lunes, 28 de marzo de 2022

Caos, lucha, fútbol y la sonrisa de un mito.

Más gente en las gradas. 

Norte rugiendo y enarbolando banderas. 

Las siete de las tarde, horario de play off. 

Tarde soleada y con cierto calor, ese que condena cazadoras a butacas contiguas e incluso aconseja brazos arremangados a la altura de los codos. 

Hierba verde, brillante, casi provocadora de la que resulta difícil apartar la mirada.

Rival rocoso que lidera la tabla y al que hay que ganar de cualquier manera para seguir aferrados al objetivo de acabar primeros.

Partido grande. Nervios, tensión, ambiente teñido de color granate y el recuerdo de un mito, que en otra época (que parece otra vida) capitaneó a un equipo de leyenda, reinando en la mente de todos aquellos que pudieron verle sobre el césped y también en la de aquellos que crecieron y soñaron con las hazañas del "3" y  de su gente.

De entrada, sorpresa.

Posiblemente el jugador más importante no ya de nuestro grupo (eso creo que no arroja duda alguna) sino de toda la categoría, tendría que esperar en el banquillo.

Arriesgada decisión? Seguro. Equivocada? Probablemente.

El Adarve empuja primero hasta que el capitán en 2022 que no lleva el "3" pero sí el "7" conecta un zurdazo imponente que casi revienta el larguero madrileño metiendo al Pontevedra en el choque.

Como un presagio de lo que minutos después pasaría, el Adarve conseguía en cada balón en largo desde su portería, imponerse por arriba a nuestro mediocentro y centrales provocando cierto peligro en esas peinadas de cabeza que creaban cierta inseguridad en la zaga.

Aún así, el Pontevedra tocaba rápido y tocaba bien bajo la sinfonía de un Yelko que por fin recuperó su "k" y además mayúscula.

La pelota llegaba con asiduidad a las bandas con ventaja. Por la derecha Rubio y Seoane se las arreglaban para en ocasiones enganchar centros decentes que creaban peligro al contrario. Por la izquierda Alex hacía daño igualmente pero Araújo (esfuerzo probado al margen) volvía a desesperar con centros deficientes que hacían un poco más fuerte al Adarve.

Y llegó el 0-1. De una forma primitiva, o paleolítica, si lo prefieren.

Pelotazo desde la zona defensiva, anticipación de cabeza de un rival a Soto y desatención de Churre en la marca que permite encarar a un atacante a Cacharrón y batirlo con contundencia.

Lo peor que creíamos podía pasar, sucedió. El Adarve por delante y el tiempo que se haría cada vez más escurridizo jugando en contra del Pontevedra.

Y el intento de "mensajerización" del partido por parte del líder no se hizo esperar.

Hombres al suelo, desvanecimientos súbitos, calambres tempraneros etc etc.

A pesar de ello, el equipo no se abatió. Siguió desplazando el balón con solvencia y llegando al área madrileña con notable asiduidad.

Pero el gol no llegaba. No lo hizo ni en un par de ocasiones de Brais (una de ellas muy clara) ni en otra de Seoane que no conectó bien una volea en posición envidiable.

El giro de guión, sin embargo, llegó sobre la bocina de esa primera mitad.

En un nuevo intento "mensajerizador" del Adarve, uno de sus jugadores ya amonestados desplaza con total descaro una pelota que ya se había ido fuera por encima de la valla de la unión del fondo norte con tribuna.

Fue en ese momento cuando el árbitro separó su actuación de la de aquel colega de infausto recuerdo del último playoff de ascenso a 2ªB. 

Ni corto ni perezoso se dirigió hacia el "listo" infractor y le sacó la segunda amarilla ante la algarabía de un público que al igual que nuestros jugadores supieron presionar en ese momento al "trencilla" para que no tuviera más opción que echarle.

Tras el descanso salió Charles, como todo el mundo preveía y la situación requería, por un Araújo al que se insiste no se le discute su esfuerzo pero sí su acierto.

Se empató pronto. 

Todo el peligro que no se creó por banda izquierda en toda la primera mitad, fue compensado en tan solo cinco minutos por Alex que envió un bonito centro al área que fue rematado hasta por dos veces por Charles que no tardó en hacerse notar. La primera con la cabeza, la sacó el portero. La segunda también con la cabeza, la rechazó un defensa pero la tercera con el pié y de Rufo acabó en las mallas.

Si la "mensajerización" en la primera parte fue notable, tras ese empate volvió a protagonizar la actuación del U.Adarve.

Fue ese momento el primero en el que el Pontevedra entró en el juego de provocaciones del rival y en una trifulca Charles vio una tarjeta amarilla por esa costumbre que por desgracia tiene a meterse donde no debe pero que en esta ocasión no acarreó más consecuencias que esa amonestación.

Y el panorama volvió a torcerse cuando menos se esperaba.

Una falta lejana a favor del Adarve acaba con un estrafalario despeje en semi fallo de Cacharrón en el que se lleva medio por delante a un compañero y a un rival.

El penalti puede entrar claramente en la categoría de "raritos" pero lo que volvió a poner de manifiesto es la cantidad ingente de problemas que tiene el equipo para defender esas acciones.

Con el 1-2, a pesar de la superioridad numérica, el partido no pudo ponerse más peligroso pero al igual que la acción del penalti resultó sorprendente y no se correspondía con lo que estaba pasando en el césped, también resultó una sorpresa muy agradable la capacidad que tuvo el Pontevedra de seguir moviendo el balón con inteligencia y aprovechando el exagerado bloque bajo que adoptó el rival en muchas fases del partido.

Se tocó el balón de un lado a otro pero volvió a ser desde la izquierda dónde se encontraron las pepitas de oro.

Centro de Brais desde ese sector aunque con su pierna derecha y llegada desde atrás de Charles para conectar una de sus botas con el balón y alojarlo en la red.

Sin casi tiempo para respirar, otra jugada de Alex por la izquierda. Otro centro notable al corazón del área y esta vez Yelko llegando desde atrás protagonizaba un precioso remate que nos ponía por delante y volvía loco a todo el que en Pasarón estaba presente.

En ese momento parecía que el Pontevedra, de seguir atacando, podría haber sentenciado el partido con otro tanto.

Sin embargo, los últimos quince minutos de juego, constituyeron el segundo momento en el que el equipo pareció entrar en el juego del rival e introducirse en una guerra de guerrillas de la que podríamos haber salido bastante mal parados.

Es cierto que Brais pudo hacer el cuarto en un lanzamiento que se fue rozando el palo pero la realidad es que el Pontevedra, a raíz de un triple cambio del Adarve, entregó voluntariamente el balón al rival y entró en ese riesgo de permitir algún corner o falta lateral en la que la superioridad numérica pierde toda importancia.  

Como viene siendo habitual los cambios llegaron tarde, solo para perder tiempo y no tratar de volver a coger la batuta del juego y minimizar las posibilidades del rival.

No estoy diciendo que no se tenga oficio que claro que hay que tenerlo y hay que ver como lo echamos de menos en Coruxo, sin ir más lejos.

Ayer el Pontevedra sí paró el partido y mostró más experiencia que otras veces. 

De lo que hablo es de que, al menos este atribulado bloguero, sigue añorando que desde el banco se tomen decisiones que mejoren al equipo sobre el césped, más allá de la incuestionable decisión de meter a Charles por Araújo tras el descanso.

No entendí muy bien como con los problemas que manifestaba Seoane desde hacía minutos, el segundo cambio en el 89 sea el de Oier por Brais y a renglón seguido tenga que hacerse el del exjugador del Racing cuando ya volvía a estar en el suelo antes de ese cambio y la demora nos costó jugar con diez durante unos segundos preciosos.

Después dos cambios más en el 90 y esa sensación de improvisación. De que esas sustituciones se hicieron para parar el crono pero no para buscar un plan coherente de juego con el que acabar el partido.

En los casi 10 minutos que prolongó el árbitro, la situación no era la de control del partido sino la de temor ante la posibilidad de que llegara una acción aérea del rival que echara por tierra una victoria que se había merecido con creces.

Acabamos, por ejemplo, con tres centrales y Oier de lateral largo por la derecha, sí, Oier que tiene muchas virtudes pero entre ellas no se encuentra precisamente una atención defensiva especialmente férrea. 

Llegó ese córner postrero para el rival tras un lanzamiento desde lejos que tocó en un defensa y no salió demasiado lejos de la portería. Ese córner lo sacó Charles de cabeza y todos respiramos.

Llegó otro lanzamiento, eso sí muy flojo e igualmente lejano, que atrapó Cacharron sin problemas y finalmente escuchamos el silbido final del coleigiado que ponía punto y final a un partido que merecimos ganar pero en el que jugamos con fuego confundiendo un poco ese oficio con volverse un poco locos.

