lunes, 6 de abril de 2026

Muchas certezas y mucha ilusión.

 Volvió la victoria.

Cuando más falta hacía; cuando la necesidad de regresar a la senda del triunfo se hacía casi inaplazable, el Pontevedra CF protagonizó un partido casi redondo mostrando esa serie de certezas que a estas alturas de la competición, tan cerca ya del final, sabemos que son las que han conducido al equipo a realizar esta campaña tan notable.

Algunas de esas certezas son intrínsecas a esta plantilla, a su forma de jugar, al hecho de saber potenciar sus puntos fuertes y tratar de disimular los menos buenos.

Otras son extrínsecas. Son aquellas que se relacionan de manera indirecta con el juego del equipo pero que no se pueden controlar por cuerpo técnico y futbolistas.

Entre estas últimas, quiero destacar la importancia del estado del terreno de juego de Pasarón.

No, el campo todavía no está bien, es evidente, pero el sábado pasado sí mostró, por lo menos, un aspecto decente y apto para jugar un poco a un fútbol que no sea mandar “melones” hacia el cielo y convertir el partido en un cuerpo a cuerpo.

Frente al Barakaldo ya se podía combinar, jugar por abajo. El balón rodó en muchas ocasiones como un objeto esférico y no encontró baches o incluso socavones por doquier que convertían en un martirio hacer un control decente y en una quimera tocar de primeras.

No es casualidad, ni mucho menos es casualidad, que el día en que el césped dejó de mostrarse como un patatal insoportable (aunque, insisto, todavía le falta para estar bien de verdad), el Pontevedra CF haya logrado volver a ganar.

El perjuicio que esta situación genera al equipo que cada 15 días debe jugar sobre una hierba así, (es decir, el nuestro) es enorme y superior a aquel que sufre el que solo acude al barrizal una vez por campaña.

Con este estado de cosas, con la pelota convertida ya no en una enemiga sino en una potencial aliada si se la trataba con el adecuado cariño, surgió la primera de esas certezas intrínsecas, la de que Yelko es un mediocentro como muy pocos en la categoría y que si puede manejar la situación a ras de suelo, el juego del Pontevedra gana una cantidad de enteros terrible.

Como muestra de lo anterior, la jugada del primer gol de partido. El pase de Pino en profundidad a Luizao hacia la banda derecha para que éste penetrase y buscase el centro mortal, se puede calificar de maravilloso y muy difícil de conseguir si en vez de sobre hierba se juega sobre terreno de corral.

En esa deliciosa jugada del 1-0 aparecieron dos certezas más.

La primera de ellas es más reciente. En opinión de este siempre atribulado bloguero, se ha puesto de manifiesto en el momento en que el juego del equipo se mostró espeso, plomizo e ineficaz para desatascar sistemas defensivos bien arropados.

Me refiero a la agitación de Luizao.

Es este un futbolista peculiar. Encara casi siempre y muchas veces fracasa. Arranca con velocidad de parado y bastantes veces complica al rival hasta que se le frena. Le cuesta alcanzar efectividad, es decir, cifras que legitimen sus actuaciones en forma de goles o asistencias pero cuando por lo que sea (por el césped, sí), pero también por el atoramiento del equipo en ataque que ha mostrado en varios partidos últimamente, sobre todo fuera de casa, la presencia de este futbolista durante un buen tramo de los choques se hace casi obligatoria.

Ayer marcó un gol que se anuló por una presunta falta en ataque que se suma al conjunto de “interpretaciones lechuguinas” que el equipo está sufriendo desde hace meses. Participó en el primer gol legal enviando ese centro medido para el remate y completó una hora de juego realmente positiva.

Eso sí, lo que debería solucionar Luizao para el devenir de una carrera que todavía da sus primeros pasos, es el tema físico. Un jugador con esa juventud no puede venirse a bajo cuando el reloj del partido ronda el minuto 60. Ese sí que es un punto clave a mejorar por el hispano- ecuatoriano.

Escribía más arriba que en esa jugada del 1-0 se evidenciaba otra certeza más (al margen de la categoría de Yelko y la chispa de Luizao).

Me refiero, por supuesto, al único delantero centro que tiene el Pontevedra CF y con el que está afrontando toda la segunda vuelta de la Liga, Alex Comparada.

Para el que esto escribe, estamos ante la sorpresa más agradable en el aspecto individual de la temporada.

Que un jugador tan joven y sin experiencia en la categoría esté ofreciendo este rendimiento resulta tan sorprendente como esperanzador, no ya para lo que queda de esta campaña sino para el futuro si los que mandan en la entidad no vuelven a dilapidar un talento que es nuestro como han hecho con bastantes que se han ido sin dejar un mísero euro en las arcas.

El movimiento del sábado, acudiendo al primer palo para conectar el derechazo y hacer el gol fue muy bueno pero también lo fue el incansable trabajo que realiza en la punta fajándose con delanteros que generalmente no acostumbran a hacer prisioneros y, en definitiva, sosteniendo la punta de ataque granate en solitario sin que exista en plantilla otro jugador verdaderamente “9” que le ayude o dé descanso cuando se necesita.

