con 0-3 sonó a "sacrificio de un cristiano ante un pueblo romano sediento de sangre"; o de ese tercer cambio un tanto absurdo dando entrada con 0-5 a otro jugador cuando lo más normal es que el "marrón" se lo siguieran comiendo hasta el final aquellos que salieron al campo desde el minuto 1.

Sin embargo, lo más lógico es tratar al técnico de la misma forma que a los futbolistas por el descalabro sufrido ayer, es decir, argumentar que se vio superado desde el primer minuto por el vendaval que se le vino encima a su equipo y que en ningún momento pudo variar siquiera un ápice el destino de un partido que solo podía acabar de la forma en que lo hizo, con un ridículo histórico del Pontevedra CF cuyas consecuencias para el futuro más próximo todavía están por determinar.

Eso sí, respecto a Luismi (educado y en su sitio como siempre en una rueda de prensa posterior al partido complicada y con preguntas tan duras como necesarias por parte del periodismo) me llama la atención una frase pronunciada hace semanas y que es prácticamente idéntica a la que ya dijera la temporada pasada refiriéndose a las nuevas incorporaciones como "a los jugadores que queríamos que vinieran, nuestras primeras opciones". 
Si ello es así y como quiera que ni el Director Deportivo ni la Presidenta del Consejo aparecen públicamente para dar explicaciones ni en días tan duros para la entidad como el de ayer, no estaría demás preguntarle al entrenador si fichajes como los de Naveira (condenado al ostracismo desde hace semanas), Sana Ndiaye o Adighibe están rindiendo a un nivel que le parece suficiente.

Ahora bien el "espectáculo" ofrecido ayer por el equipo y que resaltará desgraciadamente en el historial de resultados del Pontevedra no supone el cierre a la temporada en la jornada 7.

Conseguir el objetivo marcado en pretemporada por la Presidenta con estos mimbres parece muy complicado, casi utópico pero hay que seguir trabajando, tragarse la bilis producida por todos y cada uno de los golpes propinados por los colchoneros y retroalimentarse con ellos para no olvidar jamás esta sensación humillante para poner en el campo (aún con todos los problemas técnicos que pueda tener esta plantilla) un mínimo de orgullo y defensa por una camiseta que se vio en Oviedo hace 8 días y que no apareció por ninguna parte en el día de ayer.

Una cosa es no obtener los resultados deseados y soñados para acomodar las aspiraciones y otra muy distinta es volver a ver a un equipo sin alma, sin fuerza y sin carácter que es pisoteado sin contemplaciones por su rival hasta caer en el sonrojo.

Esto último si que no debe volver a repetirse pues de lo contrario el golpe siguiente si puede ser mortal.

 Todo lo relatado hasta ahora, la humillación recibida en Pasarón por un Atlético de Madrid B que parecía el A ante un Pontevedra que parecía el C, resulta extremadamente triste y doloroso para la masa social granate.
Sin embargo, lo que terminó por convertir el día de ayer en vergonzoso para el Pontevedra CF también fuera del césped fue la actitud de una Presidenta del Consejo de Administración que rayó a un nivel todavía más paupérrimo que sus jugadores.

Lo que debería saber la Presidenta y que todavía parece no saber es que poner el dinero suficiente en su momento para reflotar la entidad y sacarla de un momento dificilisimo para su supervivencia (hecho que se le reconoce y se le reconocerá siempre porque es de justicia) no ampara la realización de gestos nada recomendables hacia parte de su afición por crítica que esa parte sea con ella.

Lo que debería saber la Presidenta y que todavía parece no saber es que en días como los de ayer la afición granate lo que necesitaba era una comparecencia pública de ella misma o de su Director Deportivo para transmitir tranquilidad y seguridad a la masa social y no echar más leña al fuego enseñando la palma de una mano que dolió todavía más que la recibida sobre el campo por el Atlético de Madrid. 
Lo que debería saber la Presidenta y que todavía parece no saber es que a pesar de la trascendencia de su aparición al frente de la nave para evitar la prolongación del estado comatoso en el que se encontraba, la máxima autoridad de esta entidad tan maravillosa debe estar siempre a la altura en respeto y en saber estar e incluso más en la relación que mantenga con TODA su afición.
En definitiva, lo que debería saber la Presidenta y que todavía parece no saber es que actitudes como esa pueden aparecer en un momento de tensión y nervios por la goleada recibida a la que ella (por supuesto) no es inmune y le afecta pero que con el paso de las horas y con el ánimo más calmado habrían requerido unas disculpas públicas  que habrían devuelto las aguas a su cauce.

