martes, 21 de noviembre de 2023

Tú a Boston y yo a California

Existen varias versiones de una película cuyo título es “Tu a Boston y yo a California”, incluso alguna en la que se cambia el nombre de la capital del Estado de Massachusetts por el de Londres, la capital inglesa.

Yo la que más recuerdo es la de comienzos de los años 60. Quizá porque entre el reparto aparece una siempre maravillosa Maureen O Hara cuya presencia ante la cámara me dificulta bastante cambiar la cadena sea cual sea el film en que la genial actriz irlandesa aparezca.

El caso es que en esta película, dos hermanas gemelas que se creen hijas únicas y que, por tanto, desconocen la existencia de la otra, se encuentran por casualidad en un campamento de verano al que ambas concurren desde puntos tan alejados como la costa este y la oeste estadounidense.

Las niñas descubren con el paso de los minutos que fueron separadas desde muy poco después de nacer por causa del divorcio de sus padres y deciden intercambiarse sin decir nada a nadie para conocer cada una de ellas a la parte de la familia hasta ahora desconocida para ellas, causando el estupor cuando se descubre el “invento”.

Imaginemos ahora algo imposible. Imaginemos que el Pontevedra CF tuviera un “hermano gemelo” pongamos, por ejemplo, en Ponte Vedra beach, ciudad del estado de Florida con la que incluso creo ha existido algún acto de hermanamiento no hace mucho tiempo.

Sigamos con nuestro caso hipotético y pensemos que el Pontevedra no sabía de la existencia del Ponte Vedra y viceversa pero que se encuentran en algún torneo amistoso de verano, se sorprenden hasta el infinito por verse prácticamente idénticos y deciden intercambiarse por un tiempo para conocer el ambiente de su “gemelo”.

Lo que falta ahora es conectar el argumento de la película y estos personajes que acabo de inventar con el partido jugado por el Pontevedra CF ante el Arandina y debo establecer esa conexión antes de que cualquier lector de esta columna concluya que su autor se ha vuelto completamente loco.

En busca de esa conexión mencionada, comenzaré por decir que en los primeros 15 o 20 primeros minutos de encuentro el que hizo acto de presencia fue el verdadero Pontevedra CF.

Fueron esos minutos claramente anteriores a que los “gemelos” se conocieran, empezaran a atar cabos y tramaran y ejecutaran su plan de intercambio.

El Pontevedra, por tanto, empezó llegando con alegría ante la portería rival y marcando en la primera ocasión de la que disfrutó en el minuto 2 de encuentro.

Y antes del minuto 20, en otra llegada eléctrica del equipo, Yelko hacía un auténtico golazo al golpear como los ángeles desde fuera del área una pelota que entró como una exhalación hasta el fondo de la red burgalesa.  

A partir de ese momento es cuando me imagino a los dos hermanos gemelos empezando a ejecutar su original plan.

El Pontevedra a partir del 2-0 empezó a despistarse, a cometer errores impropios en la salida de balón y a empezar a hacer el equipaje para su viaje a Ponte Vedra Beach.

Primero Mario Gómez y luego Samu Mayo perdieron inexplicablemente dos balones en zonas peligrosas que provocaron dos ocasiones pintiparadas para el Arandina que una vez Edu y otra un poste evitaron que terminaran en gol.

En otra acción defensiva presidida por la relajación fue el árbitro el que indultó al Pontevedra al no señalar un penalti que pareció claro de Mario sobre un atacante rival.

Se sumió, en definitiva, el equipo en un sopor y una aparente dejadez insólita hasta ahora en la época Yago Iglesias.

Este atribulado bloguero barruntaba a lo largo del descanso que en el vestuario granate se debería estar hablando de cómo ordenar la salida de pelota desde atrás para sortear la presión adelantada contraria y también un poco de la confusión entre la tranquilidad o el control y una excesiva dejadez que podía llegar a hacer peligrar el resultado.

Nada más lejos de la realidad.

La fase más importante del plan de intercambio de los dos “gemelos” se plasmó tras ese descanso y como si se tratase de una verdadera película, los espectadores tendrían que estar ya descubriendo como el “hermano” gallego se había colado en la casa de Florida y como el americano se había metido hasta la cocina en el campo de juego de Pontevedra para jugar a algo más parecido al fútbol americano que al europeo.

Desde el primer momento, el equipo optó por el saque en largo como recurso principal actuando Edu como “quarterback” y  Rufo primero y Carlos López después como presuntos receptores.

La consecuencia es que no se ganó un solo balón por arriba (tampoco demasiadas pelotas divididas de las que iban a ras de suelo) y la posesión pasó a ser del equipo visitante no ya porque hubiera conseguido sacarle la pelota al Pontevedra sino porque este se la entregó directamente a su rival.

Es cierto que al no querer sacar la pelota como es habitual dejaron de producirse fallos groseros y el Arandina no dispuso de las claras ocasiones del primer tiempo pero también es verdad que sobre el césped se apreciaba que el equipo no estaba del todo cómodo y que un gol de los castellanos podría complicar bastante el panorama pues daba la impresión de que el Pontevedra no podría volver en esta ocasión a su modo de juego habitual.

Al margen de una ocasión muy buena de Dalisson que se fue fuera por poco, el Pontevedra no volvió a contraatacar con peligro hasta casi el final tras un gran pase de Yelko a Bastos cuyo remate se fue fuera.

Por el contrario, el rival solo encontró el peligro en ese lance del juego inmune a cualquier cambio de identidad que el Pontevedra pueda urdir (no ya con el Ponte Vedra Beach sino con cualquier otra ciudad), el balón parado.

En la primera parte nos remataron todos los corners y en la segunda también. En uno de ellos tras un primer cabezazo de un atacante, otro jugador rival empujaba el balón a las mallas  anulando el tanto el árbitro por un fuera de juego que sí lo pareció.

En esa decisión que pareció voluntaria del Pontevedra de entregarle el balón por completo a su rival por primera vez en casa (a excepción de los minutos jugados en inferioridad frente al Guijuelo aunque incluso en aquella ocasión se consiguió tener más la pelota que el Domingo pasado), pudo influir no solo la inseguridad manifestada de forma sorprendente en la primera parte sino también el estado del césped de Pasarón.

A ver. La hierba comparada con estas últimas campañas sigue bastante mejor pero tras este mes de constantes lluvias ya no es la misma que en los primeros partidos y da la impresión que esa pesadez del terreno de juego es acusada en exceso por el equipo.

A pesar de ello, por lo menos al que esto escribe, le llamó mucho la atención tanto el recurso al pelotazo constante (digo pelotazo porque no se conseguía en ningún caso sacar partido de ese recurso para el que no parece muy preparado el Pontevedra ya que la separación del equipo hacía también complicado que pudiera construir o progresar a raíz de cualquier dejada) como esa dimisión a la hora de defenderse con la pelota que por lo menos en casa había sido hasta ahora la primera alternativa usada por el conjunto de Yago Iglesias.

No sé si lo que sucedió es que el “hermano” de Florida del Pontevedra le suplantó durante unas horas mientras el verdadero Pontevedra disputaba un partido de golf en el reconocido campo de su ciudad homónima o que esta opción será a partir de ahora más habitual en lo que queda de Liga.

Ojalá se trate de lo primero o, si es lo segundo, se consiga hacer más daño a la contra; o se alterne la defensa sin la pelota con otras fases en las que se conserve más el esférico.

Otra de las afirmaciones de Yago en algunas ruedas de prensa es que desea que su equipo domine también otros registros y eso es una buena idea.

Lo que pasa es que el registro de la segunda parte fue demasiado diferente al que venía utilizando el Pontevedra hasta ahora y no se cambiaron matices sino casi el plan entero y por lo menos al que esto escribe no le transmitió el equipo la seguridad ni autoridad de otras veces.

Sea como fuere, lo más importante que es el resultado se consiguió y estos tres puntos dejan la diferencia con el Zamora en un solo punto al caer derrotados los rojiblancos en Torrelavega en el segundo partido de Liga en el que encajan goles.

Eso sí, el nuevo líder es el Ourense CF que está con dos puntos más que nosotros y que de momento se mantiene realmente firme en los puestos altos de la tabla.

