martes, 19 de enero de 2016

Sin ritmo no hay paraíso

Se mueve el Pontevedra CF de manera inesperada en océanos clasificatorios muy alejados de los tempestuosos mares por los que todos creíamos que el equipo tendría que navegar.

Son esas aguas (las de la parte de abajo de la tabla) tormentosas y turbulentas. Amenazan constantemente con el hundimiento de toda nave no avezada en esos menesteres y acaban por desquiciar no sólo al capitán del barco sino también a la tripulación, al armador y a todo aquel que tenga algo que ver con la baqueteada embarcación.

Pero como decíamos antes no son esas aguas las que surca desde el mes de Octubre el conjunto granate. 
Pasó, eso sí, en las primeras jornadas de Liga por una de esas tormentas de verano implacables en su fuerza e intensidad pero el barco dirigido por Luisito supo capear con tranquilidad y sigilo esa inclemencia metereológica y fue capaz de emerger de entre aquellas olas de considerable altura hasta alcanzar otros mares no sólo más tranquilos y calmos sino también mucho más agradables a la vista.

Ahora bien, cualquier masa de agua por apacible que parezca tiene su peligro y este aparente océano dormido y agradable por el que el Pontevedra dirige su singladura no iba a ser una excepción. 
Si meterse abajo en la clasificación provoca una enorme dificultad que va creciendo a medida que avanza la competición para sortear esas tempestades citadas al principio, colocarse arriba en puestos de play off también conlleva un "peaje marino" en forma de resacas traicioneras que a poco que la nave o el bañista se confíen son capaces de arrastrarlos mar adentro de manera súbita y sin que el afectado se dé cuenta haciendo que la situación se torne preocupante,

No es fácil llegar a esos puestos de promoción de ascenso y más difícil resulta todavía mantenerse en ellos jornada tras jornada resistiendo los embates de aquellos rivales que ambicionan colocarse en esos lugares de privilegio o de aquellos que buscan escapar por todos los medios de la parte más baja de la tabla.
Algunos opinan que un equipo como el nuestro cuyo objetivo primordial para esta campaña era la permanencia puede gestionar muy bien el verse arriba al no contar con el lastre de la obligación clasificatoria con la  que si cargan otras escuadras. 
Puede ser cierto pero lo que tampoco arroja dudas es que cuando tienes un grupo de jugadores que están sobrepasando con creces las estimaciones y el rendimiento que en torno al equipo se esperaban en Agosto, la única vía para seguir tan alto es que ese rendimiento, esa intensidad y esa concentración que se está mostrando no decaiga ni un ápice pues de hacerlo es muy posible que los resultados puedan a empezar a cambiar.

El Domingo pasado el Pontevedra CF disputó posiblemente el peor encuentro como local en lo que va de competición de Liga. 
Afrontaba el conjunto granate el compromiso con las consabidas bajas de Alex y Mouriño que cada jornada que pasa y como es natural se van notando más en la dinámica del equipo.

En la alineación nos encontrábamos además la desagradable noticia de la baja por causa de sus molestias de un Campillo últimamente sensacional que debía dejar su puesto a Pablo.

Tambíen comprobamos en el calentamiento como Carnero ocuparía plaza en el banquillo y Pedro García saldría como titular.
De esta forma, el Pontevedra decidió alinear a Kevin Presa por delante de la defensa con la compañía de Queijeiro mientras Pedro ocupaba una posición más adelantada formando otra línea con Jandrín y Jacobo escoltando en la punta a Borjas.

Y desde el principio la cosa ya pareció no ir demasiado bien. No por si jugaba este o aquel sino por la situación hasta ahora no vista en Pasarón de que la intensidad y el ritmo del equipo no parecía ser el mismo de siempre. Los balones divididos, los choques cuerpo a cuerpo, la batalla física por decirlo de alguna manera era vencida una y otra vez por los jugadores rivales que se impusieron con mucha claridad en los primeros treinta y cinco minutos de partido y consiguieron lanzar hasta tres veces en buenas posiciones sobre la portería de un Edu que respondió con sobriedad siempre y sobre todo en la última de esas tres acciones que conllevó mayor dificultad.

Fueron minutos en los que el Pontevedra se mostró nervioso, con continuas imprecisiones en la salida de la pelota incluso cuando la presión extremeña  no era excesiva y en la que se echó como nunca en falta el ímpetu y el arrojo de un Campillo que tan buena pareja hace con Capi que a la postre se erigió como el jugador de esa zaga que más se pareció a la versión buena de esta campaña.

Pero aún con esos errores atrás(Pablo estuvo especialmente impreciso en la primera parte y Adrían cuajó quizá uno de sus peores encuentros esta temporada) y en el medio campo donde Kevin no parecía Kevin (más después de lastimarse en un tobillo y quedar limitado para el resto del encuentro) y Queijeiro no aparecía casi nunca para tratar de hacerse con el rumbo, la mayor incomodidad para el Pontevedra consistió, a mi juicio, en la incapacidad para dotar de intensidad y ritmo a su fútbol y desarrollar esas transiciones vertiginosas que tantas veces hemos visto este año que vienen acompañadas generalmente con combinaciones rápidas y precisas en la zona donde más daño hacen al rival, en las inmediaciones de su área.

Lo que más ha sorprendido a este bloguero a lo largo de la presente temporada con respecto al juego del equipo en comparación al anterior curso es la capacidad de combinar con velocidad y acierto en campo rival una vez robado el balón por la incesante presión que el Pontevedra acostumbra a realizar en casa hasta poner el marcador a su favor.
En ese importante y diferencial aspecto del juego estaba siendo fundamental un Alex que parecía no haber venido para ello pero que en partidos en casa como el del Guijuelo, Izarra o Somozas (hasta que se rompió) se convirtió en canalizador de ese juego vertiginoso del Pontevedra que tantos réditos nos ha proporcionado.
Pero junto a la sorpresa de Alex no podemos olvidar que en esta plantilla la calidad técnica la atesroran sobre todo tres jugadores Mouriño, Jacobo y Carnero.
No quiero decir con ello que no tenga el Pontevedra otros muy buenos jugadores de medio campo para adelante. Sí, los tiene. Pero con otras características. Por ejemplo, Jandrín explosivo en su arrancada espectacular y velocidad o Borjas con su olfato goleador, trabajo de desmarque y desgaste incansable y también con rapidez; el equilibrio táctico y esfuerzo impagable de Kevin...

Pero si hablamos de capacidad técnica para combinar en las "zonas calientes" del campo y dar continuidad a ese trabajo inmenso de recuperación de otros compañeros atrás y en el medio sobresalen los tres nombres citados anteriormente más Alex.
   
Es por ello que contando con las ausencias de este último y de Mouriño he de confesar que me sorprendió en grado sumo la alineación de Pedro García (cuya honradez, potencia y trabajo resultan indudables) y no la de Pablo Carnero.

Precisemos.

El Pontevedra ha jugado muy bien sin Carnero sobre el césped. Al principio de temporada junto al doble mediocentro clásico Luisito alineó a Mouriño de segundo punta casi a la altura de Borjas y de esa forma, por ejemplo, se le dio un baño al Guijuelo a pesar de perder 0-1 aquel partido por circunstancias del juego.
También se ha jugado fenomenal con Borjas solo arriba y tres por el medio siendo también Mouriño el hombre que acompañaba aunque más adelantado a Kevin y Alex.

Pero es que el vigués cuenta con unas cualidades que de estar motivado le hacen muy importante en ese equipo. Tiene una capacidad combinativa indudable, posee último pase y un muy buen lanzamiento a puerta. Pero es que además su polivalencia le permite a lo largo de un partido alternarse con Jacobo y pasar a jugar algo más escorado a la izquierda sin perder demasiada efectividad y complicando la vida a los rivales.