El Pontevedra ganó un partido clave y lo hizo con justicia.

Volvió a mostrar esa frescura y esa chispa con la pelota que ya apareció en O Vao y de cuya continuidad va a depender muchísimas de las opciones que todavía tenemos para ascender directamente.

Demostró, además, personalidad y coraje en muchas fases del partido en la que los problemas en forma de goles del contrario no fueron obstáculo para seguir percutiendo y terminar por derribar a este Adarve tan correoso.

Dicen los que vieron jugar a Cholo que la brega, el esfuerzo y el corazón no eran ingredientes que el lateral zurdo pontevedrés negociase nunca en su carrera.

Había que jugar bien al fútbol pero también había que sudar, que correr y que honrar el escudo y la camiseta que para él fueron tan importantes.

En un día triste en el que el mayor referente de la mejor época de la entidad nos ha dejado, me reconforta haber visto a un Pontevedra "tocón" como en él es habitual pero también rebelde ante la adversidad, incansable en el esfuerzo y convencido en todo momento de la victoria.

Es posible que el gran capitán si hubiera tenido la oportunidad de ver el partido hubiera ensayado una sonrisa y se hubiera sentido satisfecho porque por encima de todo el esfuerzo no se negocia.   

       

     

martes, 22 de marzo de 2022

Si es cierto que nunca nos rendimos, ahora hay que demostrarlo

 No es fácil ser del Pontevedra CF.

O por lo menos no lo es desde hace ya demasiado tiempo.

Pocas alegrías y demasiadas decepciones jalonan la historia granate desde hace décadas en la que solo en ocasiones puntuales (primeros años del siglo XXI) consiguió asentarse, por lo menos, entre los clubes potentes de la categoría de bronce del fútbol español.

Sin embargo, hasta en esas temporadas de grandes plantillas, "desgracias" futbolísticas como las del Sevilla B e incluso Cordoba o decisiones sencillamente intolerables como las de aquel Figueroa Vázquez (hoy en 1ª) en Alcorcón, apartaron al Pontevedra del fútbol profesional en la que solo pudo jugar la campaña 2004/2005 y sellaron su siguiente fase de existencia entre deudas, preocupaciones, gestiones rocambolescas y una insoportable irrelevancia deportiva.

Que no sea fácil, que el camino de la entidad no haya encontrado desde hace tanto tiempo más que baches y socavones en su recorrido, no quiere decir que no sea precioso sentir el color granate hasta el último poro de la piel.

Este atribulado bloguero debe confesar que no entendería la vida sin llevar este sentimiento en su interior. 

Que le resultaría muy extraño vivir sin haber conocido lo que significa querer al Pontevedra CF y haber reído al compás de sus triunfos y llorado con sus fracasos.

Que identificarse con su camiseta, con su escudo, con su historia, es una de esas cosas que está tan cosida en el interior de mi corazón que ya no podría entender lo que me rodea, ni lo que me rodea entenderme a mí, sin llevar a gala el orgullo de permanecer como socio a esta familia desde que era un niño muy pequeño.

Por eso cuando pasan cosas como la de este pasado Domingo en el campo de O Vao, lo primero que alcanzo a sentir es algo parecido a lo que debe experimentarse cuando una afilada daga se clava en tu cuerpo y puebla de gélido dolor durante unos segundos al organismo que la recibe.

¿Cómo es posible que no se haya ganado este partido? ¿Cómo demonios nos volvamos con un empate que sabe a derrota después de haber sido, esta vez sí, muy superiores a nuestro rival?

Fue el Pontevedra CF inmensamente mejor que "ese club humilde" al que se enfrentaba en el espacio del campo que va desde un área a la otra y solo su torpeza a la hora de definir dos o 3 ocasiones de las "infallables" y, sobre todo, una actitud defensiva inexplicable en la prolongación, lo que propiciaron que otra tremenda decepción se adueñara de todos los seguidores granates en el momento de producirse el empate a 2.

Jugó el Pontevedra CF como hacía casi dos meses que no lo hacía. Lo hizo con empate a 0, perdiendo 1-0 e incluso ganando ya 1-2.

Movió la pelota con una velocidad, una alegría y una frescura que recordó a la que teníamos cuando enlazamos muchas victorias seguidas y se minimizó a un rival que venía lanzado, que no quiso que casi nadie de Pontevedra estuviera en sus gradas y que celebró como un título un empate que en muchas fases del partido ni imaginaron que podrían llegar a alcanzar.

Ni el penalti inicial fallado por Brais frenó ese juego vistoso de los granates. 

Ni tampoco lo paró la clara decisión de su rival de esperar y tratar de hacer daño con una contra (es fácil decir en entrevistas que no, que se va a atacar y luego hacer lo contrario sobre el césped) y haberlo conseguido a través de un centro en el que jamás debió permitir nuestra defensa que el balón llegara al segundo palo.

Ni el fallo de otras ocasiones en las que a veces el poste u otras la indecisión impidieron sacar rédito.

En esta ocasión el Pontevedra sí parecía que había decidido que el tiempo de las "bromas" había terminado y que se tenía que ganar ese encuentro por lo civil o por lo criminal.

Y esa decisión se puso sobre el tapete al comienzo de la segunda parte en la que el equipo empató, se puso por delante y no sentenció porque Rufo falló lo infallable en una dejada preciosa de un descomunal Brais en el 2º tiempo, al no lograr embocar el balón cuando solo un jugador de campo se encontraba bajo palos de la portería viguesa.

Aún con ese error que aguó un poco el fenomenal inicio de la segunda parte granate, el Pontevedra siguió controlando y llegando al área contraria aunque no ya con tanto peligro (a excepción de otro lanzamiento al larguero, esta vez de A.Rubio) y no parecía que el Coruxo pudiese reaccionar.

Sin embargo, el rival hizo sus cambios y alrededor del minuto 75 (coincidiendo más o menos con un gran lanzamiento de Alex Ares que a punto estuvo de significar la igualada) el partido comenzó a girar un poco.

No es que el Coruxo se mostrase superior en ese último cuarto de hora pero sí que se veía una pequeña pérdida de control del Pontevedra que ya no dominaba tan a placer la situación.

Quizá (y solo quizá, porque hablamos de fútbol ficción), el cambio de Rey por Yelko hubiera sido más efectivo de haberse realizado 10 minutos antes y hubiera ayudado al equipo a tener más presencia y fortaleza en el medio. Quizá. 

Quizá esos tres cambios tan postreros contribuyeron a cierto desorden del equipo pues a esas alturas poco iban a poder cambiar en la dinámica. Quizá. No lo sé.

Lo que sí sé es que el Pontevedra no puede defender así de mal una prolongación del tiempo reglamentario ni el Domingo pasado ni nunca.

Se hayan efectuado dos cambios, tres o dieciocho.

Ya antes del empate, el Coruxo estuvo a punto de igualar en una opción en la que hasta 3 remates pudieron hacer dentro del área, resultando especialmente llamativo el tercero de ellos por la pasividad desquiciante de hasta tres defensas nuestros que permiten rematar a un rival no entrando su balón de verdadero milagro.

Luego llegó el mazazo. Pero ese mazazo llega por algo. No podemos engañarnos. No llega de una brillante acción individual ante la que no hubiera quedado más remedio que resignarnos. 

No.

El gol se produce después de que primero Seoane vaya a una anticipación temeraria dejando expedita la banda derecha de nuestra defensa. Una vez producido el centro, nos encontramos a un Churre sorprendetemente corriendo hacia nuestra portería y no bien situado. Por ello intenta un despeje estrambótico de espaldas que no hace sino empeorar la situación. Luego Araújo (alguna vez pondrá un buen centro?, por cierto) bascula para intentar tapar el agujero de Churre y para tapar el que se crea en la izquierda no llega a tiempo Diz que no puede impedir el remate a gol del jugador del Coruxo.

Un desastre defensivo que no se debería cometer nunca y más en ese minuto y más en ese partido.

Decía más arriba que nada más empatar ese "club humilde" contra el que nos enfrentábamos, sentí como el filo de una daga dejándome frío el organismo. Sí, es verdad.

Ahora, tan cierto como en ese momento quise que se me tragara la tierra, también confieso que tardé poco tiempo en "sacarme" de encima la dichosa daga y pensar en el futuro inmediato.

El U. Adarve llega el Domingo a Pasarón. 

Repito, el U.Adarve llega el Domingo a Pasarón y lo hace con 6 puntos de renta pues tampoco fue capaz de pasar del empate la jornada pasada.

¿Qué significa esto?

Muy claro. Que sí somos capaces de ganarles aquí los tendríamos a 3 puntos con todavía siete partidos (21 p. por jugar).