Ahora llega el desplazamiento a Covadonga que ocupa el último puesto en la clasificación.

Ojo. Este equipo asturiano tuvo eliminado al Deportivo de la Copa hace un mes hasta el último instante del tiempo reglamentario en el que el equipo coruñés encontró un gol salvador que le llevó a la prórroga.   

Además, cuenta con gente alta y de envergadura que dará problemas en esos balones colgados cuya defensa le cuesta tanto al Pontevedra.

A pesar de que el terreno de juego no será el más adecuado para ello y que la condición de colista del rival podría hacer pensar que el partido puede ser fácil, el Pontevedra debe mostrarse, en mi opinión, algo más fiel que el otro día al estilo que le ha hecho reconocible (con todos los matices que quiera imponer Yago) y no convertir el partido en un “pim pam pum” en el que podríamos salir escaldados.

Ojalá el “hermano” americano se haya vuelto a EE.UU y el Pontevedra CF regresado a nuestra preciosa ciudad gallega en la que ha venido jugando muy bien al “soccer” y no a otra variedad del fútbol.    

martes, 7 de noviembre de 2023

Sequía entre temporales.

No resulta fácil explicar como el Pontevedra CF no acabó ganando el partido jugado hace un par de días frente al Rayo Cantabria y más aún escribir que estuvo a punto de perderlo.

 Quizá sea mejor describir la situación sin ambages y afirmar que el equipo ni puede ni debe fallar tan clamorosamente ante la portería rival y que tanta torpeza ante el gol debe ser (como así sucedió) justamente castigada en el marcador.

Solo en los primeros veinte minutos de encuentro el Pontevedra acumuló las suficientes ocasiones para haber dejado sentenciado el choque de haber materializado la mitad de las generadas en ese tramo.

Dalisson en dos o tres ocasiones, Alex o Bastos disfrutaron de oportunidades pintiparadas para marcar y en todas y cada una de las veces la pelota se negó a entrar entre los tres palos de la portería del filial racinguista.

Bueno, maticemos.

El balón sí entró una vez, allá por el minuto 6, tras un gran centro hacia el segundo palo por donde apareció tirándose en plancha Bastos para tocar la pelota en pugna con un defensa y dejarla muerta para que Rufo solo tuviera que empujarla al fondo de la red.

En el campo ya pareció que la jugada no ofrecía motivo alguno para su anulación pero viéndola por la televisión ni se aprecia mano o falta del menudo jugador de banda granate ni fuera de juego del mismo y tampoco de Rufo al golpear la pelota.

El caso es que el asistente dijo “nones” y, por tercera vez en cinco encuentros en casa, una decisión arbitral cayó del lado del rival llevando el enfado y la incredulidad a la grada.

Tan cierto es afirmar que ese gol de haber sido concedido hubiera cambiado radicalmente el panorama y facilitado mucho la victoria como injusto decir que el Pontevedra no ganó el partido por el árbitro.

Fueron demasiadas las ocasiones marradas y tan desesperante el desacierto ante la portería cántabra de nuestros futbolistas que culpar en exclusiva a ese despistado asistente de no haber vencido no sería del todo cabal.

Y es que el Pontevedra volvió a jugar muy bien en el inicio del partido. Volvió a encontrar ambas bandas con asiduidad ante el intento del contrario de taponar el medio campo e incluso superó ese atasco que proponía el Rayo encontrando a Yelko pero sobre todo a Dalisson en muchas ocasiones.

Pudo el hispano- brasileño coronarse en Pasaron de manera definitiva pues lo hizo casi todo bien sobre el césped menos lo más importante, acertar con alguna de las tres o cuatro opciones de gol de las que disfrutó a lo largo de los 90 minutos.

Después de la borrachera de ocasiones falladas en el primer tramo de encuentro, el rival se asentó sobre el césped e incluso llegó con peligro dos veces convirtiendo a Edu Sousa en protagonista positivo.

La primera en una pérdida que nunca debe producirse y en un pasillo por el centro de la defensa que propició un uno contra uno resuelto magistralmente por el meta con uno de sus brazos. Y la segunda en uno de esos lances que no acabamos de dominar como deberíamos, el balón parado. Falta lateral cruzada, remate al palo largo de cabeza y paradón de Sousa para evitar el gol visitante con rechace al poste incluido.

Esas apariciones en ataque del Rayo no amilanaron al Pontevedra que volvió a coger el timón del choque y a dotar de calidad y velocidad a sus acciones. Todo ello conllevó que antes del descanso se volviera a disfrutar de ocasiones clarísimas para marcar como una de Bastos cuyo remate con la izquierda se marchó lamiendo el larguero u otra en la última jugada de la primera mitad de Chiqui que envió incomprensiblemente fuera.

Creo no exagerar al decir que se había visto una primera parte de un 3-1 o un 4-1 que acababa con ese empate sin goles por la incapacidad supina que manifestamos  (asistente aparte) para cristalizar el buen juego en goles.

El segundo tiempo no empezó de una forma demasiado diferente. Quizá no asistimos a ese cuarto de hora o veinte minutos fulgurante del primer tiempo, es cierto, pero a los cinco minutos ya había Dalisson mandado un balón al larguero y en la grada ya empezaba a calar el mensaje de que ese no era el día y que no meteríamos un gol ni al mismísimo arco iris.

Siguió el Pontevedra llevando el peso del partido y llegando con mucha claridad a las inmediaciones del área cántabra. No vivíamos la sensación de partido de balonmano con posesiones largas e infructuosas realizadas a 35 metros de la portería contraria sino que la pelota llegaba con asiduidad a los extremos y la sensación de peligro y de poder marcar en cualquier momento permanecía sobre el terreno de juego.

Luego, llegaron los cambios de unos y otros.

Por nuestra parte, Yago decidió retirar a Bastos y a Chiqui (amonestado) para meter a Jaichenco y Carlos López.

Esto que voy a comentar a continuación es fútbol-ficción. Es posible que de haberlo hecho de otra forma el resultado tampoco hubiera variado y con él esa sensación insoportable de dos puntos perdidos que jamás deberían haberse escapado.

Pero lo cierto es que cuando vi movimientos en el banco y la inminencia de los cambios, el que yo me imaginé junto al de banda derecha que solo supuso un cambio jugador por jugador, fue el de Carlos Lopez “Charly” por Rufo para que tampoco cambiase nada en la ubicación del resto de piezas.

Sin embargo, Yago optó por Chiqui provocando ello que Dalisson se corriera a banda izquierda y Carlos López ocupara, más o menos, el puesto de aquel.

El Pontevedra siguió atacando y llegando a las inmediaciones del área visitante pero lo cierto es que no encontró nunca a Carlos López como sí encontraba a veces a Dalisson en tres cuartos y además dio la impresión que el hispano brasileño se diluyó algo en esa posición más cercana a banda.

Esos son los dos únicos cambios que Yago decidió efectuar y debo confesar también que en algún instante de la segunda parte me hubiera parecido interesante haber probado con Alex más arriba sacando a Zabaleta o a Hermelo en el lateral para que el capitán tratará de llegar con más frescura arriba e incluso en los últimos minutos, con un Samu Mayo amonestado y el rival sacando contras peligrosas, creí que se decidiría contar con el empuje y piernas frescas de Toño, algo que tampoco sucedió.

Que la plantilla granate es corta lo sabemos todos y así parece haber sido buscado por la dirección deportiva pero es posible que parezca más menguada en efectivos si los cambios, a veces, brillan por su ausencia.

Todas estas cuestiones son conjeturas porque lo cierto es que el Pontevedra jugó lo suficiente al fútbol con cambios o sin ellos para haber ganado el partido y haberlo hecho con soltura en el marcador.

Lo que pasa es que el fútbol es caprichoso y de lo que pudo ser una victoria cómoda que se estaba convirtiendo en un empate a cero goles, se corrió el riesgo enorme de haberse producido la derrota en dos contras clarísimas de las que disfrutó el R. Cantabria en los últimos minutos del partido.

Ambas fueron conducidas de manera exuberante por un delantero potente que salió en las postrimerías del choque. Sin embargo, en la resolución de las mismas, actuó como un juvenil.

