Hace varias semanas, en los días previos al comienzo de la Liga 26/27, reflexionaba sobre lo complicado que resulta hacer una gran campaña cuando, siendo generosos, debes cambiar media plantilla con respecto a la que se tenía el año anterior.
Argumentaba en aquella
columna y sigo sosteniendo a día de hoy, que el campeonato de Liga 25/26
realizado por el Pontevedra CF fue tan meritorio como inesperado.
Al margen del cambio
del cuerpo técnico, tan solo se quedaron seis o siete futbolistas de la temporada
24/25 y se tuvo que empezar prácticamente de cero y construir un equipo que tan
bien nos representó y que tan cerca estuvo de jugar play off de ascenso.
La estructura deportiva
del Pontevedra CF este pasado verano, ya delgada en carnes los últimos años,
menguó todavía más cuando nos enteramos que el director deportivo dejaba la
entidad por motivos personales.
A pesar de lo dicho por
la propia Presidenta a primeros de Junio, nadie ha venido a ocupar el lugar
dejado por Jacobo Maestre.
Con la comisión deportiva
compuesta únicamente por el entrenador y (es de suponer) por la máxima accionista;
con la enorme precariedad que arrastra el club en materia de instalaciones e
incluso con el indigno y deteriorado estado del césped de Pasarón, fuimos
comprobando como de nuevo más de la mitad de ese grupo de futbolistas que tanto
nos ilusionó se iban despidiendo en redes sociales.
Se tenía que empezar
otra vez casi de cero, no desde los cimientos pues sí se quedaron más futbolistas que en la
transición anterior, pero la
incertidumbre volvía a reinar, al menos, en el ánimo del que esto escribe y sé
que en el de bastantes aficionados más.
No obstante, el muy
buen trabajo del cuerpo técnico (que sí firmó la renovación para una temporada
más) la Liga pasada, era y sigue siendo el clavo ardiendo al que muchos nos
aferramos para enderezar una situación que a día de hoy es complicada pero que todavía
puede dar muchas vueltas.
Si algo caracterizó al
Pontevedra CF 25/26 fue su espíritu competitivo a prueba casi de bomba.
Lo extraño, lo muy raro,
era no ver al equipo metido en los partidos hasta el final y con opciones aunque
no se consiguiese arrancar algún punto en litigio. Las pocas veces que ese
espíritu no aparecía (alguna vez pasó), a la afición granate le parecía muy
extraño y siempre se rectificaba la semana siguiente para solventar cualquier clase
de duda.
El Pontevedra no
contaba con una de las plantillas más importantes desde el punto de vista económico
del grupo pero todo eso se suplía con trabajo, sentido común y una unión grupal
que sostuvo la esperanza del play off incluso hasta después del término del
torneo.
Titulé la columna
citada anteriormente como “Milagro 2.0” por la tremenda dificultad que
conllevaba repetir una Liga similar a la pasada cuando, por lo menos
aparentemente, la apuesta del club no parecía haber subido demasiado con
respecto a la anterior y por lo lejos que sigue el Pontevedra del
profesionalismo en muchos aspectos que en una categoría como la 1RFEF resulta
especialmente peligroso.
Aún así, había que empezar
a competir y el equipo no pudo empezar mejor saldando con dos victorias sus dos
primeros encuentros.
Desde entonces no se ha
vuelto a ganar. En las siguientes cinco jornadas, se acumulan dos empates y
tres derrotas.
La consecución de
puntos, de victorias, es lo más importante. El resultado sigue primando sobre
todo lo demás porque son esos, los resultados, los que van a dictaminar en qué
lugar vas a acabar clasificado.
Sin embargo, al que
esto escribe, no le preocupa tanto (ojo, que sí lo hace) tener solo 8 de 21
puntos y verse ya al borde de los puestos de descenso.
Lo que más me preocupa
es la imagen que se ha ofrecido en varios de esos partidos jugados en casa y
que dista mucho de contener un ingrediente con que el Pontevedra de Rubén
Domínguez salpimentaba siempre con carácter primordial sus platos:la
competitividad.
Me cansé de escribir
que la segunda parte contra el Arenas era engañosa. Mucha pegada arriba pero
demasiadas ocasiones del contrario, un rival que ocupa la última posición de la
tabla.
La primera mitad del
Athletic B resultó dantesca. Acabó 0-2 y pudo hacerlo 0-4. Se mejoró después
pero fue imposible sacarse esa losa.
Hubo minutos, menos,
muy malos también contra la Ponferradina pero un buen final de partido ayudó a
equilibrar la balanza.