Adrmás, aun ganado por un gol, el golaverage general nos es favorable por varios goles y esos 3 puntos serían reales y no serían 4 en la práctica.

Estamos ahí todavía. 

El Domingo marcará nuestro futuro de cara a optar todavía por ese anhelado ascenso directo.

Es ese día en el que tenemos que centrar nuestros esfuerzos. 

Es el Domingo cuando el Pontevedra puede y debe quitarse el disgusto de los dos puntos perdidos en O Vao en un partido que nunca se debió dejar de ganar.

Desconozco si el Pontevedra hará algo especial desde dentro. No soy muy optimista al respecto pues en el momento en el que esto se escribe ya es Martes después del mediodía y ninguna novedad hay sobre el particular  

Otros colectivos, por fortuna si se están moviendo.

Podcast que harán previas especiales desde el mediodía del Domingo abiertas a la gente lo que constituye una idea maravillosa, agrupaciones de seguidores que animan también dicha previa con otras iniciativas...

El Domingo debe ser el día y la hora de nuestro equipo que a pesar de esos incomprensibles errores ante el gol y sobre todo atrás, recuperó la alegría de su fútbol en Coruxo y eso debe hacernos sentir optimistas.

Y es la hora de la gente, de la afición, del corazón del Pontevedra CF.

Estoy firmemente convencido que ninguno de los dos va a fallar este Domingo a las siete de la tarde.

Pocas veces el lema "Pontevedra nunca se rinde" puede verse plasmado de mejor forma sobre el Estadio Municipal de Pasaron. Sobre la hierba y sobre las gradas. 

Y después de ganar todo se verá mejor, más cerca y más posible.

Hala Pontevedra¡¡


      

martes, 15 de marzo de 2022

Hay que mejorar, en el campo y fuera de él.

 El Pontevedra ganó, que es lo importante pero volvió a disputar otro partido con altibajos en los que algunas fases decentes (las menos) se alternaron con otras tan malas y preocupantes como las que viene protagonizando el equipo en el último mes y pico de competición.

Salió mejor que otras veces el conjunto granate y ya en el primer minuto disfrutó de una falta en la frontal que a punto estuvo Rubio de convertir en el primer gol.

Duró ese arranque esperanzador alrededor de diez minutos hasta que la monotonía, la lentitud y el juego errático que ya conocemos volvió a reinar sobre ese césped del Estadio de Pasarón cuyo estado sigue generando una sensación de verdadera lástima.

Una vez asentado el rival, cerrada la salida de pelota de Yelko y otorgado más espacio a una banda izquierda por la que Araújo sigue sin aportar en ataque demasiadas cosas, los minutos empezaron a pasar, la Segoviana a llegar más aunque sin producir ocasiones claras y este atribulado bloguero a pensar que otra vez podría complicarse el resultado.

No fue así, sin embargo, porque al filo de la media hora Yelco se pareció a Yelko, envió un pase filtrado a Rubio y el portero castellano, cuando el interior derecha ya estaba un tanto escorado, decidió hacerle un penalti tan claro como ingenuo que abrió al Pontevedra las puertas de la victoria.

Una vez transformada la pena máxima por Brais (pena máxima, por cierto, que es muy probable no hubiera sido pitada por el árbitro del Marino que como ya todos sabemos necesita para señalar penalti un cadáver ensangrentado tendido sobre la hierba), el partido volvió a cambiar y el equipo encontró esa velocidad y frescura que tanto añoramos y que resultan imprescindibles para abandonar esta categoría.

El balón rodó más deprisa, la "K" de Yelko alcanzó un trazo más grueso, Alex mejoró, Seoane y Rubio percutieron más y mejor por la derecha... 

Vamos, que mejoró tanto la cosa que se produjo incluso la novedosa circunstancia de que el Pontevedra encontrase el segundo tanto tras un saque de esquina siendo el primer extrañado el propio balón que parecía no creerse tal peculiar acontecimiento mientras ejecutaba su parábola en dirección a la red tras certero cabezazo de Brais Abelenda.

Creo recordar que es el tercer gol que el Pontevedra transforma a balón parado (sin contar penaltis) después del logrado por Rey ante el Coruxo y Romay ante el Salamanca UDS, demasiado poco bagaje para una 2RFEF en la que dominar ese arte, tanto en ataque como en defensa, se antoja casi imprescindible.

Por desgracia la segunda parte no sirvió nada más que para el bostezo e incluso a veces la preocupación salvo en un par de ocasiones en las que alguna acción aislada sacó del sesteo general al personal asistente.

El Pontevedra CF "mamoneó" sobre el césped, es decir, dejó correr los minutos sin hacer prácticamente nada e incluso pudo complicarse la vida si la Gimnástica hubiera transformado un uno contra uno contra nuestro portero cuando todavía quedaba bastante trecho de segunda parte.

Por suerte, Cacharrón rechazó el balón con una de sus manos en una intervención notable que impidió a un rival que siempre lo intentó acortar distancias y probar los nervios de los granates.

También pudo marcar el equipo visitante en los minutos finales tras el saque de un córner pero el remate de cabeza del atacante castellano se estrelló contra el larguero dejando claro una vez más (y van muchísimas ya) que el Pontevedra tiene inmensos problemas para defender con solvencia esas jugadas.

¿Por nuestra parte en esa segunda mitad?

Sobre todo esa irritante incapacidad para acertar con el pase indicado que convertiría un robo de balón en una contra venenosa.

Ya ha pasado más veces pero es que resulta realmente desalentador observar como no se elige casi nunca bien la opción correcta o en ocasiones, cuando sí se llega al área rival, se quiere transformar el fútbol en saltos de trampolín con sus mortales, medio tirabuzones y demás adornos cuando lo más sencillo y práctico es rematar a portería cuando la ocasión aparece y no ejercitar la danza clásica ni giros gimnásticos en ese momento en que lo que hay que hacer es ser concretos y expeditivos.

Nos quedamos con dos acciones en esa segunda parte. 

La primera con una buena acción ofensiva en la que sí se encontró el timing perfecto para enviar a banda y centrar al área y en la que Yelko envió un bonito remate por encima del travesaño.

La segunda es la jugada del tercer gol. En ella se produce el robo y Romay acierta con el pase a un Rufo en posición dudosa que tras avanzar y hacerse un control demasiado largo tuvo la calidad y el acierto de levantar el balón por encima del portero y redondear un resultado con más goles que verdadero juego por parte del Pontevedra.

En esa acción, al igual que en Carballiño, Rufo demostró que no necesita mucho para hacer gol pero a fuer de ser sinceros, es justo reconocer que su partido no fue nada del otro mundo y que no se le ve todavía con esa exuberancia física y ese carácter con el que llegó a enamorar a gran parte de la parroquia granate. 

Es normal tras una lesión tan larga y complicada pero ojalá este nuevo tanto conseguido el Sábado le ayude a mejorar y adquirir esa confianza que tanto necesita él en primer término y por extensión el equipo.

Y es eso, mejorar, lo que va a tener que seguir haciendo el Pontevedra el próximo fin de semana y los siguientes.

Tengo la sensación que lo expuesto ante la G.Segoviana no valdrá para salir airosos de la "trilogía decisiva" que se nos echa ahora encima.

Llegó ese punto de la temporada en la que ya no puede haber más excusas o más titubeos, por lo menos para alcanzar el puesto de ascenso directo.

El partido que nos llega en O Vao es de órdago. 

El Coruxo está lanzado, reinaugura además su campo y no querrá hacer en ningún caso prisioneros.

Es justo ahora el momento en el que nuestro equipo tiene que demostrar que está confeccionado para subir a 1RFEF.

Es este el instante en el que tiene que demostrar la personalidad suficiente como para entrar el Domingo al campo de su rival y plasmar sobre el terreno de juego esa seguridad que se exige y se necesita para sacar adelante un partido de esta naturaleza.

Habrá momentos complicados, evidentemente, pero habrá que saber sortearlos, sufrir y acabar por ser superiores a un rival que nos tiene muchas ganas y contra el que no cabrán tibiezas o esos "mamoneos"en los que parece que la cosa no va con nosotros.

Llega en definitiva el día en el que hay que estar bien los 90 minutos. 

El día en el que hay que saber el escudo que se lleva en la camiseta. 

El día en el que hay que meterse de lleno en el barro, mirar a los ojos al contrario y decirle que "hoy gano yo porque lo necesito como el comer".

Ojalá ese Pontevedra sea el que se vea en O Vao en unos días, gran parte de la temporada depende de ello.

La mejoría, no obstante, no debería notarse solo dentro del terreno de juego.

Contra la G.Segoviana a pesar del cambio de día y hora del choque (Sábado a las 19.00 h) el ambiente fue más o menos el mismo que siempre.

