lunes, 19 de octubre de 2026

Bálsamo de Fierabrás o poción mágica?

Voy a empezar este escrito repitiendo algo que ya he dicho en bastantes ocasiones anteriormente.

Lo más importante para el que esto escribe como seguidor impenitente de un equipo de fútbol es ganar. Ganar siendo superior o inferior al contrario; Ganar jugando muy bien o hacerlo jugando muy mal; Ganar aunque sea de penalti injusto en el minuto 98 o con un gol marcado con el trasero en el 102.

Como también he comentado más veces en otras entradas, si se juega bien, se hace con orden y se cuenta con buenos jugadores esas victorias tendrán más posibilidades de hacerse numerosas y contribuir al logro de una buena temporada. Si de forma habitual se juega mal, sin una idea clara y con escasa competitividad, los triunfos escasearán lo suficiente como para convertir una campaña en mediocre o algo peor.

Hay momentos, además, a lo largo de una Liga que esa necesidad de ganar (que siempre está ahí por que para eso se juega) se hace más imperiosa, más acuciante, absolutamente imprescindible para aficionados y seguidores de un equipo.

El Pontevedra CF afrontaba el choque ante el Cacereño inmerso en una racha de 5 partidos sin ganar. Después de las dos primeras victorias en las dos jornadas iniciales del campeonato, el equipo empezó a pegar una serie de "bandazos" que se tradujeron en tres derrotas y dos empates. 

La situación clasificatoria, por mucho que falte todavía mucho, empezaba a apremiar y otro traspié en casa ante el cuadro extremeño significaría ahondar en una crisis clara de resultados y de juego amén de dar con los huesos granates en los puestos provisionales de descenso.

El campo está como está, es decir, todavía peor que en años anteriores por estas fechas por alguna razón que no se cuenta y jugar por abajo en Pasarón de manera continua y como plan principal de partido resulta una auténtica temeridad.

No me sorprendió, por tanto, encontrarme en la alineación del Pontevedra a Domingo Mba junto a Comparada. 

El equipo pedía a gritos, a auténticos alaridos sobre todo para los partidos de "fútbol playa", más agresividad, más potencia y más capacidad para entrar en la lucha física y cuerpo a cuerpo contra el rival.  

Si algo puede aportar Mba a este conjunto es mucha energía, posibilidades reales de ganar duelos con su par en los balones largos, ayudar en el balón parado que ayer se defendió muy bien, optimizar el trabajo de Comparada y aportar también velocidad si las circunstancias del partido permitieran explotar esta última baza.

Sí me sorprendió, en cambio, el centro del campo dispuesto por Rubén Domínguez para empezar el partido.

Ivorra, de lo poco potable en esa zona en los ultimos partidos, volvía al banquillo y era Jerín el que aparecía como guardaespaldas de Yelko en el mediocentro. Me chocó aún más que fueran Luisao (otra vez en la derecha) y Gaye los que ocupasen las bandas de la zona ancha.

Se decidía, en consecuencia, Rubén a apostar por un claro 4-4-2 en el que Vidorreta volvía a ejercer de lateral en una defensa de cuatro.

Y el equipo empezó bien, incluso muy bien, la contienda.

Con Papa Gaye muy activo por la banda izquierda y Luisao chisposo por el otro lado y Mba demostrando desde el minuto 1 que no hace falta ser un virtuoso de este juego para que su presencia, en el contexto en el que vive el Pontevedra en sus partidos de casa se haga muy necesaria, el equipo empujó y sorprendió en el primer cuarto de hora al Cacereño.

Llegaron algunos disparos desde la frontal y pronto ese penalti ,que es penalti, pero que a veces no se señala por no dirigirse la pelota al punto en el que Yelko era zarandeado por un zaguero visitante.

Pitó el penalti el ínclito Riesco que en esta ocasión (a diferencia de lo que ocurrió aquella tarde funesta en Ferrol) no se desdijo de su propia decisión tras examinar las imágenes de televisión.

Yelko marcó y todavía durante unos minutos el Pontevedra siguió apretando arriba y generando situaciones de peligro como una que acabó en falta al borde del área tras jugada extraordinaria de Luisao.

No obstante, tras los primeros 15 o 20 minutos, el Pontevedra fue perdiendo fuelle y su rival reaccionando ante su pasivo inicio de partido.

Empezó otra fase de juego en la que el equipo extremeño acumulaba posesión y el conjunto local, conocedor de lo complicado que resulta trenzar fútbol por abajo en su casa, esperaba a ver de lo oue era capaz de hacer su rival.

Fueron minutos, los bastantes que faltaban hasta llegar al descanso, que a mi particularmente no me gustaron.

No porque se entregara el balón al Cacereño para resguardarnos en defensa y sorprender (circunstancia que me parece lógica) sino porque no vi demasiada firmeza y contundencia defensiva en el Pontevedra.

Especialmente frágil me pareció el equipo cada vez que cogían fuera de posición tanto a Gaye como a Luisao generándose con ello situaciones de superioridad en las bandas que no costaron ocasiones claras pero sí acercamientos demasiado constantes y peligrosos del Cacereño que generaron incertidumbre y nervios en las gradas del estadio.

Fueron minutos en los que, además, el Pontevedra no logró construir contraataques que hicieran recular a su contrincante exceptuando una acción meritoria de Mba en el minuto final del primer tiempo y que Gaye con todo a favor no pudo cristalizar en gol.

En la segunda parte, a pesar de que el equipo siguió optando por entregar la iniciativa al Cacereño, los acercamientos visitantes fueron más escasos y el control granate sobre el juego, mayor.

Es verdad que el contrario generó una buena ocasión en la que no encontró remate por centímetros y que ensayó una vez el disparo desde lejos creando algo de inquietud. 