Lo que no puede ser. Lo
que resulta, esto sí, mucho más preocupante que la derrota en sí misma, es que
ayer contra el Mérida (por mucho potencial que pueda tener el conjunto
extremeño, que lo tiene) se haya vuelto a protagonizar una primera parte flojísima,
anticompetitiva en muchas de sus fases, rayana casi en lo intolerable.
Fue un primer tiempo en
el que parecía que un rival, el Mérida, militaba en una categoría superior y
eso no puede ser y menos en tu casa.
Ya en el minuto 2, el
equipo emeritense encontró en una jugada una autopista de cuatro carriles por
nuestra banda derecha defensiva que volvió a ser zarandeada un partido más.
Un futbolista rival penetró
hasta la cocina sin oposición pero su centro no encontró rematador por poco.
Era el primer aviso de lo que vendría después.
Un Mérida intenso,
concentrado y con delanteros fuertes y potentes al choque, empezó a sembrar el
pánico y a obligar a Marqueta a efectuar dos o tres paradas que evitaron que el
marcador se moviera más de una vez.
Cada balón aéreo hacia
Koné o Sophiane creaba un problema a los zagueros granates que en los primeros
minutos aguantaron el envite pero que fueron cediendo poco a poco ante la
presencia tremenda de sus pares, especialmente de Koné.
Llegaron balones
parados en contra y en uno de ellos un gol que se anuló al rival por un empujón
por detrás a Alba que existió aunque a veces no se pita.
El Pontevedra intentaba
sacudirse el dominio y la presión contraria pero solo lo consiguió en los
primeros minutos tras una buena arrancada de Ivorra que tardó demasiado en
asistir a Comparada.
El equipo, a diferencia
de lo ocurrido en A Malata, volvió a salir con Ilias por delante de Yelko e Ivorra
y con Elejalde en la izquierda y Luizao esta vez en la derecha.
En otras ocasiones, con
estos tres jugadores juntos sobre el césped, el Pontevedra ya había sufrido.
Realmente solo en la primera parte de Logroño no salió demasiado mal esta
combinación.
El ex del Xerez volvió a mostrarse incapaz de hacerse con algún balón, Luizao no fue ni la sombra del de
anteriores partidos y Elejalde tampoco apareció demasiado.
Ivorra hacía lo que
podía e incluso recibió una amarilla que le condicionó el resto de la primera
parte y Yelko navegaba sin rumbo en un partido que no podía gobernar.
Cada balón largo hacia
las proximidades de nuestra área era una preocupación y un duelo ganado por el
rival.
Por el contrario, ante la imposibilidad de
jugar por abajo, el Pontevedra dirigía sus pelotazos hacia Luizao o Elejalde
que como no podía ser de otra forma, perdían sus duelos imposibilitando que el
equipo se instalara en campo rival y provocando que cada vez el juego se
desarrollase más tiempo en el nuestro.
Con todo, el Pontevedra
llegó a la prolongación con el empate a 0 en el marcador pero todavía faltaba
el más grave tiro en el pié.
Saque de banda a la
altura del lateral derecho de nuestra área, quilombo defensivo de Ivorra, Alba
y Yelko y gol del Mérida que encontraba su premio en un regalo que el
Pontevedra nunca debió conceder.
Fueron 45 minutos que
terminaron con el 0-1 pero que a nadie de los presentes en Pasarón le hubiera
extrañado que hubieran acabado con un marcador más amplio para el conjunto visitante.
Tras el descanso, doble
cambio.
Jerín y Mba dentro.
Ivorra (supongo que por la tarjeta) e Ilias fuera.
El Pontevedra que en el
primer tiempo se movió en una especie de 4-2-3-1 o 4-3-3, dependiendo de la
ubicación de Ilias pero que en general estuvo bastante desordenado, pasaba a
ubicarse con una especie de 3-5-2 (con Elejalde metido al medio con Jerín y
Yelko) que no tardó en surtir algo de efecto.
Primero porque no es lo
mismo mandar balones aéreos largos (al margen de Compa que sí los puede pelear)
a Elejalde o Luizao que hacerlo a Mba.
No tardó ni 5 minutos
en hispano- ecuatoriano en luchar un par de balones cuerpeando y superando a su
par para dejarle claro al Mérida que no iba a vivir tan cómodo como hasta ese
momento.
Además, se encontró más
a Rui en el carril izquierdo y en el primer tramo de ese segundo tiempo se
colocaron algunos centros que obligaron al contrario a emplearse a fondo en los
despejes.
Extrañó que no fuera
Argos otro de los hombres elegidos para salir tras el descanso pues para jugar
así, con carriles largos, es un jugador muy útil para penetrar y meter algún centro
picante.
