lunes, 2 de mayo de 2016

Que esto se acabe !!!

Dieciocho son los puntos que ha conseguido sumar el Pontevedra en los diecisiete encuentros que llevamos de segunda vuelta.
A pesar de que para algunos la temporada granate sigue mereciendo adjetivos grandilocuentes como extraordinaria o fabulosa lo cierto es que el desinfle en el segundo tramo de competición ha resultado excesivo y dichos calificativos deberían rebajarse para dejar la campaña en buena o quizá en muy buena si se tiene en cuenta el tiempo que ya lleva salvado el conjunto pontevedrés. No obstante, seguir manteniendo a estas alturas que la temporada es extraordinaria o excelente no se ajusta por desgracia a la realidad.

Ayer el Pontevedra CF volvió a jugar otro partido como local con la misma tónica que los últimos cuatro o cinco, es decir, inseguro y frágil en defensa y discontinuo e inocente en ataque.
El partido se puso más cuesta arriba a la media hora con la expulsión de Campillo pero lo cierto es que hasta ese momento las ocasiones habían sido exclusivamente blanquivioletas y el Pontevedra apenas había creado peligro en el área pucelana.

Es Alberto Campillo (como tantas veces se ha repetido en este blog) un jugador corajudo, comprometido, luchador y que suple sus carencias técnicas y de envergadura a base de entrega y saber estar pero en el día de ayer no estuvo especialmente afortunado en la acción que le costó la expulsión.   
Ni la peligrosidad de la jugada, ni la zona del campo en que se produjo pueden justificar una entrada a una altura demasiado alta y sin posibilidad de jugar la pelota que con un árbitro condescendiente y sin ánimo de ser protagonista le habría costado una tarjeta amarilla (a pesar de ser naranja) pero que con un colegiado como el de ayer (al que se le veía a leguas su vocación artística) le costó la roja directa y ver el camino de los vestuarios mucho antes de lo previsto.

Era el trencilla designado para pitar el partido de ayer uno de esos árbitros con más pinta de marine estadounidense fusil en mano a punto de entrar en una aldea afgana para cargarse cualquier clase de vida humana que se encontrase por delante que de un juez ecuánime dispuesto a interpretar las leyes del juego con flexibilidad y diálogo pero que la acción de Campillo fue absurda y exagerada es algo que no se puede discutir fácilmente.

Sobre la tarjeta roja vista por Campillo otra reflexión.

No le costó nada a Luisito señalar con el dedo a Pablo González en la rueda de prensa posterior al partido de Somozas por según el protagonizar una jugada de infantiles sin tener en cuenta que el central pontevedrés había sufrido una falta evidente por parte del delantero coruñés que luego mandaría el centro del gol del empate.
Ayer para el técnico de Teo toda la culpa recayó en el árbitro y no hubo ni la más mínima referencia a la injustificada acción de Campillo que bien pudo evitarse la entrada de marras. No se trata por supuesto de volver a culpabilizar a un jugador de un resultado. No se equivocó ayer Luisito al obviar la hipotética responsabilidad de Alberto Campillo en su expulsión sino que el error lo cometió hace ocho días al poner a los pies de los caballos a otro jugador que además no pertenece a su "guarda pretoriana".  

Curiosamente, poco después de la expulsión disfrutó el Pontevedra de su única pero pintiparada ocasión del primer tiempo desbaratada por un Borjas que envió por encima del larguero una pelota enviada desde la izquierda que parecía más fácil haberla metido dentro que lejos de los tres palos. 

Y lo cierto es que si se analiza lo sucedido tras el descanso podemos concluir que el Pontevedra no perdió realmente por haberse quedado con un jugador menos.
Y no fue así pues en los primeros minutos de la segunda parte los granates encontraron el gol en una maravillosa falta sacada por Mouriño (que llevaba pocos minutos sobre el césped tras suplir a un acelerado Jacobo que vio la amarilla en otra entrada que no veía a cuento) que colocó literalmente el balón en la cabeza de Capi que sólo tuvo que empujarla para hacer el 1-0.

Fue ahí, después de haber hecho lo más difícil, cuando el Pontevedra comete errores juveniles que cuestan otra vez unos puntos que alejan casi definitivamente el quinto puesto de la tabla.

Primero por desaprovechar una contra de manual de tres contra uno de la manera más lastimosa posible. No es la primera vez que el Pontevedra se encuentra con jugadas de ese estilo y las desbarata por no acertar siquiera con el pase decisivo que deje sólo a un compañero frente al portero. Pero es que a raíz de esa frustrada jugada, los granates permiten que sea el Valladolid quien enlace su contraataque y con una pared por el centro que podría haberse frenado con algo más de concentración se plante solo un delantero castellano frente a Company para batirle sin remisión.

Fue un jarro de agua fría propinado de golpe y sin anestesia en una tarde de mucho calor a la ribera del Lérez. A partir de ahí, lo destacable es el segundo cambio efectuado por Luisito. Adrían se marchó del campo y Anxo ocupó su lugar.
Este relevo supuso que pudiésemos ver a Jandrín en una posición novedosa para él nada menos que en la jornada 36 de Liga. Se ubicó el extremo asturiano en el lateral derecho para perder a partir de se momento la presencia en ataque que había tenido ( no mucha en el día de ayer) y convertir de nuevo nuestra banda derecha defensiva en un autovía ya conocida por estos lares en partidos anteriores.
Lo peor es que su sustituto, Anxo, mantuvo una actitud (en opinión de este bloguero) campechana y saltarina sobre el césped nada comparable a jugadores como el propio Jandrín, Borjas, Kevin, Alex etc que con más o menos acierto se "matan" a correr dignificando la camiseta que llevan.

Por esa banda derecha defensiva vino como no podía ser de otra manera el gol del triunfo vallisoletano en una jugada en la que su delantero efectúa un desmarque desde ese lado hacia el centro sin oposición alguna para definir de manera magistral y estética tras encarar a Company. 

Se hace larga, muy larga la temporada y a base de derrotas como las de ayer ese sabor dulce y almibarado con el que nos obsequió el equipo hasta el mes de Febrero se vuelve cada jornada que pasa un poco más amargo en la boca.

Lo mejor es que por fin esto toca a su fin y en dos semanas los jugadores obtendrán un merecido descanso y en los despachos se intensificarán las gestiones (que quiero creer ya llevan tiempo efectuándose) para conformar la plantilla del año que viene.

Sobre la continuidad o no de los integrantes de la actual es el propio entrenador el que arroja pistas con sus decisiones.
Son sólo eso, rastros que que se pueden seguir si se analizan los últimos partidos de la liga y teniendo en cuenta que sólo son eso (pistas que pudieran resultar falsas) podemos analizar algunas cuestiones. 

Por ejemplo, que de los nuevos llegados en Enero Antonio Bello ha perdido mucho peso específico en el equipo y apostar ahora por su continuidad se hace complicado.
Que Adrián Gómez ha cedido su puesto de titular (ayer lo recuperó) en los últimos encuentros de liga y que ayer fue sustituido mediada la segunda parte por lo que su futuro arroja también alguna duda.

Que después del rapapolvo sufrido por Pablo en Somozas ( y no es el primero) el rubio central no parece contar con muchas papeletas para seguir al igual que un Bruno cuyo protagonismo ha desparecido por completo.

Que el camino de vuelta a A Coruña parece expedito para Alvaro Queijeiro.     
Que parece más fácil que el equipo recupere la quinta plaza en estos dos partidos a que Carnero siga en el equipo.