Resulta complicado escribir después de días como el de ayer pero este atribulado bloguero quiere para terminar arrojar un dato para la esperanza de cara a nuestro futuro en la competición.

La última vez que se recibieron 5 goles en casa fue en el año 2011 frente al Guadalajara. Se perdió por 1-5 y el descenso matemático a tercera se produjo ese mismo día, ese mismo día en que el pequeño Javier (cabreado por aquel descenso) empezó a pegar patadas de las gordas en el interior de la barriga de su madre para nacer al día siguiente iluminando la vida de ella y del que esto escribe.

La penúltima vez fue en la temporada 09/10. 
El Lugo nos pasó por encima (0-5) e incluso el entrenador de entonces, Roberto Aguirre, tuvo que abandonar el cargo semanas después con ese ingrato recuerdo en la mochila.

Esa temporada 09/10 a pesar de esa goleada histórica acabó con el equipo metido en play off, eliminando de forma heroica al Oviedo y sufriendo un arbitraje calamitoso en Alcorcón que acabó con las esperanzas de volver a 2ª.

Aquella plantilla no era esta, el equipo era claramente mejor pero me niego a acabar esta columna sumido en el enfado y la tristeza de la derrota.

Estamos en Octubre y hay que mejorar muchísimo, también habrá un mercado de invierno en no demasiado tiempo pero estamos en Octubre y en este mes nada se decide en fútbol de ninguna de las maneras.   
  
   

      

lunes, 23 de septiembre de 2019

Póngame otra de paños calientes con un poco de injusticia.

En la ciudad de Pontevedra y alrededor del equipo de fútbol que lleva su nombre pasan cosas que serían dignas de ser estudiadas por el mismísimo Iker Jiménez y su grupo de colaboradores de Cuarto Milenio.
Resulta que en esta pequeña pero preciosa villa del noroeste de la Península Ibérica una persona que rige los destinos de ese club futbolístico apostó al comienzo de la pretemporada por comunicarle a sus jugadores y técnicos que la misión para esta campaña era tratar de lograr un objetivo hartamente complicado como es el ascenso de esta dichosa categoría a la segunda división A.

Es cierto que no dijo frases como "debéis subir por obligación"; "todo lo que no sea subir es un fracaso rotundo" o cosas por el estilo pero de manera indudable sí se "mojó" ("rara avis" en los últimos tiempos en la dirigencia granate) y dejó claro que este año había que mirar para arriba sin vacilaciones y luchar por meter al equipo en los puestos de privilegio para posteriormente encarar con garantías el play off.

Esto no es opinión de este atribulado bloguero. Estos son hechos irrefutables de los que cualquier aficionado pontevedrés ha podido tener conocimiento accediendo a los medios de comunicación.

La "paradoja milenaria" (esa a la que no le haría ascos el antiguo redactor de la revista Enigmas) empieza cuando algunos de esos medios empiezan a girar la responsabilidad cuando las cosas se empiezan a torcer siquiera minimamente a esos aficionados que lo único que han hecho es escuchar (algunos ilusionados otros más asombrados) las palabras de su Presidenta.

El mensaje solapado que se transmite  y que se lleva tratando de transmitir desde hace demasiado tiempo es que no se le ocurra criticar a usted, seguidor de a pié del equipo, si a pesar de que se le ha prometido jamón ibérico luego le ponen sobre la mesa un "jamoncete" cualquiera sacado de cualquier esquina.
Que no se queje, hombre. ¿No ve que este equipo, este otro, el de más allá, el de más acá y aquel de allí tienen infinitamente más dinero que el suyo que bastante hace con seguir en esta categoría adorable? ¿No se da cuenta usted, ingenuo y desinformado aficionado, que el Pontevedra CF lleva décadas instalado en 2ªB y es ahí el lugar en el que debe permanecer tirando de lógica y raciocinio?

Claro que cuando ese ingenuo seguidor responde que no ha sido él. Que ha sido la institución la que ha marcado la meta y que lo único razonable entonces es encontrarse sobre el césped mimbres suficientes como para afrontar este tremendo reto, la réplica no encuentra la consistencia necesaria para deshacer esta absurda contradicción.


