lunes, 20 de mayo de 2024

A flor de piel

Hace no demasiados días, a raíz de alguna columna escrita en este mismo blog o de algún episodio grabado del podcast (no recuerdo bien) en la que hablaba de la necesidad de que el Pontevedra CF sacará a relucir la cara “B” del fútbol, su cara “B” particular, mi hijo acabó por preguntarme qué era eso de la cara B y como se aplicaba al entorno de la música.

Con paciencia y sin desalentarme por los gestos de incredulidad, asombro y hasta sorna que dibujaba su rostro a medida que le iba contando, hablé sobre aquellos cassettes o “cintas” en las que escuchábamos música o grabábamos alguna canción siempre pendientes de que las voces de disc- jockeys, especialmente entrenados para ello, no se colasen al principio o al final del tema para arruinar la grabación.

Le explicaba también que esas cintas contaban con dos caras, la A y la B que había que poner una detrás de otra para escuchar el álbum entero.

Generalmente las canciones de la cara A eran las que se ponían a todas horas en las emisoras especializadas en música y las recogidas en la B eran destinadas casi al olvido o al disfrute mucho más pequeño de los grandes seguidores de una banda determinada.

Me atreví incluso a contarle que incluso años antes de eso, salían “singles” en vinilo que contenían una canción por su cara A y otra de relleno por la cara B.

Después de que mi vástago comprobara una vez más la rareza de la era cuaternaria de la que procede su padre, me animé a realizar una breve búsqueda de canciones que en principio aparecieron en la cara B pero que lejos de instalarse en el olvido se convirtieron en algunos de los temas más famosos de sus compositores o intérpretes.

Encontré bastantes tanto de los Beatles como de los Rolling Stones y otros grupos pero me llamaron especialmente la atención dos canciones que yo mismo he tarareado multitud de veces en diferentes contextos, “We will rock you, de Queen y “Maggie may” de Rod Stewart que fueron colocadas en lugares secundarios para luego hacerse mundialmente célebres.

El caso es que el Pontevedra llevaba, no uno ni dos, sino más meses enseñando solo la cara A de su fútbol.

Esa cara principal en la que la calidad para la categoría seguía siendo incuestionable pero en la que faltaba el alma, el sentimiento, la fuerza o la personalidad que aporta la cara B y que solo junto a la primera convierten a un equipo en un grupo muy difícil de batir.

El Pontevedra tocaba la pelota pero muy poco tiempo con veneno y profundidad y muchos más minutos con desgana y somnolencia.

El Pontevedra seguía metiendo goles pero de la misma forma que un empleado de una oscura oficina sella papel tras papel de forma mecánica anhelando el fin de su jornada pero no como alguien entusiasta que disfruta realmente con lo que hace.

El Pontevedra encajaba goles con mucha facilidad (a balón parado, sobre todo, aunque no solo a balón parado) y lo hacía con esa dejadez que transmite aquel que se sabe el mejor en algo pero que no tiene ninguna gana de demostrarlo.

Y así, entre desidia y algo de suficiencia, llegó esa “final” contra el Ourense en la que esa ausencia por completo de la cara “B” acabó por liquidar todas las opciones de ascenso directo ante la mirada de más de 7.500 seguidores granates que se fueron aquel día con la sensación repetida de no haber visto, ni de lejos, la mejor versión de su equipo.

Y llegó la ida con el Aragon y en la primera parte sí se atisbaron destellos de esa cara B acompañando a la exquisita pero algo soberbia cara A.

Se tocó con más intención, no hubo complicaciones atrás, se dominó casi por completo al rival… aunque solo fueron eso, atisbos. En aquella segunda parte volvió a escasear la profundidad, la ambición, el entusiasmo, la energía, las ganas de ser mejor y así el disco se quedó no solo a medias sino incluso en un trabajo mediocre que habría que arreglar en el siguiente trabajo semanal.

No había más oportunidades. O la “banda” se esmeraba más que nunca a la hora de componer e interpretar sus canciones o el éxito se escaparía irremediablemente hasta dentro como mínimo de un año.

Y sí, es verdad, se cometieron errores de los que ahora se escribirá pero la versión del Pontevedra CF fue diferente desde el minuto 1.

Desde ese primer instante el equipo salió decidido a ir, a percutir, a insistir, a atacar y a derribar el muro zaragozano.

Lo que pasa (y aquí llega el tiempo de hablar de errores) es que cuando se lleva tanto tiempo sin entonar o afinar como se debe, hay aspectos que no se solucionan de un día para otro. Y es verdad que el Pontevedra a lo largo de buena parte de la primera mitad dio alguna muestra de fragilidad defensiva.

El pase horizontal de Bastos (aunque pueda existir falta sobre Mayo) no es de recibo y la facilidad con la que el Aragón hilvanó la contra que terminaría en el 0-1, quizá tampoco.

Nos habían tirado 3 veces en la eliminatoria y nos habían hecho 3 goles. Y pudo ser peor porque pocos minutos después, en un simple balón largo, volvimos a hacernos un lío que terminó con un balón rozando uno de los postes de Edu empujado por un defensa vestido de granate.

Esa debilidad atrás (que desapareció por completo en la segunda parte) fue el peor aspecto del choque pues los dos centrales ( a pesar de que insisto, el gol se genera en un pase de Bastos que no debió producirse) no mostraron en algunas acciones la contundencia que deben enseñar en todo momento.

A pesar del mazazo del 0-1, el Pontevedra no estaba por la labor ayer de de dejar de interpretar su fútbol de esa manera que nos encandiló en la primera vuelta.

Se llegó en muchas ocasiones por las dos bandas, Dalisson y Yelko generaban peligro en tres cuartos y solo la falta de acierto en el remate o en el último pase impedían que el resultado empezara a cambiar.

Llegó el golazo de Yelko y el Pontevedra se reafirmó en el camino. En el camino del fútbol, sí, pero en el del fútbol profundo, constante, con espíritu, con garra y con esa energía que resulta indispensable para afrontar cualquier partido y más una eliminatoria de ascenso.

Nada más volver del vestuario, Carlos López (que ayer estuvo fallón) la tuvo para hacer el segundo y luego volvió a tenerla el de Ares después de que el portero aragonés rechazara en portentosa intervención un lanzamiento de Alex.

Al cuarto de hora se fue Bastos y entró Toño Calvo.

No resulta exagerado escribir que la media hora disputada por este futbolista resultó antológica.

Además de aportar ese “plus” en los balones divididos, de meter fuerza en medio campo y enardecer con su trabajo aún más a la grada (detalles que forman parte también de esa cara B que tanto echamos en falta), hizo el segundo tanto tras acción de Dalisson y primer remate de Carlos López rechazado por el portero y que Toño pudo remachar por estar en el sitio exacto.

Luego se sacó una jugada impresionante de la manga arrancando desde medio campo y aguantando incluso un intento de placaje de un rival que no pudo frenarlo. Se fue de no se cuanta gente y tras algún rechace estuvo él mismo a punto de hacer un gol tremendo.

Y qué decir de la traca final en el 92. Antes, hay que decirlo, en el 87 todos nuestros corazones se pararon al provocar el Aragon un córner que provocó que todos nuestros peores pensamientos salieran a la superficie. No tuvo consecuencias

En ese minuto 92, Toño arranca otra vez desde muy atrás y cede a la derecha para Dalisson. Este manda un centro algo bombeado hacia Rufo que despeja un defensa de cabeza hacia dentro del área y allí, otra vez viniendo desde atrás, Toño conecta un derechazo que mandó la pelota a las mallas y a todos los espectadores granates al mayor de los júbilos.

Después del partido, en rueda de prensa, un Iago Iglesias expulsado nada más hacer su equipo el 2-1 y por tanto en un momento difícilmente entendible, decía que Toño era “un as en la manga” que tenía y que aporta fuerza, llegada y no sé cuantas cosas más al equipo.

Menos mal que ese as salió de debajo de esa manga ayer. Si no hubiera sido así, no habría quedado más remedio que devolverlo a la baraja para siempre.

Después, el Pontevedra posiblemente acordándose del “teatrillo” final del Aragon en la ida, mostró otra faceta de la carta B parando el partido mucho tiempo y pasando alguna factura generada hace 7 días.