Y que según las propias palabras de Luisito en una tertulia radiofónica, a Kevin lo quiere un filial de un equipo de primera división (no hace falta discurrir demasiado para pensar que se trata de los dos equipos gallegos que juegan en la máxima categoría con más posibilidades para el que viste de celeste).

Por contra (siempre que el Pontevedra logre convencerlos para que se queden en caso de que tengan otras ofertas) parece cantada la continuidad de los porteros, Verdú, Campillo, Alex, Mouriño, Jandrín, Borjas e incluso Jacobo y también Capi aunque el estado físico del veterano central pueda acarrear alguna duda.

Son sólo especulaciones que no responden en ningún caso a información sino sólo a opinión (salvo en el caso de Kevin cuyas ofertas han sido reconocidas por el técnico) pero sobre todo ello iremos saliendo de dudas en las próximas semanas en las que ese proyecto más ambicioso anunciado el día de la renovación de Luisito tiene que ir empezando a coger forma y a ilusionar a una afición que ayer una vez más se reunió en escaso número en el estadio municipal de Pasarón.        


      

viernes, 22 de abril de 2016

Renovación, ilusión y un toque de surrealismo

Surrealismo: Dícese del movimiento artístico y literario que surgió en Francia después de la Primera Guerra Mundial y que se inspira en las teorías psicoanalíticas para intentar reflejar el funcionamiento de subconsciente, dejando de lado cualquier tipo de control racional.

Y esto último, la racionalidad, es lo que debió olvidar por unos instantes (no muchos, afortunadamente) la Presidenta del Consejo de Administración del Pontevedra CF en los primeros minutos de la rueda de prensa del  Jueves a mediodía en la que se anunció la renovación de Luisito Míguez como entrenador del equipo granate. No sabemos siquiera por cuanto tiempo se ha pactado ducha renovación peros sí que al menos la temporada que viene empezará con el técnico de Teo al mando de la nave granate.

Desde luego que esa mención al movimiento del cual Salvador Dalí fue uno de sus principales y más conocidos integrantes en el aspecto pictórico no viene provocada por la noticia objeto de la rueda de prensa.
La renovación del entrenador parece lógica desde el punto de vista deportivo al haber cumplido los objetivos marcados por el club en las dos campañas anteriores y al aceptar, se supone, las metas a las que quiere llegar el Consejo presidido por Lupe Murillo para la que viene.

Si hablo de surrealismo es por el estrambótico comienzo de la conferencia periodística protagonizado por Murillo que ni corta ni perezosa inició su intervención con el falso anuncio de la ruptura de las negociaciones y la marcha del teense para así "castigar" a los medios de comunicación que habían adelantado la noticia de la prolongación del contrato de Luisito y mostrar además su malestar por ello argumentando que la entidad que ella preside quiere darle el mismo trato a todos los periodistas sin caer en favoritismos o desigualdades.

Ni soy periodista ni creo que lo sea nunca por lo que quien entienda que estas líneas pueden deberse a un falso corporativismo o a un ataque arrebatador de "conciencia de clase" estará muy equivocado.

Ahora bien, no hace ejercer este oficio tan denostado en la actualidad para por un lado opinar que iniciar una rueda de prensa de esta forma es marchar en sentido completamente contrario a esa seriedad de la que día sí y día también quiere hacer gala la Presidenta del Consejo de Administración del Pontevedra CF y por otro lado entender que si un periodista o grupo de periodistas se trabajan con sus fuentes las noticias (fuentes que a buen seguro casi siempre serán internas del mismo lago del que emana su agua) está nen su perfecto derecho de publicarlas o contarlas a sus oyentes o lectores que son (o debería ser, llamadme ingenuo) aquello a los que se deben esos periodistas.

Hablamos además de una renovación cuyo anuncio adelantado en unas horas ni desestabiliza, ni desequilibra, ni perjudica al club por lo que no entiendo en ningún caso como se puede empezar de esa manera un acto como el del Jueves.

Dentro de poco, si seguimos con argumentaciones como la expuesta por Lupe Murillo, nos encontraremos con una prensa exclusivamente "vocera" del club que nada tendrá que investigar ni nada tendrá que informar u opinar que se salga de la línea recta oficial de una entidad (el Pontevedra CF o la que sea.)
Una cosa (y hago este comentario en tono jocoso) es que el Pontevedra no esté ahora económicamente para jefes de prensa y otra muy distinta es convertir por la vía de los hechos a todos los medios en miembros oficiales de dicha Jefatura para que se limiten a transmitir sólo aquello que la entidad quiera que se conozca.

Pero dejando al margen este hecho que creo merecía un comentario por su "peculiaridad", las intervenciones de la Presidenta y el entrenador no hay duda alguna que ofrecieron grandes dosis de ilusión e incluso ambición dirigidas a la afición granate.

Así, Luisito no dudó en compartir que a pesar de tener opciones de "engancharse al fútbol profesional" (expresión textual) su decisión fue la de quedarse aquí cerca de los suyos y donde es feliz pero también para que ese "enganche" se produzca a través del Pontevedra CF reconociendo además que en los planes del club para el año que viene está la intención de aumentar en lo que se pueda la inversión y salir a competir con mayores aspiraciones deportivas.

Está afirmación, corroborada como no podía ser de otra forma por la Presidenta es indudable que genera expectación y la ilusión citada anteriormente no porque se hable ya sin ambages de ascenso pues quizá le falte todavía un poco al Pontevedra para salir descaradamente con ese fin y volver al lugar que se le merece sino que por lo menos (eso es lo que yo he entendido al escuchar las dos intervenciones) porque se tratará de construir un conjunto más fuerte y más potente que el de la presente temporada para que el play off no resulte casi una quimera como sucedía esta campaña sino algo más al alcance real de las posibilidades del equipo.

Es cierto que en la rueda de prensa nada se habló (tiempo habrá evidentemente para ello) acerca de si en la mente del Consejo y técnico está mantener (o tratar de mantener) el bloque fortaleciéndolo con incorporaciones no numerosas pero importantes o si en el pensamiento del club está la renovación más pronunciada y extensa de la actual plantilla en la que sólo Kevin y Tomás cuentan con contrato en vigor.

Lo que yo espero ( y de declaraciones anteriores de Lupe Murillo parece desprenderse eso) es que sise sube la inversión o mejor dicho se aumenta el coste de la plantilla se haga sin tirar la casa por la ventana pues una cosa es afirmar (y lo haré una y mil veces) que el lugar que le corresponde al Pontevedra CF es la LFP y otra muy distinta es volver a generar deuda tras deuda que coloque al club en la pero de las situaciones que no es otra que luchar de nuevo con desesperación por su propia supervivencia.
Esa seriedad de la que hablaba al principio que entiendo abandonó hoy a la Presidenta durante unos pocos minutos la ha tenido siempre Murillo para afirmar que es ambiciosa, inconformista y que quiere conseguir grandes logros deportivos para el Pontevedra pero que todo ello estará siempre supeditado a que la salud económica de la entidad no vuelva a deteriorarse como tantas veces ha pasado y la última d manera tan reciente.

Espero que esa línea que ella misma se ha impuesto la siga a rajatabla y sepa conciliar la ambición legítima en el plano deportivo con la racionalidad obligatoria en el aspecto económico.

Sólo me queda una duda acerca de la renovación de Luisito ( quien por cierto también ha reiterado que el equipo necesita encontrar una solución para entrenar en hierba natural con habitualidad, petición completamente lógica y comprensible).
Me refiero a la presión evidente que conlleva salir con el objetivo de estar arriba y tratar de jugar la fase de ascenso.