Perdió el Pontevedra contra el Atlético Baleares por 0-1 y si el partido hubiera terminado con esos mismos dígitos al revés, es decir, 1-0 no habría extrañado a nadie.
Fue un encuentro feo, sin ritmo y con escasas ocasiones de gol correspondiendo estas en mayor medida al Pontevedra CF pero en ningún caso asistimos a un choque inclinado hacia una parte del campo y en el que los granates sometieran a un asedio sin cuartel a un rival desesperado.

Es cierto, sí, y hay que decirlo alto que es difícil entender como el colegiado del partido no señaló en la primera parte un penalti que desde las gradas pareció clarísimo sobre Alvaro Bustos y que de haber sido pitado y transformado hubiera podido cambiar el signo del encuentro.

Todo esto es verdad.
Al que esto escribe no le gusta ser "más papista que el Papa" y negar que el equipo que estuvo más cerca de ganar por ocasiones fue el Pontevedra y que la acción de Bustos era merecedora de haber terminado con la señalización de la pena máxima.

Ahora bien, siendo lo anterior cierto lo que ya empieza a no ser tan fiel con la realidad (siempre en opinión de este atribulado bloguero) es que la superioridad granate fuera manifiesta o que no haber ganado el partido se debiera en exclusiva al árbitro o a las ocasiones marradas.

En primer lugar, porque la acción sobre Bustos (insisto, que pareció clara) es una jugada y no tres o cuatro de las que podrían deducirse una sesgada e injusta administración de justicia arbitral y, en segundo lugar, por que esas ocasiones para marcar no fueron tantas y sobre todo no fueron producto de un desarbolamiento de At. Balearas por parte granate sino de acciones aisladas que desafortunadamente no acabaron en gol.

Con esa claridad yo recuerdo tres.
En la primera parte una de Adighibe que solo ante el portero aunque algo escorado remató con una ingenuidad y falta de veneno que dio argumentos  a aquellos que ven en él nada más que capacidad atlética y carreras sin sentido.

Y en la segunda, dos.
Una producto de un lanzamiento precioso y lejano de Alex González rechazado por el portero balear en una no menos bonita intervención y la más clara de todas de Alvaro Bustos que aprovechando un error evidente de la defensa contraria y de un movimiento genial de Romay se plantó delante del arquero e incomprensiblemente (dada su calidad en este caso probada en muchas ocasiones) le envió el balón a las manos.

Luego existieron algunas aproximaciones peligrosas, sí, como una desde la izquierda en el tramo final del partido en el que en vez de centrar se tiró a portería y se forzaron bastantes córners  de los que en esta ocasión no sacamos rédito.

Esas oportunidades no tan numerosas, insisto, no pueden esconder el hecho de que en esta ocasión el Pontevedra CF no fue capaz en ningún momento de dotar al partido de un ritmo elevado que lograra poner en aprietos al rival.
Solo un pequeño tramo en la primera parte que culminó con ese penalti no pitado dio esperanzas de que el Pontevedra pudiera encontrar los caminos para ponerse por delante en el marcador.
Fueron esos minutos en los que aparecieron y pudieron conectar Romay y Bustos y en los que incluso un "exiliado" al lateral izquierdo Alex González trató de aparecer por banda.  

El Pontevedra de hoy depende de estos tres jugadores muchísimo para dotar de continuidad al juego y sembrar el peligro en área rival.
Ayer ni Bustos ni Romay lograron esa continuidad que a veces nos encandila y como ya se ha dicho la mitad del potencial de Alex se pierde al iniciar su carrera tan lejos de la zona de peligro.

¿Se pudo ganar? Sí. 
¿No fuimos capaces ni de empatar por falta de contundencia defensiva en la única ocasión del At. Baleares en la segunda mitad? También. 

Hablaba más arriba de los mimbres que un equipo con aspiraciones serias de ascenso debe tener para afrontar con alguna posibilidad de éxito una objetivo tan complicado.

Esos mimbres los debe reunir la comisión deportiva con la colaboración, en su caso, del cuerpo técnico y en ningún caso una afición que primero escucha, luego ve y finalmente juzga (aunque en los tiempos que corren más parece que a la mayoría de la gente le gustarían más las aficiones mudas o "comepipas" y no aquellas que exijan que su equipo se aproxime aquello que se le prometió).

Pues hablemos de esos mimbres.