Eso sí, esas pérdidas supusieron que los 5 de prolongación se convirtieran en 9 y que en el 53 y medio (tras fallar Gueye una muy clara) el rival gozase de otro corner que fue recogido por alto por Edu Sousa quien sabe si poniendo punto y final a tanta negligencia colectiva en ese lance del juego.

El final llegó y con él la clasificación del Pontevedra para la eliminatoria definitiva.

El Pontevedra volvió a mostrar fútbol, algo que casi nunca ha dejado de hacer esta temporada, pero dotó a ese fútbol de casi todo aquello que había abandonado en los últimos tiempos: garra, ímpetu, amor propio, resiliencia, ganas de ganar, ambición y la gente, que lo vio desde el primer instante, se entregó como en las mejores ocasiones provocando que todos los allí presentes sintiéramos el pontevedresismo, el granatismo a flor de piel, de una manera profunda y emocionante.

Eso es lo que no se puede olvidar en la eliminatoria final.

Y en ese cruce decisivo nos ha tocado el único quinto que superó la primera criba, el Real Betis Deportivo.

Forma parte del grupo IV que ha clasificado a todos sus componentes para esta segunda ronda.

Este sí es un filial de un primera división y además de un Real Betis que lleva años tocando Europa.

Ha cosechado menos puntos fuera, 16, que el Deportivo Aragón (los maños hicieron 21) pero, ojo, no ha perdido a domicilio ni con el Sevilla At (equipo ascendido directamente con el que empató) ni con el Orihuela (empate) ni con el Marbella o Yeclano a los que venció.

De hecho, en Yecla y Marbella fueron los dos únicos encuentros que ganó fuera. Eso sí, ha empatado 10 y solo ha perdido 5.

En casa tiene grandes números y solo ha perdido dos veces.

Otro enemigo será el calor. En la ida en Sevilla es posible que hasta las palomas salgan a volar con cantimploras y ese es otro factor que debemos saber manejar con un adecuado sistema de relevos a lo largo del partido.

Como datos random, cuentan con un hermano de Fekir que ya no es un niño y que el año pasado nos hizo un gol con el Linense y con un hijo de Zidane.

Como todos los hipotéticos rivales cuenta con puntos fuertes y débiles pero no olvidemos una cosa, no la olvidemos nunca:

Si el Pontevedra CF es capaz de mostrar su mejor nivel, esa versión en la que la cara A se ve bien arropada por la B, no hay ningún rival al que debemos temer, a ninguno.

Todo el respeto del mundo, faltaría más, pero miedo en absoluto.

Hay que estar a la altura en Sevilla. Entregarse como nunca sabiendo que luego la eliminatoria volverá a aquí.

Y aquí…. Pues eso.

Pasaron nunca se rinde y estará encantado de volver a dictar sentencia.

lunes, 13 de mayo de 2024

El apoyo como coartada.

Aquellos que de forma habitual pierden un poco de su tiempo para leer este blog saben que me gusta cada cierto tiempo mostrar mi agradecimiento por ello.

Ese agradecimiento se dirige tanto a los que tras efectuar su lectura muestran su conformidad con lo escrito como a los que a través de comentarios o redes sociales indican alguna cuestión sobre la que no están de acuerdo o incluso a veces enriquecen la columna aportando datos o rectificando alguno en que este bloguero (más atribulado que nunca) haya podido cometer un error.

En esta ocasión, además de esas eternas gracias por el muy considerable número de lecturas que acumula muchas semanas este espacio, debo ofrecer mis disculpas.

Sí. Debo pedir perdón a aquellos que entren esta semana en “En clave granate” en busca de esperanza o algo de optimismo de cara al futuro más inmediato que tiene el equipo por delante.

Antes del crucial partido contra el Ourense CF, titulé una entrada “Empuja, Pontevedra empuja” en referencia no solo al equipo sino a la entidad y a afición en general de cara al duelo de la máxima trascendencia que se iba a encarar en unos días.

Y vaya si empujó la gente.

Casi 8.000 personas en el campo para dar su apoyo a un equipo que se venía medio cayendo desde hacía semanas pero que todavía podía conseguir más de medio ascenso en Pasarón ganando al conjunto pontino.

La gente apoyó, sí. La afición estuvo, sí. El equipo y su entrenador, no.

El Ourense tenía un plan. Aguantar, defender y en un momento determinado cambiar alguna pieza y buscar un balón parado ganador. Ese plan bien trazado se cumplió y el Pontevedra CF dio con sus huesos en el play off al no ser capaz ni de empatar en casa aquel día.

Tras dos semanas de penitencia por la Liga, rumiando rabia, decepción y tristeza, llegaba la última oportunidad para salir de esta insoportable categoría a través de las eliminatorias a ida y vuelta.

“Adelante Pontevedra CF”, titulé esta vez ya más en dirección al propio entrenador a y a los futbolistas.

Aprender de los errores, tener personalidad, máxima concentración y a partir de ahí a ganar porque podéis, porque tenéis la calidad requerida para ello y porque sois mejores que el rival.

Ese en síntesis podría ser un sucinto resumen de ese escrito otra vez preñado de confianza y en la convicción de que el equipo habría reflexionado y que no se volverían a cometer las mismas torpezas de siempre.

M equivoqué.

Me equivoqué con todo el equipo, nunca mejor dicho, y el partido que se disputó en La Romareda fue, en rasgos generales, el mismo partido que llevamos viendo desde hace meses.

Tras unos primeros minutos de “empanada” se consiguió coger el rumbo del choque y la primera parte se empezó a disputar con sentido y cierta intención.

El balón era nuestro y el rival esperaba, sí, porque sabía que esperando y no desesperando llegaría el error de siempre del Pontevedra CF.

Aún así, insisto, el primer tiempo se jugó de forma inteligente y eficiente por nuestra parte.

Supongo que por una orden táctica ya preconcebida, esa posesión que era lenta pero no cansina ni estéril, se volcaba casi siempre hacia nuestra banda izquierda para que Chiqui encarara a su par y tratará de sacar réditos.

No estuvo en su mejor día el ex futbolista del Coruxo. Trató de desbordar, es cierto, pero pocas veces lo logró y cuando lo hizo no fue capaz de sacar ese centro venenoso que provocase que su acción fuese realmente productiva.

A pesar de ello, sus penetraciones dieron lugar a varios saques de esquina (sacados tan mal como casi siempre) y contribuyeron a consolidar al equipo en el partido.

Luego llegó la obra de arte de Dalisson.

Control excelso, regate maravilloso y disparo fulminante para hacer un tanto de bandera y confirmar que el Pontevedra estaba mejor que su joven rival y que se podría hacer incluso más sangre.

El resto del primer tiempo no estuvo del todo mal. Se perdió, quizá, un poco de esa intención en la posesión pero llegaron dos acciones que de haber estado acertados en el pase decisivo se podría haber hecho mucho daño a la contra.

Tras el descanso y con cada vez más calor sobre el césped, las cosas empezaron a cambiar. No de forma brusca sino sutil, sibilina, como tantas otras veces ya ha pasado.

El Pontevedra CF seguía teniendo el balón y su sensación de control era evidente pero con el paso de los minutos ya esa posesión pasó de ser algo lenta a directamente cansina, incluso algo desganada, y nuestras apariciones por las inmediaciones del área rival eran cada vez menos.

El Aragón empezó a meter algún cambio y desde fuera empezó a dar la impresión clara de que nosotros también necesitábamos relevos, aire fresco sobre el campo, piernas nuevas que ayudaran a sobrellevar esa segunda parte con calor y la lógica tensión del choque.

Esos cambios no se hicieron.

Y luego llegó lo peor. Llegó lo de siempre. Llegó otra vez lo único que no podía volver a llegar y que va camino de apartarnos de cualquier posibilidad de ascenso.

Ya minutos antes del corner a través del cual llegó el empate, el filial maño sacó otro que fue penosamente defendido y que acabó con el balón en plena área pequeña rebotando contra el cuerpo de Mario Gomez. ¿No os recuerda a algo?

Por suerte, en esta ocasión, dicho rebote fue flojo y la pelota acabó en las manos de Edu.

Qué decir del saque de esquina posterior que terminó en gol?

Otra vez se permite una peinada cerca del primer palo, otra vez llega otro atacante al segundo y con una de sus piernas empujaba la pelota a la red mientras Edu ya llevaba algunos segundos dentro de su propio marco.   