Se hace duro, es muy complicado acostumbrarse a ello, seguir escuchando prácticamente todas las indicaciones de jugadores y técnicos sobre el campo. 

Esas modestas rebajas de precios anunciadas por la entidad no surtieron apenas efecto y no solo por lo errático de su contenido sino porque ese desapego de tanta gente no se "cura" de un día para otro y necesitaría para ello de algo que este Consejo de Admon. ya ha demostrado que no puede ofrecer, cariño para su masa social continuado en el tiempo y no detalles que parecen ofrecidos como pequeñas migajas de pan que sobran después de una comida.

Nos enteramos ahora que el horario del partido contra nada menos que el U.Adarve vuelve a cambiar. 

Se recupera el tradicional Domingo pero a las 19.00 h.

Supongo que el motivo es el de siempre, "interés televisivo", pero ardo en deseos de comprobar la programación de ese día en el que jugaremos contra el líder para ver que acontecimiento ocupa en la tvg la franja de cinco a siete de la tarde.

Sinceramente, me encantaría un Pontevedra en el que a pesar de tener que cumplir con los compromisos firmados (faltaría más) como el televisivo, se explicara siquiera un poco a sus seguidores el cambio de los horarios aunque fuera una explicación superficial.

Me encantaría un Pontevedra CF en el que su denominada "joya de la corona", el equipo juvenil de División de Honor, no perdiera no uno sino dos partidos por alineación indebida en la misma temporada sin que nada parezca suceder en la casa granate.

Me encantaría un Pontevedra que no se escudase en una "estrategia consensuada de redes sociales" para justificar no hacer ni un guiño en el día de la mujer trabajadora cuando un mes antes sí se había hecho alusión en esas redes sociales  al "día de los enamorados" sin importar que el día anterior se hubiera cosechado en casa una derrota muy dolorosa. 

Me encantaría, en definitiva, un Pontevedra CF que no estuviera tan de espaldas a su sociedad, en el que no diera la sensación de que se gestiona el club para hacer un favor a la gente y no por ostentar el pleno convencimiento de que se puede crecer de verdad. 

En el que decisiones tan acertadas y positivas como las facilidades otorgadas a la marea granate para el desplazamiento a Carballiño no sean una excepción sino que, dentro de las posibilidades del club, se conviertan en habituales.

Leo justo antes de publicar esta columna que el Coruxo fija un precio único para el Domingo de 20 € para mayores de 15 años.

Que gran ocasión vuelve a tener el Consejo para dar un paso al frente y facilitar el desplazamiento a los seguidores granates que quieran ir a acompañar al equipo y alentarle sin descanso en un partido en el que vamos a encontrar de todo menos facilidades.

Que bonito sería volver a ver al final del choque esa comunión entre jugadores y aficionados celebrando una victoria trascendental.

Ojalá suceda. Nos va mucho en ello. 

   

   


martes, 8 de marzo de 2022

De abandonos de barcos, buenos partidos y demás historias

 El Pontevedra CF se nos ha derrumbado. 

No es algo nuevo, no es algo que no hayamos visto antes decenas de veces en otras campañas pero no por habitual deja de ser profundamente doloroso.

A lo largo de la semana pasada asistimos al "mantra" que al menos a este atribulado bloguero ya le causa un desaliento y un hastío difícilmente explicable.

Campo sintético, campo pequeño, campo estrecho. No habrá espacios, es otro fútbol, habrá que adaptarse.

Los mismos argumentos que hace diez años, que hace veinte años que hace hasta treinta años.

Faltaba el viento, eso sí, que allí por las Islas Canarias sopla muy fuerte pero que al parecer no visita tanto Asturias por lo que nos ahorramos sumar a Eolo a la retahíla de inconvenientes que el equipo tendría que afrontar.

El noventa y tanto por ciento de veces que se anuncia el "apocalipsis" y las tremendas dificultades que esos estadios "dejados de la mano de Dios" van a suponer para el Pontevedra, el pronóstico funesto se cumple y el equipo regresa a nuestra ciudad "con el rabo entre las piernas" y con el saco de excusas aprendidas que podrían resumirse en la conocida frase: "No hemos venido a luchar contra los elementos".

Pasaba en 2ªB, pasó también en 3ª y como no iba a ocurrir también en esta 2ªRFEF.

Yo no quiero ni debo engañarme.

El Pontevedra fracasó estrepitosamente en Llanera. 

Que se haya jugado el partido en un presunto "futbolín" artificial no puede ser justificación posible para un nuevo ejercicio de impotencia de un equipo que de manera sorprendente se ha venido abajo y ha empezado a poner en riesgo una vez más el único objetivo de esta temporada, salir de esta categoría para precísamente dejar de tener que disputar encuentros en escenarios de esas o parecidas características.

Lo que no se debe hacer nunca en ningún partido pero menos en uno como el de Llanera se hizo, encajar un tanto nada más comenzar en una jugada en la que vuelve a defenderse de verdadera pena un balón parado rival.

¿De qué vale tener luego el balón permanentemente sin hacer daño de verdad al contrario? De nada.

Y lo que resulta menos de recibo es argumentar después del choque que "habíamos llegado mucho al área asturiana con muchas aproximaciones de peligro y que se había hecho un buen partido".

Hombre, si el campo era tan pequeñito, lo normal es merodear la zona de castigo rival y más si vas perdiendo. 

Ahora, que las ocasiones hayan vuelto a escasear y que no se pueda sacar la conclusión clara y concisa de que el Pontevedra haya sido mucho mejor que su rival ya es suficiente indicio para saber que lo que se produjo el Domingo fue otro naufragio granate y este de una importancia bastante mayor que alguno anterior.

Vaya por delante que ya parece algo extraña la explicación de A. Rodríguez a su alineación inicial (Rubio fuera y Romay dentro como cambio más llamativo), en el sentido de afirmar que como el campo era muy pequeño buscaba acumular gente por dentro pues encontrar las bandas iba a ser muy complicado.

Y digo que me parece extraña la tesis del técnico leonés porque si no había margen para buscar las bandas no me quiero ya ni imaginar los espacios que habría por la zona central del terreno de juego.

Pues nada. Como había poco sitio, a Rey y a Yelko e incluso a Brais que a veces se mueve por ahí, les sumo a Romay para que los atascos de la M-30 se queden en juego de niños comparado con la parcela central del Pepe Quimarán.

Y este ingenuo bloguero se pregunta algo que no sé si algún otro aficionado granate también lo hace.

En un terreno de juego tan particular y con esas dimensiones y contando en nuestras filas con dos de los mejores cabeceadores de la categoría, Rufo y Charles, es normal no encontrar esa "adaptación al medio" buscando la manera de surtir de pelotas a estos dos por arriba para que tratasen de perforar la portería local?

Es lógico potenciar el juego por el centro en detrimento de la bandas por muy estrecho que fuera el campo? ¿Fue acertado volver a retrasar al lateral a Alex mermando su capacidad ofensiva de desborde y centro? ¿ Es lógico precisamente en este partido sentar a Rubio que podría desequilibrar por la otra banda o encontrar algún lanzamiento de falta como en Carballiño? Resulta de verdad creíble que se puede ganar en un campo como el del Llanera sin centrar balones a nuestros puntas y con esa desesperante fragilidad del Pontevedra en el balón parado defensivo y ofensivo? La adaptación al partido de verdad pasaba por juntar a Yelko y Romay precisamente este día?

Sea como fuere, el caso es que el partido se fue muriendo poco a poco y el Pontevedra se fue desangrando con él, sin que desde el banquillo hubiera otra vez alguna reacción palpable para tratar de cambiar la manija del choque.

Que se hagan solo dos cambios y uno de ellos en el 89 (el primero en el 72, no se crean) deja bien a las claras que no hubo capacidad desde la banda para cambiar nada.

Que eso haya sido porque al técnico le estaba gustando lo que veía? Si fuera así tenemos un claro problema. ¿Qué haya sido por la evidente cortedad de la plantilla que muchos vemos aunque se niegue por el propio entrenador y el Director Deportivo? Pues vaya usted a saber.

Antes del final y para empeorar las cosas, Charles protagonizó una acción injustificable al protestar con demasiada vehemencia al colegiado que le sacó la tarjeta roja a falta de unos diez minutos para el final.

Los nervios son los nervios, la impotencia de ver como se iban tres puntos vitales seguro que influyó pero un jugador con la experiencia y el pose del brasileño no puede hacer eso, no puede caer en ese error.

No es ya haber mermado aún más a su equipo en el tramo final del partido sino la previsible sanción que le caerá y que nos dejará sin su concurso en encuentros vitales y eso es un lujo que no se puede permitir el Pontevedra CF.