Si en el campo tenemos a Mouriño y Jacobo la capacidad asociativa en tres cuartas partes del campo está practicamente asegurada y esas transiciones granates no naufragaran en medio campo inmediatamente después de robar sino que llegarán hasta el área contraria.

Ahora bien, si de salida ya no podemos contar ni con Mouriño ni Alex, dejar a Carnero en el banco provoca que Jacobo se encuentre muy solo en la faceta creativa del juego y más teniendo en cuenta que Queijeiro no acaba de arrancar del todo.

Pero esta circunstancia táctica no es que se la haya inventado este atribulado bloguero sino que la advirtió casi desde el principio el propio entrenador que a los veintitrés minutos de la primera parte ya tenía calentando en la banda al delantero que acabó saltando al césped al comienzo de la segunda parte.

Pero el fútbol no es ciencia exacta y el Pontevedra solo cambió su cara durante el primer cuarto de hora de la segunda parte. Es cierto que en los últimos diez de la primera se mejoró algo y se crearon un par de ocasiones de gol aprovechando el paso atrás dado por el Cacereño pero ese juego en oleadas con recuperación rápida y alta de balón sólo se vio, insisto, en los primeros quince minutos tras la reanudación.
En esa fase del partido el Pontevedra encontró tres veces cerca del área a Carnero que descargó bien dos veces desde el centro y otra desde la derecha. Verdú pareció animarse y desdoblar por banda izquierda como en otras ocasiones y Kevin pareció olvidar sus problemas físicos para apretar desde el medio y empezar el acordeón del Pontevedra.

Pero tras esos quince minutos en los que Jacobo obligó al portero a sacar una pelota a corner y se produjeron varios acercamientos peligrosos al área rival, el equipo volvió a difuminarse y a perder ese ritmo e intensidad que hasta ahora había mantenido en casa durante bastantes más minutos en casi todos los partidos.
El Cacereño ajustó sus líneas para adaptarse al 4-4-2 propuesto por Luisito y los "verdes" volvieron a a apaciguar al Pontevedra.
Sí es cierto que se controló mucho mejor el partido en defensa (quizá por la poca ambición demostrada por el rival tras el descanso) pero en la última media hora el Pontevedra se fue apagando hasta demostrar bastante impotencia para derribar el muro instalado por el contrincante.

Lo que no desaparecieron fueron los excesivos nervios exhibidos por algunos jugadores granates como Jacobo que vio una amarilla en una trifulca y pudo ver la segunda en una última jugada absurda en la que llegó a quitarse la camiseta. Tampoco Borjas estuvo muy fino en otra jugada sin peligro en la que realizó una desmedida entrada que le supuso ver la quinta tarjeta amarilla que le impedirá jugar en Tudela por las misma circunstancia que Verdú que la vio en la primera parte.

A pesar de todo. A pesar de las continuas imprecisiones, incomodidad en el campo y algunos nervios el Pontevedra ha adquirido esta temporada " un suelo competitivo" tal que hasta en partidos como el de ayer que en otras ocasiones podría haber terminado peor se consigue sumar un punto que es positivo por muchas razones, la principal acercarnos un poquito más al verdadero objetivo marcado esta temporada.

Habría sido precioso ganar y vernos nada menos que a cinco puntos del quinto clasificado. Los ojos (los míos los primeros) habrían empezado a "hacernos chirivitas" con la situación pero no es malo que caiga de vez en cuando sobre nosotros un baño de realidad que nos recuerde que para seguir ahí arriba ese ritmo diferencial con el que este año nos movemos por lo menos en casa no debe cesar en ningún momento para que el sueño que vivimos dure el mayor tiempo posible.

Perdemos para Tudela a dos baluartes tremendos del equipo como son Verdú y Borjas que se unirán a Mouriño y a un Alex cada vez más recuperado.

Son cuatro bajas de aúpa ( estoy convencido que el toro que Kevin lleva dentro le permitirá recuperarse a tiempo para el Domingo y que Campillo podrá volver) pero por encima de esas bajas el Pontevedra lo que debe recuperar es su intensidad y su ilusión sobre el campo.
Con esos ingredientes unidos al compromiso que este grupo viene demostrando no descarto salir de Navarra con más puntos en el casillero pues este Pontevedra, aún estando mal técnicamente, es capaz con ese esfuerzo físico y orden que demuestra casi siempre de plantarle cara a cualquier equipo del grupo superando bajas o cualquier otra circunstancia que pudiera darse durante un encuentro.       
       
    

lunes, 11 de enero de 2016

Una diestra embrujada, otra secuela “garrafoniana” y una marcha algo precipitada.

 Que sí oiga que sí. 

No mire tanto la clasificación que va a desgastar la página del periódico. Cuartos, sí. Treinta y siete puntos de almanaque. 

Fíjese por última veeez… Ahí la tiene de nuevo, diecisiete puntos de margen con el descenso directo y dieciséis con la promoción. 
Buenoo. Otra vez que la vista se le marcha a la parte de arriba. Pues sí hombre, pues sí. Tres de margen con el quinto y sólo dos menos que el segundo. 
No. Su café no es un carajillo es uno con leche y dos azucarillos para endulzarlo. No ha bebido no. Está sereno y aunque con una cara de Lunes por la mañana que tira “pa atrás” en plenas facultades mentales. 
Le traigo unos “churrillos” para acompañar y ya si acaso se pasa a la primera división para leer la crónica del Atleti?

Sí Francisco tráigame esos prodigiosos churros pero antes escúcheme hombre. 

Sólo será un minuto. 

No se da cuenta que todo está saliendo tan bien que hasta la pierna derecha de Jacobo parece poseída por la mismísima diestra del astro blanco de Madeira? Sí, Francisco sí. No me mire de esa forma. 

¿No se acuerda del pedazo de gol que el buenense transformó ante el Somozas sin dejar caer la pelota y golpeándola magistralmente con esa pierna que hasta ahora parecía tener nada más que para acompañar el trote de la siniestra?. Pues no contento con eso va el “Jacobito” y ayer no se le ocurre otra cosa que en la villa jamonera empalmar otra “bola” en el aire con esa dichosa piernecita y alojarla de manera inapelable en el fondo de las mallas salmantinas. 

Y en el colmo de la “derechización” de su organismo va el tío y en los primeros minutos de la segunda parte recorta con la izquierda y con una mala uva digna de un vecino tocapelotas la enrosca otra vez con la derecha mandando el cuero a escasos centímetros del poste izquierdo de la meta castellana.

El mundo al revés macho. Es que todo sale bien y Jandrín mete a veces con la izquierda y Jacobo con la derecha y así da gusto leerse la prensa los Lunes a primera hora Francisquito.

Esperaaa. Ahora traes los churros que te quiero recordar otra cosa. Y eso que el césped del Guijuelo más que hierba artificial parecía el agua de la piscina de Belgrado en la que se está disputando el europeo de waterpolo. 

Y ni por esas amigo. El equipo serio atrás, presionando, sin cometer errores decisivos en esta clase de escenarios y encontrando el momento para “vacunar” al rival. 

Además, no te vayas todavía hombree, no podemos olvidar que faltaba Alex, que faltaba Mouriño y que faltaba Carnero. Sí, Carnero. Qué por qué? Pues no se sabe a ciencia cierta. Lo que sí nos consta es que en “la garrafón” disputó la primera parte frente al Bouzas y al día siguiente acusó molestias musculares. 
Que sí. Antes de que me lo digas tú te lo digo yo. Ya sé que la resonancia que se le practicó no desveló rotura alguna pero digo yo que sí le duele le duele e intentar buscar conflictos donde no parece haberlos no me parece del todo lógico. Esperemos a ver.