En la primera ocasión, en la que se fue junto a un compañero para encarar a Edu, ni disparó cuando pudo hacerlo ni pasó cuando debía, desbaratando una oportunidad que no podía ser más clara y en la segunda vio como en el último momento aparecía Churre, en acción defensiva soberbia, para arrebatarle limpiamente el balón.

Después de fallarlo todo, de marrar ocasiones enormes, el Pontevedra acabó salvando un punto en esas dos jugadas en el que el castigo pudo ser mayor.

Y eso que Rufo en el último minuto de la prolongación tuvo la suya para evitarnos el disgusto pero remató de manera inocente y deficiente un balón suelto que le cayó en su cabeza cuando tenía toda la portería para él.

Me agrada bastante cada vez que escucho a Yago Iglesias o a los jugadores en las ruedas de prensa concedidas a lo largo de la semana, apelar constantemente a la necesidad de mejorar cada día y ser mejor equipo cada jornada, no puedo estar más de acuerdo.

En partidos como este el punto en el que hay que incidir para que se produzca esa mejora está claro, la eficacia y el acierto ante la portería rival. No desbaratar tantas ocasiones que luego te llevan a perder puntos muy dolorosos.

Eso es lo evidente.

Pero yo propongo dos facetas más en las que se puede mejorar bastante lo realizado el pasado Domingo.

La primera, la calidad de los centros una vez has llegado con ventaja a las bandas.

Como ya viene siendo habitual por la derecha, ni Bastos ni luego Jaichenco aportaron la lucidez suficiente en las bastantes veces que pudieron conectar esos centros en zonas de peligro hacia Rufo primero y hacia el madrileño y “Charly” después.

Tampoco llegaron esos buenos centros por la izquierda aunque eso sí suene a algo más excepcional por no ser frecuente que Chiqui y sobre todo Alex no encuentren ese toque adecuado para convertir esos pases en medio goles.

El Domingo, especialmente en el segundo tiempo, llegó a ser frustrante observar la cantidad de veces que se llegaba por las bandas sin conseguir efectividad alguna de esas llegadas.

La segunda cuestión a la que me refería es el balón parado en ataque.

No sé cuantos corners se sacaron hace dos días pero fueron muchos y tan solo en uno de ellos Mario Gómez pudo rematar en buena posición marchándose el balón cerca de un poste.

Creo que ahí sería bueno también hacer hincapié, mostrar más colmillo y más intención en los saques pues cuando el balón no quiere entrar fruto de jugadas bien elaboradas, el recurso del balón parado siempre puede sacarnos de más de un atolladero.  

Esos puntos que se salieron del capazo lastiman mucho. Lo hacen porque en casa hay que amarrar siempre los tres en disputa. Lo hacen porque el Pontevedra fue mejor y debió vencer con holgura. Lo hacen porque ya nunca más volverán.

Ahora, la herida del empate cicatrizará con el paso de los días y lo realmente importante, lo mollar, es que el equipo no acumule dudas.

Es clave que los futbolistas no se “rompan la cabeza” con los 4 de ventaja del Zamora o el gran inicio del Ourense que ya está por delante.

El camino a seguir está marcado y lo raro, de seguir jugando así, es lo que pasó el Domingo. Que no acabes ganando a pesar de tenerlas de todos los colores.

Mejorar en la definición, en el último pase, en el balón parado. Sí.

Continuar en esa línea de juego sin merma alguna de confianza y seguir creyendo a pie juntillas en que lo normal es que entre alguna de las muchas que se sigan generando, también.

Frente al Marino de Luanco, cuyos números dejan bien a las claras que es un equipo bien armado defensivamente, la paciencia y la mejora en el acierto ante el gol serán fundamentales para poder volver a la senda de las victorias.            

martes, 24 de octubre de 2023

"Memento mori"

En la Antigua Roma, cada vez que un general al mando de sus legiones conseguía un gran triunfo militar sobre las “hordas bárbaras” que aguijoneaban alguna de las fronteras del Imperio, o sobre ejércitos de otros territorios que eran conquistados, la costumbre dictaba que ese comandante fuera recibido con un fastuoso y multitudinario desfile celebrado en la gran capital imperial, Roma.

Detrás del caudillo al mando de las legiones triunfantes, muy cerca (quizá solo a unos pasos a su espalda) se colocaba un siervo con la única misión de trasladarle al oído en varias ocasiones durante el recorrido una sola frase: “memento mori”, lo que venía a significar, más o menos, “recuerda que morirás”.  

Algunos estudiosos apuntan que la frase era algo más larga y que vendría a ser traducida como “Mira tras de ti. Recuerda que solo eres un hombre.”

Sea cual fuere la frase repetida por ese disciplinado sirviente cada vez que un general se bañaba en los aplausos y aclamaciones de los habitantes de Roma, la finalidad de la misma parecía clara y no era otra que recordar al vencedor su condición mortal y en consecuencia finita. Lograr así que la soberbia y el ego desmedido no campasen a sus anchas por su cerebro y le hicieran recordar la obligatoriedad del cumplimiento del derecho romano y descartar veleidades o tentaciones golpistas, que como a buen seguro los lectores conocen, eran bastante habituales entre los “corrillos” más selectos del Imperio.

Escuchando a lo largo de la semana a Yago Iglesias (incluso en la rueda de prensa posterior al partido de anteayer), me he imaginado varias veces al entrenador y al resto de su cuerpo técnico, susurrando quedamente a cada uno de sus futbolistas consignas como las de que “solo somos un equipo de 2RFEF”; “podemos perder en cualquier momento si no salimos como es debido” o “no hemos hecho nada aún, hay que mejorar.”

Porque lo cierto es que después de meterle seis a unos, cinco a otros o cuatro al líder en su propio territorio de combate que hasta ese instante resultaba invulnerable para todo ejército que intentaba ocuparlo, la tentación de sentirse omnipotente o invencible podría calar de forma inconsciente y preocupante no ya entre la afición (cuyo derecho a soñar es incuestionable) sino en el propio vestuario lo que sí podría afectar de manera negativa a la trayectoria magnífica que se estaba y se está llevando.

Y el primer ejemplo de la conveniencia de esos avisos o advertencias (que quizá se hayan producido o no por parte de Iglesias) llegó el pasado Domingo en forma de un ordenado, defensivo y correoso Oviedo –Vetusta que llegó a crear incertidumbre en algún tramo de la segunda parte sobre el resultado final del partido.

Se presentó el filial “azul” con las ideas claras y una línea bien definida de cinco atrás y tres medios por delante que trataron de dificultar por todos los medios el juego principalmente de Mayo, Yelko y Dalisson así como las salidas de nuestros centrales con sus dos hombres más adelantados que no tenían complejo alguno en correr lo que hiciera falta para presionar la salida granate desde atrás.

Aún así, el Pontevedra CF se hizo con el mando total de la situación a lo largo de toda la primera parte.

 Sin la fluidez de otros días, sin esa velocidad de balón, sin alaharacas en su juego pero estando casi todo el tiempo en campo rival y buscando los caminos para hacer daño.

No creo que sea casualidad que esta temporada estemos viendo muchos lanzamientos a puerta desde lejos por parte de nuestros futbolistas.

Entiendo que es otra orden o recomendación vertida desde el banquillo pues a falta de espacios para combinar, con equipos hundidos cerca de su área, intentarlo desde fuera no es que resulte conveniente sino que es incluso necesario.

Lo había intentado ya el propio Mayo minutos antes con un disparo desde fuera del área que se marchó fuera. Minutos después, en su segundo intento, el balón entró en la portería asturiana como un obús y el espigado mediocentro sumaba a las virtudes que ya ha enseñado a lo largo de estas semanas,la de ser capaz de hacer goles de esta manera para seguir enamorando un poco más si cabe a los seguidores granates.

También en el primer tiempo, a falta de la magia de Yelko o Dalisson bien tapados por el rival, apareció Chiqui en dos ocasiones.

La primera tras un pase en largo maravilloso de Churre hacia la izquierda que el ex coruxista controló de manera primorosa orientando la pelota con ese mismo control hacia el interior del área. Su lanzamiento tras la incursión en zona de castigo fue repelido en gran parada por un portero oviedista que causó gran impresión en Pasarón.