Me llamó la atención, por cierto, con respecto a la expulsión la distinta reacción del entrenador granate a este claro error del delantero a la que tuvo con Alex Glez cuando fue expulsado contra el Leganés B en casa.

Quiero pensar que ese diferente tratamiento se debe a la compresión por parte del técnico del error que supuso su exagerada reacción contra el capitán en su momento dejándolo casi a los pies de los caballos.

Quiero pensar, insisto, en que se debe a eso y no a la identidad del jugador que en esta ocasión sufrió la "cruzada de cables".

La conclusión verdaderamente preocupante del bochorno del Pontevedra en Llanera es que el equipo está fatal.

Que no hubo recuperación en Carballiño por mucho que se lograra la victoria.

En los últimos cinco partidos se han logrado cuatro puntos y solo se ha marcado frente al Arenteiro.

El equipo más goleador del grupo no ha hecho gol en cuatro de los últimos choques, ha creado poquísimas ocasiones y si exceptuamos el partido frente al Marino lleva encajando muchos partidos seguidos.

El Pontevedra ha perdido su frescura, su alegría sobre el césped y vuelve a parecerse a ese equipo apático e impotente de principios de temporada.

Ese y no otro es el problema. 

Qué el Adarve se ha ido otra vez a 6 puntos? Ya, pero es que pensar que no iba a ganar nunca era absurdo. ¿Qué nos ha cogido el Navalcarnero? Normal, con esta nefasta racha que llevamos.

Pero la cuestión no es ya la clasificación sino la deriva de un equipo que no encuentra soluciones para enderezar su rumbo.

No se trata ni de bajarse de barcos, ni de "angeletas" ni de historias semejantes.

Se trata de poner toda la carne en el asador por aquellos que pueden y deben hacerlo para activar de nuevo al equipo.

De esta manera no es que no se conseguirá subir directamente sino que en un hipotético play off seremos pasto de cualquier equipo medianamente serio que se nos plante bien en defensa y nos deje mover el balón sin peligro hasta que cometamos un error atrás que nos condene.

O se recupera la chispa, la velocidad, la confianza en sí mismo o este equipo va camino de volver a protagonizar otro cataclismo como el que ya hemos vivido la temporada pasada o alguna otra no muy lejana en la que con todo a favor nos fuimos por el precipicio cuando menos se esperaba.

El barco no lo abandona la poca afición que todavía queda. El barco lo están abandonando el patrón (callado como casi siempre), el capitán y los tripulantes que lo están dirigiendo contra los arrecifes de una manera desesperante.

En su mano está coger de una vez por todas el timón, volver a tener conciencia de donde están y pilotar y manejar la nave con la diligencia con la que se estaba haciendo no hace tanto tiempo.

Todavía esos arrecifes no están encima pero ya no están lejos.

El riesgo no es solo no subir este año sino que la nueva "enfermedad crónica" del Pontevedra CF que antes se llamaba "2ªB" pase ahora a llamarse "2ªRFEF" y a fe que esa enfermedad cuenta con síntomas todavía más molestos e incapacitantes que la anterior. 


 

lunes, 28 de febrero de 2022

Ópera seria, ópera bufa.

Vaya por delante que no he ido nunca la ópera.

Hay quien dice que de esa primera vez depende que la ames para siempre o que nunca más quieras volver.

El caso es que en la primera mitad del siglo XVIII, los napolitanos (que siempre han tenido más humor y mala uva que sus vecinos del norte de Italia) tuvieron la idea de crear un género operístico que tratase temas más mundanos, más de andar por casa y con mucho más humor que la denominada en contraposición a ella, a partir de ese instante, "ópera seria". 

Esta navegaba entre mitos griegos y romanos a menudo farragosos y complicados de entender o bien narraba episodios históricos del tiempo de "carracuca" que solo interesaban a unos pocos y no al común de los mortales.

Nacía, en consecuencia, la ópera bufa y con ella la introducción de lo cómico y de temas más mundanos y cotidianos en el género operístico.

El partido de ayer disputado en un silencioso Pasarón (bueno, silencioso del todo no pues unos 15 aficionados de Luanco que es de suponer debieron viajar hasta aquí en tres coches particulares se encargaron de poner algo de colorido en el ex vetusto) no se podría clasificar realmente ni en el lado "serio" ni en el "bufo".

Habría que recurrir a un género ecléctico de la ópera en la que los dos primeros actos discurrieran por ese lado tradicional en el que se relatan tragedias de los múltiples dioses a los que adoraban griegos y romanos ( y que, seamos sinceros, suelen aburrir bastante al "personal" no especializado) y en cambio el tercer acto constituyera una auténtica genialidad del género bufo con un protagonista destacado sobre el escenario que acabó por conquistar al público asistente al espectáculo con su interpretación gloriosa de un papel digno del más renombrado comediante de farsas.

Vayamos, no obstante, por partes.

El primer acto, como ya se ha dicho resultó especialmente tedioso en el anfiteatro granate de Pasarón. Es cierto que el único que buscó animar un poco la tarde fue el equipo asturiano del Marino que salió al campo con la intensidad, la colocación y la motivación que se espera de un conjunto que se está jugando la vida por abajo en la clasificación.

Disputó el Marino unos 25 primeros minutos de juego en los que fue netamente superior al Pontevedra. 

Gozó de una clara ocasión para marcar a través de un tanque con dos cañones que tenía arriba de nombre Steven e incluso pudo tener un penalti a favor en otra jugada del tal Steven que se desembarazó de los dos centrales locales con una facilidad pasmosa y cayó dentro del área en una acción que en el campo pareció penalti pero a la que el árbitro, que ya quiso dotar a este primer acto de alguna nota de humor, no le pareció objeto de pena máxima.

El resto de la primera parte siguió transcurriendo con un equipo visitante más metido y mejor colocado que el Pontevedra pero sin llegar ya con tanto peligro a las proximidades de Cacharrón.

¿Nosotros? Pues aunque sea doloroso decirlo, seguimos mal durante todo esa primera mitad. Incapaces de generar peligro, sin encontrar en ningún momento las bandas y chocando una y otra vez por el centro con el muro bien organizado del Marino de Luanco.

La segunda parte no cambió demasiado el decorado hasta el comienzo del tercer acto de la ópera lo que no sucedió hasta casi el final del ese segundo tiempo.  

A Ángel Rodríguez no debió parecerle tan horrorosa la primera parte pues su decisión fue no realizar ningún cambio tras el descanso. Y lo cierto es que el partido siguió desarrollándose de la misma forma que los últimos 20 minutos de la primera. Un Pontevedra con más balón (al bajar un poco el ritmo de la presión asturiana que en la primera parte había sido bestial) pero completamente incapaz de generar ocasiones de gol.

También en este segundo acto existió un toque de humor pero no fue el colegiado esta vez quien lo protagonizó. Sí lo hizo, en cambio, el veterano Lora que aún a pesar de ser uno de los mejores (sino el mejor) jugador sobre el césped, le regaló en ese episodio cómico un balón de gol a Alex Glez tras pifiarla en una cesión a su portero pero el capitán estrelló la pelota contra el cuerpo del arquero desaprovechando el "gag" con el que Lora quiso amenizar la tarde.

Luego salió Rufo que no encontró ni un solo balón para rematar en buena posición y que estuvo algo dubitativo en algún barullo formado en área asturiana. 

Llegó después, en un nuevo adelanto del rapto de humor que nos esperaba, un gol anulado a Charles por presunta falta previa de Yelko sobre el portero que pareció muy rigurosa y que ya colocó al público de Pasarón en la tesitura de dejar de llorar por los dioses antiguos y empezar a descojonarse con las tribulaciones de un segoviano peculiar.

A falta de un cuarto de hora, el técnico granate volvía a acordarse de que tenía cambios y decidió enviar a la ducha a un gris Yelko y dar entrada a un todavía más gris Romay

Justo antes del tercer y último acto de la tarde ( el bufo), pudimos ver la mejor y quizá única jugada de mérito del Pontevedra CF. Balón en el área, pase precioso de Brais a Charles y remate de este al palo largo que se fue por muy poco en una acción que debió (como la de Alex) acabar en gol.

A partir de aquí se acabó lo serio.

Déjense los lectores de este atribulado bloguero de pensar en Zeus, Poseidón, Hera o Atenea. O en Júpiter, Apolo, Minerva o Diana.

No, aproximadamente en el 85, comenzamos a vivir un corto pero intenso tercer acto metidos de lleno ya en el más genuino y napolitano género bufo.

Como titular al acto postrero? 

Lo dejo al libre albedrío de los lectores del blog pero yo propondría algo así  como "El segoviano del pito, ni tenor ni soprano".