Descorazonador, realmente descorazonador. Otra vez y otra y otra y otra y otra y otra y otra….

Puedo admitir que la posesión de la que hablaba antes se volviera cada vez más monótona y sin sentido producto de la temperatura y de la actitud de un rival que no se quería romper porque era conocedor de lo que había.

Puedo admitir también, aunque ya con muchas más dificultades de comprensión, que no se hubiera efectuado antes algún cambio para tratar de dotar al equipo de más punch, fuerza, energía o como se le quiera llamar.

Daría por bueno todo eso si al menos fuéramos capaces de defender nuestro área como un equipo responsable y serio y no como un conjunto de niños de guardería incapaces de comportase con la más mínima diligencia defensiva.

Porque esa negligencia, porque esos errores asquerosos invalidan y hacen más grotesco todo lo anterior.

Por qué no sigues yendo tras el 0-1 a por el partido cuando tu rival está tocado y puedes hacer más daño?

Por qué no haces cambios cuando el equipo empezaba a pedirlos a gritos para seguir metiendo al contrario cerca de su área?

Si no regalas, sigues moviendo el balón como la rueda de un reloj de pared y te llevas el 0-1 (que sin duda es un gran resultado) pues se podría decir que los dejamos algo vivos pero que lo tenemos muy bien para la vuelta.

Ahora, si no vas a por ellos y aún por encima les das la razón cometiendo la misma negligencia de siempre es que no tienes perdón de Dios; es que no eres un equipo responsable; es que da la sensación de que te ríes en la cara de la gente y le tomas el pelo.

Después del 1-1, sí, los cambios.

Y después del 2-1 en el 88, producto de una falta bien tirada desde la frontal en la que volvimos a ser frágiles en la jugada previa, otros dos cambios.

 Siento la expresión vulgar pero es que es para mear y no echar gota.

En vez de utilizar las sustituciones cuando ganabas pero ibas a menos y necesitabas aire, las haces después de los mazazos y casi sin tiempo para nada.

Y todo ello contra un Aragón que es un grupo de muchachos barbilampiños y que contaba con cuatro bajas, tres de las cuales eran realmente importantes.

Y todo ello, después del 2-1, cayendo en las provocaciones de ese grupo de semi niños y cargándonos de tarjetas por mostrar tarde y mal ese genio que tendría que haber surgido antes jugando al fútbol y no discutiendo chorradas cuando el mal ya estaba hecho.

Por todas estas cosas es por las que ofrezco mis disculpas porque soy incapaz de encontrar algo de optimismo o luz entre tanta incompetencia.

Y tengo en cuenta, además, que el rival es perfectamente eliminable. Que estuvo a nuestra merced más de media hora de la ida. Que cualquier victoria en Pasarón, cualquiera, nos clasifica. Que lo normal sería darle la vuelta porque el Pontevedra es mucho mejor que el Aragón y que caer contra esta gente sería un ridículo notable.

Pero no veo alma. No veo, salvo excepciones, coraje. No veo garra ni rebeldía ni un mínimo propósito de enmienda para no volver a caer en lo mismo. No veo ningún motivo para no creer que el Aragon no vaya a hacer otro gol a balón parado, mejor dicho, estoy casi seguro que lo hará y que tendremos que hacer un mínimo de 2 goles para pasar.

Estoy cansado de escuchar a este entrenador hablar de “temporadón”, de campaña excelente, de los datos del fútbol virtual, de pequeños detalles…

Estoy hastiado de recordar que el Pontevedra no debe estar en 2RFEF y que no subir sería un fracaso estrepitoso que me cuesta un montón asumir.

Ahora, mejor dicho, desde ayer mismo ya se oyen apelaciones al apoyo de la afición, a la posibilidad de llenar el campo, a ollas a presión, a calderas etc etc.

El equipo tardó poco, por cierto, frente al Ourense en meter tanto cloroformo al partido que los casi 8.000 que allí estábamos fuimos casi desconectados por nuestros propios futbolistas a base de jugar andando.

Lo que yo me pregunto, en cambio, es lo siguiente.

¿Quién apoya a la afición?

El Pontevedra y su entrenador (el cual en la rueda de prensa previa a jugar contra el Fabril llegó decir que todo el mundo habría firmado llegar a esta situación a falta de 2 choques cuando en realidad ya no dependíamos de nosotros) piensan salir a Pasarón el Domingo a jugar andando desde el principio con ese “mantra” de que hay 90 minutos para hacer un gol?

El Pontevedra y su entrenador, en el caso de que se ponga por delante en el marcador, piensa de nuevo amnistiar a este grupo de “mozalbetes mañicos” y dejar que pasen los minutos hasta que en el tramo final un balón parado nos mande a la mierda?

El Pontevedra y su entrenador van a mostrar un mínimo de amor propio, de ímpetu, de alma en el campo que en absoluto resulta incompatible con mantener la cabeza en el partido?

El Pontevedra y su entrenador van a honrar el apoyo que sin ninguna duda se le va a brindar por parte de miles de aficionados que están muy por encima de ellos con un partido digno de un equipo que tiene como objetivo ineludible el ascenso de categoría?

El entorno del Pontevedra CF, en forma de medios de comunicación, va a dejar de tomar como una coartada la necesidad de apoyo que tiene el equipo para seguir callando y no preguntar lo que habría que preguntar?

Por todo esto y mucho más soy incapaz, lo siento, de confiar en que el Domingo el Pontevedra CF será un equipo de verdad y no creado por ordenador.

Pasar la eliminatoria debería ser obligatorio pero el equipo da síntomas cada vez más evidente de que está medio muerto y de que no será capaz.

La coartada del apoyo. No critiquéis ahora. Hacedlo luego, Ahora hay que apoyar.

Luego? Cuando? Cuándo nos hayan echado y humillado una vez más?

Lo siento, pero no.

Todos los componentes de esta entidad deben ser conscientes de lo que hay en este momento.

Y hay que rectificar ahora, Cuando hay tiempo. Cuando hay vida. No después. Cuando se haya cerrado el ataúd.

O se juega como un equipo de carne y hueso el domingo, o estaremos en la calle.

Claro que hay apoyo. Incondicional, profundo, numeroso pero aquel no debe ser utilizado como coartada sino como obligación para dar lo mejor de que cada uno tiene dentro.

Estamos al borde del precipicio.

lunes, 6 de mayo de 2024

ADELANTE PONTEVEDRA CF

Desde el mismo instante que el balón de Facu Ballardo penetró en la portería de Edu Sousa sentenciando así el duelo en el que se decidía el ascenso directo, el Pontevedra se sabía "condenado" al purgatorio (o al infierno, ojalá no) de las eliminatorias a doble vuelta para lograr el único objetivo que esta entidad puede tener en 2RFEF, el ascenso.

Han sido dos semanas largas, teñidas con ese color gris oscuro de la decepción que provoca haber dejado escapar algo que nunca debió fugarse ante tu propia gente.

En Coruña se sumó un punto a duras penas para certificar un segundo puesto mucho más importante de lo que parece de cara al play off y ayer mismo se cerró la Liga regular con un partido descafeinado en el que el Pontevedra jugó por inercia y su rival, el Racing Villalbés, confirmó definitivamente su descenso tras una segunda vuelta en la que se pareció poco o nada al equipo rocoso y difícil de vencer que fue en la primera parte del campeonato.   

Poco o nada se puede rescatar de lo de ayer si hablamos en clave granate.

Si acaso la constatación de que ni nuestro único internacional ni nuestro único "refuerzo invernal" jugaron de titulares en un partido en el que aparecieron en la alineación inicial cuatro o cinco jugadores que pocas veces lo habían sido a lo largo de la temporada.

Como punto indudablemente positivo, la ausencia de lesiones o expulsiones que posibilitan que todos los futbolistas se encuentren aptos para afrontar la ida de la primera eliminatoria dentro de seis días.

Con todas las reservas del mundo pues el encuentro no valía absolutamente para nada desde la perspectiva pontevedresa, resultó interesante ver como este triángulo formado por Samu en el vértice y Borja y Toño por delante funcionó más que correctamente tanto a la hora de mover la pelota como este equipo necesita como a la hora aportar algo más de fuerza en los duelos y más capacidad para recuperar balón tras unas pérdidas que ayer, especialmente en la primera parte que es cuando hubo algo de partido, fueron muy pocas. 