La segunda, ocupando una posición más centrada y cediendo a Rufo que ocupaba su lugar en la izquierda un buen balón para que el “pelado” se la devolviera en casi un pase de la muerte al que no llegó por pocos centímetros para empujar a puerta vacía.

La peor fase del partido llegó después, en el segundo tiempo.

Salió el Pontevedra al campo algo parado, contemplativo e incluso dubitativo.

El Oviedo todavía no cambiaba nada y seguía bien armado y los nuestros dieron la impresión de no saber exactamente qué actitud tomar en ese momento.

Fueron minutos en los que se siguió teniendo el control de la posesión pero en los que se abusó quizá demasiado del balón largo sin sentido y en los que apenas se llegó con intención al área contraria.

La incertidumbre subió cuando, ya avanzada la segunda parte, el rival sí decidió dar un paso más con los cambios y tratar de tener más presencia cerca de Edu.

Cambiaron a un sistema con cuatro defensas y tampoco el Pontevedra pareció entender bien la forma en la que meterle el diente al Oviedo y terminar definitivamente con el choque.

Es cierto que ellos tampoco crearon demasiadas ocasiones en nuestra portería(la más clara fue nuestra en un lanzamiento de Yelko repelido de manera muy meritoria por el guardameta). 

Tuvieron dos llegadas peligrosas, una por banda, en la que decidieron mal en la primera y nuestros centrales estuvieron bien en la segunda para enviar a córner.

De hecho, su único remate a puerta llegó a través de una falta muy escorada a la izquierda en la que Edu tuvo que recular unos pasos para desviarla con algún apuro tras dar la impresión de que esperaba el centro y no el remate directo.

Aún así fueron minutos en los que me vino a la memoria esos desfiles aludidos al principio de esta columna.

Minutos en los que resultó patente que somos un buen equipo, sí, pero un buen equipo de 2RFEF que es sometido a estudio por los cuerpos técnicos de los contrincantes y que a pesar de acumular muchas virtudes también cuenta con defectos que tratarán de ser puestos a la vista por los demás.     

Que hay que mejorar siempre. Tener los pies en el suelo y saber que en cualquier recoveco del camino pueden llegar los problemas. Recordar, en definitiva, que somos “mortales”; que podemos perder y que la humildad sigue siendo fundamental.

La incertidumbre (no tanto el peligro pues como se ha dicho no fue mucho el creado por el Oviedo) se acabó con una jugada maravillosa, realmente extraordinaria, a raíz de la cual llegó el 2-0 sobre el minuto 87.

Enésimo robo por anticipación de Samu Mayo esta vez con un solo toque de tacón hacia Yelko, este también de primeras asiste a Toño que llegaba por delante. Toño ve la carrera en profundidad de Jaichenko y, otra vez de primeras, le filtra un pase precioso en el momento justo al canterano para que este (otra vez, sí, de primeras) superara con elegancia la salida del guardameta asturiano.

Cuatro toques, cuatro, y la jugada, que comenzó a cuarenta metros de la portería algo escorada, terminó con el balón en las redes visitantes tras la elaboración de una acción colectiva relampagueante y plena de calidad.

En mi opinión, uno de los mejores goles que se han visto en Pontevedra en bastante tiempo.     

Hubo tiempo, además, para que, ya en la prolongación, una asistencia de Yelko fuera aprovechada por Carlos López para controlar, irse en velocidad y conectar un zurdazo inapelable que significó el tercer tanto pontevedrés.

Ojalá este bonito gol permita al punta de Ares coger confianza y fuerza para seguir esperando su momento pues creo que llegará esa fase de competición en la que ayudará con mucho más protagonismo al ataque granate.  

Se completaba así un partido gris pero en el que durante la mayor parte del tiempo el Pontevedra tuvo controlada la situación.

Aparecieron dudas, esa incertidumbre ya mencionada, algún rumor de una grada algo más poblada pero extrañamente más callada que otras veces y al final la sentencia con esos goles a la contra que incluso pudo ser uno más al enviar un balón al poste Alex González en la última acción del encuentro.

Es normal, insisto, que tengamos problemas en partidos y que haya que desenredar madejas que no se desenrollen de manera fácil en algunas ocasiones.

Aún así ya me gustaría que llegaran más partidos no brillantes en los que al final se acabe ganando por 3 a 0, es decir, goleando.

Me temo que no será así y que habrá que apretar los dientes muchas veces y mostrar esa otra faceta que el equipo debe aprender a dominar.

Esa que dicta que cuando no salen las cosas tan bien en ataque, si pueden salir en defensa, estando unidos pasando los malos ratos y en espera de poder meter el cuchillo al final.

No olvidemos nunca  que “solo somos un equipo”  y que en algún momento, si no hacemos las cosas bien, “podemos morir sobre el césped”.

       

martes, 17 de octubre de 2023

"Lérez-Taka","Yelkodona" y los pies bien agarrados al firme.

Esto no es una crónica del partido que hace dos días disputó el Pontevedra CF en el estadio Ruta de la Plata.

No lo es porque escribir a fondo sobre un encuentro que el cronista no ha visto no sería justo con lo más importante (o lo que debería ser más importante) para el autor de ese artículo, las personas que en algún momento podrían leer sus líneas.

Por tanto, cualquier análisis en profundidad acerca de tácticas, planteamientos o posicionamientos sobre el césped e incluso valoraciones individuales sobre la actuación de este u otro futbolista, no pueden tener cabida en esta columna.

Ahora, aclarado lo anterior (hacía años, por cierto, que no me daba tanta pena perderme un partido de mi equipo), lo que no se puede ignorar es que todas las crónicas y opiniones de los espectadores que sí vieron el choque, ya sea “in situ” o a través de la plataforma televisiva que posee los derechos, coinciden en que el contundente 0-4 endosado por los granates al Zamora CF se corresponde con lo visto sobre el terreno de juego y que el Pontevedra fue inmensamente superior a su rival haciéndose claramente acreedor a ese resultado abultado.

A este atribulado bloguero (cuyo atormentamiento futbolístico disminuye sensiblemente cuando el Pontevedriña protagoniza actuaciones como la de Zamora) no le queda duda, por tanto, que el equipo volvió a parecerse a ese tan exuberante y que tanto nos encantó de los duelos ante Langreo y Guijuelo.

De las imágenes que he podido ver, me resulta bastante evidente que sobre el campo volvió a aparecer “Yelkodona”, con ese primer tanto de una factura tan bella como complicada y desde mi agnosticismo, más cercano al ateísmo que a la fe, sigo orando para que esta versión de Pino se mantenga el mayor tiempo posible de la competición.

Al margen de esa obra de arte y del también golazo con el que el capitán cerró el marcador, lo que más me ha llamado la atención, no obstante, en cuanto a las imágenes del partido, es otra jugada que no aparece en el resumen de la tvg y que me resultó espectacular pero también ejemplificativa de lo que se está construyendo poco a poco y a lo que se me ha ocurrido  bautizar con el nombre de “Lérez-Taka”.

Es una acción, ya con 0-3 en el marcador, en la que Samu Mayo, Yelko y Garay combinan en campo propio, acostados en banda derecha, hasta sacar la pelota jugada después de pasarse el balón (sin exagerar, más de diez veces) con una rapidez y limpieza sorprendente y ante la mirada de varios futbolistas del Zamora que se veían incapaces de robar la pelota.

La jugada siguió hasta que Garay mandaba el balón al espacio para la carrera en superioridad de Bastos, el carrilero cerca ya del área rival centraba hacia Chiqui y este al corazón del área para que Rufo rematase con mucho peligro rebotando el balón en un defensa. Luego el rechace llegaría de nuevo a Bastos que, en gran posición, se precipitaría un poco lanzado el cuero por encima del larguero.

Es una acción que está colgada en redes sociales y que recomiendo ver a cualquier seguidor granate que todavía no lo haya hecho.