Pero dónde diantre vas Fran? Para un poco que ya me traerás eso. Lo que no me gusto demasiado, te cuento, es que hayamos tenido que viajar con el portero del filial a Guijuelo por el tema de la marcha de LLoves. Al parecer desde el club se había comentado que no se le pondrían trabas a su marcha pero que antes habría que encontrar un sustituto pero lo cierto es que a Guijuelo nos fuimos todos rezando para que Edu no cogiera el más mínimo frío en el autobús ni arrastrara problema alguno durante el choque pues el problema que se habría ocasionado podría haber sido de aúpa.

Y ahora el Cacereño, Francisco. No vienen en demasiada buena dinámica y fuera de casa tienen números mediocres, es decir, que existen datos para que el partido pueda complicarse si no se afronta con la debida concentración y conciencia de su dificultad. Pero ay! si ganamos Francisquito, ay! Si ganamos. Serían cuarenta puntos y la salvación ya sería casi virtual. ¿Quién nos lo iba a decir a nosotros eh compañero?. En Enero y a un paso de la permanencia y cada vez con más ganas de lograrla ya para obtener una pequeña licencia para soñar. 
Pero insisto cuidado con los extremeños que ya vimos el día del Izarra y también el del AT.Astorga que si no estamos no estamos y nos comen la ensaimada. 

Por cierto Francisco, hablando de ensaimadas y esos churros que el café ya lo tengo casi helado?...                  


lunes, 21 de diciembre de 2015

Hueso de acero, dientes mellados

No sé hasta cuando aguantará el equipo. No sé si una vez conseguido el objetivo principal con el que se salió a competir esta temporada llegará el bajón y acabará el sueño. Tampoco sé si realmente el equipo es consciente de lo que está haciendo y de la ilusión que está despertando en una afición que ayer sí pobló en mayor número las gradas del ex vetusto.
Lo que sí sé, no obstante, es que el Pontevedra CF volvió a protagonizar en el día de ayer un fenomenal partido de fútbol en el que fue capaz de superar las importantes bajas con las que se afrontaba y el gol en contra logrado por el equipo menos goleado del grupo y que acumulaba once partidos de Liga sin conocer la derrota.

Era la de ayer una prueba dura, muy dura para los granates. Primero por el rival que llegaba en racha, con una organización defensiva muy fuerte y la moral que siempre aporta una serie larga de encuentros sin perder que le había colocado en la segunda posición de la tabla.
Además resultaba complicada la tarea del Pontevedra por las bajas de los dos medio centro titulares y que tan buen papel estaban desarrollando esta campaña más la ausencia de un Jacobo cuya presencia en el "once" titular siempre aporta ese oxígeno en forma de calidad que tan bien le viene al conjunto en muchos momentos.

Pero lo cierto es que el Pontevedra ha construido un verdadero bloque sobre el césped que empieza a demostrar que esas importantes bajas aunque se acusen pueden ser disimuladas por la tremenda disciplina táctica del equipo y el esfuerzo encomiable que aportan todos los jugadores a lo largo de los noventa y tantos minutos de juego.
Y es que (por lo menos aparentemente) si había un partido en el que ponerse por detrás en el marcador parecía decisivo este era el choque de ayer. Con 0-1 y jugando ante una Cultural con esos números atrás lo lógico habría sido pensar que el Pontevedra se hubiera atrancado frente a la muralla leonesa y hubiera sido incapaz de darle la vuelta a la situación.

Nada más lejos de la realidad. Ni las bajas ni ese marcador en contra en un momento del partido en el que nadie lo esperaba ni ninguna otra circunstancia adicional impidieron que el conjunto granate cogiera el encuentro por los cuernos y lo voltease de manera brillante para proporcionar a su gente la última alegría futbolística del año.

Un Pontevedra que comenzó el encuentro con su portería y defensa habituales pero con el medio centro de circunstancias formado por Pedro y Queijeiro. No estaba Jacobo y por ello Mouriño empezó en la izquierda (aunque no tardó Luisito en mandarlo al centro), Jandrín por la derecha y Carnero y Borjas arriba.
Los primeros minutos no fueron demasiado buenos. Pedro demostraba que lo suyo no es controlar o combinar con la pelota y Queijeiro permanecía apagado. Además, los leoneses conseguían superioridad en el medio campo y pudieron tocar y hacerse con la posesión aunque sin generar más peligro que un lanzamiento a la media vuelta dentro del área que se fue por encima del larguero. No tardó Luisito en desplazar a Mouriño más al centro para ayudar en esa zona y el Pontevedra comenzó a mejorar y a hilar algunas de esas jugadas veloces que tan características se están volviendo esta temporada. 
En una de ellas Borjas y Jandrín se hicieron un lío y uno por otro dejaron "la casa sin barrer" cuando de estar listos podrían haberse quedado solos delante del portero. En esas apareció Pablo Carnero que protagonizó un pase a la izquierda sin dejar caer la pelota y medio de espaldas que valía más de la mitad del precio de la entrada. Borjas recibió ese balón pero no supo en buena posición sacar partido de tal asistencia. A continuación se produjo el gol anulado al ex jugador del At. Astorga. Capi envía un balón largo y preciso hacia el escurridizo delantero que gana por velocidad la "tostada" a los defensas y remata a gol sin dejar caer la pelota al piso. El alborozo local fue cortado en seco por la banderola arriba del asistente que estimó fuera de juego en una jugada en la que no se puede comprobar por televisión si era legal (que retransmisiones de la TVG,Dios mío) pero en la que parece deducirse que Borjas salía en posición correcta.

Fueron sobre quince o veinte minutos en los que el Pontevedra minimizó a la Cultural que apenas pudo acercarse por las proximidades del área de Edu hasta que poco después de la media hora de juego se produce en el pico izquierdo de dicha área una innecesaria falta de Adrián Gómez (su único error en un partido extraordinario del pequeño capitán granate). El pichichi Aketxe coge la pelota, la coloca en el suelo y la patea directa a la escuadra que debía guardar Edu que pudo hacer algo más a pesar de la potencia del disparo del delantero leonés.

En ese instante la sensación de casi todos en Pasarón era que el rival con muy poco se había adelantado y que habría que "picar mucha piedra" para intentar sacar algo del partido. 
Sin embargo, el Pontevedra no acusó el golpe y tampoco (todo hay que decirlo) la Cultural acumuló defensores dentro de su área dando un paso atrás. Siguió existiendo más terreno de lo aconsejable para el rival detrás de su defensa y eso fue aprovechado con prontitud por el Pontevedra CF. Primero por Borjas que volvió a ser más listo que la defensa para quedarse con un balón y marcharse por velocidad en dirección a la portería visitante errando el uno contra uno que pudo salvar Calzado. Y ya casi sobre la hora volviendo a superar por velocidad a la defensa en una jugada en la que el lateral derecho blanquillo rompía el fuera de juego y ser derribado por el portero leonés provocando el penalti que él mismo transformó en el empate.
El árbitro decidió dejar (quizá con acierto) la sanción al portero en tarjeta amarilla provocando una pitada en el ex vetusto que no se daba contra un colegiado desde el infausto partido contra el Mensajero.

Había sido una primera parte intensa, vibrante y en el que en el momento en que se escuchó el silbato que anunciaba el descanso casi nadie se acordaba ni de Alex, ni de Jacobo ni de por raro que parezca de Kevin Presa.

Pero es que lo mejor estaba por llegar tras la reanudación. 