Resulta especialmente incomprensible como en ese minuto 88 y con lo bien colocado que estaba nuestro "prota" no viera como un defensa asturiano arrollaba (creo que se puede utilizar este verbo) a un Brais Abelenda que caía dentro del área objeto de un penalti al que Luis Aragonés habría calificado de catedralicio. 

"In situ" la acción ya pareció desde la grada un penalti evidente pero viendo por la tele el lance y observando también donde estaba situado el colegiado, se hace realmente inexplicable que no señalara de inmediato el punto de penalti.

Luego nuestro pinturero segoviano siguió con su interpretación extraordinaria haciéndose un lío con las ventanas de cambios ya utilizadas por el Marino.

Hasta 5 minutos, sin exagerar, pudo estar el partido parado mientras el "segoviano ilustre" consultaba con su inefable asistente si la sustitución podía o no realizarse.

"Ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no. Finalmente sí. Que se haga el cambio y que salga el sol por Antequera".

Entre medias, tarjetas por doquier, carreras desde mediocampo con barbilla en alto y ademanes desafiantes.. 

Verdaderamente un escándalo del humor que "hizo las delicias" del respetable hasta el final de un partido en el que al Pontevedra se le marchaba una gran oportunidad de ponerse a un punto del líder y en el que A. Rodríguez no tuvo a bien ni sacar unos minutos a Oier (como debe estar el navarro) ni al futbolista más alto de la plantilla, J.Rey, para tratar de sacar rendimiento a los córners forzados en el descuento.

Por que esa y no otra, la desaprovechada oportunidad, es la noticia mala de la tarde de ayer.

¿Qué fue penalti? Como un piano de grande.

¿Qué el gol anulado es muy riguroso? También es verdad.

Ahora. ¿Qué el Pontevedra disputó una primera parte indefendible desde todo punto de vista? Pues lo cierto es que sí.

¿Qué en la segunda hasta aproximadamente el último cuarto de hora tampoco hicimos casi nada? Otra verdad, por dolorosa que esta resulte.

El Pontevedra había cosechado dos derrotas seguidas (Leganés y Bergantiños) que nos preocuparon no ya por los puntos sino por la imagen.   

A mí personalmente, la primera parte de Carballiño me gustó y en ese momento creí que ese bache de juego se estaba rebasando.

La segunda parte de ese partido contra el Arenteiro ya volvió a "mosquearme" pero desde dentro se alegó que fue por la relajación de verse con uno y luego dos jugadores más sobre el césped.

Por desgracia, la mayor parte del encuentro jugado ayer vuelve a ser un indicio de que el equipo no ha recuperado esa frescura y ese juego que tenía hasta hace un mes.

Es verdad y en eso estoy de acuerdo que en las segundas vueltas las dificultades de todos los partidos se acrecientan pues todos los equipos cuentan con menos margen para conseguir sus objetivos y los choques tienden a igualarse y a ser más complicados.

Todo eso es verdad.

Pero también lo es que el Pontevedra CF no puede salir al terreno de juego como lo hizo ayer Domingo frente al Marino. ¿Qué el rival aprieta? Sí. ¿Qué tiene sus virtudes? Vale. Pero nosotros también las tenemos y debemos volver a enseñarlas con mucha más asiduidad.

No puede ser que durante casi toda la primera parte el equipo que parecía más intenso, más concentrado y más motivado fuera el contrario.

No puede ser que en esa primera parte y un buen tramo de la segunda el equipo no haya sido capaz de dotar al juego de un mínimo de velocidad, de ritmo, de intensidad por muy encerrado que estuviera el Marino la última media hora.

Creo realmente y ya lo he dicho en muchas ocasiones que este equipo puede y debe subir a 1ªRFEF. 

Y además sigo pensando que lo va a hacer.

Ahora, el camino no puede ser en ningún caso ni el de la segunda parte en Carballiño ni el de los primeros 75 minutos de ayer.

Así no. A sí es posible que toda la temporada vuelva a tirarse por el sumidero.



 

martes, 22 de febrero de 2022

Tacones, conejos y expulsiones

Hacía 21 partidos de Liga que el Pontevedra CF no estaba tan cerca del U.Adarve.

Después de la disputa de la segunda jornada del campeonato, los madrileños cogieron cuatro puntos de ventaja que fueron incrementando poco a poco aprovechando el mal comienzo liguero granate.

Hoy, los tenemos a 3. 

Están, por tanto, a tiro de piedra si tenemos en cuenta el enfrentamiento directo que tendrá que celebrarse entre los dos equipos en el Estadio Municipal de Pasarón.

Y no es que el Pontevedra haya rebañado una cantidad de puntos mucho mayor en estos primeros cinco choques de la segunda vuelta que en los cinco primeros con los que arrancó el torneo.

Los granates solo sumaron 4 de los 15 puntos que estuvieron en juego en las cinco jornadas iniciales viéndose por ello obligado a realizar un trabajo constante de "hormiguita" para remontar poco a poco puntos con los de arriba.   

En los mismos encuentros de la segunda vuelta ha sumado 7 de 15, lo que no podemos afirmar sea un botín extraordinario en cuanto a la puntuación, a lo que debe sumarse que ha encajado 2 derrotas cuando en en ese tramo de la primera vuelta solo perdió un partido.

Lo que no estaba en el guión, por lo menos de este atribulado (y en ocasiones pesimista bloguero), es que nuestro principal rival iba a mostrar debilidad en su propio terreno de juego en el que se había mostrado infranqueable en la primera parte del campeonato.

Sus derrotas ante el Palencia- Cristo At. y Real Avilés (esta última contundente y sin paliativos) nos han dado vida y una ración extra de oxígeno que nos ha venido muy bien para sobrellevar ese bache en el que había caído el equipo.

Escribía hace aproximadamente una semana que los jugadores del Pontevedra CF necesitaban tranquilidad, pensar juntos y recordar los caminos que le llevaron a recuperar el rumbo y colocarse segundo en la tabla clasificatoria a base de ganar partidos.

Que en sus piernas tenían, sin duda alguna, los recursos suficientes como para detener la "hemorragia" de las derrotas ante Leganés y Bergantiños pero que no había demasiado tiempo para que se encontraran a sí mismos pues la competición es inclemente y no suele esperar demasiado a que las ideas vuelvan a surgir.

No obstante, el Pontevedra que salió al difícil campo de O Espiñedo ante una nutrida y apasionada presencia de seguidores granates, fue ese equipo fiable y seguro de sí mismo al que nos habíamos llegado a acostumbrar y no ese conjunto nervioso y algo desnortado de Butarque o de la segunda parte del día del Bergantiños.

Ante un rival que sabía que la mejor manera de hacer daño al Pontevedra era esperar ordenado atrás y estar atento a cualquier robo de balón que les permitiera salir en peligrosas contras, el Pontevedra apenas concedió errores y supo aplacar la energía e intensidad de un Arenteiro que, no lo olvidemos, llegaba al partido en racha.

Es cierto que el equipo "verde" gozó de una gran ocasión en el único error defensivo granate en el primer tiempo pero Uxío (ojalá su lesión sea lo menos grave posible) mandó por encima del larguero un cabezazo en muy buena posición para marcar después de un centro medido desde la banda izquierda carballiñesa.

Pero el Pontevedra CF tocaba el balón con más sentido a pesar del irregular estado del césped que nos recordó que no solo en Pasarón el balón se asemeja más veces a un conejo corriendo por un campo que a un esférico desplazándose por una alfombra verde.

Llegó el 0-1 en un saque de banda sacando con picardía y rapidez y tras ese tanto el Pontevedra tuvo a su merced durante quince minutos a un rival que acusó el golpe y que no fue capaz de frenar el juego granate.

En ese tramo de partido el Pontevedra debió "machacar" y hacer algún tanto más que diera tranquilidad pero como ya ocurriera en la primera parte frente al "Bergan", se desperdiciaron varias llegadas en superioridad clara a las que habría que haber sacado bastante más rentabilidad.

Y fue en el momento en el que el Arenteiro parecía haberse asentado algo más de nuevo sobre el campo y el Pontevedra haber calmado algo su ímpetu, cuando llegó la primera expulsión local.

Es Adrían Cruz un jugador con una calidad incuestionable y en Pontevedra lo conocemos bien aún a pesar de que por unas cosas u otras aquí no haya terminado de tener continuidad. Esa continuidad que sí tuvo en otros grandes equipos y en categorías superiores donde ha desarrollado una apreciable carrera.

Pero siempre ha sido también Adrián un jugador de corazón un tanto caliente y esa circunstancia volvió a traicionarle un poco en la acción que le costó ver la roja.