Aún así, el Pontevedra pareció estar más cómodo defendiendo y ello provocó que contase con varias transiciones en las que no encontró acierto para sentenciar el partido.

Mba dos veces, Luisao otra y Gil (que salíó por el hispano ecuatoriano) no acertaron en el área y el encuentro siguió vivo así hasta el final.

Con un triple cambio a falta de un cuarto de hora (Reda por un Alba otra vez con molestias; Elejalde por Mba y Argos por Gaye) el Pontevedra se colocó en un 5-3-2 con el que siguió controlando al Cacereño que no contaba con argumentos suficientes para crear problemas ni por abajo ni por arriba a un equipo granate con más confianza.

Llegaron casi al final las dos expulsiones extremeñas que casi cerraron el partido y dos ocasiones claras de Elejalde que no fue capaz de ver portería.

También hubo tiempo para un último cambio al que todavía no encuentro explicación a pesar de la que intentó dar el entrenador en rueda de prensa.

Gil, que como ya se ha dicho sustituyó a falta de media hora a Luisao, fue objeto de una falta cuando quedaba un minuto que propició además la segunda expulsión del Cacereño. Fue una entrada dura, es verdad, pero tras ser atendido el futbolista granate parecía estar totalmente recuperado y no necesitaba salir del césped por haber visto amarilla el defensa.        

Aún así, Ruben decidía agotar el quinto cambio sacando del campo al sorprendido futbolista y metiendo a Marcos Bravo.

El partido llegaba a su fin con el alivio de todos los jugadores, técnicos y seguidores granates que estábamos en el estadio.

La tarde deja, en mi opinión, varias reflexiones.

La primera es que Rubén sigue buscando la fórmula más adecuada para jugar sobre la arena de Pasarón.

Como ya he dicho más arriba, la presencia de Mba junto a Compa mejora al equipo. Por otro lado, las características ya conocidas de Luisao y las que empezamos a ver a Gaye, suponen que sea necesario trabajar a destajo para ver la manera de cohesionar esas cualidades con un buen esfuerzo defensivo para que el colectivo no se resienta en esa faceta.

En ese sentido, se sufrió en la primera mitad y algo menos en la segunda. Todo parece apuntar que esta temporada el Pontevedra cuenta con jugadores como los citados (Gaye y Luisao) pero también con otros como Ilias o Elejalde a los que también se le han visto costuras a la hora de defender.

Esa misión, la de buscar el equilibrio entre la calidad y magia de estos futbolistas en el aspecto ofensivo y la imperiosa necesidad de adaptar sus condiciones para la labor defensiva, parece una de las claves más importantes que tiene por delante el cuerpo técnico.

La segunda es que de la reacción de entrenador y jugadores al final del partido, no resulta difícil deducir el estado de nervios en el que se encontraba ese vestuario.

Cinco jornadas sin ganar son muchas y una sexta podría haber tenido malas consecuencias para un equipo que trabaja con ilusión pero que no obtenía fruto alguno sobre los campos.

No hay que olvidar, sin embargo, que el Cacereño que ha comenzado muy bien la Liga es un equipo cuya aspiración principal es la de no descender. Cuenta este equipo en sus filas con tres descartes del Pontevedra CF  que ayer fueron titulares.

Uno de esos descartes ya se remonta al equipo técnico anterior y es el caso de Toño Calvo que gustó aquí a pesar de la poca "bola" que le dio Yago.

Los otros dos, Conesa y Expósito, son de la temporada pasada.

No tiene el Cacereño ni el potencial económico ni las individualidades con las que cuenta, por ejemplo, el Mérida y ganar ayer para el Pontevedra resultaba vital para no ver como este equipo se le marchaba en la clasificación.

No hay que echar ni mucho menos, por tanto, las campanas al vuelo.

Todavía no sabemos si la victoria de ayer, vital por el momento en el que llegaba el equipo, no va a ser más que el bálsamo de Fierabrás con el que D.Quijote de la Mancha creía que curaría todos sus males y los de Sancho Panza para acabar con una diarrea y uno vómitos indescriptibles días después, o va a ser la poción mágica de Panoramix, que cada vez que es ingerida por los habitantes de la aldea gala (menos Obélix que se cayó en una marmita cuando era pequeño y cuenta en su organismo con sus efectos para siempre) , adquirían una fuerza que los hacían invencibles para sus enemigos.

Eso solo lo dirá el tiempo.

No me preocupa que el Pontevedra jugará ayer feo porque jugar feo no es incompatible con jugar bien. Lo que sí me inquieta es que hay fases (como parte del segundo tiempo de ayer) en los que no somos ese equipo muy fuerte en defensa que necesitamos ser.

Una tercera y última reflexión.

Ayer hubo pitos de parte de los casi 3.000 que éramos al final del primer tiempo.

No hay que olvidar que los nervios no solo los sufren los futbolistas sino también los aficionados.

Esos aficionados (los irreductibles si seguimos con la terminología de Axterix) que no dudan en acudir a Pasarón a pesar de que a 30 km y a la misma hora había fútbol de primera división.

Esos aficionados que también acumulaban cinco partidos sin ganar y que necesitaban la victoria tanto como sus jugadores.

Esos aficionados, en suma, que exigen,  sí (creo sinceramente que menos de lo que deberían), exigen que el Pontevedra muestre una mejor cara en esa parte final del primer tiempo pero que en los últimos 20 minutos de partido dejaron claro con su apoyo que los tres puntos esta vez no se iban a marchar a oro lado.

Es mejor la exigencia que la indiferencia e insisto creo que bastante poco se exige desde hace mucho al Pontevedra CF.

Enhorabuena a todos por la victoria.

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