Como ya se ha dicho repetidamente es este entrenador un hombre capaz de hacer grupo ( a pesar de su peculiar estilo) y preparar bien al equipo tanto física como tácticamente pero sus salidas "de pata de banco" delante de los micrófonos y el nerviosismo que a veces ha demostrado tanto en la fase de ascenso del pasado año como en algunos momentos de esta temporada tan plácida en lo deportivo, me crean algún interrogante en el caso de que las cosas no salgan como estaban previstas y surjan momentos de tensión con la afición, prensa o el propio Consejo de Administración.

Espero que sepa manejarse con más diplomacia en estas situaciones y rebaje el tono que habitualmente suele adoptar cuando las cosas se tuerzan un poco aunque confieso que sobre esto último tengo muy pocas esperanzas.  


martes, 19 de abril de 2016

Final descafeinado

Lleva el Pontevedra ya muchas jornadas pareciéndose bien poco al equipo seguro, alegre y decidido que encandiló a su parroquia a lo largo de casi toda la primera vuelta.
Existen circunstancias de peso, es cierto, que pueden explicar este evidente bajón no ya sólo en resultados sino también en consistencia y empaque sobre el terreno de juego.

Una de esas causas en mi opinión son las lesiones largas de jugadores clave para el equipo que en una plantilla pensada para otros menesteres se notan mucho más que en otras escuadras diseñadas para luchar desde el principio por objetivos más ambiciosos.

A este Pontevedra 2015/16 la enfermedad inesperada y muy delicada sufrida por Mouriño le propinó un golpe considerable para la fortaleza combinativa y creativa del equipo. El Mouriño de este año había conseguido una regularidad y una presencia en el césped superior a la exhibida en tercera división e incluso fue capaz de rendir muy bien en varias posiciones (segundo punta, banda izquierda, mediocampista ofensivo) posibilitando una polivalencia que fue bien aprovechada por el entrenador.

Que decir de la dichosa lesión de Alex producida el día que el Somozas visitaba Pasarón. Ya he comentado varias veces que este jugador se ha convertido sin duda en una de las más agradables sorpresas de la campaña pues lejos de desempeñar un papel de mero trabajo y esfuerzo en el centro del campo granate, el vigués ha desplegado en bastantes ocasiones una habilidad para mover la pelota con soltura e incluso llegar al área contraria que ha resultado muy importante para el equipo.
Estas dos bajas simultáneas mermaron considerablemente el medio campo pontevedrés sin olvidar las molestias sufridas en varios encuentros por Kevin en uno de sus tobillos que a pesar de no impedirle estar casi siempre disponible si menguaron en ocasiones ese despliegue físico tan conmovedor y eficaz para sus compañeros.

Podemos sumar a todo esto los numerosos problemas físicos de un Capi cuya experiencia, juego aéreo y seguridad atrás resulta insustituible en esta plantilla, la casi desapercibida temporada que ha pasado Carnero entre un inicio tortuoso de tarjetas y esta lesión extraña que tanto tiempo le tiene apartado de los terrenos de juego y los también problemas musculares que ha sufrido Jacobo en una fase de la temporada en la que estaba resultando muy destacada su aportación.

Todo esto es cierto pero no debemos ni podemos buscar sólo en las bajas este descenso de rendimiento de una plantilla que ha cumplido hace tiempo y sin titubeos el objetivo marcado por el Consejo de Administración para este curso futbolístico.

Precísamente este hecho, haber logrado la salvación con tanta contundencia y margen clasificatorio, es posible que haya provocado de manera inconsciente un descenso en el diapasón de la competitividad de este Pontevedra que necesita para rendir al máximo estar con las "orejas tiesas" durante los 90 minutos de todos los partidos. 
O quizá también haya podido influir que al verse tan arriba y con los deberes hechos tan pronto el equipo se haya visto invadido por cierto vértigo (quizá hasta de manera comprensible) y la posibilidad de jugar el play off de ascenso (posibilidad sin duda este año alucinante por la modestia de nuestras aspiraciones pero que en mi opinión ha hecho surgir en su momento las primeras tensiones entre técnico y Consejo) haya terminado por hacer zozobrar al grupo. 

Pero al margen de todas estas circunstancias (que seguro habrán influido cada una de ellas en mayor o menor medida en la actual situación del Pontevedra sin olvidar tampoco que la gran mayoría de esos jugadores compitieron la campaña anterior nada menos que hasta el 29 de Junio) también es pertinente señalar que el mercado de invierno no trajo a los "almacenes" granates la pieza que posiblemente se necesitaba.
No se trata de señalar a Bello y a Hugo de cuya calidad no se duda. De hecho, el primero protagonizó varios encuentros muy buenos nada más llegar aunque ahora su figura se haya opacado un tanto y Hugo disputó hace dos días frente al Celta B posiblemente el mejor partido desde que llegó.

Mas resulta indudable que lo que el Pontevedra necesitaba desde principios de temporada era gol y aunque eso, el gol, es lo más difícil de fichar el club no ha tenido la oportunidad de equivocarse en el punta elegido pues los dos jugadores jerezanos no tienen ese perfil de "9" que el equipo requería.

Comento todas estas cuestiones porque en el encuentro jugado frente al filial céltico han podido entreverse muchos de estos elementos que por desgracia han contribuido a echar un poco de agua (no demasiada, eso sí) al sabroso caldo que nos estábamos comiendo hasta finales del mes de Enero.

Que la tensión defensiva (y cuando hablo de defensiva me refiero a todo el equipo) no es la misma que al principio vuelve a ponerse de manifiesto en la facilidad con la que el Celta llegó a nuestro área en los primeros minutos. A eso contribuyó (a mi juicio de manera decisiva) el agujero descomunal de nuestra banda derecha sin que todavía pueda entender el porqué de tal circunstancia teniendo alternativas en el equipo. Una vía de agua no se detiene en la habitación en que se genera sino que acaba por encharcar otras estancias de la casa minando la estabilidad y seguridad del conjunto.
Es cierto que el primer gol viene de un rechace muy afortunado y el segundo de un remate prodigioso pero que el Celta llegó fácil los primeros veinte minutos es algo que resulta difícilmente discutible.

Pero a pesar de no mostrarse como un equipo férreo en defensa sí es cierto que el Pontevedra (en gran parte beneficiado por la falta de contundencia de la defensa celeste que tampoco se mostró demasiado expeditiva) logró por momentos dar cierto brillo a su juego en ataque pero todos sus intentos se vieron truncados por la negación ante el gol y el fallo de ocasiones que no se pueden perdonar en su totalidad.
Las dos que tuvieron casi seguidas, ya con 1-2, Borjas y Kevin fueron tan claras que volvieron a poner de manifiesto que el Pontevedra carece de esa capacidad anotadora imprescindible para soñar con otras cosas.
Es curioso lo de Borjas pues creo que pocos aficionados granates podrán discutirle su capacidad de trabajo, sus desmarques constantes, su presión y su compromiso con la causa pero lo cierto es que en la segunda vuelta ( salvo un par de penaltis) ha estado desafortunadisimo y extremadamente sólo en la suerte máxima de la conversión en gol de las ocasiones.

También las bajas siguen sin perder protagonismo ( las bajas obligadas, digo) y Capi y Carnero siguen sin estar y Mouriño está  (y se nota por momentos) pero sólo hasta que su físico se lo permite. 