Falta sobre Alex Glez en medio campo, otra falta en la misma acción y para rematar, mientras ambos caían, bota con los tacos a uno de los gemelos de nuestro capitán. No creo que esa acción pueda calificarse de dolosa pero sí de negligente y así debió apreciarlo el árbitro que estaba muy cerca y que le indicó el camino de los vestuarios.

Y nada más quedarse el Arenteiro con 10, llega la acción del 0-2 justo antes del descanso que allanaba muchísimo el camino para la segunda parte. 

Seoane, transformado por un instante en Cafú o incluso Sócrates (brasileño genial de los años 80 que llegó incluso a tirar algún penalti con el tacón), se encontró con un balón suelto en el interior del área tras un lanzamiento desde la frontal y conectó su tacón con el esférico, en un recurso genial, para desviar la trayectoria de aquel e introducirlo dentro de la portería del Arenteiro.

Lejos de lo que se podría pensar (con 0-2 arriba y jugando contra 10) el Pontevedra CF no disputó ni mucho menos una buena segunda parte.

Quien más quien menos pensaría que el partido se desarrollaría con el guión del principio del mismo, es decir, con un Pontevedra en posesión de la pelota y un Arenteiro tratando de aprovechar las opciones que el rival le dejara teniendo en cuenta su inferioridad.

Lo cierto es que no fue así. El balón fue del conjunto local y el Pontevedra empezó a confundir lo que significa control del partido con relajación e incluso alguna dosis de paseo.

No hubo ocasiones muy claras ni el equipo se vio superado por su rival en exceso pero creo que sí se puede afirmar que no se notaba demasiado la superioridad numérica sobre el campo y que jugadores como nuestro admirado Alex Fdez y ese buen futbolista llamado Zanelli acumulaban cada vez más balón.

Son además estos dos centrocampistas muy buenos lanzadores a balón parado y (sin exagerar) en algún momento la imagen de los últimos minutos de Carballo en al primera vuelta pasaron (siquiera de rondón y solo por unos instantes) a través de mi cabeza.

Sin embargo, a falta de 20 minutos para el final un balón largo para A.Rubio obligó a Pol Bueso a estorbarle lo suficiente para tirarlo al suelo cuando el jugador granate encaraba al portero en buena posición. 

El árbitro que era asturiano (sí, asturiano) no dudó en sacar tarjeta roja al central ex granate y dejar al Arenteiro con 9.

Menciono el origen "astur" del "trencilla" pues no es habitual que un colegiado de esas latitudes pite de manera tan correcta y benigna al Pontevedra con lo que deberíamos recordar esta circunstancia como una efeméride gozosa y digna de ser recordada. 

Al escribir esto último, por cierto, me acuerdo de los "cabreos" legendarios de algún periodista de la ciudad que narraba los partidos del Pontevedra y que siempre nos sacaba una sonrisa entre la desesperación de las decisiones arbitrales.

Y sí la cosa ya se ponía "fetén" por jugar contra 9, más pintiparada se puso con la maravillosa conversión de la falta en gol por parte del propio Rubio que desde una posición más indicada para un lanzador zurdo, conectó su derecha para hacer un tanto precioso que liquidaba de manera virtual el partido.

Y digo que lo liquidaba de manera "virtual" porque después del 0-3 y de manera totalmente sorprendente, al menos para el que esto escribe, el Pontevedra jugó un cuarto de hora realmente horroroso.

Veamos, desde el 0-3 y con dos jugadores menos, el Arenteiro consigue ganarnos la espalda por nuestra banda izquierda y forzar un córner. Dicho córner es fatalmente defendido y acaba en el 1-3.

Pero es que además el Pontevedra simplemente se limitaba a jugar la pelota entre los dos centrales y cederla a su vez a Cacharrón que enviaba el balón largo hacia la nada.

El Arenteiro además del gol, gozó de un par de faltas laterales que nos subieron realmente las pulsaciones y marcó otro gol que fue anulado por un fuera de juego que sí lo pareció, aunque las tomas no eran las más idóneas para certificarlo.

Este panorama en el que el Pontevedra, no es que confundiera ya control con relajación, sino que pareció simplemente pasear en agradable tarde por Carballiño, terminó con una jugada por la derecha que acaba en los pies de Rufo en la frontal del área y con un lanzamiento ajustado del "9" para hacer el 1-4 y con otra jugada ya al borde del final de la prolongación en la que el espíritu de Cafú volvió a adueñarse de un genial Seoane para enviar al fondo de la red un derechazo potente y bonito que ponía el 1-5 final en el marcador.

Se ponía así fin a la hemorragia del equipo que tan preocupados nos tenía los últimos quince días.

Que la herida cicatrice convenientemente dependerá que el Pontevedra siga en los próximos partidos con la buena línea de la primera parte en Carballiño y evite por todos los medios pasajes de atolondramiento y "desaparición" experimentados en la segunda parte contra los "verdes".

Que decir de lo sucedido tras el final del choque.

Ver esos vídeos a través de las redes sociales de los jugadores dirigiéndose al sector de la grada en la que estaba nuestra gente me resultó especialmente emotivo.

Emotivo porque resulta vital  la comunión perfecta entre plantilla y afición.

Emotivo porque quizá esté prendiendo de nuevo una llama que adquiera con el tiempo más fuerza y calor para convertirse en una nueva versión de la tan añorada "marea granate".

Y emotivo porque evoca la posibilidad de volver a repetir esta unión y alegría en un tramo final de Liga en el que el equipo necesita como el comer del apoyo de su gente tanto fuera como en casa.

A partir de ahora, se me antoja crucial pronunciar constantemente y tener siempre en mente una frase más antigua que el propio fútbol pero que ha sido acuñada en los últimos años por un enorme entrenador azotado por los medios tradicionales deportivos por haber osado desafiar un estado de cosas en cuyo interior el poder estaba realmente cómodo.

"Partido a partido" y no salirse de esa línea.

Por tanto, Marino, Marino y Marino.

Un equipo asturiano, por cierto, que está inmerso de lleno en la lucha por la permanencia (que es para ellos su "ascenso") y que no regalará absolutamente nada en Pontevedra el Domingo que viene.

Centrémonos solo en ganar al conjunto de Luanco y confirmar la recuperación y confianza del equipo.

Ojalá se haga con más gente en las gradas del ex vetusto.    

  

martes, 15 de febrero de 2022

TODO SALDRÁ BIEN

Siempre que se pierde un partido de manera inesperada y más si el choque resulta trascendente, lo único que me sale, lo único que me pide el cuerpo, es quedarme sentado en la butaca mientras las gradas (ya de por sí demasiado vacías durante el juego) se van quedando completamente huérfanas de aficionados.

Al mismo tiempo que los seguidores se marchan, elevo la mirada del suelo y veo a los futbolistas abandonar cabizbajos el "césped" tras recibir algunos aplausos de una afición que ni siquiera reaccionó a la derrota con música de viento o exhibiciones de tenor frustrado.

No. Esta vez, la gente se marchó del estadio más en silencio que nunca. 

Preocupada, algo sorprendida y, creo, preguntándose si otra vez más se nos iba a caer el equipo en la fase más importante de la temporada.

Hasta hace un par de jornadas nos ilusionábamos con un equipo que sin enamorar con su juego, ganaba los partidos con más o menos solvencia y parecía haber desterrado por completo los fantasmas de un comienzo de Liga errático y desalentador.

El que esto escribe, más atribulado esta vez que nunca, no entiende demasiado bien las razones por las que nuestro Pontevedra ha disputado dos partidos seguidos en los que al margen de no conseguir marcar (solo había pasado una vez en los primeros 19 partidos ligueros), ni siquiera ha disparado entre los tres palos apenas una vez en Leganés y otra hace un par de días frente al Bergantiños.

Después del partido jugado en Butarque, la sensación con la que terminé es que el equipo no había sido él mismo. Que no se había encontrado, que no había alcanzado ese ritmo de pelota con el que muchas veces acaba por desbordar a los rivales.

"Era en Madrid", me decía- y ya sabemos lo atolondrado que sale el Pontevedra en la capital ya juegue a las 11 de la mañana o a las ocho de la tarde.

"Un partido malo puede llegar en cualquier momento"- me repetía mientras ni imaginaba el sorprendente resultado que el Palencia- Cristo AT iba a cosechar al día siguiente en el campo del Adarve y que a la postre nos consoló, al menos en parte, de nuestro naufragio en Leganés.

Lo más importante de lo ocurrido frente al filial blanquiazul no había sido la derrota sino nuestra incapacidad para hacerles daño jugando contra 11 y luego contra 10 y eso era lo que no podía volver a repetirse.

No voy a decir, porque no me ajustaría a la verdad, que el Pontevedra mereció perder contra el Bergantiños.