El Pontevedra CF cuenta a día  de hoy con tres laterales específicos. De esos tres solo uno, Nacho López, tiene experiencia en la categoría.
Por tanto, UN SOLO lateral con experiencia y dos debutantes, hecho que provoca que como pasó ayer Campillo actúe de lateral derecho (hace lo que puede cumpliendo en defensa y no existiendo en ataque) y Alex González de lateral izquierdo lo que provoca que perdamos como ya se dicho antes parte del importantísimo capital ofensivo que nos da el jugador cántabro.

En la punta de ataque contamos con DOS delanteros natos a pesar de que como en el día de ayer uno de ellos,Pazos, actúo en banda (alternando la derecha con la izquierda) perdiendo casi todas las virtudes que tiene sobre el césped que no son otras que el instinto y pillería ante el gol de las que no puede servirse tan lejos de la portería contraria.

El otro, Adighibe, todavía no está claro si será capaz de convertirse en alguien importante o se quedará por el camino. 
De él sabemos que tiene una velocidad muy importante, no va mal por arriba y a veces sorprende con controles como el que precedió al 2-0 el día del Coruxo pero hasta ahora ha fallado en lo más importante, en lo mollar, que no es otra cosa que el remate a gol. 
Si un "9" no hace goles ya puede ganarle a Bolt en los 100 metros que no será productivo para el equipo.
Es nuevo, ha estado lesionado y el algún partido anterior como local dejó detalles para la esperanza pero a día de hoy sigue siendo una incógnita.

De la creación de juego ya se ha hablado en muchas ocasiones. 
Berrocal es un jugador defensivo y Sana parece que también, Alex Fdez trata de circular la pelota (ayer en alguna fase del primer tiempo estuvo bien) pero no es un jugador franquicia y a Mejia no lo hemos visto.
Con relación al jugador hondureño me llamó la atención no haber sido elegido para alguna de las sustituciones, especialmente la tercera.

Corría el minuto 80, el empate a 0 en el marcador y el cambio que se produce es Sana Ndiaye por Berrocal.
Ojo! El Pontevedra no dejó de ganar ni perdió por esto pero he de confesar que este cambio me dejó perplejo.
La finalidad de un relevo (sin lesión por medio) es tratar de cambiar algo, de modificar el curso del partido con algún movimiento novedoso. 
Sustituir a un medio centro defensivo por otro defensivo en las circunstancias que ayer se daban ni lo entendí en el campo ni lo sigo entendiendo más de 24 horas después.

Por último, en la zona de bandas ofensivas y media punta es en la que creo mejor estamos aunque con matices.
Una línea de tres formada por Bustos, Romay y Alex Glez suena realmente bien pero ya vemos que las carencias defensivas están provocando que el de Vernejo tenga que ocuparse del lateral.
Por otro lado, suplentes como Javi López y Pedro Vázquez no suenan mal pero los problemas físicos del primero y los minutos que disputa el segundo (ayer otra vez sin aportar demasiado y sin el maquillaje del gol) generan alguna duda.

En definitiva, que la plantilla parece descompensada y con carencias graves atrás, en la creación del juego ( salvo que Mejía corrija algo la situación)e incluso en punta.

Antes decía que algunos aficionados granates (la gran mayoría, creo yo) escuchó con ilusión a la Presidenta referirse al ascenso como una meta no quimérica para este año. También dije que junto a esa ilusión algunos seguidores también experimentaron algo de asombro dado lo que el club había fichado, quizá estos asombrados estén ya a estas alturas llenándose de razón.

Ahora bien, no es la afición la que marca objetivos. No es la gente la que construye castillos en el aire.
La Liga acaba de comenzar y a pesar de que para nosotros no lo ha hecho nada bien hay tiempo más que de sobra para enderezar el rumbo y empezar a ganar partidos que nos lleven a la zona alta.

Eso sí, si los mimbres de la mesa fallan sería más conveniente dirigirse a los que acopiaron dichos mimbres y no a aquellos que ponen su granito de arena para traer a aquellos y luego aún por encima no pueden ni valorar la calidad de la mesa confeccionada.  


  
       


lunes, 9 de septiembre de 2019

Un trocito mágico de césped, unos nervios muy tempranos y una voltereta épica

Cuando los objetivos se marcan altos; cuando la meta a conseguir es de dificultad notable, el margen de error se estrecha y la tensión tiende a aparecer desde muy pronto cada vez que las cosas empiezan torcidas.