No mereció perder el Pontevedra frente al Celta B e incluso tampoco sería descabellado opinar que pudo incluso ganar pero sus dudas iniciales atrás y su inveterada falta de puntería impidieron que el equipo se marchara del terreno de juego con más puntos en su haber.

Lo peor de todo es que faltan todavía cuatro partidos para el final de temporada y la señales que envía el equipo no son las mejores. 
En absoluto debe hacerse un drama por entrar o dejar de entrar en una Copa que luego ya sabemos puede provocarnos emociones fuertes o un agujero en el presupuesto pero más que por participar en esa competición tan penosamente diseñada, mantener el tipo en este póker de encuentros sería conveniente para no velar una temporada que en su primera mitad ha sido tan meritoria. No sería bonito seguir acumulando resultados negativos y verse al final de temporada en la zona media baja de la tabla y muy lejos de las sensaciones que el Pontevedra nos ha proporcionado durante un buen tramo de la Liga.

A día de hoy no está renovado el entrenador y las declaraciones de ambas partes (Consejo y sobre todo técnico) dejan translucir que en las negociaciones se hablará de muchas cosas.
Sólo dos jugadores de la plantilla tienen contrato en vigor para el año que viene (así ha venido publicado reciéntemente en prensa) y uno de ellos es Tomás cuya presencia en el equipo es casi testimonial.
Con todas estas cuestiones capitales en el alero, este final de Liga descafeinado parece perder actualidad e importancia dada la trascendencia de las decisiones que en no demasiado tiempo se tomarán en la casa granate ( objetivos para la 16/17, entrenador, componentes de la plantilla con los que se cuenta para seguir...) pero a pesar de todo ello insisto en que lo más recomendable sería no perderle definitivamente la cara a la competición y acabar con buenos resultados que despidan con un sabor agradable la campaña del retorno a nuestra "querida" segunda división B.

     

       
  


lunes, 11 de abril de 2016

El inesperado retorno del profesor Bacterio

Hace algunas semanas escribía acerca de mi afición a diferentes tebeos entre los que ocupaba un lugar especial las aventuras de Mortadelo y Filemón.
Hablaba en aquel artículo de varios personajes que circulaban por la inolvidable Agencía de la T.I.A y describía con mayor detalle la figura del profesor Bacterio. Como recordaba tras el partido contra el Racing jugado en Pasarón, el profesor creado por Ibáñez es un científico incomprendido cuyos experimentos u ocurrencias acaban de la manera más desastrosa posible haciendo casi siempre blanco y víctima de sus errores al poliédrico agente Mortadelo cuya antipatía por Bacterio era tan grande como indisimulada.

En esa crónica del encuentro frente a los cántabros argumentaba que habían sucedido cosas un tanto extrañas en la alineación y ubicación de los jugadores sobre el césped y que daba la impresión de que el profesor había decidido darse un garbeo por nuestra ciudad y tomar posesión de nuestro técnico de manera transitoria durante parte del choque de aquel Domingo.
En la segunda parte de ese encuentro todo pareció volver a la normalidad e incluso el Pontevedra acabó disputando una segunda parte bastante buena (favorecido, es cierto, por el excesivo conservadurismo de Munitis) y que esa sombra "bacteriana" parecía haberse diluido en la atmósfera lerezana para no volver a corporeizarse más.

A raíz de lo sucedido ayer me entran serias dudas sobre si el ínclito Bacterio haya tenido a a bien volver a pasarse por el banquillo granate durante unas horas pero lo cierto es que el Pontevedra CF protagonizó una primera parte no ya mala sino extraña y con novedades que volvieron a salir rematadamente mal para los intereses del equipo pontevedrés.

Es verdad  que el Pontevedra en partidos anteriores en casa ya había exhibido un sistema con tres centrales más dos laterales largos. Pero lo había hecho siempre como recurso excepcional cuando las cosas no salían y el marcador nos era adverso. En ese encuentro disputado contra el Racing de Santander tras el descanso Luisito ubicó a sus hombres con ese 5-3-2 y dio sus frutos. También al inicio de la segunda parte frente al otro Racing el Pontevedra mudó sus sistema para jugar así y en algunos encuentros con el marcador a favor y en los últimos minutos (Leonesa, por ejemplo) salió un tercer central para reforzar la seguridad defensiva y el juego aéreo.

Ahora bien, de entrada nunca en Pasarón se había salido así y menos con ese 5-2-1-2 o (si atendemos a la posición de los laterales cuando teníamos el balón 3-4-1-2.)

Así, Kevin se veía "desterrado" al centro de la defensa para ubicarse ahí junto a Bruno y Campillo. Los laterales (Verdú y Adrián) se adelantaban más al medio campo cuando teníamos la posesión para jugar prácticamente a la altura del doble medio centro (Alex y Queijeiro), Bello se ubicaba en una clara media punta y Borjas y Hugo oficiaban en ataque.

El partido empezó de esta forma y fue tal el desastre y la "empanada" colectiva que por vez primera en dos años se escucharon durante varias fases con claridad la música de viento de una afición que no entendía casi nada de lo que veía, pitada que arreció al terminar la primera parte.

Marcó el Sporting al cuarto de hora en la única ocasión que tuvo en todo el encuentro si ocasión se le puede llamar a un lanzamiento efectuado casi desde Ribadeo en el que los jugadores granates estuvieron contemplativos y nada eficaces a la hora de estorbar al centrocampista asturiano y a renglón seguido Luisito empezaba a desembarazarse de ese incómodo disfraz de profesor de tebeo y ordenaba el cambio de ubicación de varios de sus hombres sobre el terreno de juego. 

Efectivamente, Kevin abandonaba su "exilio" y pasaba a hacer pareja como es habitual con Alex; Hugo se movía a la derecha, Bello a la izquierda y Queijeiro pasaba a actuar en esa línea de tres mediapuntas por detrás de Borjas en un 4-2-3-1 más reconocible.

Aún así el tema no mejoraba en absoluto y el Pontevedra ni era capaz de sacar bien el balón, ni combinar ni mucho menos crear peligro en la área esportinguista.
Y a la media hora se produjo el definitivo arrancamiento del disfraz "bacteriano" y en otro reconocimiento de errores Luisito decidió hacer dos cambios de una tacada y colocar sobre el campo a Jandrín (aunque también "exilado en banda izquierda) y a Mouriño sacando del césped a Bello y Queijeiro.

En los minutos que quedaban hasta el descanso el Pontevedra mejoró algo y un tiro de Alex y sobre todo otro de Mouriño en buena posición empezaban a presagiar que ya con una mínima racionalidad el Pontevedra podría tener opciones de darle la vuelta a la tortilla.

Y tras el descanso se jugaron los mejores minutos de la tarde con un Mouriño dinámico, un Kevin apretando desde el medio y mezclando como casi siempre bien con Alex y un Hugo que por fin realizó su primera jugada en casa desde que es granate penetrando muy bien por la derecha y enviando un bonito centro para que Alex llegando desde atrás conectase un certero cabezazo para conseguir el empate.
Mejoraba el Pontevedra a la par que el filial gijonés seguía dando una paupérrima imagen que mucho tendrá que cambiar para no verse implicado no ya en la promoción sino incluso en el descenso directo.