Los primeros veinte minutos de esa segunda parte jugados por el Pontevedra fueron realmente maravillosos y de los mejores que se han visto esta temporada a la ribera del Lérez.
Salió el Pontevedra dominador, decidido a hincarle el diente al rival ( o sacar del hueso granate los caninos de la Cultural, según se mire) y fue tremendamente superior no sólo en fuerza, determinación e intensidad sino en lo más importante: en fútbol.

Fueron veinte minutos en los que Carnero trenzó paredes al primer toque como solo el sabe hacerlo, en los que Jandrín explotó su velocidad endiablada en más de una ocasión, en los que Mouriño demostró que este año es otro en regularidad y constancia, en los que los dos laterales subieron sus bandas con coraje y acierto y en los que Queijeiro creció hasta empezar a demostrar porque es jugador del Deportivo y porqué vino aquí con vitola de titular.
Se forzaron varios saques de esquina, se acogotó al rival y se protagonizó una jugada preciosa para poner en franquicia el marcador. El balón circulaba pocos metros dentro del campo leonés cuando llega a Carnero que de primeras se la deja a Borjas en pase espectacular, Borjas en carrera observa el desmarque profundo de Jandrín desde segunda línea y envía la asistencia justo en ese momento preciso en el que su compañero no incurriría en fuera de juego y los defensas no podrían interceptar la pelota. Jandrín encara al portero y remata estrellando el balón en el cuerpo de Calzado pero la pelota sale rechazada hacia la portería y con algo de fortuna decide alojarse en el fondo de las mallas.

Había ido un gran gol para unos grandes minutos y el Pontevedra había hecho lo más difícil.

En ese momento Luisito decide dar un giro y empezar a proteger la victoria con el primer cambio. Un (en mi opinión) formidable ayer Carnero dejaba su plaza a Anxo que pasaba a ocupar la banda izquierda colocándose a la altura de Mouriño y Jandrín con Borjas por delante.
He de confesar que me pareció precipitada esa sustitución ( faltaban 25 minutos largos) tanto por el hombre que se marchaba como con el paso atrás que sin duda dio en ese momento el Pontevedra.
Casi a renglón seguido el segundo cambio, Tomás por un cansadisimo pero brillante Jandrín lo que conllevó el desplazamiento de Mouriño a banda derecha. 
Fueron los siguientes minutos los únicos en los que existió alguna duda en el equipo local y en los que la Cultural gozó de sus dos únicas ocasiones de gol. La primera de Aketxe que de cabeza remató fuera en buena posición y la segunda en un desajuste defensivo que propició que Babalola se plantase dentro del área con peligro pero un mal control facilitó la salida de Edu para abortar la oportunidad.

A partir de ahí el Pontevedra volvió a asentarse con un Pedro ya en su labor preferida de morder y presionar dejándose el alma tras los rivales y un Queijiero que volvió a aparecer primero para no achicarse en la pelea en medio campo y luego para mantener algunos balones que le daban vida a sus compañeros.
No se acopló (una vez más) al partido Tomás y alguna contra que pudo ser definitiva la frustró por no colocarle el balón al compañero en el momento preciso.
Apuntaló todavía más su defensa Luisito cerca del final al situar a Bruno como tercer central y sacar del campo a Mouriño y el Pontevedra incluso disputó todo el descuento en campo rival demostrando una vez más una condición física notable.

Con el final del partido llegó el júbilo a las gradas que despidieron con una ovación importante a un equipo que acumula treinta y tres puntos en la clasificación y que ya toca con la punta de los dedos esa permanencia que puede estar a cuatro o cinco victorias.

Llega el parón navideño y aunque entrenador y jugadores seguramente lo agradecerán no sé que efecto puede tener sobre el equipo. Cuando un conjunto está bien, se siente fuerte y puntúa con la asiduidad del granate este paréntesis de dos semanas puede resultar contraproducente.

Lo que está claro es que si el cambio climático lo permite 2016 empezará con frío intenso para los nuestros. 
El día 3 espera El Plantío (el mítico, el de siempre) y allí seguramente repartirán de todo menos caramelos pero tal y como he visto al Pontevedra en el día de ayer lo que tengo claro es que el equipo peleará el partido y para derrotarle tendrá el rival que hacer mucho sobre el terreno de juego.           
    

lunes, 7 de diciembre de 2015

La victoria tenía un precio (y vaya precio)

No soy un gran aficionado al cine pero no hace falta ser un apasionado de la gran pantalla para recordar la característica banda sonora de la "La muerte tenía un precio" en la que el gran Ennio Morricone a golpe de silbido acompañaba los rudos y barbudos gestos de Clean Eastwood o Lee Van Cleft en un "spaguetti western" con sabor a polvora, tabaco de mascar y tierra seca removida por el viento.
Ayer Domingo en Pasarón y a medida que caían lesionados hasta tres jugadores granates pareció escucharse el siniestro silbidito cinematográfico como queriendo mandar el siniestro mensaje: "ganar parece que ganaréis pero por el camino se van a quedar unos cuantos".

Y es que el Pontevedra aparecía sobre el demasiado seco e irregular césped de Pasarón menos de 72 horas después de la sesión de garrafón del Jueves - noche soportada en el mismo escenario.
Como ya escribimos entonces la ausencia de Capi en el centro de la defensa (90 minutos de botellón contra el Marino) no extrañó a casi nadie y a pesar de la excesiva presencia en la misma fiesta que el veterano central sí empezaron como titulares Jacobo (75 largos minutos "federativos") y Carnero (90 minutazos esa misma jornada).

La imagen copera para los pocos que allí nos congregamos no había podido ser más mediocre pero lo cierto es que ayer desde el primer momento el Pontevedra CF dejó bien a las claras que se había puesto su "traje de los Domingos".
Con una presión nuevamente asfixiante y bastante adelantada los granates empezaron "a comerse por la piernas" a su rival desde muy prontito y ya Borjas pudo marcar en los primeros minutos al rematar por encima del larguero un buen centro de Verdú que antes había combinado con Jacobo.

No estaba jugando el Pontevedra con un rival cualquiera como visitante. El Somozas se ha ganado a pulso el cartel de equipo rocoso e incomodísimo en cualquier circunstancia y más jugando como visitante. Sus números a domicilio entre los que destacan las victorias en Logroño y el campo del Izarra hablaban bien a las claras del peligro que el partido entrañaba para el Pontevedra y lo bien que había que hacer las cosas para lograr tres puntos de oro que de conseguirse catapultarían al equipo granate a diez puntos de distancia de la promoción de descenso.

Y como ya se ha empezado a contar salió el Pontevedra decidido a recuperar esa imagen dañada el Jueves de equipo luchador, veloz y agresivo que no se arruga ante nadie delante de los suyos y que demuestra a cada rival con el que se cita en su casa que para salir victorioso de aquí hay que hacer las cosas realmente muy bien.

Esa jugada inicial con la ocasión de Borjas sólo encontraba respuesta en el Somozas en las acciones plenas de calidad de su ariete Mario Barco que en honor a la verdad le dio muchos problemas a Pablo tanto antes como después de lesionarse. Es Pablo un central muy fiable con la pelota en los pies y en el juego aéreo pero su punto menos fuerte radica en el "cuerpeo" y es por ello que en varias ocasiones Barco se le adelantó a base de habilidad y presencia en acciones de espaldas a portería pero sin encontrar compañía en ninguno de sus compañeros como para crear verdadero peligro a Edu.