También a la hora de llegar al área contraria pues de esa forma llegó el único gol del partido. Buena jugada de Dalisson por la izquierda, con pase al desdoblamiento de Eneko y centro de este para que Toño llegando desde atrás empujase el balón al fondo de la portería de un muy buen portero visitante.

Hablando de porteros. Debutó esta campaña Manu Vizoso y lo hizo bien. No cometió errores, jugó con el pié como este equipo exige y acabó por cumplimentar una actuación muy aseada.

Con las mismas reservas que se deben tener para con los buenos detalles, hay que tenerlos con los malos pero relativizar y tener en cuenta el contexto en el que se jugaba el choque no quiere decir que no se citen aquellas cosas que por lo menos a este atribulado bloguero le gustaron menos.

Y en ese apartado está Rufo. 

En la jugada en la que un defensa rival le cede por error un balón para poder encarar con todo el tiempo del mundo al portero contrario, un delantero no puede finalizar tan mal, tan horrorosamente mal.

A Rufo se le necesita. Por su experiencia, por su trabajo, por su incuestionable identificación con esto... pero también se le necesita por sus goles, esos que sí pudo convertir en la primera vuelta pero no en la segunda.

Falló una muy clara en Aranda en la última jugada, falló ante el Marino varias, también el día clave no estuvo fino en una acción que pudo ser decisiva y ayer entregó literalmente otra ocasión muy clara a las manos del portero.

El fútbol es caprichoso, mucho. Y Rufo tiene gol, lo ha tenido siempre. Es posible, que feliz nos haría a todos, que el gol del ascenso llegue por mediación suya pero para ello debe ganar toda la confianza que parece haber perdido a lo largo de estos meses. Está a tiempo de recuperarla, de creer otra vez en él si es que ha dejado de hacerlo pues minutos va a tener en esta crucial fase de la competición.

La Liga regular ya es historia. No se ha conseguido el ascenso por la vía directa y sin solución de continuidad pero con estas dos semanas en la que espero de todo corazón que el equipo se haya mentalizado para lo que le espera, aparece ya el partido de ida de la primera eliminatoria a vida o muerte.

El rival que ha tocado en suerte es el Deportivo Aragón, filial del histórico Real Zaragoza que pena por segunda división desde hace más de una década.

Algunos seguro que habrían preferido a otro de los posibles rivales, otros (entre los que confieso encontrarme) no le ha parecido mal el nombre que ha salido en la papeleta. 

Ahora bien, una cosa tengo muy clara, tan límpida como el agua fresca que mana de una fuente en un día caluroso de verano, dará igual el rival que nos haya correspondido si el Pontevedra CF no ha logrado aprender nada de lo que le ha pasado a lo largo de casi toda la segunda vuelta.

Hay una corriente de opinión que afirma que todo se decidió en una jornada y que los 90 minutos contra el Orense con esa dura derrota fue la que nos condenó.

Matemáticamente, quizá sí. Ganar aquel día era casi lograrlo y perder quedar fuera.

El problema es que no había necesidad de jugárselo al todo nada ese día.

Se falló en casa ante el Zamora, se falló en Santander, en Aranda e incluso en Santiago a pesar de algunas jugadas controvertidas.

Todos esos días y otros en los que a pesar de ello se sacó el resultado, el Pontevedra regaló goles increíbles a balón parado y las veces en las que estuvo con ventaja fue incapaz de gestionar la misma con eficacia, oficio y personalidad sobre el césped.

Existe la cara A del fútbol que es aquella en la que aparece ese pase maravilloso, esos diez minutos de toque preciosista e incluso ese gol que pone en franquía un marcador.

Sin embargo, luego también existe la cara B. 

Esa cara en la que si te has logrado poner por delante en el marcador pero no sentenciar el choque debes mostrarte más seguro que nunca en la labor de seguir combinando, moviendo al rival aunque no encuentres profundidad, evitando pérdidas absurdas en zonas comprometidas del campo.

Es esa cara B en la que tú rival, que también juega, aprovecha por sus mejores momentos y te aprieta y exige que aparezcas más que nunca. Que aparezca la seriedad defensiva, la máxima concentración en el balón parado, tu oficio para parar el partido si hace falta, para meterle cloroformo, para cuando estás al límite  salga tu personalidad para apagar los incendios que el contrario ha intentado prender.

Eso he echado muchísimo de menos en el equipo desde hace meses. Dominar tu área con uñas y dientes y dominar la contraria no marrando ocasiones a veces sonrojantes que hacen crecer a los rivales. Que apareciera el oficio, esa personalidad que a veces ha faltado.  

Sea como fuere, el filial zaragocista ha anunciado hoy mismo que el partido de ida se jugará el Domingo por la mañana en el mismísimo campo de La Romareda.

Ni que decir tiene que el Aragón derrochará energía, ilusión y esa casi despreocupación de la que rezuman los filiales cuando afrontan fases en las que el ascenso es un premio y no una obligación.

Cuentan con un tridente formado por Mañas, Cuenca y Fabio que ha logrado 27 de los 51 goles que han logrado en Liga y a un juvenil, Adrián Liso, que ya ha debutado e incluso marcado un gol en Huesca con el primer equipo zaragocista. Hablan muy bien de este futbolista.

Por contra, este filial ha encajado 40 goles, cifra nada desdeñable, y ha quedado a 26 puntos del Bilbao Athletic, a 20 del Barakaldo y a 15 del Ud Logroñés.

Además, es un filial al uso, es decir, muy joven y con poca experiencia, lo que puede resultar clave a la hora de afrontar la vuelta en Pasarón ante, ojalá, un gran número de aficionados granates.

No nos engañemos, La eliminatoria, como todas las de ida y vuelta, será difícil y comprometida. Lo habría sido igual ante el At. Paso, Betis o Lleida.

Es hora de nuevo de mostrarle al Pontevedra CF, a nuestros jugadores y nuestro cuerpo técnico, todo nuestro apoyo, nuestro ánimo, nuestras ganas de conseguir el ascenso que tanto necesitamos.

No obstante, es hora también de pedirles que se acaben las excusas, la suficiencia e incluso los miedos.

Necesitamos la mejor versión del equipo tanto en la cara A del fútbol como en la cara B. 

Ya no hay vuelta atrás. No hay más opciones o matas o te matan. Y el Pontevedra si está concentrado, si tiene confianza, si cree de verdad en que pude hacerlo, tiene argumentos más que de sobra para matar a este Aragón o a cualquier otro rival que se ponga por delante.

Adelante Pontevedra CF. Jueguen, luchen, ganen. 

Nosotros, como siempre, estaremos hay detrás, con ustedes.  


   


lunes, 22 de abril de 2024

Cuando las luces se apagan

Sé de buena tinta que aquellos aspectos de mi carácter que he intentado pulir, suavizar, modificar o directamente eliminar de mi “disco duro” emocional a lo largo de medio siglo de vida, seguirán manifestándose en determinados momentos con la misma fuerza o incluso más con la que empezaron a aparecer hace ya muchos años.

Ya puedo atravesar un momento difícil en lo personal o en lo laboral que tengo muy claro, tan claro como el agua, que el peor momento después de que el Pontevedra CF pierda un partido vital llegará en el mismo instante en que se apague la luz de mi habitación y los ojos sigan abiertos de par en par mirando a un techo sumido en la total oscuridad.

Llegarán los recuerdos del partido y de los momentos previos al mismo, llenos de ilusión y esperanza. También los siguientes, los de la decepción, el cabreo y la tristeza.

No importará que al día siguiente tenga un día de perros o la certeza que los problemas cotidianos volverán a mi cabeza como tienen por costumbre desde hace demasiado tiempo.

Dará igual. Me pasaré un tiempo indeterminado dando vueltas por mi cama vacía hasta que de improviso llegue el sueño librándome de la carrera de Rufo, del enésimo corner mal defendido, de los seguidores del Ourense celebrando un ascenso prácticamente hecho en mi propia casa y de algunos de mis jugadores discutiendo con la grada.

Ha pasado tantas veces. Han sido tantos los “palos” y casi todos ellos en Pasarón que ya conozco perfectamente las reacciones que tendrá mi organismo.