Dirán algunos, tendrán parte de razón, que en el origen de la jugada se arriesga demasiado y cualquier robo del rival podría haber generado mucho peligro en nuestro área pero quien haya visto al Pontevedra esta temporada sabe que muchas veces, en especial S.Mayo, acepta y desafía ese riesgo para romper líneas contrarias y que el equipo pueda avanzar en superioridad hacia el ataque.

No obstante, de esa jugada me quedo con otra cosa que por lo menos en mi opinión hace de este “Lérez-taka” algo muy bonito de ver y ese algo es que tras la triangulación maravillosa de Mayo, Yelko y Garay, la jugada fluye hacia arriba, no termina en medio campo con algún pase atrás que comience otra vez la rueda de pases sino que se busca en profundidad a Bastos y se crea una oportunidad clara de gol.

Esta forma de jugar basada en la posesión y en el juego combinativo, en opinión del que esto escribe, a veces se hace víctima de su propia filosofía y se pierde en un maremágnum de pases y “repases” que a efectos prácticos no tiene tanto sentido.

Sin embargo, cuando se saca la pelota de una manera tan brillante de tu propio campo y luego se busca apuñalar, llegar, generar peligro ante la portería contraria, este estilo alcanza no solo una belleza innegable sino una efectividad palpable en los marcadores de los partidos.

No soy ingenuo ni utópico.

No siempre esto será posible. No siempre existirán espacios sobre el campo para explayarse y provocar asombro con este juego extraordinario pero lo cierto es que este “Lérez-taka” de posesión, combinación, búsqueda de banda con profundidad y muchas ocasiones de gol ya lo hemos visto el día del Langreo, la primera parte ante el Guijuelo (en la segunda mitad, también aunque trufado con un juego de contra también precioso) y en Zamora.

A mí este “Lérez- taka” me gusta, no se parece nada a una posesión balonmanística y deseo que podamos verlo muchas veces más.

Otro detalle que me gustaría mencionar y que me parece importante.

Al término de la jornada cuarta tras el empate en Cayón, el Pontevedra transitaba por la mitad de la tabla y acumulaba 9 goles a favor y 4 en contra.

Tres jornadas después se ha más que doblado la cifra de tantos a favor (20) pero la de goles encajados no se ha movido, siguen siendo 4.

El equipo ya está empatado con el hasta ahora imbatido Zamora en esa cifra de goles en contra (empatados con algún otro equipo)  y nuestra posición en la clasificación ya es la segunda a 4 puntos del líder.

Resulta espectacular y a todo el mundo le gusta ver como nuestro casillero de goles a favor sube y sube haciendo las delicias de la gente pero es igual de importante que no suba el de goles encajados.

El Pontevedra estos tres últimos encuentros apenas ha regalado nada. Se ha defendido muchas veces con el balón pero también supo aguantar sin él algunos tramos de encuentro en O Vao y, al parecer, también al inicio del segundo tiempo en Zamora.

Para seguir recortando la diferencia que todavía nos saca el equipo zamorano (no podemos olvidar que seguimos con 4 puntos de desventaja), será clave mantener esta línea de contundencia arriba pero también abajo, no descuidarse en ningún momento.

Por último, tras pasar por encima del líder en su estadio. Tras hacerle 4 goles a un equipo que todavía no había encajado ninguno. Tras, en definitiva, pegar la tercera exhibición futbolística en tan solo 7 jornadas, resulta clave no crecerse demasiado ni pensar que ya se van a ganar los partidos por inercia o por la camiseta.

En el momento en que el equipo no salga con la mentalidad adecuada, no empiece con la concentración exigida para la competición, no es descartable para nada que aparezca “otra Gimnástica” y nos veamos 0-2 en contra “antes de un decir Jesús”.

Es básico mantener la regularidad.

Salir siempre al césped a competir y no regalar nada a los conjuntos rivales que estarán al acecho para aprovechar cualquier error o bajón de nivel que podamos experimentar.

El próximo rival, el Oviedo- Vetusta, es un equipo joven y con ilusión. Con esa menor presión que suelen tener los filiales y esas ganas de lucirse en los días en los que se juega en escenarios glamurosos.

El Pontevedra debe mantener la humildad. Afrontar el choque a tope y pleno de motivación y concentración.

Esos serán los ingredientes necesarios para que si se cocina bien el plato vuelva a aparecer, ojalá, este “Lérez- taka” que tanto nos está gustando.   

martes, 3 de octubre de 2023

Un silbato averiado, otra exhibición de fútbol y un clásico literario.

Tras el partido de Cayón habían vuelto las dudas.

¿Qué Pontevedra nos encontraríamos en casa frente al Guijuelo? ¿La goleada y la exhibición ante el Langreo debía ser considerada como una excepción a la regla o aparecería otra vez un equipo seguro, estable y autoritario sobre el campo?

Casi desde el principio esas legítimas inquietudes después de no ser capaces de conseguir la victoria en tierras cántabras, se fueron despejando.

El Pontevedra volvía a enseñar ante sus aficionados como se puede sacar la pelota desde atrás con limpieza, con elegancia y sobre todo con efectividad a la hora de desbaratar líneas rivales. 

En esta faceta volvió a destacar Samu Mayo que si bien es cierto que en ocasiones arriesga demasiado y puede provocar alguna pérdida importante, la gran mayoría de las veces desahoga y canaliza el fútbol desde el mediocampo con una finura y elegancia realmente dignas de ver.

Encontró igualmente el PontevedraCF los caminos para hacer mucho daño por las bandas y especialmente encontró en la izquierda, con un Chiqui brillante, la manera de lastimar una y otra vez al sistema defensivo chacinero.

Optó Iago Iglesias en esta ocasión, mientras el equipo estuvo con 11 futbolistas, por un dibujo de 1-4-1-4-1, dándole el mando de la zona central del campo al ya citado Mayo.

Situó a Garay de lateral derecho y a Bastos mucho más adelantado en esa banda derecha, con Chiqui en la opuesta y Yelko y Dalisson por dentro, Rufo fue el elegido para la punta.

Y el fútbol volvió a fluir poco a poco, a pesar de que la figura siniestra del colegiado del encuentro se hacía cada vez más presente sobre el césped pontevedrés.

El Pontevedra sometía a su rival que no encontraba forma alguna de llegar a las proximidades del área granate y los goles fueron llegando en acciones por esa banda zurda de Chiqui rematadas una de ellas por Rufo y otra por un Yelko Pino que cumplimentó otra actuación sobresaliente en Pasarón.

Surgieron, no obstante, las complicaciones llegadas en forma de decisiones controvertidas del encargado de juzgar lo que en el campo acontecía.

Llegó una jugada en la que un penalti sobre Chiqui admitía pocas dudas y en el consiguiente intento de contra tras decidir el árbitro que allí no había pasado nada, Mayo veía su primera amarilla, justa, al parar de forma dura el intento rival pero en un lance que no debió producirse si se hubiera señalado un máximo castigo que pareció claro.

Poco después llegó la segunda amarilla a Samu en una acción a la altura del medio campo escorada a la derecha en la cual un jugador del Guijuelo desplaza al mediocentro granate cuando este empezaba el salot para despejar un balón aéreo. Fruto de ese desequilibrio, Mayo se desmadeja un tanto y sí es cierto que uno de sus brazos extendidos (en ningún caso con el codo por delante) impacta sobre otro jugador del Guijuelo que por allí estaba.

El colegiado asturiano (podría ser de otra comunidad autónoma, por supuesto, pero el caso es que era asturiano) no lo dudó y se dirigió como un rayo para sacarle la amarilla a Samu Mayo y dejar de forma harto rigurosa al Pontevedra CF con 10 jugadores.

Estas dos acciones (el penalti no pitado y la expulsión) fueron las más importantes de la primera parte pero no las únicas. 

A lo largo del juego, la diferencia tan evidente como inexplicable en el trato a la hora de castigar disciplinariamente las acciones entre los dos equipos llegó a ser tan desquiciante que provocó una bronca del público realmente llamativa y que hacía bastante tiempo que no se producía.

Llegaban los problemas, por tanto, por esa expulsión y la posibilidad de que el Guijuelo que estaba completamente muerto en el duelo pudiera resucitar al verse en superioridad numérica.