Pero el Pontevedra presionaba en acordeón de manera preciosa y pocos minutos después del cabezazo de Borjas fuerza un saque de banda por la derecha que saca con rapidez Adrián hacia Kevin; este penetra en el área y el balón llega al lateral derecho coruñés que realiza un despeje fallido en globo hacia el centro del área que recoge Jacobo que con su pierna mala (la derecha) y sin dejar caer la pelota envía ésta a la red de tiro tan bonito como pegado al palo izquierdo de la portería verdiblanca.
Tras ese gol el Pontevedra volvió a ser por momentos ese huracán desbocado que en ocasiones arroja su fuerza contra el rival y gozó de ocasiones más que de sobra para sentenciar el encuentro por la vía rápida. Así, Jandrín envió fuera un balón precioso dejado con clase por Carnero; Jacobo esta vez con la izquierda remató muy esquinado respondiendo el portero con una gran intervención mandando el balón a corner y Carnero hizo lo más difícil al enviar alto una pelota de Borjas que había superado al portero en una de esas jugadas en las que parece mucho más complicado enviar la pelota fuera que dentro de los tres palos.

Fueron treinta minutos plenos de presión ordenada y agobiante, combinaciones veloces y peligrosas en tres cuartos y despliegue físico conmovedor de un Pontevedra que cuando juega de esa forma encandila a la otra vez algo escasa parroquia presente en el campo.
Durante esa media hora el equipo en general rayó a buena altura pero el partido de Alex Fernández estaba siendo sencillamente colosal superando incluso la genial primera parte que había realizado ante el Izarra. 

Pero esa vistosidad empezó a truncarse momentos después de esa clara ocasión marrada por Carnero. A renglón seguido el Pontevedra vuelve a robar un balón peligroso y la contra clarisima se desperdicia entre otras cosas por el desconcierto de ver a Alex Fernández en el suelo en las proximidades del área del Somozas.
La verdad es que no tengo muy claro si su caída se debió al choque con un contrincante o sí pisó mal el solo y enseguida notó que algo no iba bien pero lo cierto es que la forma de abandonar el campo y su cara al sentir como estaba su rodilla no auguran nada bueno para el Pontevedra CF. Ojalá no se confirmen los peores presagios pero la baja parece de gran duración y es Alex un jugador que se estaba haciendo con la vitola de imprescindible, entre otras cosas, por partidos tan bellos como el de ayer. Desde aquí mi mensaje de ánimo al bravo medio granate y mis deseos de que la lesión se quede en lo menos posible.

Pero no fue el único golpe que recibió el Pontevedra al filo de la media hora. Escasos segundos después de la retirada de Alex (sustituido por Pedro García que pasaba a hacer pareja con Kevin) se echaba al suelo Pablo que ya llevaba varios minutos renqueante por un encontronazo con Barco.
El segundo cambio debía hacerse y Bruno saltaba al césped para ocupar el puesto del joven central vigués.

Estas incidencias mermaron un tanto el empuje pontevedrés que pareció darse una tregua para llegar al descanso y ordenar las ideas y afrontar con la cabeza fría la segunda parte. 
El Somozas sólo inquietó en un lanzamiento de Barco (antes de la retirada de Pablo) que salió cruzado no demasiado lejos de la portería de Edu pero la sensación al llegar al descanso es que se había perdonado lo indecible y que las lesiones con la consiguiente merma en los cambios para la reanudación podrían pasarnos factura mientras el silbido del tal Morricone acompañaba a los protagonistas del lance camino de los vestuarios.

Pero la situación todavía iba a tornarse más peligrosa para el Pontevedra CF  en los primeros minutos tras la reanudación. No se habían jugado ni diez minutos del segundo tiempo cuando Jacobo se echa la mano a la parte posterior de uno de sus muslos y se tira al suelo en clara petición de cambio inmediato. Es en ese instante cuando el dichoso silbidito subió varios decibelios su intensidad y llegó a atronar durante unos segundos en el Estadio Municipal de Pasarón. 
 No peca este bloguero en absoluto de oportunista (lease la crónica del partido de copa federación) al no extrañarle en demasía los problemas físicos del jugador de Bueu. El Jueves pasado los primeros jugadores cambiados fueron Loureiro y Queijeiro que bien podrían haber acabado aquel choque y Jacobo fue sustituido en el minuto 75 de juego y habiendo salido de una lesión muscular ( de la cual se resintió ayer). Mouriño, por ejemplo, que no estaba apto para el Domingo sólo disputó treinta y cinco minutos. 
Es evidente que si se sale a disputar una competición se haga con dignidad pero no sé si la gestión de minutos de ese primer partido "garrafonero" ha sido el más correcto.

Pero el caso es que a falta de treinta y cinco minutos para el final el Pontevedra ya había efectuado los tres cambios y sobre el campo permanecían Jandrín que todos sabemos que le cuesta terminar los choques y Carnero con 90 minutos jugados el Jueves.

Pero si alguien pensaba que el Pontevedra se iba a arredrar por las dificultades se equivocaba.Sí es cierto que con la entrada de Queijeiro el Pontevedra cambió el sistema para arroparse más y dejar al rival que llevara la iniciativa. Luisito colocó a tres por el medio (el exdeportivista pasó a ayudar a Kevin y Pedro) volcando a Borjas a la izquierda, Jandrín a la derecha y Carnero en punta.
No fue el mejor partido ni de este ni de Borjas pero lo que trabajaron y corrieron para el equipo hacen buena una actuación menos vistosa pero muy efectiva para los intereses colectivos del grupo. 

Con esa ubicación en el campo el Pontevedra contuvo sin excesivas dificultades al Somozas que buscaba con los cambios hacer mella en el entramado defensivo granate sin conseguirlo. Es de destacar el enorme segundo tiempo de un Campillo espectacular y el constante crecimiento de un Bruno que ayer rayó a gran altura y que va despejando algunas dudas que reconozco tenía sobre él a principios de temporada.

Pero el 1-0 seguía reinando en el marcador y la incertidumbre permanecía sobre el campo hasta que sobre el minuto 80 el Pontevedra liga una extraordinaria jugada de contra en la que Queijeiro roba y cede a Borjas en la izquierda que observa la llegada por el centro de un Jandrín lanzado; espera el canario el momento justo para colocarle la pelota y evitar así el fuera de juego y el asturiano (a pierna cambiada como Jacobo en el primer tanto) coloca un izquierdazo sutil y cruzado que tras pegar en uno de los palos de la portería visitante se cuela en el interior de la misma llevando la alegría y la tranquilidad a la afición granate.

De ahí hasta el final el Pontevedra siguió manejando con sobriedad y oficio el partido y la impotencia de los jugadores del Somozas se hizo palpable al no poder derribar ese muro en el que el Pontevedra asentó sus reales tras el descanso.

Fueron tres puntos de oro conseguidos de forma convincente no sólo por la imagen sino por la indudable potencia del rival a domicilio. También dorada resulta la victoria pues los resultados habidos en la jornada hacen que la distancia con los de abajo empiece a ser tranquilizadora aunque nunca definitiva. Y también resulta balsámico el triunfo porque tras dos empates fuera conseguidos con bastante sufrimiento la mejor manera de hacerlos buenos es ganando posteriormente en casa como se ha hecho en el día de ayer. 

Ni que decir tiene que lo peor son las bajas. La de Pablo no parece que vaya a ser muy larga pero duele menos en cualquier caso por la presencia tranquilizadora de Capi, Campillo y como se ha dicho un cada vez más fiable Bruno. La de Jacobo tampoco parece que se extenderá mucho en el tiempo pero ya suena peor pues la presencia del zurdo centrocampista resulta importantísima sobre todo en casa pues su capacidad de asociarse con Verdú, Mouriño o Borjas y esos desajustes que crea en los rivales al venirse hacia el centro y crear superioridades la echaremos de menos seguro.
Y que decir de la baja de Alex. Se presume muy larga y coincide además con un estado de forma del ex del Coruxo realmente sublime. Ayer el que le sustituyó fue Pedro pero quizá la hora que haya llegado sea la de Queijiero que hasta la jugada del segundo gol de ayer apenas había enseñado nada a la ribera del Lérez y cuyo buen hacer a partir de ahora va ser mucho más necesario.Y quizá nos vendría bien que Tomás se pusiera más las pilas pues la capacidad de combinar que ha enseñado Alex en muchos partidos de casa no la podemos perder y en esa faceta el controvertido canterano podría echarnos una mano siquiera de manera puntual.