En ese tiempo de insomnio, girando y girando en busca de un sueño que no llegaba, muchas cosas o pensamientos se agolpaban en mi cabeza.

Era un partido en el que entre la victoria y el empate había bastante diferencia pero también era un choque en el que la distancia entre empatar y perder era todavía más grande.   

El equipo no salió como yo esperaba.

Me había imaginado un partido en el que el Pontevedra intentara dar mucho ritmo al juego en los primeros minutos para aprovechar el ambiente espectacular del estadio y provocar dudas o incluso alguna grieta en la maravillosa organización colectiva del rival.

No fue así. En los escasos momentos en los que parecía que el juego podría acelerarse un poco, el propio entrenador desde la banda pedía tranquilidad a los suyos y menos revoluciones al choque.

Así fue. El Pontevedra porque no supo o porque no quiso (quiero creer que por lo primero) fue incapaz de dotar de un mínimo de velocidad a la pelota y a pesar de que sí se producían acercamientos, sobre todo por la izquierda de nuestro ataque, no daba la sensación de que el Ourense sufriera casi nada para contener los demasiado tímidos embistes.

Sí. Ya sé que el conjunto visitante apenas inquietó en toda la primera parte en ataque a pesar de que Di Renzo demostraba en cada lance que es una auténtica “mula parda” competitiva de la que carece por completo el Pontevedra.

Lo que pasa es que ese era el plan del Ourense. Estar ordenado y marmóreo atrás, no dar ni una sola facilidad, pelear cada balón dividido para desgastar al contrario y dar el paso al frente en el momento oportuno para derribarlo en el primer fallo que cometiera.

Es verdad que a lo largo del primer cuarto de hora de segundo tiempo el Pontevedra logró dotar de algo más de continuidad a su fútbol. Llegó el remate más peligroso a cargo de Alex que se fue lamiendo el larguero; se botaron dos saques de esquina con algo de veneno que fueron despejados con algún apuro por el Ourense y se penetró algo más por banda derecha.

El técnico rival lo vio y tomó cartas en el asunto. Retiró a Alex Gil que estaba teniendo dificultades para ayudar en banda izquierda en defensa y dio entrada a Palmás y de paso cambiar el sistema para jugar con dos puntas.

Su modificación surtió efecto. El Pontevedra volvió a diluirse poco a poco y el conjunto azul fue creciendo un poquito en ataque.

Llegaron los cambios de Iago que realmente no volví a entender demasiado bien.

Primero metes a Rufo por Bastos llevando a Dalisson a banda derecha con lo que por esa banda se perdió profundidad. Pero es que ni diez minutos después decides sacar a Carlos López y a Chiqui para poner a Mayo y Gueye.

No habría sido más lógico y coherente sacar primero a Gueye por Bastos?

Si decides meter a Rufo junto a Carlos, en principio para tratar de tener más presencia en área contraria, por qué tardas menos de diez minutos en rectificar para fortalecer el medio campo con la presencia de Samu y volver a marear a Dalisson pasándolo a la izquierda y perdiendo ahora la profundidad por ese flanco?

No habría sido más inteligente cambiar directamente a un delantero por otro y sacar a Dalisson por Mayo manteniendo a Chiqui en la izquierda junto a Gueye por el otro lado?

O si quieres sacar a Chiqui no habría sido más productivo retirarlo por Eneko y poner por fin a Alex en su sitio?

Ya sé que soy un simple aficionado y que los que saben son los técnicos que para eso tienen los conocimientos y los respectivos títulos pero la sensación que a mí me dejaron los cambios (igual, sin ir más lejos, que en Santiago) es una sensación de provisionalidad, de “ a ver qué pasa”, de moneda al aire y no de un plan claro de lo que se quiere conseguir con las sustituciones.     

Me dio la impresión, en definitiva, que con el doble cambio se quería corregir lo que se había hecho tan solo diez minutos antes con el primer relevo. Repito, igual que en Santiago.

Aún así, lo peor estaba todavía por llegar.

Primero en la mejor ocasión para los nuestros generada por un balón extraordinario de Samu Mayo en profundidad hacia Rufo que partió hacia la portería contraria con ventaja sobre el central Prado.

No llegó a fallar en el remate porque ni siquiera llegó a disparar. El zaguero rival recuperó en un santiamén su desventaja y dejó en evidencia a un Rufo que estuvo lento a más no poder.

Luego otra contra también comandada por Samu en la que quizá optó por la peor opción al enviar el balón a su izquierda hacia Rufo y no a la derecha por la que cabalgaba Gueye. Esa acción también se fue al garete sin remate a portería.

Después el mazazo. La “leche” definitiva en el rostro de la afición que no pudo llegar de otra manera que a balón parado pues la realidad es tozuda y casi siempre anticipa lo que pasará en el futuro.

En la acción que dio lugar al saque de esquina, Palmás casi aprovecha un balón para marcar pero en el lanzamiento desde el semicírculo no hizo falta que nos rematasen de cabeza. Balón colgado al segundo palo. Falta de atención. Un jugador se queda parado, otro echa a correr antes de tiempo y Prado conecta con el pié la pelota para mandarla al fondo de las mallas.

Repito, un corner rematado con el pie. Quinto partido de los últimos seis en los que encajamos en un saque de esquina.

Errores imperdonables que cuestan ascensos directos y quién sabe si algo todavía mucho peor.

No habías conseguido ganar en 82 minutos y no eres capaz de no perder en el tramo final.

De ahí hasta que el anticasero (aunque sin influir en el marcador) árbitro marcara el término del encuentro el Pontevedra vagó entre la agonía, el desaliento y la mayor de las impotencias.

Llegó el 0-2 al que asistieron nuestros futbolistas en primera fila contemplando la acción en posición privilegiada y llegó la fiesta pontina ante 7.600 espectadores granates que una vez más empezaban a marcharse con otra pierda y de las grandes en la mochila de sus desilusiones.

Todavía en duermevela, preguntas ya realizadas en pasadas semanas  que no es que nunca fueron contestadas sino la mayoría de ellas ni siquiera cuestionadas por los que tienen el privilegio de hacerlo, volvieron a mi mente. 

Qué demonios habrá hecho Samu Mayo para dejar de ser titular en este equipo más allá de su descanso ante el Avilés por unas molestias? ¿Qué ventaja futbolística ha conseguido el equipo con esta sorprendente suplencia?

Si se han fichado en verano, no uno, sino dos laterales izquierdos, qué diablos hace Alex González jugando de lateral (o algo parecido) perdiendo en muchas ocasiones su capacidad constante y continuada de llegadas arrancando desde el exterior izquierdo? Qué ventajas futbolísticas consigue el equipo con el capitán en esta demarcación? Sí. Eneko ha cometido errores y en este blog se han comentado profusamente (de Hermelo no digo nada porque apenas se le ha visto)… pero no tendría el equipo una baza importante para las segundas partes con la posibilidad de entrada de un Chiqui fresco, punzante y con capacidad de desborde en aquellas fases de juego en las que las defensas rivales estén con menos físico?.

 Cómo se pretende ser campeón de nada encajando cinco goles de corner (ya sea en el primer palo, en el segundo, en balones francos para ser defendidos o permitiendo dos toques en el área) en los últimos seis partidos? Goles que costaron 4 puntos que ya estaban hechos en Santander y Aranda. Que costaron que un partido ganable como el del Compostela se complicara en grado sumo hasta acabar solo empatando o qué han acabado condenándote en el partido más importante de la Liga.

 De verdad creemos que se puede superar una eliminatoria de play off con estos errores “criminales” en el aspecto defensivo?

Y más preguntas. Pero estas ya no solo para jugadores y entrenador que tienen mucha responsabilidad pero ni mucho menos la única.

¿Por qué se ha despreciado una temporada más el mercado de invierno?

Sabe nuestra secretaría técnica que el Ourense perdió en Enero a su pichichi pero se trajo del “quinto pino” a un luchador como Di Renzo ideal para el sistema de juego que practica? Sabe también que en ese mismo mercado el gran rival se trajo a Hugo Sanz o a Mangana para reforzar su defensa, a Moha para reforzar su juego ofensivo de banda e incluso a un delantero joven de 20 años por lo que pudiera pasar? Tres de estos jugadores fueron titulares ayer.