Ahora. Podría decir con total convencimiento que mereció ganar el partido por lo demostrado a lo largo de los 90 minutos? Sinceramente, tampoco podría afirmar tal cosa.

Y eso que la primera parte no fue demasiado mala.

El equipo sí encontró los caminos sobre una hierba destrozada para alcanzar el área carballesa en numerosas ocasiones y evitar que el contrario nos llegase con verdadero peligro a nuestra zona de castigo.

Y eso que el choque ya venía con sorpresa desde el comienzo por las ausencias imprevistas de Araújo y, sobre todo, de David Soto.

Aún así, en defensa, el equipo no sufrió demasiado en la primera parte y Pacheco que debutaba (tampoco estaba citado Santos) cumplió con el cometido que tenía, aún a pesar de un par de indecisiones que él mismo pudo resolver.

Decía algo más arriba que el Pontevedra lograba llegar con asiduidad al área del Bergantiños pero posiblemente su torpeza y su oscuridad en esa zona crucial del campo pudo constituir la primera razón para el mazazo que vendría al final.

No se puede llegar con superioridad tantas veces a una zona tan peligrosa y desbaratar todas las acciones, una por una, por estar rematadamente mal en centros aparentemente asequibles; o por hacer un control de más cuando lo que tocaba era lanzar a portería; o por perderse en florituras o regates absurdos antes de ser concretos y machacar al rival cuando realmente está siendo superado.

En esa primera parte el Pontevedra fue claramente mejor y solo su negación y su querencia (no es la primera vez) a perderse en filigranas o, dicho vulgarmente, por querer meterse con la pelota dentro de la portería como cuando éramos niños, impidió que algún gol subiera a su casillero y facilitara en gran parte su labor.

A pesar de esa desesperante actuación en los últimos 20 metros de campo, la primera parte no presagiaba todavía el desenlace final y por lo menos el que esto escribe, pensaba que en alguna acción tras el descanso nos dejaríamos de zarandajas y "caralladas" varias y lograríamos marcar ese gol salvador.

Me equivoqué.

La segunda parte, con un Bergatiños replegado y esperando su oportunidad, ya empezaba con la entrada en el césped por parte carballesa de dos de sus mejores hombres en ataque, Cano y un Escobar que desde el primer instante ya dio muestras de su peligro y su saber hacer en el cuerpeo con centrales y protección de balón.  

No sufría, sin embargo, atrás todavía el Pontevedra pero tampoco llegaba ni mucho menos con la fluidez del primer tiempo a las proximidades del área rival.

Se forzaron algunos córners que pusieron de manifiesto nuestra escasa peligrosidad en ese lance, se intentó penetrar en la defensa rival pero la mayoría de esos intentos morían sin demasiados problemas en un entramado defensivo bien organizado por el equipo de Lemos.

Con el paso de los minutos llegaron nuestros cambios que lejos de mejorar, empeoraron al equipo.

Se fue Rufo (no estuvo bien el "9" pero no sé si se ganaba más "protegiendo" su físico durante los veinte minutos que restaban que es lo que se hizo, que aguantándole en el campo por si de una vez por todas llegaba ese centro decente que pudiera encontrarle) y entró Diz que nada aportó salvo un lanzamiento flojísimo en el 83 que constituyó la única vez que el portero rival tuvo que coger una pelota.

También se fue Rubio (objeto de un penalti claro en la primera parte) y al que en absoluto mejoró un Oier completamente desdibujado. Y tambíén se marchó un Yelko incapaz de encontrar resquicios en el embudo planteado por el "Bergan" en la segunda parte, al que sustituyó Romay que apenas apareció en el cuarto de hora final.

Lo peor es que el rival ya enseñaba algo sus uñas con el paso de los minutos y un extraordinario hasta en dos ocasiones Churre tuvo que intervenir para evitar dos acciones de muchísimo peligro elaboradas a la contra por el Bergantiños.

Hasta que llegó ese minuto 90. Ese balón largo que esta vez sí se come Churre y ese choque de trenes entre Rey (que jugaba atrás desde la entrada de Román por Pacheco) y Escobar. Pelean, cuerpean, los dos se van al suelo pero el punta visitante se levanta con mucha más velocidad y agilidad para hacerse con el cuero, fusilar a Cacharrón y dejarnos completamente fríos y en silencio.

Tras el varapalo he leído a gente que sabe de esto tratar de argumentar alguna causa táctica o estrictamente futbolística para encontrar razones a este bajón.

Uno de esos argumentos es que el Pontevedra CF juega mejor con un punta que con 2. Puede ser cierto pero también es verdad que a principios de la Liga ya jugábamos con un punta y el equipo no arrancaba hasta que precísamente pasó a jugar con dos delanteros.

Otro es la posición más retrasada de Alex debido a la baja de Araujo y que le quita chispa y profundidad al conjunto.

También puede ser verdad pero lo cierto es que tras las 5 primeras decepcionantes jornadas el "sacrificado" fue el propio Araújo y Alex pasó a ocupar el lateral de la banda izquierda. Y con él en esa ubicación el equipo también fue capaz de empezar a ganar partidos.

Que si Brais debe tener más libertad (aparatoso, por cierto, el vendaje con el que el ex compostelanista jugó la primera mitad y que deja entrever que es posible que no pase por su mejor momento físico) y no anclarse en banda izquierda.

Y también es razonable opinar así aunque el Domingo pasado, en la segunda parte, ya no estuvo Brais tan fijo en esa posición sino abarcando más espacio de ataque y tampoco surtió efecto.

Todas esas razones que tratan de explicar estos 15 días de pesadilla cuenta, insisto, con la lógica y credibilidad suficiente como para quizá estar colaborando al bache pero, en mi opinión, la razón más poderosa, la que nos ha lastrado en exceso en estos dos choques es posible que esté más en el "coco" que en las piernas o el lugar que ocupa cada futbolista sobre el campo.

Hace dos días, la impresión que generó el equipo desde el comienzo de la segunda parte fue la de un grupo con exceso de nervios y precipitación cuando quizá tocaba usar la cabeza para encontrar el modo de derribar el muro contrario.

Al no tener un equipo demasiado punzante y peligroso a balón parado y no contar, además, con espacios de ningún tipo por causa de la tupida y bien engranada defensa visitante, el Pontevedra chocó su cabeza contra ese muro una y otra vez estrellándose casi siempre en la malla que por el centro urdió acertadamente el Bergantiños.

Apenas intervino Seoane, que reaparecía, y cuyas asistencias desde la derecha han sido una fuente importante de beneficios para la cabeza de Charles en partidos anteriores.

Esa posesión más pausada que a veces desespera si no se hace con sentido es a lo mejor lo que sí habría resultado más lógica en la segunda parte del otro día.

No una posesión "sobadora" sin sentido y sin pretensión de ningún tipo pero sí un manejo de balón inteligente para encontrar esas vías de entrada por las bandas conseguidas a base de "picar piedra" con la pelota el tiempo que hiciera falta y que ya hemos visto otras veces en las que el rival se nos ha encerrado atrás.

Faltó, creo, paciencia y sobró ansiedad y tener siempre en la cabeza el empate del Adarve y que se iba otra posibilidad de recortar puntos.

Al final, ocurrió lo contrario y en dos partidos en los que el Adarve sumó un solo punto, su diferencia con respecto a nosotros ha subido de 5 a 6, al margen de que el Compostela nos vuelve a apretar por detrás.

Es hora de que el equipo se tranquilice. Que piense, que reflexione y que todos sus miembros en conjunto se rearmen y encuentren la reacción que debe ser inmediata.

No creo que a día de hoy lo que proceda sean los reproches o la desesperanza por nuestra parte.

Preocupación? Claro, faltaría más. Pero confianza en que el equipo cuenta con mimbres suficientes para recuperar la senda correcta, toda la del mundo.

Una vez mi hijo de 10 años me comentó su inquietud por un examen que tenía al día siguiente y sobre el que albergaba alguna duda sobre su desempeño en el mismo.

Había estudiado como siempre pero afirmaba que iba a ser muy complicado y que estaba nervioso.

Le contesté como mis propios padres habían hecho conmigo hace varias décadas cuando estaba en la misma situación que mi pequeño: Has trabajado como siempre, eres inteligente y por ello al final todo saldrá bien.

Esa frase, TODO SALDRÁ BIEN, es la que me gustaría decirles a los jugadores si tuviera la oportunidad de conocerles.

Calma, trabajo y confianza en que su fútbol volverá y los partidos caerán otra vez de nuestro lado.

Es cierto que la reacción debe ser inmediata porque los partidos se van agotando pero sigo insistiendo en que no podemos ni debemos caernos una temporada más. 

Que podemos hacerlo, que lo tenemos ahí y que todo acabará saliendo bien.