Al final ni los silbidos amenazantes de Morriconne, ni forajidos vestidos de verdiblanco impidieron al Pontevedra CF  (cual Clean Eastwood en la película de Leone) hacerse con la recompensa que había en juego.

El próximo "saco de dinero" estará en Valladolid, en un campo de superficie complicada y frente a un filial recién salido de puestos de descenso. 
¿Continuará la buena racha pontevedresa que lleva acumulados 23 de los últimos 30 puntos en juego? Por desgracia el guión de la película del siguiente fin de semana no lo escribiremos los aficionados granates y sí nuestros jugadores. Ojalá las críticas a esa "película" sigan siendo tan favorables como la de ayer. 

         
   

   

                  

viernes, 4 de diciembre de 2015

La copa llevaba "garrafón"

Sí. 
A pesar de la copiosa lluvia que caía hacia las ocho sobre la ciudad de Pontevedra decidí atravesar el puente de Santiago y acercarme al Estadio Municipal de Pasarón para presenciar el debut del equipo granate en la controvertida Copa Federación.
Al llegar a la calle de acceso a la grada de Tribuna volví a recriminarme mentalmente por haber olvidado la piragua en casa (o en su defecto unas imponentes "katiuskas") que habrían evitado el deterioro tanto de mis zapatos como de los pantalones hasta más arriba de la rodilla al atravesar esos metros finales antes de alcanzar la puerta de entrada cuyo lamentable estado (el del camino que no el de la puerta) debería pintarle la cara de rojo a cualquiera que tanga alguna responsabilidad en tal circunstancia.

Medio envenenado por la humedad que sin recato había invadido mis pies a través de los calcetines, me senté en mi lugar habitual poco antes del comienzo del choque y comprobé que tanto solo trescientas o trescientas cincuenta personas más habían compartido esa tarde noche la singular idea de acudir a ver este encuentro de tan respetada competición.

"Ellos se lo pierden. Seguro que sale un buen partido" me dije henchido de orgullo en el mismo instante en el que los jugadores granates y del Marino de Luanco hacían su aparición en el demasiado encharcado estadio de Pasarón para la no tanta cantidad de agua que había caído en los prolegómenos.

De un tirón comprobé la alineación del equipo e imaginé que con LLoves en la portería jugarían Loureiro, Bruno, Capi y Anxo en defensa; Queijeiro y Pedro por el medio con Tubo en la derecha y Jacobo en la izquierda; completando el "once" Miki y Carnero en punta.
Pero nada más sacarse de centro ya se pudo constatar que Jacobo se movería con libertad detrás del "9" y que sería el joven Miki el inquilino de la banda izquierda.

En teoría tres eran los presuntos titulares para el Domingo que el entrenador había decidido colocar sobre la hierba: Capi, Jacobo y Carnero y sorprendió sobremanera la presencia en el banquillo de Mouriño que no podrá ser de la partida por sanción frente al Somozas.
"Posiblemente cuente con Pablo y Campillo de inicio para el Domingo y a Jacobo y Carnero les dé 45 minutos y los sustituya en el descanso", me dije convencido sin sospechar que algunas de esas premisas no estaban en la cabeza de Luisito.

Tuvieron que pasar pocos minutos, muy pocos, para que ese orgullo citado anteriormente fuera sustituido por un lamento interior del estilo "por qué habré venido si podría estar en casa viendo al Gran Wyoming con una mantita en el sofá de casa".
Porque enseguida pudo comprobarse como aquella copa lejos de estar compuesta por licor original y del bueno llevaba en su interior cantidades considerables de "garrafón". 
La primera parte fue literalmente "imbebible" o para los que fuman "infumable". Sin ritmo, sin motivación y sin sustancia los dos equipos se movieron acompasadamente por el césped en esa atmósfera tan rara por silenciosa en un estadio de fútbol en la que las órdenes de los entrenadores y las consignas de los jugadores entre sí se oían como si se estuvieran exclamando en la silla de al lado. En esa faceta, la de los gritos, sabemos que ganamos por goleada y esa voz carcelaria de Luisito que haría palidecer hasta el más rudo de los presos de un penal de máxima seguridad se escuchó a los cuatro vientos en todas las esquinas del estadio dando un toque (siquiera mínimo) de colorido al partido.
En lo que respecta a los nuestros, Loureiro cumplía más o menos en banda derecha aunque con timidez y algo de ingenuidad en algunas de sus acciones, Anxo volvía a demostrar que no conoce la palabra temeridad a la hora de jugar de lateral y arriesgar balones cerca de su área en regates incomprensibles, Queijeiro volvía a desaprovechar otra oportunidad de empezar a demostrar aquellas virtudes que le llevaron en su día a la casa deportivista, Tubo no lograba desbordar apenas por derecha y Miki se perdía en la izquierda sin apenas entrar en la dinámica de juego.
Sólo la sobriedad de los dos centrales y algún detallito de Jacobo sacaron al encuentro de un tedio profundo que alimentaba los argumentos de aquellos que no entienden muy bien la utilidad de este torneo.
Una ocasión tuvo el Marino ( en el que no viajaron ni Geni, ni Boris ni Omar Sampedro) y otra el Pontevedra en las botas de Capi que envió fuera un balón tras una jugada de estrategia cuando lo más fácil habría sido meterla dentro.      

Pero las sorpresas llegarían tras el descanso. Lo primero que me llamó la atención al reaparecer los jugadores es que Luisito había optado por no hacer ningún cambio.Pero mi asombro aumentó cuando en el minuto 55 entró Mouriño en el campo pero el sustituido fue Loureiro. Mi sorpresa no obedecía a cuestiones tácticas de el "garrafonazo" que se estaba presenciando sino con la permanencia en el campo de dos hombres que en teoría suenan a titulares el fin de semana (Carnero y Jacobo) por la ausencia del pequeño mediapunta vigués por tarjetas.
En cuanto a Capi razoné de nuevo que con dos centrales de garantías como Pablo y Campillo quizá el técnico de Teo estaba usando el choque contra los asturianos para rodar al veterano central y hacerle descansar el día del Somozas.

Pero que Luisito no estaba por la labor de tranquilizarme y dosificar a la pareja anteriormente mencionada se constató claramente en el segundo cambio efectuado ya mediado el segundo tiempo pues el jugador que se marchó para que entrará Tomás no fue otro que Queijeiro.

Ya faltando sólo quince minutos para el final sí se fue Jacobo (lesionado hace no demasiado tiempo) para que Borjas entrara en el campo ese cuarto de hora en la que se notó bastante su presencia.

Por tanto, los 75 minutos jugados por el medio izquierda buenense y el partido entero disputado por Carnero (que dicho sea de paso estuvo muy apagado y gris durante todo el choque) me hacen albergar dudas acerca de los planes de Luisito para remediar la baja de Mouriño aunque también puede ser que el que esto escribe sobredimensione el esfuerzo que ha supuesto para estos jugadores el partido de ayer y ambos aparezcan más frescos que una lechuga el Domingo al as 17.00 sobre el césped de Pasaron.