Sin embargo, en una de las últimas acciones del primer tiempo, el Pontevedra enlazó una contra preciosa y letal en la que Yelko obsequió a Chiqui con un pase fabuloso y este, tras gran cabalgada, enseñó su calidad definiendo primorosamente ante el portero jamonero para hacer el 3-0 en el marcador.

Habíamos visto una muy buena primera parte del Pontevedra aguada por algunas de las decisiones arbitrales ya aludidas. Pero lo mejor estaba por llegar.

De entrada, hay que reconocer que con un marcador contundente de 3-0 jugar con 10 es un poco menos duro pero hay que hacerlo igualmente e intentar que el contrario no se meta en el choque con algún gol que pudiera darle alas.

A pesar de lo anterior, el Pontevedra cuajó una segunda parte maravillosa y dio una lección magistral de fútbol siendo infinitamente mejor que el "coloso" que tenía enfrente.

Iago reestructuró el equipo tras el descanso dando entrada a Toño Calvo para ocupar la ubicación de Mayo y retirando a un Rufo amonestado para cortar de raíz cualquier tentación tarjetera del colegiado.

Y lo cierto es que en el minuto 2 se produjo el único error en defensa al tropezarse Churre con una pelota a la hora del despeje y quedar aquella a disposición de un atacante visitante que la envió fuera en buena posición para marcar.

Quizá si el Guijuelo hubiera convertido esa acción las cosas podrían haber cambiado, pero lo cierto es que a partir de ahí el Pontevedra no hizo sino crecer todavía más sobre el césped.

Defendió con orden en los tramos de segundo tiempo en los que el Guijuelo tuvo más la posesión de la pelota; fue capaz de alternar esa posesión chacinera con otros pasajes en los que volvió a combinar y defenderse con pelota y, sobre todo, supo leer a la perfección cuando apretar, robar y generar cuatro o cinco contras tan peligrosas como bonitas con las que apuntaló el marcador, siendo capaz de hacer más goles con 10 que con 11 futbolistas.

Y eso que el árbitro todavía tuvo tiempo de dejar su sello al dejar de señalar una falta clamorosa en el lateral del área sobre Chiqui (al que amonestó a renglón seguido por una falta cometida segundos después) y tampoco creyó conveniente pitar un penalti que pareció bastante claro sobre Toño Calvo.

Sea como fuere, ya con Alex sobre el campo tras la amarilla a Chiqui que le llevó al banquillo "ipso facto" (por si las moscas , otra vez), la figura de Yelko volvió a engrandecerse a la hora de repartir balones en profundidad hacia cualquiera de las dos bandas dejando a su compañeros en pintiparadas posiciones o para rematar a portería o enviar centros mortales.

También destacó Dalisson  que jugó más en punta en la segunda mitad y ofreció calidad en la acción del 4-0 con un centro extraordinario que aprovechó Alex pero también aportó capacidad de trabajo y esfuerzo para evitar que el Guijuelo pudiera salir cómodo desde atrás.

El 5-0 fue obra igualmente del capitán. 

Como tantas y tantas veces, Bastos llegó a zona de ataque con velocidad y entusiasmo pero sin la claridad suficiente para decidir con acierto y en una de esas acciones dejó el balón atrás en la frontal para un Alex, que con el balón casi encima y sin mucho tiempo para colocarse, conectó un remate tan sutil como certero que entró casi por una de las escuadras de la portería poniendo un gran colofón a otra maravillosa tarde fútbol ofrecida por el Pontevedra.

Hace algunos años, todavía con Luisito en su primera etapa en nuestro banquillo, titulé más de una columna con alusiones al clásico de Stevenson, Dr. Jekill y Mr. Hyde.

El comienzo de esta temporada me hace recordar aquellos escritos.

Tras el borrón del debut contra la Gimnástica, el Pontevedra ha enlazado en casa dos encuentros que solo pueden calificarse como extraordinarios y sin embargo, a domicilio, seguimos sin despegarnos de una evidente mediocridad que resulta preocupante dado el comienzo arrollador de un Zamora al que además visitaremos dentro de dos jornadas.

Ya sé que es repetitivo pero hay que seguir diciéndolo. Debemos empezar ya a ganar fuera para tener opciones de ascenso directo. 

A este respecto, y mirando ya al partido frente al Coruxo, la baja de Mayo es importante.

Toño Calvo estuvo bien hace dos días pero parece un jugador diferente. Más de ida y vuelta, más llegador y mucho menos distribuidor o canalizador de este fútbol que quiere Iago para su equipo.

Tendrá que darle vueltas el técnico para ver como solucionar esto porque, insisto una vez más con mi ya característico atribulamiento, urge ganar fuera de Pasarón. 

Anunció, por otro lado, el Pontevedra por sorpresa en el día de ayer el regreso a la entidad en calidad de "manager general" de Elías Espiñiera.

Elías ya ocupó el cargo de Director General del Pontevedra entre 2003 y 2008 y su historial está cuajado de diferentes experiencias siempre relacionados con el mundo del fútbol y el deporte en general. 

Experiencia le sobra y lo que está por ver (al parecer el Jueves se le presentará oficialmente y es posible que se despejen dudas) que pasa con el puesto de Director General que ocupa Marcos del Río y más después de algún "palito", a mi modo de ver injusto, que le cayó a este último en alguna de las entrevistas ofrecidas últimamente por la Presidenta. 

Por lo menos a mí, me gustaría que siguiera en la entidad.  

Para terminar, en mi opinión en esta categoría si existe algún coloso, sobre todo en casa, este viste de granate y se llama Pontevedra CF.

Sigo sosteniendo que a pesar de la indudable pérdida de prestigio y peso en la ciudad que sufre la entidad desde ha ce más de una década (en gran parte por sus propios y constantes errores), esta categoría no le corresponde en absoluto a la institución granate.

Luchar por ser primeros es una obligación y volver a la 1RFEF vía ascenso directo o vía play off, también.

Decir esto no es una falta de respeto ni al Guijuelo ni al Zamora ni al Compostela ni al R.Avilés ni a ningún otro de los rivales del grupo que cuentan con sus lógicas y legítimas aspiraciones entre las que a buen seguro está también el ascenso de categoría.

Recalcar que la 2RFEF no es lugar en el que debería estar el Pontevedra es una muestra de respeto hacia nosotros mismos. Hacia nuestra historia y no me refiero ya al "Hai que roelo" que muchos ni hemos vivido sino a décadas posteriores al mismo.

Es, en definitiva, comprender que si viajamos a Cayón y no ganamos lo único que se puede argumentar es que la "cagada" ha sido monumental. 

Toca Coruxo. Ya hemos perdido esta misma temporada dos veces en ese campo por 1-0. Una vez en amistoso y otra en Copa "garrafón" o "Federación".

El Zamora nos saca 7 puntos y no podemos ir a O Vao a verlas venir otra vez.

Por favor, que Mr Hyde se quede en casa y aparezca en Vigo el Dr .Jekill.     

martes, 19 de septiembre de 2023

Golpe de autoridad.

Había que meterse ya en la competición.

No se podía ni se debía ir acumulando más jornadas sin ganar permitiendo que algunos rivales cogieran puntos de ventaja que luego cuesta un mundo recortar.

Había, en definitiva, que ganar y se ganó.

Y se hizo a lo grande. Con media docena de tantos que conformaron una llamativa goleada y siendo absolutamente superior al Langreo en todas y cada una de las facetas del juego.

Sorprendió Iago Iglesias con un dibujo táctico diferente a la hora de disponer a sus jugadores.

Tres centrales, dos carrileros muy largos, Samu Mayo como único mediocentro y tres futbolistas conformando una línea por detrás de Rufo. Dalisson algo escorado a la izquierda, Carlos López a la derecha y Yelko por el centro.

Y todo empezó a fluir con alegría y naturalidad desde el primer momento. 

Antes incluso de merecer nada ya el Pontevedra logró ponerse por delante en el primer minuto gracias a un zapatazo descomunal de Garay desde fuera del área.

Jugar con el marcador a favor siempre es más fácil. Pensar en lo que podría haber ocurrido sin ese gol tempranero, fútbol ficción.