 El Ourense era un muy buen equipo en la primera vuelta pero es mejor conjunto en la segunda. Se puede decir lo mismo del nuestro?

Por qué se trajo a Azael? ¿Qué aportan Hermelo o Barbeiro?

Cómo se puede decir, Iago, en la rueda de prensa de ayer que la temporada está siendo “exquisita” y “excelente” pero que también lo ha sido la de Ourense y Zamora.?

Creo, Iago, que sabes qué equipo entrenas aunque estoy seguro que allí dentro nadie te lo ha recordado al llegar porque no lo saben.

Una temporada no sé si exquisita o excelente pero desde luego satisfactoria en 2RFEF para el Pontevedra es aquella que termine con el ascenso. O por vía directa o por la de play off.

De lo contrario, ni exquisita ni “leches en vinagre” aunque se hagan 75 puntos. A no ser, eso sí, que el nivel de autoexigencia de esta entidad haya bajado todavía más de lo que creía.   

No puedo hacer eterna esta columna pero muchas más preguntas podrían formularse y en medio de todas ellas por fin el Dios Morfeo tuvo la gentileza de sacarme de mis tribulaciones.

Llegó la mañana y salió el sol y con él la necesidad de no rendirse. De donde había oscuridad ver algo de luz al final del túnel. De donde había tinieblas empezar  a rasgar la niebla aunque sea a machetazos.

Lo primero es acudir a Coruña y cumplir dos objetivos. El primero limpiar al equipo de tarjetas para el play off. Por lo menos, Carlos López y Garay tienen cuatro amarillas y deben salir de Abegondo con la quinta.

Lo segundo es asegurar el segundo puesto que más allá de implicar jugar la primera criba contra un quinto y la vuelta en casa ( lo que ya no sé si es bueno o malo), supondría algo más importante ya que el Pontevedra podría ascender con 4 empates pues en caso de igualdad después de una prórroga subiría el mejor clasificado en la Liga regular. A sí era la campaña pasada y no tengo noticias de que se haya cambiado el sistema para esta.

Quedan tres semanas para el primer partido de eliminatorias.

Es tiempo para que el vestuario se recomponga moralmente de este golpazo. Pero también es tiempo para que se tomen nota de verdad de los errores cometidos.

De nada valdrán los discursos delante de un micrófono hablando de todo menos de fútbol. De nada valdrán las defensas lamentables del balón parado. De nada valdrán las alineaciones titulares preñadas de experimentos con gaseosa. De nada valdrá otra cosa que no sea ver sobre el césped al equipo de gran parte de la primera vuelta.

O todo el mundo da su mejor versión y se deja la vida en el campo, en el banco y en el despacho o acabará por consumarse el gran fracaso que sería quedarse al menos un año más en esta categoría.

La grada? Alguien puede dudar de la grada?

Déjense de historias. Estaremos ahí como siempre hemos estado. Animando incondicionalmente por poco que nos ofrezca el equipo.

Creyendo con ahínco, con resiliencia, haciendo honor al lema de que nunca nos rendimos pero necesitamos retorno de este grupo, por favor, un retorno en forma de fútbol pero también de lucha, amor propio, coraje y personalidad.

Hala Pontevedra siempre!

martes, 16 de abril de 2024

Empuja Pontevedra, empuja.

En esta columna no se va a escribir sobre errores recurrentes a balón parado, penaltis como catedrales enviados al cajón de los nunca pitados o televisiones autonómicas cubiertas de oprobio y sesgos evidentes en su cobertura.

En esta columna se va a hablar del Pontevedra CF.

Hay partidos que se deben afrontar con la mirada al frente, el corazón henchido y la cabeza fría.

Partidos en los que la victoria es tan importante que lo hecho hasta el momento, con sus grandes aciertos y algunos errores, debe quedar aparcado para enfocar el pensamiento solo en ese día, en ese choque, en esos 90 minutos en los que un equipo debe demostrar para qué está hecho y para que lleva jugando toda la temporada.

Empuja Pontevedra, empuja.

No hay mejor ocasión que la que se dibuja este domingo para que la plantilla que tan buenos momentos de fútbol nos ha regalado en esta campaña, se desprenda de cualquier duda, incertidumbre o temor que pueda tener y exprese sobre el césped de Pasaron todo ese juego que lleva dentro y que no puede tener otra consecuencia que el ascenso a 1RFEF.

Es el día para que esa posesión en la que fundamenta su estructura se haga magia sobre el césped y alcance velocidad, profundidad y veneno para embotellar al rival en su parcela.

Es el día para que todas esas vigilancias defensivas se desarrollen con la máxima diligencia tratando de no dejar resquicio alguno a las transiciones que el contrario va a querer desarrollar.

Es el día para que se cuide la pelota como este equipo ya ha demostrado muchas veces que sabe hacerlo y no se tengan pérdidas en zonas comprometidas que den alas a un contrincante que no dudará en sacar rédito de esa circunstancia.

Es el día para colocarnos muy bien en defensa cuando haya que defender faltas o corners y hacerse gigantes, esta vez sí, ante los atacantes visitantes.

Es el día para machacar la portería contraria cada vez que se tenga ocasión para ello y justificar la razón por la que tenemos la mayor cifra goleadora de los 90 conjuntos que forman la categoría.

Empuja Pontevedra, empuja.

El Domingo debe funcionar el colectivo, la ayuda entre todos los futbolistas y reinar la convicción de que somos mejores y que se debe demostrar sobre el terreno de juego.

Debemos estar por encima de los mensajes mediocres e intencionados que ya desde el mismo sábado por la tarde llegan desde el rival hablando de presupuestos y demás historias.

El mismo rival, por cierto, que en el mercado de invierno no ha tenido problema alguno en incorporar a 5 jugadores nuevos pagados, es de suponer, con sugus de limón y piruletas de fresa.

El Domingo debe ser ese día en el que nuestro equipo nos quite a base de fútbol, compromiso y esfuerzo los disgustos y preocupaciones de esa última jugada de Santander, ese córner de Aranda o ese otro de Santiago.

Edu, Mario y Churre deben mandar; Borja, Dalisson, Yelko o Samu, crear; Garay, Alex, Bastos, Chiqui o Gueye, llegar, quebrar y centrar;  Carlos y Rufo marcar.

Empuja Pontevedra, empuja.

Y todo ello deben hacerlo los nuestros (los citados y los que juegan menos pero se entregan igual como Toño, Eneko, Hermelo, Barbeiro, Azael, Manu y el resto de canteranos) acompañados de esa afición que en Santiago emocionó hasta las lágrimas y que una vez más no fallará y poblará en mayor número las gradas del estadio.

Los jugadores deben cumplir con lo suyo. Correr, luchar, desbordar, ser mejores y hacer todo por ganar.

Luego, insisto, estamos nosotros.

Los veteranos entre los veteranos que incluso llegaron a ver al Pontevedra en primera división y cuya fidelidad enternece a la par que demuestra la grandeza de esta entidad.

Los que ya dejaron la juventud hace tiempo y que ya no vieron la mejor versión del club pero sueñan y sueñan con estar otra vez cerca de los grandes y a los que no les mella en su orgullo granate el hecho de llevar décadas en las catacumbas de nuestro fútbol a excepción de aquel año de oasis en el desierto.

Los jóvenes, que ya vieron al Pontevedra luchar varias veces por subir a segunda en play off tan dramáticos y decepcionantes como aquellos del Sevilla B, Córdoba o Alcorcón.

Y los niños, esos niños con los ojos preñados de ilusión y desprovistos de mochila alguna que no sea la sana alegría de ver al Pontevedra conseguir un ascenso que pueda resultar otra oportunidad para que la institución pueda crecer con sentido común.

Todos, en definitiva, miembros de diferentes generaciones pero unidos por el amor a la camiseta y el escudo granate, debemos estar en Pasarón el Domingo para dejarnos el aliento, la voz y parte de nuestra vida ayudando a nuestros jugadores y técnicos a ganar el partido.

Existe una iniciativa desde hace semanas promovida desde el fondo norte consistente en cantar el himno del club en el minuto 41 de cada encuentro.

Las imágenes llegadas desde San Lázaro de ese momento llegan al alma y anegan los ojos.

Los que quieran cantar que canten, los que no se atrevan que alcen sus bufandas al viento en forma de coro a los que sí lo hagan.