Es cierto que tras el gol y también por un parón bastante largo por la lesión de un jugador visitante en la jugada que propició la primera amarilla para Borjas, el Pontevedra cortó un poco la continuidad en su juego que había logrado al inicio del segundo tiempo pero sí se veía que el control del partido era total del conjunto granate y que en alguna jugada se podría lograr el triunfo. 
Luisito demostró que quería ganar y que no valoraba un empate que apenas servía para nada al introducir a Jacobo en el campo para sacar a Bruno y volver a retrasar a Kevin a la defensa.

Pero poquísimo después llegaba una jugada extraña en la que se produce un choque en el área entre Borjas y otro jugador rival y el árbitro tomó la decisión en ese lance de sacarle la segunda amarilla al delantero canario del Pontevedra. Fue una jugada confusa en la que sí es cierto que un Borjas desafortunado ya desde hace demasiado tiempo va con mucho ímpetu a la pelota pero en la que da la sensación de que resbala y que en ningún momento quiere golpear al jugador esportinguista.

Sea como fuere la expulsión cortó de raíz las esperanzas de remontar el partido pues el Pontevedra que sólo tiene un delantero en plantilla (más Carnero al que parece que ya no se le espera) se quedó completamente romo en ataque y sólo la ingenuidad o mediocridad de los jugadores rivales provocaron que ese último cuarto de hora discurriera por unos canales de tranquilidad e impotencia sabedores ambos equipos que el 1-1 sería el resultado final del encuentro.

Ha sido una semana extraña rematada con esta absurda y regalada primera parte que fue una losa que no se pudo superar y deja al Pontevedra tras el empate todavía quinto y con un punto de margen con respecto a un Burgos que nos visitará en la última jornada de liga.

Y digo semana extraña porque "extrañas" e incluso preocupantes me parecieron unas declaraciones del entrenador publicadas en prensa pocos días antes del partido.

Que el Pontevedra desde hace meses no entrena en unas condiciones óptimas para afrontar la competición (algo que volvía a repetir Luisito en esas declaraciones) es cierto y nadie puede negarlo pues poder pisar Pasarón de vez en cuando para preparar los partidos sería muy positivo. Ahora bien, la forma de decirlo (y es sólo una impresión de este bloguero) me vuelve a sugerir un malestar de Luisito con el Consejo (malestar tenue, si se quiere pero malestar a fin de cuentas). Un malestar que ya quiso poner de manifiesto el de Teo en la famosa rueda de prensa tras el choque disputado frente al Coruxo.
En aquel momento los medios pusieron el acento en las críticas del entrenador a la propia prensa por inflar las posibilidades reales del equipo en la clasificación pero a mi juicio lo más importante de aquellas palabras de Luisito fueron las que solapadamente deslizó en dirección a ese Consejo y contra algunas opiniones que desde dentro del propio club se habían vertido con relación a la posibilidad de clasificarse para el play off.

A mediados de la pasada semana Luisito volvía a hacer hincapié en el tema de los entrenamientos y reconocía (creo que algo molesto) que nadie de la entidad se había dirigido a el todavía para hablar de la renovación.
Estamos ya en el mes de Abril y el objetivo con el que el equipo salió a competir hace semanas que se ha conseguido. 
Llama la atención, es cierto, que durante todo este tiempo de tranquilidad ya con la seguridad de la salvación en la mano no se haya hablado todavía con el técnico para tratar el tema de su continuidad y cada día me parece más evidente que esta situación está generando diferentes tensiones que a veces resultan difíciles de disimular.

No ayudan en absoluto algunas afirmaciones del propio Luisito en la rueda de prensa de ayer en la que venía decir sin ambages que la Copa del Rey le da lo mismo y que el lo que quiere ya que no puede ser cuarto es ser quinto y quedar lo más arriba posible. Los que nos tomamos la molestia de escuchar íntegra dicha rueda de prensa sabemos que esa frase está dicha con el estilo propio del de Teo y que su mensaje no es renunciar a la Copa pero debería tener cuidado pues esa frase sacada de contexto podría añadir todavía más confusión y dudas en una relación entrenador- Presidenta que por lo menos de puerta para fuera parecía completamente idílica y vacía de problemas e inconvenientes.

Viene el Celta B el próximo fin de semana. Es evidente que a los aficionados granates el derby que nos gustaría disputar es contra el Celta "sin b" pero a falta de grandezas pasadas que da este sucedáneo que no deja de ser importante para el maltrecho orgullo de la afición pontevedresa.

Espero que la actitud del equipo (aunque sin puntas pues Borjas será sancionado) sea desde el principio la de la segunda parte de ayer y que ni la clasificación ni el pasado de algunos jugadores sea óbice para entender que ganarle al Celta B debería ser obligatorio para nosotros y que conservar el puesto de Copa podría (si se dan buenos sorteos) ser verdaderamente importante para la entidad en el aspecto económico.         
La temporada para la mayoría de nuestros jugadores está siendo eterna (no olvidemos que en la pasada se compitió hasta finales de Junio) pero bien vale un último esfuerzo para no echarse atrás en la tabla y completar una muy buena temporada que podría ensuciarse un poco si nos dejamos ir en demasía.   

        

lunes, 28 de marzo de 2016

El partido fantasma de Jueves Santo

Jugó el Pontevedra de nuevo en casa y volvió a ganar. 

Lo hizo incluso peor que el día de la Arandina. Sin ritmo, sin intensidad, con aparente desgana pero aportando lo suficiente sobre el césped para meter otros tres puntos en el capazo que le consolidan en una meritoria quinta plaza que da acceso seguro a la Copa del Rey.

Fue un encuentro el del pasado Jueves que más pareció una pachanga veraniega o un encuentro de la copa "garrafón" que un partido oficial del Campeonato de Liga. Y no sólo por ese juego aburrido, soso y a veces desesperante de los nuestros sino por el paupérrimo ambiente que existía en las gradas del Estadio de Pasarón. 
Como en los primeros partidos de pretemporada o los choques frente al Marino y Bouzas de ese estrambótico torneo, los allí presentes podíamos escuchar con total claridad las indicaciones que los jugadores de ambos equipos se daban sobre el campo así como las órdenes de los entrenadores a sus pupilos a lo largo de los noventa minutos.
Tanto se oían las voces de los protagonistas que en varias ocasiones durante el partido varios aficionados de Tribuna reprocharon a Luisito sus acaloradas broncas a sus hombres que provocaban la interrupción de la siesta colectiva que los fieles seguidores granates estábamos disfrutando en nuestras butacas.

Es este aspecto, la afluencia de espectadores a Pasarón, de largo el peor de una temporada tranquila en el aspecto deportivo y según se dice esperanzadora en el tema económico.

En el plano social, no obstante, no se producido una conexión de la entidad con su masa social y la decisión de jugar en Jueves Santo el partido frente al Peña Sport viene a constituir otra circunstancia extravagante, absurda y nada acorde con el deseo de que las gradas del ex vetusto presenten un panorama alentador.
Ni siquiera en la larga travesía de cuatro años por el desierto tenebroso de la tercera división el Consejo de Administración se había decidido a adelantar el partido de casa en Semana Santa al Jueves y que se haya hecho este año se escapa a todo el sentido común que en otras cosas si parece estar teniendo este grupo de mandatarios.

Si a la tremenda ruina que supone las "cuatro perras" que la TVG abona a los equipos de la 2ªB por retransmitir sus encuentros minando en gran parte la asistencia a los partidos (ya muy perjudicada por el fútbol de élite) se le une decisiones como esta no es de extrañar que en breve tengamos otra vez un equipo para subir pero no vayan más que mil personas a ver los partidos del Pontevedra CF.