Lo cierto es que esta segunda parte de la "copa garrafón" discurrió de la misma forma que la primera, es decir, aburrida y desesperante hasta los últimos trece minutos.
Es en ese instante en el que el "ladrillo" que estábamos viendo se rompíó y apareció entre los cachitos algo parecido a un partido de fútbol.
Se desencadenó este "tsunami" con el gol logrado por el Pontevedra tras jugada de Anxo por la izquierda y un balón centrado que superó a defensa y portero para que Miki (que se había cambiado de banda ya desde el primer cambio para que Tubo bajase al lateral) lo empujara a puerta vacía colocando el único gol del partido.
Como si tocaran a arrebato al Marino le entraron prisas y al Pontevedra "la torrija" y en los siguientes dos o tres minutos los asturianos entraron sobre todo por la derecha como cuchillo afilado en mantequilla y disfrutaron de tres ocasiones pintiparadas para empatar que desaprovecharon lastimosamente. A su vez, el Pontevedra encontró más espacios para contraatacar y pudo aumentar la ventaja en alguna otra ocasión. Entre esas oportunidades destacó una falta botada desde la media luna por Borjas que estrelló el balón en el larguero botando este no demasiado lejos de la línea de gol.

Y así, entre imprecaciones y más imprecaciones de Luisito que se desgañitaba con sus hombres, su delegado, el asistente de su banda y con alguna gaviota que volaba a ras de suelo buscando el origen de esa fuente sonora se acabó un partido que no pasará a la historia ni al recuerdo de ninguno de los asistentes y que permitirá al Pontevedra acudir a Luanco con una ventaja mínima que en caso de defender con éxito provocará que se juegue al menos una ronda más de esta competición en la que esperamos el licor sea de una calidad mucho más elevada que el "garrafón" de la primera fase.     

lunes, 30 de noviembre de 2015

Un buen Pontevedra rescata un punto en Vigo

Acudía el Pontevedra CF al campo de Barreiro sabiendo que enfrente tendría un filial olívico que se convierte en pieza fácil cada vez que sale de su estadio pero que en su casa se transforma en un equipo fuerte y más seguro y cuyos números como local no son nada desdeñables.

Conocedor Luisito de que el Celta acostumbra a hilar su fútbol desde atrás planteó un encuentro de presión constante y muy adelantada en la que Borjas y Carnero eran los primeros en apretar a los centrales rivales para que ese juego alegre de los celestes no pudiera desarrollarse en ningún momento.
De manera incansable, los jugadores granates encimaron al Celta B maniatándolo casi por completo y evitando así que el peligro llegara no ya a la portería de Edu sino también al área defendida por el Pontevedra.
Es cierto que el Celta no rehuyó el envite de la presión y trató  de ahogar con éxito el juego ofensivo visitante por lo que la primera parte transcurrió en medio de un despliegue físico encomiable por parte de las dos escuadras pero sin que las acciones de ataque aparecieran por ningún lado convirtiendo el encuentro en un toma y daca en el centro del campo que pudo resultar algo aburrido para los asistentes a un campo muy nutrido por cierto de aficionados granates que apoyaron en todo momento a su equipo.

Ahora bien, en un partido jugado en una especie de olla exprés (no por el ambiente del estadio sino por lo aguerrido del partido en el que los dos equipos trataban de contenerse a base de lucha y esfuerzo para que ninguna "gota de agua" consiguiera escaparse del recipiente y desequilibrase el choque) resultan especialmente importantes otras circunstancias concomitantes al juego.
No soy muy dado a hablar de los árbitros y su posible influencia en el desarrollo de un partido pero hay veces que los colegiados no dejan otra opción que hablar sobre ellos.
En un encuentro que como se está contando transcurría muy igualado y en el que cualquier cosa podía acabar por desviar la balanza, el encargado de impartir justicia en Barreiro el pasado Sábado debió olvidarse el mazo en su domicilio.
Sólo así puede entenderse como en una acción de tarjeta roja sin discusión de Borja Iglesias sobre Mouriño decidiera enseñar la amarilla al delantero vigués. Fue una jugada en la que los tacos del ariete impactaron en la pierna del centrocampista granate a la altura de la tibia y que de haber mediado mala suerte podría haberle partido la pierna. 
Claro que la "suerte" de Iglesias en el encuentro todavía no había terminado pues en los primeros minutos del segundo tiempo y en un balón dividido por el que luchaba con el central Pablo no se le ocurrió otra cosa al buen delantero vigués que llevarse la pelota con una "zamorana" para quedarse solo delante de Edu en un claro intento de engañar al árbitro y que sin ningún género de dudas tendría que haber provocado su segunda tarjeta amarilla. El colegiado vio la mano y la señaló pero se "ahorró" la medida disciplinaria. 
Dos veces pues en el encuentro debió haber sido expulsado Borja Iglesias y dos veces recibió la "absolución" de su señoría.         

Y también fue Borja el protagonista de otra acción decisiva en el partido en la que el trío arbitral volvió a demostrar que la del pasado sábado no fue precisamente su tarde.
Transcurría la segunda parte más o menos por los mismos derroteros que la primera.Se había producido ya la mano de Iglesias anteriormente citada y el Pontevedra acababa de realizar su primer cambio dando entrada a Queijeiro (que dicho sea de paso sigue sin demostrar demasiado las veces que ha tenido la oportunidad de salir) por Jandrín en un intento de reforzar todavía más la parcela central granate cuando el "9" vigués en la frontal del área filtra un pase interior hacia Fragapane que está en un claro fuera de juego. Este penetra y da el pase de la muerte a Guille que hacía el 1-0. Lo peor no es ya el fuera de juego en sí sino la posición inmejorable del asistente para ver la jugada y su incapacidad para observar un fuera de juego tan evidente (evidente para todos menos para la TVG  que volvió a ofrecer otra lección de narración impresentable en la que parecía que el Celta B jugaba su partido contra un equipo extremeño, murciano o aragonés).

Para dejar ya al árbitro en esta crónica, es importante destacar que a pesar de ese gol ilegal y de la no expulsión de Borja, lo peor sin duda fue su criterio a la hora de sacar las tarjetas amarillas y juzgar la gravedad de las entradas de unos y otros. Que el Pontevedra haya acabado el encuentro con siete amarillas y el Celta con dos resulta sencillamente impresentable y nada acorde con lo que realmente se vio sobre el césped del estadio de Barreiro.

Pero el caso es que el Celta se había puesto por delante y eso en un partido tan cerrado y en el que un gol parecía decisivo pudo amilanar definitivamente al Pontevedra. 

Pero nada más lejos de la realidad. 

Nada más encajar, Lusito arriesgaba y sacaba del campo a un Pablo otra vez extraordinario por Anxo y fue precisamente el ex del Boiro el que por fin esta temporada protagonizaba una jugada de mérito que desembocaría en el empate.
Recogió el delgado extremo un balón en la izquierda y se desembarazó de varios rivales a base de zancada y calidad en el regate para poner un balón en el área. Carnero lo recoge y de primeras cede atrás para que Mouriño rematase enviando el balón al fondo de la red tras rebotar en el cuerpo de un rival.
El empate constiuyó una ración más de saber estar y aplomo del equipo que reaccionó pronto tras el mazazo vigués y que fue superior en la última media hora en la que si bien no acumuló claras ocasiones de gol sí volvió a anular el juego ofensivo local y se acercó mucho más por el área celeste forzando varios corners y alguna falta lateral que no encontraron el remate deseado. El último cambio, Pedro por Carnero, contribuyó a dotar de más energía al equipo granate que mostró una condición física como mínimo a la altura de la del filial céltico lo que no resulta baladí pues si hay un equipo tradicionalmente bien preparado en ese aspecto es el de los "cachorros" vigueses.  