Y durante todo el partido que esta afición que sin duda es merecedora de mucho, muchísimo más de lo que le ha dado la entidad en las últimas décadas, anime, presione y se alíe con sus futbolistas en pos de una victoria que dejaría muy cerca el objetivo.

El Pontevedra CF es mucho más que cualquier jugador, entrenador, aficionado o directivo.

No es momento de filias y fobias sino de saber que lo importante es la institución y que si estamos juntos resultamos casi imparables.

EMPUJA PONTEVEDRA, EMPUJA.

lunes, 8 de abril de 2024

De despistes, ocasiones al limbo y grandes mareas

 El partido de ayer contra el Covadonga ni mucho menos pasará a la historia.

Había que ganar en casa a un equipo de la zona baja y se ganó.

Necesitábamos tres puntos para volver a aprovechar los empates a domicilio de Ourense y Zamora y los metimos en nuestro zurrón.

Es cierto, no obstante, que el Pontevedra jugó otro partido en el que volvieron a manifestarse los defectos que viene arrastrando durante toda esta segunda vuelta.

Incluso se puede decir sin faltar para nada a la verdad que la primera parte del equipo fue mala tirando a muy mala.

Fue a lo largo de esa primera parte en la que se vieron algunas de las costuras que el Pontevedra no consigue disimular casi nunca. 

Me refiero a la relajación, los despistes o el "despelote" cuasi general en defensa.

No una sino en dos ocasiones el Covadonga cogió al Pontevedra CF sentado tomándose un pícnic y mirando el paisaje en acciones tan absurdas como saques de banda.

Ya en Aranda hace 7 días pudimos ver alguna acción de este tipo y ayer volvimos a caer en el mismo error y de dos de esos saques de banda pudo el rival (afortunadamente no lo consiguió) sacar auténtico petróleo de nuestros pozos.

No fueron acciones como ante el colista en los que los saques de lateral se asemejaban más a lanzamientos de jabalina que a otra cosa, no. Fueron jugadas en las que simplemente estábamos de "miranda" mientras un delantero recibía de las manos de un compañero en buena posición para hacer peligro.

Envío el Codavonga un balón al poste en una acción en la que el jugador que intentó en última instancia evitar el remate del "9" contrario ni fue un central ni siquiera un lateral. Fue Dalisson.

Y por supuesto nos remataron un córner a dos palmos de nuestra portería que en esta ocasión, para nuestra fortuna, no supuso un tanto en contra sino un cabezazo a escasos centímetros del larguero de Edu.

Hasta aquí la rutina que desgraciadamente nos suena demasiado familiar desde hace demasiado tiempo y con alguna excepción como el día del Avilés. 

Lo que provocó que la primera parte se tornara en preocupante e incluso algo desquiciante fue que a esa "empanada" defensiva a la que ya estamos tristemente acostumbrados, se unió un juego tremendamente lento, tedioso y sin ideas en ataque que apenas inquietó al equipo más goleado del grupo I de la 2RFEF.

Por la banda izquierda la ausencia de Alex se hacía más dolorosa a medida que avanzaba el primer tiempo y Chiqui no conseguía, salvo en una acción que acabó en falta cerca del área, desbordar a su par.

Por la derecha, el experimiento con gaseosa de esta semana consistente en la titularidad de Gueye en detrimento de Garay, tampoco surtió grandes efectos.

No estuvo el senegalés ni mejor ni peor que sus compañeros pero lo que está claro es que tampoco fue capaz de profundizar con peligro por su banda.

El "banquillazo" de Garay puede interpretarse de más de una manera.

La mía es que se debió al hecho de contar con 4 amarillas y al deseo de Iago de protegerle cara a los delicadísimos duelos que vienen a continuación.

De lo contrario, bien podría haber salido al campo igual en lugar de Bastos sin que eso hubiese afectado a la titularidad de un Gueye cuya presencia en la segunda parte se vio truncada, sobre todo, por una tarjeta amarilla que aconsejaba actuar con prudencia ante la indudable fogosidad del africano.

Ni Bastos ni Eneko conseguían desdoblarse en ese primer tiempo en ataque y por el medio Yelko volvió a demostrar que no es en absoluto el de la primera vuelta, Dalisson aportaba las dosis de calidad pero sin pasarse y Borja lo hacía todo con demasiada lentitud.

La afición presente en el estadio que de nuevo no consiguió alcanzar las 3.000 personas, es fiel y paciente, muy paciente.

Sin embargo, estos irreductibles que sueñan con ver a su Pontevedra en un lugar más acorde con sus circunstancias, no son tontos. El paso exasperante de los minutos con esos despistes atrás y el ritmo de fútbol veterano en ataque, empezó a provocar malestar e incluso una pitada bastante llamativa justo antes de que al borde del descanso Dalisson consiguiera meter un buen centro desde la izquierda al que no llegó por poco Bastos pero si Carlos que con tranquilidad  controló y batió sin complicaciones al arquero visitante.

Era el minuto 45 y era la primera ocasión clara del equipo en todo el primer tiempo. 

La segunda parte fue otra cosa. 

Nada más volver de vestuarios Chiqui por fin lograba marcharse por su banda y su centro era rematado de manera espectacular por Dalisson con un remate en el aire que superó al portero a pesar de una desesperada estirada.

Fue un gol precioso y que aseguraba el triunfo. El primero de un Dalisson en casa que a lo largo de la temporada lo buscó con ahínco para acabar encontrándolo ya metidos en el mes de Abril.

Habría que tener mucho cuidado con el futuro de este futbolista joven, con clase y proyección (al igual que con el de un Samu Mayo cuya suplencia me sigue pareciendo realmente llamativa) pues ya resultó demasiado duro y frustrante ver como al final de la temporada pasada se marchaban sin dejar un mísero euro dos jugadores tan importantes como Román y Brais Abelenda.

Ya sé que la dueña del cotarro no "cree en la primera federación" pero quizá siendo precavidos y asegurarse ( o por lo menos hacer todo lo posible)  de que los jugadores con más posibilidades no se vayan de aquí "gratis" podría ayudar a que se pudiera creer un poco más en una categoría que, es cierto, arroja ciertas dudas sobre sus sostenibilidad.

Sí. Ya sé que estos dos buenos jugadores tienen un año más de contrato pero bueno es ir avisando desde ya, que luego nos coge el tren, el avión y hasta la nave espacial.

Tras el gol de Dalisson el partido ya fue completamente controlado a su antojo por el Pontevedra CF.

Y fue a lo largo de esa plácida segunda parte en la que volvieron a aparecer algunos defectos que estos sí son algo más nuevos y no suponen la pérdida de puntos en nuestro casillero.

Me refiero a la cantidad de ocasiones clarísimas que volvieron a desaprovecharse de manera, a veces, incomprensible.

Rufo, que jugó toda la segunda parte en lugar de Gueye provocando que Dalisson se fuera a a la derecha y Carlos López al interior (ubicación en la que volvió a demostrar que puede ser muy válido) tuvo hasta 3 delante del portero. Yelko disfrutó de otra inmejorable y Chiqui lo mismo.

He citado cinco pero realmente fueron más las que se despilfarraron tal y como ya pasó ante el Marino y es realmente una pena que en esos tramos en los que el Pontevedra sí es muy superior y tiene al rival completamente a su merced, no se traduzca dicha superioridad con más goles en el marcador (marcador del estadio, por cierto, que no funcionó en ningún momento en otro de esos símbolos decadentes que por desgracia enseña la entidad demasiado a menudo).

Llega ahora el tramo definitivo de la competición. El último mes de la Liga regular que decidirá si nos vamos de manera directa a 1RFEF o si debemos pasar por la agonía de los play off.

Dos puntos sobre el Ourense, cinco sobre el Zamora y un partido el próximo Domingo en Santiago de una importancia capital.

El club ya se ha movido desde ayer y conseguido un patrocinio para que el primer bus no suponga coste alguno a los integrantes de la marea granate.

Esa marea estará en San Lázaro para empujar a su equipo sabedora de que ya no hay marcha atrás. De que es ahora o nunca. De que el tiempo de las excusas ha terminado y empieza el tiempo de los hechos.

Esa marea granate sabe que en estos partidos de alta tensión, disputados ante un rival que también se juega sus últimas bazas para lograr su objetivo y que al parecer nos tiene muchas ganas, escuchar el aliento desde las gradas resultará oxigeno en vena para los nuestros.