Por lo demás, el choque frente al colista que vino a empatar y que casi lo consigue ofreció algunos datos que vienen siendo ya recurrentes en los últimos dos meses. A saber, Hugo jugo otra primera parte intrascendente, insulsa y carente de picante y fue sustituido en el descanso. Bello volvió a disputar otro encuentro ramplón, lleno de conducciones sin sentido y decepcionante y fue el siguiente en tomar el camino de los vestuarios y Queijeiro ofreció otra actuación prescindible, funcionarial e insuficiente y fue el tercero en tomar las de Villadiego.

A pesar de que Mouriño (que bueno que volviste y espero que ya para quedarte) y Anxo lo intentaron y mejoraron un poquito a sus compañeros sustituidos, el partido no cambió realmente hasta el último cambio efectuado a falta de un cuarto de hora.
¿Por qué ese cambio? Simplemente porque Jacobo utilizó el primer toque en dos o tres ocasiones casi consecutivas para agitar siquiera un poquito una coctelera que hasta ese instante sólo contenía un caldo con agua.
Esa mínima velocidad de pelota, ese pequeño sentido común otorgado al juego desconcertó un poco a la comodísima defensa navarra y propició que el Pontevedra aún sin crear ocasiones claras empezara a merodear el área rival.
Poco después llegó la jugada del penalti y quien más quien menos temblamos cuando Borjas acudió con decisión a recoger la pelota para no permitir que nadie más tirase la pena máxima. Llevaba el canario no sé cuanto tiempo sin "mojar" e incluso había fallado un penalti clave frente al Lealtad pero ese desacierto y falta de confianza evidente que últimamente arrastraba el "nueve" no ha mermado a lo que se ve el tamaño de sus atributos y ni corto ni perezoso y sin importarle llevar tres meses sin hacerle un gol al arco iris pateó el cuero con decisión para convertir el 1-0 que a la postre nos daría la victoria.

Después del tanto (que acarreó la expulsión de un central rival) vino lo mejor del partido. Primero por la incomprensible decisión del Pontevedra de meterse atrás y utilizar el pelotazo y "tientetieso" cada vez que el balón se acercaba a la zona de tres cuartos del equipo granate. Después por permitir que un balón venenoso llegase a la banda izquierda defensiva en la que un jugador del Peña Sport tras regatear a Edu enviase un lanzamiento a portería que sólo dejó de entrar porque Verdú se lanzó de manera milagrosa para enviar la pelota a corner. Y finalmente por errar tres ocasiones alucinantes de gol que en cualquier otra situación hubiera provocado que nos quedamos sin los pocos pelos que nos faltan tras tironearlos rabiosamente de la cabeza,
Las dos primeras en sendos maravillosos pases de gol de Jacobo que Jandrín y Borjas mandaron al limbo ( o mejor dicho el primero al muñeco y el segundo, sí, al limbo). Y la tercera el propio Jacobo que de tanto pensar por donde quería metérsela al arquero (hablo de la pelota, claro) acabó por enviar un balón tan flojito que terminó en gatillazo al posibilitar la llegada de un defensa antes de que el cuero atravesara la línea de gol.

Al final el partido fantasma llegó a su fin y con él otra nueva victoria granate que alcanza unos muy buenos 50 puntos en la tabla clasificatoria.
En otras ocasiones a buen seguro que estaríamos a falta de siete encuentros en plena lucha por el play off pero esta campaña los cuatro de arriba han puesto el piloto automático y amenazan con sobrepasar con creces la cifra de 65 puntos que casi siempre habían valido en el pasado para luchar por el ascenso. 

No obstante, el equipo debe seguir con todo el interés y disputar los siete últimos partidos con toda la motivación y fuerza posible. 
Primero, como ya se ha dicho, para confirmar esa formidable (dadas las circunstancias actuales del club) quinta plaza y poder disputar una Copa cuyo atractivo de verdad dependerá del sorteo veraniego; segundo por intentar lograr el mayor número de puntos posibles que embellezcan todavía más la temporada y tercero por si se produce un hundimiento (que a estas alturas ya debería ser de proporciones bíblicas) de ese Tudelano que tan impresionante racha de resultados atesora.

El que esto escribe seguirá yendo a Pasaron para seguir a su equipo y lo hará aunque coloquen un partido un Miércoles a media tarde pero la gente normal, la que tiene vida al margen del fútbol, desearía que ese horario vespertino dominical se mueva lo menos posible. Ya se sabe. 

Es cuestión de costumbre.       
       

lunes, 14 de marzo de 2016

Jandrín, Campillo y un partido aburridillo

Que la plantilla del Pontevedra CF constituye un grupo con letras mayúsculas es algo que a casi nadie que siga habitualmente al equipo se le escapa.
Ayer volvió a ponerse de manifiesto esa unión e incluso la identificación y compromiso de uno de los jugadores con sus compañeros pero también con la camiseta que viste desde hace más de un año.

El corajudo central Alberto Campillo perdió el Domingo a su abuela y lejos de solicitar su más que merecido y comprensible descanso para el partido decidió ser de la partida y comandar como otra jornada cualquiera la defensa pontevedresa.

Pero no. No era una jornada cualquiera pues no se pierde a un familiar directo todos los días y esos guiños que a veces concede este deporte llamado fútbol se encargó de demostrarlo allá por el minuto cuarenta de juego.
Se produjo un corner a favor de los granates que Bello sacó en cortó para Jandrín que dentro del área puso un centro al corazón de la misma para que llegando desde atrás Campillo metiera la cabeza e hiciera el único gol del partido que a la postre fue decisivo para conseguir tres nuevos puntos en la clasificación.     

Nada más marcar (como debe ser nadie dudó de la autoría del gol a pesar de que la pelota antes de entrar rebotó en el cuerpo de Borjas) Campillo cambió el sentido de su carrera en la celebración y enfiló un tramo solitario de césped para mirar al cielo, enviar un beso y levantar los brazos para dedicar un último adiós a esa abuela que no dudó en decirle que tenía que jugar ese partido pasara lo que pasara.
Tras esos breves segundos de intimidad y emoción particular enseguida llegaron todos sus compañeros de equipo para arroparle y mostrarle su cariño y admiración por haber sido capaz de no darle la espalda al conjunto en momentos tan complicados.

La temporada pasada el Pontevedra CF vivió un caso muy parecido o incluso más duro. El padre de nuestro portero Edu Sousa fallecía tras una enfermedad y escasas horas después su hijo no dudó en defender la portería granate en un partido jugado en el campo del Silva. No sólo jugó Edu aquel partido sino que terminó siendo decisivo al protagonizar una gran actuación con parada de penalti incluida.
Gracias a Radio Pontevedra tuve la oportunidad de agradecerle personalmente a Edu en una tertulia y en mi calidad de abonado granate su tremendo gesto de compromiso con un escudo y con un equipo que necesitaba tras una etapa de descrédito general muestras de compromiso y pertenencia tan grandes como la realizada por el arquero.

Desde estas modestas líneas y como no puede ser de otra forma le muestro igualmente todo mi respeto y apoyo  a un Campillo que en circunstancias tan complicadas ha vuelto a honrar con su presencia a esta institución, insisto, tan necesitada de detalles tan emocionantes como estos a los que en ningún caso están obligados jugadores atravesados por el dolor de una ausencia definitiva.