El Pontevedra CF jugó ayer una primera media hora de juego realmente importante. Controló, jugó y se agigantó hasta convertir el área del Sporting B en un mero depositario de las peligrosas y numerosas llegadas de sus jugadores.
Fue una media hora en la que el rival no apareció siquiera por la zona de castigo del Pontevedra y en la que los allí presentes pudimos ahorrarnos el brillante fulgor del más que llamativo traje naranja chillón de nuestro Edu Sousa.
En esos minutos de gran superioridad granate se cometió, no obstante, uno de los mayores pecados del fútbol y que siempre suelen acarrear más adelante problemas en el marcador. Ese pecado no fue otro que la indulgencia ante la portería contraria.

No se acumulaban demasiados minutos de juego cuando Nacho López (que en esa fase de encuentro recordó al mejor Nacho de hace ya algunos meses) iniciaba con mérito una jugada alejado de su posición natural de lateral derecho en la que después de arrancar con fuerza y sortear a más de un rival entregaba un balón en largo y al espacio a Alex González. Este no dudó en aprovechar el obsequio y avanzar con su velocidad habitual hacia el área asturiana. A pesar de recibir una falta que dificultó en parte su primer control, el cántabro pudo poner el cuero en el corazón del área para que Romay lo recogiera y de espaldas le dejara un balón de gol a un hombre que pocas veces falla en esas circunstancias, Alvaro Bustos.
En esta ocasión, sin embargo, Alvaro envió su lanzamiento con la zurda demasiado centrado dando la ocasión al portero de estirarse y mandar el balón contra un poste e incluso después en otra felina intervención rechazar un segundo remate de un Nacho que venía lanzado tras iniciar la jugada. Incluso en ese lance el propio Bustos tuvo una tercera oportunidad para marcar, despejando en esa ocasión un defensa el tercer intento granate.     
Describo esa oportunidad por la claridad de la misma y por el hecho de que errar esa clase de ocasiones tan diáfanas lejos de colocar el partido a nuestro favor suelen terminar por dar confianza al equipo contrario y originar desesperación en el que las yerra.

El dominio pontevedrés no se acabó con esa jugada. Se llegó muchas veces aunque sin crear ocasiones tan claras (quizá una de Churre al rematar una jugada ensayada en un córner) y se lanzaron muchos saques de esquina y faltas laterales que no consiguieron romper el marcador a nuestro favor.

En esos treinta minutos en los que el Pontevedra jugó con Alex Fdez en lugar de Sana (sacrificado tras el partido de A Malata) y con Pazos en punta por un Adighibe todavía tocado pudo verse en definitiva a un equipo mandón, presionante y mucho mejor que el rival sobre el terreno de juego.

Fue al llegar eso que se ha dado en llamar "pausa para la hidratación" a la que se unió la obligatoria sustitución de Nacho López por problemas musculares el momento en el que el  Pontevedra empezó a bajar un poco el pistón.
Muy pocos minutos después, el Sporting pasaba de medio campo después de muchos minutos e iniciaba una jugada al contraataque en la que cogió al equipo un tanto descolocado.
A pesar de ello, el Pontevedra consiguió ordenarse en defensa para cuando el filial merodeaba el área de Edu pero con lo que no se contaba es con la desatención defensiva de Naveira en su lado izquierdo.
El ex del Compostela pudo y debió ver el desmarque del jugador sportinguista que entraba por su lado pero se dejó "comer la tostada" y el delantero rival no perdonó con una elegante definición.  
El error de Naveira en el gol para el que esto escribe es evidente pero igualmente resulta palmario que este jugador está debutando en 2ªB y además en un equipo que opta a estar arriba y que no cuenta con otro jugador específico para esa posición.
Lo que quiero decir es que puede resultar hasta normal que este jugador cometa estos fallos y de su capacidad para digerirlos dependerá la posibilidad de que crezca y acabe por adueñarse de esa banda defensiva y aminorar la preocupación que a día de hoy esa parcela del campo entraña para el Pontevedra.

El equipo notó y mucho el 0-1. El mazazo del gol, unido al esfuerzo anterior más el calor apreciable que azotaba un estadio de Pasaron otra vez demasiado vacío provocaron que la primera parte terminara con un Pontevedra menos incisivo y se pudiera atisbar ya la estrategia de desesperación y pérdida de tiempo que el Sporting pensaba utilizar tras la reanudación.