El siguiente cambio
significó el debut de Gaye que sustituyó a Luizao para ubicarse en banda
derecha, zona en la que apenas participó.
Con el cuarto cambio,
Argos por Elejalde, Gaye pasó a la posición de este último, es decir, más cerca
del área. En esa ubicación, sin hacer nada del otro mundo, sí se mostró más
activo y colaboró en generar algo de peligro al Mérida.
No fue una segunda
parte buena pero sí competitiva.
El partido dejó de
parecerse a uno de esos de Copa en el que juegan un equipo de superior categoría
frente a otro de una inferior y al menos se pudo probar al portero en un
cabezazo de Mba y se forzó por Elejalde una falta en el semicírculo del área
que Yelko no pudo convertir.
Luego llegó el 0-2 y ya
en la prolongación nuestro gol marcado por Gaye.
También hubo tiempo,
justo después del segundo gol forastero, para que un jugador granate saliera al
campo a darse un paseo de diez minutos.
No me gustó la actitud
de Omoregbe ni me sigue pareciendo razonable algún detalle de Jerín.
Insisto, se puede perder
pero lo que no se puede es dejar de poner sobre el césped todo lo que tengas ya
sea a lo largo de 90, 45 o 7 minutos.
La situación es difícil
pero podía pasar.
Cuando se cambia más de
media plantilla cada temporada ( la última vez que no se hizo se protagonizó una
campaña brillante); cuando traes mucha gente que debuta en la categoría; cuando
veteranos que llegan no están bien y futbolistas de poco más de veinte años
deben tomar más responsabilidades; cuando sigues caminado por una vía
excesivamente amauterista en los despachos y terrible en instalaciones, pues
hay veces que llegan los problemas.
Yo sigo confiando en
Rubén Domínguez y Adríán Abalo. Creo que tienen margen de sobra para que se les
permita seguir trabajando con dedicación y esmero para encontrar las soluciones
que lleven al Pontevedra al camino de las victorias.
Siempre teniendo en
cuenta que el objetivo con el que se ha salido otra vez es no perder
la categoría, detalle que no se puede olvidar.
Eso sí, salir con la
primera aspiración de llegar a 45 puntos no es óbice para que al equipo se le
exija más continuidad, más regularidad y mucho más rendimiento en lo partidos
como local.
No se puede negar que
se está dando algún bandazo desde el banquillo y las alineaciones de Ferrol y
la de ayer lo demuestran.
Hagámonos desde nuestra
situación de simples seguidores que evidentemente no tenemos los conocimientos
ni la posibilidad de ver cada día a los futbolistas algunas preguntas.
No deberíamos
decidirnos ya si merece la pena alinear juntos a Elejalde, Luizao e Ilias por
la energía física y defensiva que el equipo parece perder cuando eso pasa?
No serían algunos de
estos tres jugadores buenos revulsivos para las segundas partes en las que los
contrarios acusan más el esfuerzo y sus cualidades técnicas pueden aportar más
al conjunto del equipo?
Teniendo en cuenta que
estamos teniendo muchos problemas de consistencia defensiva en general, no
sería bueno al menos tener en la cabeza la posibilidad de devolver a Vido al
mediocentro junto a Ivorra para que Yelko pueda jugar algo más adelantado y
descargarse un poco de un excesivo trabajo defensivo?
Se lograría así una
mayor presencia en medio campo?
No será ya la hora de
dar la alternativa a Juanra, ya sea en defensa con dos o tres centrales, para ver si es capaz de dotar de seguridad a una
zaga excesivamente nerviosa y frágil en demasiadas ocasiones?
Es recomendable seguir
teniendo de entrada en el banquillo a un jugador como Mba que aporta potencia,
velocidad, versatilidad (pues pude partir en derecha) y altura al equipo y que
siempre ha mezclado muy bien con Compa haciendo crecer al equipo cuando se
juntan?
Llevamos solo 7
jornadas pero creo que el primer paso para la recuperación es ir estabilizando
un poco al equipo tanto en su forma de jugar como en los miembros de las alineaciones.
Y teniendo en cuenta,
ahora que van pasando jornadas y se puede analizar el rendimiento de los
futbolistas en competición,que la primera premisa debería ser que el equipo
compita a lo largo de todo el partido. Que desaparezcan en la medida de lo
posible las lagunas enormes que estamos teniendo. Que si no salen las cosas,
por lo menos que el equipo tenga la posibilidad de juntarse, agruparse, hacerse
fuerte y esperar a que el partido de la opción de progresar.
Vamos a ver qué pasa.
Dentro de seis días nos
visita el Cacereño y lo que a mí me gustaría es que el Pontevedra compita con
letras mayúsculas. Que sea eso, UN EQUIPO.