Muchas críticas recibe este bloguero (críticas que acepto con deportividad y de las que incluso intento aprender) por discrepar en ocasiones con el entrenador del Pontevedra CF. Ahora bien, lo que tengo bien claro y no admite duda es que entre las cosas que ha logrado Luisito es armar un equipo en toda su expresión que navega junto y solidario ya vengan las aguas revueltas o completamente mansas y este hecho que no es absoluto baladí es de justicia reconocerlo y subrayarlo. 

La piña con Campillo en la celebración del gol es otra prueba de ello.

Fue un partido el de ayer, por otro lado, aburrido, soso y falto de ritmo. Lo mejor, sin duda, además de lo recién mencionado fue el resultado. Un resultado que coloca al Pontevedra ya sin asomo de duda salvado de cualquier contingencia y que nos sitúa en buena posición para acceder a la copa y quizá ya como único equipo de la lista en estar a la espera del derrumbe del Tudelano o incluso del Logroñés si se consigue la hombrada de vencer en Las Gaunas.

No consiguió ayer el Pontevedra circular la pelota con rapidez ni el planteamiento ultradefensivo del Arandina permitió a los granates brillar en esas transiciones ofensivas relampagueantes y vistosas a más no poder. Cuando el rival pone el autobús no queda otra que intentar tocar con paciencia y encontrar el desborde por banda para minar la resistencia de la muralla.

Y es en esa faceta, la del desborde y la velocidad, en la que volvió a destacar el para mi mejor jugador del partido de ayer, Jandrín. 

Disputó todo el encuentro a pierna cambiada, esto es por la izquierda, para que Hugo pudiese jugar por su banda natural pero eso no fue óbice para que el asturiano exhibiese de nuevo su chispeante rapidez y alegría en el juego y volviera a demostrar que su fichaje ha sido todo un acierto.

Suyas fueron las dos ocasiones de gol que hubo en la primera parte además del centro que acabó en el cabezazo de Campillo. Y también suyas fueron las mejores cabalgadas de la segunda parte que arrancaron buenas ovaciones del respetable allí presente y que desembocaron en el gran aplauso que recibió cuando desfondado tuvo que ser sustituido a falta de diez minutos para el final del partido.

Un partido que sólo peligró en los primeros cinco o seis minutos de la segunda parte jugados rematadamente mal por los granates. Fue ese pequeño tramo en el que el rival se vino arriba y gozó de su mejor ocasión que uno de sus hombres mandó fuera cerca del poste cuando se encontraba en buena posición para empatar.

En cuanto el Pontevedra se dio cuenta que la segunda parte había comenzado y que no estaba todavía en el vestuario el partido volvió a la normalidad y el Arandina fue de nuevo sujetado sin excesivos problemas. 
Lo malo es que esa "normalidad" en el día de ayer incluía a un Pontevedra impreciso y torpón con la pelota en los pies que no encontraba los caminos para sentenciar el partido por lo que la incertidumbre se mantuvo no por la peligrosidad de un Arandina muy romo y carente de peligro arriba sino por la estrechez reinante en el marcador.

Tampoco los cambios ideados por Luisito en el último cuarto de hora dotaron al Pontevedra de más clarividencia ofensiva pues Queijeiro apenas se notó en el campo y Jacobo con prisas y algo acelerado sólo tuvo tiempo para ver una justa amarilla y no para enseñar la indudable calidad que atesora en sus botas.      

A pesar de no sentirse cómodo con el balón y el lógico empuje burgalés en los últimos instantes, el encuentro terminaba sin demasiados agobios con ese solitario gol de Campillo que otorga al Pontevedra la nada despreciable cifra de 47 puntos que como más arriba se ha dicho convierte en completamente conseguido el objetivo con el que en Agosto se salió a competir.

Ahora faltan nueve jornadas en las que la nueva meta es conseguir competir como se ha hecho en casi todos los partidos anteriores de la Liga.
No se puede obviar que la tremenda racha del Tudelano ha puesto la cuarta plaza harto complicada pero también es verdad que el próximo fin de semana tendremos la posibilidad de meter al Logroñés "en el ajo" si salimos airosos de La Rioja. 

Son palabras mayores, eso sí. Durante la semana leeremos que los rojiblancos han perdido puntos en casa ante equipos no muy bien clasificados pero el duelo contra el Pontevedra es diferente. Ellos saben que si nos ganan tendrán la clasificación virtual para el play off (nueve puntos de margen más el coeficiente particular) pero saben que sí pierden el quinto (es decir, nosotros) se le pondría a tan solo tres puntos e inquietaría una posición de promoción que hasta ahora no han visto comprometida.

Eso me hace suponer que nos vamos a encontrar a una de las mejores versiones del Logroñes al ser consciente de la importancia del partido y esos sólo se podrá contrarrestar con el mejor Pontevedra CF. Con ese Pontevedra que llegó a El Sardinero muy tocado y fue muy superior al Racing. Si aparece en Las Gaunas ese Pontevedra quizá la semana que viene estaremos escribiendo en medio de la ilusión producida por la cercanía de los puestos de play off.


PD:No quiero terminar esta columna sin enviar un emotivo recuerdo a los familiares y amigos de Jose Manuel Vázquez Piay ( padre de nuestro gran capitán Pablo Vázquez, presidente del Teucro a finales de los setenta y gran aficionado igualmente del Pontevedra). 

A buen seguro otra estrella teñida del azul teucrista y granate pontevedrés luce orgullosa en el cielo en la constelación de aquellos que apoyaron, quisieron y en este caso trabajaron por nuestras os instituciones deportivas más significativas.        

martes, 1 de marzo de 2016

PUNTAZO

El destino que es casi siempre caprichoso e incluso a veces enigmático ha tenido a bien propiciar que el primer partido que el Pontevedra CF ha tenido que disputar en casa tras el fallecimiento de Nando Yosu haya sido con el Racing de Santander.
Era el conjunto cántabro el equipo de la vida de Yosu que en innumerables ocasiones aportó su experiencia y conocimientos futbolísticos para sacar adelante desde el banquillo de El Sardinero a un Racing que le debe mucho al ex componente del hai que roelo.

Un Yosu que militó varias temporadas a finales de los sesenta en el Pontevedra de primera división. Dicen los que vivieron esa época que siempre a la sombra de otros (Fuertes, Odriozola..) pero aportando cada vez que le llegaba su oportunidad el trabajo y la honradez que los que le conocieron afirman que ponía en todo aquello que realizaba.

Estos días se cumple igualmente el veinticinco aniversario de la muerte de Hector Rial. El mítico jugador madridista se convirtió años después en una figura trascendente en la historia del Pontevedra CF. Llegó al banquillo de la ribera del Lérez en el 67 y estuvo dos años en Pontevedra en su primera etapa.

Varios años más tarde y en una de las fases más críticas de la historia del club llegó la segunda aventura de Rial en el banquillo pontevedrés. Corría el año 1989 y en la entidad no había dinero ni para pagar una bolsa de pipas.

Le recuerdo con su pelo blanco recorriendo los metros que separaban el túnel de vestuarios (antes en la esquina que unía Tribuna con Fondo Sur) del banquillo. Su andar tranquilo y sereno semblante semejaban un oasis entre la despiadada tormenta de arena que acababa día a día con la respiración del Pontevedra CF.

También cuentan los pequeños héroes que jugaron bajo sus órdenes en aquellos meses complicados que no dudó en aportar dinero de su bolsillo para intentar paliar siquiera mínimamente la angustiosa situación de unos jugadores que se pasaban muchos meses seguidos sin ver una peseta. 