Lo que fue real, lo que se pudo ver desde entonces, es a un Pontevedra CF seguro de sí, mandón desde el principio y decidido a buscar más goles en su casillero que le dieran todavía más tranquilidad.

Se encontraron con facilidad las bandas para que Alex y sobre todo Bastos penetraran constantemente generando llegadas a las proximidades del área del Langreo (es una pena, por cierto, que el lateral vigués no rentabilize más esas llegadas veloces al ataque pues casi siempre yerra en un control o en el centro posterior).

También fue posible encontrar con frecuencia a Dalisson y C.López en esas posiciones de tres cuartistas.Los tres la interpretaron a la perfección al asociarse tanto con los carrileros como con los jugadores de dentro provocando que, por un lado, la pelota rodase con sentido y continuidad y, por otro, que esas posesiones largas (casi de balonmano) escasearan y se convirtieran en lances preñados de profundidad y peligro cierto para el contrario.

En la primera parte, además del golazo inicial, llegaron oportunidades claras como una de C.Lopez rechazada por un defensa u otra de Rufo que envió un lanzamiento muy cerca de uno de los postes. 

Y fue el propio delantero madrileño el que hizo el segundo gol de cabeza tras una muy buena jugada entre Danilsson y Yelko culminada por Rufo. 

Llevábamos demasiado tiempo esperando al "pelado" y el Domingo volvió a parecerse por fin a ese jugador que llegó en 2019 con unas cifras de goles tremendas en su equipo y que nos ilusionó mucho en las jornadas previas a ese maldito covid que frenó la competición cuando llevaba 4 goles en dos jornadas.

La verdadera borrachera de fútbol, no obstante, llegó en la segunda parte.

A lo largo de los segundos 45 minutos pudimos presenciar una exhibición de Yelko Pino que cuando está de quiero, corta de raíz algunos ornamentos en su fútbol que a veces no resultan necesarios y va a lo concreto, a exponer su calidad sin arabescos pero con contundencia, se convierte en un jugador importantísimo para el equipo.

La colección de entregas al espacio ofrecidas ante el Langreo resultó maravillosa y efectiva pues casi todas esas jugadas o acabaron en gol o en ocasión importante para el Pontevedra.

Si además esa gran actuación se culmina con un gol de antología en el que se perfila para el disparo de manera impecable y coloca el balón lejos del alcance del portero asturiano en lanzamiento precioso, la gran ovación que le dispensó el público cuando fue retirado resulta plenamente justificada.

Todavía recuerdo los 10 partidos que Yelko estuvo fuera en la segunda vuelta de la pasada campaña cuando sus molestias parecía que le apartarían solo 2 partidos. Ese es otro expediente "x" del Pontevedra que posiblemente nunca veremos desclasificado.

No solo Yelko brilló con luz propia sino que uno de los nuevos, Samu Mayo, también dejó sensaciones muy positivas sobre el césped de Pasarón del que luego hablaré un rato.

No sé si se debió a contar con más parcela de medio campo para él solo (en el primer partido en casa actuó también Borja Domínguez con un dibujo distinto) o tal vez porque, como es normal, las semanas de entrenamiento van haciendo que se acople más a su nuevo entorno, pero lo cierto es que el espigado ex jugador del UCAM Murcia se lució tanto a la hora de comenzar la construcción en ataque (ya entregando en corto a los "media punta" o ya abriendo en largo a los laterales) como en desbaratar los escasos intentos asturianos de progresar en ataque.

Salvo dos imprecisiones al principio del choque, Mayo cuajó una actuación más que notable e ilusiona de cara a su afianzamiento en una posición clave para cualquier conjunto y cuyo dueño las dos últimas temporadas había sido Miguel Román.

Aunque con una actuación más sacrificada en pos de las necesidades del equipo, también gustó al que esto escribe Carlos López al que ahora, al parecer, hay que llamar Charly.

Pese a jugar en una posición más retrasada y algo acostada a la derecha, el delantero de Ares confirmó que es un futbolista con capacidad para combinar con sus compañeros, crear peligro llegando desde más atrás y no se limita a ser un "9" meramente posicional. 

Da la impresión de que aún no se ha visto su mejor versión en Pontevedra pero a este atribulado bloguero le van gustando los detalles que López deja en cada partido.

No se meterán, desde luego, 6 goles todos los días. Ni se puede exigir tal circunstancia al equipo.

Ahora, lo que sí es exigible, lo que sí es casi obligatorio es salir al campo, sobre todo en casa, y mostrar autoridad, dejar claro que puntuar aquí en esta categoría debe ser misión ímproba para cualquier rival.

Llenar el capacho de puntos como local acercaría mucho el objetivo y para ello desterrar primeras partes como las del debut es imprescindible.  

Mencionaba antes el tema de la hierba de Pasarón.

Después de lo que se llevaba sufriendo con este tema desde la remodelación del Estadio y el estado deplorable en el que en muchas ocasiones hemos visto el césped de Pasarón, su estado actual (que es posible que todavía pueda mejorar) es otra cosa.

El balón rueda y no "salta". Controlar de primeras una pelota ya no es una utopía. Hasta se ven con mucha más nitidez las líneas pintadas del terreno de juego.

No sé si tarde, no sé si se pudo hacer antes, lo que si sé es que este verano la entidad se ha movido bien y un problema importante, no solo por la dificultad que imponía a los jugadores para desarrollar el juego, sino también por imagen y prestigio, parece que está en vías claras de solución.

Habrá que esperar a las lluvias y ver como aguanta pero cuando el club hace bien las cosas y ello se hace palpable en detalles tan importantes como este, hay que decirlo y felicitarnos todos por ello.

Al mismo tiempo en que se escribe esta entrada del blog, llega un hilo en redes sociales de Libasse Gueye.

La traducción al español es mejorable y no es fácil seguir el argumento de lo que el senegalés quiere explicar.

Saco alguna conclusión, que el rápido jugador africano cree en Dios; que ama a la ciudad y a "sus habitantes"; qué lleva desde Julio esperando volver y que hay "una persona"que no le deja.

Estaría bien que este contencioso desagradable y acerca del cual el Pontevedra CF nunca ha dado una explicación clara y coherente se acabará de una vez por todas. En el sentido que sea pero que se termine pues no tiene sentido alguno que se prolongue en el tiempo.

Y por cierto, sería muy recomendable, es más, hasta obligatorio, que cuando M.Barbeiro se vuelva a marchar con su selección, el Pontevedra CF informe sobre el particular. No cuando lleve días fuera y se apresta a jugar el partido internacional; no cuando vuelva, sino cuando se marche.

Así se demostraría transparencia, interés por tener al aficionado informado y se evitarían malos entendidos.  

 

martes, 5 de septiembre de 2023

Es que no es ya la derrota.

Lo peor del debut liguero del Pontevedra CF no es la derrota, que ya es una circunstancia que duele.

No es empezar la Liga con 0 puntos tras caer en casa contra un equipo apañado pero que se habría ido de Pasarón feliz como una perdiz si hubiera sido capaz de sacar un solo punto.

Lo peor es como se pierde.

Lo peor es hacer una primera parte lamentable e indigna que no se diferenció en absoluto a lo vivido en nuestra casa en algún partido infame de la temporada pasada.

Lo peor es que se salga en tu campo, en el campo de tu afición, en el sitio en el que hay que morder, correr y hacer todo lo posible por que tu gente se vaya con la satisfacción de haber visto a su equipo ganar, o por lo menos competir, con la misma actitud displicente e impresentable que ya conocemos demasiado bien en los últimos tiempos.

Lo pero es encajar dos goles evitables en los que la desconcentración, desatención o relajación (como se la quiera llamar) defensiva no tiene ninguna excusa creíble.

Si te pasas siete semanas de pretemporada trabajando, acoplando, preparando todo lo que haya que preparar para empezar una competición de manera decente, lo que luego no se puede hacer es salir el primer día delante de tu público a verlas venir y a jugar andando.

Los tópicos en el fútbol están a la orden del día y todos los utilizamos alguna vez para tratar de justificar situaciones que se producen a lo largo de un encuentro o de una temporada.

La verdad es que ahora no me da la gana de "tirar" de esos tópicos para disculpar otra primera mitad vergonzosa que terminó por ser un lastre y por provocar la primera derrota de la Liga.