Tremendo el mérito de Alex Comparada.

Hasta ahora he hablado de certezas individuales (Yelko, la necesidad en este momento de Luizao o Comparada). A ellas se pueden unir aquella que evidencia que la mejor demarcación en la que el Pontevedra se reforzó para esta temporada es el centro de la defensa.

Lo de Montoro es un espectáculo en todos los sentidos, Bosch (que no pudo estar ante el Barakaldo) es otro central de kilates para la categoría y también demostró serlo Juanra antes de esa lamentable lesión.

Ahora, que el central que traes en invierno y que estaba sin equipo, cumpla como lo está haciendo A. Pérez, pone de manifiesto que en los últimos tiempos la entidad granate elige muy bien los centrales a contratar ( no olvidemos, en ese sentido, a Pelayo) .

Pero las certezas colectivas aparecieron y mucho también frente al Barakaldo.

El equipo vasco quiso la pelota y al Pontevedra no le molestó tal circunstancia. Controló bien el juego de ataque del rival que no pudo generar nada en el primer tiempo y presionó con acierto para transicionar y ponerse en ventaja en el marcador.

Ese Pontevedra que no amasa tanto la pelota hasta en ocasiones diluirse sino que espera ordenado su oportunidad de clavarle sus zarpas al rival es el que a mi más me gusta.

Está claro que ese plan no solo depende de uno mismo sino también del planteamiento del contrario que a veces te obliga a llevar el peso pero ese Pontevedra contraatacador resulta muchas veces temible.

Y después de marcar apareció, o mejor dicho, continuó aunque más afianzado por tener ya el marcador que quería, ese equipo solidario en defensa que se ayuda y trabaja a destajo para anular el trabajo ofensivo de su rival.

El Pontevedra CF ha perdido 6 partidos en esta Liga y en todos ellos encajó primero y no fue capaz ni de empatar. No han sido muchas las remontadas (entendiendo por tal llegar la victoria tras ir perdiendo). De hecho, solo una, en Balaídos.

En cambio, una vez el Pontevedra se pone por delante, la puntuación ese día está asegurada.

Solo en tres ocasiones (Mérida y Lugo en casa y Unionistas fuera) llegaron al empate tras marcar nosotros primero y este es un dato muy importante.

El sábado, el Pontevedra fue otra vez un equipo extremadamente sólido en el aspecto defensivo y fue capaz de contrarrestar el empuje de un Barakaldo muy físico, bastante alto y que nunca dejó de intentarlo.

Solo en una ocasión, muy cerca ya del final, pudo el conjunto vizcaíno disfrutar de una ocasión de gol, muy clara eso sí, en el único error defensivo del Pontevedra atrás, al tragarse Cuesta un balón a la espalda en un centro corrido que dio opción, tras la dejada de cabeza, a Valiño de fusilar a Marqueta desde cerca. No le pegó bien al balón el delantero baracaldés y ahí se fueron las opciones vascas de empatar el partido.

Un aspecto en el que especialmente rayó a gran altura el equipo fue en la defensa del balón parado. Fueron varios los corners y faltas botadas por el Barakaldo y todas ellas defendidas con oficio y concentración por los futbolistas granates.

Por contra, pudo sentenciar antes el partido el Pontevedra al conectar una gran “contra” alrededor del minuto 70 en la que Resende (que siempre aporta cuando sale) no pudo cristalizar en gol casi delante del portero.

Hubo que esperar hasta el último minuto para sentenciar.

Ya con el portero rival en área pontevedresa para intentar rematar la última falta lateral, el rechace de Marqueta lo recoge Alex González (ya mucho mejor el sábado que en sus dos ultimas actuaciones) que ve solo a Resende. Este, arrancando en campo propio, condujo la pelota hasta meterla a puerta vacía en la portería de fondo norte (por fin se ganó un sorteo) asegurando así una victoria vital en muchos aspectos.

Vital porque llega después de 7 partidos sin ganar y aunque desde dentro se negara, la inquietud a buen seguro estaba a empezando a reinar entre todos (también entre la afición).

Vital porque nos hace llegar a 46 puntos y conseguir de manera virtual una salvación que no olvidemos era el objetivo primordial.

Vital porque llega haciendo un gran partido, siendo el Pontevedra que a muchos nos gusta, lograda ante un rival que venía lanzado y que nos coloca bastante bien en ese sueño de alcanzar esa promoción de ascenso.

Y vital porque llega en esta semana de tres partidos y aporta al equipo las vitaminas de confianza y moral que a buen seguro necesita para afrontar otro partido complicadísimo en Getxo ante otro conjunto que viene en racha y que obligará a mucho al equipo.

Certezas, muchas certezas que si se reúnen en una coctelera se convierten en una mayor.

Aquella que nos dice que el Pontevedra sigue compitiendo al máximo y que la ilusión que está generando entre su gente tiene un valor muy importante.

Ánimo al equipo y a competir de nuevo contra el Arenas.




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