Con él muchos jóvenes debutaron en Pasarón y otros trataron de afianzar sus carreras en el mundo del fútbol. Pero lo que yo más recuerdo es esa capacidad tan grande de ayudar y arrimar el hombro en situaciones caóticas que demostró este hombre que entre otras "minucias" había ganado cinco Copas de Europa al lado de Di Stefano en su etapa como jugador y ocupado como entrenador prestigiosos banquillos como el nuestro en Primera División.

Se fue del club y murió sólo siete meses después. Resulta imprescindible recordar ejemplos como el suyo. Con su sapiencia. solidaridad y bonomía aportó su inmenso grano de arena para que la nave no se fuera a pique cuando nadie parecía poder enderezar el rumbo. 

Son figuras (y no sólo en sentido futbolístico sino personal) las que jalonan la vida de un club que todavía pervive con su historia y pasado intactos. Las emociones de hoy se las debemos a muchos que gozaron pero que también sufrieron con el Pontevedra ayer y eso es algo que nunca debemos pasar por alto.



No podía empezar de manera más desafortunada para el Pontevedra CF el partido del pasado Domingo.
Con estupor y preocupación comprobábamos como Edu Sousa se lastimaba seriamente en una de sus manos durante el calentamiento y debía abandonar el césped entre claras muestras de dolor que le iban a impedir jugar el encuentro.

Pero lo más curioso estaba todavía por llegar. Habían salido ya los equipos al césped (Company entre ellos confirmando los malos presagios con Edu) ; se habían saludado entre ellos y el árbitro, se procedía al sorteo de campos.. cuando Capi ensaya un pequeño sprint con salto incluido para llegar al centro de la defensa.y se produce lo inesperado.
El central se va al suelo en complicado escorzo agarrándose uno de sus gemelos. He de confesar que durante un segundo creí que era una broma. En el momento de la lesión Luisito se hallaba de espaldas mirando hacia tribuna y durante ese segundo fantasee con que el experimentado Capi le estuviera dando un último susto a su técnico, atribulado ya por la baja del portero titular.

Pero no. Nada más lejos de la realidad. La lesión era real y el cambio antes de empezar el choque obligado. Pablo, con solo dos carreras por la banda a marchas forzadas debía saltar al campo y comenzar el partido al lado de Campillo.

No se si estas nada comunes circunstancias (unidas a las bajas numerosas ya conocidas para el partido) desconcertaron al equipo pero lo cierto es que la primera parte sólo tuvo color racinguista. Los cántabros fueron muy superiores y sólo su falta de acierto ante el gol provocó que el encuentro llegara vivo al tiempo del descanso.

Además del gol, los visitantes acumularon cuatro o cinco ocasiones más para marcar que unas veces se marcharon fuera y otras encontraron la respuesta de un Company que se encargó de dejarle claro a su parroquia que la portería está muy bien cubierta y que no es ningún comparsa. Especialmente meritoria resultó una intervención en la que tras despejar un balón potente logró arrebatar de las piernas de Peña ese rechace cuando el medio santanderino ya se relamía ante la posibilidad de hacer el 0-2.

En esa primera mitad el Pontevedra sólo dispuso de una oportunidad de gol en la que Anxo envió un buen lanzamiento cruzado que salió lamiendo un poste de la portería montañesa. Pero lo cierto es que la opción Tomás no funcionó; que Loureiro volvió a sufrir a raudales para tapar una banda derecha atacada por uno de los mejores jugadores visitantes que Pablo no había entrado nada bien en el partido y que el Pontevedra se asió al encuentro como pudo para no descabalgarse a base de esfuerzo y como ya se ha dicho de errores en ataque del Racing.

El pesimismo reinaba en el descanso y por ello lo que sucedió después sorprendió todavía más.

De entrada, el Pontevedra repetía el mismo cambio de sistema que realizó en la segunda parte frente al otro Racing aunque en aquella ocasión con un 0-3 que ya había matado el partido.
Verdú se unió a Pablo y Campillo en el centro de la defensa; Loureiro y Anxo se convertían en laterales largos y adelantados; Kevin y Alex recibían la ayuda en el medio de Queijeiro que salía por Tomás y Borjas y Jandrín actuarían de delanteros.

Y el tema fue funcionando.
El Pontevedra no solo apareció más en ataque y se fue convirtiendo en un equipo más peligroso sino que los jugadores parecieron recuperar esa fe en si mismos y esa seguridad en lo que hacen que no se vio ni contra el Ferrol ni en la primera parte de anteayer.

Se tomaron riesgos y el Racing volvió a disponer de un par de contras semi mortales que una vez Company y otra Kevin en gran despeje se encargaron de abortar. 
Pero lo cierto es que el Pontevedra era otro. Kevin y Alex cada vez se hacían más gigantescos en el medio y en esta ocasión sí recibían un buen apoyo de Queijeiro que estuvo mejor que otras veces. Borjas y un gran Jandrín empezaban a sembrar la preocupación en la zaga visitante y Anxo se hacía cada vez más grande en banda izquierda.

Es cierto que no se puede descartar que el excesivo conservadurismo del Racing contribuyera en parte al desmelene granate. El primer cambio de Munitis supuso que el puñal que estaba siendo Miguel por banda izquierda dejará de serlo por tener que retrasarse al lateral. Y el segundo cambio quitando a Pumpido por un medio no lo entendió casi nadie.

Pero además de ello lo que resultó indudable es que el Pontevedra consiguió hilvanar ese juego alegre, en oleadas y hasta emocionante que tanto nos ha gustado esta temporada en Pasarón. Borjas se reencontró consigo mismo y aunque no marcó (por lo menos de manera legal) generó ocasiones entre las que destacó un lanzamiento precioso desde la frontal contestado en gran parada por el portero rival. Jandrín se vació y fue un incordio y como ya se ha dicho Kevin y Alex volvieron a protagonizar esa mezcla explosiva por el medio que tantos beneficios aporta al equipo.

En el último cuarto de hora saltó Mouriño al campo por Campillo y Kevin retrasó su posición. Los minutos pasaban y parecía que a pesar de la buena segunda parte nos íbamos a ir de vació cuando apareció la jugada del empate. Centro por aquí, rechace por allá pero el caso es que la pelota llega en globo hasta la frontal para que Alex la conectara de manera maravillosa y preciosa para alojarla en la escuadra izquierda de la portería santanderina.

Golazo tremendo que plasmaba el cambio de imagen granate y que certificaba un empate conseguido en circunstancias muy dificiles y que supo casi a victoria. Es cierto, sin embargo, que el Racing trató de espabilar y disfrutó de una gran ocasión para ganar que Dioni envió fuera.
Pero también es verdad que en esos minutos finales (y con esa atmósfera tan especial que se crea en Pasaron cuando el equipo nos enamora) el Pontevedra apretó de lo lindo y acarició la posibilidad de ganar.             
    
Con el pitido final del colegiado la gente supo valorar un punto conseguido ante un muy buen equipo pero la sensación general era que el Pontevedra había logrado desesperezarse de nuevo y jugar bien al fútbol otra vez en casa. 

Son 43 puntos y estamos a medio paso de la salvación. 
No he sido yo quien ha recordado tras el encuentro que se le ha ganado al Racing el golaverage particular.
Hemos pasado de quemar en la hoguera a media ciudad a reseñar una circunstancia que nada tiene que ver con la permanencia.

Próxima estación Astorga. Los leoneses están protagonizando una segunda vuelta espectacular y han salido de los puestos de descenso.

Partido perro para el que recuperamos gente. Ojalá podamos celebrar tras el choque la obtención de la permanencia en la categoría.