Si estamos en la primera jornada, sí es cierto que esperar un equipo explosivo, muy veloz o perfectamente engrasado resultaría algo ingenuo o precipitado, es verdad.

Si estamos en la primera jornada, sí es cierto que esperar que todo el mundo esté a tope, que el equipo maraville o que se arrolle sobre el césped resultaría utópico o demasiado optimista, es verdad.

Ahora, estar en la primera jornada no puede justificar el esperpento de primer tiempo jugado hace dos días por el Pontevedra CF.

Se puede esperar algo de espesura, algunos problemas de compenetración e incluso falta de chispa que es comprensible se pueda ir cogiendo con el tiempo.

Lo que no se puede ni se debe esperar es no tener ninguna capacidad para cortar contras del rival tras pérdidas de la pelota y, sobre todo, no se puede ni debe esperar la contemplación más absoluta en defensa que permita que un rival pueda construirse un apartamento en el punto de penalti hasta que le llegue el balón en opíparas condiciones para machacar nuestra portería.

Eso ni se puede ni se debe esperar en un equipo que se supone que ha salido en 2RFEF con el objetivo de recuperar la categoría perdida.

Y tampoco se puede ni debe esperar que se encaje un segundo tanto a balón parado ofreciendo unas facilidades impropias de un equipo serio.

Por último, tampoco se debería poder esperar ni tolerar jugar una primera parte casi en su totalidad al trantrán, casi andando, ofreciendo una imagen totalmente descorazonadora.

Porque no es cierto que el Pontevedra CF perdiera su primer partido de Liga por su falta de gol (que por cierto parece existir y no será porque no se advirtió ya desde pretemporada).

Si el Pontevedra perdió fue, en primer término, por su nula capacidad para dominar su propio área. Por la facilidad insultante con la que el equipo cántabro se puso 0-2.

Esa es la razón principal por la que se perdió y será también el motivo por el que se vuelva a perder si el Pontevedra no termina de entender de una vez por todas que al margen de conceptos que quedan tan bonitos en cualquier discurso futbolístico del siglo XXI como la dichosa posesión de balón, si un equipo no manda en el área rival pero sobre todo en la suya, poco o nada habrá que hacer.

Ya vivimos esto hace dos campañas en las que el Pontevedra regaló y regaló las cinco primeras jornadas hasta meterse incluso en puestos de descenso. Luego costó un mundo desbancar al Adarve y se sufrió mucho más de la cuenta.

No se ha aprendido nada, o por lo menos, la primera jornada de esta Liga no ha demostrado que nadie en la entidad haya aprendido la lección.

Me da igual que sea la primera jornada.

La seriedad, el rigor defensivo, la regularidad en el esfuerzo durante todo el partido no se debería poder negociar nunca y, por lo menos a mí, la primera parte del otro día volvió a sonrojarme y a indignarme.

Tampoco es que la segunda mitad ( a la que se llegó ya con 1-2 tras un gol de falta logrado por Yelko poco antes del descanso) fuera una maravilla digna de ser guardada en vídeo, ni mucho menos.

Eso sí, por lo menos en los primeros 15 o 20 minutos el Pontevedra fue capaz de dotar de ritmo y de velocidad a sus acciones.

Fue ese cuarto de hora en el que el Torrelavega sufrió de verdad y trató de achicar agua de un barco cuyo abordaje pretendían los granates.

No se consiguió porque las ocasiones de las que se disfrutó en ese tramo se malgastaron pues tampoco el equipo parece muy sobrado de gol como ya dije más arriba.

Llegó un balón al poste y un par de acciones más que se resolvieron sin acierto.

Luego volvió a bajarse el nivel. 

Ese ritmo alto desapareció y el equipo volvió a aturullarse y mostrar cierta impotencia a la hora de buscar los caminos para hacer daño al rival. 

Ello no impidió que en dos o tres ocasiones más se rozase ese gol que hubiera dado por lo menos el empate.

Pero ese gol no llegó y ese "fortin" del que nos hablaban jugadores y técnico en los días previos cayó la primera.

Colectivamente en el primer tiempo fuimos un desastre y en la segunda logramos, por lo menos, disputar 15 minutos potables ante un rival que tampoco tenía mucha necesidad de ir a buscarnos teniendo el marcador a favor y que pudo jugar como le gusta esa segunda mitad por culpa nuestra.

En el aspecto individual no hay demasiadas cosas que destacar de los nuevos.

Quizá algunos momentos de Samu Mayo al inicio de la segunda parte y un par de arrancadas de un Chiqui cuya primera actuación no justifica demasiado la suplencia de Alex.

Dalisson puso algún centro interesante pero no desbordó casi nada, los centrales estuvieron igual que los de la campaña anterior, es decir, mal y Carlos López se difuminó completamente entre la ordenada defensa de la Gimnástica.

Sí sorprendió que salieran al campo Jaichenko y Padín antes de Barbeiro, teniendo en cuenta que a este lo fueron a buscar a Dios sabe dónde, en teoría, para que mejorase la actuación de los canteranos.

Es duro o "jodido", hablando en plata, venir de un descenso y encontrarse con un equipo en el mismo aparente estado de depresión con el que se marchó el curso pasado a pesar de haber cambiado de entrenador y de muchos jugadores.

Claro que lo que viene sosteniendo desde hace tiempo este atribuladísimo bloguero es que el problema ni es de entrenador ni es de jugadores sino que está más arriba.

Esa persona que se se descolgaba días antes del choque con unas declaraciones en prensa realmente alucinantes y en las que intentaba hacer pasar por tonto a todo el mundo.

Afirmaba Guadalupe Murillo en una entrevista al Diario de Pontevedra que llevaba dos años fuera y alejada pero que ahora ya estaba de nuevo al mando de esta nave que no se sabe ya si es barco, coche, bicicleta o patinete eléctrico.

Dos años "echada a un lado", es que realmente uno no sabe si echarse a reír o a llorar.

Habló también la Presidenta de "reestructuración integral".¿Qué reestructuración integral? ¿Echar a Toni Otero? ¿Esa es la reestructuración integral?

Y quien fichó a Toni Otero, cuyo paso por la entidad ha sido tormentoso? Lo fichó el Espíritu Santo? Lo fichó la Virgen de la Peregrina que este año vuelve a marcarnos nuestros objetivos? Lo fichó el Presidente del Racing de Ferrol, del Lugo o del Deportivo... o lo fichó Guadalupe Murillo? ¿Asume el error de esa contratación la Presidenta?

Es que es flipante. Es realmente kafkiano tener que leer estas cosas.

No puedo dejar de consignar la respuesta de Murillo a la "cuestión Gueye".

Es esta:

 Empezamos la temporada sin él, esto es una realidad y poco más vamos a hablar de él porque como lo hemos visto en enero, él aparece y desaparece. Cuando entienda que esto es un club de fútbol y que tenemos que ser serios y que tenemos unas obligaciones, pues a lo mejor cambia la situación.

Creo que huelgan más comentarios.

No nos engañemos.

No es cuestión de jugadores, ni de entrenadores ni de secretarios técnicos.

A todos ellos, a pesar del muy mal debut, todo el acierto y la suerte del mundo para llevar al Pontevedra de nuevo a 1RFEF. Y si es posible que no olviden la frase acuñada por un entrenador de éxito: 

"El esfuerzo no se negocia."

Pero el problema no está en ellos.

Está más arriba y quien no quiere verlo es porque no quiere.

Así es muy complicado crecer. Ojalá se consiga. Ojalá algún día vivamos y disfrutemos de nuevo de la LFP, que tan poco tiempo pudimos conocer. Ojalá este Consejo lo consiga aunque sea tan difícil de creer por el propio comportamiento de la propiedad.

Se me antoja una misión harto complicada. 

Primer desplazamiento de la temporada en unos días.

Me temo que si se hiciera una encuesta entre los pocos fieles que quedan entre los seguidores granates sobre el resultado del partido, la respuesta mayoritaria sería el 1-0.

Ojalá no sea así. Y empecemos a puntuar ya en el campo del Valladolid Promesas.