Que bajo el cielo de Compostela se oigan sus cánticos aportará gasolina para las piernas de los futbolistas y que si llegan momentos de duda o incertidumbre no habrá mejor remedio para sacudírselas que escuchar el "Ponte yo te quiero, te vengo a ver" o el "sí joder, que vamos a ascender".

La marea granate no va a fallar y trasladará el océano atlántico de pasión, ánimo y entrega incondicional por estos colores a la capital de Galicia.

Es el momento, por tanto, de que el equipo sea firme, saque a relucir la calidad que atesora y se sumerja en esas olas de cariño a base de fútbol, goles y seguridad en sí mismo.  

 


   

 

lunes, 1 de abril de 2024

Trampas al solitario

Es muy habitual en el mundo del deporte y especialmente en el fútbol, establecer una confrontación entre lo que significa apoyar a tu equipo y criticar o destacar aquellos errores del mismo que acaban por costar puntos en la clasificación.

No tengo duda alguna acerca de que todos y cada uno de los 2.500 que últimamente estamos acudiendo a Pasarón, más aquellos que siguen los partidos por televisión, desean fervientemente que el Pontevedra CF juegue la próxima temporada en 1ª Federación.

Es evidente que todos nosotros, los seguidores, aquellos que nos quedamos sin cenar cuando el resultado no ha acompañado o nos acostamos por la noche ilusionados tras una victoria pensando en las cosas bonitas que vendrán, todos, insisto, no tenemos otro  anhelo que ver al Pontevedra celebrar el ascenso de categoría.

Implica lo anterior no señalar o advertir de los graves y continuados errores del equipo que están poniendo en claro riesgo el objetivo de acabar primeros de grupo? En mi opinión, no.

Está menos identificado con el logro de esa meta que todos perseguimos aquel que se cabrea e incluso se indigna con algunos tantos que el equipo está encajando y que resultan casi inexplicables? En mi opinión, no.

Apoyo? Todo el del mundo. Incondicional, infinito y eterno.

Cerrar los ojos ante algunas situaciones que están dificultando la consecución del ascenso directo y que podrían ser en muchos casos evitables? A mi juicio, tampoco.

Si en los últimos cinco partidos que el Pontevedra ha disputado, el equipo ha recibido goles a balón parado que en más de una ocasión han costado puntos, por defender ese lance del juego de manera deficiente e incluso a veces negligente, hay que decirlo. 

Y hay que decirlo de la misma manera que aquellos que tenemos hijos les apretamos cuando sabemos que no están dando todo lo que podrían a la hora de hacer las tareas, estudiar o incluso comportase en la vida diaria.

Lo hacemos porque los queremos, porque dan sentido a nuestra vida y porque entendemos que esas correcciones e incluso regañinas resultan necesarias para un proceso de aprendizaje por el que todos hemos pasado.

Si te hacen un gol tras un córner en Oviedo mientras todos tus jugadores esperan contemplativos como la pelota atraviesa toda el área de gol hasta llegar a un atacante que tiene tiempo hasta de poner un mantel en la hierba antes de machacar tu portería, hay que decirlo. Ese día no costó puntos, solo algo de sufrimiento, pero hay que decirlo.

Si 15 días después te empatan un partido dos veces, la primera al sencillamente no defender otro saque de esquina y la segunda, irremediable al ser en la última jugada, rematándote en área pequeña con el pié a un metro de tu portero cuando la defensa debía estar perfectamente organizada, hay que decirlo. 

Más jodidos, porque estas acciones costaron dos puntos, pero hay que decirlo. 

Si una semana después en tu casa, un equipo que vino aquí cuasi entregado te marca a la salida de otro corner y tu defensa del mismo volvió a ser invisible, hay que decirlo. Y hay que hacerlo a pesar de que luego el encuentro se acabó ganando con comodidad frente a ese rival que no volvió a salir de su parcela.     

Y si con todos esos antecedentes llegas al feudo del colista y vas ganando 0-1 en el minuto 90, lo mínimo que se debería exigir es haber aprendido la lección y no repetir otra vez una "jaimitada" que provocó la dolorosa pérdida de dos puntos de auténtico oro que ya jamás volverán a nuestro casillero.

Y es que ese saque de esquina que no iba lanzado de manera magistral, encontró a Edu dubitativo y nada contundente, a un Borja que no sabemos muy bien que hacía por ahí estorbando a su compañero y a un Garay que muy sorprendido veía como un balón fácilmente despejable chocaba en su cuerpo para colarse en la portería.

No es forma de perder dos puntos. No lo sería en cualquier caso pero menos cuando estos errores se vienen cometiendo semana tras semana y no se halla la forma de no seguir convirtiendo la defensa del baló parado en una verbena más propia de las fiestas de la Peregrina que de un partido de fútbol en el que tanto había en juego.

No nos engañemos. No fue la única acción de ese corte en el partido "defendida" de manera lamentable.

También en la segunda mitad, el rival botó una falta lateral y encontró más solo en el segundo palo que Tom Hanks en "Naufrago" a un atacante que la dejó limpia para que un compañero fallara lo infallable a un metro de nuestro marco.

Son errores tremendos y repetidos que en este mes han costado 4 puntos que ya estaban prácticamente en la "buchaca".

Podemos hablar después, y tendríamos posiblemente razón, de que el Pontevedra CF no es capaz de controlar los partidos fuera de casa ni yendo con el marcador a favor.

Que a partir del minuto 7 del segundo tiempo el partido se convirtió en un "correcalles" que no nos convenía y que desde el banquillo no se pudo corregir dicha situación.

Que para tener más ese control quizá esa entrada de Mayo, a cuya suplencia sigo sin encontrar justificación suficiente, podría haber sido, no por Dalisson, sino por un Bastos desacertado y que no estaba progresando en ataque.

Que el tradicional cambio de punta allá por el 75 parece responder más a la rutina de un funcionario aburrido que a las verdaderas necesidades que el equipo pueda tener en ese momento.

Que alguna ocasión del rival, como ese uno contra uno de Gonzalo frustrado por un mal bote, podríamos entenderla por el deseo de acumular posesión y a la evidente falta de atención en la vigilancia e incluso velocidad de nuestros centrales.

Que otras oportunidades, al margen de las de balón parado, son menos comprensibles pues muchas llegan por nuestras dificultades a la hora de defender centros laterales.

Que si la pelota de Carlos López va para adentro en vez de estrellarse en el palo o que si Rufo mete esa después del empate que remató en semifallo, otro gallo habría cantado.

Cada uno que se quede con lo que quiera pero lo único evidente y notorio es que al margen de las ocasiones marradas por nosotros y por ellos, al margen de una nueva decepción a la hora de comprobar que el Pontevedra no supo sacar oficio para controlar un partido ante un rival desahuciado, al margen, insisto, de todo eso, el Pontevedra ganaba 0-1 en el minuto 89 y dejó de ganar por encajar otro gol que cabrearía mucho a cualquier entrenador de un equipo cadete.

Decir todo esto es no apoyar al equipo?

Estar alertando semana tras semana que resulta imprescindible la concentración máxima para no encajar goles muy evitables es remar a la contra del objetivo del ascenso?

Recalcar una y otra vez que cometer esos errores el día de la "final" (pues vamos camino por nuestra culpa de que ese partido sea tratado como tal) contra el Ourense podría significar nuestra "condena", significa que se están poniendo piedras en el camino?

Rotundamente no.

Vuelvo a repetir que hay mucho en juego. Resulta hasta comprensible, no deseable, pero comprensible que en momentos del partido el equipo pase por malos momentos y tenga que soportar más el empuje de su rival. Vale. Se entiende. Ese rival también juega y tiene su ilusión.

Ahora, eso es una cosa y otra es "regalar" casi literalmente goles que  a veces no pero que otras veces sí cuestan puntos y hacerlo casi de manera rutinaria.

Eso es lo que no puede ser. Lo que resulta cabreante y lo que el equipo debe corregir ya o de lo contrario verá como el objetivo de todos, el de ellos y el de todos los seguidores granates puede irse al traste.

Apoyo? Todo el del mundo. Incondicional, infinito, eterno.

Eso sí, por favor, no nos hagamos trampas al solitario.