La segunda parte no empezó mal del todo con un Romay oficiando casi más de punta en un 4-4-2 que de enganche en el habitual 4-2-3-1 y con un Bustos que jugó siempre por la derecha que seguía marchándose de sus pares cada vez que encaraba con el balón controlado. Precisamente de las botas de Bustos llegaría la ocasión más clara de la segunda parte al enviar un centro precioso al que no llegó por centímetros un Romay que se lanzó infructuosamente en plancha.

No quedaba otra que arriesgar y Luismi sacó pronto al campo a Pedro Vázquez por Naveira pasando Alex Glez al lateral izquierdo.
Y casi sin solución de continuidad un tremendo choque de Romay con un jugador contrario obligaba a la sustitución del talentoso jugador de Malpica con problemas serios en la nariz por un Adighibe que iba a disponer de media hora para ayudar al equipo a remontar el choque.

Sin embargo, el Pontevedra estaba espeso. 

No se llegaba ni mucho menos con la claridad de la primera parte, Bustos se fue apagando un poco e incluso Alex Glez se mostraba algo más tímido de lo habitual.

A esa espesura contribuía en grado sumo el Sporting que olvidada  cualquier voluntad de progresar en ataque se limitaba a defender y a parar el juego cada vez que podía crispando a jugadores y aficionados granates.

No obstante, en esos momentos de zozobra en los que pasaban los minutos y no se llegaba con claridad a la portería rival también existieron algunas circunstancias positivas que es justo reseñar.

La primera es que el equipo aunque se le notaba tenso no se descompuso en momento alguno.

Y en esa faceta de cohesión y equilibrio es reseñable la actuación de la columna vertebral defensiva del equipo compuesta por los dos centrales y Berrocal por delante. Los dos defensas(se empieza dibujar como gran noticia la aparición de Bueso como complemento ideal a Churre) empujaron desde atrás todo lo que pudieron y no permitieron alegría alguna al Sporting a la hora crear peligro y el medio centro desempeñó la labor que se le pide con inteligencia, esfuerzo y un buen sentido de la anticipación. Está lejos de las posibilidades del cordobés organizar, crear o abrir defensas tupidas con su juego pero en esa labor oscura que se le pide parece cada vez más entonado y ayer ayudó lo suyo.

La otra circunstancia que me gustó en los peores momentos y minutos del Pontevedra es la personalidad y el arrojo mostrado por algunos de nuestros jugadores (especialmente el propio Berrocal y Alex González) ante la actitud desafiante y algo chulesca de varios jugadores rojiblancos. Intuir desde la distancia de la grada como el rubio extremo ya pontevedrés de adopción y el más recio jugador andaluz le dejaban "alguna cosa clara" a diferentes jugadores rivales he de confesar que me gustó.

Volviendo al partido, la entrada de Adighibe provocó que el equipo jugará casi exclusivamente en largo con balones hacia el jugador nigeriano que poco después de salir tuvo una muy clara en la que remató muy mal con la izquierda. En alguna de las carreras de "Adi", por cierto, volvió a notarse que aún anda renqueante y que a pesar de su potencia ( la cual levanta, por cierto, de los asientos a muchos aficionados) ese tobillo sigue dándole guerra y mermando su capacidad física.

Sea como fuere, con un Pontevedra cada vez más nervioso y un Sporting más defensivo, llegó en el 80 otro córner y tras su saque un remate fallido del propio Adighibe que dejó el balón muerto en el lugar que ocupaba Pedro Vázquez que de certero remate empataba el partido. 

El fútbol es así y como es así quiso que precisamente fuera Pedro el autor de ese tanto a pesar de que los minutos que estaba disputando estaban lejos de ser productivos e incluso pareció en algún momento desconectado del choque.  
Más en esa jugada estaba donde tenía que estar y su disparo resultó tan meritorio como importante para el equipo.

A partir de ahí, el Pontevedra apretó y creyó en la victoria aún a costa de desorganizarse sobre todo en los ocho minutos de descuento y correr cierto riesgo de derrota en una jugada (la única ocasión de  del rival al margen de su gol) que terminó con un remate peligroso atenazado por Edu. Por cierto, esa jugada llevaba en su origen más peligro pero ya se encargó Churre de disminuir su claridad con una entrada necesaria aunque dura y merecedora (como lo fue) de tarjeta amarilla.