Los últimos minutos transcurrieron de manera extraña por alguna decisión más arbitral como aquella en la que Alex recibe una fortísima entrada por detrás en medio campo y el trencilla decide pitar falta del granate que en su caída rozó el balón con su brazo pero lo cierto es que el Pontevedra no se acobardó y consiguió al menos empatar en un campo difícil y cuando el partido se había puesto cuesta arriba.

Han sido dos empates consecutivos fuera ante dos filiales correosos que basan mucho su fortaleza en jugar como locales. Habrá a quien le sepa a poco estos dos puntos de seis. El partido de Gijón no se pudo ver por la televisión pero la verdad es que en este último el Pontevedra dio la cara y el punto arrancado tiene un mérito bastante grande pues la imagen ofrecida fue la de un equipo sólido, fuerte y correoso. Faltó "punch" arriba eso es indudable pero como ya dije hace unos días aquellos partidos que no puedas ganar empátalos por lo menos para no acordarte a final de Liga de aquel punto que se escapó in extremis en cualquier sitio.

Eso sí, la mejor manera de hacer más valiosos estos empates es vencer el Domingo a un Somozas peligrosísimo a domicilio y que nos visita el próximo fin de semana. Los verdiblancos han conseguido vencer en campos muy complicados como el de la SD Logroñés e Izarra y se antoja a priori un partido muy comprometido.
Lo afrontaremos sin Mouriño que está en forma pero que vio la quinta amarilla el Sábado. Esperemos que Jacobo esté disponible para que nuestro juego ofensivo se resienta lo menos posible por esa baja.
El partido ante el Somozas, insisto, será complicadísimo y el equipo necesitará dar lo mejor de sí mismo para sacarlo adelante y el de Bueu parece un buen sustituto de Adrían.

Esperaremos pacientemente hasta el fin de semana para comprobar si el Pontevedra hace buenos estos dos puntos logrados a domicilio.           

martes, 24 de noviembre de 2015

CUANDO FUIMOS LOS MEJORES


 No me cabe duda alguna que para entender la importancia de una institución resulta obligatorio conocer siquiera someramente la historia acumulada dentro de sus “huesos”. 
Bucear en ella de vez en cuando no para realizar un ejercicio de simple nostalgia trasnochada sino para descubrir una vez más la grandeza de una sociedad que alberga un sentimiento tan profundo debería ser una tarea imperativa para todos aquellos que de una u otra forma pertenecen a la misma.
Esta semana, concretamente el próximo Sábado, se cumplirán cincuenta años del logro más importante que el Pontevedra CF ha tenido a bien conseguir en sus casi setenta y cinco años de dilatado peregrinaje.
En una entrevista deliciosa publicada por el Diario de Pontevedra, José Miguel Odriozola recordaba aquella singular jornada de Noviembre, 28 de Noviembre de 1965, en la que el Pontevedra vencía en Pasarón al Club Atlético de Madrid por un 1-0 y se aupaba de manera tan inexplicable como emocionante al liderato en solitario de la primera división española.
Ese partido disputado siete años antes de que este bloguero naciera habría resultado apoteósico para mi si hubiera tenido la posibilidad de vivirlo en directo.
Aquellos que me conocen saben que en mi corazón futbolístico (demasiado apasionado, siempre lo reconozco) además del lugar ocupado desde mi más tierna infancia por los colores granate y azul del equipo de mi tierra existe otro recoveco en el que señorea mi afición a las rayas rojiblancas de la camiseta del Atlético.
Nunca he tenido la posibilidad de ver juntos sobre un terreno de juego a los dos equipos de mi vida y en aquel lejano día de finales de 1965 no sólo habría asistido a ese enfrentamiento entre ambos sino que lo habría hecho jugándose los dos equipos nada más y nada menos que el liderato provisional de la máxima competición nacional del país. Casi nada, vamos.

Cuenta Odriozola en esa entrevista muchas cosas pero sobre todo la alegría infinita que experimentó al marcar ese histórico gol que catapultó a los granates en la tabla y acabó con la resistencia colchonera a orillas del río Lérez. Muy buen pase de Vallejo a Neme que avanzó y envió un lanzamiento al palo que fue recogido por “Pepín” para alojarlo en las mallas madrileñas. En sólo dos frases se resume un gol cuyo autor rememora con orgullo y que provocó que el Pontevedra CF apareciera en todas las portadas deportivas de la época tanto en España como en algunas fuera del país. (Se dice aunque al parecer no está totalmente confirmado que incluso en el “Pravda” de la Unión Soviética se hicieron eco de la hazaña del equipo de una pequeña ciudad norteña capitaneada por un “proletario” como Eduardo Dapena Lis “Cholo”.

Fuera cierta o no esta última anécdota periodística lo que no arroja ninguna duda es el increíble mérito que conllevaba liderar aquella Liga disputadas ya 11 jornadas de la misma (se jugaban treinta partidos al ser 16 los equipos en Primera) lo que permitió al Pontevedra (que perdería ese liderato la semana siguiente al caer 2-0 frente al Español) conseguir el subcampeonato de invierno.
Era la temporada 1965/66 que terminaría ganando precisamente el Atlético de Madrid (su por aquel entonces quinto entorchado) al vencer casualmente también en Sarriá en la última jornada con goles de Ufarte y Griffa.
Era un Atlético de Madrid que además de estos dos tremendos jugadores citados contaba en sus filas con Luis Aragonés, Adelardo, Collar, el gran capitán Calleja, Rivilla, Jones o Glaría.
A ese gran Atlético de Madrid entrenado por el ya desparecido Domingo Balmanya o a ese espectacular Real Madrid de Di Stéfano, Gento, Amancio y compañía era capaz de vencer nuestro Pontevedra CF en aquellos años sesenta ante los extasiados ojos de unos aficionados que abarrotaban el estadio de Pasarón.

No se trata como he dicho al principio de glosar el pasado para olvidar el presente. Tampoco de un alegato en busca de la repetición de nuevas hazañas tan descomunales como esta que resultan ahora mucho más utópicas no sólo por la situación económica actual del club sino por la fisionomía de un fútbol moderno devorado cual víctima inocente de un tsunami gigante formado por el dinero de las grandes corporaciones y televisiones y que cada vez se compadece menos de aquellos sentimientos maravillosos como la humildad, el compañerismo y la camaradería que según dicen los integrantes de aquel conjunto granate (entre los que se hallaba Odriozola) reinaban en el vestuario pontevedrés.

De lo que se trata es de que no por cada vez más lejanos se olviden estos auténticos capítulos de oro de nuestra historia futbolística que han contribuido sin ninguna duda a que ese invisible cordón umbilical que une al Pontevedra CF con su ciudad no se haya roto nunca por más que en algunas ocasiones (algunas muy cercanas) haya estado a punto de desprenderse.
En una semana en la que de forma inesperada el equipo tras empatar en Gijón se ha aupado a puestos de play off y en la que precisamente jugará el siguiente partido de Liga el mismo Sábado en el que se cumplirán los cincuenta años de aquel liderato he sentido la necesidad de abundar en el recuerdo que Diario de Pontevedra ha tenido a bien poner en primer plano con la entrevista al protagonista de tan trascendente gol.

Porque aunque algunos se nieguen a hablar del pasado. Porque aunque otros quieran hacer entender (por suerte sin éxito) que el Pontevedra no tiene más recorrido que pasar sin pena ni gloria por la 2ªB yo no me resisto a recordar a los más jóvenes que quizá ignoren la historia de su club que un día de Noviembre de 1965 tal y como afirma Loquillo en una emocionante canción un día de 1965, FUIMOS LOS MEJORES