Y llegó el minuto 95 y con él otra galopada de Adighibe frenada en falta por un defensa rival y este atribulado bloguero (con su hijo de 8 años a la derecha empezando a descubrir que es el Pontevedra CF) se acordó de dos acciones no demasiado lejanas.

Una en la 16/17 (la del play off). Partido contra el Tudelano vital para seguir arriba y perdiendo 0-1 en el 88. Primero empató Abel tras un córner en el 89 y en el noventa y no se cuantos una falta muy cerca de la de ayer terminaba con un remate a gol de de Bruno que hizo que se "cayera" el ex vetusto abajo.
La otra más cercana, la temporada pasada. 
Penúltima jugada el día del Guijuelo. Otra falta en esa precisa zona sacada en corto para Borja Domínguez que pone un centro maravilloso para que Rivera que debutaba marcara de cabeza el gol del triunfo.

Bueno, pues por esa mágica zona del césped se pitó la falta sobre Adighibe. 

Y la sacó Alex Fdez y el balón parecía (por lo menos desde el ángulo en que lo veía el que esto escribe) que se iba a ir fuera por encima del larguero.Pero mira tu por donde que no; que en el último momento la pelotita baja y pega en la cabeza de alguien o en el cuerpo del portero o en el poste, sí en el poste y se cuela en la portería del fondo Norte mientras Pol Bueso que ya parece del barrio de Lérez de toda la vida se marchaba de cabeza (en voltereta que firmaría la mismísima Simón Byles) contra la valla en su intento por rematar la bola con lo que fuera.

Luego lo de siempre cuando se marca y se hace tan al final. Alegría, emoción y un punto de locura para vivir esa sensación que se experimenta cuando tu equipo gana de esa forma.    
Se había luchado, se había creído y a pesar de una segunda parte regular se había ganado.

Y ahora, para terminar, es el momento de volver al inicio de esta columna. Al objetivo grande marcado, a la obligación de estar arriba y al margen más pequeño de paciencia que a buen seguro existirá esta temporada.

A mi me gusta esta situación, me gusta la exigencia y ver al Pontevedra con la misión de luchar por todo en esta 2ºB de 80 equipos.

Ahora bien, es bueno recordar lo siguiente. El equipo empezó el partido con un lateral izquierdo que está debutando en la categoría y lo acabó en el lateral derecho con otro futbolista, Figueroa, igualmente novato en estas lides.
Ayer el partido lo inició de "9" un Javi Pazos que está lejos de tener el relumbrón de otros arietes de la 2ºB.  
Lo que quiero decir con esto es que sí se puede lograr el objetivo pero que hay que ser conscientes todos (empezando por la máxima autoridad del club y terminado por el último aficionado) que tenemos nuestras limitaciones y que solo el trabajo semanal y la actitud con "c"demostrada ayer en todos los partidos (por tanto también en los de fuera) nos puede llevar al éxito deportivo.

Ahora volvemos al "calvario" de jugar de visitantes y además en un feudo tan complicado como el del Ibiza entrenado por Pablo Alfaro.

Podría debutar Erraji al que hay ganas de ver y a lo mejor incluso Mejía al que también apetece empezar a verle con la granate.
Ojalá se haga un buen partido y se corte de raíz la racha de malos encuentros fuera.

No querría terminar esta entrada sin dedicar siquiera unas líneas al esperpento de contar como segunda equipación con una camiseta celeste. 
En absoluto constituye esta opinión un ataque al R.C Celta.

El problema es nuestro.
Si el Celta decide jugar con una segunda elástica granate es su problema. A mi no me gusta demasiado el detalle pero insisto es su problema.

Ahora bien, si somos nosotros los que decidimos utilizar el color insignia del equipo de Vigo entonces sí que me molesta y me quedo perplejo.  
¿Se imaginan las bromas en estos dichosos campos de 2ªB cuando vistamos dicha camiseta? ¿Pero no venía el Pontevedra, estos son el Celta B? Por poner un ejemplo.

Una cosa es la mercadotecnia en la época en la que vivimos que es exagerada pero con la que por desgracia hay que convivir y otra muy distinta es obviar una circunstancia tan importante y capital como la de que el Pontevedra CF nunca debe vestir con los colores principales del Celta.

No había colores? No había blanco, azul oscuro, amarillo, rojo, verde, magenta, añil, negro, marrón, castaño, naranja, ocre, etc etc etc? 

No.
Había que usar el celeste.